Bleach propiedad de Kubo Tite.

Basado en la novela Un hombre bueno de Kristin Hardy.


Capítulo Onceavo:

Soñó con él y despertó deseándolo.

Rukia se duchó y se vistió. Su ropa le pareció extraña en su cuerpo. Se arreglo y pensó en el rostro de Ichigo. Cuando lo vio en la puerta lo deseó nuevamente. No se tocaron. Se dirigieron al coche con poco más que un roce de las manos. Por fuera, todo era igual que dos días antes. Por dentro, todo era muy diferente. Ya no se preguntaban como seria; lo sabían. Ya no se preguntaban si ocurriría; ocurriría. Y pese a todas las buenas razones para no hacerlo, Rukia quería hacerlo. Fueron en coche hasta la estación, no hablaron mucho. Observaron el ir y venir de los trenes. Todavía no se habían tocado. Ya había pasado la hora punta. El andén estaba vacío. Y por alguna razón eso no hizo más que agudizar la conciencia de la cercanía de Ichigo. Estaban de pie bajo la marquesina, guardando cuidadosamente las distancias, y Rukia juraría que podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de él a través del abrigo.

Los minutos pasaban. Era insoportable.

Rukia se humedeció los labios. Al final de la estación, donde los raíles trazaban una curva y se perdían en el horizonte, vio aparecer un tren. Se volvió hacia Ichigo.

-Mira creo que…- comenzó.

Ichigo avanzó dos pasos y presionó su boca con la de ella.

No era tentación ni deseo. Era lo más parecido a la necesidad de beber agua después de varios días en el desierto. Rukia aspiró su aroma, se abandonó al placer de sentir sus brazos alrededor. Era como si el contacto de sus bocas tuviera alguna propiedad sanadora, como un elixir mágico que les servía de sustento. Y sólo quería más. Un lugar íntimo y tranquilo en el que poder explorar interminables formas de placer. Ichigo la besaba como si quisiera devorarla. El rugido de la sangre en sus oídos se convirtió en el refugio del tren que se acercaba. El tiempo se detuvo. La urgente necesidad recorría las venas de Rukia y a cada latido, algo todavía más intenso pues habían dejado de tocarse. Se sentó en el vagón junto a Ichigo, temerosa de mirarlo o hablar, temerosa de que pudiera perder el control. Se le hizo asombroso cómo la vida quedó definida a partir de ese momento de espera; esperar a que saliera el tren, a llegar a la Estación Central, a que salieran de la estación, a llegar a su edificio. Pero finalmente allí estaban, regocijándose en el sabor de la boca del otro mientras subían en el ascensor. Se detuvieron sólo mientras recorrían el pasillo hasta su puerta, metió la llave con dedos temblorosos, desesperada por llegar a la cama que los aguardaba dentro.

Giró el pomo y empujó la puerta.

-¡Pero qué mierda!- dijo Ichigo.

Era peor de lo que ella recordara. En el día y medio que había pasado en la ciudad después de que efectuaran el registro en su departamento Rukia se había centrado en tratar de manejar la ambigua situación legal en que se encontraba, su trabajo, su vida. Era evidente que no se había esforzado demasiado por arreglar el desorden.

-¿Puedes demandarlos por esto?- Ichigo se agachó a recoger un puñado de CD´S y los colocó en su estantería.

-¿Cómo? No han roto nada, sólo han desordenado. Es paralizador. No quiero pensar en ello- dijo con fiereza Rukia apoyando la frente en el torso de Ichigo- No quiero verlo, sólo quiero irme de aquí.

Ichigo la tomo entre sus manos y con el calido roce de sus labios la reconforto. Dando paso a la urgente necesidad en la cual estaban sumergidos mientras recorrian a trompicones el pasillo hasta la puerta del departamento de ella. Puede que fuera una forma de olvidar lo que había a su alrededor o sólo una manera de centrarse en lo que realmente importaba. Dos noches, dos interminables días habían pasado desde que hicieran el amor. Dos días en los que no había dejado de pensar en la sensación de tener aquel cuerpo con ella. No importaba que en ese momento estuvieran en un apartamento destrozado. Si cerraba los ojos, no vería el caos. Si cerraba los ojos, todo era Ichigo, y eso era todo lo que deseaba ahora. No hubo paso a las delicadas caricias previas. No fue tierno. Ninguno de los dos quería ternura. Tras una espera que les había hecho interminable, no podían ir despacio. Ya habría tiempo después, quizás, para tiernas caricias, pero por el momento lo que querían era unirse de inmediato. Se fueron quitando la ropa mutuamente en una febril carrera y cayeron de espaldas en el sofá. No llegaron al dormitorio que estaba a apenas a tres metros de distancia. No había tiempo, ni paciencia.

