-Hablan en japonés-

-Hablan en italiano-

Pd: Les recuerdo que bastardo es alguien que nació fuera del matrimonio.

Capítulo 10: Déjate llevar

Negativo

Todas las pruebas habían dado negativo.

Ninguna de las personas a quienes les había hecho la prueba de ADN había sido la persona que buscaba. Se sentía acorralado, sin más pistas para encontrar a la persona indicada.

Sólo quedaba una opción.

Sawada Nana

El sicario volteo a ver al castaño que se encontraba en la sala de su apartamento. El mismo día que descubrió la relación entre Iemitsu y Nana ella también entraba a la lista de sospechosos, pero ese no era el problema.

Esa mujer fue la amante de Iemitsu, estaba seguro que en el momento que la atacara no se quitaría al idiota del rubio de encima. Reborn era más fuerte que él, de eso estaba seguro, pero Iemitsu era el segundo al mando en Vongola. Una emboscada por parte de todo el departamento CEDEF, eso sí podría costarle la vida.

El otro problema, era Tsuna.

A pesar que esos dos tuvieran problemas ahorita podía ver la reacción de Tsuna en cuanto viera a su madre muerta. Miedo, temor…

Odio.

Vio al castaño ponerse de pie para acercarse a la pequeña repisa con una variedad de libros, Tsuna tomó uno de ellos para después abrirlo. Reborn se recargó en el respaldo de la silla viendo cada movimiento del menor. No entendía, era difícil entender como Tsuna estaba tan enredado en la mafia.

Cuando la gente empezó a enterarse sobre el amorío de Iemitsu fue un caos para muchos. Giotto principalmente, si de por sí el joven tenía poca confianza en su padre, ese día la perdió por completo. Para el noveno fue un dolor de cabeza el lidiar con el problema, Iemitsu y su mujer se habían casado para formar una alianza entre dos familias, el engaño hizo que casi se formara una guerra.

Iemitsu se encargó de proteger bien a su segunda familia, o más bien de esconderla bien. Nadie conocía la ubicación de ellos y no tenían idea del nombre del niño. Reconoció a Nana porque le habían encargado asesinarla antes, pero antes de que pudiera encontrarla Timoteo había logrado arreglar los problemas, por lo que la misión fue cancelada.

-La vida está llena de vueltas- dijo aún con la mirada fija en el otro.

Tsuna volteó a ver al sicario confundido, Reborn sólo negó con la cabeza para después ponerse de pie y caminar hacia el menor.

Todavía no era un hecho que aquella mujer fuera su objetivo ¿pero quién más podía ser? Debía de pensar en sus planes antes de ver los resultados, no importaría si fuera o no, el haría su trabajo, después de todo el jamás había fallado una misión.

-¿Cómo piensas leer el libro si no conoces nada del italiano?- dijo el italiano en un tono de burla.

-Es más entretenido que no hacer nada- dijo Tsuna cerrando el libro.

Reborn tomó la mano de Tsuna que sostenía el libro para volverlo a abrir y acomodó su cabeza sobre el hombro del chico para después leerle al oído.

-Marcovaldo ovvero le stagioni in città-

Tsuna se sonrojó por la cercanía del sicario y el tono con el que hablaba italiano, aunque no había entendido ni una sola palabra.

-¿D-De que t-t-trata?- respondió nervioso el menor. Reborn aún seguía en la misma posición que antes.

-Un conjunto de cuentos, un italiano muy básico. Tal vez te sirva para aprender un poco-

Tsuna observó el libro en sus manos, no entendía nada, apenas y recordaba ese alfabeto, por algo era malo en sus clases de inglés. Pero le gustaría aprender, así podría hablarlo y escuchar a Reborn hablar más con ese acento.

-Te recuerdo que eres alguien fácil de leer- dijo el sicario acercándose más a la oreja de Tsuna, con una sonrisa dibujada en su rostro..

Un escalofrío recorrió el cuerpo del castaño y el sonrojo en su cara se acentuó más al sentir la cercanía del mayor a su cuerpo. ¿A-Acaso Reborn acabab de leer sus…?

