––––––––––––––––Capitulo XI–––––––––––––––

Alianzas

Con el pensamiento trabajando a toda su capacidad, el saiyajin ideo una escapatoria, el sulfurado rugido de las llamaradas de viento se colaba sobre la casi colapsada nave, que se encogía cada vez más. La violencia del desplome no le dejaba ver con claridad, en segundos todo sería consumido por el calor. Notó su salida ¡Aire!, sus músculos a todo potencial, debía saltar antes de quedar reducido a cenizas sin su poder. Se arrojó con fuerza contra el agujero principal, todo ocurría torrencialmente rápido. La sensación de caída libre era ensordecida entre los gritos de su involuntaria acompañante. Un golpe seco y todo terminó.

Bajo su grito agudo, un disparó de agua helada le silenció. ¡¿Agua?!. Su movimiento inmediato fue abrir los brazos para nadar fuera inhalando toda la cantidad de aire posible ¿¡Oxigeno!?. Miró a su alrededor buscando tierra firme, toda fibra de su ser temblaba, asustada sin control total claro, ni siquiera limpió el agua de sus largas pestañas intentando establecer algún punto de sentido. De pronto lo recordó ¡Vegeta! Buscó observándole al fin, intentando llegar a la orilla con suma dificultad.

Nadó hacia la orilla detrás de él. Una vez en el nivel más bajo de profundidad, lo vio arrastrarse y rodar para aspirar agotado, apretando los párpados aún apresado por los dispositivos. Un escalofrío llego a su piel al observar el estado en que el cuerpo del saiyano se encontraba. Eran visibles duros cortes y quemaduras, su cola, en el peor estado de todos, visiblemente quemada y rota. Permanecía subiendo y bajando el pecho con una pierna reclinada y agua apacible pasando por su alrededor. Por un instante se sintió terriblemente culpable, puesto que ella solo tenía leves rasguños en comparación.

Sus cabellos escurrían directamente sobre su rostro, no tuvo interés en siquiera limpiar el lodo de sus mejillas, toda esa gama de emociones nuevas le tenían sublevada a su propio bienestar. Se sentó a una distancia prudente de él, removiendo en suave sonido el agua. No sabía que decir, no sabía cómo actuar o si quiera, si debía actuar del todo. Lo observaba preocupada y a la vez asombrada. ¿Por qué lo hizo? Iba a matarla justo un segundo antes ¿Por qué le ayudó? ¿Debía ayudarle ahora? ¿Intentaría matarla de nuevo?¿Cuán resistentes eran esas criaturas aún sin Ki latente?.

Todas sus preguntas fueron interrumpidas al escuchar los gruesos granos de la orilla removerse y percatarse para su horror que el saiyajin se daba la vuelta, dedicándole la mirada, inyectada de sangre, más mortal que jamás hubiera experimentado, agradeció que tuviese puestos los restrictores, no salió ni una sola palabra de su boca cuando lo vio levantarse agotado, jadear y aproximarse. Pensaba que no había forma de poder librar su suerte. Solo cerró fuertemente los ojos y bajó el rostro.

–Perdóname – emitió tímida en el más puro arrepentimiento. Vegeta no habló, estaba demasiado rabioso para hacerlo, bramaba su respiración a solo unos centímetros del decaído cuerpo de la mujer, quería con todo su ser desaparecerla en ese momento, pero desgraciadamente, ahora la necesitaba más que nunca. Agradecía tener puestos los restrictores o su rabieta le hubiera dejado solo, sin posibilidades de regresar, ese planeta ni siquiera estaba en las cartas. Pasaron unos segundos sin poder deshacerse de la sensación homicida que se aferraba a su ceño y decidió caminar para explorar.

–Veg…– quería hablarle sin embargo pensaba que la detonación de su muerte estaba al alcance de una sola silaba mal pronunciada

– Arregla la maldita nave – fue su única contestación, de un ánimo tan lúgubre que no había modo de contestar una sola negativa a su petición. Ella asintió sin chistar, incluso cuando no sabía dónde se encontraban los restos, si aún existían o de donde sacaría las provisiones para repararla.

Bulma se levantó tras de él sin tener más remedio que seguirle como un cachorro asustado, era otro nuevo mundo sin embargo, colmado de elementos extrañamente familiares, ¿acaso eran arboles? Si, arboles tan gigantescos como los rascacielos de su mundo, gruesos en demasía, en tonos verdes y naranjas, un sol amarillo con halos azafranados, el suelo era compuesto de granos rojos y purpúreos, agua hasta su tobillo en todos los sitios visibles, una mansa corriente permanecía inundando todo el suelo, deslizándose haciendo los sonidos más suaves. La densidad del follaje permitía solo difusos pasos de luz que proporcionaban claroscuros sublimes. Era un lugar sumamente hermoso.

Desgraciadamente la belleza del paisaje se ennegrecía pensando en cuál sería su siguiente paso, debía liberarlo, pero de hacerlo temía que perdiera la cabeza y decidiera hacerla sufrir en carne propia lo que era obvio él estaba sufriendo. Caminaba cojeando una pierna y su cola permanecía lánguida, siendo parcialmente mojada por la delicada corriente. Lo que más le admiraba era que aún en esas condiciones, seguía exudando soberbia. ¡Vaya que debió haber pasado cosas peores!

Le vió detenerse y aun insegura de su posición, titubeó si debía preguntar algo.

–Retírame estas mierdas– masculló sin encararla.

La joven nerviosa entrelazó sus dedos mordiendo su labio inferior, no sabía si sería una buena idea, estaba segura de que algo malo sucedería, miró a su alrededor sin escapatoria alguna, ya que aun sin sus poderes, su fuerza natural y velocidad eran muy superiores a la de ella. Lo vió exasperar más y se adelantó rápidamente.

– De acuerdo – flaqueó alcanzando su brazo, nerviosa – por favor, sé que puedo arreglar la nave, piensa bien las cosas si vas a matarme…–

– Para autoproclamarte genio eres demasiado estúpida – le gruño impaciente – no necesito de esto para matarte – señaló sin interés – si quisiera matarte ya lo habría hecho, solo con un dedo, tu cuerpo es demasiado inútil–

Ante la insultante afirmación solo apretó los dientes, hizo uso de todo su autocontrol por no contestarle, mas no dejó de sostenerle enfurecidos ojos como réplica silenciosa. Se acercó al dispositivo que se encontraba parcialmente resquebrado, tecleó el código de liberación. Al instante se desactivó…. Mas nada ocurrió.

– ¡¿Que has hecho?! – una vez más sus colmillos se asomaban perdiendo el poco temple. No sentía su fuerza volver pese a la concentración que usaba

– ¡No fui yo! – Se defendió molesta – algo debió insertarse en ti o una falla atemporal– se retrajo involuntariamente– lo que sea lo repararé, debes tranquilizarte – en un revés sarcástico, realmente comenzaba a disfrutar de ese hecho, lo veía cargar su poder sin efecto, bufando enloquecido, quizá el universo se estaba poniendo de su lado… o quizá no. Estaba a punto de reír pero un gutural rugido interrumpió su diversión.

Detrás de ella unos ojos amarillos brillaban emergiendo de la sombra del atardecer. Bajo esos temibles orbes, unos aún más terroríficos dientes, revelaban la intención de la espeluznante criatura grisácea gigantezca. La joven igualó el azul de sus ojos al de su semblante pavoroso.

– Espero que sepas escalar – El tranquilo saiyajin se cruzó de brazos y sonriendo desapareció sentándose en una rama.

– Vegeta por favor – se aferró de espaldas al árbol flanqueando como si pudiera mimetizarse con este, el extraño ser se aproximó agazapado, suavemente evaluando a su próxima comida – ¡lo siento maldición! por favor, arreglaré lo que me pidas, te entregare las esferas, te diré dónde está mi planeta ¡obedeceré! – Rogaba intentando subir como si escalara hielo – ¡súbeme maldita sea o me comerá! – le gritó de último con una pierna al aire y todo el reproche embravecido en la voz.

Su espectador soltaba estrepitosas carcajadas deleitándose en el miedo de la bravucona mujer.

Más su risa se esfumó cuando vio al animal lanzarse a su objetivo. Descendió de un salto deteniéndole de un golpe a las fauces. La fiera rodó sobre si, enderezándose para buscar furiosa al culpable, rodeó cautelosa a su víctima, desplegando las enormes garras casi del tamaño del brazo del saiyajin. Regresó abriendo las mandíbulas en un golpe para devorarlo, Vegeta alcanzó sus colmillos entre las manos, frenándole con las piernas, tembló ante el agarre, desvió el zarpazo y le derribo en un sobreesfuerzo que perló su frente. Saltó sobre el cuello, la fiera intentó alcanzarle emitiendo un rugido, más le desnucó en el acto cayendo la inerte bestia.

Habiendo acabado el espectáculo, se sostuvo de ambas rodillas y limpió su sudor satisfecho. Bulma se aproximó tallando su propio brazo con trémulo y curiosidad. Por un momento cruzó por su mente vitorearle ante tan impresionante hazaña, se sentía a salvo por primera vez, pero inmediatamente recordó de quien se trataba, quizá lo único que podría hacer para empezar a hacer las paces era tener alguna condescendencia pacifica, entonces se aventuró a acercársele.

– Gracias... – le apoyó la mano suavemente en sincero reconocimiento.

– No lo hice por ti – recriminó apartándose rudo– tengo hambre – señaló con el rostro a su víctima, se levantó pesadamente y haló por la cola al animal, acto seguido busco un sitio para destazarlo. Bulma exhaló, ¿pero que estaba pensando? ¿Qué por un momento de generosidad cambiaría su conducta? Sin embargo sospechaba que había gozado ya de suficiente tolerancia del irascible sujeto, quizá era el único ser en la galaxia que lo podía decir, su confusión se acrecentaba cada vez más, ese enigmático hombre del espacio y sus enloquecidos desplantes, estaban volviéndola loca.

_..._

Después de una ardua y placentera sesión de esfuerzo corporal, Raditz se desperezaba en los cuarteles del distrito rojo, ondeando la cola mientras veía a una femenina figura de colores purpuras salir con una sonrisa. Acto seguido una menos atractiva figura corpulenta ingresó después de ella.

–Mírate – le sacó de su letargo reflexivo– Eres una desgracia, has estado perdiendo demasiado tiempo haragán pervertido – le reprochaba de brazos cruzados el saiyano mayor. – Deberías aprovechar el zenkai obtenido para ganar más fuerza, basura inútil–

– shhh– con un quejido molesto le suplicó silencio, su cabeza aun desorientada de la locura nocturna– Es un sacrificio que después me agradecerás – se levantó buscando su uniforme por el suelo

– ¡¿Que he de agradecerte imbécil desconsiderado?! – Golpeó tempestivo la pared del camarote– ¡Tu sesión nos costará cuando el maldito Zarbon sepa que te has estado divirtiendo sin descanso y sin aceptar misión alguna!–

Raditz igualó la seriedad de su semblante sin querer emitir sonido, mas no por un arrebato de culpa, sino por la poca pericia de su supuesto superior frente a lo que acontecía en esos días y que por alguna extraña razón, había pasado desapercibido por una gran parte de los soldados de la base.

– ¿Acaso has recibido alguna bitácora de purga? – le preguntó con suma calma

– He tratado de permanecer en el perfil más bajo– admitió el mayor– No he dado de alta nuestra presencia en el cuartel desde que Vegeta desapareció–

– ¿Y no se te ha hecho extraño que nadie haya aparecido con mensajes de nuestros "venerados" superiores? – se sentó en la cama colocando con pereza sus botas. Al no obtener respuesta de su superior decidió continuar esclareciendo lo evidente – Permíteme reformularlo… ¿acaso alguien de la estación ha recibido alguna orden de purga todo este tiempo? –

Entonces Nappa lo descifró. Algo estaba infinitamente mal en la administración de los cuarteles del sur. La gran mayoría de tropas de asalto permanecían estáticas, a la expectativa de nuevas actividades de exploración que por algún extraño motivo no parecían llegar.

– Si pusieras un poco más de atención a tu entorno, en vez de tratar de resguardar tu pellejo, lo sabrías – el más joven alcanzó la entrada del recinto colocándose a un lado de su superior, haciendo un gesto con la mano le indicó que se acercara hasta estar a su altura – Sé que el lagarto está teniendo problemas con atentados rebeldes, en suficiente cantidad, como para mantenerlo ocupado – le confesó en un susurro – eso no tiene de buen humor a papá lagarto con todo lo que implica ¿entiendes? – Dedicó una sonrisa de triunfo antes de proseguir – lo que sea que esté pasando, parece que no tendremos acción hasta nuevo aviso– le soltó comenzando su retirada.

Nappa le sostuvo por el hombro antes de estar fuera de alcance.

– No te olvides que ahora estamos a la deriva y aún debemos averiguar que le sucedió a Vegeta–

– Si yo fuera tú, dejaría de pensar en eso – se libró del agarre cambiando la expresión a una amargura estridente – Vegeta tomó su propio camino y eso ya no nos incluye – interpuso distancia previendo lo que acontecería.

– ¿De que estas hablando basura insidiosa? – le gruñó hasta poner los colmillos plantándole cara.

– Se que emprendió un viaje en busca de algún secreto que la hembra le confesó – permitió la cercanía hablando relativamente bajo – y sé que no regresará una vez obtenido lo que busca, parece que es la misma razón por la que peleamos en Namek – le dio un empujón retomando su camino. No rebelaría sus fuentes, su compañía femenina favorita se había arriesgado demasiado en sacar esa información para él, los rumores entre esclavos eran un preciado tesoro que les confería cierto poder sobre los captores y no despilfarraban información como esa en oídos innecesariamente hostiles. Aunque muy pocos lo sabían el escándalo del líder saiyajin que secuestró una esclava, era un hecho de sumo interés para intercambiar favores con los superiores en algún momento de vida o muerte.

– Soldado Nappa– la enclenque figura de un ser amarillo se posicionó seguro frente a los dos grandes saiyanos, una figura débil, pero conocida por toda la base debido al puesto que desempeñaba, el secretario de Zarbon – Traigo ordenes de decomiso de sus rastreadores y les informo que están incurriendo en una grave falta al no traerlos a su alcance – les amenazó poniendo frente a ellos un informe virtual.

Nappa leyó los grafos con desagrado, gruñendo por lo bajo al adivinar cuál sería su suerte

– Nos presentaremos en cuanto regresemos por los rastreadores –

– No– le interrumpió la chillona voz – mi señor solicitó verlos de inmediato –

Ambos saiyajin se voltearon a ver inseguros, sabían que proseguiría a esa petición y sospechaban que de alguna forma, terminarían pagando más de que esperaban. Borrando los vistazos de incertidumbre se dirigieron a su encuentro, cualquiera que fuera el resultado, aplazarlo no tendría ninguna repercusión positiva. Mas valía enfrentarlo de una buena vez.

_..._

A pesar de la cuidadosa planeación del asalto, la autorización del consejo fue un descartado beneficio en su esquema. Esperando el aterrizaje en temblorosa ansiedad, los 3 dedos restantes de la mano de Azuki palpitaban intentando evadir el monto de recuerdos dolorosos que le producía pisar de nuevo ese lugar. Para evitar que el resto de la tropa se diera cuenta de su evidente nerviosismo colocó su guante junto con el equipo de contención de gases, todos listos y disfrazados para operar. El sonido hueco de la fricción de la atmosfera contra la nave inició el conteo del descenso en la mente de todos los presentes.