Con la boca y las manos se acariciaron, tocaron y tomaron. Cuando Ichigo deslizó las manos debajo de su jersey, Rukia, gimió por lo súbito de la caricia, y a continuación emitió un sonido de exigencia. Quería más, lo quería ya. Todo. Ichigo posó los labios en sus pechos mientras ella le desabrochaba el cinturón. Entonces se inclinó sobre él e hizo suyo el placer de él. El tiempo se estiró en un río de sensaciones, su boca sobre él, los dedos de él en su cabello, la potente inmediatez de lo que estaba sucediendo. Ichigo le tomó la cabeza y las manos y la arrastró por el sofá. Rukia sentía como si fuera a perder la cabeza por la expectación. Elevó las caderas para ayudarlo a que le quitara los jeans y se tumbo entre los blandos cojines bajo el peso de él. Pero sobre todo se sintió viva. Había contenido el aliento de la expectación que la espera y el deseo contenido habían provocado, y entonces Ichigo se hundió en ella en un solo movimiento.

La espera se acabó.

Fue algo exquisitamente insoportable. Aquél cuerpo la embestía de manera furtiva, arrancándole gemido tras gemido. El contacto era intenso, aunque aún no le parecía bastante. Nunca tendría suficiente de él. Ichigo la hacia subir hasta la cima del éxtasis, cada vez más y más. Hasta que su cuerpo colapsara sintiéndose interminable en un colorido vacío y al cabo rodara por un precipicio en una avalancha de placer. Abrumador.


Ichigo no quería irse, pero había ido allí a ver a Hirako, no a hacer el amor con Rukia, aunque eso era lo mejor que había hecho en todo el día, por no decir en todo el año. Despedirse de ella fue difícil; salir por la puerta más aún. Y si no se andaba con ojo le resultaría aún más difícil. Durante el trayecto en metro, Rukia no abandonó sus pensamientos, ni siquiera cuando ya estaba en el bar. Más que un bar era un abrevadero. La larga barra de madera pulida situada a un lado estaba poblada de cortes y quemaduras. El suelo estaba manchado. Pero Buck Tick sonaba en el equipo de música. Los filetes eran gruesos y jugosos; los asientos, de cuero y el alcohol de primera.

Hirako dio un sorbo a su whisky.

-Ah, leche materna- suspiró- Nada como una gota de líquido vital irlandés para mejorar el día.

-¿De dónde, exactamente te viene el gusto por lo irlandés, Hirako? ¿Fue durante tu infancia en Londres o después de mudarte a Alemania?

-Es muy triste que un hombre no se haga respetar- Hirako lo miró con el ceño fruncido.

-Te respeto. He venido, ¿no?

La camarera llegó con sus platos.

-¿Vas a comerte todo eso?- Ichigo miró el gigantesco trozo de carne de más de medio kilo de peso.

-Claro.

Ichigo descubrió que era una carne muy rica, que merecía la pena darse el lujo, y a continuación se preguntó si volvería a disfrutar de una comida así sin recordar las cosas que había visto en África, los ojos hundidos en las cuencas, las mejillas descarnadas, la desesperanza.

-Y dime ¿Qué tal tus trabajos últimamente?- preguntó Hirako, como si le hubiera adivinado el pensamiento.

Ichigo se quitó la idea de la cabeza, práctica en la que había adquirido gran habilidad.

-Igual, sólo que más. Algunos días mejor, otros peor. ¿Por qué? ¿A dónde quieres mandarme?

-He estado viendo tus fotos- dijo Hirako en vez de responder.

-¿Tienes algún problema con mis fotos?

-No. Son excelentes. Elegiría tu trabajo sobre el de cualquier otro en cualquier situación, ya lo sabes.

-¿Pero?

-Pero últimamente cuando hablo contigo tengo la sensación de que estás perdiendo el entusiasmo- se metió una patata frita en la boca.