-Ma se vuoi che io parlare sia in italiano, basta chiedere- (Pero si tanto quieres que yo hable italiano, sólo pídelo)

Las piernas le temblaron y dio un paso hacia atrás chocando con el cuerpo del mayor. Reborn sonrió al ver la reacción de Tsuna, esperada pero seguía siendo adorable. Aprovechando la situación se inclinó hacia adelante y tomando la cara del castaño con su mano izquierda para poder acomodarlo mejor, lo besó.

Tsuna se sorprendió y se quedó inmóvil, no sabiendo exactamente cómo reaccionar. Sintió los labios del mayor sobre los suyos moviéndose gentilmente. Un beso simple, pero dulce.

Reborn se separó viendo al menor a los ojos y sonrió al ver la cara que había logrado obtener del castaño. Su cuerpo se quedó en la misma posición mientras tomaba otro libro del estante. Tsuna por su parte se encontraba inmóvil, sostenía el libro de antes entre sus manos aún con un gran sonrojo en su cara. Había sido un beso rápido, ni siquiera le había dado la oportunidad de regresarlo, pero aún sentía el sabor del sicario en sus labios.

Sonrió para sí mismo, a veces aún dudaba de las palabras de Giotto. Para él Reborn era un caballero, a veces un poco rudo con sus palabras pero no podía imaginar al sicario siendo un mujeriego. Pensar que Luce había sido la mujer que logro eso, vaya que estaba agradecido con ella.

Disfrutaba estar con Reborn, disfrutaba cada beso que le robaba o cuando el mismo se armaba de valor para tomar la iniciativa. No habían repetido el beso de aquella noche en que le rompieron las costillas, este era su quinto beso después de ese incidente; tal vez… su relación progresaría pronto.

-¿Qué es lo que harás cuando regresemos a Italia?- preguntó el sicario hojeando el nuevo libro entre sus manos, no prestando nada de atención a él si no a las reacciones del otro.

Y Tsuna bajo de su nube en un instante.

-Yo…- respondió el menor, no tenía idea de que era lo que pasaría con él. No quería volver con su madre y estar solo era un problema por culpa de Byakuran. Ciertamente, no tenía opción alguna, al menos que irse con ellos, pero no estaba seguro si eso era posible, además que no se invitaría por su cuenta. –…No lo sé-

Reborn finalmente se separó, caminando nuevamente hacia el escritorio. El mismo no veía una manera de mantener protegido a Tsuna sin que ellos estuvieran ahí, habían prometido protegerlo… pero no estaba seguro si debía llevar al castaño con él.

Existía una posibilidad, de que Giotto quisiera llevar a Tsuna con ellos y que viviera en Vongola, se había encariñado demasiado con su pequeño hermano, pero ese era el problema, el décimo no sabía que Tsuna era su medio hermano. El otro y mayor problema sería Iemitsu, hijo y padre se reconocerían en un instante y el caos volvería a Vongola, además que no estaba seguro de cuál sería la reacción de su alumno.

Después de todo, Giotto siempre había odiado su medio hermano sin conocerlo.

Soltó un suspiro, Tsuna lo veían con preocupación mezclado con algo de confusión, mientras él analizaba las posibilidades de cada escenario.

Las cosas se ponían más y más complicadas cada vez.


No era cierto.

No, era imposible.

Era una trampa, si eso era. Byakuran Gesso le estaba tendiendo una trampa.

Era imposible, Tsuna no podía ser aquel bastar-… no, no.

Ni siquiera Tsuna y bastardo combinaban en la misma oración.

Simplemente no lo quería creer. Aquel otro hijo era alguien totalmente diferente al castaño que refugiaban. El otro era un ladrón, alguien cruel que sólo había llegado para arruinar a su familia, en cambio Tsuna era alguien amable y con un gran corazón.

Byakuran estaba mintiendo.

¿Pero y si era verdad? ¿Qué tal si todo había sido una mentira? ¿Tsuna estuvo actuando todo este tiempo? Pero no podía ser así, el mismo había visto los golpes del menor, el mismo vio los ojos del castaño llenos de temor al despertar de sus pesadillas.