– ¡Adelante valientes guerreros! – La ronca voz, insoportable para los dos verdaderos estrategas, resonó entre los ruegos hechos murmullo – el equipo de rescate estaremos esperándolos aquí, no teman pues su líder esta entre ustedes– se vanagloriaba a si mismo ganándose una mirada de desprecio del rubio Teniente.

– Por lo menos tuviste la valentía de venir Satan– Kurat se irguió para posicionarse toscamente en la entrada de los controles de mando. El asalto había sido su idea, los rumores de la desventaja creciente en la simpatía de Freezer con el resto del imperio, les obligaba a tomar el riesgo, pese a que los superiores no hubiesen estado de acuerdo, era un golpe desisivo que no pretendía esperar. Hace mucho había perdido la esperanza en los falsos dioses e imágenes que sus superiores se concentraban en rastrear. Era una operación sencilla que requeria infiltrarse para desactivar los escudos y dejar la defensa de Minas Calladri suficientemente endeble para atacar el planeta.

Azuki tenía sus propias intenciones, además del golpe estratégico, pretendía rescatar a todas las victimas posibles, puesto que el haberse encontrado en ese lugar le hacía resguardar la más solemne empatía por las criaturas que seguían viviendo esa tortura. Sin embargo no tenía esperanzas en encontrar alguno de los amigos que le ayudaron a escapar la primera vez. Por lo menos si podía rescatar un solo ser, se daría por satisfecho.

Al descender todos tomaron postura en el carguero robado. Los códigos de acceso fueron transferidos y el sofocante calor de la estación se infiltró entre las ranuras que se abrían lentamente. La plataforma dio paso a dos seres reptilezcos que exigían sin hablar la bitácora de viaje.

Kurat se posicionó al frente guarecido por el disfraz impecable y extendió el documento. Al momento hizo señas al resto para que iniciaran el descenso del material que se suponía proveerían. La mitad del equipo desembarcó. El plan estaba en marcha.

Veloces los espias seleccionados se colaron hasta los puntos requeridos iniciando el plan de sabotaje del sistema. Los detonadores fueron colocados exitosamente en las bases de los escudos de delimitación. Mas un aspecto no tomado en consideración emergió.

–Suponía que intentarían algo asi –

Una juvenil conocida voz salió entre las sombras. Su dueño, el teniente rojo, que hasta entonces había permanecido incognito en las instalaciones, acechando como una voraz araña a su desprevenida presa.

De un solo golpe preciso asesinó a su incauto oponente. Rápido surcó el resto de las instalaciones trayendo una muerte inesperada a los desconocidos que en su paso encontraba. Sin embargo el área de mayor preocupación era lo que en su mente latía con urgencia.

– ¡Azuki que demonios estás haciendo! – Llamó por el intercomunicador el capitán habiendo terminado su misión para dirigirse de regreso a la nave, el tiempo apremiaba y sospechaba que habían sido interceptados.

El osado teniente no contestó. Paralizado detrás de una pared que sabía contenía las mazmorras de los enemigos de especial interés para el imperio. El sudor era copioso al igual que sus ganas de ingresar prontamente y averiguar de una vez por todas si encontraría ahí al hombre que alguna vez le ayudó.

El vigía salió dándole oportunidad de trasladarse dentro con suma agilidad. Colocó el explosivo de corto alcance en el tablero lateral y lo activó. Las celdas se abrieron de golpe. Para su infortunio comprobó que todas estaban vacias.

Quitó su máscara con pesadez, la mueca apretada de decepción enmarcando unos ojos cerrados por la pesadez de no haber logrado su cometido, seguramente aquel benefactor silencioso, ya habría muerto hace mucho tiempo.

Se disponía a huir cuando un quejido minúsculo atravesó sus oídos. En la última celda al final del corredor de condenados, la esquelética figura de una mujer encontraba sus últimos alientos de vida. Azuki la levantó apresurado, los gritos y detonación de la alarma le advertían que tenía pocos segundos para escapar, con todo el impulso que sus piernas le daban corrió hasta la salida alcanzando solo por un segundo a escapar antes de activar los mecanismos secundarios de defensa. Cientos de explosiones aleatorias iniciaron su melodía de destrucción, corrió una vez más con su preciada carga en brazos hasta llegar a la entrada de la zona de carga evadiendo con sumo cuidado a los guardias que desataban estampidas de pequeños grupos en busca de los culpables.

Divisó la nave pero algo no estaba bien.

– ¡Quiero que aseguren el perímetro ahora! – la voz de Jeice se erigía entre el resto de las criaturas que le reverenciaban asintiendo a la orden. El joven brenchjin contemplaba divertido a la comitiva de prisioneros que bajaban contra su voluntad de la rampa de la nave.

– No se asusten camaradas míos, esto es un malentendido – Satán intentaba apaciguar el temor atronador entre los ojos de sus compañeros.

– No sé a qué creen que están jugando – se le acercó el cínico teniente – el único malentendido es el que te dice que de esta saldrás vivo – se burló antes de partir dejándolo en manos del resto de soldados.

– Teniente Jeice bloquearon la zona de capsulas de emergencia! – un subordinado le informó alarmado.

Al escuchar ese hecho, Azuki se dirigió al sitio a toda velocidad, sin duda se trataba de Kurat. Encendió su comunicador una vez más

– ¡Tengo una sobreviviente! – gritó sin esperar respuesta

– ¡Ya era hora malnacido! – Le respondió, escuchándose al fondo la batalla de disparos de los blasters – ¡Nos largamos! trae a las capsulas tu escuálido trasero de una vez –

Colgó a la chica de su hombro, noqueando a dos guardias en el pasillo de una patada. Corrió a toda velocidad desafiando la gravedad de ese planeta hasta casi volar, evadió todo obstáculo hasta estar frente a la puerta. La pila de soldados heridos a sus pies le indicaba que estaba en el área de fuego cruzado.

– CORRE – Kurat extendió su mano, pero fue pulverizada arrancándole un grito de agonía que alertó la presencia del teniente rojo.

– ¡Este día se termina su suerte malditas alimañas! – Dispuesto a finalizarlos, Jeice reanimó una esfera de energía lista para atacar.

Azuki miró la escena pasmado, solo había una salida. Arrojó a la chica a los pies de Kurat.

– Di a los terrícolas que la encontré – emitió y se lanzó contra Jeice con toda su potencia. Sin esperar el movimiento Jeice desatinó el blanco, volando en pedazos el costado del área de despegue. Kurat tomó con velocidad a la mujer y se lanzó en una de las naves despegando con tal celeridad, que fue imposible a los guardias detener su escape.

– ¡Miserable! – Jeice noqueó sin esfuerzo al caído teniente rebelde. Observó el puñado de naves que se perdió de vista de inmediato y los inútiles esfuerzos de los blasters de sus soldados para derribarlos. Tales fugas no serian números aceptables para su amo, sin embargo había capturado y detenido el intento de asalto con gran éxito, empezaba a creer que quizá no tendría graves consecuencias. Sospechaba que tenía bajo las garras a algún elemento importante, no pudiendo sacar de su mente la última oración del sujeto.

– Muy bien abnegado mártir– arrastró al caído– Lo que sea que sabes… lo soltarás de un modo u otro –

Limpió el polvo en su armadura y llevó a su víctima adormecida de regreso al área de prisioneros.

_..._

– Capitán, estaremos en unos días al alcance de la nave de Lord Freezer– la voz automatizada le trajo de vuelta a la realidad – ¿autoriza el inicio de la secuencia de automatización de curso?.

– Te he dicho que me molesta que me interrumpas por esas estupideces – contestó por el intercomunicador bloqueando la comunicación. Resopló observando el espacio desde su compuerta, casi lamentando el invisible tiempo que se le escapaba de las manos. Jamás se había encontrado en una situación que le inculpara en un deficiente desempeño, entendía a la perfección la elevada causa de decepción que sus actos le otorgarían y por primera vez, no sabía qué hacer.

– Capitán Ginyu, sugiero reintegrar a Jeice de inmediato – sin poder esconder su preocupación Burter insistía con la misma idea una y otra vez – con la pérdida de Guldo y Reecome estamos en desventaja, antes de enfrentar a Lord Freezer debemos replantear una nueva estrategia – intentaba hacer entrar en razón a su confiado líder, la visión publica de la merma en las fuerzas especiales les haría parecer un blanco fácil y aún más cuando averiguasen que los responsables habrían sido rebeldes y dos saiyajin forajidos.

– Yo explicaré personalmente la situación – con severa afirmación silenció su duda, Jeice es de mayor utilidad donde esta, que aquí temblando como una criatura cobarde – el reproche en su mirada no se pasó por alto al resto de la tripulación, que entendían la desaprobación hacia la prematura escapatoria de Burter, debía haber permanecido a luchar como el resto, incluso perder su vida frente al juramento que tomó, al aceptar ser designado parte de la élite guerrera de Freezer.

–No se trataba de guerreros ordinarios capitán – con los nudillos apretados intentó defenderse, dedicando un ademan de desprecio a los que se atrevieron a cuestionarle – pensé que era más útil la aportación de esta información que quedar como desperdicio espacial en Luna Daiya–

–Puede que tengas razón, pero tu obligación era defender los territorios conquistados y todos ustedes cayeron en la trampa como unos imbéciles – la ironía de la ingenuidad de sus tropas resaltaba en esa última sentencia, después de todo quizá todos esos años de entrenamiento había sido demasiado benévolo en el trato de sus reclutas, si había de volver a formar su organización, se cercioraría de no cometer el mismo error con tales novatos en el arte de la guerra, solo poseía privilegiados por el monto de poder natural que sus especies alcanzaban. Él en cambio, conocía lo que era no tener poder, por la inusual técnica secreta aprendida años atrás, sus batallas le habían conseguido la habilidad de transmutar virtudes ajenas en propias, siempre a un precio indudablemente humillante, pero era un secreto que no planeaba revelar prontamente.

– No lo entiende capitán – inició un leve murmullo aproximándose al ensimismado sujeto – … yo … no podía haberlo vencido– admitió con pesar, rogando no haber sido escuchado por el resto – no pude ver sus movimientos… ese maldito saiyajin es demasiado peligroso.

Ginyu permaneció estoico digiriendo esa penosa confesión, sobre todo al tratarse de uno de sus soldados más altaneros. Quizá realmente se trataba de un enemigo difícil. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que un ser supuso un contratiempo real para su escuadra y todo habría acabado beneficiosamente para él, adquiriendo incluso un nuevo armamento propio quizá era tiempo de robar una mejor forma corporal. Con este pensamiento sonrió para sí, tal vez no todo estaría perdido después de todo.

Lo que tanto para él, como para el resto pasaba desapercibido, era que los rivales a vencer, esta vez se trataban de algo más que un usual levantamiento. La semilla de la duda estaba sembrada y los rumores corrían como fuego salvaje, rumores del fin de la tiranía, los tiempos de reavivar la leyenda resonaban más fuertes que nunca en el imperio, un hecho que nadie estaba tomando con cautela y los débiles tomaban como firme creencia.

_..._

– ¡Increíble! – chillaba dando saltos como niño emocionado removiendo las instalaciones en progreso del improvisado cuartel rebelde – Realmente ese sujeto es poderoso, no puedo esperar para contender – con actitud confiada, Goku ponía atención al intercambio de información entre los generales presentes que aterrados intentaban en vano, hacerle entender el riesgo de buscar directamente al tirano para enfrentarle.

– Usted no lo entiende – activaba su traductor la figura de una criatura bizarra, con tan peculiar forma que no se distinguía su región cefálica del resto del cuerpo, si es que la amorfa masa poseía una. Enorme al igual que torpe realizaba inaudibles vibraciones que eran perceptibles a través de retumbos – no están listos, debemos esperar el momento oportuno–

– No hay un momento ideal para estar listo, solo sé que quiero enfrentarlo– insistía animoso esperando tener el respaldo de sus viejos camaradas, sin embargo la esencia del miedo colectivo, había ya diseminado su influencia en el resto de la comitiva terrestre.

– No– Saru se interpuso en su camino –la coalición ha invertido mucho en resguardar sus mejores elementos– su ceja visiblemente arqueada –puede que no estén enterados de los hechos, pero tuvimos bajas importantes en una operación no autorizada.

– ¿Qué sucedió? – curioso por dicha pesquisa Tarble preguntó.

– Azuki y el equipo de simulación fueron capturados – intentó no dar más información, temiendo que incluso entre ellos tuviesen espías que comprometieran más misiones.

El silencio de la incertidumbre sobrevino a los presentes.

– Entonces debemos ir a ayudar –Gokú insistió.

– no sabemos dónde se encuentran.

– Las colonias de refugiados estarán en riesgo– Tarble hizo segunda a su congénere – si es verdad lo que se dice del inquisidor, tarde o temprano alguien hablará– intentó abogar a la causa más lógica, debían proteger sus puntos vulnerables.

– Nosotros nos encargaremos de protegerlas –Gokú sugirió una vez más

– Kurat ya está ahí – Saru intentó apaciguar sus ánimos, sabía con toda claridad que la principal razón de esa preocupación era pelear, aunque fuera su pasión natural no podía arriesgarlos.

– Pero tienen a toda la artillería pesada aquí en la tierra – Piccolo intervino dejándole saber la opinión de todo el grupo, no tenían entre ellos rivales dignos de rescatar la situación.

– No sé si esto sea una buena idea– otra de las criaturas en la mesa expresó su temor

– Confíen en nosotros… tenemos a Son Gokú– Krillin palmeó el hombro de su viejo amigo.

– Protegeremos la base para evacuarla antes de que sea demasiado tarde– Tarble asintió llevando el ritmo de la conversación al sitio deseado.

– ¿Y donde llevaremos a los refugiados?— la voz del ser amorfo tradujo para todos

– Pueden traerlos aquí – Gohan intervino llamando la atención de todos, nadie esperaba que el pequeño encontrara su camino hasta la reunión, últimamente se había vuelto el mejor escapista del resguardo de su madre. Para desgracia de ella y diversión de su padre – si ahora somos aliados podemos compartir nuestro planeta con lo que lo necesitan.

– ¿Gohan, como llegaste hasta aquí?– Gokú le sonrió haciendo sitio para que se acercase.

– Es verdad, nosotros nos encargaremos de proporcionarles refugio – El Dr. Briefs tuvo una brillante idea – hablaré con los líderes adecuados y podemos iniciar una cooperación que sea de conocimiento mundial, de este modo más refugiados podrán permanecer en la Tierra, sin que eso suponga un problema–

– No es una solución prudente– Saru bajó la expectativa de la prematura solución – pueden desatar un caos por el temor a lo desconocido, las masas son tontas–

– Ya convivimos con formas de vida muy diferentes y no ha supuesto un problema – el Doctor continuó la defensa de su caso – incluso entes que no son de este planeta y jamás ha sido planteada una pregunta sobre su origen– señaló a Piccolo y Tien Shin Han – manejado del modo adecuado se verá como una oportunidad de crecimiento–

– De todos modos deberíamos partir de inmediato – El saiyajin más joven intercedió teniendo en mente el tiempo que los viajes estelares tomaban.