-Dame un respiro, Hirako. He estado en Chechenia, la Franja de Gaza, Bagdad y Darfur. No se puede decir que sean un paraíso vacacional este año, precisamente.

-Ni el año pasado.

-Ya tengo una madre- Ichigo frunció el ceño.

-A quien harías muy feliz si te quedaras por aquí un tiempo. Tal vez deberías tomarte un descanso.

-Se supone que eres un cliente, no un asistente social.

-Tal vez sólo sea un amigo.

-Soy fotógrafo freelance, Hirako. No puedo tomarme un descanso.

-Podrías si tuvieras un trabajo asalariado.

-Ah- ya había soltado el cebo- ¿Puedes pasarme la salsa?

Hirako lo hizo.

-Dado que te mueres de curiosidad, te diré que me voy a tomar un año sabático. Tengo un proyecto de un libro que hace tiempo quería llevar a cabo. Es el momento oportuno. Pero necesito dejar mi puesto en buenas manos. El problema es que no confío en nadie de la agencia. Quiero que te ocupes tú durante un año.

Ichigo tomó un bocado de su plato y lo masticó.

-Buen filete-comentó después de tragar- En su punto. ¿Cómo está el tuyo?

-No me estás preguntando por el trabajo.

-Te estoy preguntando por el filete. La salsa también es buena. ¿Crees que la preparan aquí?

-Se te daría bien lo sabes.

Ichigo dejó los cubiertos sobre el plato- Trabajo para otros tres clientes. Internacionales. ¿Qué se supone que haré con ellos entretanto?

-Te compensaremos generosamente. Haz tu propuesta salarial, con todos los beneficios. ¿Quién sabe? Si sale bien, podría convertirse en algo a largo plazo.

-Hasta que tú vuelvas.

-Si- Hirako levantó el vaso de whisky y lo inspeccionó- Si es la palabra mágica. Quiero empezar a pensar en otras cosas. Esto del libro es un proyecto de aprendizaje. Ya veremos cómo va.

-Tendrías más posibilidades de arrancarme, sí me hicieras un contrato.

-Me arriesgaré- dirigió entonces la mirada hacia Ichigo- Te quiero dentro de la agencia. Ahí está tu sitio. Con lo que sabes, podrías hacer una gran diferencia.

-Lo hago todo el tiempo.

-Está es un manera distinta de hacerlo. Hay que darle el toque adecuado a la foto después de ser tomada, igual que antes, si quieres que tenga el impacto que pretendes. ¿Pensarás en ello al menos? Dime que lo harás.

-Pensaré en ello- dijo Ichigo, con la sensación de que la arena se le escapaba de las manos.


Se suponía que estar de vuelta en Tokio tendría que resultarle familiar, reconfortante. Rukia nos sabía por qué no era así. En su lugar, se sentía extraña, asfixiada, con tanta gente y tanto cemento. Sólo habían pasado dos semanas ¿Cómo podía sentirse tan fuera de lugar? Había buscado por todas partes alguna posible pista de la contraseña de Kaien, pero no había ni rastro de ningún críptico trozo de papel escondido en un cajón y desde luego tampoco estaba escrito en una pared en un círculo rodeado de flechas. Así que puso a SID en el equipo de música y empezó a cantar mientras iba echando algunas camisas, jerséis y vaqueros en su bolsa de viaje. Estaba más que harta de llevar siempre lo mismo. También lo estaba de limpiar. Aún quedaba mucho por hacer, y ni siquiera había empezado por el rincón de su dormitorio que usaba como oficina. Tan sólo había logrado amontonar los papeles desparramados por toda la superficie. Debería seguir. En su lugar sacó un vestido para ponerse el día de la gala y lo metió en la bolsa.

Cuando Ichigo llamó al timbre, la abrió por el portero automático y lo aguardó expectante en la puerta.

-Vaya- exclamó echando un vistazo a su alrededor.

-¿Es un vaya bueno o un vaya malo?

-Vaya significa que has hecho un montón de cosas- se volvió hacia ella- Vaya significa que todo tiene mejor pinta- le pasó la mano por la cintura- Vaya significa que me encanta tu boca- murmuró inclinándose sobre ella para rozarla hasta que Rukia notó la ola de calor que le iba invadiendo el cuerpo. Se dejaron caer al suelo juntos. Sobre el tapete la hizo regocigarse de placer una vez más.

