Como es costumbre, hetalia no me pertenece.

Gracias por esperar y comentar, disfruten.

Advertencia: Violencia.


Autumn Nights

Capitulo 11.

Segunda parte.

Voy a morir, eso pasaba por mi mente, voy a morir y nadie me va a salvar, Cerbero había huido, alejándose de mí, retorciéndose de mi agarre y huyendo. Basilio no le prestó atención cuando se alejó hacia donde estaba François.

Basilio seguía de pie, allí, frente a mí.

Una enorme sombra salía de su espalda, llegaba hasta la pared y el techo y cuando suspire temblorosamente vi mi aliento. Vi mi aliento.

No, mi señor…mi señor... –Rogó François verdaderamente asustado, casi suplicante. Yo lo vi y luego mire a Basilio que no había cambiado en nada, nada. Me seguía observando con sus ojos completamente negros y profundos.

Voy a morir.

Me distinguió con los ojos bien abiertos y luego parecía abrir la boca para decir algo pero no salió, nada de sonido solo un suspiro, estaba tan inmóvil que casi pensé que se había petrificado, como una estatua de cera…

La sombra volvía a él con rapidez, casi cortando el viento frio del sótano.

Me di cuenta que yo estaba temblando como una gelatina…no pueden culpar al héroe por esto..

El frio se fue extinguiendo poco a poco y aun podía ver como el manto negro se escondía en su espalda, luego de unos segundos sus ojos volvieron a ser azules, normales…o lo que entiendo por normales.

Aún seguía de pie frente a mí con la mirada clavada en mis ojos. Y cayó.

Cayó sobre mí.

Hice lo que todo ser humano normal haría, me puse a gritar.

¡Voy a morir, voy a morir voy a morir! Oh my god, help meeee!

Me retorcí, pero realmente Basilio no se estaba moviendo para matarme o comerme, estaba inmóvil allí, tendido sobre mí. Dios…pesaba un montón.

François enseguida fue a mi encuentro y me ayudo. Cerbero también, me lo quitaron de encima y descubrí que estaba dormido. Se había dormido o desmayado, François lo sostuvo por un momento, parecía aliviado y aun estaba temblando.

¿Estás bien, cheri? —Preguntó viéndome—

¿Qué es lo que tiene? – Pregunte sin responder viendo el rostro durmiente de Basilio –

Existen muchos hechizos para controlar demonios… — Me dice – Cuando se liberó, tuvo que sacar todo el poder que tenía reprimido en ese sello y eso de alguna manera lo debilito…

Eso explicaba algo

¿Qué quería hacerme? –Pregunte, porque se había acercado justamente a mí cuando François dijo mi nombre— …

El me miro con detenimiento. Tardo unos segundos en responder.

Nada…—Me dijo y volvió a ver a Basilio — No te iba a hacer nada.

Siento que me está ocultando algo, pero…no creo que sea el momento de discutir…no con Basilio dormido y con lo que acaba de ocurrir. Cerbero se acercó a mí y me lamio el rostro como una disculpa por dejarme solo.

¿Él está bien? –Pregunte y lo observe por última vez, tenía el rostro relajado, ojos cerrados, y fracciones tranquilas, François lo tenía agarrado debajo de las axilas como un muñeco sin vida y peso. –

Solo está cansado… — Dijo el sin darle la suficiente importancia – le han obligado a debilitarse a tal punto de no poder mantenerse despierto, debe de sentirse horrible, a nosotros no nos gusta esta clase de cosas.

¿Quién le hizo esto? –

No hay tiempo, Alfred— condenó el francés con una mirada seria – Debemos irnos pronto antes de que regrese—

Y allí quedo. Vi como François era arrastrado por el piso del sótano, golpeo la mesa, y termino en la pared, yo por inercia recibí el cuerpo de Basilio que cayo hacia mi frente, sentí a Cerbero alerta y busque el responsable en algún lado de la habitación, Basilio respiraba en mi pecho y no parecía poder despertar hoy.

François busco incorporarse en la madera rota y el vidrio de porcelana.

Alguien baja por las escaleras a paso lento y calmado, puedo verlo desde donde estoy, vestido totalmente de negro, con botas de cuero. Sonando a cada paso.

Cuando hubo llegado al final de las escaleras sentí un miedo inmenso por que volviera a verme. No quería ser visto. Apreté a Basilio contra mí, con nervios, la verdad quiera que despertada y nos sacara de allí de inmediato.

No te esfuerces tanto Alfred, puedo escuchar tu corazón acerado, es tan ridículo – Dijo y volvió a verme… Sus ojos verdes brillaban como perlas luminosas en la oscuridad, era una mirada inquietante.

Era… ¿Adriel?

Arrugué la expresión y cuando el hizo un gesto con la mano, la luz se encendió dando a conocer las dimensiones del sótano. ¡Oh mierda! ¡Era Adriel!

