Capítulo 11: Tu no eres mi amante. Tu eres mucho más.

Hades llevaba a Perséfone en sus brazos. Podría haber orbitado y habría llegado mucho más rápido a su palacio, pero le gustaba tenerla así de cerca. La joven rubia sucumbió al cansancio y se quedo dormida en los brazos de Hades. Había soportado demasiada tensión en muy poco tiempo, y en los brazos del dios del inframundo se sentía segura. Tan segura que se relajó y se dejó llevar al mundo de los sueños.

Hades sonrió. ``Tengo que presentarle a Hypnos´´, pensó.

El dios del averno se dio cuenta de que su pequeña nuez moscada llevaba el vestido lleno de barro, y se le ocurrió una idea.

Mientras tanto en la villa de Hércules, Hercules y Meg se preparaban para asistir a la fiesta de los viernes.

-No estoy tranquila sabiendo que mi hermana está en el inframundo- Dijo Meg de mal humor.

-Deberías dejar de ser tan sobreprotectora Meg. Ella es mayorcita, y yo la veo muy segura de lo que hace.- Respondió el semidios.

- No estamos hablando de una chica de 17 años que se escapa con su novio mortal por la noche y llega tarde. Estamos hablando de una joven en teoría en sus cabales, que ha elegido pasar el viernes noche en el inframundo con el diablo- Dijo Meg mientras se ponía los pendientes.

- Bueno Meg, cuando yo te conocí no eras precisamente una santa, e incluso me traicionaste.- Hércules miraba a su prometida vacilante, sabía que a Meg no le gustaba hablar de ese tema. – Lo que quiero decir es que de momento Hades no ha demostrado hacerle ningún daño a Per, sino al contrario.-

Meg miraba a su gran amor con los ojos como platos.

- No me malinterpretes.A mi tampoco me gusta para tu hermana, y creeme que si le hace daño me encargare de que lo pague. Pero mientras Per no cambie de opinión no podemos hacer otra cosa que apoyarla, y protegerla en caso de que fuese necesario-

Hercules tomo a su prometida de la mano y la besó.

-Estás preciosa.- Dijo Hercules mientras acercaba a la chica de ojos violetas a su cuerpo. - ¿ Que te parece si llegamos un poco más tarde?

Perséfone abrió los ojos . ¡ Que calor tenía! Estaba en un banco tumbada, en algo que parecía una sauna, pero por la decoración vio que seguía en el inframundo. Había bastante vapor en la sala. Se levantó y para su sorpresa la túnica de Hades estaba en el banco, a su lado. En frente tenía una piscina y vio la espalda de Hades. Estaba sentado dentro de la piscina. Perséfone sonrió. Nada como un baño después de una visita al tártaro. Se quitó el vestido y las sandalias y se acercó a la piscina.

Se acercó sigilosamente a Hades por detrás, y le cubrió los ojos.

-¿Quién soy?-

-¿Afrodita ?- Respondió Hades. Entonces Perséfone le descubrió los ojos y se sentó a su lado en la piscina.

- Frío, frío- Dijo Seph

Hades le rodeo los hombros con su brazo.- Esto es mejor que tener a Afrodita-

Perséfone sonrió. Aunque odiaba a Hécate con todas sus fuerzas por lo que le había hecho, estaba feliz de que no hubiese sido Hades realmente. Si alguna vez había albergado alguna duda respecto al señor del inframundo, se le habían disipado.

-He pensado que para compensarte por lo que has vivido últimamente, que mejor que una noche a gastos pagados en el inframundo, con piscina de Leteo, cena incluida, habitación en la suit Hades y desayuno- Dijo Hades con una sonrisa irónica. – Y si quieres con comida, cena y desayuno por toda la eternidad, esto es tu casa nena.

Perséfone rió, le encantaba el humor sarcástico de ese dios.

-Ese plan me gusta mucho más que esas aburridas fiestas de dioses-

La expresión de Hades cambió, y sus ojos amarillos se llenaron de tristeza.

-Lo siento Seph, no puedo ofrecerte algo mejor-

-¿Bromeas ?- Respondió la joven rubia.- Prefiero mil veces esto al Olimpo. Seguro que es aburridísimo.

-¿ Como lo sabes si no has estado? Pregunto el dios de la muerte.

- Pues porque tu no estás allí- Respondió Per, y le besó.

En la fiesta de los dioses Hércules devolvió su tridente a Poseidón, quien estaba muy decepcionado de que Hades continuase libre.

Hércules habló con su padre y le explicó todo lo que había pasado. Le contó como Hécate se había hecho pasar por Hades, y llegaron a la conclusión de que probablemente todos los sucesos extraños que habían tenido lugar esos días habían sido obra de esa bruja para inculpar al dios de los muertos. Eso cambiaba las cosas, por lo que tendrían que hablarlo los dioses en la siguiente asamblea.