-¡Giotto!- escuchó la voz de G y se detuvo en su caminar.

Maldita sea, ni siquiera pudieron disfrutar lo que habían ordenado. En cuanto el albino salió Giotto se terminó rápidamente su orden para salir rápidamente del lugar.

-¿Tú crees que sea verdad G?- Dijo casi en un susurro en cuanto el pelirrojo lo alcanzó.

-Para serte honesto… no estoy seguro- respondió viendo preocupadamente al rubio. –El parecido entre ustedes dos es demasiado y no conocemos mucho de la familia del chico, más que tiene problemas con su madre…pero jamás mencionó mucho en cuanto a su padre.-

-Tsuna… ¿Tsuna es un espía?- se repitió el décimo así mismo.

G sólo lo observó. Él también quería creer que era una mentira, pero estaban en el mundo de la mafia. Cualquier persona podía entrar a sus vidas y fingir ser alguien más para después traicionarlos… o mostrar su verdadera cara.

-Sabes- Dijo Giotto mirando hacia el cielo. –Detesto tanto a la mafia-

Su amigo sólo se le quedo viendo, podía ver una mirada triste en los ojos de Giotto. Lo comprendía, lo comprendí completamente. Ambos odiaban la mafia, pero ninguno de los dos tenía opción, estaban en ella desde el momento en que nacieron.

Podía entender la confusión del rubio, desde que se enteró de la existencia de su medio hermano paso todo el tiempo odiándolo. Giotto necesitaba alguien a quien culpar por todo el dolor que había sufrido. Las ausencias de su padre, la depresión de su madre, el dolor de saber que su concepto de familia feliz era falso… todo eso lo acumuló en el odio hacia una persona, ese pequeño niño en aquel entonces.

Jamás le había gustado esa idea, ni a él ni al noveno, el niño no tenía culpa de nada. Hayato también había sido un gran problema para su familia, pero Vongola no era nada comparado con la suya… y su padre no había sido tan maldito como para ocultarlo por años. En cuanto su pequeño hermano nació se encargó de arreglar el problema.

-Preguntémosle a Hayato, tal vez él sepa algo de esto- habló nuevamente el rubio regresando su atención a G.

El pelirrojo salió de sus pensamientos para después asentir. Tal vez su medio hermano haya escuchado algo antes de salirse de Millefiore. Necesitaban estar seguros, no querían caer en ninguna trampa y tampoco querían creer que aquel chico que ayudaron era un traidor.

-Giotto, ¿Qué harás si resulta ser cierto?-

Hubo un silencio después de esas palabras. El décimo Vongola se quedó perdido en sus pensamientos. Si las cosas eran verdad significaba que Tsuna era un traidor, un espía y… su medio hermano. En el pasado no hubiera tomado mucha importancia ese hecho, pero ahora era del castaño de que hablaban.

Aunque si todo era verdad, Sawada Tsunayoshi no era más que una mentira, una falsa imagen, Giotto se hubiera encariñado con alguien que ni siquiera era real. Si era cierto, entonces todo lo que creyó en cuanto aquel bastardo por años era verdad.

Un bastardo, eso sería Tsuna para el capo si todo al final resultaba ser cierto.

-En la mafia no existe misericordia G. – Fueron sus palabras para después caminar de regreso al departamento.


-Sabía que eras un idiota, pero no pensé que tanto- se burló Reborn dándole otro golpe a Tsuna en la cabeza.

-¡Esa no es razón para que golpes cada vez que me equivoco!- Se quejó el menor.

-Un niño de primaria aprende esto en minutos, llevas casi una hora en lo mismo.- respondió el sicario cruzándose de brazos

-Enseñarle a él es más difícil que hacer hablar a una cabra- gritó Gokudera desde el sofá.

Reborn sonrió mientras que Tsuna se sobaba la cabeza diciendo un "no es cierto" entre dientes.

Habían vuelto al departamento de Giotto y por curiosidad el castaño preguntó en cuanto a una oración en italiano, entre los dos italianos intentaron explicarle y terminaron enseñándole algo básico del idioma. A los pocos minutos Gokudera irritado decidió terminarlo ahí, mientras Reborn continuaba con su explicación. Incluso Tsuna había decidido rendirse pero el sicario continuó como si Tsuna jamás hubiera opinado.