Al cabo de un rato, Rukia se removió.

-¿A dónde vas?

-No podemos pasarnos todo el día haciendo el amor- trató de incorporarse y estiró el brazo hacia su ropa.

-Ya lo creo que podemos- estiró el brazo hacia ella- Deja que te lo demuestre.

-No- dijo ella con firmeza recogiendo su jersey del suelo- No podemos perder el tren de vuelta.

-Tenemos hasta las once por lo menos. O podríamos quedarnos.

Rukia pensó con anhelo en pasar la noche con él.

-Está Hisagi. Y mis hermanos. No estoy segura de poder enfrentarme a sus preguntas.

Porque eso significaría enfrentarse a cosas a las que aún no podía. ¿Cómo iba a explicarle a su hermana lo que estaba haciendo, si ni ella misma lo sabía? Porque Hisana se lo imaginaria.

-Supongo que tienes razón- Ichigo se levantó y se abrochó los vaqueros. La siguió al dormitorio y la observó mientras terminaba de hacer la maleta.

-¿Ves por alguna parte el cargador de mi Black-Berry?- preguntó mirando en el escritorio y la cómoda.

Ichigo tomó una fotografía enmarcada que estaba apoyada contra la pared.

-¿Esto va aquí?- Ichigo hizo un gesto con la cabeza hacia una escarpia en la pared.

Rukia le quitó la foto y la puso boca abajo. Velas blancas, aguas azules. Kaien y ella sonreían a la cámara sentados cerca de la caña del timón del barco de Kaien. Había sido tomado el año anterior, justo después de comprometerse. Él le rodeaba los hombros con un brazo; ella tenía una mano dentro de la de él. Rukia buscó en la sonrisa bronceada del Kaien de la foto alguna señal del absoluto desastre en que aquél había convertido a su vida. El rostro de ella en la foto mostraba sencillamente, felicidad. Y no reconoció a aquella mujer. ¿Cómo se había podido dejar engañar?

-Que inocente- murmuró y tiró la foto a la papelera.

-¿Estás bien?- preguntó Ichigo.

-Estoy buscando mi iPod- dijo ella volviéndose hacia el caos que reinaba sobre su escritorio.

-Oye.

-Mi iPop- dijo con desesperación- Es de los pequeños. Azul- No podía soportar la ternura de Ichigo en ese momento. Las estupideces se pagaban.

-No lo veo- dijo Ichigo levantando libros y papeles- Vi uno azul en la casa. ¿Es posible que Kaien se lo llevara sin decírtelo?

-No veo por qué no. No me contaba nada de lo hacía- sintió una constricción en la garganta- No importa- Rukia pestañeó ferozmente. Nada importaba ya y se estaba hartando de que Ichigo estuviera siendo testigo de todas sus crisis nerviosas. Agarró el bolso y salió del cuarto.

-Espera- Ichigo la alcanzó y la obligó a volverse hacia él- Él no te merecía.

-No es eso- Rukia se detuvo- Normalmente no soy un manojo de nervios como ahora.

-Lo sé.

-Ése es el problema. No lo sabes. Hasta el momento me has visto hecha unos zorros. Yo no soy así normalmente.

-Lo sé- dijo él sin alterarse- Vi cómo estaba esto esta mañana, ¿recuerdas? Me asombra lo mucho que has ordenado.

-Yo…- dejó escapar una larga y lenta bocanada- No puedo creer que me lo tragara todo. Me veo en esa foto, toda sonriente, feliz e ignorante. Y a Kaien. Él ya estaba metido en este embrollo. Trabajaba ya con Stark, probablemente ya me engañaba con otras. Y yo no tenía ni la más puta idea.

-Confiar en las personas no es un crimen- Ichigo le acarició la mandíbula con un dedo.

-Crimen es que te vean la cara de pendeja. Ya ni siquiera puedo confiar en mí misma. Ya no sé en quién confiar ni en qué confiar.

-Confía en esto- susurró y apretó los labios contra los suyos.

