Disclaimers: Los personajes de Eyeshield 21 no me pertenecen sino a sus respectivos creadores.
La alarma sonó incesantemente hasta que logró despertarlo, con pesadez levantó la mano para apagarla. Eran las seis de la mañana, tenía que levantarse para ir al instituto. No le preocupaba que los profesores le pusieran una falta o un retardo, nunca se atreverían a hacerlo, pero se acostumbró a llegar temprano desde que estaba reclutando gente para el club. Ahora sólo lo hacía porque prefería matar el tiempo buscando esclavos que fueran a entrar a la misma universidad que él y que fueran útiles. No abrió los ojos, la luz era demasiado molesta, pero igual tenía que levantarse para preparar todo lo que necesitaría, cosas como su libreta del demonio, sus adoradas armas, sus cientos de teléfonos celulares, su computadora por donde espiaba a toda la ciudad… cosas cotidianas para él.
Hizo un intento por sentarse y fue ahí donde se percató de que algo se lo impedía. Abrió los ojos para ver el delgado brazo que lo rodeaba, enarcó una ceja cuando vio por sobre su hombro una mata de cabello rojo que se pegaba a su espalda. Sonrió levemente. Recordó que de las pocas veces que la había visto dormir, ella siempre abrazaba lo que tenía al alcance, en éste caso él por estar en la misma cama. Intentó levantarse de nuevo, sin embargo, cuando la pelirroja sintió que aquello que le brindaba ese agradable calor se alejaba se quejó audiblemente. Hiruma pudo sentir como ella lo apretaba contra su cuerpo y luego como lo rodeaba con una de sus piernas también, se podría decir que estaba encadenado a la cama. Un suspiro en su espalda, y con ello comprendió que estaba profundamente dormida, claro que con lo que le hizo en la noche anterior era muy obvio que estaba rendida. Si antes despertaba a medio día posiblemente ahora se despertaría más tarde. No podía quedarse hasta que ella despertara, pero dormir un rato más no le haría daño puesto que se había desvelado la noche anterior, de todas formas los profesores no dirían ni pío.
—xox—xox—xox—xox—xox—
—Yoichi idiota.
Para entonces ya eran las cinco de la tarde. Estaba muy enojada por lo que sucedió la noche anterior, no podía creer lo que sucedió, no podía creer que Hiruma fuera capaz de hacer semejante cosa. Y es que lo que hizo fue una salvajada, una vileza, lo más sórdido y mezquino que un hombre le puede hacer a una mujer. Aquello no tenía nombre, era pasarse de la raya, cruzo la línea en cuanto hizo aquello, porque lo hizo de una forma muy brusca. Mira que darle de beber medio frasco de jarabe para el resfriado… eso no se lo perdonaría jamás. El muy desgraciado sabía que ese jarabe siempre la ponía a dormir y no había dudado en utilizar esa información. Durmió como hasta las dos de la tarde, como nunca lo había hecho, soñó con cosas extrañas, quizá por el jarabe. Una de esas cosas extrañas era que abrazaba algo y la hacia sentir muy cómoda, aunque luego de eso quería alejarse de su lado, entonces sintió como si sus brazos quedaran vacíos. Fue una sensación muy extraña. Al menos estaba segura de que no se resfriaría.
Mientras caminaba se olvidaba un poco de esto para dar lugar a otros pensamientos, como por ejemplo como haría para encontrar a John. Durante todo el tiempo que había estado en Japón se la había pasado jugando con Hiruma al busca-esclavos. Se estaba divirtiendo más de la cuenta y las probabilidades de que se reencontrara con él disminuían, así lo sentía. A veces John se comportaba como un niño chiquito, torpe e impredecible. Si Jay seguía diciendo marco John no diría polo y eso la frustraba. Dejó escapar un suspiro, era como buscar una aguja en un pajar. Por mucho que odiara admitirlo no podría encontrarlo sola como pensó en un principio, necesitaría ayuda.
En esos pensamientos estaba cuando vio venir una limosina de frente, reconocería la banderilla que colgaba de la antena en donde quiera que estuviera. Los nervios la traicionaron y se quedó inmóvil en su lugar, sabía que tenía que evitar a toda costa el encuentro con ese auto. No había muchos sitios donde esconderse, la mayoría eran casas particulares y uno que otro local, pero no llegaría a tiempo para meterse a ninguno. Por suerte parecía que estaban construyendo algo justo a su lado, así que sin pensarlo corrió dentro de la construcción. Pasó entre varios trabajadores que la vieron extrañados, se escondió detrás de un montón de tabiques. La limosina pasó por un lado del lugar, mientras observaba eso se preguntaba como es que seguía en Japón, se suponía que cuando atendía algún negocio trataba de que los contratos se hicieran rápido, para luego regresar a USA. Si no regresaba significaba que estaba en otro negocio o tramaba algo. Temió que él también estuviera buscando a John, o pero aún a ella. Sintió una angustia muy grande que le invadió todo el cuerpo, se aferró con fuerza excesiva a uno de los tabiques, se mordió el labio hasta hacerlo casi sangrar. Una rabia la invadió hasta el punto en que su respiración era tan rápida que no le llegaba el suficiente oxigeno, sentía que se ahogaba aunque no quisiera.