– No puedo esperar para combatir a esos sujetos– Gokú se sintió lleno de júbilo por regresar al campo de batalla, no podía esperar para buscar de nuevo al saiyajin al que enfrentó antes, la batalla contra Vegeta había sido un amargo encuentro interrumpido por las circunstancias, ansiaba ese encuentro para poder tener una pelea más, recuperando de una vez por todas a su amiga más antigua y secretamente, esperaba que aquel tirano del que todos hablaban, pudiera hacerle frente de una vez por todas, sentía que ahí se encontraría la batalla más épica de su vida.

– Esto no es juego–sin comprender el positivo actuar de su conducta, Saru le reprendió con la molestia evidente en cada poro de su azulada piel.

– Para mí nunca lo es– con una media sonrisa, el saiyano le respondió sin cabida a una sola gota de ironía.

Afuera de las instalaciones de la corporación, otro peculiar grupo de aliados rebeldes entablaba conversación.

– Hace ya mucho que el patriarca regresó a Namek– Dende disfrutaba del canto de las aves del jardín– ayudaría contar con sus dones en este momento– pensó en voz alta trayendo a colación la capacidad de despertarpoderes dormidos, recapitulando que el uso de las esferas de Namek había sido comprometido, como fue anunciado al inicio de la reunión.

– Estas esferas aún están ligadas a la existencia de Piccolo– como si leyese su mente Chaoz le contestó con la intensión de borrar su preocupación. Sin embargo esas palabras traían consigo otra inquietud, el destino de Piccolo determinaba la única herramienta que poseían a su favor y era un hecho seguro que al igual que los saiyajin, se lanzaría a la batalla en el espacio sin meditarlo.

– Yo puedo ser de utilidad– ahora el joven Namek respondía su propia duda

– Tu eres solo un visitante en la tierra– se encogió de hombros abrazando su suerte, ningún guardián del templo podría ser considerado bajo ese perfil.

– Pero puedo ser aprendiz del guardián, de este modo las esferas pasarían a ser ligadas a mi habilidad como miembro del clan de los prodigios del dragón de Namek –

– Es una excelente idea– saltó emocionado

– Significaría renunciar a tu planeta natal – Yamcha se acercó al par, dándole a entender el precio que quizá no había considerado pagar.

– Creo que mi presencia es de mayor utilidad en este mundo– Dende continuó con plena seguridad, estos no eran tiempos para detenerse a pensar en el beneficio propio, debía seguir el ejemplo de su gente y servir a causas justas.

– Sin duda eres un digno elemento de tu clan– Chaoz le reconoció colocando su mano en el hombro del otro, no había dudas de que sería un excelente guardián.

– Yo te llevaré con Kami – Yamcha asintió de manera amistosa también reconociendo el valiente sacrificio del joven Namek

– Entonces esta dicho – Dende sonrió aceptando su destino–¿ya podemos partir?

Mas su respuesta fue interrumpida por el final de la reunión dentro del salón, el grupo de terrícolas y extranjeros hablaba entre si y se enfilaba fuera del recinto hacia la nave.

–Nuestra esperanza está en sus manos Son Gokú– el joven Brench les acompañaba hasta la entrada del transporte para despedirles – y de todos sus aliados– les reverenció tomando distancia.

– No les fallaremos– Gokú aseguró ingresando casi atropellando a los seres que cargaban los suplementos necesarios para que iniciaran el viaje a brevedad.

– Tengo el terrible presentimiento de que no los volveremos a ver en un largo tiempo– Oolong comentó, desde el balcón de la corporación, a su antiguo compañero de clases que del mismo modo se despedía con un nudo en la garganta. Fuese cual fuese el resultado, eran la única opción que la galaxia tenía, esperaba con gran anhelo un milagro que les permitiera obtener la victoria…sin bajas.

_..._

Observaba fascinada otra inusual similitud con su mundo de origen, no sabía cuánto tiempo había pasado sin presenciar un verdadero anochecer, todas esas largas horas en el distrito rojo de la base militar, con horarios establecidos que constituían una verdadera carga a su constitución fisiológica normal, no sabía cuánto tiempo destinaba a dormir, pero siempre se sentía como poco.

Por primera vez en mucho tiempo observó las estrellas aparecer sutiles en ese vasto cielo dorado ahora ennegrecido, un espectáculo maravilloso con constelaciones nunca antes vistas. Todo hubiese sido un ensueño de no ser por el único convidado alterno al espectáculo, prácticamente mudo, habían pasado toda la tarde en silencio sepulcral, ambos solo siguiendo el camino de destrucción de la nave hasta alcanzarla, en las faldas de un acantilado escondido en esa especie de bosque. Para empeorarlo todo, su estómago estaba sumamente revuelto, no tenía seguro si lo debía a las emociones recientes o al haber probado la cena cruda, lo que parecía sangre naranja de un repulsivo sabor a cobre, por lo menos, no toxico 'Que no daría por un buen Ramen'. Por lo menos podía disfrutar de la tranquilidad de ir al baño sin el temor de ser observada o atacada, un privilegio que jamás consideró algún día llegar a extrañar, todo ese tiempo escoltada por guardias intentando evitarlo en lo más posible, sin querer recordar esos vergonzosos episodios retomó su atención a la carne que consumía y el cadáver completo destazado. La constitución de ese organismo era muy diferente a los conocidos terrestres y esa era una de sus preocupaciones, sin embargo aunque pudiese haber sido una fascinante charla, junto con el hermoso cielo estrellado, no se sentía aun cómoda con la idea de entablar otra conversación. Injurió su fortuna y la hora en la que terminó emprendiendo ese viaje, sobre todo, la suerte de tener ese acompañante.

Se acomodó junto a unas rocas evaluando los incontables daños a simple vista del transporte, ese estado era prácticamente irreparable sin el equipo correcto, más dárselo a conocer a su captor, le pondría en un peligro mayor que el de ser torturada entre los dientes de las fieras de fuera.

– Puedo rescatar algunos circuitos, necesitaríamos solo materiales que puedan conformar el exterior – daba falsas esperanzas intentando evadir la realidad, más se encontraba frente a un perceptivo sujeto.

–No mientas – gruñó por lo bajo, de brazos cruzados– sé en qué situación estamos – relajó su postura devolviendo el aliento a la joven – al amanecer iré a hacer una ronda, quizá encuentre una civilización en este muladar olvidado – se alejó meditando en los pasos a seguir – repara lo que puedas…es probable que sea lo único que tengamos – se dejó caer aún adolorido sobre el lecho arenoso suelto. Levantó su cola entre las manos y retiró lo que quedaba de sus guantes para realizar un rustico entablillado de las zonas visiblemente rotas, soportar el proceso era toda una tortura.

– Ne…¿necesitas ayuda? – vaciló emitir sonido alguno, pero conocía la debilidad que dicho apéndice les producía. Extendió una mano sobre su regazo, de inmediato obtuvo en respuesta una desagradable y violenta mueca de advertencia.

– No te me acerques–masculló en un susurro letal, arrojándole la mano cual si fuese ácido sobre la piel– no permitiré que vuelvas a intentar otra de tus artimañas para bajar mi guardia. La agresiva postura defensiva le hizo retroceder asustada y perpleja, el señalamiento le condujo a la situación referida, por un momento olvidó todos sus actos previos cometidos, y entre ellos, llegó la avalancha de sentimientos como una corriente de electricidad en su espina, al caer en cuenta del acto que le otorgó el control de su adversario '¡maldición!' Casi olvidó que lo besó… ¡oh cielos lo besó! Recordó de golpe la cercanía, la adrenalina, el tacto, su estómago comenzó a sacudirse indómito de nuevo, todo un cúmulo de convulsiones que le traicionaban se presentó, no se explicaba cómo pudo atreverse a tal grado, pero ahora parecía solo una distante pesadilla… o un sueño…pues, por un leve instante, ese absurdo contacto le había propiciado la experiencia más salvaje y seductora de su vida.

'Pero qué demonios estoy pensando' se ruborizó borrando los rastros de su tren de pensamiento llevando la mano a su cien, tragó saliva ladeando la cabeza, trató de evadir su escenario llevando la conversación a otro punto de importancia.

–Necesito revisarte restos de fragmentos de los restrictores incrustados – extendió su mano sumisamente, cual si se tratara de una fiera salvaje quien la escudriñaba. El príncipe aceptó de mala gana la cercanía, solo desviando el rostro hacia otro lado. Bulma tomó tímidamente su mano evaluando las muñecas libres de cortes, sea lo que fuere que le mantenía bloqueado, quizá no era causa de una falla en los supresores, pero prefirió guardar esa información para sí y darse tiempo de utilizar esa circunstancia a su favor. Tomó ambas manos revisando minuciosamente y se detuvo al ver la sumamente arqueada ceja de desconcierto del saiyano al que sostenía tan familiarmente cerca de sí. Apenada lo soltó inmediatamente ruborizada.

– Mmm… tal vez mañana pueda revisar… con mejor luz– se levantó rápida y torpemente poniendo distancia– ¿Qué es Krar Vor? – le distrajo con su primer pensamiento, dándole la espalda mientras analizaba sustraída los alrededores con mucho nerviosismo. Se maldijo por ser tan obvia.

El aludido resopló, pese a odiar las conversaciones insulsas, en esa ocasión era un salvamento propio de la tensión involuntaria que su amenaza provocó. ¿Por qué rayos tenía que recordarlo? ¿¡Por qué esa mujer insistía en acercársele tanto!? Una vez más, al roce resintió esa estúpida tensión en sus músculos, la memoria táctil sobre su piel haciendo eco de la absurda sensación. Él mismo reprimía permitirse pensar en ese hecho y ahora se había traicionado trayéndolo a colación.

– ¿Para qué quieres saber?– se recostó dando la espalda, silenciando forzosamente su pensamiento.

– Los gritos de esos sujetos… no me explico esa demencia colectiva – se encogió de hombros inocentemente, sonrió relajando su postura. Hubo un silencio prolongado.

– Es una expresión…no tiene traducción real– continuó sin virar, sin embargo podía sentir sobre él la mirada perseverante de la chica – emisario de miseria, señor de la guerra…el fin de todas las cosas– terminó en seco, no entendía por qué rayos le tenía tantas consideraciones, era solo una patética criatura de servicio ¿Tenía que recordárselo a sí mismo con tanta frecuencia?

– ¿Alguna especie de leyenda? – ella continuó juntando sus rodillas para descansar los brazos.

– ¡Cállate de una maldita vez! – trasbocado de cólera, cesó la infinita palabrería de la totalmente insoportable hembra, todo en ese día era un desfile de sandeces y confusión, un arrebato ridículo inverosímil, atado de manos por su propia conciencia y ahora, con esta nueva idiota actitud sociable, había perdido la cuenta de cuantas veces llevaba salvando el pellejo de otro ser que no tenía ni la menor importancia en su vida y que era además, culpable de todas las calamidades que salieron mal en su plan, todos los eventos de frialdad en su vida de los que se enorgullecía, ahora eclipsados por un corto periodo de tiempo, en el que se había vuelto el estúpido guardián deliberado de una inútil criatura femenina. Ahora sin poder retomar su poder, el colmo de su paciencia había sobrepasado su propio límite ¡De verdad quería matarla! Pero incluso en ese momento, no se explicaba cómo se había resistido tanto tiempo a materializarlo, por mucho que lo odiara, se le estaba haciendo costumbre tener que soportarla.

Leyendo a la perfección los pensamientos homicidas en su compañero, Bulma por primera vez hizo lo solicitado, ese vaivén de conductas eran detonantes de alarmas que le indicaban que debía encontrar una salida rápido, antes de terminar consumida por un rayo de energía en cuanto este se recuperara. Era una silenciosa trampa traicionera, dispuesta a detonar a la menor provocación.

Llegó pronta la solución a su ágil mente. Aún recordaba los comandos de contacto del imperio, repararía el panel de comunicaciones, transmitiría su localización y delataría a su captor desapareciendo mientras le apresaban, el robo de la nave que llegara seria pan comido, puesto que estaba segura que Vegeta daría suficientes problemas para mantener ocupados a todos los integrantes del escuadrón de caza, ahora debía esperar y adquirir solo un poco de confianza del saiyajin, después de todo, algo le hacía creer que estaba justo a medio camino de ganársela .

_..._

Pese a que esperaban el trato que se les avecinó, la severidad del castigo era sin duda, un reflejo de la gravedad de sus circunstancias, atados con supresores, se encontraban al límite de sus fuerzas bajo las lustrosas botas de su sanguinario entrevistador. Después de una sesión de tortura, el narcisista soldado que les despreciaba con novedosas formas de humillación, tan ocurrentes como increpantes para el humor de los saiyanos.

– Por lo menos tengan la amabilidad de no desmayarse – la mofa sin tregua se relamía en su voz – es mucho más aburrido cuando pierden la consciencia durante su castigo–

– Lo repetiré… una vez más– Nappa intervino– No sabemos nada malnacido – se las arregló para hacerse entender, intentando poner en función su pierna para sostenerse – ¡Vegeta se fue sin informarnos!—no dejaba de repetir esa misma respuesta, ganándose otro puñetazo de su verdugo exasperado como recompensa. El carmesí de su carne transmitía dolor a los testigos de la golpiza.

– Solo un idiota les creería esa falsedad – de una patada le incrustó al fondo del salón, dañando las frías estructuras rectangulares de la pared.

Raditz, con la piel hecha girones, se rodó boca arriba intentando alegar más evidencias a su tambaleante defensa.

– Zarbon ¿tú crees que de saber dónde está, habríamos permanecido a tu alcance los últimos días? – Abrió un ojo buscando respuesta en la reacción del favorito de Freezer – el masoquismo no es una de nuestras especialidades – se atrevió a resaltar, pese a lo que en ese momento le costó su cínico atrevimiento, la perdida de sentidos bajo la rodilla del verdugo que lo noqueó.

– Ya tienes nuestros rastreadores – Le interrumpió Nappa observando lo que avendría, intentó disuadirle de tomar la vida del otro saiyajin. Resoplaba con dificultad poniendo todo su esfuerzo en permanecer consiente.

– Ya veremos – se levantó dejando ambos cuerpos ensangrentados a un lado, hizo una señal a los ayudantes en la sala que enseguida colocaron los restrictores en los sujetos rendidos – pero lamento informarles… que se han ganado un boleto sin regreso… a las pintorescas instalaciones de Minas Calladri – la viciosa estampa se regodeaba en la desgracia del único saiyajin presa de pánico.

– ¡No hemos cometido falta alguna! – Replicó con toda su fuerza – hemos servido al imperio fielmente y podemos seguir haciéndolo, a pesar de todo ¡he seguido en el imperio por más de 100 CUT y aún soy un elemento de utilidad!–

– Puede que aun tengan provecho– llevó su mano a la barbilla fraguando un plan ventajoso – pero… solo necesito a uno de ustedes – pausó dándole a entender, que esta sería una decisión más difícil, siendo forzado a cooperar en sus planes y elegir el salvar a Raditz… o a sí mismo.

– No puedo hablar por dos– inició – espera que Raditz recupere la conciencia y…–

– No es necesario– le silenció – tú has dicho suficiente…la suerte del más fuerte–

Nappa no tuvo tiempo de reaccionar, en un segundo vio a Raditz desaparecer siendo arrastrado como peso muerto por las puertas, no hubo una despedida, o un lamento. Tan solo la certeza, de que no volvería a verlo jamás y con esa culpa a cuestas y el hiriente sentimiento de haberse salvado, se selló como esclavo de un nuevo amo, así mismo para su vergüenza, como único desertor del único código que siguió ciegamente durante toda su vida. Servicio a la causa saiyajin.

