Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Dicono di me (Dicen de mi)

Sirius intentó no mirarla. Intentó obligar a que sus ojos se cerraran, a apartar la vista, a conjurar un muro entre ellos o, al menos, poder salir de allí. Pero no pudo hacer nada de eso. Sólo se quedó idiotizado mirando el cuerpo desnudo de su esposa. Aquel cuerpo que de ahora en adelante lo torturaría de la manera más horrible, haciéndole recordar qué es lo que tiene a centímetros de su mano pero que no podía tocar.

Ella acababa de salir de la ducha y estaba secándose dándole la espalda; aún no se había percatado de su presencia así que, como dicen, la comió con la mirada. Desde esa cabellera húmeda bajó la vista por esa espalda, maravillándose por la curva que formaba su cintura y caderas, y más y más abajo hasta esas cremosas piernas que parecían gritarle que las tocasen.

Él no había querido entrar. Ni siquiera sabía que ella se encontraba allí. Había sido un accidente el haber entrado justo al baño cuando ella acababa de salir de la ducha.

Tragó saliva cuando vio una gota de agua desprendiéndose de los mechones de su cabello y deslizándose lentamente por su espalda, retándolo a detenerla. Dio un silencioso paso hacia delante y extendió su mano pero cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer retrocedió, como si estuviera espantado, y salió del cuarto.

Caminó hasta la sala del comedor donde había una gran variedad de mesas de varios tamaños con manteles a cuadros rojos y blancos. Tomó una que estaba cerca de la ventaba que era para dos personas y se obligó a pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo desnudo de Luna ni en lo maravilloso que sería poder ver la parte delantera como había sido con la trasera. ¡Por Merlín! Esa muchachita estaba por volverlo loco de deseo sin siquiera proponérselo ni darse por enterada.

Hacía tres días que estaban en esa villa mágica italiana llamada Piccolo Fasana y la estaba pasando medianamente bien. Medianamente porque había un muchachito de quince años, un tal Filippo Gaetano, nieto de la dueña del local, que parecía no querer dejar en paz a su nueva esposa y que en cada excursión que ella hacía él estaba presente. ¡Incluso se había ofrecido a darle un recorrido exclusivo por la villa haciendo de guía! Pero él no era idiota y sabía muy bien qué clase de recorrido quería hacerle ese muchachito al cuerpo de Luna… Un cuerpo que era solamente suyo y que ese día había visto desnudo…

Agitó la cabeza. Tenía que dejar de pensar en eso.

Giró su rostro hacia uno de los costados y se encontró con Doña Antonietta, la dueña del Ribollente calderone, la posada donde Luna y él se estaban hospedando. La mujer, algo regordeta con cabello blanquecino atado en un ajustado moño en la parte de atrás de su cabeza, se le acercó sonriendo.

-Buongiorno, signore Black- lo saludó la mujer con notable acento- ¿Está pasando una bouna estadía?

Tuvo ganas de decirle que no porque su molesto nieto acosaba a su esposa pero eso sería considerado mala educación de su parte ya que no tenía ninguna prueba de que verdaderamente tenga intenciones licenciosas con Luna.

-Muy buena.

-¿Y la signora Black? ¿Almorzarán esta día aquí?

-Sí. Tráenos algo exquisito. Ya sabe que a mi esposa y a mí nos gusta probar cosas nuevas.

-Va bene- asintió con la cabeza-Dentro de quindici minutos les traerán la comida.

Se despidieron y no pasó mucho rato antes de que Luna apareciese y ocupase la silla que tenia frente a ella. Se había colocado un sencillo vestido suelto que ocultaba la mayor parte de las curvas de su cuerpo pero cuyo escote dejaba ver apenas el nacimiento de sus senos. Y eso fue suficiente como para hacer que la mente de Sirius rememorara aquel cuerpo desnudo y comenzara a crear fantasías. Se movió incómodo en el asiento y carraspeó suavemente intentando despejar su mente ya que cierta parte de él estaba sintiéndose "complacido" con esas imágenes ficticias.

-Hola, Luna- la saludó.

Ella sonrió y le devolvió el saludo completamente ajena a su estado.

-Hola. ¿Pediste el almuerzo ya o quieres que lo haga?

-No, ya lo hice yo… Eh… ¿La estás pasando bien aquí?

-¡Oh, sí! Este lugar es magnífico- le aseguró con su mirada soñadora- Le escribí a mi padre cuando llegamos y me pidió que recolecte algunas especies de plantas para su colección privada. Voy a ir esta tarde a hacerlo ¿Quieres acompañarme?