—¿Jay?
Al escuchar esa voz pronunciando su supuesto nombre fue como si despertara de un sueño, o mejor dicho una pesadilla. Al levantar la cabeza vio a ese extraño chico del mohicano que parecía mayor. Estaba de pie a un lado suyo sosteniendo sobre su hombro un costal de lo que parecía ser cemento, desde su posición le observaba con curiosidad. En ese momento se quedó en blanco, no recordaba ni cuál era el nombre de ese chico.
—¿Qué haces aquí?
Se puso de pie para verlo mejor.
—Yo…
La verdad es que ahora que lo pensaba no tenía nada que hacer a media construcción, por lo cual no tenía una excusa. Se cruzó de brazos y sostuvo su barbilla mientras divagaba en su mente, buscando algo bueno que decirle pero nada se le ocurría. Musashi se le quedó mirando, conocía ese tipo de rostro a la perfección, después de todo conocía muy bien al rubio y ese tipo de detalles no los pasaba por alto.
—Estas inventando una mentira, ¿verdad?—dijo muy seguro de lo que estaba haciendo.
—Sí—respondió sin dudar—, pero me temo que no soy tan bueno con eso como Yoichi.
—Nadie es mejor que él cuando se trata de eso—le concedió la razón.
Luego de eso observó a Jay, estaba como ausente mirando la calle en donde ya no pasaban nada de carros. Tenía una mirada entre triste y melancólica. Según el análisis que estaba haciéndole parecía estar en una absoluta calma, pero también era como si fuese a estallar en cualquier momento. Había escuchado ciertos rumores en la escuela que decían que se enfrentó a Agon y pudo mantenerse a ritmo. Cuando se lo pregunto a Hiruma sólo le gruñó que no se metiera en lo que no le importaba. Luego se lo preguntó a Mamori, ella no era una mentirosa, así que cuando le contó todo comprendió el por qué Hiruma tenía esa amistad, y se atrevía a llamarla amistad porque desde el momento que el rubio quiso parar la pelea significaba que le importaba. Se preguntó si Jay correspondería esa amistad tan rara de conseguir.
—Si no quieres decirme que haces aquí—comenzó atrayendo su atención—, no tienes por qué hacerlo pero igual no puedes estar aquí.
—Ah, no importa, de todas formas ya me iba.
Camino a la salida metiendo las manos en las bolsas de su pantalón, como si nada hubiera sucedido. Le vio alejarse hasta llegar a la entrada pero una vez ahí hizo una cara de espanto, como si hubiera visto algo horroroso. Entonces regreso corriendo a toda velocidad para esconderse detrás de él, sólo asomo un poco la cabeza para ver por un lado mientras sostenía su camisa. Musashi miró al frente creyendo que posiblemente viniera Hiruma, pero sólo vio pasar una limosina. No entendió muy bien lo que acababa de suceder pero Jay parecía más aliviado después de que se fue. Miró de reojo al chico que no dejaba de ver la calle.
—¿Conoces a las personas que van en ese auto?
—No—se alejó de él, no le creyó.
—Supongo entonces, que ya te puedes ir
Musashi camino hacia el lugar donde tenía que llevar el costal de cemento, mientras lo hacía notó que varios de los trabajadores, sino es que todos, se le quedaban viendo de una forma muy extraña. Cuando bajo el cemento y se dio la vuelta para ir por el siguiente vio a cierta persona pelirroja parada justo a unos pasos de distancia, lo siguió todo el tiempo, por eso los trabajadores lo miraba de esa manera. Musashi alzó una ceja y Jay su vez sonrió pícaramente.
—Creí que ya te ibas—metió su dedo meñique en el oído.
—Cambié de opinión—se encogió de hombros
—No puedes estar aquí, estorbaras a los trabajadores.
La pelirroja lo sabía de sobra, no haría nada más que estar parada en medio de todos ellos y punto, pero tampoco quería salir y arriesgarse a encontrarse con él. Se encogió de hombros otra vez y miró hacia todas partes. Musashi suspiró y luego le hizo una señal con la cabeza para que lo siguiera. Fueron hasta un pequeño cuarto que estaba retirado de la construcción, al abrir la puerta la pelirroja entró sin dudarlo, en el interior había una mesa alargada con los planos que decían como debía construirse aquel edificio. Cercana a la puerta había otra mesa mucho más pequeña en donde había una cafetera y tazas para beberlo, había también unas cuantas sillas. El pelinegro se disculpó, le dijo que se pusiera cómodo y que en seguida regresaba.
—Como si no lo supiera—dijo una vez que el otro se fue.
Entro y se sentó en una de las sillas junto a la mesa. Tomó uno de los planos y lo observó durante un largo rato, a decir verdad no entendía nada de lo que estaba dibujado ni escrito, pensó que ese tipo de trabajo debía ser muy aburrido, aunque bien había otros que eran peores. No fue mucho lo que duró la ausencia de Musashi, entró al cabo de unos minutos, en seguida tomó una de las taza para servirse café, le preguntó si quería también a lo que contesto afirmativamente.