_..._

El infinito eco del espacio mudo, se terminó al ingresar la nave de desembarco dentro del coloso metálico. Dentro dominaba el retumbo de las maquinarias colisionando entre sí para dar funcionamiento a la obra maestra de la construcción espacial más grande que fuese osada de edificar. Digna morada de ensueño de un monarca del espacio. Aludía un espejismo entre el pasado y el futuro entre remaches soberbios y lisas plataformas en construcción. Sublime pieza, si no fuese por la naturaleza torcida de sus propósitos.

– Recuérdenme compensar a Kiiro su excelente progreso– habló a los fieles sirvientes que seguían con devoción al Lord más temido en el territorio. Bajaba de la plataforma principal contemplando la perfecta fila de soldados con diferentes insignias de rangos que le saludaban devotos. Freezer se había encargado en ese breve tiempo de mermar los atentados con inusual eficacia y acudía en ese momento, personalmente, a supervisar la cúspide en la terminación de su anhelada estación de vigilancia. Se encontraba ahora en completa operación.

Regresaba después de un corto periodo de haber hecho la primera reunión. La designación de un inquisidor había sido una ardua tarea, en cuyo propósito se habían considerado más de un centenar de nombres de soldados de alto rango fieles a las causas de los demonios del hielo, pero el resultado fue justo como lo esperó. La sorpresa de todos los miembros del comité interplanetario no se dejó tardar cuando el nombre propuesto se tratara el de un soldado sin el prestigio que el galardón merecía, pero al que su amo, conocía demasiado bien como para asegurar la encomienda.

– Dodoria – saludó el lagartoide caminando hacia el regordete organismo que limpiaba sus manos ensangrentadas con estoicismo, poniendo un pie fuera de la cámara de torturas. La grotesca estampa del ser era igualada con la inventiva de métodos de tortura con el que daba rienda suelta a su imaginación. De la gran mayoría no conseguía obtener respuestas, pero el miedo que involuntariamente estaba sembrando, era perceptible en las bajas del número de incidentes infortunados y el retroceso de la fiebre de enlistamiento en las filas de los rebeldes. Más valía, por el momento, demostrar una lealtad absurda que ser presa de alguna sospecha que conjurara un final terrible a manos del despiadado monstruo rosa.

– Mi Lord– se inclinó agradecido –Salza está esperando en la sala que indicó– se regodeó en haber cumplido sus deberes recelosamente, sin ser de conocimiento de otra alma en el imperio.

Pocos segundos después ambos se hallaban de frente a la altiva figura del Brenchjin más conocido de los dominios de su hermano. Sentado en la pulcra sala, permanecía tamborileando los dedos impaciente por escuchar la urgencia de dicha reunión, con falsa sorpresa aguardaba, algo le indicaba que las intrigas de su cometido estaban rindiendo frutos agigantados, quizá era tiempo de probar su suerte viendo venir, sin lugar a dudas, un nuevo acuerdo ventajoso.

– Mi Lord desea una palabra contigo– en un pobre intento de anunciar lisonjeramente a su amo, Dodoria inició el intercambio. Freezer le dedicó un frio y mortal vistazo frenando todo indicio de superioridad en la empobrecida mente del retardado gigante.

– No tome en cuenta esas faltas Lord Freezer– Salza se dirigió a encontrarle – ahora entiendo la necesidad de nuestro acercamiento. Soez, hizo hincapié a la burla implícita contra las capacidades precarias de la tropa del tirano menor.

– Largate Dodoria – El monarca le miró por encima del hombro sin siquiera detenerse a verificar que cumpliera su orden. El referido sin saber cómo actuar hizo lo solicitado, no sin dejar de dar un gesto de repudio al soberbio visitante.

Freezer permanecía inmóvil, ausente del momento solo estudiando sus palabras con detenimiento, era conocedor de las artes manipuladoras de su impredecible invitado, sin embargo el también poseía capacidades de estrategia notorias, a diferencia de su hermano, no subestimaba que en algunas raras ocaciones, la fuerza no es sinónimo de poder.

Con los labios apretados y los brazos fijos detrás, procedió a socavar respuestas.

– Espero que el viaje no haya sido muy tortuoso – fingió interés, indagando en el significado de los gestos del ahora general.

– Las comodidades son de segunda importancia cuando se debe atender deberes alteza – contestó esperando el siguiente movimiento con precaución, el riesgo de encontrarse con un ser superior en fuerza y con afamadas secuelas de autoritarismo, no le vaticinaban un escenario seguro.

– Quiero felicitarte personalmente por los recientes nombramientos de mi hermano– a pesar de que intentaba sonar franco, su timbre acusaba una insistente decepción propia, las rojas pupilas aun fijas en la distancia – sé que todo ha sido una gran victoria de tus habilidades como táctico General– hizo detenimiento en su reciente nombramiento.

– No debo adjudicarme situaciones que no me..—

– Basta Salza– le interrumpió – lo que poseo en menor grado que paciencia, es tiempo– cortó sin vacilación intentando clarificar su punto – los muchos talentos de tu astucia te preceden… al igual que las truculentas formas de conseguir lo que quieres – el humor negro no se dejaba escapar del ultimo comentario, recordándole que no trataba con un rival incauto – pero creo que es mi deber informarte, que si lo que buscas es lo que creo… estás jugando en el equipo equivocado–la sonrisa ladina traicionaba la seguridad de su oyente, temiendo ser peligrosamente transparente en sus intenciones previas.

– Le aseguro Mi Lord, que no hay otra causa que la de ser un instrumento útil al imperio–

– Útil sin duda– reiteró – pero no a mi causa – y su sonrisa desapareció momentáneamente, dando paso a un semblante en blanco. Salza temía por los segundos pasados en esa inestable telaraña, la proximidad de su depredador se volvía fino hielo sobre el que pisaba – pero … para tu fortuna, estoy dispuesto a ofrecerte un trato– la semi-sonrisa del rostro de Freezer antagonizaba el duro ceño que enmarcaba.

Salza permaneció inmóvil, analizaba cada detalle del intercambio esperando ver señales de alarma que le indicaran su próxima acción.

–Conozco muy bien tu historia en el imperio, así mismo tu forma de proceder completamente circunspecta – se deslizó hasta uno de los paneles, activando los escudos de seguridad – también tengo un elemento sorpresa. Dicha acción congeló la respiración del brench que esperaba paciente el asalto, sin embargo al no ocurrir evento alguno, empezó su sospecha a dilucidar, que quizá se trataba de un auténtico interés de negocios.

Cerciorándose que nadie más escuchara lo que estaba por decir, prosiguió.

– Sé que Jeice no fue el culpable del atentado contra Cooler hace tanto tiempo…– se sentó dándole la espalda sabiendo a la perfección la reacción que estaba provocando – confío en que mantendrás la discreción que requiero o sería una lástima revelar a la mente maestra que elaboró esa complicada situación, para ganar su actual puesto–

– No sé a qué se refiere mi Lord– aseguró impasible el referido

– Tengo pruebas– se limitó a contestar seguro de sus actos – para ser alguien que planifica con sumo cuidado, descuidaste una huella genética importante– desplegó en el panel el examen que confirmaba la identidad del saboteador que tantos años costó al imperio auscultar.

– Por suerte mi equipó arribó antes que el de mi padre– declaró su inminente victoria, extendiendo el plan frente a un aún sorprendido Salza quien pese a todos sus esfuerzos, no podía dejar de abrir la boca. Víctima de su propia estupidez, estaba siendo clara presa de un chantaje. Sin embargo pensó en su inesperada revelación y el hecho de que podría serle incluso más beneficioso de lo que creyó, después de todo bajo el mando de Cooler, las cosas siempre suponían un esfuerzo doble, al compensar la falta de visión y tacto del mayor tirano, que evidentemente, le sobraban al menor.

-¿Qué es lo que busca Mi Lord?- finalizó entendiendo el intercambio.

-Voy a concretar lo que tú no pudiste – deslizó otro informe a sus manos –y tu vas a ayudarme.

Sin asentir pasó los ojos por los documentos, cerrando de manera silenciosa una nueva alianza, que ambos esperaban en igual medida, fuese de gran provecho.

_..._

–Mi Lady–

Flotando a través de la neblina del trance, escuchó la tímida voz de la mujer que había iniciado la encrucijada años atrás. Llamaba con insistencia invocando a su usual conversación. Sentía la insistencia agónica con que era abstraída. Su emisor debía desahogar la culpa de los actos cometidos, al sentirse perdida en una red de intrigas y conspiración que había costado más de una vida a las filas de los justos, sobre todo al haber sido el silenciosos socio de una de las manos más ensangrentadas de los villanos del imperio.

– Sere – respondió en un suspiro – pensé que era demasiado tarde– se complació de notar que se encontraba sana y salva habiendo temido que la razón de su pesada nota, fuera el haber caído víctima de las torturas que ahora se llevaban a cabo a los saboteadores del imperio capturados en el asalto organizado en los planetas de ensamblaje.

– No pude tomar parte del atentado en los astilleros de Asbartu – farfullaba quedamente aclarando de manera tácita el hecho de que continuaba presa en la base donde había residido los últimos 30 años y eso indirectamente le hubiese concedido permanecer con vida. – Lamento que mi participación no haya sido de ayuda Mi lady–

– Tu nos has dado las claves para iniciar esta lucha amiga mía– la tranquilizó evocando alivio en su propia voz – sin ti jamás habríamos llegado tan lejos, nuestras esperanzas regresaron el día que nos informaste que aún existían los últimos saiyajin y la leyenda podría cumplirse –

– Sabia maestra– inició con su anciana y débil voz – no pude salvarla–

Arame permaneció en silencio, era consciente del ser a quien se refería, la protección bajo la que le había encomendado, aun sin ser del conocimiento de la chica. Pero no podía faltar a su palabra emitida.

– No pude conservar el silencio que prometí y le advertí del peligro– escondía un sollozo en el hilo de voz que emitió – pero mis advertencias llegaron demasiado tarde … falleció a manos del mismo saiyajin al que brindé secretos todos estos años – su llanto comenzó a ganar terreno frente a la razón emitiendo desgarradores sollozos de arrepentimiento – si hubiese sabido el final de esa pobre criatura jamás habría hecho toda esa labor oculta de darle información al malnacido, le habría dejado morir en la miseria esperando un milagro que le permitiera acabar con Freezer–

– Sere, hija de Dalsere, tu valentía y acciones no han tenido el infortunio que presagias– en maternal despliegue intentó confortarla – tus actos otorgaron la ventaja a las fuerzas de tus aliados–

– ¿Cómo pude solo permanecer en el anonimato, siéndole de utilidad a ese carnicero despiadado? Debe pagar por todas sus culpas, debí esperar lo que haría…– los curtidos puños se cerraban en signo de impotencia– Esclavizó a su propio hermano, asesinando a su familia– hizo una pausa intentando proseguir, la indignación de esos hechos era una pesada carga para su conciencia – Asesinó a la antigua Kaio–

– Lo sé– le confortó la vieja oráculo una vez más– y ella lo sabía también, su destino esta cumplido al igual que el de todos los actores de esta encuesta–

– Pero ella… Bulma… tampoco merecía esa muerte– sus ojos suplicaban por una respuesta, que le indicara que los eventos no se habrían desarrollado del mismo modo para su infortunada amiga.

– Y no la ha encontrado– suspiró intuyendo la respuesta que Sere ansiaba escuchar, sin embargo pese a que conocía el camino que se desenvolvería, recordaba las órdenes del gran Kaioshin, no podía cometer más faltas cambiando el rumbo de la historia una vez más por sus actos descuidados – todas tus preguntas serán contestadas en el tiempo correspondiente– fue la respuesta más neutral que pudo regalar – no aflijas tu espíritu valiente mujer, pues has enseñado a la catarsis de este imperio, que no existe tal cosa como un enemigo pequeño– le recordó las proezas logradas con su ayuda, pues se trataba de un enemigo tan invisible que jamás notarían venir.

Arame tenía un profundo agradecimiento a esa fiel criatura, una mujer inteligente irreprochablemente, cuando las esperanzas de los antiguos profetas se habían extinto, ella trajo luz a sus miradas al futuro, develando que aún existía aguardo en las antiguas leyendas y la raza de enemigos destinados a terminar con el imperio del hielo, aún permanecía viva en la galaxia. Solo un saiyajin sería necesario para terminar con los siglos de esclavitud, mientras aún existieran, viviría la esperanza.

Sere asintió al intercambio, proporcionó nueva información y terminó con el enlace mental suplicando que esa valentía de cambiar la historia, no se tratara de algo más que su mera ingenuidad.

_..._

El punzante dolor de sus huesos ardiendo le despertó. Miró retomando los hechos que le llevaron a ese lugar, sin espacio para más reflexiones, otra punzada de dolor le quitó la intención de recordar lo que estaba pasando. Se dejó caer exhausto de contraer los músculos para mantenerse erguido.

– Hay que reconocerles esa tozudez Reikoseijin–

Distinguió frente a él la mesa metálica con diversos instrumentos simples, pero específicos para causar dolor en suficiente medida para arrancar secretos que liberaran a la victima de los efectos de dichos utensilios. Jugando con una varilla simple, Dodoria limpiaba el sudor grasoso de su frente con la mano enguantada. El calor del recinto combinado con jugar su rol preferido le acaloraba.

Azuki vio salir de su muslo derecho la enorme varilla que retiraba una máquina de especialidad médica.

– Esta belleza es una innovación cortesía del departamento de inteligencia tecnológica – palmeó dos veces sobre el artefacto cuadrado – tiene en su memoria el mapa perfecto de las terminaciones nerviosas más importantes de todas las especies de la armada– le explicaba sin importarle si estaba obteniendo su atención, amaba realizar monólogos de vanagloria a sus víctimas, como método de asegurar la supremacía de su falsa creencia – he tenido pocas oportunidades de probarlo… pero un Reiko ciertamente merece el honor– Presionó un botón arrancando movimientos involuntarios de dolor en su víctima. El sudor frio goteaba por sus mechas rubias, cerraba los ojos intentando no dar la cara, no le daría el placer de ver cuánto dolor estaba causando.

– No te resistas bastardo enclenque – presionó una vez más – el compuesto que tienes dentro arrancará una a una tus conexiones hasta que me digas lo que quiero–

– Aunque me mates – le fijo la vista lleno de rabia – mayor será mi victoria al dejar en ridículo tus estúpidas torturas – hilaba las palabras con lentitud al sentir desmayarse las luces de su conciencia

– No te molestes, el triunfo ya ha sido mío – detuvo su siniestra labor un segundo hasta acercarse – ya tengo la ubicación de tu base – murmuró casi paternalmente, tocando su cabeza.

– Es el truco más viejo del mundo– Azuki le dio una media sonrisa intuyendo que buscaba bajar su guardia.

– No es así – señaló al extremo de la habitación donde se encontraba desvalido el cuerpo de su otro compañero de viaje, el severo estado de sus lesiones le hacía caer en duda de si estaba presenciando un herido o un cadáver. Regresó su atención al verdugo fanfarrón, intentando no creer en su venenosa afirmación. Satán jamás pondría en peligro a su familia de ese modo, no podía ser.

