XI. X Hisoka X

Le dolía terriblemente la cabeza, sobre todo cuando abrió los ojos y sintió la fuerte luz sobre ella. Durante algunos momentos sintió deseos de vomitar, pero respirando hondo poco a poco se tranquilizó por fin. Mirando con extrañeza a su alrededor, trató de ubicarse a la vez que se sentaba.

Estaba en un cuarto, acostada sobre una cama. No podía decir que era un lugar lujoso (que sí los conocía cuando vivía con su padre), pero comparado con la pensión, bien podía pasar por un hotel de cinco estrellas (aunque cualquier cuarto podría pasar por hotel comparado con ese lugar)

Tratando de hacer memoria de cómo había llegado a ese lugar, lo miraba con atención. Había un velador al lado de la cama, con algo de frutas secas, una lámpara y una libreta... lo último que recordaba era estar en el restaurante, conversando con Gon, Killua y Leorio... después un ataque de parte de su padre para llevársela...

* - * - * Flash back * - * - *

Veía luchar a Kurapica, Gon, Killua y Leorio en contra de todos ellos, utilizando su Nen de distintas maneras. A su lado, sus compañeros de trabajo estaban prácticamente con la boca abierta.

-¿Qué son ellos?- le preguntó Rayén a Neón -parece que la historia del Padrino es muy distinta a la historia de tú y tus amigos. Al menos en esa novela no hay nada de magia o cosas así...

-No se trata de magia, creo. En todo caso, la historia no se parece al Padrino, pero aún así, no hay que olvidar a la mafia- contestó Neón, sonriendo ampliamente, demasiado contenta como para preocuparse. Se notaba que tanto el rubio como sus amigos, tenían clara ventaja en contra de esos tipos.

-Tendrás que contarme todo, me encantan las historias, sobre todo si son de la vida real con un toque de misterio y ciencia ficción.

Sólo asintió, sin quitar la vista de la pelea. Killua utilizaba electricidad, Kurapica las conocidas cadena, sin moverse mucho y con un rostro demasiado serio. Eso en parte le recordó que todo eso era porque ella, justamente, estaba en peligro.

Y lo que terminó por convencerla de la situación en que estaba, fue el ruido fuerte que hicieron al hacer pedazos la pobre puerta trasera del restaurante. Todos estaban tan preocupados de la pelea, que no se habían dado cuenta que por el otro lado también estaban forzando para entrar. Lo bueno, o eso pensó Neón de momento, era que el ruido había sido tanto, que también había llamado la atención de los cuatro amigos.

Entre el humo de la explosión, notó cuatro siluetas.

-¡Neón!- entre todo el ruido pudo escuchar la voz de Kurapica, algo desesperada, quizás porque estaba demasiado lejos como para ayudarla -¡Neón!

Más que nada por reflejo, la chica retrocedió unos pasos, palideciendo. Entre su desesperación se dio cuenta que sus amigos se ponían en frente de los hombres para protegerla, pero no servía de mucho porque eran tirados hacia otros lados casi de inmediato.

Todo fue demasiado rápido, ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. No había alcanzado a gritar ni nada cuando sintió a alguien detrás de ella y, luego de eso, sólo la oscuridad.

* - * - * Fin Flash Back * - * - *

Se tocó la frente, a la vez que sacaba por conclusión que habían logrado sacarla del restaurante. La herida que tenía en la frente ya estaba algo seca, lo que le dio a entender que había pasado un tiempo ya desde que se la habían llevado. Se preguntaba insistentemente a dónde la llevarían... y estaba en eso cuando sintió que abrían la puerta, y se puso de pie con rapidez cuando vio a la persona que era.

Su padre.

Cuando había ido al restaurante a verla, ella no había tenido tiempo de observarlo con atención, pero en esos momentos en que estaba relativamente más relajada (o al menos resignada), sí pudo hacerlo. Los cambios en él no eran muchos (al menos los externos), pero lo que le llamó la atención, era su cabello ligeramente más cano, y el rostro de cansancio que lucía.

-Un gusto tenerte nuevamente conmigo, Neón- la chica frunció el cejo -pensé que nunca recapacitarías...

-¿Recapacitar para ti es que destruyan todo mi lugar de trabajo y me secuestren como si fuera quizás qué cosa?- se cruzó de brazos -creo que tenemos un problema de conceptos, ¿no crees?. Tú sabías perfectamente que no quería venir contigo.