—Con tres de azúcar, tres de crema y la mitad de leche.
Eso ya no se podía llamar café.
—No hay leche, a los trabajadores no les gusta.
—Entonces que sean seis de azúcar y siete de crema.
Una vez que terminó de preparar los cafés le entregó el suyo. Musashi se sentó en una silla que estaba justo frente a Jay, le dio un sorbo al café mientras le observaba. La pelirroja tomó la taza con ambas manos, no perdió de vista el café durante unos minutos llenos de silencio, luego le sopló y tomó un poco. Al hacerlo sus ojos se desorbitaron e hizo una mueca de asco. El del mohicano reía quedamente.
—Este café está muy amargo, ¿acaso usan las cucharas de los pitufos?
—Era demasiada azúcar—decía el otro—, pensé que si la consumías te haría daño.
Bufó con molestia, puso el café sobre la mesa para después empujarlo hacia un lado. Se cruzó de brazos para ver todo a su alrededor, entre tanto Musashi tomaba otro sorbo a su café.
—No sabía que en Japón dejaran trabajar a los estudiantes en algo tan pesado como lo es la construcción.
Al decir esas palabras miró al pelinegro con curiosidad, quien sonrió.
—Es la constructora de mi padre—respondió—. Está enfermo, así que vengo de vez en cuando para ayudar.
Puso su taza en la mesa y la empujó con la mano como hizo Jay, con la única diferencia de que la suya estaba vacía.
—¿Y te gusta esto?—preguntó la pelirroja cruzando las manos por detrás de su cabeza.
Musashi meditó unos instantes. Al principio creyó que la conversación estaba siendo demasiado forzada por lo que dudo en contestar. Pero al ver la genuina curiosidad de Jay se dio cuenta de que se interesaba por conocer la respuesta. Esta era una de las cosas que le diferenciaba de Hiruma, sus ojos eran bastante particulares, tenía una mirada muy apasionada, sus ojos expresaban todo aunque el resto de su rostro fuera lo contrario.
—¿Ocurre algo?—preguntó cuando la habitación se lleno de silencio.
—No, nada—dijo desviando la vista—. Respondiendo a tu pregunta, sí, encuentro éste trabajo muy interesante, requiere disciplina. Además tengo que continuar con el trabajo de mi padre.
Jay no dijo más, desvío la vista al suelo mientras pensaba en las palabras del chico que tenía el peinado de mohicano. Todo aquello le sonaba tan familiar, se preguntó si acaso sería lo mismo en todos los países del mundo. Pero bueno, a ella que le importaban los asuntos de los demás, en ese momento tenía que preocuparse por cosas más importantes.
—Creí que a estas horas estarías con Hiruma.
La pelirroja lo miró con sorpresa.
—¿Por qué creíste eso?
Ahora era Musashi el que estaba realmente sorprendido por la pregunta del pelirrojo, pero en cuanto comprendió sonrió con condescendencia.
—Quizá ni tú ni Hiruma se den cuenta pero pasan mucho tiempo juntos desde que llegaste—miró los planos sobre la mesa—. No digo que no este bien si ustedes son amigos, pero tú presencia ha hecho que Hiruma cambié un poco.
Jay miró al pelinegro con curiosidad sin entender muy bien a que se refería, para ella seguía siendo el mismo bastardo de siempre, excepto en esa actitud que tomaba cuando Yusei estaba cerca, en cuanto a lo demás todo era igual.
—Sin embargo todo Deimon parece agradecerlo.
—¿Qué cosa?—ahora sí que estaba muy confundida.
—Tú distracción—trato de explicárselo—. Veras, antes de que vinieras él se la pasaba chantajeando a todo el mundo, a los maestros, a los alumnos y a todo aquel que se cruzara por su camino. Tu llegada ha sido como un alivio para ellos, Hiruma pasa mucho de su tiempo libre contigo.
Se quedaron callados después de eso, cada uno sumido en sus propios pensamientos acerca de lo dicho. Musashi miró a Jay, estaba inmutable, como si no le hubiera dicho nada. A veces le recordaba en muchos aspectos al rubio y otras veces pensaba que eran tan diferentes. De repente la curiosidad lo invadió, en todo el tiempo que tenía de conocer a Hiruma nunca lo vio con éste chico, eso significaba que, o recién lo conocía, o era un amigo de la infancia. No podía preguntárselo a Hiruma pero podía aprovechar que Jay estaba ahí.
—¿Hace cuanto que se conocen Hiruma y tú?
Jay le miró con una ceja alzada.
—¿A qué viene esa pregunta?
—Es curiosidad, nada más.
La pelirroja bajo los brazos para cruzarlos por delante del pecho. Ese tipo de preguntas no le gustaban, no sabía si debía responderle pero de alguna forma sentía que podía confiar en este chico. No solía fiarse por las apariencias pero algo en él le decía que las cosas estarían bien, estaría a salvo siempre y cuando fuera cautelosa en lo que decidiera contarle.
—Pues se podría decir que desde niños.