¿Adriel? –

El movió la mano como saludo, pero algo me decía que ese gesto era falso.

Aunque los ángeles te hablen eres tan terco ¿no? – Me dijo al momento que François se levantó finalmente y Adriel le dedico una mirada – Realmente, no pensé que llegaras tan lejos como para venir aquí…

Luego me observo

Te dije que te alejaras de el–

Tú no eres un ángel –

Ding ding ding , Tenemos un ganador, ¿ha puesto a que quieres un premio? ¿No? –Sus ojos verdes brillaron espectralmente –No, Alfred, no soy un ángel. Que ridículo

Belial… —François hablo

Calla, traidor – Vocifero y presiono a François con la pared de un movimiento de su mano. – No te di permiso para hablar.

Apreté a Basilio contra mí, el aun inconsciente se dejó hacer, Cerbero en cambio comenzó a gruñir y se puso en frente de nosotros en son de protección, me sentí algo aliviado, mínimamente de que Cerbero no le tuviera miedo a Belial.

Él era Belial y era como me lo habían dicho, no era tan alto, delgado y su cabello y cejas eran de un color rojo como la sangre, pero sus ojos eran verdes casi amarillos, demasiados expresivos y atemorizante, otra vez esa frase vino a mí.

Voy a morir.

François, eres una maldita rana, tramposa… ¿crees que no sabía que le estabas envenenando la mente a Luzbel?

Una interrogante vino a mi rostro. Baje los ojos hacia Basilio y aún estaba dormido pegado a mí. Oh mierda… ¿Qué coño puedo hacer?, soy un simple humano contra un demonio, maniaco, celoso, lo que sea, ni François puede contra él, está pegado a la pared.

A todo esto ¿Quién coño es ese Luzbel del que tanto hablan?

Tenía tanto miedo, que comencé a temblar.

No quiera estar solo con ese maniaco, podía matarme con solo moverlo los dedos, y plop, me rompe el cuello. Tengo miedo, tengo miedo.

Hmps…

Escuche por encima de las réplicas de Belial hacia François y como este gritaba de dolor. Volví la cabeza a todos lados cuando Cerbero mordió la pierna de Belial y este se distrajo, al momento François mando a volar a Belial contra la pared. Dando dos golpes. Fuertes

François estuvo ceca de mí a una velocidad impresionante,

Llévate a Basilio lejos de aquí. –Me ordenó y tomó a Basilio con facilidad para levantarme a mí también del hombro como una pluma – Sube las escaleras.

No se cómo hice, de verdad pero solo obedecí, tome a Basilio y subí los peldaños. Cerbero me siguió unos pasos después, estaba más grande. Oh no, Belial se había incorporado y venia tras de mi con un rostro no muy contento de que este tocando a Basilio sin su permiso. No importo mucho cuando François lo detuvo.

La puerta del sótano se cerró detrás de mí y dio a conocer un pasillo iluminado con paredes verdes.

Aún tenía miedo. Camine lo más rápido que puse hacia donde creía que estaba la salida, escucho el estruendo del sótano y eso me animo a ir más rápido. Abrí una habitación y estuve en el estudio que había visto antes… eso quiera decir que la salida está cerca. Avance por el pasillo y…Belial estaba en las escaleras del segundo piso.

Di media vuelta y ya me tenía por el cuello.

No pensaras que François iba a ser de utilidad ¿verdad? –Me apretó el cuello y Cerbero salto a su encuentro derribándolo.—

Tosí y vi como el perro se volvía cada vez más y más grande antes cubrir a Belial, más grandes eran sus colmillos y supe que era el momento de correr cuando pude ver la oportunidad.

Maldito seas –Escuché, mientras me alejaba, e intentaba quitarse el peso del animal de encima Volví por donde vine tomando a Basilio conmigo, y me desvíe, yendo a la cocina.

Como necesitaba que Basilio cooperara y despertara de un puñetera vez. Aun escuchaba los gruñidos de Cerbero en las escaleras y los gruñidos de Belial. Todo era demasiado aterrador, el miedo a la muerte me embargaba, quiera ir a casa, quiera que todo terminara.

Mire a mi alrededor vi un cuchillo de carne y lo tome, solo quería sentirme protegido, armado, quería tener algo con lo que me pudiera defender.

Encontré otra puerta. Era la alacena. Nos metimos allí, era pequeño, encendí la luz. Esperaba que no me encontrara y que pensara que había salido por alguna de las ventanas Sé que es infantil esconderse, pero es que Belial daba tanto, tanto miedo.

Di un profundo suspiro. Un profundo, tembloroso suspiro.

Sentí a alguien entrar en la cocina y recorrerla con parsimonia, no aguantaba más el peso de Basilio en mis hombros así que apague la luz y me agache junto con los sacos de arroz y lentejas. Intente calmarme, no quiera que me encontrara. No había escuchado más a cerbero, así que supuse que Belial se había hecho cargo de Cerbero.