-Pensé que eso era más que nada porque no recordabas lo que era vivir con los lujos que tenías antes- replicó Rigth –por eso te traje a este lugar, estoy seguro que en menos de dos días ya no vas a extrañar lo que estabas haciendo, y mucho menos el vivir en ese lugar. ¿Qué es trabajar de mesera en comparación a todo lo que conseguías gracias a la adivinación?

-Tú no entiendes- dijo Neón -yo no me voy a quedar, no me puedes obligar a hacer algo que no quiero, soy mayor de edad, tengo trabajo y amigos... eso ya no puedes quitármelo, no a estas alturas, que es tan importante para mí.

-¿Segura, Neón?- le preguntó con burla su padre -porque estoy tratando de llegar a ti por las buenas, quiero que le veas el lado positivo a todo esto, y en parte, considero que estoy siendo considerado y comprensivo, sobre todo por la manera en que te fuiste de casa hace un tiempo. No tienes idea lo preocupado que me tenías.

Ella lo miró feo pero aún así guardó silencio. Comprendió que estaba prácticamente en el terreno de su padre, que si deseaba salir lo antes posible de ese lugar, no debía precipitarse. Tenía que pensar muy bien en el próximo paso, poniéndose en el caso de que Kurapica no supiera donde está y no hubiera alguna posibilidad de que fuera a buscarla.

-... Hagamos como que te creo- terminó por decir ella, momentos después -¿eso es lo único que quieres decirme?

-Sí, y también advertirte que no cometas la locura de intentar escapar. De más está decirte que te sería imposible, empezando porque no sabes pelear, y este lugar todos estarán al pendiente de ti- Nostrade caminó a la puerta, y cuando la estaba abriendo, se volvió a hablarle a su hija -empecemos bien esta vez, Neón, creo que los dos lo merecemos. No intenter ninguna locura y no te irá mal.

Dicho eso dio media vuelta y se fue. Neón se quedó unos momentos de pie, aguantando la rabia y los deseos que tenía de agarrar algo a golpes. Finalmente optó por sentarse sobre la cama, sus brazos cruzados, y tratando de pensar en alguna manera de salir de ese lugar sin que se dieran cuenta. No tardó en darse cuenta que si no conocía el lugar, difícilmente podría hacerlo sin que la descubrieran.

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Silencio.

Eso era lo que había en el lugar, que antes había sido un restaurante común y corriente, pero que por las circunstancia terminó siendo prácticamente un campo de batalla en el que había dos bandos con un objetivo en común: mantener a Neón con ellos (o llevársela, en el caso contrario). Contrario a lo que esperaban, su objetivo no resultó, no habían podido mantener a la chica con ellos, y aunque trataban de explicarse en qué habían fallado, no podían llegar a una conclusión final.

El más abatido de todos se notaba que era Kurapica. Desde que habían logrado terminar con todos los que los estaban atacando, se habían sentado alrededor de una mesa, y con ellos lo hizo también Rayén, preocupada porque no habían podido protegerla y en esos momentos una de sus mejores amigos estaba en peligro.

En la mesa, con un café en frente para cada uno, sólo habían cuatro muchachos, el resto se dedicaba a intentar ordenar un poco el desastre que había, e intentar ubicar a la dueña del lugar. Leorio miraba a su alrededor, buscando algo en qué distraerse y no tener que verse obligado a observar el rostro de su amigo rubio; Gon trataba de pensar en algo que decirle para que se sintiera mejor, pero de todas las cosas que le pasaban por la cabeza ninguna terminaba por convencerlo. Kurapica estaba encerrado en un gran mutismo, típico de él siempre que tenía algún tipo de problema o deseaba pensar. El rubio sentía que tenía un gran dilema y no sólo eso, sino que remordimiento también.

Le había prometido que la protegería, y al primer ataque lo primero que permite es que se la lleven. ¡Y en frente de sus propias narices!, eso era lo más desesperante para él. Le había fallado a Neón, y en esos momentos no tenía idea dónde pudieron habérsela llevado.

-Maldición- masculló entre dientes, apretando los puños. Gon se preocupó más por su amigo al ver las cadenas que se formaban en sus manos, y más aún, que éstas se movían con insistencia por la energía que tenía. Rayén lo miró nerviosa, sin saber qué decir.

-Kurapica- comenzó Gon, casi desesperado -tenemos que esperar, Killua está con uno de ellos, lo más seguro es que sepa en dónde la tienen.

-No te engañes, Gon- murmuró Kurapica, notándose la rabia en su tono de voz -ellos simplemente eran el ceñuelo, los querían para mantenernos ocupados, lo más seguro es que no tenga idea a dónde se la llevaron. Querían que fijáramos la atención en ellos, y de verdad lo lograron.

-Bueno... pero quizás Killua algo pueda sacarle...

-¿Por qué ninguno fue con él?- les preguntó Rayén, mirándolos con curiosidad. Al verlos a todos ponerse algo nervioso (incluido Kurapica), ladeó un poco su cabeza mirándolos sin entender qué les pasaba -¿por qué?- repitió.

-Para no traumarnos- contestó Leorio, sonriendo un poco -digamos que Killua en ocasiones usa métodos no muy convencionales, así que preferimos que esas cosas las haga solo, al menos así puede actuar con mayor libertad...

-¿Y qué es lo que hace?- preguntó esta vez Rayén.

-No te gustaría saberlo- contestó Gon.

Justo en esos momentos Killua volvía con ellos, manos en los bolsillos y rostro de no haber sacado nada al limpio después de haber estado casi todo el rato en eso.

-¿Qué fue lo que te dijo?- le preguntó Gon, al verlo acercarse.

-Nada productivo- el albino se sentó, notándose bastante aburrido -me dijo que según sabía, la intención de Nostrade es llevarla a la mansión, pero que iban a llevarla a otro lado primero, pero no le habían dicho dónde. La misión de ellos acabaría cuando se la llevaran.

-¿Y para qué iban a hacer el desvío?- preguntó Leorio.

-Para devolverle la habilidad de saber el futuro- contestó Killua, todos abrieron sus ojos sorprendidos -lo malo es que no sabemos dónde puede ser, y casi no tenemos tiempo para ponernos a averiguar.

-¿Neón podía ver el futuro?- preguntó Rayén, y recién en ese momento los otros recordaron que ella también estaba presente, y se sintieron un poco incómodos. No podrían hablar con total libertad -cuando ella vuelva va a tener que contarme todo, aunque estemos una semana hablando del asunto, no me importa.

El teléfono de Kurapica sonó, y éste contestó rápidamente.

-¿Si?- preguntó.

-Kurapica- reconoció la voz de Basho -¿dónde estás?, necesito hablar urgente contigo.

-Ahora no puedo, Basho- se negó el rubio -estoy ocupado con otras cosas.

-Es sobre el trabajo- insistió el otro -es necesario que comencemos a movernos, según me informaron, Nostrade logró recuperar a su hija.

Kurapica frunció el cejo. El asunto no había sido hacía más de una hora, le parecía demasiado extraño que Basho lo supiera tan pronto... y más aún, que lo llamara a él.

-¿Cómo sabes eso?- le preguntó, con seriedad.

-Se comunicaron conmigo "los jefes"- contestó Basho -me pusieron al tanto de la situación, y nos encargaron un nuevo trabajo. Tenemos que evitar que ellos logren que Neón vuelva a tener los poderes de adivinación.

-Hum... ¿los conoces?

-¿A quién?

-A los jefes.

-Aún no- contestó Basho -pero en fin, te llamaba para que me confirmaras si ibas conmigo o no a sacar a la chiquilla de ahí, y si has decidido si te quedas trabajando para ellos o no... es ahora o nunca que tienes que decidirte, porque después de esto, no habrá marcha atrás.

Kurapica frunció el ceño, y no demoró mucho en contestar.

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Había estado vagando desde que salió del restaurante. Cabeza baja, mirada pegada al suelo... su camino fue tan largo que cuando volvió a la realidad no tenía idea de dónde estaba, pero a pesar de esto, y que estaba oscureciendo, se sentó en una banca de la calle en que estaba, demasiado confundida como para preocuparse por otra cosa.

Trataba de poner su cabeza en orden, pensar que todo lo que Kurapica le había dicho en parte ella lo sospechaba de antes. Ella había podido recordar a su hermano, sus ojos, su rostro, todo... y por eso mismo había ido a aquel restaurante, en parte para pensar, y aunque no lo reconociera, para ver si podía verlo, siquiera por algunos momentos.