Se escucharon pasos fuera de la habitación para después ver como la puerta se abría, entrando Giotto y G al departamento.

-Bienvenidos- dijo Tsuna sonriendo.

Giotto fue el primero en levantar la mirada al escuchar la voz. Vio la sonrisa en la cara del menor y soltó un suspiro para después caminar a su cuarto y cerrar la puerta sin decir ni una palabra.

-¿Ocurrió algo?- preguntó Reborn al ver a su alumno actuando diferente.

G miró a Tsuna, pensando si era adecuado hablar frente a él, aunque tal vez así podía ver las reacciones del castaño. -Nos encontramos con Byakuran- respondió regresando su mirada hacia el sicario.

Tsuna se tensó y eso no pasó desapercibido por el pelirrojo.

-No hubo ningún problema, no estamos seguros si él también nos vio, pero eso fue suficiente para estresar a Giotto-

Reborn lo entendió, algo más había ocurrido pero parecía ser que no dirían más enfrente del castaño.

Tsuna bajo la mirada, ese sentimiento de que algo saldría mal volvió con más fuerza. Había intentado distraerse para olvidarse completamente de ello pero la manera en la que Giotto lo vio… definitivamente ese encuentro tenía algo que ver con él.

-Deja de perder el tiempo y concéntrate en las hojas o nos llevará otra hora hasta que aprendas esto- dijo Reborn moviendo la cabeza de Tsuna hacia las hojas.

El castaño lo volteó a ver a los ojos y pudo ver nuevamente la mirada comprensiva de Reborn. Aquella que había visto la primera vez que lo salvó.

Sonriendo un poco regresó su atención a las hojas.

Esa mirada, no importa que ocurriera, siempre lo hacía sentir mejor. Sólo esperaba que esa mirada jamás desapareciera de su vida.

-¡G! ¿Qué rayos vamos a comer?- interrumpieron las palabras Hayato.

-Tch, deja de ser un niño gritón y crece un poco- contestó irritado el mayor de los Gokudera.

-¡¿Qué rayos dijiste?!-

-Si no quieren que los termine matando ahora mismo les recomiendo que continúen su discusión otro lado- se escuchó la voz de Reborn, completamente serio.

Ambos hermanos se quedaron callados lanzándose solamente miradas de enojo. El menor se levantó refunfuñando varias cosas terminando con un "comeré afuera" mientras que G se dirigió a su cuarto para cerrar la puerta detrás de él dejando Tsuna y Reborn nuevamente solos.

-¿E-Está bien así?- dijo Tsuna tímidamente mostrándole la hoja al sicario.

-Vaya, hasta que por fin lo entendiste- se burló nuevamente el mayor regresándole la hoja a su nuevo alumno.

-¡Bien! ¿Podemos comer algo ahora? Muero de hambre- sonrió alegremente el castaño poniéndose de pie.

-Primero tienes que hacer cinco ejercicios más, con uno que hayas sacado bien no significa que ya lo hayas dominado completamente- fue la respuesta que recibió mientras Reborn escribía varias cosas en una nueva hoja en blanco.

-¡P-Pero!-

-Es tu culpa por no desayunar algo en la mañana, ahora concéntrate, por cada error que cometas tendrás que hacer 100 lagartijas-

-Pero… mis costillas van a doler… el doctor dijo que aún no podía hacer mucho esfuerzo-

-Entonces no te equivoques-

Si, entendía completamente a Giotto. Reborn verdaderamente era un tutor espartano.


Vio el reloj que se encontraba en su repisa, eran las seis de la tarde. No había comido, no tenía hambre con todo lo que pasaba por su cabeza en esos momentos. Le dolía la cabeza, lleva horas intentando buscar algún punto débil, algo que lo pueda hacer comprobar que las palabras de Byakuran eran ciertas.

Se escuchó un golpe en su puerta.

