Como si pudiera decirte que no

Capítulo XI

"Puesta de sol en Balamb"

El océano reflejaba fuertes rayos de luz, creando una mezcla hipnotizante de azules, verdes y blancos sobre la superficie del agua. No había nubes en el cielo, por lo que el Sol del mediodía entibiaba la piel y el corazón con toda su fuerza, brillante y eterno, como un dulce recuerdo de la infancia.

Zell cerró los ojos, sintió el calor de los rayos solares sobre su piel. Respiró hondo, inhalando lentamente y disfrutando, ése momento.

Él amaba tanto su adorada Balamb. Allí se había criado, allí guardaba todos sus tesoros y recuerdos, allí tenía su casa, a su Má y las últimas memorias con su padre adoptivo y su querido abuelo. Amaba viajar, pero siempre soñó con vivir en la tranquila ciudad costera y, claro está, trabajar en el Jardín. Pretendía morir mirando una de las famosas puestas de sol de Balamb.

"Hoy es un día maravilloso." lo despertó una suave voz femenina a su lado. Selphie tenía sus ojos fijos en el firmamento. "Es uno de esos día que hacen que uno agradezca estar vivo." agregó.

La luz hacía juegos con el color esmeralda de sus iris, mostrándole al joven luchador, facetas ocultas y hermosas de ellos. Apretó levemente la blanquecina mano que sostenía y le sonrió dulcemente.

"Ahora es el momento... Selphie…" comenzó el joven. Inhaló hondo y prosiguió "tengo algo… muy importante que decirte…" su respiración se agitó levemente.

Tenía miedo, sabía que ella podía, simplemente, rechazarlo; sin embargo, en su pecho sentía que tenía que decírselo. Tenía que poder hacerlo.

"¿Por qué está tan serio de golpe? Sin miedo. No me temas, por favor, Zelly, sabes que puedes decirme lo que sea. ¿Por qué… mi corazón late tan fuerte?" afirmó la muchacha, haciendo esfuerzos inhumanos para que su voz no temblara. "Tienes que estar calmada, relajada, Tilmitt. No hagas suposiciones y… uhhn, que hermosos ojos que tiene… ¡Contrólate, cerebro!"

"Sí, lo sé." le dedicó una sonrisa tierna. Se rascó la nuca nerviosamente y prosiguió. "Esto… es muy, muy importante para mí que lo sepas. Verás…"

Un corto y agudo grito lo interrumpió. Ambos giraron a la velocidad del rayo, para ver a un niño de unos 10 años en el suelo, con una patineta a su lado. Corrieron tan rápido como se los permitían sus piernas, por supuesto, Zell llegó primero.

"¡Yoru! ¿Estás bien? ¡Responde, Yoru!" lo palmeó levemente en la cara, pero el chico no hacia el menor movimiento. Fue entonces que Selphie apareció.

"¡Cura!" exclamó, y una lluvia de partículas luminosas cayó sobre el chico.

Éste abrió los ojos y se puso de pie de un salto, más vívido que nunca.

"¡Uaaa! ¡Eso era magia! ¿Por qué nunca la usaste conmigo, Zeta?" preguntó, haciendo un mohín.

"¡Yoru! ¡Estás bien!" exclamó el rubio, aún arrodillado. Luego, se paró y tomó al chico por el hombro "¡Nunca, y cuando digo nunca es NUNCA, vuelvas a andar en skate sin casco! ¿Me oíste?"

"¡Yaaa, Zeta! No exageres… estaba fingiendo para que usaras Cura en mí. ¡Traidor, dijiste que cuando fueras SeeD me mostrarías magia de verdad!"

Zell apretaba los puños y los dientes. Estaba rojo de enojo y a punto de estallar, pero una risa detrás de él lo obligó a girarse. Selphie estaba descostillándose a carcajadas, tanto así, que unas lágrimas cristalinas caían por sus mejillas. Ambos chicos se la quedaron mirando perplejos. Cuando la morena pudo contenerse y finalmente hablar, dijo:

"Zelly, eres tan dulce."