Basilio estaba teniendo un momento de intimidad con la harina de trigo y los embutidos.

Me pegue a él como si de alguna manera su cercanía me brindara seguridad, ¡aunque estaba dormido! Basilio en verdad te necesito en tus cinco sentidos, viejo…

La puerta se abrió, es Belial, me mira, lo miro, Basilio abre los ojos, Belial sale disparado a la puerta y rueda por el pasillo, la puerta se cierra, la luz se enciende. Todo en ese orden.

El silencio. Hay un momento de silencio, en donde lo escucho respirar pesadamente.

Me alejo de él lentamente, él se sienta con la misma lentitud y saluda con la mirada a las galletas de mantequilla.

No se…que decir más que mirarlo sorprendido. Parpadea lentamente y me ve.

Hubo un momento de paz y silencio y luego Basilio hablo.

—… ¿Dónde estamos?

¡Oh dude, estas despierto! – Exclame eufóricamente feliz y lo abrace — ¡Dios, tenía tanto miedo! ¡Tengo tanto miedo!

Comencé a temblar de nuevo, tenía muchas emociones, felicidad, miedo, y terror. Quería que todo terminara.


Basilio no se movió en ningún momento, tenía a un americano temblando como gelatina en el cuello, la alacena tenía tantos olores, dulces y salado, aturdiéndolo por un momento, seguramente sus sentidos aún seguían perjudicados por obra del encantamiento.

Se sentía increíblemente cansado y confundido y el hecho de que Alfred este sobre el temblando y lloriqueándole no era esclarecedora,

La puerta de la alacena se rompió con agresividad y pronto comenzaron a incendiarse espontáneamente, Alfred chillo más al ver ese hecho y ver al responsable acercarse con pasos calmado, Belial retornaba.

Eso fue muy desconsiderado de tu parte. – Le dijo a Basilio que al verlo solo parpadeo lentamente — Mi querido Luzbel, no le he hecho nada a tu perro, ni a Alfred, incluso François sigue vivo…

Su voz se tornó dulce y comprensiva, las llamas se habían extinguido con un movimiento de sus dedos. Se acercó unos cortos pasos a la alacena donde todavía estaban Alfred y Basilio.

No quiero hacer un gran escándalo ahora, por favor, Luzbel – Y miró a Basilio con un rostro lleno de dulzura que a Alfred le provoco un escalofríos. Esa sonrisa era falsa. – Seria muy inapropiado hacer un escándalo en un lugar tan fino como este…

Basilio solo lo observó; la expresión de dulce tranquilidad que tenía Belial en su rostro hermoso. Sabía que Belial quería hacer las cosas más fáciles para él, quiera que se levantara, dejara a Alfred, al mundo humano y regresara al infierno.

¿Luzbel?—Llamó con una falsa expresión de preocupación el pelirrojo

—… ¿Por qué te llama luzbel? – Dijo Alfred en voz baja, pero Basilio no parecía escucharlo—

La voz de Alfred parecía irritar enormemente a Belial que al dirigirle la mirada la expresión dulce cambio casi al momento por una de completa frialdad.

—…Porque es su nombre – Le dijo con mirada feroz — ¿Quién te dio permiso para hablar? No sabes nada, mantén la boca cerrada, Alfred

Y Alfred se mordió los labios. Asustado, Belial parecía que lo atravesaría con la mirada en cualquier momento.

¿Crees que su nombre es algo tan estúpido como "Basilio? …mira que idiota eres. –Y afiló la mirada –No sabes nada, Alfred, es mejor que te mantengas callado.

Alfred apretó los labios, miró a Basilio o a quien el creía era Basilio y dudó, dudó de tantas cosas.

¿…Te llamas luzbel? – Pronunció estas palabras y fue cuando el demonio de cabello negro cerró los ojos con lentitud —…. ¿Qué otras mentiras me has dicho? –Preguntó.

Belial resopló, como si se regocijará en la ignorancia del americano. Alfred sabía que no era el mejor momento para solicitar respuestas…con Belial esperando a que Basilio se dignara a responder.

Me llamo Luzbel – Le dijo a Alfred y abrió los ojos lentamente para encararlo –

Alfred no sabía cómo sentirse en ese momento.

Y no pienso ir contigo, Belial – Le dijo con una voz que no expresaba ninguna alteración, para sorpresa de Alfred, Belial tampoco se alteró – Creo habértelo dicho, por esa razón sucedió todo lo que sucedió, tú y tu amiguito me trajeron aquí, me hechizaron, me ataron y escondieron…¿Y piensas que iré contigo solo porque si?

Belial no respondió, pero Alfred aprecio la curva de su mandíbula tensándose.