Fue todo lo que obtuvo por respuesta, el chico era tan reservado en ese tipo de cosas como lo era el rubio. Posiblemente si seguía indagando pondría más trabas para no tener que decirle la verdad. Durante todo el tiempo que conoció a Hiruma se dio cuenta de que no les gustaba hablar mucho de su pasado, no sabía si era doloroso o sólo porque creía que no era un dato necesario para el equipo, como fuera Jay parecía seguir el mismo camino y estaba seguro de que menos hablaría de su relación con Hiruma. Moriría de viejo antes de saber la verdad, así que prefirió quedarse con la duda. Mejor se dedicó ser nada más que un mero observador. Jay sacó una cajetilla de cigarros, con una sacudida logró que uno saliera del paquete, el cual tomó con los labios mientras sacaba del bolsillo un encendedor. Era un encendedor muy curioso, de color plata, con unos grabados en ambos lados, del único lado que alcanzaba a ver había una w grabada con unas decoraciones alrededor. Luego guardó la cajetilla al mismo tiempo en que encendía el que tenía en la boca. No le dijo nada, no se sentía con el derecho de hacerlo cuando hasta el año pasado el también fumaba. Después de la primera calada Jay dejo escapar el humo hacia arriba.
—Me entere de que el otro día tuviste una pelea con Agon.
Mencionó como quien no quiere la cosa y espero a ver cual era la reacción que tenía, pero Jay simplemente dio otra calada al cigarrillo y le miró fijo al soltar el humo.
—Te refieres al sujeto de las rastas—Musashi asintió—, es un idiota.
No se lo dijo pero tuvo que concederle la razón, no era un gran secreto que no se pudiera descubrir. Agon solía comportarse como uno, al fin y al cabo su naturaleza le dictaba ser arrogante y no era de sorprenderse que el pelirrojo lo considerara así. Sin embargo era peligroso tomar el rastas a la ligera.
—No obstante tengo que admitir que me gustaría volver a enfrentarme a él, aunque esta vez quisiera que Yoichi no interviniera.
Musashi sonrió.
—Creo que sólo se preocupa por ti.
Ambos sintieron raro al pensar en Hiruma preocupándose por alguien que no fuera él.
—No tiene porque hacerlo, yo puedo cuidarme solo —recordó cuando le echo sobre su hombre cuando se obstino en ir contra el otro—. Además fue muy estúpido de su parte meterse en la pelea así, pudo resultar herido.
Ensombreció la mirada, al parecer la idea de que Hiruma pudiera resultar herido le afectaba seriamente. Musashi sonrió al ver que ahora sí podía llamar amistad a esa relación tan extraña. Bajo la vista.
—Tú sabrás lo que haces, pero no te sorprendas si Hiruma quiere protegerte.
La pelirroja suspiró, acercó el cigarro un poco a sus labios pero no llego a tocarlo, en lugar lo sacudió un poco para tirar la ceniza en el suelo. Bien, no podía esperar a que Hiruma fuera el mismo por demasiado tiempo, las nuevas cosas que estaba descubriendo acerca de él la sorprendían, algunas gratamente y otras no tanto, pero en medio de todo esto no tenía idea de si era bueno o era malo. Era como conocerse de nuevo, lastima que no fuera el momento, quizá, después de hablar con John…
—Tiene una manera muy particular de hacer las cosas—sus cavilaciones fueron interrumpidas—, si confías en él, aunque sus métodos sean de lo más extravagantes, no te fallara, pero eso ya lo sabes, ¿no?
No le respondió, no le gustaba hablar de ese tipo de cosas. No hubo necesidad de seguir hablando más puesto que la puerta se abrió abruptamente, dejando entrar a cierto rubio con un aura medio macabra.
—¡Kuso-neko!
La voz de Hiruma resonó por toda la habitación. La chica ladeo la cabeza lentamente y con algo de flojera para ver al rubio, luego posó su mirada en el pelinegro mientras se llevaba el cigarrillo a la boca de nueva cuenta. Dio una calada muy honda y sacó el humo de su interior con la siguiente frase:
—Si querías que me fuera sólo lo hubieras dicho.
Musashi por poco se cae de la silla.
—Pero sí te lo dije
—No, eso no es pretexto para llamar a éste.
Señaló a Hiruma que ya se encontraba a un lado de ella, y que al ver que se disponía a seguir fumando se lo arrebato, lo tiró al suelo y lo piso con saña. La pelirroja puso la cara del grito de Munch al ver la monstruosa acción, al ver a su cigarrillo destrozado. Se arrodillo a un lado del cigarrillo y Musashi casi podía jurar que se le salían las lágrimas.
—Con lo caros que están—le dio un puñetazo al suelo—. Hijo de p…
—Vámonos—dijo cortando su dramática actuación.
Hiruma se encaminó hacia la puerta sin siquiera prestar atención al pelinegro. Jay se levantó como si no hubiera sucedido nada y se despidió alegremente de Musashi para luego ir detrás del rubio. Al salir de la constructora, Hiruma se percato de que la pelirroja estaba en completo silencio detrás de él, por lo general no podía detener las tonterías que decía y ahora estaba en completo silencio. Sentía como si fuera sólo, miró por sobre su hombre el rostro meditabundo de la chica, tenía la mirada perdida en el suelo. Dudaba que Musashi le dijera algo como para perturbarla de esa manera, así que algo más debió sucederle.