Ambos varones se miraron, preguntándose qué le pasaba. Ella sólo sonrió, abrazó a su amigo y le dio un beso en la mejilla.

"Iré a visitar a tu Ma. Le prometí que iría a verla un día que estuviera en Balamb. ¡Adiós, Zelly, adiós, Yoru!" exclamó, saludándolos con la mano, mientras se alejaba de ellos, dirigiéndose a la casa de su amigo.

"Tu novia es rara, Zeta." afirmó Yoru, mientras recogía su skate.

"¿N-n-n-n-noo-no-novi-…a?" tartamudeó tontamente Zell, mientras se sostenía la mejilla con una mano que temblaba tanto como el resto de su cuerpo.

"Esa chica… ¿no era tu novia?" preguntó con una sonrisa pícara "¿Por qué te besó, eh, 'Zelly'?" dijo, con una fingida voz de chica, el apodo del joven rubio, tomándose la molestia de enfatizar cada sílaba.

Luego simuló besar a una persona invisible con mucho entusiasmo. El artista marcial respiró hondo y sonrió maliciosamente.

"¿Realmente quieres saber?" inquirió, acercándose peligrosamente al curioso y astuto skater.

"Uh-oh…" musitó y se largó a correr, seguido por su amigo, que lo atrapó del cuello de su camisa a los pocos pasos y empezó a frotar con fuerza su puño contra la cabeza pelirroja de su antiguo vecino.

"¿Ves lo que les pasa a los curiosos y a los burlones?" preguntó retóricamente riendo, mientras le daba un coscorrón.

"¡Vamos, Zeta, déjame ir!" soltó el más joven, forcejeando entre risas.

"Zell, hijo mío, ¿no estás grandecito para esas escenas?" preguntó una señora de aspecto amable, detrás de él, asomada a la puerta de su casa.

"¡Ma!" exclamó alegremente, dejando ir a su 'víctima' para saltar a brazos de su madre adoptiva.

"¡Hola, señora Dincht!" saludó el pelirrojo, frotándose la cabeza y el cuello. Luego recuperó su patineta del suelo y se despidió. "¡Adiós, señora D! ¡Nos vemos, Zeta, saluda a tu novia de mi parte!"

"¡Oye!" fue todo lo que logró responder Zell ante su broma. "Ya verás luego, rapaz" murmuró el joven, mientras giraba hacia su madre, quien le dedicó una sonrisa pícara, que rápidamente cubrió con su mano. "¿Ma, sucede algo?" la mujer ahogó una risita y negó con la cabeza.

"Para nada, hijo. Ven, pasa; dejé a la pobre Selphie tomando el té, mientras veía a qué se debía todo ése escándalo. Aunque…" Frunció el entrecejo en broma, y agregó "… la muy pillina no me dijo que habías venido con ella." Sonrió abiertamente y concluyó "Me alegra mucho recibir éstas sorpresas, hijo mío."

Zell no pareció notar el detalle, así que sólo abrazó a su madre sonriendo como un niño que vuelve de un campamento.

Cuando entró a su casa se alegró de encontrar todo igual. Mismos cuadros; misma cocina; misma alfombra; mismas manchas en la pared; mismas fotos en ése mueble cuyo nombre no recordaba, ni le interesaba en ése momento…

"Estoy haciendo un pastel, así que ve a hablar con ella mientras lo termino, querido." El muchacho asintió, sonriéndose.

"Balamb, nunca cambias…" siguió avanzando hasta la sala de estar, donde la maestra del nunchaku lo esperaba sentada en el piso, leyendo una revista vieja de Timber Maniacs, frente una mesa baja. Un pocillo de porcelana vacío descansaba sobre el pulcro mantel.

Levantó la mirada y reconoció a quien acababa de entrar. Le sonrió y dejó la revista a un lado.

"Nunca me cansó de leer los artículos del Señor Laguna." Afirmó, mordiéndose levemente el labio inferior y desviando la mirada.

El joven luchador se sentó a su lado, sobre un almohadón que descansaba sobre la gastada alfombra.