Tu eres mío, Luzbel, yo te cree, debes obedecerme— Ahora Belial parecía irritado

Basilio no dijo nada. Alfred no se movió.

—…Ven conmigo Luzbel, estas débil, ni François puede conmigo, y tu querido humano va a terminar muerto y en pedazos si sigues con tu estúpido berrinche… —Vociferó, enardecido y de sus dedos brotaron flamas rojas. –

Entonces aquel Luzbel, tomó a Alfred de los dedos y se fue de allí, pero no importa a donde iría…Belial los encontraría. –

Cuando lo soltó, Alfred se alejó lo más rápido que sus pies se lo permitieron, habían terminado en el ático de la casa, el polvo estaba por todos lados, el humano estornudo dos veces y esto lo ayudo a espabilar un poco. Luzbel se estaba apoyando de un viejo escritorio y suspiro un aliento frio.

Ese no era Basilio, nunca lo fue, y estaba casi seguro que no era nada de lo que profesó ser una vez. Había mentido. En algo había acertado Adriel, los demonios son mentirosos.

Alfred realmente no esperaba una explicación, ya sabía que él no era de los que le gustaba dar muchas explicaciones, ninguna en absoluto, solo se alejó de él y fue a parar al otro extremo de la habitación.

El volvió a verlo y suspiro.

¿Por qué te alejas de mí? – Preguntó

—….Tú me mentiste—

Ah sí….lo hice – Le dijo y bajo un poco los ojos, hubo un momento de silencio y Luzbel se mantuvo viendo la madera vieja del escritorio – Supongo que lo hice…

Luzbel logro sentarse sobre el escritorio y vio a Alfred que estaba de pie en otro extremo.

¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres de mí?

Luzbel lo vio con atención, pero en sus ojos se veía el cansancio. Sus ojos carecían del brillo habitual. Odiaba las preguntas tan específicas.

De otra manera te hubieras asustado más de lo necesario —

No eres un simple demonio –Acuso Alfred entornando los ojos— y no es tu primera vez en la tierra ¿verdad?

Luzbel sonrió desde su posición.

No soy un simple demonio –Le dijo con tranquilidad –pero no he estado en la tierra…

Alfred no podía procesar tal información en medio de tanta angustia, Belial existía y estaba cerca, y vendría por ellos. Sin embargo debía admitir que tenía muchas preguntas que hacerle, le había mentido.

¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué me mentiste?...se supone que éramos amigos…dude Le dijo Alfred, alcanzando a articular –

Amigos…—Luzbel meditó—…Me ibas a temer más de lo necesario – Le dijo el otro bajando del escritorio – No pienso hacerte nada…no seas tonto.

Luzbel suspiro dos veces lenta y profundo como si le faltara el aire. Miro a Alfred con atención.

Lamento haberte mentido— Le dijo lentamente, Alfred aún estaba alerta— Los nombres…para nosotros es algo complicado. No solemos decir nuestros nombres así como así….

Alfred arrugó un poco el entrecejo sin dejar de verlo con atención, las cejas negras estaban relajadas y de su pálido rostro podía verse el agotamiento y el gran esfuerzo que hacía por explicarse.

Alfred lo vio con intensidad.

Luzbel hizo lo mismo. No parpadeo en ningún momento incluso cuando le dijo

No puedo esperar a recibir tus disculpas…de verdad, pero Belial volverá pronto.

¿Qué se supone que tenemos que hacer? ¿Qué es lo que quiere? – Alfred parecía tener más capacidad de concentración en este tema más relevante que en las mentiras del azabache — Esta loco….

Luzbel movió los labios hasta formar un sonrisa que Alfred vio como muy boba, adormilada con todo el cansancio que irradiaba.

Él no quiere nada en especial; que vuelva al infierno con él, y matarte…—Eso no sonó bien – O herirte de gravedad.

Luzbel se movió con parsimonia, se acercó a él, a Alfred que estaba a una esquina del ático, juntos a unas antiguas cajas llenas de polvo. Alfred pego la cabeza de la pared y se golpeó la nuca por la proximidad del otro rostro. El americano permaneció en silencio y apretó los labios algo cohibido.

Tal vez Luzbel estuviera muy débil pero aun con aquella expresión boba de cansancio podía ver el miedo impreso en las pupilas del muchacho. Luzbel volvió a suspirar con lentitud.

Por supuesto no dejare que eso te pase. –Le dijo y luego de un momento — Tú eres…Hummm…

Bajo los ojos como un gesto de adormecimiento y luego espabilo.

Alfred lo supo, ese era su final, ¡apenas y podía hablar coherentemente!, Fue cuando el rubio se vio en la necesidad de abofetearlo. François apareció de repente y presenció aquello con los ojos bien abiertos, vio a Alfred y luego a Luzbel. No daba crédito a sus ojos.

Luzbel había sido abofeteado por un humano.