—¿A ti que te pasa fucking-neko?—preguntó deteniéndose en una esquina.
La chica no lo escuchó, estaba tan concentrada en sus propios pensamientos, que cuando se dio cuenta de que se había detenido fue sólo porque chocó contra su espalda.
—Yoichi, ¿por qué te detienes tan de repente?
Pensó que fuera lo que fuera era peor de lo que imagino, la chica estaba prácticamente en la luna. Era rara la ocasión en que se distraía, siempre estaba alerta y esto sólo quería decir que algo la estaba afectando. No le sacaría nada, siempre estaba diciéndole que no le importaba lo que sucedía en su vida, pero esto definitivamente podría afectarle cuando se asociaran para algún negocio y eso no le convenía. Era como si algo provocara que sus defensas bajaran, dejándola en un estado vulnerable. Se volvió hacia ella para interrogarla, pero algo llamó la atención de la joven, que miró con los ojos muy abiertos algo detrás de él. Giró la cabeza para ver que era una preciosa y muy elegante limusina que venía en dirección hacia donde estaban ellos. Una vez que pasó por un lado de donde se encontraban ellos la reconoció, era la misma a la que se había subido aquel hombre rubio del que la pelirroja se había escondido. Siguió andando hasta que se perdió en una esquina.
Cuando buscó a la chica no la encontró, era muy rápida y toda la cosa pero dudaba que pudiera correr lo suficientemente rápido como para escapar en un fracción de segundo. Miró por todas partes pero lo único que pudo ver eran las calles vacías.
—Kuso-neko, ¿dónde estas?—dijo al aire.
—Psss, psss—escuchó—, aquí estoy.
Pero no había nadie a su alrededor. Sólo estaba ahí un buzón donde la gente dejaba paquetes y cartas, la chica asomó los ojos por una de las rendijas, estaba dentro del buzón.
—¿Qué rayos haces ahí chibi-neko?—inquirió mientras se acercaba al buzón.
—Es que de repente me dieron ganas de clasificar los envíos—el sarcasmo se estaba volviendo una adicción que a Hiruma no le gustaba.
En eso una mujer se acercó al buzón con un gran paquete en las manos, Hiruma se hizo a un lado para que pasara y así ser un espectador. La mujer metió el paquete por la abertura pero era demasiado grande y no cabía, entonces empujó el paquete con un poco de fuerza. Casi se da por vencida cuando sintió que algo o alguien lo jalaron hacia dentro y el paquete entro con facilidad.
—Gracias por su deposito, la próxima vez que el paquete no pesé lo que usted.
Mientras hablaba movía la pequeña puertita de la rendija, haciendo parecer que era el buzón que hablaba. La pobre mujer se asustó tanto que salió corriendo como alma que lleva el diablo. Una vez que se fue Hiruma se acercó de nuevo al buzón para verla sentada sobre el correo de la gente de Japón, todo ahí dentro estaba en las sombras excepto sus ojos, ya que la luz que entraba los iluminaba directamente. Era una curiosidad, ¿cómo demonios había hecho para meterse ahí adentro?, aunque había otra pregunta mejor.
—¿Por qué te metiste ahí?
Jay le dio vueltas al paquete que estaba entre sus manos, la observó, demasiado seria. Sus ojos cubiertos por unos cuantos cabellos miraban el paquete como si fuera lo más interesante del mundo, o quizá para no verle a él directo a los ojos. Desde que vio a ese hombre salir del restaurante supo que algo andaba mal, pero no creyó que esto la afectaría tanto como para esconderse cada vez que lo viera.
—¿Por qué te escondes así?
—No me escondo—respondió sin verlo—, ¿por qué piensas eso?
En realidad era muy fácil deducir algo así. En primer lugar estaba el hecho de que se vistió como un chico para pasar desapercibida, obviamente se estaba ocultando de alguien y no era de John porque lo estaba buscando. Al ver la reacción que tuvo cuando la limusina se acercaba era evidente que no quería que ese sujeto la encontrara, pero, ¿por qué?
—Actúas raro—fue lo único que dijo.
La pelirroja se atrevió a levantar la vista, no quería parecer tan desesperada, no quería que pensara que era débil, eso era lo pero, pero con él merodeando por las calles de Tokyo no sabía que más hacer. Los métodos de Hiruma no eran convencionales pero sí muy efectivo, justo como le dijo el chico del mohicano. Tal vez ya era hora de que le regresara el favor, después de todo ¿no había hecho papilla a más de uno sólo por él?, a veces también le dolían los puños. Como fuera, era el único que podía ayudarle.
—Yoichi.
Para entontes Hiruma se encontraba recargado en un lado del buzón, reventando bombas de chicle.
—Yoichi—lo llamó de nuevo mientras se asomaba por la ranura.
—¿Qué quieres?—preguntó poniéndose frente al buzón.
—Yo…—ya comenzaba a arrepentirse, pero después de un suspiro continuó—, necesito que me ayudes.