"Afortunadamente, ése tipo vive en Esthar y tiene 20 años más que nosotros, sino, su cara ya sería historia… Nunca he leído nada de él, excepto lo que comentas en tu sitio Web del Comité del Festival Estudiantil." Los ojos verdes que lo observaban fijamente se abrieron, llenos de asombro y chispeantes de felicidad.

"¿Realmente visitaste mi sitio? ¿Y leíste los artículos? Para ser honesta, no creí que nadie leyera esas cosas. Las escribí por diversión, pero él… Zelly…" una sonrisa se abrió paso en sus rojizos labios, iluminando su pálido rostro.

"¡Claro que sí, Selph! Sabes bien que me importa todo lo que haces… más que nada, cuando te desvistes o te vas a bañar…Hyne, ya parezco Irvine; creo que voy a enfermar…" un gesto de dolor apareció en su cara, pero lo reemplazó rápidamente por una sonrisa. Luego, agregó "¿Por qué te extraña tanto?"

"Bueno… quizás, tiene que ver con que te perseguí, te corrí y te acosé por todo el salón durante nuestra graduación; prácticamente, implorándote para que te unieras al Festival Estudiantil, lo cual, finalmente, nunca hiciste. Sin contar el millón de veces más que te pedí que lo hicieras. ¡Incluso te compré un hot dog! Pero aún no te haz unido; por lo que me hice a la idea de que no tienes el más mínimo interés en el Festival. Quizás sea eso…" concluyó, frunciendo el entrecejo, gesto que rara vez la joven guerrera mostraba.

El artista marcial tragó saliva y rogó en silencio que ella no estuviera realmente enojada. Bajó la mirada y, al instante la subió, fijando sus ojos color cielo en los verde esmeralda de ella, con una expresión de cachorro triste que derretiría hasta el corazón de la cruel Bruja Adel… si es que había tenido uno…

"Lo siento, Selph, ¿me perdonas?" preguntó fingiendo inocencia, coronando su acto con un ligero pucherito.

Ahora fue Selphie quien tragó saliva. Cerró los ojos y luchó consigo misma por mantener una expresión neutra en su níveo semblante.

"Eres… un manipulador, Zell Dincht. Uno demasiado magnífico para ser ignorado… Hyne, ¿a quién quiero engañar? ¡Quiero abrazarte y besarte hasta dejarte sin aire!" abrió los ojos y lo miró, con lo que parecía ser una determinación absoluta. Una sonrisa fue formándose en su rostro, hasta alcanzar niveles increíbles para estar ella 'enojada', como se supone que lo estaba. "¡Ven aquí, Zelly-pooh!" exclamó, saltando hacia él, olvidándose de cualquier cosa que existía en el resto del mundo, incluyendo a la pobre taza de cerámica, que rodó sobre la mesa cuando la cadera de la joven se golpeó sobre ella.

Los delgados brazos de la muchacha rodearon el muscular cuello del artista marcial. Lamentablemente, esto sucedió antes de que él pudiera coordinar el resto de su cuerpo, por lo que, en su intento de atajarla (para que no se cayeran y siguieran rompiendo cosas o a ellos mismos), su mano acabó en… sí, exactamente, en uno de sus senos.

Rojizo. Colorado. Granate. Carmesí. Bermellón. Escarlata. Ninguno de estos tonos de rojo podría describir el profundo color que habían tomado las mejillas de los jóvenes.

Zell, finalmente había perdido el equilibrio, por lo que Selphie aterrizó sobre él. Su mano enguantada no había cambiado de lugar.

"Selphie… lo-lo sien-siento… OhporHyneohporHyneohporHyne, ¿¡qué hago!?" en un nervioso intento por retirar su mano, solo logró friccionar más el objeto de su deseo y, a su vez, bochorno.

Las piernas de ambos SeeDs habían quedado atoradas de formar tal, que no podían levantarse cómodamente. El pequeño espacio en el que estaban tampoco lo hacía fácil.