Dedos largos y fuertes la acariciaban, cada poro de su piel temblaba bajo el tacto firme y suave. Sus gemidos eran la composición de fuertes compases a ritmo de la melodía del sonido de sus cuerpos. Rukia sentía estar suspendida a gravedad cero en el espacio, cada vez que sentía la fuerte y potente estocada de Ichigo. Con firmeza se aferraba a la ancha espalda, encarnando sus dedos, rozando y rasgando sutilmente la piel bronceada. Ante la cumbre de su éxtasis mordió el hombro de Ichigo, quien se extremecio de pies a cabeza ante esa increíble sensación que le provocó.


Largo rato después de que hubiera anochecido, los dos reposaban juntos en la cama entra las sabanas revueltas. El acto amoroso había consumido a Rukia en una pesada languidez. Tenían que volver, lo sabía. Pero no le importaba. En vez de ello, se quedó allí, con la cabeza apoyada en el pecho de Ichigo.

-Cuéntame algo sobre ti- le pidió.

-¿Qué quieres saber?

-Como te hiciste fotógrafo, por ejemplo.

Ichigo le recorrió la espalda trazando hipnóticos círculos con los dedos.

-Una amiga de mi mamá me regaló una cámara cuando cumplí once años. Nunca me cansaba de ella. Me gastaba toda mi asignación semanal en revelar y comprar carretes.

-¿Asignación?

-Mi padre estaba decidido a inculcarnos el sentido de la responsabilidad hacia el dinero. Formaba parte de su grandioso plan para convertirnos en los peones de su juego.

-Supongo que no era gran fan de la fotografía.

-Quería que yo ahorrara mi asignación, no que la gastara en sandeces artísticas.

-¿Fue eso lo que te dijo?

-Ya lo creo. Pertenecía a esa generación. Él creía más en el hombre creado para la sala de juntas que en la idea del creativo hippie.

Rukia no se imaginaba nada menos apropiado para Ichigo. Sonrió.

-¿De qué te ríes?- frunciendo más su ceño.

-De nada, o tal vez por la idea de imaginarte en tu estilo hippie.

-Ja. Que graciosa

-Supongo que no estaba de acuerdo.

-En cómo lo veía él no- le besó el cabello- Ni en cómo lo veía yo. Yo no quería su mundo. Él ya tenía su idea de cómo y qué debería ser yo cuando creciera, sin peros.

-Eras una persona, no un pedazo de arcilla- murmuró levantando la cabeza para mirarlo a los ojos.

-No, yo era Ichigo Kurosaki I y tenía una responsabilidad hacia mi familia y hacía la empresa. No tenía opción. Él veía lo de la fotografía como un acto de rebelión. Hice que se enfadara mucho, sobre todo cuando faltaba a las clases. Lo único que me gustaba era la fotografía. Y se me daba muy bien. El mejor de la clase, premios, todo.

-¿Ganaste un premio?- preguntó ella, complacida. -¿Por qué?

-Al mejor estudio de naturaleza, creo. Una foto de un arroyo en invierno.

-Eso tendría que haberle hecho cambiar de opinión.

-Oh, ya lo creo. Me sacó de la escuela y me matriculó en un centro privado en el que no había ningún programa de arte en el currículo.

-¿Y qué hiciste?

-Unas cuantas cosas que no debería. Hablé mal de algunos profesores. No era con ellos con quién estaba enfadado, pero tenía catorce años y trataban de meterme en la cabeza las ciencias económicas. Me aburría, de modo que hice algunos trucos estúpidos.

-¿Escaparte de los dormitorios?

-Me colé en algunas clases. Solté los animales en el laboratorio de biología, aflojé los tornillos de la puerta de la sala de profesores para que se quedaran encerrados después del receso. Ese tipo de cosas. Cuando se hartaron, me expulsaron.

-¿Y qué hizo tu padre?

-Me envió a una academia militar. Se me daban bien las flexiones- sonrió, aunque sin diversión- Por entonces tenía dieciséis años y ya nada me iba a hacer cambiar de opinión. Mi padre me sermoneaba diciendo que no me estaba empeñando en mis objetivos. O los suyos, mejor dicho. En lo que a mí me interesaba lo hacía bien. Es sorprendentemente difícil que te echen de una academia militar, pero lo conseguí, tres veces. Cuando se nos acabaron las academias tenía casi dieciocho años.

Rukia le acarició la mejilla.

-Había oído rumores. Volviste a casa ese verano, recuerdo haberte visto- alto y meditabundo. Al echar la vista atrás se dio cuenta de que nunca había reparado en la tensión que había entre su hermano y él.