François estaba despeinado, no de forma exagerado pero digamos que su cabello no merecía aquel trato, con las puntas quemadas, estaba desarreglado y olía a sangre quemada y lavanda incinerada.

¿Qué se supone que fue eso? – Preguntó con cautela y se acercó a ver que Luzbel también estaba sorprendido por lo que le acababa de pasar. –

Aún está bajo un encantamiento, esta todo adormecido. – Se justificó Alfred entre avergonzado y algo nervioso, pero digno. –

François volvió a mirada a Alfred y a Luzbel, su cabello negro le cubría el rostro, pero al parecer estaba más espabilado con aquel golpe, se acarició la mejilla dos veces, levanto la vista y observo a Alfred con sus ojos brillantes.

Pasaron unos segundos para que Luzbel dejara de ver a Alfred a los ojos, y François no pudo evitar pensar como un buen demonio del amor que era, la enorme cantidad de tensión sexual que ambos podían generan en las condiciones apropiadas.

Llévate a Alfred lejos de aquí… —Le dijo a François el demonio oscuro con una voz más despierta y volvió lentamente a verlo— Mantenlo a salvo.

¿Piensa enfrentar a Belial…así? – François cuestiono, miro a su amigo y Señor y afilo la mirada— es un suicidio

Luzbel hizo un gesto con la ceja. No le gustaban muchos los suicidas.

No soy fanático de ese tema— Acoto Luzbel.

¿Piensas hacerlo? – Alfred intervino cuando entendió que si lo haría – No, te va a matar – Le dijo Alfred algo histérico

Si te quedas te matara a ti – Le replico el demonio al volver a verlo, mas con serenidad –

Vámonos los dos – Dijo rápidamente, como si aquello fuera una especie de solución— huyamos ahora que hay tiempo.

Ahora François arqueo ambas cejas, Alfred había dicho "los dos"…. ¿Acaso el demonio del amor no podía entrar en esa huida? O ¿es que era otro tipo de huida? Miro a ambos, rubio y azabache y no pronuncio palabra

Él nos seguirá, es a mí a quien busca – Le explico el moreno–

Basil…Dude. Allane una propiedad privada, aparte de que lo que hice puede ser considerado vandalismo, Acabamos de salvarte, cargue con tu cuerpo inconsciente por toda la casa, ¡pensé que iba a morir por salvarte! ¡No te puedes ir ahora con ese maniaco! ¡Tú no lo quieres! Además… ¿Quién lo quería?, Esta loco.

Bueno, en eso tiene razón… — François comento dándole la razón a el humano por esta última parte, ganándose una sutil mirada de Luzbel, luego volvió a Alfred.

Luzbel sonrió.

Yo lo quería – Le respondió con calma el demonio negro, miro a Alfred a los ojos y lo detallo en silencio —…Yo también estoy loco.

Sí, pero…. —Alfred quiso interrumpirlo allí, y Luzbel parecía totalmente interesado en saber lo que Alfred tenía que decir a continuación. Alfred levanto una mano y lo apunto – A ti te gusta alguien más…No puedes ir con el si no lo quieres, no sé cómo sean las cosas con los de tu raza, pero, dude, el amor es algo universal, —Una pisca de admiración broto de los ojos de François al oír eso, le comenzaba a gustar mucho más — es decir, el debería de respetar tu decisión. Tú no lo quieres…

Luzbel ladeo un milímetro la cabeza a un costado sin dejar de ver a Alfred, suspiro. No expreso ninguna emoción ante lo escuchado.

Es cierto, Yo quiero a otra persona— Luzbel lo confirmo y Alfred se sintió bien de tener la razón y por un momento pensó que había ganado en esta discusión – Te quiero a ti, por eso tengo que mantenerte lejos de aquí, lejos de él. No quiero que nada te pase.

.

¿Qué?

Wait a moment! –Alfred dijo sin llevar a procesar del todo lo que había dicho ese tal Luzbel….¿quién coño era y que había hecho con el aterrador demonio de hace uno dos días? – Creo que algo se te metió al cerebro.

En aquel instante, Luzbel parecía volver querer hablar, cuando volvió al piso y un punto rojo aparecía en la madera, madera quemada, Luzbel tomó rápidamente a Alfred del brazo derecho y lo alejó de la pared en un movimiento que mareo a el humano, al final solo pudo estar seguro de que Luzbel lo sujetaba de la cadera, François se acercó a ambos. Del suelo de madera una flama parecía derretir la madera hasta hacer un hueco enorme.

Belial emergía, cuando hubo estado frente a ellos abrió los ojos de brillo espectral, verde, furioso, algo le decía a Alfred de que Belial había escuchado todo aquello… Lo atravesaba con la mirada

Luzbel suele tener ranas en la cabeza esto últimos días.—Dijo el demonio rojo con frialdad pero claramente hiriente, Levanto una de sus manos y una lengua de fuego brotó de esta, la gran llamarada no llego hacia ellos, Luzbel movió la mano y esta se extinguió víctima de un aire frio, no falto mucho tiempo cuando Belial arrastro a el demonio negro contra la pared de madera atravesándola.

