La consecuencia inevitable

"Si con sangre escribiera estas líneas

y mi alma fuera el papel donde se encuentran

si con palabras expresara la melancolía

tal vez tu mente podría comprenderlas

Más esto es un sentimiento

no se define con palabras

no se define con un poema

pero si con una mirada

si pudieras ver la lágrima

que corre por mi mejilla

llegando hasta mis labios

reflejando esta melancolía."

Autora: Cryptic Slaughter

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El viento soplaba con fuerza, era más helado que los últimos días y las nubes grises cubrían casi en totalidad el cielo, aquella mañana no resultó como otras y a diferencia de los días anteriores, las personas cubrían cada uno de los puesto de la calle con lonas, muchas otras desarmaban algunos y otro poco se quejaba en voz alta.

Como pudo se abrió pasó y llegó al estudio jurídico, sacó sus llaves y abrió la puerta, subió y llegó a la sala de espera.

-Maldita tormenta.- masculló entre dientes, quitándose los guantes.

-Buenos días Andrew.- oyó la voz proveniente del despacho.

-Buenos días Sr. Shinji- respondió el rubio. –Lamento llegar tarde, hoy había un vencimiento, llegué a tiempo a dejarlo en los tribunales.-

-Que bueno, esta tormenta creo que nos aislará.- sonrió Keitaro Shinji, abogado y jefe del rubio. -¿Hoy no abriste tú la cafetería?- interrogó.

-No señor, lo hizo Makoto.- respondió Andrew mientras se quitaba su abrigo, estudio derecho en la universidad, yendo y viniendo, preparando materias a distancia, pero al fin y luego de mucho esfuerzo había logrado graduarse, si bien su actividad principal era la cafetería, le gustaba adquirir experiencia en su profesión, siendo el lugar indicado, junto al gran Keitaro Shinji.

-Es una lástima.- continuó el hombre. –Tenía ganas de un pastelillo de membrillo, que rico cocina esa muchacha.- sonrió refiriéndose a Makoto, el rubio imitó el gesto y sonrió.

-Sí, es una excelente cocinera, pero también es muy buena para otras cosas.- comenzó a relatar. –Es la mejor persona para administrar un negocio, es atenta, nunca se enfada, y si lo hace… bueno digamos que te pone en su lugar.- recordó con una gota sobre su cabeza las veces que había presenciado la furia de la hermana de Dante.

-Al parecer la conoces bien.- sonrió el hombre arrugando su nariz.

-Sí, así es Señor.- asintió el joven.

-Si vieras como si te iluminaron los ojos al hablar de ella Andrew…- soltó Keitaro, ya conociendo esa mirada en otros, reconociéndola en él mismo cuando hablaba de su amada esposa, o de sus queridas hijas, o de la reciente y anhelada nieta, las mujeres de su vida.

-Solo somos amigos Señor.- se apresuró a aclarar el joven, intentado descifrar lo que podría pasar por la mente de su jefe.

-Sí, como tu digas.- finalizó la charla, el rubio se quedó pensativo ¿le había dado por su lado?, sí, así fue.

-Andrew.- volvió a llamarlo.

-Diga.- respondió.

-Debes llevar estos papeles a Seiya.- dijo para luego soltar un suspiro. –Las cosas están complejas.- explicó.

-Lo sé, yo iré hoy mismo a hablar con él, no se preocupe.- asintió el rubio tomando unas carpetas. –Archivaré unas cosas y luego iré a verlo.-

-De acuerdo Andy.- dijo para retirarse a su despacho.

o-o-o-o-o

-Ahhhsss- bufó molesta nuevamente y cruzó sus brazos, desvió su mirada hacia las maletas junto a ella, y la gente yendo y viniendo, sintió la mano sobre su hombro y volteó. –No digas nada.- le advirtió con molestia.

-Mi amor no puedes ser tan caprichosa.- sonrió el joven de ojos azules ante la actitud de su novia. –Vamos Amy.- le dijo intentando animarla. –Ya pasará y podremos tomar ese vuelo.

-Quería llegar de sorpresa Armand, pero al parece runa estúpida Tormenta de Nieve se avecina justo llegando al país.- bufó molesta. –Debemos esperar a que pase o desembarcar en otro punto del país. – comenzó a penar llevándose un dedo a su boca.

La mirada del joven junto a ella se dirigió a su carnosa boca y sin mediar palabra la atrapó en un dulce beso.

-¿Y eso?- interrogó la joven de cabello azulado sonriendo.

-Eres hermosa y haremos lo que tú quieras, cuando quieras.- le dijo acariciando su cabello y colocando unos mechones cortos detrás de su pequeña oreja. –Tú decides que haremos, pero frente a la tormenta no hay nada que hacer, así que cuando pase, podrás tomar de nuevo el control.- finalizó sonriendo al tiempo que Amy se paraba en puntas de pie para besarle.

-Gracias…- dijo la joven sin dejar de sonreír.- Es que de verdad quiero ver a mi hermano y a las chicas, y quiero que te conozcan.

-Ya falta menos…-

-Lo sé.- asintió abrazando a su novio.- es que de verdad, extraño mucho a Seiya….-

o-o-o-o-o

El estudio permanecía en silencio, solo el chasquido de la madera estallando en la chimenea se oía, miró el contenido de su vaso, el líquido amarronado reposaba en el fondo, junto con algunos cubos de hielo a medio derretir, nunca bebía, pero esta vez lo necesitaba, sin seguía analizando todo se volvería loco, golpeó el escritorio con su puño cerrado y se echó hacia atrás en la silla de cuero verde musgo.

Las cosas estaban cada vez más complicadas con el banco, ya no aceptaban razones, ya no aceptaban plazos, sólo querían el dinero, esa deuda la contrajo su padre, cuando a causa de su depresión por la repentina ruptura con su madre, luego le negocio no iba bien, ya no había cosechas, ya no había animales, ya no había nadie que se encargue. Seiya lo hizo por un tiempo, más sin embargo no funcionó, fue cuando decidió poner su taller, a sabiendas que no podría mantener todas esas tierras con lo que ganaba allí.

Se hizo cargo de la deuda, fue pagándola, pero cuando los intereses subieron hasta el cielo, y el negocio no prosperó la ilusión cayó, perdería todo, y no tenía forma de evitarlo. Ese pensamiento lo perseguía, pero no tanto como aquél otro… Cuando eso no estaba en su mente, estaba ella, que era la mayoría del tiempo, sus ojos amatistas, su bello rostro. Hubiese querido extender el baile de la noche anterior, pero la música finalizó y la encargada del conservatorio los invitó sutilmente a retirarse, al salir se encontraron con Makoto y Dante y éstos ofrecieron llevarla a casa, para luego cenar juntos en el templo, maldijo por dentro quería ser él el que la llevara, quería pasar un tiempo más a solas con ella, quería…

El sonido de un motor lo sacó de sus pensamientos, se puso de pie y caminó hacia la puerta de entrada, saliendo de su estudio con pesadez, abrió y delante de él un casi azul Andrew lo miraba.

-Pasa amigo.- le dijo con una sonrisa.

-Te juro Seiya, odio el invierno.-

o-o-o-o-o

-¡Invierno!- exclamaba la rubia feliz. –Pronto haremos angelitos en la nieve, guerras, y muñecos con bufanda.- hablaba emocionada mientras el castaño sonreía.

-Que chica tan entusiasta eres.- le dijo el muchacho de ojos azules, aún intentando lavar la tinta de sus manos.

-Kouta ¿te atacó un pulpo?- interrogó con burla Minako.

-Casi, casi.- respondió riendo.

-Mina alcánzame la harina.- pidió Makoto quien se encontraba cocinando un pastel.

-¡Qué rico Mako! Ya huele delicioso.- exclama la pelinegra ingresando a la cocina.

-Hola Rei.- saludaron todos al unísono.

-¿Cómo está el abuelo?- interrogó la pelicastaña tamizando la harina.

-Más galán que nunca.- respondió Rei con una ceja en alto. –No dejó de coquetear con las enfermeras ni un segundo, si no pregúntale a Dante.-

-Es cierto.- asintió el joven ingresando con las manos ocupadas. -¿Dónde pongo esto hermanita?-

-¿Qué es eso?- interrogó la rubia sorprendida por las cajas que cargaba Dante.