Se sentía tentado a aceptar pero tenía que tomarse la tarde libre para alejarse de ella y controlar las reacciones de su cuerpo y sus pensamientos si esa noche iba a compartir cama. Ahora se arrepentía de haber hecho aquello. Cuando reservó un cuarto pidió una cama matrimonial y luego, a Luna, le dijo la pequeña mentirita de que no había más habitaciones libres ni cuartos con camas separadas. ¿Por qué lo había hecho? Sencillo, porque él era un estúpido viejo libidinoso que se complacía al despertar por las mañanas y saber que tenía a una jovencita en la cama, y no cualquier jovencita, sino a Luna.

-No, gracias- le contestó sin notar la decepción en el rostro de ella-Estoy algo cansado así que me quedaré aquí a leer.

No pudo creer cuando Luna asintió sin añadir nada más. ¿A caso le había creído? Ni él mismo se creía eso de que iba a quedarse a leer… Ya encontraría otra cosa que hacer que no implicara tener un libro en sus manos. No es que estuviera en contra de la lectura pero más allá de algunas revistas o el periódico no pasaba.

Almorzaron tranquilamente, charlando de trivialidades pero que a Sirius le parecían sumamente entretenidas porque los comentarios de Luna no dejaban de asombrarlo.

Sin previo aviso, como siempre, se apareció delante de su mesa Filippo Gaetano. Sirius gruñó molesto por la interrupción y porque Luna le sonrió y lo saludó contenta.

- Buongiorno, bella Luna…

-¿Necesitas algo, Gaetano?- preguntó seriamente Sirius mirando con odio.

Pero el muchachito, que parecía ser hiperactivo y que no dejaba nunca de hablar, ni siquiera se inmutó por esta mirada.

-No, no, signore Black. Io sólo quería hablar con bella Luna. Mio padre tiene una viña, no muy lejos de allí y la venía a invitar a dar un paseo.

-¡Sí!- exclamó Luna antes de que Sirius pudiera negarse- ¿Me dejará tu papá juntar una pequeña parte de una planta?

-Sicuro… ¿Quieres ir ahora, bella Luna?

-Sí, ya terminé de almorzar.- indicó ella.

Se levantó y antes de marcharse dejó un beso en la mejilla de Sirius.

¡Todo había sucedido tan rápido que ni siquiera había podido inventar una excusa lo suficientemente buena como para impedirlo! ¡Y ella se había marchado con él sin pensarlo dos veces dejándolo solo! ¡A él! ¡No podía creerlo!

Molesto, pidió una botella de Whisky de Fuego y subió a su habitación a beber tranquilo. ¡Que Luna y ese muchachito se divirtiesen tanto como quisieran! ¡Él también podría hacerlo!

Luna jamás en su vida se había divertido tanto como esa tarde junto a Filippo y su familia pero no iba a engañarse, había extrañado demasiado a Sirius. ¿Por qué él no había querido acompañarla? Tal vez pensaba que la afición de su padre por coleccionar plantas era extraña… Pero a ella también le gustaba. ¿Eso quería decir que la consideraba extraña también? Con ese pensamiento murió toda la felicidad que había sentido.

Ya habían pasado un mes y unos cuantos días desde la picadura de Skowtoas y el amor que le hacía sentir hacia Sirius no disminuyó ni un poquito. Por el contrarío, tenía el terrible presentimiento que estaba aumentando porque ahora se daba cuenta de pequeños detalles, muy propios de él, que le resultaban verdaderamente atractivos. Como la forma en que reía haciéndole sentir una extraña sensación de felicidad en su pecho, o el modo en que fruncía el ceño y se le formaban pequeñas arruguitas alrededor de sus ojos y en su frente… Cada vez que eso sucedía ella tenía ganas de alzar su mano y con sus dedos intentar alisarlas… ¡Y le encantaba la forma de sus labios! Delgados pero firmes y suaves al mismo tiempo… Quería volver a besarlo.

Suspirando y soñando despierta con volver a vivir aquel momento en que había recibido su primer beso, abrió la puerta de la habitación que compartía con Sirius. Pero se quedó de piedra al ver todo completamente desordenado. Al principio pensó que se había tratado de algún Tolley, esos seres que se divertían desacomodando sus cosas y ocultándolas, pero cuando escuchó a Sirius dentro de baño algo le dijo que había sido él. Entró y cerró la puerta detrás de sí.

Con cuidado se acercó a la puerta del baño y tocó suavemente.

-¿Sirius? ¿Estás bien?- le preguntó.