Porque ella sabía que había algo que no cuadraba en esa historia. Si Kurapica era el Bastardo de la Cadena, ¿por qué su deseo de venganza en contra de los que supuestamente deseaban proteger a la tribu Kuruta?, eso era lo que no entendía. Y luego llegaba el rubio para terminar de aclararle todo...

Asesinos. Aquellos en que todos esos años se había refugiado, finalmente resultaron ser los asesinos de su gente. Por más que lo pensaba, no entendía por qué Kuroro había decidido dejarla con vida, y mucho menos entendía su decisión de llevársela con él, para cuidarla. Tristemente llegó a la conclusión que nunca tendría la respuesta.

-Supongo que hablaste con el Bastardo de la cadena, ¿no?- una voz con marcado acento francés llamó la atención de la muchacha, que al levantar el rostro, se encontró con un hombre pelirrojo.

-Hisoka...- murmuró ella, en vez de contestar.

-Por la cara que tienes, me imagino que sí- fue el comentario del Mago, sentándose al su lado -¿y ya decidiste qué vas a hacer con eso?

-¿Tú lo sabías?- preguntó ella, ignorando nuevamente la pregunta del otro.

-¿Qué era un Kuruta?, sí, lo sabía.

-No, que es mi hermano.

Hisoka abrió los ojos, más que sorprendido, y con eso Dasha se dio cuenta que no tenía idea del parentesco de ambos. La chica soltó un bufido y se puso de pie, frustrada.

-¡No puedo creerlo!- gritó, llamando la atención de casi todas las personas de la calle -¡es tan malditamente rebuscado que no puede ser verdad!

-Pero tú sabes que sí lo es- replicó el otro, apoyado cómodamente en el respaldo de la banca -no tardaste mucho en darte cuenta de todo una vez que lo conociste. Quizás fue tu misma sangre la que te lo dijo.

-¿Por qué me ayudaste, entonces?- le preguntó Dasha, sus ojos centelleaban debido a la cantidad de emociones que tenía dentro de ella en esos momentos. Cada vez le estaba costando más mantenerse tranquila.

-Tú me pediste que te ayudara a encontrar al Bastardo de la Cadena- contestó Hisoka, despreocupado -el que éste fuera un Kuruta ya no es mi culpa, llámalo si quieres "cruel destino", o algo así.

-Pero lo sabías... ¿por qué no me lo dijiste?

-¿Me habrías creído?. Piénsalo, Dasha, si te digo que es el único Kuruta que supuestamente había sobrevivido al ataque, lo más probable es que pensaras que trataba de protegerlo o algo así. Además, creí que era mejor que tú te dieras cuenta de quién era en realidad el Bastardo de la cadena... y sí que te sorprendiste, ¿eh?, nunca pensé que Kurapica fuera tu hermano...

-Tu sí sabías que Kuroro había matado a los de la tribu...- dijo Dasha, con tristeza, esta vez Hisoka guardó silencio -estoy demasiado confundida, ya no estoy segura en qué debo creer... todo lo que pensaba que era verdadero no lo era... al que consideraba mi segundo padre finalmente resultó ser el verdadero causante de tantas muertes...

-Nunca le pregunté a Kuroro por qué no te mató, y mucho menos por qué te llevó con él. Supongo que hubo algo en ti que llamó poderosamente su atención... quizás no debas fijarte mucho en las razones, ahora tienes una vida, encárgate de ella. Si quieres puedes irte con tu hermano, "recuperar el tiempo perdido", como dicen...

-Je, que bonito suena- Dasha se sentó al lado de Hisoka, y sonrió con visible tristeza -creo que antes de planear cualquier cosa de mi vida, primero tengo que arreglar un asunto...

-¿Con tu hermano?

Por respuesta Dasha sonrió, poniéndose de pie.

-Nos vemos, Hisoka.

El Mago la vio alejarse con paso tranquilo, y él sacó su mazo de cartas. Ese tema de ayudar a la chica no había salido tan mal después de todo. Ahora tendría que ver cómo iba Kurapica y sus amigos en el otro asunto.

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Bien, espero les haya gustado este capítulo ^^. Les aviso que el fic está llegando a su final, deben quedar más o menos tres capítulos (si es que no se me ocurre otra cosa entre medio, jajaja)

Saludos a todos, en especial a Candygirl-chan y Lunmelody Nostrade (gracias por tus comentarios, me halagan) =)