Eso dejó muy sorprendido a Hiruma, nunca espero que ella fuera pedirle ayuda, pero luego sonrió con malicia y sacó dos ametralladoras, con las cuales apuntó al buzón donde se encontraba la chica, con una cara que le puso los pelos de punta.
—¡¿Necesitas que te saqué de ahí fucking-neko?!, ¡retrocede, destrozaré el maldito buzón!
—¡¿Qué?!
Abrió grande los ojos al ver que Hiruma sí tenía la intención de dejar ir una ráfaga de balas contra el buzón donde estaba. Empezó a manotear pero era obvio que el rubio no se dio cuenta de ello. No podía dejar que le disparara.
—¡No idiota, no me refería a eso!—gritó cerrando los ojos, esperando los disparos.
El otro bajo las armas, se agachó para verla por la rendija. Sí la había asustado, tenía los ojos fuertemente cerrados y las manos tapándole los oídos. Se rió, y en cuanto ella escuchó su risa abrió los ojos para verlo, su cara estaba pintada con la sorpresa, pero unos segundos después tenía una pequeña venita resaltando en su frente. Lo miró de forma espeluznante, con las ganas de matarlo ahí mismo. El rubio por su parte dejó de reír, aunque aún mantenía la sonrisa brillante.
—Entonces, ¿en qué quieres que te ayude?—preguntó curioso.
—Necesito que me ayudes a encontrar a John—dijo seriamente, dejando de lado su enfado por un momento—. Ahora más que nunca necesito encontrarlo.
Hiruma se quedó pensando en las palabras que acababa de decirle durante unos minutos, en los cuales se quedaron en silencio. Si bien el buscarlo no representaba ningún problema, el hacerlo podía significar que entre más rápido lo encontrara más rápido ella podría irse de Japón. Pero negarse no se le cruzó por la mente, al contrario, le dio una excelente idea.
—¿Y qué ganaré a cambio?
—¿Cómo?—se sorprendió de que Hiruma le pidiera algo a cambio—, ¿que no he hecho ya suficiente?
Eso era cierto, siempre estaba siguiéndole la corriente a todo lo que le decía que hiciera, siempre estaba golpeando tipos por él, espiando por aquí y por allá, así que no podía imaginar que más podía querer de ella. No le dijo nada, simplemente se le quedó mirando tan intensamente que la pelirroja no pudo soportarlo por mucho tiempo y luego desvío la mirada a cualquier sobre o paquete que tuviera a la vista. Lo que Hiruma quisiera de ella, fuera lo que fuera, estaba segura de que sería algo que rechazaría en primera instancia, pero con los últimos acontecimientos y con lo impredecible que podía llegar a ser el chico de los ojos jade lo que mejor que podía hacer ella en ese momento era escucharlo, ya luego vería como zafarse de esa situación. Necesitaba su ayuda después de todo, y ahora que lo pensaba era extraño que no se lo estuviera echando en cara, que no hiciera un alboroto de aquello.
—No pediré algo tan complicado.
Levantó la mirada para ver al rubio.
—¿Qué es lo que quieres?
—No te preocupes chibi-neko—le dijo—, no es nada que no puedas cumplir.
Lo pensó unos segundos.
—Dime.
El rubio se acercó al buzón para susurrar a la chica lo que quería a cambio de prestarle su ayuda, ella escuchó atentamente mientras una manifestación pasaba por el lugar, haciendo un alboroto que podría haberse escuchado hasta el infinito y más allá. Algunas personas llevaban autos y tocaban el claxon tan fuerte que bien podían dejar sordo a cualquiera. No duró mucho la manifestación y una vez que se fueron Hiruma se retiró un poco del buzón.
—¿Qué dices?—preguntó observando a la pensativa chica en el interior.
—¿Qué que digo?
Eso que le pidió era bastante complicado, dudaba de que pudiera hacer algo como eso. ¿Por qué Hiruma nunca podía pedir algo que no fuera tan complicado?
—Pues digo que…
*ui ui ui ui ui ui ui*
Una ambulancia pasó por la calle que cruzaba la principal y en seguida un par de patrullas con unas escandalosas sirenas. Hiruma se pudo de pie una vez que todo estuvo tranquilo de nuevo.
—Entonces chibi-neko—comenzó a decir mientras guardaba sus armas—, te llamaré en cuanto tenga alguna pista del fucking G.I. Joe. Mantén el teléfono cerca.
La pelirroja asintió, no muy segura de lo que ababa de hacer, pero tan siquiera esperaba que esto acelerara su encuentro con John. En ese momento quiso salir del buzón, ya comenzaba a tener un ataque de claustrofobia, sin embargo no tenía idea de cómo salir, de hecho no se dio cuenta ni de cómo fue que entró. Al ver la limusina simplemente su instinto actúo para ocultarla, así que no recordaba que fue lo que hizo para entrar o por donde lo había hecho.
—Yoichi, pensándolo bien sí sácame de aquí.
Nadie le respondió de afuera, sólo escuchó unos pasos alejándose. Cuando se asomó por la rendija entró en pánico al ver al rubio alejándose.
—¡Yoichi, no puedes dejarme aquí!—le gritó, pero el otro ni la escuchó—, ¡Yoichi, bastardo!
Hiruma siguió caminando, cuando inflaba otra bomba de chicle escuchó como la pelirroja pateaba el interior del buzón. Sonrió.
—xox—xox—xox—xox—xox—
Algunos días después cierta persona de cabellos rojizos y negros corría a toda prisa por las calles de Tokyo, esquivando a cuanta persona le estorbara el paso. Tenía mucha prisa por llegar al hotel donde Hiruma se quedaba. "Tengo una pista, ven rápido", fue lo único que le dijo antes de colgar el teléfono. Si eso era cierto y en verdad había encontrado algo sobre John era un paso más cerca de restaurar las cosas. El único problema es que tenía un extraño presentimiento acerca de ésta pista. No le dio mucha importancia aunque sabía muy bien que con él no había que restarle importancia a nada. No obstante no puso aguantar la curiosidad de saber que clase de pista consiguió.
Cuando menos se dio cuenta aumentó la velocidad, llegó muy rápido y también muy agitada pero no se detuvo. Atravesó corriendo la recepción, la mujer que estaba ahí estuvo a punto de decirle que no corriera cuando recordó que antes le había visto con cierto rubio, por lo que mejor opto por no decirle nada.
Mientras el ascensor subía no dejaba de pegar brincos por todo el piso del reducido espacio con una enorme sonrisa plasmada en toda la cara. Las personas que también subían trataban de alejarse lo más posible, por lo que terminó por estar en medio de un círculo de personas, brincando mientras contemplaba los números de la parte superior de la puerta hasta que llegó al piso que deseaba. Apenas abrirse las puertas salió corriendo, dejando atrás a una pequeña multitud muy confundida en el elevador.
Cuando las puertas se cerraron observó con mucha atención la puerta de la habitación de Hiruma. Empezó a correr a toda velocidad hacia ella con toda la intención de tirarla de una fuerte patada. Mas lo que paso fue otra cosa muy diferente. Cuando ya se encontraba muy cerca de la puerta, ésta se abrió de improviso. Por la sorpresa no pudo evitar tropezarse con sus propios pies y caer de boca al suelo dentro de la habitación.
—¿Qué diablos crees que estas haciendo?—preguntó una voz con sorna.
La pelirroja levantó la cabeza para ver al rubio junto a la puerta con su típica sonrisa. Luego escuchó un ruido proveniente de la televisión, en ella había varios recuadros donde se podían ver distintas secciones del hotel, lo que significaba que la estuvo vigilando todo el camino. Un segundo, también significaba…
—¡Lo has hecho a propósito!—lo señaló acusadoramente desde el suelo.
Hiruma no le contestó nada, cerró la puerta de la habitación, luego tomó el gorro del chaleco para levantarla del suelo. Ya de pie no pudo ocultar su emoción y de nuevo brincó sin parar, sonriendo de la felicidad que la embargaba. El rubio pensó que esto era una exageración ya que sólo consiguió una pista.
—¿Quieres dejar de brincar como un fregado conejo?
La frase no era gentil y no iba de acuerdo con la voz serena ni con la pose tranquila de Hiruma. No hizo ningún caso de lo que le dijo, sólo podía pensar en lo cerca que podría estar de John. Así que mientras brincaba, ahora en la cama, no se dio cuenta de cuando fue que Hiruma le lanzó eso que le tapaba la visión. Dejó de brincar en ese instante, se lo quitó de encima para darse cuenta de que era una peluca rubia. La observó sin entender, cosa que aprovechó el otro para lanzarle otra cosa, en cuanto se la quitó vio que era un vestido negro, que más que vestido parecía habito de monja.
—¿Qué se supone que haga con esto?—pregunta mirándolo de reojo.
—Póntelo—respondió como si nada.
—¿Qué?—dijo sorprendida—, ¿qué tiene que ver esto con la pista sobre John?
Se bajo de la cama y le enseño ambas cosas para enfatizar lo que dijo. Hiruma pasó de ella y se sentó en la cama para cruzarse de brazos. Ella dejó caer los suyos, esperando aún una respuesta, lo miró con tanta intensidad que fue devuelta por la mirada verde. Al final se estuvieron mirando por un tiempo que no supieron de cuanto fue. El primero en apartar la vista fue él, cosa que la confundió pero no hizo ningún comentario ya que estaba más intrigada en saber por qué debía usar esa peluca y ese vestido que estaba espantoso.
—¿Por qué carajos tengo que usar esto?
Hiruma no le respondió, incluso ni parecía que estuviera escuchándola, nada. Estaba más entretenido en algún punto de la costosa alfombra.
—Yoichi—lo llamó suavemente, logrando que la viera de nuevo—, ¿esta todo bien?
Por la cara que hizo se percató de que intentaba aparentar que nada había sucedido, la pelirroja supo que en realidad era todo lo contrario, pero se negó a profundizar en aquello. Podía vivir con la duda, de momento.
—Me alegro—uso un tono calmado, que de un segundo a otro cambió a uno más psicópata—. ¡¿Entonces por qué demonios tengo que usar estas porquerías?!, ¿qué tienen que ver con John?