La puerta se abrió de repente dejando ver a un hombre usando solamente una toalla en las caderas y notablemente borracho.

-¡Bella Luna!- gritó extendiendo los brazos exageradamente a sus costados- ¡Te estaba esperando!

-¿Por qué… Por qué estuviste bebiendo tanto?- le preguntó ella sin poder comprender el comportamiento de Sirius.

-Todo es tu culpa- acusó él señalándola con el dedo índice.

-¿Por qué dices eso?- preguntó herida.

Pero él no le hizo caso. Se tiró en la cama (literalmente) y comenzó a cantar a todo pulmón.

-Dicono di me, che sono una stupida frase da dire davanti a un caffè… Dicono di me, che sono un serpente con ali da diavolo e un cuore da re…

Luna no sabía italiano por lo que no comprendía lo que estaba diciendo pero de todos modos se apresuró a colocar un hechizo silenciado en la habitación para que los gritos de Sirius no molestasen a nadie.

- Dicono di me, che sono un bastardo, bugiardo e lo fanno senza un perchè… Dicono di me, che sono una strega drogata e truccata e piena di sè… Ecco perchè, nessuno sa.

-Sirius, deja de cantar- pidió Luna con calma.

- Ecco perchè, nessuno sa. Che avrei soltanto l'amore per lei… Per lei che è l'unica al mondo, per lei… Ed ogni raggio di luna è per lei…

Luna suspiró. Nunca antes había tratado con una persona ebria pero podía intentar hacerlo. Por el momento interesaba que dejase de cantar, así que se acercó a la cama, se sentó en ella del lado de su cabeza, tomó ésta en sus manos, inclinó su cuerpo y lo besó. Sirius, al sentir aquel tímido beso dejó de cantar inmediatamente y se separó.

Luna imaginó que él se había molestado por aquel atrevimiento de su parte pero no fue así. Sirius se apartó para colocarse bien y así quedar acostado sobre ella pero procurando que no soportarse su peso. Dejó un beso en la frente de su mujer, otros en cada mejilla. Bajó al cuello y lo acarició con su nariz hasta llegar a su clavícula donde mordió suavemente. Bajó aún más y allí, justo en el borde del vestido, donde se veía el nacimiento de sus senos, colocó un lento beso. Luna tuvo que contener un gemido que amenazaba con salir de su boca. Eso no estaba bien. Ella había querido callarlo y sentir sus labios una vez más sobre los suyos no ir tan lejos.

-Sirius… No…- dijo intentando apartarlo.

El aliento de Sirius con olor a alcohol le llegó haciéndole comprender, aún más, que aquello no podía seguir. Él estaba haciendo eso porque estaba bajo los efectos de la bebida no porque quisiera.

-Sirius… Detente…

Una de las manos de él buscó el borde del vestido y comenzaron a subirlo lentamente acariciando su muslo. La respiración de Luna se agitó. Lo sintió aspirar el aroma de su cabello y después… el peso aplastante de su cuerpo sobre ella.

-¡Sirius!- lo llamó asustada.

Pero sólo obtuvo un ronquido como respuesta. Suspiró aliviada. Tan sólo se había quedado dormido.

...

Glosario:

Ribollente calderone: Caldero burbujeante.

Buongiorno, signore: Buenos días, señor.

Bouna: buena.

Signora: señora.

Quindici: Quince.

Mio padre: Mi padre.

Sicuro: Seguro.

Dicono di me, che sono una stupida frase da dire davanti a un caffè… Dicono di me, che sono un serpente con ali da diavolo e un cuore da re… : Dicen de mi, que soy una estúpida frase que se dice delante de un café... Dicen de mí, que soy una serpiente con alas de diablo y corazón de rey…

Dicono di me, che sono un bastardo, bugiardo e lo fanno senza un perchè… Dicono di me, che sono una strega drogata e truccata e piena di sè… Ecco perchè, nessuno sa.: Dicen de mí, que soy un bastardo, un mentiroso y lo hacen sin ninguna razón…. Dicen de mi que soy un brujo drogado y falso y llena de sí (egocentrísta). Por eso es que nadie sabe…

Ecco perchè, nessuno sa. Che avrei soltanto l'amore per lei… Per lei che è l'unica al mondo, per lei… Ed ogni raggio di luna è per lei…: Por eso es que nadie sabe. Que tengo sólo mi amor por ella... Por ella que es la única en el mundo, por ella…. Y cada rayo de Luna es para ella.

Esta canción que canta Sirius es de Cesare Cremonini, cantante Italiano, y se titula igual que el capítulo: Dicono di me.