François tomo a Alfred lejos de ellos antes de que algo ocurriera. El cuerpo del otro, había atravesado la madera de la pared y su cuerpo estaba rendido en el pasillo bajo el peso de Belial que lo mantenía allí.

Alfred tuvo el impulso de ir en su ayuda, pero François lo frenó. Estaba claro, él no tenía nada de ventaja en contra de Belial.

Escucho varios golpes contra el piso y pensó que se iba a romper. Al poco tiempo fue un golpe y Belial salió disparado de nuevo por el hueco de la pared de madera hacia el ático, aturdido, una estaca de hielo le perforaba el hombre derecho.

Ah…pequeño lobito… — Belial se llevó la mano al cuerpo de hielo que perforaba su hombre y de su mano brotó un calor tal que comenzó a derretirlo, Alfred podía sentir el vapor esparcirse—

Dos estacas más salieron del suelo, y una fuerza invisible empujaba a Belial a ellas, a un empalamiento seguro, pero el demonio rojo resistirá, y mientras resistía sonreía, le sonreía a Alfred. En ese momento...François tomo a Alfred de la mano, pero antes de que pudiera avanzar más por la puerta con premura, Belial gruño y el fuego salió de su cuerpo como una onda, hacia su mano y de allí hacia la puerta, justo detrás de Alfred, este casi sintió el calor quemarle la espalda.

Luzbel se trasladó con su velocidad y tomo la muñeca de Belial, la apretó y logro retorcerla, acto seguido le tomo del cuello y le alzo del suelo. Belial sonrió. Alfred seguía en la puerta y volvió a ver la escena.

Voy a corromperlo, Luzbel…—Dijo el demonio rojo con la mirada clavada en los ojos resplandecientes de su oponente —…Voy a comerme a tu lucecita…—Sonrió mostrando los dientes afilados, apretó la muñeca de su captor con fuerza y Alfred juro escuchar que le rompía los huesos de la muñeca, pero aquello parecía ser el fin de aquella amenaza cuando corto el brazo de Luzbel liberándose,—

François por fin jalo a Alfred hacia el pasillo. Fue llevado a una velocidad impresionante hacia la sala. Se detuvieron de repente, y François miro a su alrededor, antes de volver a ver a Alfred que tenía el rostro en nada; había visto como le cortaban los brazos a Luzbel con un solo movimiento…

François no dijo nada, cuando jalo a Alfred para salir, él no se dejó.

Alfred, tenemos que irnos…. – Le dijo y le tomo del brazo— ahora

Va a matarlo – Dijo— No podemos dejarlo con el…somos sus amigos, no podemos abandónalo allí.—Se liberó del agarre del hombro y vio las escales detrás de él dispuesto a subirlas –

François vio a Alfred subir el primer escalón y sintió la tierra temblar, el techo de la casa desprendió restos de madera molida, pequeñas migajas y todo se detuvo. Alfred no podía perder tiempo subió otros tres escalones y luego la escalera completa, François lo siguió.

¿Qué haría en primer lugar? ¿Qué haría en contra de Belial?, François admiro la valentía –y estupidez— de Alfred de algún modo. Avanzo por los pasillos con cautela.

Aún estamos a tiempo de irnos –Le recomendó François en voz baja, ganándose una mirada dura por parte de Alfred –

Se supone que eres su amigo

Y lo soy, y me siento muy mal al desobedecerlo créeme – le replicó, en primer lugar él debía llevar a Alfred lejos de allí, pero le era más interesante ver que pasaría… —

Había quemaduras en las paredes y hielo a la vez, el frio y el calor peleaban por dominar. Alfred se acercó al ático nuevamente, no había puerta y ahora había dos huecos en la pared enormes. Algo negro derramado en el piso.

Aún estamos a tiempo.

¿para qué? –Belial apareció en el hoyo de la pared del pasillo, tomo a François del cabello y lo sometió al tomarle del cuello con la otra, este se resistió y Alfred vio como François le cortaba los dedo de las manos a Belial con un movimiento de sus manos, este ni se inmuto, solo jalo más a François de la nuca y las flamas nacieron de sus dedos carentes hasta formar una flama. Alfred se quedó paralizado y luego de un momento algo lo jalo hacia atrás. – Oh, aun puedes moverte..

Luzbel salió del otro agujero. Vio a Alfred y suspiro luego miro a François, que no podía moverse.

No puedes controlar tu curiosidad ¿verdad? –Luzbel alcanzo a decir molesto, para la suerte de Alfred tenía sus dos brazos pero estaba sucio y parecía ser víctima de un gran peso encima de sus hombros caídos. –

—…Solo mírate, o gran Luzbel…—Belial parecía lamentarse – Mira en lo que te has convertido…rebajado –Miro a Alfred – por un simple humano.