Le dirigió una mirada colérica mientras se levantaba de la cama, metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se acercó hasta estar a un paso de ella. Cuando estuvo seguro de que le estaba poniendo toda su atención ladeó un poco la cabeza para iniciar su explicación.
—La pista que conseguí sobre John está en un bar. Cada sábado va un sujeto que estuvo con él en la milicia, así que podría ser que conociera su paradero. Nosotros iremos a investigarlo personalmente, porque no creo que le suelte esa información a cualquiera.
—¿Y por qué tengo que usar estas estupideces?
—Necesito que alguien cubra mi trasero en caso de que las cosas se salgan de control.
—¿No puedo hacerlo fingiendo que soy un chico?
Entendía porque tenían que investigarlo ellos mismos, pero lo que no entendía era por qué no podía hacerlo como un chico. Hiruma no le contesto, cortó la breve distancia que los separaba, casi pegando sus cuerpos. Jay soltó ambas cosas por la repentina acción y retrocedió hasta chocar contra la pared. Antes de que pudiera retirarse otra vez Hiruma se acercó de nueva cuenta hasta estar muy cerca, pero en ésta ocasión la tomó de la barbilla para levantar su rostro y así le viera a los ojos.
Sin querer se le escapó un suspiro, del cual se sintió avergonzada un segundo después. Como tenía sujeto su mentón lo único que pudo hacer fue desviar la vista a un lado. No lograba entender por qué siempre que él hacía algo como eso sentía como si se paralizara desde adentro. Todo lo que provocaba, se preguntó si sabía lo que hacía o todo era casualidad.
—Tal vez—la distrajo—, en algún punto necesitare una linda distracción.
Abrió los ojos muy grandes al escuchar eso, fue incapaz de mirarlo, no estaba segura de querer hacerlo. Eso fue demasiado, las palabra que le dijo incluso le dieron escalofríos. La aglomeración de sentimientos revueltos la hicieron sentir que tenía la cara caliente, así que le dio un manotazo para apartarlo. Se retiró de donde estaba él y pateó las cosas que estaban en el suelo. Odiaba mucho que Hiruma hiciera ese tipo de cosas, la forma en que la hacía sentir, el como lograba que su mente se turbara en un ratito. Era espeluznante de cierta forma.
—Será mejor que te prepares—escuchó hablar a Hiruma, pero no quería verle a los ojos, aún no digería bien sus palabras—, mañana es sábado y sólo tendremos una oportunidad.
Lo meditó unos segundos. Lo cierto es que no sabía ni como ni cuando podría estar así de cerca de John como lo estaba ahora. Realmente no había nada que pudiera perder, aparte ya tenía bastante tiempo que no se comportaba como una chica normal, necesitaba sentir que aún le quedaba algo de estrógeno.
—Esta bien—accedió, lo que el otro no esperaba—, pero de ninguna manera esperes que me ponga esta cosa tan horrible—miró feo el vestido en el suelo—. Cuando vine a Japón traje algo de mi ropa.
Hiruma se echo a reír.
—Es un bar elegante—comentó.
—¿Y crees que no tengo ropa elegante—estaba medio ofendida—, en ese caso ya vera.
El rubio alzó una ceja mientra ella caminaba a la puerta.
—¿A qué hora tenemos que estar allá?
—A las nueve—contestó desviando su vista a sus uñas.
—Bien, te recogeré a las ocho y media. Más te vale que estés listo.
Se dio la vuelta y salió de una forma dramática dando un portazo. Hiruma se dispuso a regresar a sus cosas de siempre —chantaje—, cuando la puerta se abrió de golpe, era la pelirroja, que lo miró con un gesto aburrido y luego tomó la peluca del suelo para después retirarse del lugar.
Ahí tienen el capítulo. Me tarde porque he tenido algunos problemas emocionales y no me podía concentrar en escribir, y también porque me la pase vagando en Internet, además tengo la mente en un one shot y pues se me junta todo. No sé si sepan de los pitufos. *ui ui ui*, no se me ocurrió otra forma de hacer la onomatopeya de la sirena. No sirvo para actualizar semanalmente, lo siento, y lo peor es que ahora sí voy a buscar trabajo, así que posiblemente no pueda actualizar seguido. Les voy a pedir que sean pacientes no voy a actualizar a partir de aquí, no se pongan tristes, no voy a dejar la historia. Básicamente lo que voy a intentar es escribir la historia completa para actualizar semanalmente, aunque creo que podría subir un capítulo de vez en cuando en lo que termino ésta historia. No tengo el capítulo siguiente escrito, sólo vive en mi mente, por eso les pido que sean pacientes, porque ésta historia va para largo. Como dije tengo otras historias en mente y he planeado algo para el cumple de mi Kakashi así que si me alcanza el tiempo (yo ruego por que si) voy a hacer un one shot para su cumple.
Cana-san, Alee, me encantan sus comentarios, son como las vitaminas que alimentan ésta historia, por ustedes, y también por aquellos que me leen aunque no dejen comentario me voy a esforzar al máximo. Jeje, soné como monta. Besos y que estén bien.
Hasta el próximo capitulo… dentro de algún tiempo