-Víveres.- respondió Makoto.- Una tormenta se acerca chicas, no es cosa de quedarme sin comida.-

Sobre la cabeza de todos aparecieron grandes gotas, Makoto cocinaba siempre para un batallón, quedarse sin comida no era posible, pero el suceso de la tormenta sí estaba alterando a muchos, más que nada por los puesteros quienes temían que el temporal arruinara el trabajo realizado.

-Oye Rei- la llamó el peliplata.- tú te quedarás con nosotros ¿verdad? No es segura que te quedes sola en el templo.- advirtió mientras ingresaba los tambores llenos de agua.

-Lo sé, había pensado en eso, sinceramente no me siento muy segura de dejar la casa sola, pero no veo otra opción, también pensé en quedarme con el abuelo, pero no quise saber nada.- dijo recordando las palabras de su abuelo.

Cada uno siguió en alguna tarea, Kouta, por su parte se alejó para ayudar a Diamante quien seguía descargando los víveres que su hermana le había encargado, mientras ésta cocinaba con una sonrisa y Minako revoloteaba intentando saborear parte del chocolate que la pelicastaña tenía separado al fuego para derretirlo.

La chica de ojos amatistas se quedó pensativa unos segundos, y enfocó su atención en el cielo que estaba cubierto por nubes grises, suspiró, lo mejor en el pueblo eran los veranos, se puso de pie y comenzó a ayudar a su amiga almacenando lo que Diamante había dejado en la cocina.

Flash Back

El sol calentaba con fuerza ese día, tanto que al contacto con la piel la hacía enrojecerse y una sensación de picazón invadía, no había árbol que sirviera de refugio, ni menos ropa que ponerse. Los calores que el pueblo padecía eran fuertes, pero sin embargo para un pequeño grupo de ellos, el mejor momento del año.

-¡Vamos Amy!- gritaba una rubia corriendo, vistiendo un traje de baño enterizo color anaranjado y su cabello sujeto a una coleta alta, arrastrando a la joven de cabello corto azul que llevaba un traje de dos piezas en celeste, la parte de abajo era un pantalón corto. –Vamos al agua- insistía.

-Espera Minako- le respondía Amy quien, si bien le gustaba mucho el agua, odiaba que la arrastren a ella, divisó a lo lejos a su hermano junto a sus amigos y sonrió, elevó su mano. –Seiya, ¡hola!- saludó, el joven se dio la vuelta y la miró sonriendo.

-¡Ven hermanita! El agua esta hermosa.- las jóvenes corrían hacia el lago, siendo seguidas de dos más, la pelicastaña quien llevaba una pañoleta en su cabeza suspiraba pesadamente.

-¿Sucede algo?- interrogó la joven de cabello negro y ojos amatistas quien vestía un traje de baño enterizo mitad rojo y mitad naranja, que formaba una "s" en el traje, con escote en forma de corazón y ataba su largo cabello en una coleta baja.

-Odio como me queda mi traje de baño Rei.- respondió al fin la joven quien intentaba taparse con el vestido rosa que tenía sobre su traje de dos piezas verde. –Me veo…-

-Hermosa.- la interrumpió su amiga, la razón del malestar de Makoto es que había sido ella la que primero desarrolló del grupo de amigas y a pesar de sentirse muy niña aún su cuerpo era el de una jovencita y una muy hermosa que arrancaba miradas donde quiera que estuviera. –Además somos solo nosotros Mako.- la tranquilizó con una sonrisa la pelinegra, ya llegando junto al lago donde todos dejaron sus pertenencias.

-Gracias Rei.- sonrió la joven.

-¡Mako!- giró conociendo aquella voz. –Ven vamos, esta deliciosa.-

-Ahí voy Andy!- respondió la chica dejando todo los bolsos en el suelo, más sin quitarse el pequeño vestido. –De a poco.- dirigió esas palabras a su amiga quien solo rodó los ojos con gesto divertido, mientras su amiga corría hacia el lago.

Caminó con tranquilidad hasta acercarse a un frondoso árbol donde iba a tomar asiento.

-Ni se te ocurra Hino.- oyó llevando sus ojos hacia la persona que le hablaba, Seiya la miraba con una sonrisa torcida en su rostro sentado en una roca dentro del lago completamente mojado. .Ven aquí ya mismo.- soltó casi como una orden sin dejar de sonreír.

-Después.- dijo la pelinegra sonriendo.

-Después es tarde, ven aquí.- volvió a insistir, mientras Dante quien había salido del agua caminaba junto a Rei.

-No van a tirarme ahí.- soltó molesta y en posición de defensa, el peliplata rio con ganas y tomó una cuerda que colgaba del árbol subiendo a ella y tomando carrera, dejándose llevar hasta caer al lago, salpicando a la pelinegra. -¡Oye!-

-Vamos Rei.- insistió el joven de cabello corto, mientras que del otro lado del lago una rubia, quien el agua solo le llegaba a las rodillas simulaba ahogarse para captar la atención de cierto pelilargo de ojos gatunos que de ninguna manera se movía de la sombra y no le prestaba atención.

-¡Me ahogo!-

-Mina.- la llamó la peliazul junto a ella. –El agua apenas te llega a las rodillas…-

-¿De qué lado estas Amy?- interrogó poniéndose de pie, para luego dejarse caer dramáticamente -¡Me muero! Kuniiii!-

Por otro lado la joven de vestido rosa descansaba sus piernas en el agua, sentada en una roca, mientras el joven rubio nadaba hacia ella.

-Ven al agua Mako.-

-No, así estoy bien Andy, no me gusta nadar.- dijo sonrojándose.

-¿Qué no sabes?- se sorprendió el joven intuyéndolo, la chica asintió apenada.

-Entre otras cosas.- dijo la pelicastaña, el rubio tomó su mano con suavidad y la empujó a él cayendo con suavidad al agua mientras el rubio la tomaba de la cintura. -¿Andrew?- soltó entre asustada y molesta.

-Yo te enseñaré.- le dijo mientras le hacia la seña que se ponga boca abajo, mientras la chica lo miraba con desconfianza. – Estas en buenas manos, lo primero es que tomes confianza, vamos.- le animó mientras la chica, medio asustada y dudosa accedía.

Del otro lado una pelinegra quien se dijo así misma que tendría valor para entrar al agua tomaba la cuerda tomando carrera.

-Bien.- le decía el pelinegro quien no dejaba de mirarla maravillado, sin duda la belleza de Rei era una belleza natural, salvaje y a la vez elegante, presionó sus parpados y continuo alentándola. –Te quiero aquí Hino.- dijo señalando un lugar junto a él.

-Ya no me apures, lo hare ¿está bien?- vociferó molesta, sí, perdía la paciencia fácilmente, se soltó desde donde estaba pero detuvo la carrera con sus pies. -¿Esta fría?- interrogó con desconfianza, amaba el mar que había conocido en unas vacaciones junto a su madre, pero los lagos…

-¿Desde cuándo te importa? Ven aquí ya mismo.- la retó nuevamente sin dejar de sonreír, sabía el resultado de aquella frase.

-Ahhhh- gritó divertida mientras se adentraba al agua que la golpeó con su frescura, emergió y echó su cabello hacia atrás mirando al pelinegro. –Hola Kou.- lo saludó burlándose de la manera en que él la llamaba siempre, por su apellido.

-Hola pequeña.- devolvió el saludo no pudiendo evitar perderse en la belleza de la joven.

-Ya estoy aquí.- sonrió guiñando su ojo mientras comenzaba a mojarlo con el agua.

-Ya verás.- gritó zambulléndose junto a ella para comenzar la guerra de agua típica entre ellos, el que ganara preparaba el almuerzo del otro.

Fin del Flash Back

o-o-o-o-o

-Es serio lo que planteas Seiya.- decía un serio Andrew quien se hundía más en el sillón de cuero verde frente a su amigo, separándolos solo un escritorio. –Es complejo, yo te recomendaría vender y...-

-No voy a vender Andrew, esto no es sólo mío.- lo interrumpió con seriedad.

-Amy estará de acuerdo, además tu siempre has sido el que manejó los negocios, y esto no es tu culpa, no fue una mala administración tuya sino que…-

-De mi padre, eso ya lo sé y lo tengo presente.- completó la frase de Andrew quien llevaba la humeante taza de té a su boca. –Pero si él pidió los préstamos fue porque creyó que esto saldría adelante. – se decía convenciéndose a sí mismo, su padre había pedido un préstamo, pero luego con la ida de su madre y la depresión posterior de su padre desembocando en su muerte todo quedó en pausa, porque la decisión que tomó su padre al quitarse la vida fue por la ida de su madre, no por la deuda ¿verdad?

-La decisión es difícil amigo, solo quiero que sepas que estoy llevando este caso con mucha seriedad y haré todo lo posible Seiya.- dijo con tono seguro, el pelinegro sonrió de lado.

-No tengo duda de ello Andy.- asintió depositando su plena confianza en él, después de todo nunca estaría más tranquilo que con el rubio siguiendo su caso.

Andrew podía mostrarse despreocupado y hasta despistado si se lo quiere, pero nadie pondría en duda su dedicación a la carrera de derecho y su compromiso con ella, si al principio todos rieron con la idea de su amigo en estudiar a distancia o sin dejar la cafetería, ahora todos estaban consientes y orgullosos del esfuerzo que había hecho y como Dante solía decir "nunca viene mal un amigo abogado".

-Dante pasó por casa temprano.- dijo intentando cambiar los ánimos del lugar.

-¿Ocurrió algo?- interrogó extrañado, ya que la casa de Andrew quedaba alejada del taller del hermano de Makoto.

-No.- negó con su cabeza hacia los lados. -solo trajo maderas para poder tapar las ventanas de casa, suerte que nuestro amigo es una de fábrica de maderas.- finalizó divertido.

-Sí, es verdad.- asintió riendo. –En un momento iré a tapiar todo, al menos así estaré tranquilo para cuando la tormenta llegue.-

-Deberías ver la paranoia que hay afuera.- comentó divertido. –Tapan los puestos como si se tratara del fin del mundo, se agotaron los víveres y el agua escasea, todo porque la gente se pone como loca.- explicaba el rubio con evidente fastidio de quien trabaja en atención al público y tiene contacto con todo tipo de comentarios disparatados por éste.

-Suele pasar, pero ya sabes yo estoy solo aquí, así que no necesito más de lo que tengo.-

-¿Te quedaras aquí?- preguntó tomando una galleta de mantequilla del pequeño platito en medio del escritorio.

-Sí, ¿A dónde iría?- asintió.

-No, entiendo, yo también me quedaré en casa, pero me comento Dante que le dirían a Rei que se quede con ellos, es que el templo es grande y bueno, ella está sola.- comentaba con obviedad. –Debe ser molesto estar en ese lugar solo, es grande de verdad y alejado.-

-Sí, está sola aquí.- soltó endureciendo su voz. –Digo en la ciudad tiene quien la arrope ¿verdad?- finalizó con malicia sorprendiéndose de su propia reacción ¿a que había venido eso?

-¿Lo dices por…-

-Su novio, ¿no escuchaste en la cena?- interrumpió a su amigo quien evidentemente estaba perdido.

-Ah eso, bueno… en realidad.- la voz de Andrew se apagó y enserió su gesto como pensativo, el mutismo del rubio captó la atención del ojiazul quien vagaba entre auto tortura psicológica.

-¿Qué sucede?- le preguntó acomodándose en su asiento.

-Nobu no te lo dijo ¿verdad?- fue su respuesta desconcertando aún más a Seiya.

-¿Qué debería haberme dicho? No juegues Andrew .- soltó molesto, odiaba cuando el rubio se hacia el misterioso.

-Verás la vez que Dante y yo fuimos a verlo, luego de la cena, salió ese tema, ya sabes como cosa del momento, cargadas a Nobu y eso, pero…-

-Andrew.- lo empujó, vio al rubio dudar nuevamente, estaba rememorando lo que habían platicado con el abuelo de Rei y comenzó a hablar.

-No era su novio, era su prometido….- soltó ausente.

Las palabras calaron profundo "prometido" si descubrir que ella tenía a alguien en la ciudad lo había desestabilizado, el saber que estaba por casarse lo dejó en jaque, si en algún momento pensó que ella era joven y su relación era algo pasajero, esto terminó de desbaratar su teoría.

-¿Prometido?- repitió más para sí que para el rubio.

-Sí, hijo de un duque.- prosiguió Andrew aún con la mirada perdida en su taza de té.

-Al parecer se lo buscó con dinero ¿verdad?- soltó hiriente, herido.

-No digas eso Seiya- lo reprendió posando al fin su mirada sobre su amigo, por alguna razón su tono dejó de gustarle, el pelinegro por su lado se calló avergonzado de sus propias palabras, genial ahora la trataba de cualquiera. –Seiya, Rei ha pasado por mucho amigo, yo no podía creerlo cuando Nobu nos habló.- seguía hablando Andrew.

-Con esa clase de monstruo corrupto que tiene como padre ¿Qué esperabas?- dijo con voz grave y casi gutural.

-No hablo de eso, Seiya. – Andrew se quedó en silencio unos segundos, para luego abrir su boca, aunque fue interrumpido por tu teléfono móvil. –Perdón Seiya.- dijo mientras respondía el llamado.

Un pensativo pelinegro no oyó más que su propia mente afirmarle una vez más que ella es una chica de Ciudad, tiene el mundo a sus pies, y él más que nunca no tiene donde caerse muerto.

Andrew salió luego de eso, no pudiendo contar todo lo que sabía y que sin duda Seiya ya no querría oír, la tormenta se acercaba, los envolvería en unas horas más, y un torbellino dentro de él pedía a gritos destrozar todo a su paso.

o-o-o-o-o

El pelilargo de ojos gatunos se encontraba acomodando las herramientas del taller y alistando todo para comenzar a cerrarlo, cada exhalación de aire se convertía en vapor al instante, de por si un taller mecánico siempre es frío y este día lo era más, había sido un día agitado, ya que tuvo que pasar por el bar de su padre, que ya estaba casi listo para inauguración, no consiguió maderas suficientes por lo que optó por pasar por el taller, donde Dante lo alcanzaría llevando maderas.

Tomó el pesado motor del suelo levantándolo y colocándolo en la mesa de hierro, sin siquiera cambiar su gesto, que extrañamente se encontraba más pálido que otras veces, tal vez solo por la impresión.

Flash Back

Llegó a casa de su amigo con la intención de ayudarlo, de todas maneras no tardaría mucho en el bar, o al menos eso creyó, detuvo su camioneta y descendió dejando su huella en el césped escarchado. Caminó con paso tranquilo mientras la fría brisa hacía volar su lacio cabello, y su morena piel se denotaba más clara a causa del clima.

Alzó su mano para tocar la puerta y ésta se abrió automáticamente, se quedó unos segundos extrañado y al fin avanzó a paso lento dentro de la casa estilo victoriana.

-¿Diamante?- llamó con voz gruesa, parecía que nadie estaba en casa, la puerta se cerró tras de él y antes de que pudiera virar "algo" se abalanzó sobre su espalda, no era algo pesado, pero si muy adherente, de piernas largar y brazos succionadores, una cortina dorada se cruzó sobre su visión, en escasos dos segundos.

-Mi mecánico favorito- oyó la voz chillona en su oído, bajó sus hombros con resignación e intentó librarse de la identificada rubia. –Qué frio hace, y tú estas más helado que de costumbre- seguía la rubia mientras descendía al suelo enfrentando la mirada enigmática del pelilargo

El joven movió su cabeza hacia los lados y estiró un poco su cuello.

-Están en la cocina, pero la puerta está cerrada de ahí el silencio en la casa más ruidosa del mundo.- comunicó con una sonrisa. –Y Dante salió un momento, si lo buscabas a él, tiene consigo su teléfono móvil, fue por mas madera Kuni.-

El platinado se quedó viéndola unos instantes, era increíble como siendo tan disparatada, nada reservada y extremadamente ruidosa adivinaba cada uno de sus pensamientos, brindándole la información que él necesitaba requería.

-Makoto está haciendo un pastel, pero no te gusta lo dulce así que deduzco que te irás, le diré a Dante que estarás en tu taller.- dijo caminando junto a él.

-El bar.- dijo el joven atrayendo la hermosa mirada azul de Minako.

-¿Disculpa?-

-necesito madera para el bar, el que era de mi padre, lo volveré a abrir.- finalizó encaminándose hacia la puerta de salida, mientras la rubia se quedaba observándolo, era su imaginación o Kunzite Okada le estaba hablando de su vida, le había contado algo sobre él.