En el inframundo:

Hades y Perséfone estaban pasando una noche muy agradable. Tras un baño muy caliente en la piscina de leteo, donde se habían amado varias veces fueron a cenar al palacio de Hades. A Perséfone le pareció muy elegante, todo con mármol negro, y sin muertos alrededor. No le desagradaba en absoluto el inframundo, sobre todo por la compañía. Perséfone estaba acostumbrada a ligar con musculitos sin cerebro que sólo hablaban de ellos mismos y sin ningún interés por la conversación. Sin embargo con Hades podía hablar de cualquier cosa. No se aburrían nunca el uno del otro, podían conversar durante horas.

Tras la cena Hades enseñó a Perséfone el salón del trono. A Perséfone le encantó, sobre todo el tablero gigante de ajedrez que allí había.

De repente aparecieron Pena y Pánico. Había una emergencia. Había una plaga en Atenas y tenía que presentarse Hades en el muelle de Caronte ya que reinaba el caos. A Hades no le hacía ninguna gracia, pero no le quedaba otra…

-¡Pena!¡Pánico!- Exclamó el Dios. Los dos diablillos estaban muy asustados, imaginando las torturas que les iba a hacer su jefe por interrumpirles, pero Hades solo dijo:

-Quedaros con Perséfone mientras arreglo eso-

Y allí se encontraba Perséfone, en el salón del trono de Hades con Pena y Pánico.

Mientras tanto, unos kilómetros más abajo, en el tártaro,Hécate seguía en la celda que ella misma había dispuesto para Perséfone. Estaba furiosa, como odiaba a esa maldita cría. Incluso se había atrevido a golpearla a ella.. ¡A una diosa! Y encima la mocosa tenía más fuerza de lo que parecía. No es que el dolor fuese insoportable, pero si lo suficiente como para molestarle.

Tendría que cambiar de estrategia… otra vez. Ya no era sólo que quería ser la reina absoluta del inframundo,eso era algo personal. En ese instante se olvido por completo de la joven morena que habían pronosticado las parcas que le usurparía su hogar y sus funciones, y se centró en como hacer la vida imposible a la mocosa rubia.

Hades volvió de los muelles. Habia conseguido estabilizar la situación, aunque no sabía por cuanto tiempo. ¿ Qué estaría haciendo Perséfone?.

Se asomó sigilosamente y allí estaba, sentada en su trono. Allí sentada parecía una diosa, nunca había visto a alguien sentada con tanta elegancia en su trono. Bueno en realidad nunca había visto a nadie sentado en su trono, pero vaya que le encantaba. Y Pena y Pánico estaban delante de ella haciendo el bufón…

Perséfone no paraba de reir. Cuando se percató de que Hades estaba en la puerta se levantó rápidamente del trono.

-Perdona, ya me han dicho Pena y Pánico que no te gustaba que nadie se sentase en tu trono, pero como tardabas…- dijo Perséfone con cara de pena.

En realidad Pena y Pánico la habían retado a que no se atrevía a sentarse en el trono de Hades, y Perséfone había aceptado el desafío.

-Hades se sentó en su trono, con una mano de humo cogió a Perséfone como si no pesase nada, y la sentó encima de él. – Así mucho mejor- Dijo el dios.

-Pena, Pánico, ir al muelle y llamarme si la situación de descontrola.-

Con un chasquido de Hades, apareció en su mano una caja, con unos grabados antiguos que Seph no conocía.

-Si mal no recuerdo, tu me pediste un modo de contactar conmigo cuando quisieras… y visto los últimos acontecimientos me parece lógico y necesario.- Dijo Hades entregando le a Perséfone la caja.

La caja tenía además de los grabados, el símbolo de los dioses. La joven abrió la caja y en su interior vió una pulsera. No supo decir de que material estaba hecho. Parecía plata pero según le daba la luz parecía hecha de oro. En la parte de arriba de la pulsera en letras griegas ponía Perséfone. Y en el reverso de la pulsera con el mismo tipo de letras ponía Hades.

-Hades es preciosa-

El dios del inframundo cogío la pulsera y se la puso con delicadeza en la muñeca.

-Cuando quieras llamarme, sólo tienes que darle la vuelta a la pulsera, en el lado que pone Hades. Y decir mi nombre tres veces.- Dijo el dios.

- Muchas gracias, no me la quitaré nunca- Dijo Seph. -¿ Cómo se te ocurrió la idea?-

-Zeus utilizaba estas pulseras con algunas de sus amantes. Sin que Hera supiese nada claro.- Respondió Hades

Perséfone bajo la cabeza… y Hades adivinó lo que estaba pensando.

-Tu no eres mi amante, tú eres mucho más.- Dijo Hades cogiendo a Seph de la barbilla.

En esto volvieron a aparecer Pena y Pánico. La situación en el muelle se había vuelto a descontrolar.¡Por los dioses! Pensó Hades. Esta claro que si quieres algo bien hecho tienes que hacerlo tu mismo.

-Lo siento pequeña- Dijo Hades con resignación.-¡Turno de noche! –Y se volvío hacia Pena Y Pánico.-¡ Vosotros dos!Llevar a Perséfone a mi habitación, ¡y acto seguido quiero ver vuestros traseros en el muelle!