Capítulo 11: Encontrando a quien buscábamos

Arthur miraba a los tres nórdicos frente a él, estático. Sentía un vacío en su abdomen que crecía y decrecía sin cuidado. Sus manos vacías en menos de un segundo se volvieron en puños. Un impulso incontrolable. Feliciano fue forzado a soltar sus armas junto con Ludwig. Pudieron comprender que todavía no todo el poder y la ventaja eran suyas como lo habían pensado.

Pero ellos, los de la otra dimensión, no estaban dispuestos a rendirse. Porque venir de un lugar tan distinto como Second Parallel, era lo mismo que venir de un lugar donde las cosas siempre son todo o nada. Y ellos no creían que este caso fuera una excepción, no dejarían vivos a sus enemigos, la energía de esos cuerpos sería toda suya y no dejarían ni una gota. Costara lo que costara, se apoderarían de este mundo por completo y detendrían a sus oponentes.

También lo pensaba así Alfred, que en ese juego se había planteado la meta de que no podía perder. Estaba decidido a matar de una vez por todas a Canadá, sin miramientos.

Los cuatro latinos junto con el canadiense todavía se encontraban en el refugio olvidado de Estados Unidos. Todavía decidiéndose si salir de nuevo y moverse o quedarse ahí hasta que creyeran que fuese oportuno.

Subterráneo. El lugar era amplio y parecía que había sido desocupado hace algún tiempo puesto que no había muebles y casi todas las bodegas estaban vacías. Lo único que encontraron fueron lámparas con repuestos de baterías además de un par de cajas de herramientas de construcción y un botiquín. No había corriente eléctrica. Los doctores que antes atendieron a las naciones ya se habían marchado del lugar. Estaban en un salón muy amplio y largo, se instalaron en el extremo contrario a la puerta.

—Perú… —Llamó Costa Rica, sentada en el suelo al lado de Cuba y Canadá—. ¿Qué tanto hace con todos esos chunches?

El mencionado estaba en una esquina de la sala con una lámpara para iluminarse mejor al lado —había otra justo frente a sus compañeros—. Perú estaba sentado en el suelo y tenía alrededor algunas herramientas, metal y madera.

—Arreglo el hacha que encontramos antes de llegar aquí —respondió con simpleza sin voltear a ver a nadie.

Cuba decidió preguntar: —¿Arreglar?

—El agarre estaba dañado, trato de volverla útil para nosotros...

—Ahora que lo pienso —dijo México— Canadá, ¿por qué el gringo no tenía armas en este lugar? Más bien, ¿por qué está prácticamente vacío?

Canadá lo miró y respondió: —Poco antes de que todo este desastre comenzara hizo que fuera abandonado, creo que su jefe lo había mandado a hacer remodelaciones así que vació todas las salas, incluyendo las de armamento y víveres. Pero creo que al final abandonó el proyecto o lo pospuso, no lo sé.

Cuba suspiró pesadamente, cruzándose los brazos y dijo: —Y con todo este alboroto no podemos defendernos con un machete, un cuchillo de cortar carne y el hacha reconstruida de Perú.

—Ni modo, —expresó Costa Rica alzándose de hombros—. Al menos tenemos con qué defendernos, peor sería nada. ―Los demás asintieron― Y por cierto ¿dónde escondió a su oso Kumajiro, Canadá?

―Hice que una asistente de mi hermano se lo llevara a un albergue, ella está sana, no le pasará nada.

Y en ese momento se escuchó de Perú: —¡Listo! —Y después de apagar la lámpara que usó, volvió donde estaban sus compañeros para mostrar el arma acabada. Era un hacha común, sin embargo la madera del agarre estaba reconstruido con piezas de metal de alguna herramienta y en el extremo tenía un pico metálico hecha con algún material sobrante de metal. Perú utilizó cinta industrial para unirlo todo, parecía un desastre a simple vista pero era útil. Ahora uno más estaba armado. Costa Rica tenía el machete y México el cuchillo de cortar carne.

Antes de que alguno pudiera decir algo escucharon una voz desconocida que les dijo en sus cabezas: ―Están en peligro, entren al portal de inmediato. Los llevaré con sus compañeros. ―Sin más, la lámpara encendida empezó a parpadear un par de segundos antes de volverse una bola de fuego.

Las naciones presentes no sintieron más que miedo y preocupación. El fuego se expandía mas no sentían el calor. En el suelo se abría un agujero naranja con púrpura y las llamas lo bordeaban, todo resplandecía. Inconscientemente caminaron con lentitud, de espadas, hacia la salida del salón.

Estando casi a la mitad del salón volvieron a escuchar la voz en sus cabezas confundidas: ―Estoy de su lado. Me llamo Damyan y soy el representante de Bulgaria de Second Parallel. Matthew me pidió llevarlos donde están el resto de sus compañeros. ¡Entren ahora al portal!

Canadá reaccionó al escuchar el nombre de su contraparte y caminó directo al portal. Decidido. Sintió que Costa Rica lo tomó de su manga y le dijo con temor: ―¿De verdad piensa que es seguro? ―De Cuba se escuchó la pregunta: ―¿Cómo sabes que no es una trampa?

Canadá los miró y volvió a ver el portal, respondió: ―No lo sé, en realidad no estoy seguro por completo. Pero no siento maldad viniendo de este portal. No me da miedo.

¡Pero yo sí te daré miedo, bastardo!

Un vuelco en el estómago sintieron Canadá y sus compañeros. Voltearon a ver la entrada de la sala y ahí estaba Alfred. Con una expresión de odio que arruinaba el rostro ajeno. Sostenía fuertemente el bate de béisbol con clavos y estaba listo para lo que fuera. Caminaba a paso decidido hacia ellos.

Damyan les gritó: ―¡Al portal, ahora! ―Y eso fue suficiente para que pudieran reaccionar y correr al portal sin dudar. Alfred también reaccionó y empezó a correr detrás de ellos.

Cuba y Canadá fueron los primeros en saltar, seguidos de México y Costa Rica. Perú, aunque saltó casi al mismo tiempo que sus dos compañeros, no pudo evitar que Alfred lo tomara del brazo y lo llevara sin intención directo al portal.

Al abrir los ojos, los cinco estaban en la entrada de un gran hospital en territorio inglés. Las naciones se sintieron aliviados hasta cierto punto.

―Aquí debe ser, vamos. ―Susurró Canadá.

De inmediato se escuchó de Alfred: ―¡No tan rápido!― Quien dirigió un ataque hacia el canadiense. Este no tuvo tiempo de reaccionar y tuvo la suerte de que Perú y Costa Rica sí lo hicieran y juntos bloquearan el ataque con el bate de béisbol. México se les unió en última instancia y con el cuchillo cortó la mano que sostenía el bate, haciendo que Alfred lo soltara y cayera a un par de metros lejos. Alfred saltó hacia atrás y gruñó por su ataque frustrado, se mantuvo de pie y con lentitud, sin quitarle la mirada de odio a los presentes, fue por su arma.

―¡Aléjate, Alfred! ―Exclamó Perú.

—¿Y si no quiero qué? —Dijo fastidiado mientras alzaba su bate lleno de clavos—. Ustedes, par de inútiles, no son nada comparados conmigo.

—Entonces seremos algo si eso quiere —respondió Costa Rica con determinación, alzando en sus manos el machete que había logrado llevar todo ese tiempo. Perú asintió y levantó el hacha, de modo ofensivo. Costa Rica le gritó a Cuba, sin perder el contacto visual con Alfred―: ¡Cuba, México, ayuden a Canadá a llegar con los demás!

Los tres corrieron hacia el hospital sin decir nada, esperando que sus compañeros no fueran tan perjudicados. La pareja de latinos se quedó a enfrentar a Alfred y aunque sabían que perderían, tenían la fe que les daría tiempo suficiente a Canadá y sus compañeros. Ambos darían lo mejor de sí mismos.

Matthew y Francis habían optado por ir al hospital más cercano. El lugar en general estaba básicamente vacío, la tarde había llegado. Y debían reponerse un poco, al menos las ex naciones. Y así lo hicieron, no les negaron la entrada e hicieron que lograran vaciar una gran habitación completa sólo para ellos. Algo bueno traía consigo que los hospitales fueran una especie de refugio para los que todavía mantenían la cordura en ese creciente caos social. Enviaron a Finlandia a rechazar cualquier tratamiento médico e intervención si escuchaban alborotos, si ocurría algo un civil podría convertirse en un inconveniente, además de que no había mucho que estos pudieran hacer por las naciones.

Damyan había hecho llegar a Rusia para darles apoyo, también por petición de Matthew. China no apareció puesto que estaba debilitado así que le pidió a Damyan que tomara la energía que podía de su cuerpo ―la cual, no era excesiva pero sí notable, puesto que su debilidad era más física que mental y espiritual― para que ayudara al resto. Él aceptó y envió esa energía extra a Adam.

Inglaterra estaba cada vez más débil, lo único que lo estaba manteniendo despierto era la energía que Adam le enviaba y a duras penas podía fingir que sólo estaba cansado. Y aún así, no dudó en tratar de ayudar a su hermano, sabiendo que Adam ya hacía mucho y no podía sobre exigirse. Esto produjo una discusión entre todos. El enojo más fuerte provino de Estados Unidos y Alemania.

―Estás loco, ―decía el menor al encararlo con enorme preocupación y enojo―. ¡Si haces eso te puedes matar!

―¡Piensa razonablemente! ―Lo apoyaba Alemania con el ceño fruncido―. No tomes tu vida a la ligera.

Pero Inglaterra se defendió a como pudo, tan testarudo como siempre: ―¡Es mi hermano el que se puede morir aquí! Escocia es un imbécil pero no dejaré que se muera. ¡¿Acaso no harían eso por Prusia o Canadá?!

―¡Ese no es el punto! ―Le gritaron ambos.

―Inglaterra, ―lo llamó Japón―. Piense mejor las cosas, no tiene que apresurarse y tomar una mala decisión.

Antes de que pudiera contestar, Romano se atrevió a seguir regañándolo: ―¡Maldición! ¡Entonces haz lo que quieras pero no seas un maldito idiota y piensa en cómo lo vas a hacer porque sabes a la perfección que te necesitamos para luchar, imbécil!

―¿Por quién me estás tomando? ―Le reprochó Inglaterra con enojo y el italiano simplemente le contestó: ―Sólo mírate nada más.

El resto guardó silencio. Todos estaban preocupados y muy estresados pero Romano tenía razón. Inglaterra estaba muy debilitado y él era tan terco que no le importaba su propia vida. Rusia, quien sin borrar su sonrisa típica, se acercó a decirle: ―Da, si te mueres nuestras probabilidades de morir serán mucho mayores, así que serías un completo tonto si haces lo que planeabas hacer.

Inglaterra se estremeció ante ello. Sintió la mirada violeta del ruso penetrar su alma. ¿Cómo supo lo que quería hacer? Ni idea, pero ya no perdería más el tiempo. Aunque prefería usar toda su energía restante para salvar a su hermano y morir haciéndolo que dejar que este, o cualquiera de sus compañeros, muriera sabía que Rusia tenía razón...como el resto. Y con el ceño fruncido respondió resignado:

―Está bien. No son necesarios más sermones.

Dicho esto fue a la cama donde yacía su hermano. Mirándolo con impotencia, apretaba sus puños, lleno de desesperación. China estuvo a punto de decir algo, mas fue interrumpido por alguien llegar. Era Finlandia, no había pasado ni cinco minutos desde que se había ido.

―Al fin nos dejarán en paz por todo esto ―anunció y luego sacó de su bolcillo un pequeño frasco con algo rojizo dentro y se la tendió a Inglaterra, con una leve sonrisa―. Olvidé que traía esto conmigo, toma.

Este preguntó: ―¿Qué es eso?

Vee , parece medicina fea ―mencionó el menor de los italianos abrazando el brazo de su hermano.

Finlandia respondió: ―Esta es una pócima que tus hermanos y los demás nórdicos hicieron. Gales logró lanzármela antes de escapar del lugar…

―Es… ¿Es en serio? ―Mirando el frasco, preguntó titubeante, aquello era una gran noticia.

―Sí, pero el problema es que le falta un conjuro para que pueda ser efectivo.

―Puede que no sepa cuál usar pero sí sé cuál puede ser casi igual de efectivo ―dijo al examinarlo, aliviado, había valido la pena escuchar a sus compañeros―. Muchas gracias, Finlandia.

Una frase en un idioma desconocido bastó para poder darle la pócima a Escocia. Inglaterra se sintió feliz, dos de sus hermanos ya estaban bien y él…no tanto.

Francis y Matthew se alarmaron de repente, colocándose en guardia se dirigieron hacia la puerta, ordenándoles a todos alejarse. Esto provocó preocupación en los demás. Los dos franco parlantes se hicieron al lado y frente de la puerta. Ambos escucharon y sintieron algo provenir de afuera, algo rápido y agitado. Algo que se dirigía hacia ellos. Todos respiraban tensión y miedo. Sus corazones palpitaban fuertemente mientras trataban de mantener la calma. La puerta se abrió de golpe y tanto Francis como Matthew casi atacan. Sin embargo no fue necesario; se trataba de una falsa alarma solamente.

Estados Unidos gritó de emoción al ver a una de las tres naciones que aparecieron frente a ellos.

My brother! ―decía abrazando a su gemelo.

La alegría y tranquilidad los invadió. Al fin aparecía el canadiense, junto con México y Cuba quienes estaban más que exhaustos, los tres habían corrido por varios pasillos antes de dar con el canadiense. Alivio sentía Estados Unidos sin separarse de su hermano menor, él estaba bien. Canadá también estaba feliz y agradecido, Damyan de verdad los había enviado con su hermano y sus amigos.

Alemania, acercándose a Cuba para ayudarlo a recuperarse, preguntó: ―¿Cómo nos encontraron?

Los italianos ayudaron a México. Japón cerró la puerta nuevamente y el resto sólo esperaban pacientemente que el trío se recuperara y les dieran la información necesaria. El latino habló con seriedad: ―Fue algo complicado escapar. Pero cuando ese Damyan nos trajo aquí supimos que ustedes de verdad estaban aquí y vinimos a buscarlos.

―Pero hay un problema ―articuló México― Alfred logró atravesar ese portal para seguirnos, aunque no específicamente nos quiere a nosotros dos.

―Él quiere asesinarme ―admitió Canadá mirando a su hermano.

Todos abrieron los ojos, abatidos. Inglaterra mantuvo silencio, estando al lado de sus hermanos quienes dormían con tranquilidad. Adam se quedó con él y de vez en cuando le daba una mirada de soslayo, inquietado por el comportamiento del inglés. Rusia le preguntó a Canadá el motivo de parecer casi una muñeca de trapo. México les explicó que su nuevo hermano se desquitó contra el canadiense y que cuando el resto de naciones se revelaron comenzó una cacería para encontrar y aniquilar a Canadá.

Cuba terminó de decir que no les quedaba mucho tiempo, Alfred era mucho más fuerte que antes y que posiblemente ya haya logrado derrotar a Perú y Costa Rica.

―¡¿Esos dos?! ―Exclamó Matthew―. ¿Intentan suicidarse?

―Entonces obtuvo a casi toda América ―dijo Francis con fastidio.

Estados Unido cuestionó: ―¿Eso qué tiene que ver?

Francis lo miró mientras se cruzaba de brazos: ―Los volvió colonias, ¿no?

―Así es ―respondió México.

―Entonces es por eso que todos son mucho más fuertes ―le respondió con simpleza.

Matthew terminó de explicar: ―Recuerda, sus contrapartes no sólo absorbieron la energía de quienes reemplazaron, sino que también lo hacen a sus colonias.

La impotencia y la desesperación no tardó en llegarles a las ex naciones. Cada uno sumido en sus pensamientos mantenía un silencio sepulcral. Adam se sentía un poco débil y puede que no haya tenido que luchar, pero su energía se drenaba como el agua. Todo su poder lo convertía en fuerza y energía para las ex naciones presentes, los hermanos de Inglaterra e incluso para Canadá.

No tardó mucho ese silencio, pues en menos de un minuto Estados Unidos sintió un pequeño colapso, se apoyó en el hombro de Japón por un momento, mareado. Este, junto con Canadá, le preguntaron con cierta preocupación el motivo de su mareo, él respondió que no se sentía bien, como si algo hubiera presionado su pecho fuertemente. Al escucharlo Francis se dirigió a Adam, quien seguía en el fondo de la habitación: ―Adam, ya no me des más energía, guárdatela.

En eso Matthew le siguió la idea: ―A mí tampoco me des más energía.

Alemania los miró con seriedad y con un mal presentimiento en su interior. Veneciano se atrevió a preguntar: ―¿Qu-Qué es lo que sucede?

―¡Problemas! ―Exclamó Matthew antes de que en la habitación retumbara el ruido de la puerta ser derribada por un golpe contundente.

Japón y Alemania llevaron a los gemelos norteamericanos hacia el otro extremo de la habitación. Romano reaccionó haciéndose hacia atrás junto con su hermano oculto en su espalda. Matthew y Francis fruncieron el ceño, dando un par de pasos hacia la entrada frente al invasor sacaron sus armas. Rusia caminó con ellos y sacó su tubería. El canadiense dijo con una pequeña sonrisa burlona:

―Oh ¿sabías que el castaño no te queda bien, Alfred?

El mencionado respondió con fastidio: ―Shut the fuck up, brother.

La sonrisa del canadiense se ensanchó. Alfred mostraba una expresión de odio, rencor y fastidio. Su ropa estaba cubierta de sangre, sangre más ajena que propia.

Adam, por otro lado, estaba molesto con todo lo que le rodeaba. Maldecía por dentro a sus compañeros, maldecía la enorme cantidad de energía que debía controlar al mismo tiempo, se maldecía a sí mismo y sobre todo, maldecía a Inglaterra por desmayarse junto con sus hermanos.

...


Chunches: Modismo costarricense para referirse a "cosas".

Gringo: Apodo para referirse a los estadounidenses. Utilizado por varios países.

Da: Sí.

My brother!: ¡Mi hermano!

Shut the fuck up: Expresión grosera para decir algo más o menos así: Cierra la maldita boca. / Cállate con un demonio. Así que Alfred diría algo más o menos así: Cierra la maldita boca, hermano.

Notas: Algo que olvidé mencionar antes: Aunque los usuarios tengan intención y la ubicación exacta de un lugar, el transporte por medio de portales no es exacto siempre. En la primera parte los de 2P sí aparecieron exactamente donde estaban sus contrarios ―excepto por Lovino, pero fue por decisión propia llegar con su hermano― y esto fue producto del mismo conjuro preestablecido de Arthur. Es por eso que ahora aparecen cerca del lugar deseado, no en el lugar en sí. Y los compañeros de Arthur aparecieron con los hermanos de Inglaterra de la misma manera, cerca de la casa pero no en la misma.

Recuerden que el crédito no es del todo mío, denle gracias a NyoRusJap2P por hacer un gran trabajo escribiendo conmigo esta historia. Su enlace está en mi perfil.

Me disculpo seriamente por la tardanza en actualizar. Dos años no tienen perdón, eso lo sé. Y de todas formas aquí está la actualización, he de decir que me he prometido completar este fic este año y estoy empeñada en hacerlo, sin embargo, gracias a la Universidad sólo podré actualizar cada dos o tres semanas. De hecho le hice algunos ajustes y pequeños fallos esparcidos para poder continuarlo con total fluidez. Y sólo estoy enfocándome con este fic y con "Fobia: ciNofobia" por el momento. Muchas gracias por su atención y lectura, queridos y queridas. Se les quiere montones. ¡Chao, hasta la próxima!