-G-Giotto-san- era la voz de Tsuna –Te traje algo de té… pensé que te ayudaría a relajarte un poco-

El rubio no se movió, se quedó sentado en la cama observando la puerta, pensando en si era lo mejor contestarle al castaño o no. Su híper-intuición le decía que algo pronto cambiaría y que las palabras de Byakuran no eran tan falsas. Le dolía pensar en ello, pero ya no podía bajar la guardia ante el posible intruso.

Escuchó un suspiro del otro lado de la puerta para después oír unos pasos alejarse. Era cruel, lo sabía, Tsuna sólo intentaba ayudarlo un poco… o tal vez no.

Apretó los puños frustrado. Había aprendido que lo mejor era que una vez que uno encontraba una traición lo mejor era seguir el juego para después atacar cuando el otro se descuidara, pensaba que era lo mejor por ahora, así Tsuna no sospecharía nada. Decidiéndose en actuar se puso de pie para salir de su cuarto.

En la sala se encontró con Tsuna viendo hacia la ventana, la taza de té que la había ofrecido antes se encontraba sobre la mesa. A fuera se podía ver el cielo de color naranja, el sol comenzaba a ponerse en el horizonte. Observó al castaño unos segundos más para después ver la mirada de tristeza que tenía.

Sintió un dolor en su pecho, se sintió culpable nuevamente, no le gustaba ver esa mirada en esos ojos café chocolate y sabía que era por su culpa que se encontraban así.

-Lo siento- dijo acercándose hacia el castaño.

Tsuna se sobresaltó al no escuchar a Giotto salir de su alcoba.

-Ah… n-no tienes que disculparte, e-entiendo prefieres estar s-solo- respondió tímidamente.

-Bueno, es algo grosero no contestarle a las personas- sonrió el rubio al decir esas palabras, intentando calmar un poco al otro.

Tsuna le regresó la sonrisa, aun sintiéndose culpable por el estado de ánimo del italiano.

-¿Dónde están los otros?- preguntó el rubio volteando a ver a su alrededor.

-Gokudera-kun salió desde la hora de la comida, Reborn recién se fue y G sigue en su habitación- Tsuna se movió de la ventana para dirigirse a la mesa de la cocina.

Hubo un silencio entre los dos, Giotto sólo penaba y para el castaño era demasiado incómodo. Sentía que no podía aguantar con el peso, la tensión que había en el cuarto era mucha y jamás se había sentido así con su "hermano mayor".

-G-Giotto… yo…- se le comenzó a quebrar la voz y sentía como sus manos temblaban al intentar contener sus lágrimas –L-Lo siento… sé que es mi culpa que estés así y lo de Byakuran, n-no quiero causar p-problemas y si q-q-quieres…-

-Tranquilo- interrumpió al menor poniendo una mano sobre su hombro -¿Cuántas veces te debo de decir que la culpa no es tuya?-

Tsuna volteó a ver a Giotto a los ojos. –M-Muchas- respondió, "¿pero porque ahora no se siente igual que las anteriores?" pensó para sí mismo al ver algo diferente en los ojos anaranjados.

-Deja de preocuparte tanto, todo saldrá bien-

El castaño asintió después de esas palabras. Él también quería creerlo, quería creer que todo saldría bien. Pero su estúpido presentimiento le decía que no, nada iba a estar bien.

El italiano se sentó en el pequeño sillón negro, la luz del sol que entraba por la ventana y se reflejaba en su cara. Tsuna por su parte pensó en sentarse a su lado, pero no estaba seguro si debía de hacerlo, así que decidió sentarse en el otro extremo del sofá.

-¿Qué hicieron mientras estuvimos fuera?- Preguntó Giotto sonriéndole al menor, sintió la tensión que mostraba el otro y supo que tenía que actuar mejor si no quería empezar a levantar alguna sospecha.

-Oh pues… R-Reborn me enseñó algo de italiano- respondió nervioso relajándose un poco, tal vez sólo era su imaginación, de seguro Giotto sólo estaba estresado.