– El muy estúpido incluso aseguraba que solo era un sueño – se carcajeó al recordar todo lo acontecido con el supuesto ídolo caído– en fin, espero que las colonias del sector sur tengan algo de mayor valor que el miserable saiyajin desertor que esconden.

Al escuchar salir esa información de la asquerosa lengua del profanador de su seguridad, entendió que no se trataba de un alarde, no tenía modo de idear un escape o forma de alertar, la desesperación inició su ascenso salvaje y su psique intentaba apaciguar el nerviosismo, de por un momento, creerlo todo perdido.

– Si se atreven a poner un pie, se arrepentirán – le gruñó intentando recomponerse – ustedes no son rivales para él – aseguró sin titubear provocando la profunda curiosidad del inquisidor – solo irán a buscar la muerte a manos del saiyajin que tanto ha temido el imperio – No pudo evitar esgrimir su sonrisa más irónica, ahora era el tiempo de creer en la esperanza, no quedaba otro camino más.

Percibiendo el destello en sus ojos, Dodoria le silenció presionando con mayor fuerza el mecanismo de tortura, sintió perder el control de sus piernas, su fuerza paralizada, las lágrimas no pudieron ser soportadas más tiempo corriendo libres y tibias sobre su mejilla, la sensación de cansancio, hambre y sangre, todo en conjunto que le hacía desear la muerte, la tranquila y silenciosa muerte.

– Todavía me queda mucho que sacar de ti– detuvo el pensamiento de su tenebroso anhelo – además quiero que vivas para ver caer a los líderes en los que tanto cree tu ingenua y pobre rebelión de imbéciles – Se alejó bloqueando la luz de su sección – la buena noticia es que no tendrás que esperar demasiado – se detuvo en el umbral de la sala – Los mejores elementos de Lord Freezer están en camino a eliminar toda esa escoria rebelde – cerró disfrutando el efecto que su confesión tenía en el semblante de su atormentado prisionero – te despertaré para que veas la pirotecnia – y con una última risotada desapareció en lo profundo de la base.

_..._

Pese a erigirse como un genio tecnológico, en todo ese último periodo se atrevía a mencionarlo en menor grado. Prefería perder el tiempo en el gran defecto de su vida, la incesante necesidad de vanidad; frustrada exponencialmente con cada fracaso en su desempeño como ingeniera, sentía que era lo único que podía hacer por el momento para sentirse menos miserable. Factor que no le estaba siendo concedido desde hace un largo tiempo. Bulma intentaba por todos los medios arreglar su cabello en ese tan inestable clima. Los días en ese enorme planeta parecían durar aún más que los terrestres y vivía en constante temor de las amenazas de las formas de vida nativas…y alienígenas.

Las escasas herramientas para arreglar la nave convertían la tarea en una odisea inalcanzable, sin embargo para su fortuna personal, se encontraba dando los toques finales para restaurar el sistema de comunicación, ventaja otorgada por la impuesta soledad en que su captor la confinaba, estaba decidida a tomar medidas urgentes en la cuestión, puesto que la confusión en sus acciones incrementaba y temía que si pasaba más tiempo, se auguraría una muerte inminente. En su mente retomaba los hechos que le orillaron a tomar esa dolosa decisión. No era su estilo atacar por la espalda, más era el único recurso que tenía para escapar. Solo esperaba tener la voluntad de hacerlo, cuando el tiempo fuese el indicado, esa abrumadora sensación que no reconocía le atormentaba. Si pasaba más tiempo, terminaría cayendo en su trampa e involuntariamente, entregándole su planeta.

Exhausto de la incesante actividad diaria, regresaba trayendo a cuestas un enorme animal al que se deducía había dado caza hace muy poco. Sin tardar más depositó su presa en el suelo mirando el ya entrado atardecer y desapareció entre el follaje sin decir más.

Había recorrido el paraje a toda velocidad, muchas veces, sin poder encontrar rastro alguno de civilizacion, en un radio de territorio lo suficientemente extenso para estar seguro, su poder no regresaba y empezaba a pensar que se debía a un factor externo, algún hecho que requería exámenes tecnológicos a profundidad en su cuerpo o alguna carácteristica geológica del planeta, prefería no entretenerse en ello pues estaba a punto de volverse loco. Al languidecer, regresaba al sitio improvisado del campamento, donde la insufrible hembra esperaba siempre con una nueva queja de las inclemencias del tiempo o la fauna asesina. Improvisó un perímetro para garantizar la seguridad de la científica y los restos de la nave, pero sin las herramientas adecuadas el avance era lento, teniendo incluso que otorgarle su ayuda, para levantar pesados materiales que soldaba con el arma que ella adaptó para la tarea. Era un periodo insufrible en su vida.

Estoy muy cansada – expresó en modo de súplica al verdugo que no dejaba de exigirle día y noche el verter sus talentos sobre la problemática.

Descansaras cuando me complazca tu avance– gruñía en una pose impertérrita.

Por todos los cielos ¡tú sabes que hago lo mejor que puedo! – lanzó la llave al suelo ciega de ira, cansada de la incertidumbre de su destino y a expensas de las constantes amenazas del saiyajin – todo el día, todos los días…– suspiró encarándolo encrespada– me deshago en esfuerzos por sacarnos de aquí y lo único que haces es pararte ahí a amedrentarme como si fueras la maldita muerte ¡presagiándome lo que ya sé que te mueres por cobrar! – cerró los puños.

Te juro mujer que no sabes cuán difícil me haces no hacerte pedazos – exhalaba al filo de su temperamento, no dejaba de clavar esos brunos ojos, como si esa fuese la única opción de herida que podía provocarle.

Si tanto lo ansias, hazlo – se acercó una vez más – mis amigos me regresarán a la vida con las esferas y ¡tú te quedarás en este maldito mundo en medio de la nada por siempre! – quiso terminar con las vacías amenazas, insípidas hasta para él mismo.

si te extrañan tanto explícame porque sigues aquí –

Y la observó perder toda chispa del encuentro. La mujer desvió su mirada incapaz de devolver un revés, puesto que el aguijón de su enemigo, dio en el blanco de un punto muy sensible. Suspiró aun con las cenizas en la garganta de la furia que le provocaban esos encuentros, pero decidió que era mejor no seguir desperdiciando argumentos, que incluso para ella tenían un sabor a perjurio.

Se disponía a replicarle, cuando súbitamente lo vio llevarla hacia el suelo, apresándola en un posesivo abrazo que le abstrajo toda la voluntad, tembló sintiéndole sumida en su incrédulo mundo, donde no notó que estuvo a punto de ser presa de un gigantesco monstruo volador. El grito desgarrador de la fiera le ensordeció, llevando ambas manos a sus oídos encorvándose en posición de ovillo, en el sedimento terroso, debajo de un atento Vegeta que no perdía detalle del vuelo de regreso de la criatura.

¡Ese murciélago me va a comer! – lloriqueó la científica jalando a su compañero a modo de manta para protegerse

¡Suéltame tonta! – se apartó brusco, dando un salto para tomar al animal por las patas. El depredador volador intentó capturarle, pero la fuerza de su presa le llevó hasta el piso de un tirón, haciéndole desistir de sus intenciones y buscar una escapatoria inmediata, emitiendo chillidos de dolor. El saiyano se preparó para lanzarle, no sin antes darle un especial agravio de advertencia por si se le ocurría regresar. La criatura desapareció dando tumbos entre los enormes árboles.

¡¿Qué rayos era esa cosa moteada?! – se levantó llena de lodo, sin una pisca de agradecimiento, pues estaba contrariada por su pensamiento previo y la tonta reacción de su cuerpo. ¡Idiota! ¡¿Por un segundo pensó que en verdad la abrazaba?! Ese lapso de calor se coló en sus huesos haciendo retumbar su corazón, incluso supo que había sonreído cual adolescente enamorada ¡Enamorada! ¿Pero qué demonios ocurría en su cabeza? ¿Es que tantos golpes le habían sacado el juicio?

El príncipe llevó ambas palmas a su rostro, sumergiéndose tal cual pudiera borrar todo el escenario existente. Empezaba a pensar que esa fémina era un castigo de los dioses por todo lo cometido en su vida. No contestó, pues temía iniciar otro intercambio de absurdas peleas que atrajera más amenazas, se miró igualmente cubierto de ese lodo marrón y la miró con ese gesto tan extraño para él, vulnerablemente infantil y a la vez confiado en que él, incluso la salvaría de su ignorancia respecto a el inventario de criaturas del espacio. Ante esa afirmación emitió un gruñido audible, desesperado por encontrarse otra vez en el mismo laberinto de dependencia absurda, donde debía procurar otra vez a esa inútil, ¡Él era un fiero genocida, no un considerado escolta! no lo admitiría pero su acto no tuvo una premeditación, haciéndolo casi por instinto ¡¿Automatizó actuar como su fiel protector?! ¡Dominado como un idiota siguiéndola a todos lados como si fuera su maldita pareja! Y entonces lo supo. Algo estaba terriblemente mal en la ecuación y no era capaz de distinguirlo. Debía poner espacio, alejarse lo suficiente para regresar a ser el mismo de siempre, su cuerpo le estaba jugando la peor de las rachas y necesitaba con urgencia un descanso de su nueva vocación como salvador de seres insignificantes… por muy necesario que fuera.

Recordó con pesadez ese momento mientras la vigilaba desde lo alto de la copa de un árbol. A partir de aquel día, el saiyano permanecía ensimismado, alejado de todo contacto, intercambiando solo lo necesario para volver a desaparecer a una distancia prudente para observarle. Durante el día cazaba e intentaba llegar más lejos, en busca que algún indicio que le ayudara a salir del planeta, durante la noche dormitaba a una distancia eficaz para mantener seguro el campamento. No podía esperar por ver terminado el trabajo, no podía evitar tener esperanzas.

Bulma ajustó el último circuito, recordaba el mismo hecho reprochándose cuanto tiempo pasaba ahora pensando en todo lo acontecido con ese arrogante saiyajin, a veces incluso se descubria a si misma contemplándole en la distancia, tanto tiempo atada a esa simbiosis le estaba quitando la cordura, el colmo vino a colación cuando descubrió que en todo ese tiempo ni siquiera había recordado a Yamcha, hecho imperdonable si recalcaba que se trataba de su supuesto novio, si quería salir de ahí como había planeado, necesitaba actuar de inmediato. Con gran recelo inició la secuencia de encendido, el sudor de su frente resbalando por su fina nariz, nerviosa de la acción que llevaba a cabo. Sin titubeos tecleo el código de alerta, extendió su mano para finalizar el botón de ejecución. Abrió y cerró su puño apretando los ojos para convencerse. No podía ser de otro modo, no tenía otra oportunidad, debía hacerlo así para salvarse y salvar a la Tierra, recordó todos los infortunios vividos, la humillación, la incertidumbre, el temor y la última esperanza de escapar escurriendo entre sus dedos.

Y finalmente lo envió.

_..._

Caos.

No había otra forma de expresarlo. El desorden reinaba por doquier.

En todo sitio carreras con ojos desorbitados, arreglo y desarreglo de montones de artefactos y equipaje desordenado. El eco de desmantelamientos y por si poco fuese, la incesante algarabía que para los oídos sensibles del saiyano y el único Namek, se estaba volviendo una lenta condena.

– ¿Deberíamos…pedirles que se calmen? – Krillin tallaba su nuca sin encontrar palabras para describir su confuso sentir. Debajo del ventanal de la blanca área médica, apreciaban con mayor detalle el presuroso correr de las multitudes en estampida.

– Inténtalo – desde el palco de recuperación Kurat cojeaba a su encuentro – infórmame el resultado – cargó en su hombro nuevo equipaje con las aun visibles heridas de su asalto anterior, sin embargo las más evidentes eran las hechas en su seguridad como líder, pues por primera vez sentía que no era el indicado para dar la talla de esa responsabilidad, habiendo desafiado del modo más absurdo la autoridad por haber juzgado de cobardía un acto de prudencia. No tenía modo alguno de enmendar su error, que era lo que estaba causando ese exilio precipitado. El peso de la muerte de Azuki y el resto de los soldados era una carga que a duras penas podía sobre llevar.

–¿Tiene una nueva misión capitán? – Tarble intervino

– Llevaré a Nayame a algunos de los sobrevivientes escoltando la nave– contestó con suavidad – es mejor no sobrecargar nuestras opciones, no sabemos cómo reaccionarán los terrícolas si todos llegamos allá– se encogió de hombros haciendo su camino a la salida

– El Dr. Briefs ha informado los detalles – Tarble intentó hacerle desistir de continuar desperdigando más elementos en diferentes cuarteles – se solucionará con intercambios tecnológicos para beneficio terrícola– describió a grandes rasgos el resultado de las negociaciones terrestres– las medidas de paz están siendo redactadas con los líderes… –

– Suena demasiado sencillo– intentó no denotar el pesimismo de esa acción, después de todo la naturaleza humana y Reiko eran muy similares y sospechaba que la aceptación tarde o temprano tendría altibajos de conflicto de intereses– Por cierto…Azuki rescató una chica de las minas…pero – observó la luz de esperanza en las caras de los guerreros – No es Bulma… en verdad lo siento – dedicó sus condolencias intentando darles a conocer el sacrificio de su camarada caído. Los rostros de los aludidos guardaron con recelo su impotencia.

–Pero… ¿la chica está bien? – Krillin preguntó haciendo al resto entender lo insensible que su decepción sonaba a oídos del resto de la tripulación

– Por ahora su situación es delicada – admitió – debo irme, después habrá más tiempo de parlotear– les guiñó un ojo con una triste sonrisa.

–Será mejor poner orden en este lugar– Piccolo intervino – o antes de que lleguen los hombres de Freezer acabaran destruyendo el lugar ellos mismos – El resto de los tripulantes asintió iniciando un intercambio de anuncios en los altavoces, el nerviosismo nublaba el sentido común de todos.

– Yo iré con usted capitán – Tarble se ofreció como una intrínseca forma de apoyo, notaba el decaído ánimo del antiguo líder y presentía que necesitaría su ayuda.

– Pero ¿qué hay de los terrícolas?, necesitan quien pilotee –

– Ya he aprendido bastante al respecto – Krillin aseguró abriendo camino a las intenciones del saiyano.

– ¿Donde está Son Gokú? – le vino a la mente la ausencia del mayor.

–Está intentando apaciguar a Chi-chi en el intercomunicador– Krillin explicó con la vista perdida en un grupo de seres gelatinosos que intentaban levantar placas de metal, sin musculos…ni éxito –Gohan se coló en la nave en nuestro viaje hasta aquí… supongo imaginas lo que sucedió – rio para sí mismo.

– Supongo no habrá problema entonces – asintió hacia Tarble indicándole la ruta a la nave.

– Los veré en la Tierra amigo – dedicó un gesto de despedida al antiguo monje – llevo mi intercomunicador encendido… ¡no vayan a empezar la acción sin mí! – corrió tras el muy adelantado capitán seguido por otro gran número de refugiados.

….

–… Pero Chi-chi… estas personas están en peligro– con la mirada triste y un gesto de incertidumbre evitaba el contacto visual con la pantalla –

–- ¡NO ME IMPORTA! REGRESA A GOHAN AHORA MISMO – rabiaba en locura haciendo temblar incluso a los circuitos de visión.