"OhporHyneohporHyneohporHyneohporHyne, ¿qué hago? ¿¡Qué hago!? ¿¡Qué hago!? Zell… esto es incómodo… Muy bien, Tilmitt, haz más claro lo evidente." La joven se pateó mentalmente por su soso comentario. Respiró hondo y estaba a punto de agregar algo que consideró más inteligente, cuando…

"Oh, lamento interrumpir, pero les traía el pastel. Creo que iré a lo de una amiga a ofrecerle un poco. ¡Pásenla bien, chicos!" La señora Dintch sólo dio un giro de 180º sobre sus talones y se retiró, cubriendo una risita pícara con su delantal.

Un silencio de tumba se apropió del lugar.

"… no podré volver a ver a tu madre a la cara…" murmuró la joven.

Sus miradas se cruzaron. Segundos después, ambos estaban prácticamente llorando de la risa, si bien se hacía complicado debido a la inconfortable situación.

Debido al movimiento que provocaban sus carcajadas, la diestra del luchador de artes marciales comenzó a presionar, aunque inconcientemente, con mayor entusiasmo el pecho de su amiga, lo cual, en un principio pasó desapercibido, pero luego se hizo más evidente y el asunto fue poniéndose más tenso.

Selphie jamás fue ni será la joven más frígida de la tierra. Siendo la ingenuidad y la sensibilidad tan características en ella (aunque nunca lo fuera a admitir), la más mínima muestra de sentimientos hacía que su corazón se sobresaltara y que su imaginación volara, dándole pie para imaginar su propio 'cuento de hadas'.

Estando encima de ése chico que era tan especial para ella (aunque en una situación incómoda y embarazosa), y siendo la posición y el contacto tan íntimos… sencillamente, su corazón dio un vuelco y su estómago se hizo un nudo.

Sus rostros estaban a milímetros y sus latidos martillaban de forma tan enérgica y coordinada… milímetro a milímetro, suspiro a suspiro, se acercaban cada vez más…

Zell nunca fue la clase de persona que oculta sus emociones. Ninguna. Ni siquiera cuando era estrictamente necesario. Por lo que su 'emoción' se hizo más que evidente, a pesar de hacer esfuerzos sobrehumanos para contenerse.

La joven guerrera se levantó de golpe, sosteniéndose con sus brazos. El rubio rogaba porque lo tragara la tierra. Ella le sonrió. Era una sonrisa tímida.

"Zelly… Qué incómodo, qué incómodo, ¿qué le digo? ¡Di algo, yo! Vamos, sonido, sal de mi boca… ¡Algo! ...ve-veo que encendiste tu Lagunamov… ¡Ésta noche no comes postre, Tilmitt! ¡Acabas de decir lo más estúpido de tu vida! ¿no puedes cerrar la boca?" la joven se pateó, se escupió y se guillotinó mentalmente.

El artista marcial estaba pálido. Tragó saliva, pero su garganta estaba seca, así que fue como tragar una lija.

"Lo… siento. No debí… haber dicho… eso." La morena se levantó dificultosamente, más que nada por el bochorno que sentía, y le ofreció la mano a su amigo para ayudarlo a levantarse. Él la tomó.

"No… te preocupes…" Zell se levantó, tratando de ocultar su incomodidad tanto como podía, sin éxito. "Voy a… eh…" el rojo intenso no dejó su rostro un solo momento.

"¿Ah qué?" preguntó tontamente la muchacha. Sus ojos verdes se abrieron, comprendiendo la situación. Un rubor carmesí le cubrió hasta las orejas. "¡Ah! ¡Ve! ¡Sí, lo siento! ¡Lo siento, ve, por favor!" más avergonzada que nunca, trató de hacer una oración decente, pero sólo surgieron exclamaciones, rápidas y con voz temblorosa, resultado de su nerviosismo y toda la situación en la que estaba atorada.

Zell corrió escaleras arriba, sin poder mirar atrás. Todo su rostro, sus orejas y su cuello estaban tan rojos como una de las Llamas del Infierno de Ifrit.

"¿Qué rayos se supone que haga ahora?" se preguntó a sí mismo, una vez que se había encerrado en el baño. Bajó la mirada. "Además,… ella debe creer que soy sólo un idiota que busca meterse en sus pantalones… Mierda. En lo de 'idiota' puede que tenga un poco de razón, pero en lo demás no…"

Mientras tanto, en la sala de estar, Selphie acomodaba frenéticamente cuanta cosa parecía estar fuera de lugar.