-Ahí estaré Kuni.- dijo con una sonrisa, saltando como ella solía hacerlo besó la mejilla del pelilargo y se dirigió con paso tranquilo como era su estilo hacia la cocina abriendo la puerta y saliendo los gritos de allí.

Un muy sonrojado Kunzite abandonó la casa de Dante, y aunque no lo admitiera con un calor recorriendo su cuerpo, no venía mal, después de todo, estaba helando.

Fin del Flash Back

De solo recordar el momento en su pálida piel un tono rosado cruzaba, Minako era demasiado demostrativa y él no estaba acostumbrado a ser acosado, oyó el sonido de un motor detenerse y al cabo de unos segundos a Dante entrando al taller.

-Hola Kun.- lo saludó respondiendo el aludido con un movimiento en su cabeza.

-Hola.- oyó una voz detrás del alto platinado quien cargaba algunas tablas de madera.

-Hola Rei.- saludó al ver a la pelinegra ayudando al hermano de Makoto. -¿Ayudante?- soltó con una pequeña sonrisa.

-Oh sí, es que fuimos al templo a ver que todo estuviera bien y Makoto fue a casa de los señores Ishida, luego paso por ella desde allí y ya nos vamos a casa.- explicó el peliplata mientras comenzaba a ayudar a Kunzite, dejaron las maderas en el suelo y comenzaron a seleccionar las más cortas para poder tapear las ventanas, labor que llevaron en silencio, fue cuando el teléfono móvil de Dante sonó, lo respondió saliendo a hablar a afuera, ya la señal era mala, la tormenta se acercaba.

-Era Seiya, necesita maderas.- informó. –Rei iremos luego de aquí.- le informó a la pelinegra quien solo asintió, mientras seguía en su tarea.

Se despidieron de Kun quien fue rumbo al bar, advirtiendo que pasaría allí la noche junto con Kouta que no que quería quedarse solo en la pequeña habitación que rentaba, llegaron a la casa de Seiya ya cuando el viento soplaba muy fuerte y el cielo se cerró en su totalidad.

-Debemos apurarnos.- dijo descendiendo rápidamente.- Quédate aquí Rei.- lo oyó hablar en tono alto y alejarse con maderas mientras Seiya lo esperaba en la entrada, ambos jóvenes iban a despedirse cuando la joven divisó que ingresaron a la casa, salieron a los pocos segundos a toda prisa hacia ella.

-Bájate Rei.- dijo Dante llegando con Seiya a su lado. –Quédate en la casa y cierra todo.-

-¿Qué? Pero qué pasa Dante.- exclamó totalmente confundida por la prisa de ambos jóvenes quienes salieron corriendo como si el mismo diablo los persiguiera.

-Vamos pequeña, el rió se salió de su cauce, debemos ir a ayudar a los que deban cruzar.- completó Seiya, obligando a la pelinegra a bajar.

-¡Yo voy con ustedes!- vociferó la joven con toda la intención de subir nuevamente al vehículo, el río no le daba miedo, no cuando estaba con él.

-Te quedaras aquí Rei.- soltó imperativamente Seiya mientras la tomaba del brazo bajándola de la camioneta.

-No me digas que hacer Seiya.- devolvió con evidente molestia, la seguía haciendo a un lado como si fuera una niña.

-Rei por favor.- oyó la voz de Dante apoyando la petición del músico, sabía que no podía hacer mucho, pero menos útil era quedarse allí con los brazos cruzados esperando a que ellos llegaran.

-Te quedas Hino, entra a la casa.- soltó el pelinegro con voz grave al tiempo que el viento seguía soplando con fuerza.

-Debemos ir Seiya.- insistía Dante, mientras el pelinegro abría su vehículo.

-Necesitaremos los dos.- comunicó a lo que el carpintero asintió.

-Te quedas aquí.- gritó con enojo el pelinegro subiendo a su camioneta al mismo tiempo que Dante lo imitaba con la suya propia y sin mediar palabra alguna se alejaron.

Quedó parada en medio de la gran entrada de la casa de los Kou, por más que pusiera la peor cara, ellos no volverían, se alejó e ingresó a la casa cerrando la puerta tras ella, no sin dejar de sentirse preocupada.

o-o-o-o-o

Makoto finalizó de preparar el último platillo, como era costumbre le cocinaba a los señores Ishida para ahorrarle una tarea a la anciana mujer, limpió toda la cocina y apoyó el trapo amarillo sobre la mesa al tiempo que la puerta trasera se abría.

-Está llegando.- dijo Andrew mientras entraba de manera melodiosa.

-Estaremos bien.- le sonrió la pelicastaña tomando el abrigo marrón. –Es mejor que vayas a tu casa Andrew, yo esperaré a Dante aquí, él y Rei vendrán por mí.- informó la joven.

-Puedo llevarte Makoto, no es un problema.- dijo el rubio extrañamente pensativo. Y es que al llegar a casa de los Ishida, no fue sorpresa encontrarse a la hermana menor de su amigo, después de todo ella siempre solía ayudar a los ancianos, como solía ayudar a todo el mundo, pero no fue eso lo que lo dejó en trance, no, no, fue el hecho de que Makoto Kino no fue llevada allí por Dante, quién es su celoso hermano, sino por el siempre adorado Kouta.

Quería mucho a su amigo, le deseaba lo mejor, lo mejor, pero no la excelencia pura.

-Gracias Andrew.- la oyó decir con esa sonrisa, esa sonrisa que sólo le dedicaba a él. –Es mejor que me vaya con mi hermano.- la vio girarse y tomar su bolso, sacando un pañuelo color rojo.

-¿Y eso?- soltó el rubio con una sonrisa. –No sabía que te gustaran los pañuelos estilo Gun's 'n' Roses.- dijo riendo, mientras que en la cara de la joven un signo de interrogación surgía. –Una banda… música.- comenzó a dar pistas.

-Sé quiénes son, es solo que la pañoleta no es mía.- informó despreocupada.

-Oh Dante tuvo una regresión, ya veo.- asintió divertido.

-Es de Kouta.- informó la pelicastaña con una sonrisa, borrándose automáticamente la de la cara del rubio. –Me la obsequió.-

-Oh…- musitó no sabiendo exactamente cómo reaccionar a eso o si realmente tenía que reaccionar, después de todo ¿qué le importaba a él?

-Sí, la verdad es que es tan divertido Andrew, siempre de buen humor, no había conocido una persona así desde…- calló abruptamente en gesto ausente debatiéndose entre sí realizar la comparación o no, es que bien sabido era que…

-Tu ex…- interrumpió los pensamientos de la chica, claro que él sabía eso, miles de veces la oyó hablar de ese tipo, de cómo estaba siempre de buen humor, de cómo nunca gritaba, de cómo jamás se exaltaba, seguramente el peor en la cama, una persona así debe de serlo porque es pésimo amante, sí ese razonamiento lo hacía sentir mejor.

-Sí, extrañamente desde él.- asintió la pelicastaña.

-Niña.- la voz de la señora de la casa llegó hasta ellos. –Ven querida quiero enseñarte unas fotos.-

-Las fotos de su boda, que vi más veces que la película Titanic.- murmuró Makoto en explicación para Andrew quien rió entrecerrando sus ojos. –Huye Andrew, salva tus oídos.-

-¿Y dejarte? No te dejaría ni en sueños…- respondió siguiendo el juego, aunque aportando un tono enfático extra. –Dejaría aquí, tú sabes.-

-Lo sé Andrew.- asintió la chica sin dejar de sonreír, no queriendo dar más vueltas al asunto, porque después de todo él había dejado claro aquella vez que el "asunto" fue su más grande error. –Nos vemos.- saludó para dirigirse a la sala saliendo de la vista del muchacho, con aún la pañoleta roja en su mano.

-Adiós….- murmuró saliendo del lugar mientras el cielo se oscurecía cada vez más.

La tormenta llegó antes de lo previsto, el deshielo de los días anteriores hicieron rebalsar el río, los jóvenes intentaron ayudar a cuanta gente pudieron, más sin embargo el mal tiempo provocó que unos cuentos no pudieran llegar a destino teniendo que pasar la noche en refugios o en los hogares que otros vecinos ofrecían. Los cambios climáticos a la ladera de la montaña se hacían sentir, y aunque vivieran hacía años en el mismo lugar, había veces que los tiempos del clima no eran los suyos.

Seiya logró enredar el auxilio y lo arrojó sobre su camioneta para luego ayudar a su amigo quién lidiaba con el enganche trasero.

-Debo ir por Makoto Seiya, no puedo dejar la casa sola.- comunicó Dante preocupado elevando la voz por más que estuvieran a escasos metros ya que el viento que soplaba era insoportable, la razón del apuro del peliplata era el segundo piso de su casa, estaba reparándolo, las maderas estaban podridas, la llegada prematura de la tormenta no lo dejó terminar por lo que tenía que llegar.

-Ve yo llevaré a Rei, no te preocupes.- dijo el pelinegro intentando calmar a su amigo quien como pudo se dirigió a destino, mientras la camioneta negra se incursionaba hacia el gran casco que lo había visto crecer, con un sol pensamiento: lograr llegar.

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La joven permanecía sentada en la gran cocina con sus ojos violáceos clavados en el gran ventanal que dejaba ver la entrada del rancho. Había intentado usar su teléfono móvil para llamar al alguien que le interesa oír sus gritos, más sin embargo éste se encontraba fuera de servicio, entre mucho meditar, tomó valor para tomar el teléfono de la casa de Amy, pero éste se encontraba cortado también, bufando por lo bajo sobre la pésima administración de Seiya.

Exhaló y se dirigió a la sala, para tomar su abrigo estaba decidido ella iría a buscar a sus amigos, nadie dejaba atrás a Rei Hino, sin embargo sus pasos se detuvieron, caminando no llegaría muy lejos meditó, otra vez la ira inicial que la imposición del pelinegro le causó, ¿quién se creía? Como si ella jamás hubiera ayudado en los temporales, rodó sus ojos sabiendo bien que no tenía muchas opciones, fue ahí cuando lo vio. El gran piano de cola. El piano de él, el piano que ella pasaba horas oyendo desde la habitación de Amy cuando su madre enseñaba a Seiya tocar, a Amy nunca se le dio por la música, sin embargo era amante de la música clásica, como su hermano.

Caminó unos pasos en dirección al objeto silente, agudizó la vista y una capa de polvo se posaba sobre él, se acercó aún más hasta llegar a él, temerosa, debatiéndose, su dedo índice cayó sobre la tecla blanca, ¿sería fa o sol? No lo recordaba, no recordaba para qué servían las teclas negras, el sonido inundó el lugar, más sin embargo no sonaba como siempre, es que él solía tocar de una manera única y especial, agachó su cabeza y bajó la tapa y cubrió los blancos dientes para alejarse, pero algo captó su atención antes, justo sobre el mueble incrustado en la pared, a la salida del cuarto de música, como solía llamarlo la dueña de casa, en el estrecho pasillo, en una de las repisas, el retrato de una familia feliz se hallaba oscurecido a causa del polvo, otra vez polvo pensó. Toda la casa estaba impecable, sin embargo esos dos objetos eran los descuidados.

-Lo que dejaste atrás.- murmuró clavando su mirada amatista en la fotografía, donde una Amy de escasos 12 años aparecía junto a un sonriente Seiya y dos amorosos padres y esposos, cuando todo era mejor. Chistó con su lengua, debería dejar de hacerse cargo de los errores de otro, más específicamente del autor de sus días y la madre de Seiya, si ellos eligieron vivir un romance oculto para todos, para luego escapar juntos y vivir una historia de amor abandonando a sus hijos a su suerte, no era su asunto, aunque el pelinegro viviera reviviéndolo cada vez que la miraba y aunque ella lo negara, dolía, dolía y mucho, porque ante los ojos de Seiya ella no quería ser sólo la hija de él, sino la misma chica de siempre.

Una ráfaga de viento hizo sacudir los cimientes de la casa, fue cuando corrió hacia la cocina y con horror, desde el cristal aún no cubierto, divisó cómo la tormenta se desataba, el comienzo de lo que sería una de las más recordadas del siglo. Una urgencia la invadió, Dante y Seiya aún no llegaban, la adrenalina comenzó a correr y sin importarle nada más que necesidad de controlar todo, salió de la casa siendo golpeada por el violento viento que despeinó sus cabellos negros cual ébano, se cubrió la cara entrecerrando sus ojos, la tierra que volaba la cegaba, hizo dos pasos más y la camioneta negra de Seiya ingresaba a toda velocidad, siendo detenida a escasos metros, mientras un serio pelinegro descendía y comenzaba su carrera hacia ella, no le dio tiempo de mucho solo la tomó fuertemente del brazo y la metió a la casa cerrando la puerta tras ellos.

-¿Qué demonios hacías afuera Rei?- lo oyó decir con enojo mientras tomaba unas maderas que descansaban sobre la pared. –Iré a tapiar al ventanal de la cocina, ni se te ocurra moverte.-

-¿Dónde está Dante?- interrogó haciendo caso omiso a lo que el muchacho le decía.

-Fue por Makoto y directo a su casa, quedamos en que yo te llevaría hacia allá.- al finalizar la frase el viento volvió a sacudir el lugar. –Debo tapiar la ventana.- masculló saliendo con prisa, seguido por la pelinegra. -¡Quédate dentro!- le ordenó, pero la joven hizo caso omiso, no detuvo su marcha hasta llegar a la ventana a tapear, Seiya cerró los postigones y se dispuso a trabarlos, pero el viento y las pesadas maderas eran factores contrarios. Fue cuando unas blancas manos lo libraron del peso que la tabla de madera le generaba y empujaba ayudando al pelinegro.

-Toma los clavos y clávala ya.- le gritó la pelinegra decidida, el joven dubitativo tomó la engrapadora y colocó los clavos -No me mires Seiya, apúrate.- le volvió a decir haciéndolo reaccionar.

-Ya esta vamos Rei.- dijo jalándola hacia la casa a pesar de los intentos del chica por librarse del agarre.

-Debo irme Seiya.- al finalizar la frase una ráfaga de viento hizo caer la rama de unos de los frondosos árboles, el pelinegro aprovechó la distracción de la chica para hacerla entrar a la casa donde cerró la puerta.

-No irás a ningún lado hoy Hino.- soltó con voz grave.

-No me quedaré aquí.-

-¿Tienes opción? Yo no pienso salir, ya está oscureciendo.-

-¿Y si Dante no llegó con Makoto a su casa?- soltó preocupada la joven, el pelinegro sacó su teléfono móvil del bolsillo de su abrigo y se dispuso a marcar.

-No hay servicio.- soltó Rei de mala gana, más sin embargo el joven hizo caso omiso y continúo con el aparato en su oreja.

-Dante- lo oyó hablar y levantó una ceja irónica, convencida que le estaba jugando una broma. –Que bueno, ¿Makoto está contigo?, bueno envíale mis saludos.- continuaba con gesto serio y mirando hacía un lado exasperando a la pelinegra.

-Dame eso.- dijo arrebatándole el celular de sus manos toscamente.

-Ey.- se quejó el muchacho quien eligió cruzar sus brazos sobre su pecho y reposar su cuerpo en el marco de la puerta.

-¿Dante? ¿están bien?- la voz del otro lado, aunque cortada por la interferencia confirmó que no era broma de Seiya. –Ya mismo voy para allá Dante.- afirmó tomando su bolso y rodando sus ojos para evitar la incesante mirada azul clavada en ella.

No era necesario saber la reacción del peliplata del otro lado, el rostro de la pelinegra era delator, y había una realidad: ni loco se arriesgaría a salir con la peor tormenta del siglo que hacía años se veía, de acuerdo eso era exagerado, pero sí estaba feo el clima como para salir. La oyó cortar y acto seguido tiró el teléfono móvil por los aires hasta que cayó en las manos de Seiya.

-Ey, aún lo estoy pagando Hino.-

-Diamante vendrá por mi mañana.- dijo enojada, pero con vos suave, ¿qué haría ahora? Debía pasar la noche allí, aunque sospechaba que el que peor tomaría esto sería el pelinegro. Las cosas entre ellos estaban algo extrañas para no decir del todo, bastante era trabajar juntos, ahora compartirían el mismo techo.

Debía moverse y dejar la pose de tonto que había adoptado cuando la oyó hablar, la idea de que ella pasaría la noche con él, mejor dicho bajo el techo de él, no terminaba de asimilarse. No era la primera vez que Rei se quedaba en su casa, claro que la diferencia es que antes su hermana estaba allí y ella no era lo que es hoy… una mujer.

-¿Qué hacemos… ahora?- soltó más para sí que para él, de nuevo sus opciones eran limitadas y de nuevo el destino la acorralaba justo donde no quería estar, fue cuando recorrió la figura de Seiya, estaba empapado y recordó que estuvo ayudando a la gente que vivía en la ribera.

-Puedes dormir en la habitación de Amy.- articuló para al fin moverse y pasar junto a ella hacia la cocina, la oyó seguirlo, le estaba dando la espalda mientras tomaba algunos ingredientes para cocinar, eso lo mantendría distraído, y además moría de hambre.

-¿Qué haces?- interrogó sin levantar mucho la voz, asimilando el momento que estaba presenciando, no, no presenciando, del que era parte.

-Cocinar…- respondió despreocupado mientras dejaba la carne descongelar en el fregadero.

-Estás empapado Seiya, ve a darte un baño.- dijo sin elevar mucho la voz mientras no lo perdía de vista.

-Enseguida iré, quiero preparar todo antes, de lo contrario cenaremos entrada la madrugada.- comentó, ciertamente estaba acostumbrado a sentir la ropa húmeda, siempre ocurría lo mismo con el clima en ese lugar.

-Qué bueno que lo harás tú…- dijo sonriendo de lado, no era una amante del arte culinario.

-Estábamos atrapados en medio de una tormenta, no voy a arriesgarme que lo hagas tu, los hospitales están lejos.- finalizó con una sonrisa jocosa mientras volteaba su cabeza hacia ella quien no había quitado aún el abrigo. –Ponte cómoda.- la empujó con algo de duda en su voz, la última vez que utilizó esa expresión fue para que alguna de sus amiguitas se quitaran todo lo que traían encima, fijando su vista en los pares de amatistas que no se perdían movimiento alguno volvió a hablar. –Así me ayudas.-

-Oh ¿no tienes miedo de que te envenene Kou?- rebatió la chica levantando su ceja.

-Estaré mirando atentamente.- bromeó, dejando todo listo y pasó junto a ella. –Sólo no toques nada en mi ausencia Hino.- finalizó perdiéndose en las escaleras.

La entera situación era incómoda, ninguno de los dos dio mucha vuelta al hecho de que literalmente estaban atrapados en una casa, con una chimenea, con bastantes botellas de alcohol y eran un hombre y una mujer, mejor dicho eran Rei y Seiya, por lo que escapaban a la regla general.

Mientras él estaba bañándose, desnudo, claro está, Rei se dispuso a ayudarlo, para sí ausentar sus pensamientos, no había cable, la radio estaba con interferencia por lo que lo único que podía hacer era intentar mantenerse concentrada en su tarea, la pelinegra se dispuso a rebanar los vegetales y así preparar una ensalada, no pasó mucho cuando el muchacho se unió a ella y aunque quiso decir mucho por encontrarla en semejante tarea, solo se limitó a tomar unas batatas y ayudar con la cena.

Cocinar en silencio no escapó a que sus mentes vagaran, y que esa vaguedad los llevara nuevamente al instante en que se encontraban mostrándose espectadores de su propia vida, la joven seguía con habilidad rebanando y aunque su mirada estaba ausente, sabía plenamente qué hacer, la mirada azul se posó de reojo sobre ella y sonrió de lado, es Rei, se dijo así mismo, intentó relajarse y dejó de lado lo que estaba haciendo para secar sus manos y seguir atento los movimientos de la chica, que no pasó mucho cuando se sintió observada.

-¿Alguna recomendación?- soltó con desdén levantando una ceja. –Creo que no puedes decir nada.- dijo con autosuficiencia.

-Podría.- respondió con rapidez. –Pero sé que jamás me escucharías.- finalizó sonriendo, ambos se miraron unos segundos y continuaron con su tarea.

Pusieron la mesa en la cocina, el comedor solo se utilizaba cuando tenía visitas, y aunque le hubiese gustado agasajarla sabía de más que esas cosas no iban con ella, estaba de más. El aroma a la comida inundó el lugar, aún faltaban unos minutos. Seiya se asuntó un tiempo en el cual ella no hizo preguntas solo tomó asiento en la mesa tomando una revista que estaba sobre uno de las sillas, no era muy vieja, pero sí era de chicas, no prestó atención al dato, Makoto solía ir a ayudar al amigo de su hermano, podría ser de ella.

El joven ingresó a la cocina y ella lo siguió con sus ojos. –Preparé tu habitación.- dijo. –Encendí la calefacción en unos minutos estará aclimatada.- sonrió de lado, la chica asintió y agradeció en un gesto ausente. Lo vio caminar hasta quedar junto a la estufa, y controlar la olla al fuego.

-Está listo.- comunicó sin siquiera mirarla, se dispusieron a servirse y comenzar a comer, Rei no solía ser callada y definitivamente entre las cualidades de Seiya no estaba el ser silente, sin embargo por qué no sabían muy bien cómo encarar algún tema.

-La cena esta deliciosa.- rompió el hielo ella. Y es que realmente tenía buena sazón, ambos comieron animados, en especial él, al parecer la pérdida de energía del día de hoy estaba cobrándose. –Al parecer piensas igual.- soltó ante la falta de atención del pelinegro quien solo se llevaba comida la boca.

-Lo siento.- se disculpó algo apenado. –Es que de verdad tenía hambre.- justificó, aunque sabía bien también que no acostumbraba a tener visitas menos que menos al ahora de la cena, ambos volvieron a hundirse en silencio, aunque era lejos de ser incómodo, había cierta intimidad en el aire, y los ojos de ella volvieron a invadirlo.

-¿Ocurre algo?- soltó el pelinegro no entendiendo el motivo de la observación.

-¿Nos queda algo más que decorar?- interrogó.

-¿Eh?-

-Si debemos decorar algo más.- le reiteró la amatista.

-No, creo que cumplimos con nuestra misión.- respondió con una sonrisa. –Nadie habrá terminado, solo nosotros.- finalizó orgulloso de su eficiencia como equipo.

-Es que somos un buen equipo además de que no tuvimos dudas en cómo hacer las cosas.- apoyó animada ella, bien sabía que disfrutaba muchísimo la competencia.

-Lo sé, compadezco a Andy, me dijo que Mina lo tiene como a un niño.- reía con maldad. –Lo regaña, le repite las cosas.- enumeraba.

-Ya lo creo, y Makoto no debe parar de quejarse.- acotó la pelinegra con igual intención.

-Y Dante debe estar aun descifrando la mirada de Kunzite para saber qué color prefiere.-

Rieron con ganas ante los comentarios, una vez más todo cambió entre ellos, y esta vez para bien.

-Yo solo quiero saber qué tiene planeado Minako para el baile en su casa.- se repuso la amatista de la risa inicial, mientras dejaba los cubiertos sobre el mantel individual color vino.

-Sólo sé que es de máscaras y claro trajes de gala.- comunicó Seiya empujando un poco su plato, ya satisfecho.

-Eso es un problema.- dijo la chica pensativa mientras fruncía sus labios.

-¿Y eso por qué?- preguntó curioso.

-No tengo ningún vestido de gala…- respondió encogiéndose de hombros. –No está entre mi equipaje, jamás pensé que asistiría a una fiesta.- se explicó, y aunque su amiga le había enviado algunos vestidos no eran exactamente apropiados para la ocasión.

-Amy tiene algunos aquí, ella no vendrá así que puedes usarlos, estoy seguro que a ella no le importara.- ofreció el joven sin pensarlo demasiado, su hermanita estaría feliz de que Rei asistiera a algún baile con alguno de sus tantos vestidos confeccionados por su tía, al tiempo que su mirada se ensombrecía.

-¿La extrañas?- se animó a preguntar la pelinegra atrayendo la mirada del joven.

-Demasiado, es muy pequeña aun Rei, sé que tiene tu edad, no digas nada.- interrumpió la protesta de la chica antes que escape de sus labios.- Pero ella no es como tú y Makoto, sin que me mal interpretes, ella es inocente y ciertamente me preocupa qué pueda pasarle.- compartió parte de sus preocupaciones, mientras la joven levantaba la mesa, seguida por Seiya.

-Confío en que sabe cuidarse sola, además seguro se hizo de un grupo de amigos, Amy es muy linda con la gente.- dijo con la intención de comenzar a lavar.

-No, lo hace el lavavajillas.- le comunicó él. -Solo espero que ninguno quiera pasarse con ella.- retomó la charla entre los dos.

-Seiya ¿estás celoso?- lo miró divertida, no era momento para comentar que él solía ser un don Juan, y que esas tantas chicas también podrían tener hermanos.

-Claro que no.- negó rotundamente. - pero no me gustaría que ningún tipo se pasara de listo con ella.- continuó hablando subiendo un poco el tono.

-Creo que Amy es lo suficientemente adulta como para saber lo que quiere.- opinó con énfasis la pelinegra mientras volvía hacia la mesa.

-¡Por todos los cielos Rei, a esa edad no sabes que quieres!- exclamó algo abrumado, mientras terminaba de poner la vajilla en el aparato blanco y lo encendía.

-Creo que estas subestimando a tu hermana.- otra vez la voz de la amatista se alzó, cruzando sus brazos sobre su pecho.

-No, no lo hago, sé lo que Amy es, pero también sé cómo es el mundo, ustedes son muy confiadas Rei, pero las cosas no siempre son lindas.- y la discusión volvió a subir de tono, sabía a dónde terminaría llegando el tema, a lo que siempre ocurría que ella, que creía saberlo todo era una niña.

-Oh no me digas Seiya.- ironizó con enojo. –Claro, tú si sabes qué es el mundo, a pesar de nunca haber salido de este pueblo.- escupió las palabras con tal intención que sus ojos chispearon.

-¿A ti te ayudo salir?- remató el joven acercándose a ella a paso seguro quedando a escasos metros de su rostro.

-¿A qué te refieres?- soltó sin moverse un centímetro, no la haría recular.

-Si a ti, saliendo de aquí, te ayudo en algo, porque yo solo veo a la misma niña caprichuda de siempre ¿sabías?-

-No me llames niña.- vociferó clavando su mirada violácea en la suya azul, y las llamas que siempre creía alucinar ver en ella ahí estaban.

-Eres una niña.- repitió perdiéndose esta vez en su boca en forma de corazón.

-Dilo otra vez.- escapó de sus labios al tiempo que su pecho subía y bajaba agitadamente.

-No hagas eso Hino.- soltó en todo de advertencia, pegándose más a ella.

-¿Hacer qué?- interrogó inamovible.

-Desafiarme, ¡vives desafiando a la gente!- masculló entre dientes con voz grave bajando aún más su rostro, rozando su nariz a la de la joven.

-Creí que eso te gustaba.- murmuró sin dejar de mirarlo, sin alejarse haciendo que su aliento dulce choque con el rostro del pianista, embriagándolo.

-No hagas esto Rei.- soltó luchando contra las ganas de devorar sus labios en un hambriento beso, de arrinconarla contra una pared y desatar lo que hacía tiempo sentía por ella.

-No estoy haciendo nada…- y sus labios se movieron nuevamente, la mano de Seiya recorrió el brazo de la chica subiendo hasta posarse en su rostro. -¿Qué harás tú?- dijo no comprendiendo bien las reacciones de su cuerpo quien solo se negaba a escapar de aquella situación, quién necesitaba ser tocado.

Silencio. Deseo. Anhelo. Culpa. Remordimiento. Más deseo. Menos centímetros entre ellos. Fuego.

-Rei…- musitó apenas entregándose a lo que su mente y cuerpo gritaban.

Capturó los rojos labios de la joven con fuerza y lejos de rechazarlo, ella, los pegó más a él, una descarga eléctrica recorrió sus cuerpos, alcanzando cada una de sus extremidades. ¿Si era correcto lo que ocurría? ¿Si querían evitarlo? Claramente no había lugar a pensamiento alguno, el pelinegro sintió la mordida en el labio inferior desatando aun más su deseo, la mano que descansaba en el bello rostro se deslizó hasta enredarla en los cabellos color ébano, delineó con sensualidad la boca que segundos antes lo mordió con fuerza, pasó su lengua acariciándolos hasta que estos se abrieron permitiendo que sus lenguas se encuentren en una lucha húmeda y fiera.

Pegaron sus cuerpos y sin separarse Seiya comenzó a caminar obligando a Rei retroceder unos pasos hasta golpear su espalda contra la fría pared blanca. Se sintió acorralada, y sin dejar de besarlo alzó sus manos al cuello del pelinegro atrayéndolo con fuerza, Seiya estiró su mano y la pegó a la pared atrayendo a Rei con él separándola del muro, soltando un sonido gutural, salvaje, animal.

No importaba si el aire faltaba, no lo necesitaban, solo necesitaban esto. Sus cuerpos clamando por mas, con la mano que tenia posada en su cintura comenzó a acariciar la espalda de la joven, la introdujo entre sus ropas quedando maravillado por la suavidad de la piel de la amatista, abrió sus ojos por unos instantes sólo disfrutando de las largas y tupidas pestañas que acariciaban sus mejillas, el color rosado de sus pómulos, la fiereza de su agarre y sin aviso alguno el par de amatistas se descubrió ante él, sin romper el beso, sin dejar de tocarse y desearse, sólo mirándose, desafiándose.

Su cuerpo reaccionó al de Seiya, se sentía arder, un fuego interno que la consumía, necesitaba más, la ropa estorbaba, enredó una de sus piernas en la cintura de él y la mano de Seiya resbaló delineando la torneada pierna de Rei, la opresión en sus pantalones aumentaba y sus labios dolían. La giró dejándola de espaldas al mueble de costado que contenía la vajilla, los besos seguían subiendo de tono.

-Seiya…- la oyó murmurar su nombre con fuego con anhelo, cuantas veces había deseado oírla de esa manera.

-Pequeña…- las manos de Rei se posaron en el rostro de él, besándolo con fiereza y especial sensualidad, ambos recargados sobre el mueble.

El ruido de dos copas cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos fue lo único que hizo sobresaltarlos, ambos cesaron en sus movimientos, el beso se rompió, el trance también.

La realidad los golpeó con furia, ahí estaban nuevamente, él y ella, Seiya y Rei, el joven Seiya y la pequeña amiga de su hermana, Rei.

-Yo…- ambos quisieron decir algo, el brillo en los ojos de la amatista se fue perdiendo, como si fuera la única capaz de reordenar sus emociones, y aunque no pudiera, se lo haría creer. El pelinegro liberó la pierna de la chica, que rozó su cintura al caer y se separó de ella. Solo dos pasos hacia atrás. Esos ojos brujos lo observaban y no pudo más que eludir la mirada.

-Recogeré las copas.- la oyó decir y notó que se movía, debía decir algo, debía actuar, debía…

-Rei- la llamó tomándola del brazo, el contacto bastó para que sus ojos chispearan nuevamente, para que la electricidad que los había invadido antes regresara, como si las descargas fueran ya comunes entre ellos, la soltó al instante y puso ambas manos en sus bolsillos. –Lo… yo… - intentaba coordinar. -lo siento…- finalizó.

Y allí estaban, las dos palabras que no quería escuchar, no quería que se disculpara, no quería eso, lo mejor hubiese sido dejarlo así, lo mejor hubiese sido seguir.

-No te preocupes.- articuló aclarando su garganta después. –Olvidémoslo, no ocurrió nada.- soltó con autosuperación, no quería olvidarlo, pero… era Seiya, Seiya jamás se fijaría en ella, si él actuó de esa forma fue porque siempre fue un mujeriego, siempre un don Juan y ella era ahora una mujer, una chica mas que le permitió actuar de esa forma.

"Olvidémoslo" fue lo que lo dejó en jaque, él se había disculpado por la rudeza, no hablaba del momento en que habían estado, pero otra vez una realidad vino hacia él, ella tenía a alguien en la ciudad, lo que había ocurrido fue un impulso, una pequeña aventura, un momento de distención. Pero él no era su objeto de distracción, no Seiya Kou.

La vio recoger los vidrios, se inclinó y la ayudó sin hacer contacto visual. Lo segundo fueron los pasos de la amatista perdiéndose en las escaleras, yendo a la alcoba de Amy, era hora de dormir.

Se quedó sentado en la cocina, sólo oyendo el viento fiero que golpeaba la casa y movía los arboles, la intensa nevada caía y se podía verla por entre la ranura que había quedado en la ventana de la cocina, a causa de las maderas torpemente colocadas por la prisa, había viento, nevaba, más sin embargo entre las nubes la luna asomaba, y esa noche se veía más bella que nunca.

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Se quitó la ropa y se colocó el pijama que el pelinegro le había preparado momentos atrás, utilizó el baño y no tuvo que cruzarlo en el pasillo. Dos cepillos de dientes descansaban en el vaso color azul. Amy debe tener otro donde fue.

Se metió entre las sábanas, y se tapó con el cobertor rosa, se puso de lado acomodando la camisa holgada que Amy usaba para dormir. Su cabello caía como cascada sobre su espalda y hombro, algunos mechones traviesos se colaban por su rostro, sus mejillas se encendieron de sólo pensar su actuar momentos atrás, se lamentó mil y una veces por su comportamiento, él era hombre, un hombre bastante activo por lo que recordaba, ella sólo hizo el papel de tonta, de necesitada, de chica fácil.

Escondió su rostro en la almohada, a pesar de haber tenido novio, ella jamás había estado íntimamente con nadie, y sin embargo si las copas no hubiesen caído al suelo, estaba segura que no se hubiese negado.

Una vez más lo que tanto la lastimó años atrás volvió, la noche que fue a despedirse de él, solo iba a irse del pueblo por un tiempo corto, la que la empujó a huir fue él y sus palabras esas que resonaban fuerte y clara en su mente, y sin embargo estuvo a punto de entregarse a la persona que la despreció tanto. Aunque él nunca lo sepa, ella estaba detrás de la puerta esa noche.

Con ese pensamiento sus ojos se cerraron, estaba agotada, avergonzada y más que nada, enfadada, ella no debía olvidar tan fácil, podían ser amigos, pero jamás de los jamases dejaría que cruzaran esa línea.

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Oyó que el reloj marcaba la medianoche, y él seguía sentado en la oscuridad repasando una y otra vez lo que había pasado entre ellos. Cubrió su rostro con ambas manos, si todo entre ellos era juego esta vez ambos estaban perdiendo. Se dejó llevar, se dejó llevar por aquel sentimiento que tenía ya algunos años, y que seguía siendo tan incorrecto como antes.

Se puso de pie y caminó silente hasta las escaleras, subió con pesadez y pasó por la puerta donde dentro la amatista descansaba. Se detuvo, podía golpear, pero no tenía nada que decirle. Quiso darle un golpe a la pared, quiso gritar necesitaba hacerlo. Hacía años que no se sentía tan vivo como cuando horas antes la había besado, su cuerpo, su boca, su aliento, todo era perfecto y embriagante. La excitación volvió a invadirlo, imaginarla desnuda bajo él gritando su nombre, moviéndose sobre ella, sintiendo sus labios, gozar viendo su rostro mojado con gotas de sudor y ser el causante de ello. Y si la imagen se dibujó perfecta en su mente, otra lo golpeó, Rei podía sentirse así, pero él no era el causante.

Un hombre le hacía el amor, compartía su cama, era el responsable de gemidos y noches enteras en que ella no dormiría, y la ira lo inundó, se sintió un completo idiota por fantasear acerca de ella, por desearla de esa manera cuando claramente ella ya tenía a otro que la hacía vibrar.

Iba seguir camino a su cuarto cuando la puerta de la alcoba de Amy se abrió y allí parada bajo la luz de la luna que entraba por el traga luz estaba la pelinegra, hermosa, perfecta, inmaculada, envestida en ropas blancas, con su cabello largo y suelto cayendo por el costado de su cuerpo.

De solo verlo se quedó inmóvil, se dirigía al baño y lo que más la sorprendió fue verlo allí, oyó que él subía pero luego los pasos fueron silenciados, creyó que ya estaría en su alcoba, no allí. Buscó su mirada, ésta estaba ausente.

-¿Te desperté?- interrogó el pelinegro con voz aterciopelada. La joven negó moviendo su cabeza hacia los lados.

-Rei...- volvió a pronunciar su nombre intentando decir algo que jamás surgió. Ella supo entonces que él estaba realmente arrepentido y una parte de ella se tranquilizó, Seiya no la deseaba, y aunque fuese casi agónico saberlo, al menos podría dejar en el olvido aquella loca y tonta idea.

-No pasó nada Seiya.- le dijo restándole importancia. –Solo nos dejamos llevar, fue un momento tonto, ni el primero ni él último.- mentira. Mientes Rei Hino y lo sabes.

Las palabras de la pelinegra lograron enfurecerlo, dejarse llevar no estaba en su diccionario, él no se dejaba llevar, él no hacia las cosas por hacer.

-Al parecer debes estar acostumbrada a dejarte llevar.- soltó justo en el momento en que ella pasaba junto a él, atrayendo la mirada violácea que delataba confusión. – Por lo visto sueles hacerlo, ¿sabrá tu novio o mejor dicho "prometido"- recalcó lo ultimo sorprendiendo aun mas a la chica. – que besas otros hombres dejándote llevar?- escupió las palabras con ira, con ataque de celos e impotencia.

-¿Cómo te atreves?- soltó enfadada, ofendida, dolida.

-Eso dijiste "ni el primero ni el ultimo" muchos momentos idiotas has de haber tenido Rei, a ver cuéntame las veces que en la Ciudad haces eso, tal vez con tus amigos de la banda.- siguió hiriéndola, quería lastimarla como ella lo había lastimado.

No iba a discutir con él sobre algo que no tenía sentido siguió caminando para obviarlo.

-Sabes... nunca creí que te convertirías en una libertina.- soltó con un murmullo cargado de intencionalidad.

Apenas procesó sus palabras se giró sobre sus talones y lo enfrentó con bravura.

-Nadie me llama así.- masticó las palabras, había oído mil veces a su padre referirse de esa manera sobre su madre, solo porque cuando ella se negó a seguir conviviendo con él la acusó de acostarse con otros hombres, mientras que la verdad era que Risa solo lloraba todas las noches con el grifo del agua abierto para que ni ella ni su abuelo la oyeran. –No te atrevas Seiya.- rogaba a todos los cielos que esto no estuviese ocurriendo, más sin embargo ahí estaba parado él, con esa soberbia tan propia que sólo ella conocía.

-¿Cómo se sentiría tu novio al saber que la mujer con la que va a casarse anda besando hombres por ahí?- soltó nuevamente, sintiendo herido, colérico, receloso de aquél hombre que no conocía y envidiaba con toda sus fuerzas.

-No hables de él.- le advirtió levantando una ceja.

-Oh ahora te acuerdas de defenderlo- le dijo sonriendo de lado mientras se cruzaba de brazos.

-Seiya…- soltó una vez más con advertencia.

-Pobre diablo, debería de enterarse ¿verdad? O tal vez el haga lo mismo con otras.- siguió con la burla, con la baja manera de querer herirla, sólo porque él se sentía miserable.

-¡Nathan está muerto!- el grito no fue lo que lo dejó como piedra, sino que la frase. –Él murió, no te refieras a él, no te atrevas a hablar de él.- espetó con furia y amenazante apretando sus dientes. Si no fuera porque sabía que Rei no lloraba jamás, hubiese creído que ese brillo en sus ojos eran lágrimas asomando. El tiempo se detuvo a su alrededor, nunca comprendió mas esa frase que ese preciso instante.

-Rei…- quería que la tierra lo tragara quería desaparecer, se pateó mentalmente, insultó a Andrew por no contarle toda la maldita historia. Y una vez más quedó como un tonto, como un imbécil, expuesto ante ella, hiriéndola, sólo por ser un cobarde.

La chica cerró la puerta del baño y lo supo, ella no le perdonaría esto, era la consecuencia inevitable.

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N/A: Luego de un tiempito de ausencia aquí llega este capítulo, más largos que otros, pero es lo que llevó hacerlo.

La verdad ando atareada de trabajo, muy cansada y con una serie de asuntos personales, perdón por la demora, y de ante mano no sé cuando tendré listo el otro capítulo, pero jamás dejaría un fic, eso olvídenlo.

Quiero enviar mis afectuosos saludos en especial a Deshy, quien es la autora del poema que abre el capitulo, una increíble escritora, invito a todos a leerla a la pagina gemela de FF donde los artistas que se animan a dar rienda suelta a las obras originales exponen sus obras (fictionexpreses).

A Gaby por tolerar mis berrinches de falta de inspiración, a Patty por sus comentarios y teorías tan certeras y geniales! Diana gracias por tu mensaje privado, espero te haya gustado. A malkav –iztli y a todos aquellos que pasan… saludos y espero les haya gustado, háganmelo saber.

Nicky