–… ¡escucho interferencia! – Comenzó a sacudir la nave intentando cortar comunicación

Sonriendo para sí, Gohan bajó de la nave dispuesto a realizar alguna tarea de utilidad para los refugiados, observó las enormes instalaciones opacando el entusiasmo de estar de pie frente a ese ambiente desconocido por causa de los gritos de la multitud asustada. Un grito agudo llamó su particular atención, los soldadores intentaban con desesperación contener un enorme cubo desprendiéndose para caer justo sobre una unidad habitacional donde todos intentaban salvar sus pertenencias de ser aplastadas.

Sin perder el tiempo, el niño voló en dirección a ayudarles sosteniendo en el momento preciso el material que se frenó, arrastrando el chirrido del metal para ahogar las voces asombradas de todos los testigos de esa hazaña. No se hicieron esperar los gritos de ovación de los incrédulos que aun boquiabiertos veían al niño descender con la pesada carga como si estuviese hecho de plumas.

El fervor del momento se disipó de modo casi imperceptible, al observar todos el apéndice ondeante que el héroe poseía, el asombro se reemplazó con preocupación, nadie podía creer lo que veía, era sin duda un niño saiyajin, quizá el último en la galaxia y las emociones encontradas no se hicieron esperar.

– ¿Pero cómo es posible?—

– ¿De dónde salió? –

– ¿Aún hay más de ellos? –

De un momento a otro Gohan increpó en el ánimo curioso de todas esas preguntas al aire, sintiéndose rodeado y a la vez exhibido de un modo desagradable, después de poner el enorme objeto en el suelo levantó su mano en un saludo e intentó encaminarse de regreso a la nave.

– Eres un saiyajin verdad–

La ruda vocecita infantil, impidió que su camino continuara.

– Yo… ¡yo soy un humano! – molesto por el nombre insistente que todos le daban, aseguró. No era causa de que ignorara su origen paterno, sin embargo la forma en que expresaban ese nombre tenia las notas de temor escritas en todas sus letras.

– ¿Qué es un humano?... Eres un mentiroso –

Cuando viró para enfrentar a su agresor, sus palabras quedaron atascadas en su boca. Nunca había estado frente a otro niño… o esta vez, una niña, si es que eso era la hipnotizante criatura frente a él. Se encontró tan enmudecido, que por más que buscaba gobernar en su voluntad para recordar que idioma estaba hablando, solo la sensación de su estómago pesado prevaleció.

La pequeña lo evaluaba con los ojos azules clavados, sin dejar de auscultarle. Más, observar los ojos negros sin ápice de maldad, abiertos, francos y perdidos, le hizo dudar de su seguridad previa.

– ¿Cómo te llamas? – reemplazó la hostilidad con curiosidad, pero el otro niño libraba la batalla más difícil, intentando obligarse a contestar y al paso de los segundos la incomodidad se sembró en el ambiente. – No importa, de todos modos mi papá es más fuerte que tú – sacó su pequeña lengua en gesto grosero y se alejó hacia el grupo de personas que le llamaban.

Gohan se enderezó, apenado por su conducta, cerró los labios en una mueca de inconformidad, seguramente se habría visto como un completo tonto y no comprendía el porqué de su reacción, lo que si entendía es que esperaba no volver a toparse con esa niña en un futuro cercano.

Todo el movimiento se detuvo cuando súbitamente toda la estructura estalló en rugidos de destrucción. El griterío llenaba los recovecos y espíritus de todos los presentes de un pavor sin precedentes. La atención puesta en la plataforma superior, donde llamaradas de fuego se colaban alertando a todo curioso de alejarse y correr por su vida. Escapar o morir.

– ¿QUE FUE ESO? – Krillin gritó posicionándose a la defensiva

– Nuestra señal de acción – Piccolo corrió a la zona de peligro.

El inmenso bloque desgastado se desprendía succionando al espacio una gran cantidad de objetos, los gritos de la estampida de victimas ensordecía a los únicos cuatro que corrían contra corriente en diferentes instancias, dispuestos a enfrentar la amenaza surgida.

Un crucero de combate descansaba al lado de la tremenda destrucción, suspendido y simulando orgullo por los actos cometidos, anclando enormes tubos flexibles con una partida de soldados y dejando transportar por medio de naves pequeñas y ovaladas diminutas figuras ingresaban como virus dispuestos a infectar de muerte a su infortunado huésped. Los mecanismos de soporte de emergencia estabilizaron los campos de fuerza, sin embargo los invasores ya llevaban a cabo la invasión con éxito.

– Odio las bandas de asalto – el enorme humanoide azul, salió de la apretada cavidad con esmero, pateando su banda para terminar de emerger.

– Esto será rápido – con actitud de líder, Zarbon retrajo la pesada capa de sus hombros esperando por el resto de los elementos de Freezer – traigan con vida a los saiyajin que se escondan en esta pocilga– arrugó la respingada nariz dando un vistazo de desaire.

– Tu no das las ordenes aquí basura insignificante– Burter le arrancó de su altanera pose trayéndolo de vuelta a su subvalorada realidad.

– Lord Freezer… – estaba a punto de restregar su cargo sobre el resto, pero su queja fue ahogada por la mano de Ginyu.

– No está– ladeó el rostro hablando en el tono más indulgente y a prueba de cretinos que poseía –… y estas olvidando que hablas con los líderes de las fuerzas especiales– le tiró a sus pies – un rango que jamás conseguirás con tu patético nivel de fuerza–

Zarbon intentó recuperar el aliento de modo menos evidente, fingiendo desinterés, pasó unas hebras de cabello detrás de los delicados pendientes – esto no pasará inadvertido para Lord Freezer – aclaró su garganta caminó para adentrarse en la plataforma.

Alineando a la tropa de asalto observó a su soldado recién adquirido y se acercó para susurrarle.

– Usa tus habilidades de rastreo y encuéntralos– le jaló hacia si en brusco movimiento– Más vale que pruebes tu utilidad o yo mismo me encargaré de enmendar el error de conservarte con vida –

Nappa le enseñó los colmillos retándole.

– Tus amenazas no son necesarias – se apartó irascible – si están aquí los encontraré, tengo cuentas pendientes con esos imbéciles– se internó en las recientes bajas de la infraestructura.

La cuadrilla se soldados ingresando fue estremecida por un estallido que mermó su formación, los blasters no se dejaron esperar, la humareda de materiales quemados ascendía nublando la identidad de los causantes del atraco.

– Ustedes no van a ningún lado –

La gruesa voz del guerrero Namek cruzó el silencio de los invasores.

Tiró su pesada capa retumbando en el metal, tomó posición de batalla imitado por Krillin. Era hora de jugar todas sus cartas y enfrentar la amenaza avecinada.

Los tres líderes de tropa reían encantados de la imagen. No era suficiente el poseer un Namek dándoles cara, sino un reiko dispuesto a pelear. Adorable escena.

– Su poder es insignificante– Burter rió tomando lectura de su scouter.

– Zarbon, mátalos tu– el capitán ginyu les dio la espalda tomando una ruta diferente – es demasiado pronto para ensuciarme las manos con seres tan insignificantes–

Con una mueca de desagrado Zarbon se cruzó de brazos avanzando hacia sus víctimas, por mucho que le doliera admitirlo, él era el más débil de los presentes y eso lo obligaba a obedecer.

– Bien – Krillin dio un paso al frente – si no te importa Piccolo creo que es mi turno de cooperar –

– Adelante – le dio una media sonrisa – creo que no debo recordarte que no destruyas la plataforma o seremos succionados – se cruzó de brazos esperando contemplar el avance en el entrenamiento del monje. Krillin inició su carga de poder con un solo grito, la confianza de su lado después de haber sido ayudado por el patriarca antes de despedirlo, se sentía plenamente entusiasmado.

Zarbon cerró los ojos sin ánimo de alardear, más su burla no escapaba de la vista de sus oponentes. No esperando a su contraparte se lanzó primero, el puño dispuesto a terminar a su víctima. Krillin lo bloqueó con el antebrazo, saltó en reversa poniendo espacio pero el conjunto de golpes no dio tregua a sus intenciones. Pese a lo esperado el intercambio acontecía de manera veloz y ambos contrincantes exhibían el mismo nivel de velocidad y fuerza. Piccolo y el resto de las fuerzas especiales estaban sorprendidos por igual.

Zarbon empezó a perder la paciencia, todos sus movimientos bloqueados y contrarrestados, más el colmo vino a colación cuando un gancho se clavó en su costado sacando el aire de sus pulmones y estrellándole en el amasijo de metales doblados de la entrada. Era hora de sacar la artillería pesada.

– Tienes suerte maldito enano– se levantó tirando sus ropas estropeadas a un lado – pocos han alcanzado a hacerme recurrir a la forma que más odio– de un golpe la sutil imagen del guerrero narcisista se transformó en una terrible bestia reptiloide, sus músculos saltaron, al mismo tiempo que el ánimo disipado del confiado guerrero terrícola. La atención de todos se abstrajo por completo a la batalla subsecuente. Krillin no lo vio venir. La brutal fuerza del renovado secuaz de freezer arrasó su rostro por el metal del suelo. Piccolo absorto de la revelación, se lanzó en su defensa más Burter ya cazaba sus talones impidiéndole continuar.

– Tú peleas conmigo–

Mas su intervención fue arrepentida por su subconciente, cuando se halló en inferioridad de condiciones.

– Como quieras – le contesto el poderoso namek impactándolo contra los restos de la plataforma arrebatando un eco de dolor e incertidumbre de su rival.

…..

El eco de la batalla ya resonaba estruendoso en toda la estación rebelde. Gohan, a petición de su padre, ayudaba a los dirigentes en turno a evacuar las naves, junto con los refugiados que despegaban los últimos relictos de naves anticuadas. Las multitudes se abarrotaban en la plataforma sur y algunos seres le agradecían su ayuda, más la gran mayoría se alejaba desconfiada.

– No esperaba esa reacción – arqueaba las cejas compungido, después de ayudar a levantar las pertenencias de la familia que escapaba de él.

– AUXILIO –

El conocido tono de alarma lo alertó virando para observar toda una nave ser explotada. Todos iniciaron el despegue prematuro dejando atrás a los infortunados que no alcanzaron a subir. En el extremo de la destrucción Nappa levantaba su dedo apuntando a una segunda nave. Divertido por su acción no vio venir una rodilla directo a incrustarse en su nuca.

Su pequeño asaltante, con la mirada embravecida se sorprendió al caer en cuenta del error, no era suficientemente fuerte para enfrentar ese enemigo. Cayó al suelo presa del pánico, pero no se lo dejaría saber, tenía el honor de su familia que defender.

– ¡Metete con un monstruo de tu tamaño tonto saiyajin!– cerró los puños haciendo seña de pelea, las pequeñas coletas temblando de rabia y miedo.

Nappa se carcajeó sin control. Pero debía reconocerle a la criatura el tener el valor de enfrentarlo.

– Creo que eso te deja a ti fuera de la expectativa niña idiota– y sin mayor esfuerzo dio un leve golpe que la dejó fuera de combate en el suelo – solo por ese acto de valentía te eliminaré sin dolor– Dispuso su palma sobre la pequeña.

– ¡NOOOOOO! – Recibió un cabezazo en el abdomen que le hizo limpiar la plataforma levantando astillas metálicas con su propio cuero. Cuando quiso encontrar al nuevo retador, su mandíbula cayó hasta el suelo, asombro total, incredulidad perpleja, no había dudas ¡Un niño saiyajin!.

Gohan no lo pensó, su corazón tembló al ver ese acto de injusticia y sin meditarlo se vio a si mismo asaltar con toda su potencia al oponente. Nunca esperó tener la fuerza suficiente para causarle el daño que logró y de un momento a otro la duda empezó a apoderarse de él, detrás de los embravecidos ojos de su nuevo rival veía las intenciones asesinas y el miedo le jugó en contra.

– ¡Déjelos en paz señor! – fue lo único que salió en su defensa, sus puños cerrados temblaban. No había quien le salvara esta vez, era luchar o morir.

– No sé de dónde saliste, engendro mestizo – Lo vio con repulsión y se levantó limpiando la sangre de sus brazos – pero vas a lamentar haber venido a este mundo– cargó contra el pequeño impactándolo contra el suelo.

– ¡Videl huye! – una mujer llamaba desesperada a la niña atrapada en la batalla, pero estaba tan lastimada y anonadada en el acto del otro infante que no lograba escuchar su nombre. Rezaba que el otro pequeño reaccionara mientras lo veía recibir la paliza de su vida.

….

Ginyu miró a su soldado perder el control, las mediciones de fuerza le indicaban que había subestimado en demasía a los misteriosos defensores rebeldes. Sospechaba que incluso era incapaz de ganarle por el momento.

– MAKANKOSAPOOOO– Se dispuso a eliminar al osado rival. Ginyu Tacleó al Namek sacándolo de balance, disipando el ataque al vacío. Piccolo viró impactando una patada sobre el capitán llevándolo al otro extremo de la plataforma.

– ¡CAAAAMBIOOO! –

Fue lo último que Piccolo escuchó cuando un torrente de luz nubló su conciencia de golpe, el mareo e inestabilidad zumbaban en su cabeza haciéndole caer de rodillas mientras se aferraba a algo firme.

Krillin intentó gritar, pero su cuerpo estaba sumamente agotado, vió a su oponente enfilarse para ponerle fin a su conciencia. Pero otro vengador le arrebató la acción.

Zarbon gritó al caer casi al límite del vacío sosteniéndose por mera casualidad.

– Lamento llegar tarde – Gokú ayudaba a su mejor amigo a levantarse.

– Por.. que… tardast…– exhalaba con dificultad al levantarse

– Me perdí–

–…–

– ¡¿Quién es ese imbécil?! – incorporándose casi rendido, Burter le gritó al recién llegado pero al ver esas puntas de cabello y el inconfundible Gi lo supo. Reconoció de inmediato al mismo sujeto que le derrotó en las minas de piedras preciosas, solo que esta vez le veía más confiado y más… alto.

– El saiyajin que buscábamos – Zarbon se alzó torpemente, no importándole tanto el orgullo como el cuerpo, hechos pedazos con un solo golpe del misterioso tipo– Será mejor que te rindas y vengas con nosotros por las buenas – retomó su postura de pelea y activo una vez más sus enormes músculos. Gokú avanzó sobre él, un golpe al plexo y el enorme reptil escupió sangre cayendo de bruces al suelo. Totalmente fuera de combate.

– ¡Acábalos Gokú! – Krillin intentó levantarse para ver pelear a su campeón favorito. Más le resultó imposible en su condición.

– ¿Que rayos fue eso? – la voz de Piccolo intervino y miró incrédulo al sujeto del que todos hablaban, ahora materializando la imagen en la vida real. No se veía como un gran reto.

– Les advierto que deben marcharse de inmediato – con una seriedad inusual en su tono Gokú advirtió a todos los presentes del bando contrario – lleven a sus caídos consigo y márchense – permitió a un grupo de soldados levantar el cuerpo noqueado de Zarbon y alejarlo con rapidez, el resto de sujetos titubearon apuntar sus armas contra el sujeto, pensando seriamente en tomar su recomendación, algo en el semblante de ese individuo se veía potencialmente letal.

– Ellos no irán a ninguna parte – puso fin al intercambio cargando su nueva fuerza

– ¿A qué te refieres Piccolo? – Krillin contestó, pero sus ojos se abrieron tan enormes como su cara permitía, viendo a su reciente aliado cargar todo su poder contra Gokú.