"Rayos, rayos, rayos… él debe creer que soy una niñata tonta… y puede ser que a veces actúe así, pero, ¡Hyne!, trato de actuar acorde a mi edad, de veras que sí. No pueden culparme por asustarme un poco si estoy sobre un chico y de pronto… bueno, él… ¡eso!" se dijo a sí misma, en un intento desesperado de convencerse de ello, a la vez que alineaba por décimo séptima vez, la vieja edición de Timber Maniacs en el revistero con forma de chocobo que había en una esquina.

Pasaron algunos incómodos minutos, durante los cuales, ambos reflexionaron sobre lo sucedido y tomaron una determinación, cada uno por su lado.

"Decidido: No voy a decir nada. Voy a actuar tan sobriamente como me sea posible y voy a mostrarle que no soy una chiquilla tonta, sino una chica, ¡no! una joven, igual que todas las demás." Afirmó, mientras dejaba en paz la pobre revista, que tenía todo el borde dañado, después de ser removido y recolocado en su sitio, por trigésimo octava vez consecutiva.

"Decidido: No voy a decir nada. Ella es una joven hermosa y yo soy un chico… emocionable. No es mi culpa, soy un humano, así que actuaré como siempre. Normal, casual, genial. ¿Genial? ¡Genial!" Le aseguró al espejo, mudo testigo de su monólogo, y bajó casi trotando las escaleras.

Una vez fuera de la casa, Zell quiso hacerle una broma a su amiga, pues habían estado muy callados desde el incidente.

"Éste silencio es demasiado incómodo, debo decir algo… ¡Lo tengo! ¡Humor, una broma! Dime, Selph, ¿te invité a un paseo o a un helado? Mmm, no estoy seguro…" dijo, haciéndose el pensativo, mientras cerraba con llave la puerta de su hogar.

"Soy una joven, una adolescente, no una chiquilla…Oh, vamos, ¡dijiste que me invitabas un helado!" a la vez que golpeaba suavemente el musculoso brazo de Zell.

"¡Con esa actitud, no te invitaré nada!" exclamó sacándole la legua, luego salió corriendo y riendo.

"¡Oye! ¡Te atraparé!" dijo la muchacha, siguiéndolo entre risas.

El artista marcial giró en la cerrada curva del Hotel de Balamb.

Siendo claramente más rápido que su amiga, decidió esperarla. Paró en seco y giró para ir a su encuentro, sin embargo, ella iba tan embalada que no pudo detenerse o esquivarlo y chocó de lleno contra él. Ésta vez pudo atraparla, pero ambos cayeron al suelo.

Zell sintió el delgado cuerpo de Selphie sobre él y apreció su cintura a través de sus brazos que la estrechaban con fuerza, negándose a dejarla ir.

Deja vú. ¿Dos veces en un día? El Destino, Hyne o quién sea, les estaba jugando una buena.

Cada uno se levantó por sus propios medios. Se sonrieron y sacudieron el polvo de sus ropas.

Repentinamente, Selphie capturo el cuello de la camisa del artista marcial y dijo, fingiendo una voz espectral.

"Dame mi helado o dejaré que Hyperion hable por mí." una inofensiva imitación de Seifer hizo que el muchacho rubio riera abiertamente.

Él aclaró su voz y dijo, fingiendo una voz afeminada y haciendo gestos acordes, se siguió el juego.

"¡Ay, no! ¡Ése helado de crema irá directo a mis muslos! ¡Mejor comamos agua congelada, que es muy chic y no le hará daño a Squally, que tiene intestinos delicados!"

Selphie simplemente se retorció a carcajadas, hasta que le dolió el estómago. Estaba literalmente, llorando de risa.

"¡Hyne!" una risotada, "¡Si Rinny…" más risas "…te escucha te sacará los…" carcajadas excesivamente convulsivas "…ojos!"