-Volví aquel verano, pero no me quedé mucho.

Kaien le había contado a Rukia que su hermano había vuelto y liado una buena. El primer encontronazo con la ley. De pronto se preguntó si habría sido así.

-¿Qué ocurrió de verdad?

-Creo que Isshin se había rendido respecto a hacerme cambiar de opinión. Se había reducido a una batalla de voluntades. Fue el día antes de mi cumpleaños. Uno de esos juegos para demostrar su control era dejarme sin coche, pero mis amigos y yo queríamos salir. Le pregunté si podía usar uno de los coches de la casa y me dijo que no. Así que me lo llevé sin permiso.

-¿Y qué hizo él?

-Era amigo del comandante, de modo que me arrestaron y me tuvieron encerrado toda la noche. Feliz cumpleaños.

-Caray.

-Cuando salí fui a buscarlo. Media hora después hacía autostop en la I-95 con mis cámaras, el pasaporte y la ropa que llevaba puesta.

-Oh, Ichigo- susurró ella.

-No pasa nada. Ocurrió hace mucho tiempo. Isshin ya no está, las cosas salieron bien.

-Y has vuelto a casa.

-He vuelto a Karakura- corrigió él- No a casa.

-¿Estás seguro de eso?

Ichigo se quedó mirándola largo rato.

-Es distinto de lo que recordaba. No sé si es porque no está mi padre o que ha cambiado sin más. O que ya he cambiado.

-Tú tampoco eres como recordaba- dijo ella.

-¿Qué es lo que recordabas?

-A un chico hosco y meditabundo. Hostil. Kaien siempre decía que eras problemático.

-Soy problemático- sus labios se curvaron.

-Desde luego se te daba bien aparentarlo. Siempre me hacías sentir un poco incómoda- más que un poco, recordaba, aunque tal vez no fuera incomodidad. Tal vez habrían sido los primeros coletazos de atracción que existiría entre ellos y que, sin duda, no había estado preparada para afrontar con quince años.

-Yo te recuerdo siempre con tu faldita de tenis, con tu cabello suelto. También tú estás muy diferente- en sus ojos brilló un reflejo de malicia- La chica de entonces estaba destinada a la Liga Juvenil y una vida de almuerzos cursis.

-No te burles. Es extraño cómo todo cambia- observó con tono frívolo.- La crisis de la familia llegó a un punto crítico en ese entonces.

-¿Cuántos años tenías?

-Era pequeña- rodó hasta ponerse de espaldas- Mi hermano se ocupaba de administrar nuestro dinero. Lo hizo bien durante la burbuja. Cuando la bolsa se hundió, fue horrible- tragó saliva.- Recuerdo que cada día al llegar a casa nos esperaban a mi hermana y a mi malas noticias. Hasta la atmósfera era toxica. Finalmente mi hermano, no salía de su despacho, sino que se pasaba las noches enteras tratando de buscar valores con los que salir adelante. Cuando por fin se dio por vencido fue cuándo empezó a recuperarse.

Ichigo le acarició el cabello.

-Debió ser duro.

-No fue tanto por el dinero y las cosas materiales- dijo lentamente- Lo peor fue cómo cambió todo. Las cosas habían sido como las conocía desde que tenía uso de razón. Confiaba en ello. Y de repente todo se vino abajo. Como dar un paso creyendo que pisas granito y encontrar arenas movedizas.

Igual que con Kaien, pensó conmocionada.

-¿He dicho que mi hermano es un maleante y un delincuente?- clavó la mirada en ella- Puesto que no está aquí para decirlo, y probablemente no lo diría aunque así fuera. Lo haré yo por él: lo siento. Siento lo que te ha hecho y lo que te está haciendo pasar.

Rukia le devolvió la mirada y, de pronto, fue como si todas las líneas de su rostro asumieran una importancia especial. De pronto su mirada pareció ampliarse hasta comprender todo su universo. El tiempo se detuvo, como si la existencia de los dos pendiera del espacio de cada latido de su corazón. Y entonces lo supo, una verdad sólida e innegable.

Se había enamorado de él.


N/A: Mi más profundo ser quería hacer dos lemon pero mi conciencia me dijo ¡No! Es mucho para un solo capitulo resérvalo para otro XD

Muchas gracias a todos y cada uno de sus comentarios, la cosa va avanzando…

Chao…