Debería dejar que te cortara el cuello – Le dijo Luzbel a François que suspiro reconociendo su error, pero, es que François realmente quería ver lo que "el simple humano "iba a hacer… —

A su vez, Luzbel ignoro el comentario de Belial. Suspiro cansado, miro a Alfred que iba a su encuentro, oh no, eso a Belial no les gusto, que soltó a François con agresividad, este se incorporó rápidamente y con una especie de cinta blanca que salía de su mano lo capturo por la cintura y lo detuvo, la cinta le recorrió el cuerpo hasta a juntar sus piernas y hacerlo caer, Belial gruño y se retorció en el piso a los pies de Alfred que se alejó rápidamente.

Fue con Luzbel y le ayudo a rodear el cuerpo de Belial. François apretó el puño y a su vez apretó el cuerpo de Belial en el piso emitiendo un grito estrangulado. Alfred se preguntó por qué no había hecho eso antes. Sin embargo no se dispuso a recriminárselo ahora.

Luzbel le dio una mirada a François

Llévate a Alfred…. –Le dijo a François—

No me pienso ir sin ti… —

Luzbel le gruño y mostro los caninos a Alfred.

Vas a obedecerme –

¡No! …Vienes con nosotros… —

Wow… a François de verdad le agradaba ese chico. Sonrió y miro a Alfred y su Señor mientras mantendría apretado los dedos con la cinta. Belial observaba la escena con frialdad. ¿Qué patético teatrito de lealtad esa ese?...Rodo los ojos. Luego de eso miro a Alfred y….este parpadeo…

Dejo de discutir y Luzbel le pareció extraño aquello. Alfred parpadeaba demasiado…

Maldita sea...—Luzbel volvió a ver a Belial pero ya no estaba, François estaba sorprendido también y Alfred parecía que entraría en un shock

maldición, perfecto.

Dos grandes dagas perforaron el pecho de François, negras y afiladas. Luzbel tomo a Alfred. Miro a Belial que era responsable de empalar a François y tiro su cuerpo a un lado y antes de poder intentar acercarse a Alfred y Luzbel. Estos se alejaron con rapidez, oh pero Belial no se quedó allí…los siguió por toda la casa, bajaron las escaleras y atravesaron la sala, Belial los seguía, casi pisándoles los talones… los cuadros de la casa se cayeron, los adornos, los vidrios de las ventanas temblaban.

Belial no se limitó a perseguirlos, los atacaba con fuego y dagas de un metal negro y afilado parecido a puñales, Luzbel a penas y podía esquivarlas, aquel hechizo le había robado tantas fuerzas…

Belial se detuvo al extremo de la sala….

El sofá estaba en llamas.

Luzbel estaba pegado a la pared y tenía a Alfred en sus brazos

Es inútil… ¿Huiras el resto de tu vida?...—

Puedes rendirte. –

Era completamente impresionante que ambos lograran moverse tan rápido en un espacio cerrado…destruyendo todo en el proceso, Luzbel controlaba el hielo y Belial el fuego, completamente opuestos. El demonio negro se aseguró de no acercase mucho a Belial al atacar, aun tenia a Alfred en brazos y sería realmente peligroso, Alfred en cambio parece ser víctima de un ensimismamiento angustiante. Belial se había metido en su cabeza, Lo sabía.

—…De verdad quería hacer las cosas más fácil para ti – Le dijo con una voz que carecía de sentimiento real, Luzbel no creyó en sus palabras— Ahora vendrás conmigo y tu querido humano estará muerto, tan muerto que ni podrá reencarnar en un insignificante insecto.

Luzbel hizo un movimiento con la mano derecha y un viento frio atravesó las piernas del otro que estaba pegado a la pared, Belial se quedó tieso con las piernas y cuerpo pegadas a la pared. Miro su estado y luego observo al responsable que se había ido.

Luzbel.

Ya no existía tal cosa como la lealtad, fue estúpidamente imprudente encomendar a François algo tan importante como llevar a Alfred a algún lugar seguro...

El lugar donde estábamos era reducido, no lo recordaba tan pequeño, sin embargo podíamos estar los dos, los dos, mientras que buscaba la forma de sacarle el sufrimiento de Alfred de la cabeza. Belial solo se preocupó por mirarlo y ya tenía suficiente energía para realizar una opresión dentro de su ser.

Lo mire con atención y no parecía saber que yo estaba allí, era como si viera a la nada, o como si se perdiera en el interior de mis ojos, no pronuncio palabra, cosa que vi muy prudencial para mantener el factor sorpresa y la discreción.