El saiyano apenas pudo bloquear el golpe sobre si, otro bloqueo más y el pie del namek estaba sobre su cara retrocediéndolo con violencia.

– ¡¿Que rayos te pasa?! – le costaba trabajo obstruirle sin iniciar una batalla, le costaba valiosa energía y el inestable namek no paraba de embestirle, de verdad se había vuelto demasiado rápido.

– ¡NO SOY YO! – Desde el escenario en ruinas la voz del capitán le advirtió – ¡GOKÚ, ESTE MISERABLE ROBÓ MI CUERPO! –

– ¿QUÉ?—la declaración lo tomó por sorpresa separándole del plano vertical hasta enterrarlo varios niveles abajo, sentía resquebrar varios rases de metal sobre su espalda, sumiéndose en un agujero de dolor e incertidumbre. La chispa malévola brillaba en todo su esplendor en la sonrisa del supuesto Piccolo que le martillaba sin piedad.

….

– Es una pena tener que acabar contigo – Nappa conversaba con la víctima que sostenía del cabello luchando por liberarse entre lloriqueos– me hubiera gustado saber de dónde rayos provienes–

– ¡Suéltalo maldito monstruo! – Videl lanzaba todos los objetos a su alcance contra el enorme mastodonte. Antes de que pudiera proseguir uno de los refugiados la alcanzó, intentando huir mientras tiraba de ella.

Nappa arrojó al suelo al chiquillo, dispuesto a acabar con las basuras que estorbaban en su camino. su disparo erró al tambalearse el suelo donde se encontraba. A un costado de él calló de bruces el cuerpo de los dos contrincantes que buscaba desde un principio.

– ¡Papá! – Gohan se levantó corriendo hacia su progenitor, pero se detuvo admirando la bizarra situación, que por algún motivo quien lo tenía en el suelo era su mismísimo mentor. Los rebeldes aprovecharon la distracción para escapar a algún lugar seguro.

– ¡Gohan aléjate! – Gokú dio un puntapié a su oponente intentando poner a salvo a su vástago. Ginyu dio con el blanco perfecto. Arremetió contra el pequeño dispuesto a atravesarlo sin piedad. Gohan se congeló al no poder emitir defensa alguna contra el Sr. Piccolo. No podría hacerle nada.

Ginyu se sorprendió al ver su propio cuerpo bloquearle

– ¡No usarás mi cuerpo para esto! – Piccolo se interpuso al último minuto, fue arrojado sin esfuerzo contra el hangar siendo detenido por Gokú.

– ¡Explícame que está sucediendo! – el saiyano exigió a su antiguo rival

– Ese malnacido robó mi cuerpo con alguna técnica… – se incorporó – no queda más remedio que acabar con el – Ambos permanecieron a la defensiva esperando movimiento del atacante.

– ¡Maldito Kakarotto!– Llamó la atención de ambos el viejo congénere de Gokú – Tu y yo tenemos una cuenta que saldar! –

– Espera tu turno simio miserable– Burter descendió uniéndose a la batalla.

– ¡¿Qué esperas Gokú?! – Piccolo le increpó a tomar medidas, pero el saiyajin titubeaba a eliminar el cuerpo del guerrero Namek, además de su reciente amistad, las esferas seguían ligadas a ese ente.

Ginyu se lanzó a atacar una vez más a su anterior adversario, el monto de fuerza era suficiente para hacerle frente al saiyano en ese estado, lo que le hacía confiarse en que saldría vencedor. El intercambio se daba tan rápido que Gohan apenas podía seguir la batalla con la vista.

– ¡Gohan vete de aquí! – Piccolo ordenó lanzándose contra sí mismo para ayudar al guerrero más capaz. Burter lo detuvo arrastrándole de vuelta al suelo con todo su poder

– ¡Mátelo de una vez capitán! –

Gohan, comprendiendo la situación, intentó hacer lo que su mentor ordenó, pero Nappa le alcanzó levantándolo del gi – no tan rápido gusano – se burló – si es verdad que Kakarotto es tu padre entonces tu saldarás mi humillación–

Una vez más su mentor acudió en su defensa derribando de un gancho al enorme saiyajin – ¡GOHAN PELEA O LÁRGATE! – más su distracción sirvió de salida para el rival desatendido. De un rayo contentrado con toda su intensidad logró perforar el centro del antiguo cuerpo de su líder. Reconociendo ese frío, Piccolo sostuvo su abdomen cayendo en cuclillas. Nappa regresó dispuesto a dar el tiro de gracia.

– ¡SEÑOR PICCOLOOO! – Acorralado estalló su furia contra el mastodonte, sus golpes certeros, la ansiedad de ver escapar la vida de su maestro corria presurosa intentando terminar lo antes posible la pelea.

Nappa no lo esperaba, el incremento en el salto de poder superaba su fuerza poniéndole casi al mismo nivel, nunca vio cría tan poderosa en su estirpe, en medio de la golpiza que estaba recibiendo se preguntaba qué origen tendría su contraparte materna para dar origen a un hibrido de tal dos movimientos más se vio en el suelo y un destello de luz en las palmas del pequeño le quitó la visión por completo.

– ¡Maldito mocoso! – Burter arremetió contra la nueva amenaza, Gohan bloqueo el ataque con éxito pero su corta experiencia en batalla jugó en contra no viendo el siguiente movimiento. Acabó azotado junto a su maestro convalesciente.

Teniendo a los dos en el blanco Burter sonrió trunfante.

– HAAAAA–

Su estampa fue atropellada por el cuerpo del Namek que se estrelló en su espalda humeando de la intensidad del ataque que recibió. Incrédulo de la condición en la que se encontraba se dispuso a contratacar, el pánico le invadió al ver que su brazo derecho estaba chamuscado, la figura emergente del saiyano en pie con una sulfurante aura roja lo intimido.

– Lo lamento Piccolo – se dirigió al caído de un modo extraño, no necesitaba decir más.

– KAAAA MEEEEEE–

De su palma emergió otra estela de energía azul aún más poderosa. Ginyu temió por su vida, había subestimado los poderes de ese saiyajin, pero no sería por mucho…

– HAAAAA MEEEE–

– ¡CAMBIO! –

Piccolo se lanzó al torrente de luz, esperaba esta oportunidad reservando su energía con recelo, afortunadamente todo había marchado de acuerdo al plan que intuía Goku planeaba. Dos segundos más tarde se encontraba en su antigua forma, sufriendo las heridas causadas por su aliado.

Ginyu despertó de nuevo en su antigua forma, había sido descubierto en su truco, el engaño del que fue parte le hizo desertar de intentarlo de nuevo, lo invadió el pánico al observarse herido sin más fuerza para enfrentar a los tres adversarios que lo observaban atentos.

– Ya los veremos de nuevo cuando Lord Freezer los elimine! – Burter no dio tiempo a que ninguno tomara acción, tomó al capitán arrojándose contra una de las bandas de asalto escapando justo a tiempo para salvar sus vidas.

Al estar fuera de alcance los líderes, el crucero de ataque se perfiló para disparar a los restos de la estación rebelde. Reunió energía suficiente y soltó el destello para acabar de una vez por todas con la creciente amenaza. Gokú reactivó la energía de su ataque en un segundo

– ¡HAAAAAA!—Liberó la carga impidiendo al disparo llegar a su objetivo, destruyó toda evidencia del rayo debajo del relámpago azul imparable, la dirección pasó cerca de sus enemigos, causando que la tripulación de la nave evaluara el gran riesgo, apresurando el despegue perdiéndose de vista al instante. Ahora estaba seguro, la batalla terminó… y ellos eran los vencedores.

El sabor agridulce aún estaba presente en los sentidos del guerrero del gi naranja. No era la batalla prometida, pero el revés de acontecimientos habría sido interesante.

– Realmente te pasaste de la raya – Piccolo se tiró al suelo convaleciendo sus múltiples heridas

– A mí tampoco me fue perfecto – rió el saiyano – estas en muy buena forma– tenía un numero grande de contusiones dolorosas.

– te las podías haber ahorrado… DE HABER HECHO ESTO DESDE UN PRINCIPIO – Le dedicó la mirada mas fúrica que le quedaba resurgiendo un nuevo brazo.

– No era tan sencillo – replicó molesto – debía pensar en demasiados puntos, podía estallar esta cosa en un ataque, o arriesgarme a que me cambiara el cuerpo o herir de gravedad tu cuerpo y las esferas…–

– y yo que pensaba que esa cabeza tuya siempre estaba hueca– le reconoció finalizando la charla, realmente le dolía la cabeza

– Señor Piccolo– apenado Gohan se acercó a su maestro con suma cautela – lo… siento– ocultó las manos tras el cuerpo avergonzado de su poca pericia en batalla. Todo el tiempo invertido en sus entrenamientos, se veía recompenzado en la fuerza que había adquirido de alguna manera, sin embargo no había algo que pudiera hacer frente a la actitud cobarde del chico.

– ve por Krillin– le ordenó a secas – tu padre y yo debemos encargarnos de la basura que dejaron tirada esos malnacidos – se refirió al inconsciente saiyano tirado en la plataforma.

– ¿Qué hacemos con él? – Gokú se acercó a su lado depositando una semilla del ermitaño en la palma de su hijo. Gohan asintió y voló hasta su objetivo atraves del hueco.

– eliminarlo–

–No– respondió al instante – no seremos igual que ellos, además quizá tenga información sobre Bulma–

– Entonces tómalo prisionero, pero no veo como lo mantendrás inconsciente todo el viaje– tragó otra de las semillas recuperando su fuerza.

Viendo como estiraba sus extremidades mientras tomaba distancia Gokú imitó el acto consumiendo la semilla, sin embargo dibujó una mueca de desagrado en sus labios al retomar su atención en el otro saiyajin, sabía que Piccolo tenía razón, pero no podía asesinarlo a sangre fría, aun menos en ese estado. Los curiosos que quedaban se aproximaron a él de los rincones donde se escondían, al principio dudaban temerosos, pero los ojos de todas las criaturas lentamente se fueron llenando de un sentimiento traslucido que Gokú reconocía bien: agradecimiento.

La ovación inició tímida, hasta ir ganando fuerza inaudita de todos los que se reunieron a conmemorar el triunfo que habían esperado por tanto tiempo, Gokú miraba confuso a la multitud acercarse, todos los seres presentes, diferentes formas, colores, estaturas, dejaron de lado el recato y lo rodearon llevando las manos del aterrado individuo a las frentes de los que podían alcanzarle, todos intentaban llegar al héroe consolidado y por un momento le sumieron en esa multitud para resurgirle, cargado a cuestas de todas las formas de vida agradecidas, de todos géneros y edades, vitoreaban emocionados.

– ¡Saiya Vor! ¡Vlex Saiya Vor! –

– ¡Vlex vor! ¡Vlex Saiya Vor! –

Las lenguas de la antigüedad hacían gala de la ocasión, la emoción vivida en todo el rededor, desde las esquinas más oscuras en los niveles superiores, hasta el ser más pequeño a su lado, todos coreaban el nombre dado, la esperanza estaba ahí, por fin la esperada leyenda renacía de las olvidadas cenizas.

– ¡Piccolo ayúdame! – gritó intentando librarse amablemente de la turba enloquecida. El divertido Namek se encogió de hombros disfrutando el espectáculo mientras ataba al prisionero. En seguida sintió un grupo de pequeñas criaturas peludas tocar su pierna llamando su atención. Traían consigo la pesada capa del enorme Namek, entregándosela en signo de respeto a su dueño.

– emm… gracias – les miró de reojo inseguro de estrechar las múltiples manitas que le agradecían.

– ¡Señor Piccolo! – Gohan bajó a toda velocidad seguido por Krillin – ¿Qué está sucediendo? –

Al aterrizar a su lado y escuchar el barullo de esas conocidas palabras, el monje lo comprendió guardando una solemne risa condescendiente para el pequeño

– Sucede que – suspiró – tu padre recibe el reconocimiento que siempre mereció –

_..._

El pitido del rustico electrocardiograma del tanque sonaba pausado e insistente. Uno tras otro, sin descanso martillando la semiconciencia del individuo que rogaba de manera ferviente alguien le sacara de ese silencioso infierno liquido.

Ese sonido infernal constante funcionaba como un recordatorio del ultimátum de sus horas finales de vida, un fracaso más era la excusa que su amo necesitaba para dar el cambio de personal, sinónimo de exterminio, que toda forma de vida en esa organización temía. Pero entre ese agudo sonido chocante, uno más le despertó.

Finalmente, la respuesta a sus plegarias se presentaba en forma de señal de otro pitido simple en los scouter recién decomisados, a pesar de haber sido puesto a tan solo un par de horas en el forzoso encierro de recuperación, no se arriesgaría a dejar terminar el ciclo y encontrarse de frente con el único ser al que temía rendir cuentas en ese momento. Con un rayo de ki, laceró el grueso polímero de contención y en escandaloso chapoteo de los líquidos que le rodeaban, salió veloz, no le importó la conversación a lo lejos del reclamo que el capitán Ginyu, recién salido del área médica también, sostenía con su subordinado, enfurecido por haber sido rescatado sin su consentimiento, esas amenazas de muerte sonaban vacías al pensar en todo lo que Freezer sería capaz de hacerle por haber fallado en tan simple enmienda.

Tomó el rastreador sigiloso y sintió la vida regresarle al cuerpo, aún más que cualquiera de las veces que por algún motivo se habría encontrado en esos benditos tanques salvadores.

La señal de auxilio de Vegeta … su boleto de lotería a la redención frente a Freezer.

_..._

El sonido de graznidos la despertó, entre la suave quietud del agua, que pasaba debajo de la terraza elevada donde la nave se resguardaba, la frescura de la mañana era el único momento que se permitía disfrutar, deleitándose en los murmullos del bosque en quietud. Talló sus ojos estirándose preparada para salir de la nave, como cada mañana, se disponía a darse un baño en los riachuelos de la cercanía, sabía que su acompañante no se encontraba cerca, muchas veces intentó llamarle pero suponía que estaría haciendo lo mismo que esos últimos… ¿quince, treinta… mil días? Ya ni siquiera le importaba llevar la cuenta. Caminó entre la humedad y niebla matutinas, espectáculo de tonalidades pintadas por los rayos del sol, pero en su cabeza solo estaba esa decepción latente, la idea de que ni aun habiéndose arriesgado a seguir su plan… este habría funcionado. Había pasado mucho tiempo ya.

Se metió a un rio de poca profundidad completamente desnuda, por alguna razón desconocida el agua estaba tibia, ciertamente era un paraíso. Descansó perezosa sus piernas sobre una roca y sumergió su cuerpo hasta la barbilla, imitando los movimientos de un bañista en la tina de hidromasaje. Escuchó el fragor de los truenos en la distancia, como cada tarde, llovería intensamente en algunas horas, dio un largo bostezo y en medio de su letargo, su rayo de pánico fue testigo de lo inesperado.

– ¡Maldición!– salió disparada tomando su ropa de inmediato. Percibió a la perfección una inconfundible estela de luz que se aproximaba sobre la atmosfera, una vez más los sonidos retumbaron haciendo eco sobre todo el silencio de la sinfonía silvestre.

Debía esconderse pronto, corrió en dirección a recuperar su arma recién potenciada y buscar un sitio de resguardo. Todo debía ejecutarse impecable, pues estaba a punto de regresar a su vida.