-¿En verdad? così ora il mio fratellino parla un po 'italiano- (entonces ahora mi pequeño hermano habla un poco de italiano)

Tsuna parpadeó varias veces intentando comprender un poco su oración, pero simplemente no lo logró. Por algo ahora le debía 400 lagartijas a Reborn en cuanto su costilla terminara de recuperarse, por lo menos el sicario fue lo suficientemente noble para entender en que no era bueno que las hiciera en ese momento.

-Sólo me recordó del alfabeto y otra cosa muy básica, pero… recuerda que soy una persona muy lenta para aprender.

Giotto soltó una risa ante eso se acercó al menor para alborotar su cabello castaño, sonriendo un poco más al ver la reacción que provocó en el otro. Aún le difícil decidirse, estaba en una guerra interna entre sí mismo.

-Dime ¿Has tenido algún progreso con Reborn?-

La pregunta dejo mudó a Tsuna y los colores comenzaron a subirle rápidamente al rostro.

-¿Q-Q-Que?- fue la única respuesta que pudo dar.

-Oh vamos, estuviste toda la mañana con él, no me digas que no ha ocurrido nada nuevo entre ustedes-

-Eh… b-bueno…- El castaño se rasco la cabeza, no estando seguro en cómo responder, Giotto ni siquiera sabía del primer beso que habían tenido y el mismo había interrumpido, mucho menos le había contado de los cuatro.

-¿Qué tanto le haces Giotto que lo tienes con toda la cara roja?-

Ambos jóvenes voltearon hacia la puerta al escuchar la nueva voz. Portaba el mismo traje de siempre, su sombrero ocultando su cabello pero ahora León se encontraba parado sobre su hombro.

El menor de los dos jóvenes sonrió al ser salvado por la llegada del sicario. No estaba listo para contestar ninguna de las preguntas de Giotto y no tenía la menor idea de cómo evitarlas, Reborn siempre llegaba en el momento adecuado para ayudarlo.

-Odio que entres sin tocar la puerta, más cuando lo haces en silencio- se quejó el rubio sentándose nuevamente en el sillón.

-Es mi trabajo ¿Qué más esperabas?- Reborn cerró la puerta lentamente para después sentarse en una de las sillas de la cocina.

-Un poco más de discreción de tu parte- respondió Giotto.

No se dijeron nada más y Tsuna sólo se quedó observando. Sentía ambos hombres un poco tensos, Giotto por lo mismo de antes y Reborn posiblemente por la misión que aún intentaba resolver. Se veía tentado a decir algo o hacer simplemente una pregunta para cortar el silencio, pero no sabía que decir. Antes de que pudiera pensar en que decir…

-Giotto, ¿acaso tú has pensado en que pasará con Tsuna cuando regresemos a Italia?- Preguntó Reborn rompiendo el silencio del cuarto.

El rubio volteo a ver nuevamente al sicario para observarlo durante un tiempo. ¿Por qué rayos le hacia esa pregunta ahora? Lo peor de todo es que no le había comentado nada su tutor en cuanto a lo de Byakuran. Estaba intentando guardar una imagen frente al castaño, no podía mostrarse débil y titubear por esa simple pregunta.

Suspiró y sonrió para después observar al castaño que tenía una mirada decaída. Era una situación difícil aunque… a lo mejor era una gran idea. Si invitaba al menor a Italia con ellos, podía haber dos resultados. En caso de que Tsuna fuera un espía lo haría caer en una trampa donde el pensaría que conseguiría más información, si las palabras de Byakuran eran mentira quería proteger a ese niño que había adoptado como hermano.

Sí, era una buena manera de descubrir la verdad.

-No puedo abandonar a mi hermanito ¿o sí?-

Los ojos de Tsuna se iluminarón y una sonrisa se mostró en su rostro.

-¿En verdad? ¿N-No es m-mucha molestia? Tampoco d-debes…- dijo el castaño conteniendo intentando esconder su emoción, tampoco quería ser una carga ni hacer que el rubio se sintiera obligado.

Giotto sintió un dolor en su pecho al ver tanta emoción en los ojos cafés, ahora entendía las palabras de su abuelo cuando le enseño que a veces era mejor seguir con el plan del espía que descubrirlo en el momento.