Las cosas que podía hacer Belial con su espíritu y mente podían ser consideradas las más aterradoras y cínicas del mundo…realmente consideraría el suicidio antes de que me las hiciera…eso si fuera un humano.

No pensé que sería tan complicado… — Alcance a escuchar y efectivamente, Alfred había hablado –

Sabía a lo que se refería

Así son las cosas en mi raza…—

¿Luzbel?—

Sí, soy yo… —

Alfred me estaba viendo pero a la vez no. Llevo sus manos a mi ropa y se apoyó en mis hombros, ni siquiera sabía en qué posición estaba. Lleve una de mis manos a su cabeza, acaricie su cabello dorado y desarreglado, él se estremeció ante mi toque, claramente temeroso, estaba muy sensible ante toda la energía que había a su alrededor.

No puedo ver nada…—Me dice al calmarse—

He apagado las luces –Mentí, el parecía haberse calmado con eso. – Tienes que confiar en mí, Alfred ¿entiendes?...tienes algo aferrado a tu mente…

¿Q—que es? –

Algo malo. –Le dije y busque arreglarlo de tal forma que pudiera hacer lo próximo, esperaba que pudiera hacerlo. – Tienes que dejarte hacer, no seas terco ¿me entiendes?

Asintió

Solo así podre encender la luz

Alfred asintió, entre temeroso y nervioso, realmente era algo digno de ver…en otras circunstancias lo disfrutaría pero esta no.

Le cubrí los ojos con mis dedos y esperaba que realmente con la poca fuerza que tenía podría desprenderle ese gusano de oscuridad. El cuerpo de Alfred se relajó y al poco tiempo como era de esperar le arqueo repentinamente, y al hacerlo le cubro la boca antes de que gritara, tiempo suficiente para desprenderle la masa negra que rodeaba su cabeza, como ceniza, olía a rosas putrefactas…

Nuevamente descendió haciéndose daño en la espalda.

No vería en ese momento, pero por lo menos no terminaría poseso de alguna manera.

Suspiré con desdén. Maldije todo lo que sea posible para ser maldecido y arregle a Alfred contra la pared, sentado, aun no había tomado conciencia de sí mismo y me pareció bien. No quería explicarle lo que acababa de hacerle. Además me gusta su rostro cuando está dormido.

Yo solo estaba seguro de dos cosas; Una era que no tenía oportunidad contra Belial en este estado. Dos, Belial no se detendría. Permanecí sentado al lado de Alfred y este termino irreparablemente inclinándose a mi costado y pego la cabeza de mi hombro, recuerdo lo mucho que odio el contacto corporal, pero con Alfred era diferente…supongo que se ganó el privilegio de tocarme sin quedarse sin dedos. Supongo que me gusta que este cerca de mi.

¿Qué haría? , me pregunto en esa pequeña habitación, ¿esperaría a que Belial me encontrara y matara a Alfred y me llevara de regreso?...No. Que molesto.

Mire a Alfred había cerrado los ojos y parecía estar bien. François tenía razón; los humanos son muy delicados…

Incliné la cabeza hacia la mata de cabello rubio de Alfred y me quede allí por unos segundos.

Escuche la puerta abrirse lentamente y abrí los ojos en ese instante, alguien ha entrado en la habitación donde nos encontrábamos. Puedo olerlo, es un humano, casi seguro es el dueño de la casa, no me altero, si abría la puerta, haría lo que normalmente se hace en mi caso lo mataría, quizá algo discreto y limpio como romperle el cuello.

Me enderece lentamente y esperaba que Alfred no despertara en ese momento porque realmente quería ahorrarme la muerte de un humano con él despierto….aunque fuera el responsable del cual este así de débil.

Como vino se fue.

Alfred suspiro y abrió los ojos, se enderezo lentamente y me vio

¿Qué paso? – Pregunto viendo a su alrededor — ¿Dónde estamos?

Me puse un dedo en los labios, quería que se callara, al verle a los ojos algo extraño se movió en su interior y se abalanzo contra mí. Me apretó y yo jamás pensé que un abrazo fuera tan mortal, me quede inmóvil.

Alfred, no nos pongamos sentimentales ahora, por favor –Le susurre, mas sin embargo le acaricie la espalda. Lo palmotee un par de veces. Es bien sabido que en estas situaciones es conveniente hacer estas cosas –

Suspire y casi sentí mi ser desprenderse en mil pedazos…estaba tan cansado.

Todo esto es muy divertido ¿da? – Escuche y me separe de Alfred pero el no de mí, así que terminó echado en mis piernas.

Vadim giro los ojos hacia ellos, estaba sentado a su lado.

Privet, Camarada Luzbel…—Dijo sonriendo y achinó los ojos, luego los abrió y vio a Alfred— Pequeño Fredak…—

Mierda...


DamistaH.

¿Que les pareció? Espero que bien, describir peleas es tan dificil, solo espero dar la talla. Chao~