Regresó acelerando a todo el potencial que sus músculos le daban, su mente se constreñía pensando en los peores escenarios, esa debía ser una nave del imperio, conocía bien esas firmas particulares dibujadas en los cielos de tantos planetas. ¿Cómo demonios lo encontraron? ¿Sería una escuadra de reconocimiento?. La angustia llegó a todos sus rincones sin dejar de traer a su mente que todo estaba por arruinarse en un segundo ¡dejó sola a la maldita humana! Esperaba que hubiese tenido la suficiente precaución de no presentarse ante lo que fuera que saliera, pero no podía evitar sentir la incesante necesidad de llegar a ella tan pronto como fuera posible.

….

Zarbon aterrizó, salió virando el rostro en todas direcciones, en cualquier momento debía toparse por última vez con ese maldito desertor, su odio escaló a tal grado que no admitiría que otro le arrancara el derecho de eliminarlo, ni siquiera le tomaría preso; lo eliminaría de una vez por todas. Sobre todo después de la humillación recibida a manos del otro saiyajin, necesitaba pagar cuentas con esa maldita especie. Divagaba en esos pensamientos cuando divisó los rastros de la nave maltrecha donde seguramente ese bastardo llegó, con notoria evidencia de partes a medio reparar, pero demasiado destruida. Por un segundo se divirtió atestiguando la mala suerte del sujeto, una nave imposible de reparar a su gusto, muy seguramente el bastardo llevaba un buen rato intentando salir de ahí y se regodeó de su desgracia, pero jamás pensó que quizá se trataba de una trampa para despojarle.

Encendió el scouter, pero las lecturas no fijaban ninguna cifra, saltaban sin control creando interferencias, su desesperación inició su aparición, sintiéndose parcialmente desnudo sin esa tecnología. Se lo quitó dándole golpes resonando el artefacto hueco.

Vegeta lo vió, ese maldito hedonista con demasiada actitud femenina para su opinión. Jamás esperó que el mandadero de Freezer en persona viniera a recobrarle, pero no esperaba menos de su odiado amo quien debía estar ansioso de incluso recuperarlo él mismo. Por un momento quiso enfrentarlo, pero el estado de su ki solo le proporcionaría una rápida derrota. Evaluó sus opciones, no podía ver a la mujer por ningún lado, seguramente se encontraba oculta, por lo menos había tenido esa inteligencia y se relajó de la insufrible tensión. Vio la nave de su rival tan cerca y se le ocurrió, que quizá era lo mejor que pudiera pasarle, le robaría el transporte al cretino y le dejaría pudrirse en el lugar, ahora solo necesitaba una distracción para evadirlo.

….

La posición en la que estaba le permitía observar todo el plano y ahí estaban los elementos dispuestos en su tablero de juego, Zarbon de pie, ensimismado en su rastreador y captó a Vegeta resguardado esperando… ¿esperando? ¿Por qué no se lanzó al ataque?. Se dio cuenta que el scouter no lo localizaría y aunado a la risa de complicidad propia del saiyajin, los elementos le dieron la clave para lo que estaba ocurriendo. '¡Rayos ese idiota también quiere la nave!' sus entrañas se remecieron intentando encontrar una solución a lo que se avecinaba, divisó a Vegeta moverse con cautela, lejos, debía delatarlo antes de que lograra ejecutar cualquier idea que tuviera en marcha.

….

Arrancó sigiloso para encontrar lo que le sacaría de problemas, la misma criatura que esa mañana persiguió, otro de los carnívoros que les atacó el primer día, le haría seguirle, con suerte tomaría de imprevisto a la maldita rémora de Freezer y le daría oportunidad de alejarse con la capsula. En un afortunado revés de eventos por fin le encontró, trepado de las garras lamiendo el cadáver de otro ser descompuesto, llamó su atención halándole la cola, la fiera resopló, olvidando su cena para prestar todas sus intenciones asesinas al osado que le instaba a seguirle sin dejar de provocarle.

Zarbon se rindió, arrojó el rastreador dentro de la nave y camino a grandes zancadas por el terreno. Inspeccionó el completo silencio solo turbado por los lejanos ruidos de la fauna circundante.

– ¡Sal de ahí maldito Vegeta, sé que estas aquí! – Carraspeaba las palabras en hartura, ávido de terminar su misión con la mayor brevedad – ¡No te tomaba por un cobarde! – le provocaba impávido de lo que le esperaba, sabía que ahora se le comparaba en fuerzas, pero no tenía idea del grado en que lo hacía y esperaba que su arma secreta fuera de ayuda. Tanto era su odio que ni siquiera se detuvo a pensar con claridad si algo pudiese salir mal.

Bulma preparó un último artilugio, se las jugaría del todo, no quedaba otra opción, tenía por seguro que el príncipe no permitiría que Zarbon la arrebatara de su propiedad, esperaba cautelosa con el arma escondida bajo las rocas donde se ocultaba, fingiría su propio descuido siendo descubierta y él no tendría más opción que actuar para defenderla. Solo esperaba la señal de su cercanía, tenía su escapatoria preparada.

Escuchó un ruido, era momento de actuar, salió de su escondite poniéndose completamente a la vista fingiendo sorpresa, Zarbon igual de incrédulo por esa aparición, la contempló un segundo, pero lo que les robó atención emergió enseguida detrás de ellos, no fue lo que ambos esperaban.

Zarbon embobado por el fantasma de la mujer, no tuvo aviso para los enormes ojos pálidos que se lanzaron dispuestos a devorarlo, sintió el golpe de las fauces sobre su brazo y revolcándose de dolor le arrastró junto con él, liberándose de un fuerte puñetazo.

Enfurecido se irguió apuntando su palma hacia la bestia acechante, pero para su sorpresa no pudo evocar ningún tipo de energía.

– Pero que... – miró su palma como si esta le traicionara adrede.

Bulma sudó frío al notar que el interés del carnívoro ahora se dirigía relamiéndose hacia su frágil ser. Los guturales retumbos anunciándole lo que acontecería

– Rayos – inmóvil como frágil presa contemplaba la posibilidad de regresar por su arma, pero algo le decía que no alcanzaría a tomarla y se debatía en su próximo movimiento clavada al suelo, petrificada.

La bestia se agazapó lanzándose contra su objetivo. Bulma se encogió presa del pánico. La fila de colmillos fue enviada lejos por una borrosa ráfaga azul. Frente a ella Vegeta esperaba la represalia de la sulfurada fiera.

– ¡Sube a la maldita nave! – le ladró fuera de sus casillas. Pero los nudillos del humanoide aguamarina le cerraron la boca con la misma velocidad. El saiyajin se impactó contra uno de los enormes troncos en el claro, sin embargo, la fuerza con la que lo recibió no era la que esperaba. Sus sospechas fueron confirmadas, Zarbon tampoco tenía uso de su Ki.

Ambos guerreros orquestaban un duelo de miradas, absortos de lo que les rodeaba. Bulma trastabillo dispuesta a correr a velocidad luz sobre su objetivo, pero el animal se colocó frente a la nave bloqueando el paso. Se frenó en seco mirando sobre el hombro el sitio donde dejó su arma. La fiera atacó una vez más cerniendo la gravilla del suelo.

– ¡Auxilio! –

Vegeta se lanzó con ella hasta el riachuelo al desnivel apartándola a tiempo del paso. Zarbon le alcanzó azotándole sin piedad contra las rocas del acantilado. La joven posó sus ojos sobre el furioso humanoide de pie junto a ella, percatándose del odio que también a ella le profesaba. Vegeta regresó de un soplo, apartándolo de un intenso cabezazo y cayendo sobre ambos pies, goteando, esgrimiendo su media sonrisa, le indicó con la mano al lacayo de freezer que se acercara, listo para la pelea.

Zarbon realizó la ofensiva, dos ganchos al aire sin poder atinar golpe, el saiyajin se había vuelto aún más rápido incluso sin uso de su poder habitual, veía con claridad todos los golpes rozar el zumbido del aire, su defensa era imparable. Una vuelta sobre el mismo y Vegeta le arrinconó con dos patadas certeras al dorso. No dio tregua siendo arremetido con un terrible asalto del príncipe quien demostraba con supremacía que ahora le aventajaba con creces.

Bulma intentó regresar cuesta arriba hasta la nave sin llamar la atención de nadie, llegó a la cima de nuevo, para su mala suerte la enorme criatura ahora se deleitaba rodando sin cuidado la nave intentando abrirla. Debía alcanzar su arma antes de que terminara su destructor trabajo.

Zarbon recibía la paliza de su vida, inesperadamente Vegeta le ganaba asombrándose a sí mismo, todo ese tiempo de supervivencia debía haber servido como entrenamiento. Tomó a su víctima del cuello raspando su rostro contra el lecho del cuerpo de agua, sádico disfrutaba su acción hasta que Zarbon le dio una temible sorpresa.

Arrojándolo al otro extremo lo vio pulsar todos los verdosos músculos, el crujido de sus huesos desencadenó una violenta metamorfosis que le caló un terrible presentimiento.

– eres un imbécil Vegeta – se carcajeó en una grotesca voz retomando postura de batalla – no tienes oportunidad – ahora transformado en un escamoso lagarto imponente le enseñaba los colmillos sediento de venganza – te mandaré al infierno junto con tu querida ramera –

La científica acallaba su propia respiración agitada, arrastrándose hasta el último sitio donde se encontraba el blaster modificado, había conseguido llegar y solo bastaba estirar la mano en sigilo, lo que intentó rozando con la punta de los dedos el dispositivo y sin despegar los ojos de la fiera que estaba a solo unos metros de ella.

Pero el estruendo del colosal árbol astillándose en mil pedazos la detuvo.

Rodó intentando ponerse a salvo, se levantó repleta de astillas en el pelo, el animal en igual estado de sorpresa le rugió a la nueva criatura que emergía de las sombras del bosque, riendo en ese espeluznante rugido Zarbon daba pasos lentos acercándose y ella pudo denotar al sumamente herido saiyajin subiendo y bajando el pecho en trémulos que no le permitían abrir los ojos del dolor. Cubierto en heridas profusas se arrodillo para levantarse una vez más. ¡Si tan solo la maldita luna apareciera de dia! Sentía su energía drenarse a ritmo insoportable.

El gigantezco vertebrado nativo se lanzó contra zarbon, pero fue derribado con dos golpes precisos que le dejaron fuera de combate. Bulma vio su oportunidad, debía correr ahora o nunca. Zarbon cargó su fuerza una vez más contra el príncipe, tomándole por la cola mientras destruía toda la vegetación leñosa con el maltrecho cuerpo del saiyajin. Las astillas y tierra volaban por todos lados junto con los alaridos de dolor de Vegeta quien se encontraba a muy poco de perder la conciencia…y la vida.

– ¡¿Que pasa maldito mono?! – Le pateaba sin tregua – ¿Dónde quedó tu orgullo maldita basura? –

Detuvo su fúnebre marcha tomándolo por los hombros con ambos brazos e inicio una desagradable cadena de cabezazos que regaban la sangre del príncipe sobre su rostro. Bulma alcanzó a escuchar la desesperada voz de su captor desfallecer ante la tortura a la que era sometido. Los ecos de la culpa golpeando su impetuoso corazón. Resoplaba apretando los dientes, 'un paso más' decidida se dispuso a abordar la maltratada nave con todo su equipo listo. Ahora no podía dar marcha atrás.

– Nunca entendí tu actitud arrogante maldita criatura inferior –el lagartoide soltó sin decoro, cual peso muerto, al rendido saiyano, Pisó de forma denigrante su cabeza – salúdame a tus compatriotas en el otro mundo–

– ¡SUÉLTALO! – Desde lo alto del terreno, Bulma le apuntaba segura irradiando la misma rabia que su adversario.

– Ahora tocará tu turno miserable mujerzuela– Ni siquiera tuvo intención de mirarla, regresó a finalizar su actividad previa. Pero el sonido seco de lo que siguió, le reveló que las amenazas si tenían fundamento letal.

Del centro de su cuerpo las visibles quemaduras goteaban la sangre azulada desperdigada por la falta de continuidad en su tejido. El letal agujero le hizo abrir la boca sin comprender como una criatura inferior pudo hacerle tal agravio. Sin poder respirar cayó sobre sus rodillas con ambos ambarinos ojos fijados de muerte sobre la mujer. Ella corrió una vez más cerrando la distancia entre ellos. Sin titubear más apuntó a la cien del infortunado hombre...y disparó.

Pasando por encima del fresco cadáver, su atención fue absorbida por el inconsciente sujeto bañado en lodo. Intentó levantar a Vegeta, valuó su estado y apreció que era más grave de lo que pensaba. Desfallecido, perdía sangre en cuantiosas heridas, sin contar las internas que debía poseer y no podía siquiera pensar en reparar. Desgarró parte de su blusa haciendo un torniquete en su frente de donde no dejaba de salir su preciado líquido vital.

– ¡Maldición no me hagas esto! – le sostenía la cabeza intentando arrastrarle a la anterior nave. La culpa le inundaba los sentidos, no podía dejarlo así, sentía una estúpida sensación de deuda por todas las veces que le había salvado, a solo unos pasos de libertad le arrastraba de vuelta el honor, haciéndola pensarse la más ridícula de las mártires, ¡demonios, no podía dejarlo!. – ¡No te atrevas a morirte desgraciado! – con todo lo que tenía a la mano intentaba cerrar las heridas sin éxito, amarraba todo sin cuidado, cayéndose sus utensilios de las temblorosas manos, secó su frente de la lluvia que comenzaba a caer sobre ambos, lo sentía debilitarse lentamente, su respiración ahora inaudible y el pulso decayendo bajo el charco de sangre – ¡NO TE MUERAS VEGETA!– le zarandeó rendida, cayendo sobre su torso con la impotencia rezándole a lo imposible. La suave melodía de la lluvia sobre las hojas como su único testigo. Y ahí recostada sobre su frio pecho, lloró. Lloró por ella, lloró por él, lloró por todo el camino recorrido, por todo su calvario vivido hasta ese día y por todos los finales que no tendría. Lloró como no lo hizo en meses, lloró como no lo hizo nunca en su vida.

Abstraída en un bucle de trance lúgubre, no notó cuando una tímida mano se posó sobre su espalda.

Incorporo su estampa súbitamente a la defensiva. Pero lo que vio la desconcertó.

El extraño grupo de tres humanoides que evocaban una extraña raza de felinoides con enormes y puntiagudas orejas, le observaban con evidente tristeza condescendiente. Eran, esbeltos, atléticos en colores pardos, ondeantes colas y vestimentas simples.

– ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? – pero el mayor de ellos le sopló un estrafalario polvo brillante de frente que apagó todas las luces de su mente.

Y todo se terminó.

Hola a todos! Perdón por la demora, pasaron mil inconvenientes desde mucho trabajo hasta que se descompuso mi computadora. Aquí les dejo esta nueva entrega esperando les haya gustado, aliméntenme con reviews! Los amoooooo y hago caso a todo lo que me dicen.

Un saludo especial a Anabell Gonzalez, muchas gracias por toda la confianza y nuestras platicas, me da mucha emoción! Yanii qué bueno que te guste que Bulma sea guerrera, en este fic ella será pieza clave y muy activa en batalla, toda una empoderada!. Arag7 gracias por esa desvelada! Que gusto que sea de tanto agrado , Debby una vez mas gracias por leerme y Smithback me fascina como no pierdes ningún detalle! Gracias en verdad por tu interés es realmente motivador a seguirle :D