"Te duele tanto que no te deja dormir por meses"

-Sólo si tú quieres venir con nosotros- dijo agrandando más su sonrisa.

Tsuna sonrió de una manera que jamás había visto. Se limpió las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos para después asentir con la cabeza.

Si todo era verdad, Tsuna era un excelente actor.

Reborn por su parte observó a su alumno. Esa sonrisa y ese comportamiento, no era normal en él. Algún plan se traía entre manos, ahora debía averiguar que era.


La hora de la cena había llegado rápidamente, ninguno de los hombres dispuesto a cocinar decidieron pedir algo a domicilio.

Gokudera se encontraba sentado en el sillón viendo la televisión, ignorando completamente a los otros. Mientras que los demás estaban en la mesa, cada uno ocupado en su cena a diferencia de Tsuna.

-Te dije que dejarás de alimentarlo con cualquier cosa- Dijo Reborn separando a su mascota de las manos del castaño.

-Mou, Reborn… -

Un sonido en la puerta los hizo a todos voltear. Gokudera siendo el más cercano se levantó para abrir la puerta.

-¿Qué…- dijo molesto el peli plata pero su pregunta quedó incompleta para luego caer al piso con la cara completamente morada.

-¡Oh Hayato!-

Se vio una cabellera rosada entrar a la habitación que abrazaba cariñosamente a su hermano menor.

G soltó un suspiro, Giotto y Reborn siguieron comiendo como si nada hubiera pasado y Tsuna sólo observaba al chico peli plata completamente inconsciente.

-¡Reborn! Estás aquí también-

En ese momento el castaño recordó porque no le agradaba aquella mujer de cabello rosado.

-Bianchi- dijo Reborn bajando su sombrero en manera de saludo.

-Oh, y el amante de G sigue aquí- dijo burlonamente la mujer causando que G escupiera su comida, que Tsuna se quedara sin palabras y que Giotto se riera.

-¡Te dije que no es ningún amante!- gritó enojado el mayor de los Gokudera.

Bianchi sonrió para después soltar a su hermano menor y dirigirse a Giotto y G.

-Necesitamos hablar-

Tsuna vio como ambos asintieron, se disculparon para después dirigirse a la puerta y salir junto con la mujer arrastrando a Hayato con ellos.

Su atención se dirigió a Reborn que seguía concentrado en su comida. Sin perder ni un segundo más rápidamente dirigió sus palillos al camaleón intentando darle un bocado más para ser detenido por el brazo del mayor.

-Ni siquiera lo intentes-

El castaño sólo hizo un puchero y regresó la atención a su comida. Reborn sonrió, le gustaba ver lo gestos del menor y decidió que era mejor divertirse un poco más con él.

-Me sorprende lo celoso que eres- dijo burlonamente.

-¿E-Eh?- Las palabras tardaron en hacer efecto en el menor un leve sonrojo se dibujó en su cara nuevamente –¡E-Eso no fue!… yo…-

Tsuna se quedó sin palabras y decidió seguir comiendo aún con un gesto de disgusto mostrado en su cara. El sicario soltó una leve risa y siguió comiendo.

Estaba completamente metido en un embrollo. Esta misión se había vuelto un desorden desde que descubrió toda la verdad de la familia del castaño. Pero esta tarde mientras observaba la rutina de Nana Sawada pensó en una pequeña posibilidad, una posibilidad que no le agradaba nada.

Si tener que matar a Nana era lo haría meterse en un conflicto muy grande, su nueva idea lo metería con un conflicto menor, pero parecía mil veces más difícil para él.

Y es que existía la posibilidad de que los tres cabellos no fueran para una muestra de ADN en reconocer a la persona sino para una prueba de paternidad.

Eso significaba que Tsuna podía ser su víctima.


No tengo perdón por tardarme tanto en subir, sólo que la escuela me esta matando.

Muchas gracias por dejar tan lindos y amenazantes (?) comentarios en el capitulo anterior, espero en verdad no decepcionar a nadie con este capitulo.

Espero que puedan tomarse el tiempo en dejar otro lindo review! No saben lo mucho que me hacen sonreír con ellos!

Ciao ciao~