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XI. 激怒 (Gekido)
Gekido: Enojo grande que se manifiesta con palabras, gritos y ademanes bruscos y violentos.
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Sakura dejó el bol grande de popcorn sobre la pequeña mesa de centro y se tumbó sobre el sofá. Su mirada estaba fija en el techo de la sala; aún así, su mente se encontraba en otro lugar. Recordaba con mucha rabia lo que había presenciado aquella mañana. Al parecer, lo que le habían dicho Ino, Hinata y Naruto habían sido meras mentiras. «Deberían estar carcomiéndose con la culpa, no estar riendo por estupideces a la hora de almuerzo».
Ella usualmente se quedaba en la azotea del edificio principal de la secundaria durante la hora de almuerzo. Comía su bento* en silencio y con tranquilidad. Ese día, sin embargo, había bajado a la cafetería para comprar una bebida, pues había olvidado su botella de agua en casa. Se encontró con aquella escena al entrar a la cafetería y estuvo martillando su mente el resto del día.
El timbre del departamento sonó dos veces, interrumpiendo sus pensamientos. Era el último día que Karin se quedaba en Konoha. Se habían visto todos los días después de la jornada escolar de Sakura; pero la semana había pasado rápidamente y su amiga pelirroja regresaba a la capital al día siguiente. Habían quedado en pasar la tarde viendo películas, algo que ellas disfrutaban hacer mucho.
— Hola Saku. — la saludó con un corto abrazo. — Traje los dulces que me pediste. — Karin le mostró la bolsa de Skittles* con una brillante sonrisa.
— Espero no terminar con diabetes después de esto. — susurró Sakura y Karin no pudo evitar soltar una carcajada.
Se acomodó en el sofá de la sala, mientras que Sakura colocaba el disco en el reproductor. Se sentó al costado de su mejor amiga y recostó su cabeza sobre su hombro. Vieron la película haciendo comentarios acerca de la pésima interpretación de una de las actrices y de la indudable sensualidad de uno de los antagonistas.
— Tu pelo está un poco descuidado. — resaltó Sakura al empezar a jugar distraídamente con el cabello de Karin.
— Sí... Me olvidé de traer mi acondicionador. El del hotel no es muy bueno. — respondió Karin. Su comentario le pareció un poco extraño. Había notado un aura inusual en su mejor amiga en el momento que entró al departamento. — Sakura. — la llamó. — ¿Pasa algo?
— Nada. — se excusó rápidamente. — Sólo... — su mirada fija en los ojos escarlata de la pelirroja flaqueó por breves segundos. — Estoy muy cansada.
— Sabes que conmigo no funciona eso, Sakura. ¿Qué sucede? — volvió a preguntar.
Esta vez, ella permaneció en silencio y evitando su mirada por completo. Fingió prestar atención a la película, que por unos momentos habían dejado ignorada, pero Karin tomó el control remoto y apagó el televisor. No tenía que ser una genio para saber qué estaba rondando por la cabeza de Sakura.
— Para tu mala suerte, Haruno, soy tu mejor amiga. Sabes perfectamente que te conozco como la palma de mi mano.
Sakura hizo una ligera mueca —o más bien, una especie de sonrisa—. Karin tenía razón. Aunque ella no haya dicho nada, lo más probable era que ya tenía una idea de qué se trataba. Después de todo, la pelirroja era la única que sabía casi todo lo que había sucedido antes de mudarse a Tokio.
— Algo te está perturbando. ¿Acaso es ese chico guapo...? — esta vez fue Karin quien hizo una mueca, al no recordar el nombre. — ¿Daisuke? ¿Sousuke?
Sakura no pudo evitar reír ligeramente. La pelirroja lo estaba haciendo a propósito. Suspiró en rendimiento, a sabiendas que la terapia del silencio no la llevaría a ningún lado tratándose de Karin, y respondió finalmente. — Se llama Sasuke. Sasuke Uchiha.
Karin la miró, esperando una respuesta más elaborada.
— Ya todos saben la verdad. — la pelirroja levantó la ceja incrédula. — Pero no les haré daño.
— Este chico... Yo creo que te ha atrapado en sus redes, mi querida Sakura.
Ella la fulminó con la mirada, pero el sonrojo en sus mejillas la delataba completamente. Podría fingir ante Ino, Hinata... Incluso ante el mismo Sasuke. Pero sabía que con Karin no podría hacerlo jamás.
— Somos humanos, Saku. — empezó a decir con seriedad. — Todos cometen errores y creo que ellos en serio están arrepentidos.
— No merecen mi perdón. — interrumpió Sakura, apretando fuertemente su puño. — Hicieron mierda mis últimos días en Konoha solo por un estúpido mensaje de texto. ¡Creyeron en esa perra antes que en mí!
— Sé que no lo merecen, ¿pero quién sí? Sé que no es fácil perdonar... En especial para chicas tercas como tú. — le golpeó divertidamente con un pequeño cojín. — La gente se cansa, Saku. Se cansa de esperar. Si tu no estás dispuesta a perdonarlos ahora, es probable que ya sea muy tarde cuando lo quieras hacer.
Nuevamente, ella permaneció en silencio. Aunque, esta vez, fue por una razón distinta. Se cansa de esperar. Las palabras de Karin resonaban en su cabeza una y otra vez. «¿Por qué? ¿Por qué esto me molesta tanto?», pensó frunciendo los labios enojada y confundida.
— No me has contado qué tal besa ese príncipe tuyo, eh...
Con una pequeña sonrisa en el rostro y con un sonrojo presente en sus mejillas, Sakura le devolvió el golpe con el cojín.
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Ami no era tonta. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo Sakura. Ella quería cobrarle cada momento de vergüenza y humillación por cual le hizo pasar durante toda su infancia y parte de adolescencia. No podía quedarse con los brazos cruzados y dejar que Sakura le esté pasando factura con tanta facilidad. Era momento de voltear el juego. Y lo tenía que hacer ya.
El hecho de que Sasuke haya aceptado que estaba enamorado de Sakura era un punto en su contra, pero se las arreglaría. No se podía quedar de brazos cruzados y esperar un milagro. Tenía que hacer algo pronto.
— ¿Todo bien, Ami? — preguntó una de las amigas rubias del popular séquito de la mencionada.
— Tengo un poco de sueño, es todo. — se excusó rápidamente con una sonrisa falsa.
— Por cierto, ¿qué tal tu tutoría con Uchiha-kun? — preguntó otra, empujando la puerta del baño.
— ¿Uchiha-kun? — murmuró la rubia con incredulidad al escuchar el nombre, Nanami. Se sentó sobre el lavabo, mirando sorprendida a Ami. — ¿Tuviste una sesión de estudio con Uchiha-kun?
— Así es. — respondió como si no fuera la gran cosa. — Es muy bueno enseñando álgebra y... también besando.
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Resolvía con aburrimiento los problemas de trigonometría. Dejó su lápiz por un momento y rebuscó en su mochila, tratando de encontrar su calculadora. Lo primero que encontró fue su celular, cuya pantalla mostraba muchas notificaciones de mensajes de texto. Sabía perfectamente que se trataba de Karin y que a su amiga pelirroja no le haría mucha gracia esperar hasta la salida para que ella le responda. Agradeció haber llevado su casaca aquel día, pues pudo esconder su celular en uno de los bolsillos.
— ¿Puedo ir al baño, Kakashi-sensei? — preguntó cuando su profesor se acercó a su sitio al ver su mano levantada.
— ¿Problemas... femeninos? — ella asintió, fingiendo vergüenza. — Trate de no tardar mucho, señorita Haruno.
Sakura volvió a asentir y salió con prisa del salón. Caminó con lentitud hasta el final del pasillo, girando a la derecha para entrar al baño. Entró al último cubículo y se sentó con cuidado sobre la tapa del retrete, tras cerrar la puerta con pestillo. Sacó su celular —el cual no había dejado de vibrar desde que salió del salón— y se dispuso a leer los mensajes que le había mandado Karin.
01.32 pm
"¿Ya estás en recreo?"
02.31 pm
"A que no sabes lo que me acabo de enterar." "Takumi Hiromoto finalmente aceptó su homosexualidad." "¡Yo sabía que era gay!" "¡Nadie se resiste a mis encantos!"
02.32 pm
"Ayer subió una foto a Instagram*, en una cita con su novio." "Se ven lindos."
02.35 pm
"¡Sakura, no me ignores!"
02.36 pm
"Su novio es bastante guapo, ¿sabes?"
Sakura luchó internamente por no soltar una carcajada tras leer los mensajes que su mejor amiga le había enviado. Ya eran las dos y media de la tarde. Lo más probable era que las clases en Tokio ya habían culminado y todos se estaban preparando para volver a casa. Ella aún tenía 45 minutos más de clase. La envidió un poco.
"Tienes a Sushi ahora. ¿Qué haces viendo a otros chicos?"
"Ya no estoy soltera, Saku, pero tampoco estoy ciega."
Estuvo a punto de formular una respuesta para Karin, cuando escuchó que la puerta del baño se abría con un ligero chirrido. Unas conocidas voces inundaron sus oídos y Sakura no pudo evitar apretar su teléfono con fuerza. «No puedo tener ni un solo momento de paz», se quejó internamente.
— ¿Tuviste una sesión de estudio con Uchiha-kun? — escuchó decir a una. No reconoció su voz, pero sí la de la chica que respondió.
— Así es. Es muy bueno enseñando álgebra y... — hizo una corta pausa. — También besando.
«¿Sasuke y Ami se... besaron?»
Sakura volvió a guardar su celular en el bolsillo de su casaca y salió del cubículo en donde se estaba escondiendo, sorprendiendo al grupo que charlaba amenamente en los lavabos.
— ¿Saben algo? — Sakura empezó a enjabonar sus manos, sin dejar de hablar. — Sasuke Uchiha no besa tan bien como dicen.
— No sabía que tenías tanta experiencia con los besos, Sakura. — Ami respondió con una voz burlona, mirándola con superioridad y recostándose contra uno de los pilares del baño.
— No la tengo. — aceptó con sinceridad, devolviéndole la mirada. — Pero cuando me besó a mí, me mordió la lengua y créeme que no fue muy placentero.
Sin más, Sakura se secó las manos en el pequeño secador eléctrico y se despidió de sus compañeras con una falsa sonrisa plasmada en su rostro.
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Sentía su corazón ardiendo. Sus ojos luchaban por no derramar lágrimas, pero no entendía por qué. «¿Por qué me estoy sintiendo así?». Sasuke no significaba nada para ella. Tal vez él sí había sido alguien importante en su pasado, pero ya no más. No después de todo lo que le dijo aquella vez. Sus pies se arrastraban rápidamente por el pasillo.
El timbre acababa de sonar y solo tendría que recoger sus cosas. Lo último que quería en ese momento era verlo. Tendría que ser muy veloz. Entró al salón y empezó a guardar sus cosas en su mochila, sin importar que estuvieran en desorden. Necesitaba salir de ahí. Necesitaba airear su mente. Necesitaba dejar de pensar en él.
«¿Qué diablos está pasando conmigo?»
— Sakura.
Su piel se puso de gallina cuando la profunda voz de Sasuke dijo su nombre. Los latidos de su corazón aumentaron de velocidad, pero estaba segura de que no era por emoción. Era por rabia. Quería hacerlo pedacitos.
«Pero... ¿por qué?»
Pretendió como si no lo hubiese escuchado e ignorándolo olímpicamente, salió a paso apresurado del salón. Sasuke no comprendió su reacción, pero aún así la siguió. Quería hablar con ella. Necesitaba hablar con ella.
— Sakura. — esta vez la llamó alzando un poco más la voz. Aún así, ella siguió caminando, haciendo caso omiso a sus llamados.
Le importó muy poco que la gente lo mirase como un bicho raro. Corrió por el pasillo, empujando a algunos de sus compañeros. Tomó de manera brusca la mano de Sakura y la jaló hacia él. La miró fijamente, observando sus ojos brillantes.
— ¡Déjame en paz! ¡Suéltame! — gritó ella, forcejando para librarse de su agarre. — ¡Estoy harta!
— Sakura, escúchame-
— No, Uchiha, tú escúchame a mí. ¡Déjame en paz de una puta vez! ¡Ya déjenme, todos ustedes! — suplicó a gritos, al sentirse observada.
Se soltó del agarre del Sasuke con un movimiento tosco y corrió hacia la salida.
— Sasuke, ¿qué paso?
— Cállate, Naruto. Sólo cállate.
Sasuke apretó sus manos en puños. ¿Qué había pasado, exactamente? Él solo la había tomado de la muñeca. ¿Qué había hecho para que Sakura se altere de esa manera? Tampoco podía olvidar su mirada llena de confusión y sus ojos a punto de derramar lágrimas. Masculló por lo bajo, y salió de la secundaria enfurecido, ignorando por completo los llamados de sus amigos.
— ¿Me perdí de algo? — preguntó Ino. Dirigió su mirada hacia Naruto después de presenciar aquella escena buscando respuestas, pero no encontró ninguna.
— La verdad es que yo no sé. — respondió Shikamaru con un bostezo. Abrazó a Ino por la cintura y suspiró profundamente cerrando los ojos. — De la nada los dos empezaron a gritarse en el pasillo.
— Espero que Sakura-chan y Sasuke-san estén bien. — susurró Hinata, entrelazando su mano con la de Naruto.
Él tampoco lo comprendía del todo. Sasuke simplemente se había acercado a Sakura y ella había reaccionado de una manera muy violenta.
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Sasuke llegó a su casa aún aturdido. No fue directamente a su cuarto, sino al pequeño patio trasero. Tiró su mochila y empezó a encestar con la pelota que encontró en el pasillo. Encestaba con furia, tanto así que el aro de metal se movía con cada canasta que metía. Pero, conforme fueron pasando los minutos, Sasuke dejó de encestar y empezó a lanzar la pelota violentamente hacia la pared.
— ¡Mierda!
Gritaba fuertemente cada vez que la tiraba. Se sentía muy frustrado. Ya se había dado cuenta de que estaba enamorado de Sakura, pero jamás se imaginó que sería tan complicado. ¿Por qué ella había reaccionado de esa manera? ¿Qué le había hecho? Al parecer, tuvo toda la razón cuando le confesó que era un idiota y que la lastimaría. Había sido honesto, pero... ¿a qué precio?
¿Y si ella ya no lo quería volver a ver? Tal vez se lo merecía por todas las cosas que le había dicho aquel día, antes de que se vaya a Tokio. Volvió a lanzar la pelota, esta vez con mucho más fuerza que las veces pasadas.
— ¡Sasuke! ¿Qué está sucediendo?
Fugaku acababa de llegar de un ajetreado día de trabajo y lo que menos esperó al llegar a su hogar fue encontrar a su hijo menor gritando y lanzando la pelota contra el viejo aro de básquet que tenían en el pequeño patio trasero. Ya eran las seis de la tarde, por lo que Sasuke había estado ahí durante al menos un par de horas.
Al escuchar la alterada voz de su padre, Sasuke no pudo evitar sonreír con sorna. Recién que hacía un escándalo, ¿Fugaku Uchiha recién se fijaba en su existencia?
— No te importa, viejo estúpido. — murmuró sin pensar.
Y fue un sonoro golpe en la mejilla lo que recibió segundos después. No se quejó. Sólo tomó su mochila y entró a la casa para encerrarse en su habitación.
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La cena en la casa de los Uchiha se desarrolló de una manera silenciosa. Solo estaban Itachi, Mikoto y Fugaku. Sasuke permaneció encerrado en su habitación, con la excusa de que tenía muchas tareas por hacer. Ninguno de sus familiares creyó aquello, pero no dijo nada. Sólo Fugaku sabía el porqué.
La culpa lo carcomía por dentro. «¿En qué estaba pensando?» Mikoto miraba con preocupación a su esposo, pero no se atrevía a preguntarle qué había sucedido. Itachi, sin embargo, no lo dudó en hacer.
— ¿Qué pasó con Sasuke, papá?
— Tuvimos una leve discusión. — respondió Fugaku escuetamente.
Itachi asintió, sabiendo que su papá no diría nada más al respecto. Se llevó a la boca el último pedazo de carne que quedaba en su plato y murmuró un "gracias por la comida" antes de retirarse.
Mikoto suspiró en rendición y se levantó de la mesa para empezar a recoger los trastes. Para su sorpresa, su marido la imitó en silencio. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Fugaku le había ayudado a recoger los platos de la mesa. Últimamente había estado tan ocupado con su nuevo puesto en la presidencia de la Corporación Uchiha, que casi no la pasaba en casa. Sonrió ligeramente y ambos llevaron los platos a la cocina.
Y como cuando eran recién casados, Mikoto lavó los trastes mientras que Fugaku enjuagaba.
— Yo... — empezó a decir él, ante la mirada atenta de su esposa. —Cometí un error, Mikoto. ¿Tu crees que Sasuke me pueda perdonar? — él musitó, tras dejar el último plato en el escurridor.
— Sasuke-chan siempre ha sido un chico muy comprensivo. Estoy segura de que sí te perdonará, Fugaku.
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Su estómago sonó reclamando comida, pero no podría arriesgarse a toparse con su padre en el pasillo. Rebuscó en los cajones de su escritorio, tratando de encontrar algún dulce. Sólo encontró papeles y algunos lapiceros sin tinta. Suspiró en rendición y volvió a tumbarse sobre su cama. Tenía que entregar un par de tareas para el día siguiente, y agradeció ya tenerlas listas desde el día anterior. No tenía ganas de hacer nada en aquel momento.
Abrió su mochila para sacar su ipod y escuchar algo de música, y encontró el sándwich que su madre le había preparado aquella mañana. No lo había comido en el almuerzo porque no tenía hambre en ese momento. Le quitó la envoltura de plástico y empezó a comerlo en silencio.
Lo botó la envoltura en el tacho de su baño cuando terminó de comer, y regresó a su cama. Se sentó en el borde de ésta y se quitó el uniforme, tirándolo sobre su escritorio. Ya en su camiseta negra y boxers, se echó nuevamente.
Levantó su almohada para sacar una pequeña foto arrugada y se quedó observando el rostro sonriente de Sakura.
— Te quiero, maldita sea. Y fui un idiota al creer en la estúpida de Ami. Perdóname. Perdóname, por favor. — miraba con completo arrepentimiento los ojos alegres de la chica de la fotografía. — Te necesito. Soy un desastre pero te necesito, Sakura.
Sonrió casi imperceptiblemente al recordar el día en el que la conoció. Tal vez fue el escenario más cliché de todos, pero se acordaba perfectamente de lo que había sucedido como si hubiera ocurrido el día anterior.
— Había salido del camerino de hombres después del entrenamiento de fútbol. Estaba furioso porque habían puesto al imbécil de Neji como capitán y no a mí. Choqué contigo en el pasillo. Tenías muchos libros en tus escuálidos brazos y se cayeron todos al piso de manera escandalosa. En ese entonces solo te conocía como "la chica rara que siempre se junta con Yamanaka". Pero ese día, por fin supe tu nombre, al verlo escrito con un lapicero rojo sobre uno de tus libros. Murmuraste un "lo siento" y casi a regañadientes te ayudé a recoger tus libros. Solo te dije que tuvieses más cuidado la próxima vez.
Dejó la fotografía nuevamente bajo su almohada y cerró los ojos.
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Esquina del vocabulario de Hatsumi:
*Bento: Es una porción de comida para llevar o comida casera común en la cocina japonesa, servida usualmente en cajas de madera.
*Skittles: Caramelos masticables originalmente británicos.
*Instagram: Red social y aplicación para compartir fotos y videos.
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2 de agosto del 2015
Espero que les haya gustado. Nos leemos en dos semanas.
Hats