"Entonces… supongo que si te soborno con un helado triple con chispas de chocolate, olvidarás mi pequeña, mínima, minúscula falta, ¿verdad?" dijo el joven artista marcial, adornando pomposamente su discurso, incluso hizo una dramática inclinación.

Selphie fingió pensarlo, pero una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

"No. No lo olvidaré. Eso ha sido muy grosero… ¡y divertido! ¡Reiré por semanas cada vez que lo recuerde!" exclamó. Rápidamente, agregó. "Pero os haré el honor de acompañaros y aceptaré vuestra generosa oferta, Señor Zell." Concluyó su teatral frase con una inclinación y una risita.

"¿Ahora soy el 'Señor Zell', como tu adorado 'Señor Laguna' o algo?" preguntó, con cierta picardía, el rubio. Selphie trató de ocultar su sonrisa.

"No, tu no eres adorado, 'Señor Zell', tú eres am-… ¿realmente lo-?" la joven bajó la mirada un momento y, al instante, levantó sus ojos al cielo y sonrió abiertamente. "Sí, definitivamente. Zelly… yo te a-"

"¿Helado, Selph?" el azul cielo despertó al verde profundo y se cruzaron, intercambiando miradas intensas. El guerrero le estaba ofreciendo a su compañera el especial de la Casa del HeladO BalambianO o CHOBO, el principal y único bar de la ciudad de Balamb.

"…mo" concluyó su pensamiento en voz alta, sonriendo con toda su alegría a su amigo, quien la observó extrañado, pero igualmente le devolvió la sonrisa.

Ella tomó su postre, mientras el joven retiraba el suyo.

"Hace un día maravilloso, realmente…" ella asintió.

"¡Vamos a ver el mar, Zelly!" exclamó la joven, cuando, una vez terminado (o engullido) su postre, arrojó con total puntería su servilleta a un cesto de residuos próximo. "¡Selphie es la mejor!" se festejó a sí misma.

El rubio la observó fascinado, siendo ella tan natural e inocente… no podía evitarlo. Entonces se le ocurrió una idea. Emocionado, se puso de pie de un salto.

"Ven, te enseñaré mi lugar favorito, ¡es el mejor para ver puestas de sol!" afirmó el muchacho, tomando de la mano a su amiga, casi arrastrándola, con el fin de alcanzar el ocaso en su momento justo.

Se sentaron junto a la playa, lejos del olor a pescado del puerto.

La brisa marina le traía buenos recuerdos al luchador; memorias de su infancia y de su abuelo.

A la joven la relajaba y le hacía rememorar los viejos buenos tiempos en el orfanato; claro, los de ahora también eran buenos tiempos, pero Selphie tenía muy idolatrada su infancia y pretendía recordar tanto como pudiera de ella.

Rosa, amarillo, naranja, rojo… descendían rápidamente. El silencio sólo era interrumpido por el choque de las olas contra las rocas de la costa.

Sus ojos azules estaban perdidos en la 'caída' del gigante del Helio en el océano, por eso, no notó a su acompañante al llevar su mano al bolsillo de su vestido amarillo choboco, ni leer algo en su teléfono celular. Toda la alegría y la tranquilidad, parecieron abandonarla al examinar el mensaje que había recibido.

La calma del crepúsculo también fue interrumpida.

"Así que… te gusta una chica…" afirmó repentinamente.

"¡Ah! ¿Cómo lo…?" preguntó, casi cayendo hacia atrás. Sus ojos dejaron el espectáculo natural para encarar el teléfono de su amiga, de cuyo extremo colgaba un pequeño chocobo de peluche.

"Entonces, SÍ que le gusta alguien… significa que no tengo… ninguna oportunidad… Irvine." alegó la SeeD, mostrándole el mensaje que había recibido: '¡A Zell le gusta una chica! o ¡Pregúntale más! Pero sé buena con él P'

"En cuanto te vea, te sacaré la cola de caballo con mi Kiai, Irvine… bocón…" musitó, a la vez que apretaba los puños sobre sus muslos y bajaba la mirada.

"¿No querías… contarme?" Selphie se mostró un poco triste. "No solamente vengo a enterarme de que no le gusto en lo más mínimo, sino también que no confía en mí." Pensó, castigándose con cada palabra.

"N…no, qué va. Es sólo que… tengo miedo de decirte lo que en realidad siento por ti…no lo soportaría… no soportaría perderte…" el joven practicante de artes marciales no sabía que responder.

"Creí… que confiabas en mí…" sus párpados se cerraron de golpe.

Al abrirse nuevamente sus pestañas, el verde esmeralda de sus ojos brilló aún más con las recientemente formadas lágrimas, que reflejaban el arco iris de naranjas del atardecer.

"Selphie, no llores, por favor…" la abrazó y secó sus lágrimas con sus dedos

"Sabes que odio verte triste." suspiró y luego dijo, aún estrechándola en sus brazos. "No quise decirte nada porque no sé si t-… ella… corresponde mis sentimientos... no podría soportar otro rechazo… y decirte todo esto a ti, entre todas las personas… sentí que sería hacerse muchas ilusiones." bajó la mirada y suspiró de nuevo, ésta vez, más profundamente.

"¿Cómo puedes decir eso? Si, tú, Zell… eres la persona más maravillosa que conozco. Estoy… segura de que esa… chica afortunada, corresponde tus sentimientos, ¡y si no lo hace es una tonta! Eres demasiado valioso para ser despreciado tan fácilmente…" afirmó, tanto como pudo, con su voz entrecortada y ahogada por el llanto.

"No… no lo creo… ella es… demasiado fantástica para mí… Demasiado… perfecta." Dijo, sencillamente, mirando a la joven que lloraba en su hombro con unos dulces ojos, llenos de amor y ternura. Quizás no podía tenerla como novia, besarla y estar siempre con ella, pero cuanto estuviera en su mano hacer para que ella fuera feliz, él lo haría. Abrazó a la, ahora frágil, maestra del nunchaku más estrechamente, acercándola a su pecho. "Te amo demasiado, Selph, más de lo que puedo expresar."

"Zelly… te amo tanto…que siento que mi corazón va a estallar, pero…" suspiró y dejó, finalmente, de llorar. Se alejó un poco de él y secó sus lágrimas con las palmas de sus manos. Sin demora, puso sus brazos alrededor del cuello del rubio y besó su frente. "…al menos, quiero llevarme este pequeño regalo conmigo…Lo siento, si tu chica nos ve, va a pensar algo raro. Ven vamos a casa." se levantó y le tendió la mano con una leve, pero tierna sonrisa.

Él aceptó, una vez más, su mano y la mantuvo apretada en la suya.

A medida que se alejaban de Balamb y se adentraban en campo abierto, el viento fresco se intensificaba, obligando a los jóvenes a estrecharse el uno en el otro.

Mientras andaban, el sol daba sus últimos rayos del día, para acabar de desaparecer en las aguas profundas y tormentosas del océano.

El azul petróleo tomó posesión del cielo y millones de estrellas empezaron a mostrar su luz, iluminando el camino de ambos SeeDs.

-o-

¡Perdón! ¡Mil millones de perdones por tardar tanto! Espero que éste capítulo valga mi disculpa.

Sacando el título y mi comentario final, son 4071 palabras. :Exodya cae inconciente:

:Aparece Squall de la nada:

¿Por qué tengo que hacer esto?

:Irvine se le acerca y le murmura algo en el oído:

Ah… cierto…

: el vaquero les dedica una sonrisa ganadora a sus fans ; ) y luego se retira sin más:

Ahem, debido al actual estado de inconciencia de ésta pobre intento de escritora :pone los ojos en blanco: yo debo terminar el comentario final… maldita sea… ah… bueno, el plan nº 0115-789-A22 o… "Romántico amorcito de amigos tiernos, completamente adorables y…"

:Gira hacia un lado: ¡Rinoa! ¿Por qué le pusiste un nombre tan cursi? :un zapato vuela hacia su cabeza, pero logra esquivarlo: Olvídalo…

:Silencio: Al diablo, no seguiré con esta idiotez… :se va: