Dos luminosos relámpagos cruzaron el cielo cuando un hombre, vestido con un elegante traje negro, apareció en mitad de la carretera. Las gotas de lluvia le azotaron empapando sus ropas mas no le importó, su atención estaba puesta en el Charger del 69' que se acercaba a gran velocidad hasta su posición.

El coche derrapó al lograr sortearle, parando a un lado del arcén. Ashley bajó de éste apresuradamente y el demonio sonrió de medio lado desapareciendo de su vista para volver a aparecer tras la chica.

-Hola, gatita. -saludó, y adivinando las intenciones de ataque de la rubia la redujo sujetándole los brazos tras la espalda. -¿Así me recibes? -susurró contra su oído.

-¡Suéltame, cabrón! -vociferó la chica, revolviéndose.

-Ashley, Ashley, Ashley. -canturreó él, volteándola para mirarla a los ojos. -¿Qué voy a hacer contigo? Creía que me serías leal después de todo por lo que hemos pasado juntos... Y, ¿cuál es mi sorpresa? Descubrir que te estás alejando de tus objetivos. -lamentó, negando con su cabeza. ¿Tan molestos te resultan los Winchester? -preguntó, burlonamente. -Puedo llegar a comprenderte cariño.

-¡Qué te den! -escupió ella, mirándolo con odio. -No pienso seguir trabajando para un demonio de mierda.

-Cuidado, Ashley. -le advirtió. -Sabes muy bien que no soy cualquier demonio de mierda.

-Sí... Eres el Rey del Infierno y bla, bla, bla. -resopló. -Cómo si eso me importara. Para mi todos sois la misma basura.

-¡Oh! Hieres mis sentimientos. -se mofó Crowley. -¿Sabes? Deberías estarme más agradecida, ¿o es que acaso no recuerdas quién te salvó de Belial? Si no llega a ser por mi ahora estarías muerta o peor.

La chica no pudo evitar tensarse cuando las imágenes de lo vivido semanas atrás se agolparon en su cabeza.

*Flashback*

Estaba apoyada contra un árbol, oculta gracias a la oscuridad de la noche, mientras esperaba a que la demonio culpable de las muertes de su padre y hermano saliera de aquel bar de carretera. Ashley trataba de mantenerse alerta, pendiente de cualquier movimiento o sonido que delataran la presencia de aquel ser despreciable.

Recordaba cómo la primera vez que se había encontrado con aquella demonio ignoraba inclusive que éstos existían. Sin embargo, ahora, estaba más que preparada para acabar con ella.

El sonido de unos tacones pisando con fuerza el suelo le hicieron regresar a la realidad, su presa se acercaba con paso decidido hasta uno de los coches del aparcamiento y la cazadora no pudo reprimir una sonrisa al ver que ésta caminaba directamente hacia la trampa que había preparado minutos antes.

La diablesa entró en su coche, desconociendo el pentáculo que Ashley había dibujado sobre el techo, y se acomodó en su asiento con la intención de arrancar el motor. No obstante, cuando dirigió su mano hacia el contacto para girar las llaves, su movimiento se vio limitado.

-¿Necesitas ayuda? -le sorprendió la rubia, sonriendo, al lado de la puerta del piloto.

-Tú... -murmuró la presa tornando sus ojos a negro al reconocerla. -¿Cómo?

La sonrisa de la cazadora se amplió al tiempo que golpeteaba con su dedo el techo interior del vehículo.

-Ha pasado mucho tiempo, Nina. -dijo haciendo énfasis en el nombre por el que se hacía llamar la demonio.

-Sí. -asintió la aludida. -Y veo que has aprendido unos cuantos trucos. Qué lástima que ya no te sirvan para salvar a tu familia...

-¡Cállate! -exclamó Ashley, inclinándose para dejar su rostro a la altura del de la morena.

-¿O qué? ¿Qué vas a hacer? ¿Exorcizarme? -rió Nina, retándola con la mirada. -Adelante, hazlo. Veamos el tiempo que tardó en volver y arrancarte el corazón.

Ashley ladeó la cabeza.

-No vas a tener esa suerte. Porque voy a matarte. -le anunció mostrándole una espada angelical que acababa de sacar de su cinturón. Los ojos de la demonio volvieron a retomar su apariencia humana al reconocer aquella mortífera arma. -¿Qué pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato? Supongo que es una putada para ti que los ángeles cayeran y me haya sido tan fácil conseguir una de estas.

-Espera. -pidió Nina, observando cómo la rubia jugueteaba con el arma en sus manos. -No lo hagas. Negociemos.

-¿Negociar? -rió con incredulidad la cazadora. -Vete al Infierno.

Ashley hundió su hoja en el pecho de Nina y la piel de ésta se iluminó emitiendo destellos dorados. Tras ocho años por fin había logrado vengar la muerte de su padre y de su hermano, y aunque el haber matado a aquella abominación no se los iba a devolver, la chica suspiró tranquila después de mucho tiempo.

La cabeza de la demonio se desplomó hacia delante cuando la cazadora sacó el arma de su cavidad torácica. Con cautela se retiró y cerró la puerta del vehículo, mirando a su alrededor para comprobar que la calle estaba completamente desangelada y que por lo tanto nadie había sido capaz de atisbar absolutamente nada. Pese a ello, su corazón latía con nerviosismo, cómo si algo dentro de sí misma tratara de advertirle de algo.

La rubia ignoró aquella sensación y lo achacó todo a la adrenalina del momento, pegando un último vistazo al cuerpo, se volvió a enfundar el arma en el cinturón antes de empezar a caminar hasta su flamante Charger. De repente escuchó un ruido tras ella y detuvo bruscamente su paso para girarse y afinar sus sentidos ante cualquier posible amenaza.

Un gato negro salió corriendo de debajo de uno de los coches del aparcamiento para ocultarse de nuevo en otro. Ashley rodó los ojos, tranquilizándose, y siguió su camino sin volver a detenerse. Tras dos noches sin dormir todo lo que necesitaba era tomar unas merecidas horas de sueño.

Se frotó los ojos con una mano, para despejarse, mientras que con la otra rebuscaba en el bolsillo de su pantalón las llaves del coche. Cuando finalmente se hizo con éstas y elevó su vista para abrir la puerta, el reflejo del cristal le devolvió una imagen que le dejó completamente helada, alguien se alzaba tras ella.

Antes de que pudiera reaccionar su agresor la sujetó por el cabello y le golpeó la cabeza contra el techo del vehículo, dejándola inconsciente en el acto.

Ashley despertó horas más tarde sintiendo sus muñecas y tobillos entumecidos. Abrió los ojos lentamente, acostumbrándose a la claridad del incesante parpadeo del fluorescente que había sobre ella, para percatarse de que se encontraba atada a una silla en medio de lo que parecía un sótano.

El primer reflejo que tuvo fue tratar de liberarse de aquellas ligaduras pero todos sus intentos resultaron inútiles, las cadenas eran realmente resistentes y se envolvían a sus extremidades muy estrechamente.

Un sonoro carraspeó la alertó de que no se encontraba sola en aquella habitación así que elevó su cabeza para encontrarse con el causante de aquel sonido. Sus ojos observaron la figura que se mantenía apoyada contra la pared, de brazos cruzados, y sintió como su mundo se venía abajo.

El reflejo de la ventanilla de su coche no había mentido al mostrarle una cara más que familiar. Josh se encontraba plantado delante de sus narices, pero lo que veían sus ojos no podía ser cierto, debía tratarse de un espejismo o de una especie de broma de muy mal gusto, pues él había muerto en aquella explosión…

-¿Qué pasa hermanita? -saludó el chico, torciendo el gesto en una macabra sonrisa y caminando hacía ella. -¿Me has echado de menos?

Ashley observó con pavor aquella expresión horrible y despiadada que mantenía el chico mientras se acercaba, aquella expresión que nada tenía que ver con la que recordaba de su hermano. Era extraño como pese a haber reconocido el físico de Josh y su voz, era capaz de distinguir con claridad que no se trataba realmente de él.

-Tú no eres mi hermano.

-¡Vaya! Eres rápida, Ash. Rompes con el mito de que las rubias sois tontas. -rió el castaño, inclinándose ante ella para acariciarle el rostro.

La chica se revolvió sobre la silla para librarse de su roce.

-¿Qué has hecho con él? -inquirió con las primeras lágrimas de rabia asomando por sus ojos.

-De todo. -respondió el aludido tornando sus ojos a negro. -Ocho años en este cuerpo dan para mucho.

Ashley creyó quedarse sin respiración. Aquel demonio había estado poseyendo a su hermano desde el incidente y ella no había tenido ni la más remota idea.

-No. No puede ser. -negaba una y otra vez. -Josh murió. Él…

-¿Voló por los aires? Sí, respecto a eso… Verás no podía desperdiciar un traje de carne como este. Fuerte, ágil, atractivo… Así que lo sané para que pudiera disfrutar de su nueva existencia. Y ahora va a tener un asiento de primera fila mientras me divierto con su hermanita.

-¡Hijo de puta! -escupió Ashley, emocionalmente destrozada. -Juro que acabaré contigo.

-Me encantaría verte intentarlo. -le retó el demonio, manteniendo la sonrisita en sus labios. -Pero recuerda: si me hirieras a mí, le hirieras también a él. Y supongo que no quieres eso, ¿verdad? Además antes de que intentes lo obvio te advertiré de algo para que te ahorres el esfuerzo: un simple exorcismo no te servirá de nada. Estoy muy por encima de todo eso.

La chica pudo observar en sus ojos que el demonio no estaba mintiendo, además la actitud soberbia y segura de éste sólo respaldaba la teoría de que estaba frente a uno de los más poderosos del Infierno.

-¿Quién eres?

-Eso no importa. No estamos aquí para hablar de mí, sino para ajustar cuentas. Te has cargado a mi compañera y por ello vas pagar.

La rubia lo miró con el dolor reflejado en lo más profundo de su alma. Ver el cuerpo de Josh dominado por una de aquellas oscuras entidades era el peor castigo al que la vida le había sometido jamás. Deseó, por un instante, que su hermano hubiera muerto realmente en aquella explosión porque no podía llegar a imaginarse el sufrimiento por el cual habría pasado éste cumpliendo con la voluntad de aquel maldito demonio.

Ashley estaba pérdida y lo sabía. No podía matarlo, uno, porque estaba maniatada, y dos, porque aunque tuviera la posibilidad de clavarle la espada angelical estaría acabando también con su hermano.

-Vas a matarme. -supuso entonces.

-¿Matarte? No. Eso sería demasiado fácil. -negó el demonio, sonriendo. -Prefiero verte sufrir, inflingirte un dolor tan implacable e insoportable que el Infierno a su lado parecerá un juego de niños. -caminó hasta la mesita auxiliar, que se encontraba al lado de la silla, y cogió un afilado puñal mientras la chica lo siguió con la vista. -Voy a disfrutar de cada momento tortuoso, Ash. -rió con malicia antes de clavarle el arma en el vientre.

El sótano pronto se inundó de agonizantes gritos provenientes de la garganta de Ashley. Su camiseta estaba desgarrada. Los hilos de sangre empapaban la tela y recorrían su vientre llegando a calar hasta sus muslos, colándose a través del tejido tejano de sus pantalones. Sentía como el demonio perforaba cada centímetro de su piel, una y otra vez, sin descanso, mientras todo lo que podía hacer ella era llorar de dolor, de rabia, de humillación, y rezar porque aquella sensación insoportable que le inundaba parara. Pero no lo hacía, nunca lo hacía.

No supo cuanto tiempo pasó, era difícil medir tales cosas como las horas o los días en aquellas circunstancias. El ambiente en el sótano era húmedo y pesado, el olor a su propia sangre y piel quemada envolvía cada rincón de éste recordándole a cada segundo lo allí vivido. Sólo era capaz de encontrar algo de paz cuando perdía la conciencia a causa de las incesantes torturas que el demonio le inflingía día tras día, mas esos ratos de desconexión duraban poco porque éste la sanaba lo justo para volver a empezar y que ella pudiera sentir cada herramienta usada sobre su piel.

Uno de los muchos días despertó atada sobre una fría plancha de metal, cosa que llamó su atención pues siempre la había mantenido maniatada en la silla. Sin embargo aquel día era diferente, Ashley lo pudo intuir desde el momento en que lo vio entrar con una expresión más retorcida de lo que recordaba nunca.

-¿Cómo estas hoy hermanita? -saludó en tono burlón mientra blandía un látigo en su mano derecha. La chica lo observó con los ojos entrecerrados, estaba exhausta, hacia días que de sus labios no brotaba otra cosa que no fueran desgarradores gritos. -¿Sabes Ashley? Es de mala educación no contestar cuando se te pregunta algo…

Un inclemente látigazo golpeó el muslo de la chica quemándole la piel. Se mordió el labio con fuerza tratando de reprimir un alarido de dolor, no quería darle aquella satisfacción al demonio, no obstante decenas de látigazos siguieron al primero y no lo soportó más. Ashley terminó chillando con las pocas fuerzas que le restaban mientras su cuerpo sufría numerosos espasmos que le eran imposibles de controlar, parecía que la fusta había conseguido abrirse camino hasta su hueso.

Nunca hubiera creído que experimentaría un tipo de dolor tan brutal como aquel, y mucho menos que éste sería provocado por un demonio vistiendo a su hermano. El simple hecho de abrir los ojos y encontrarse con el rostro de Josh multiplicaba el sufrimiento hacia el infinito.

-Por favor… -balbuceó casi inaudiblemente rozando la inconsciencia.

Los látigazos cesaron y él se inclinó ante ella.

-Por favor, ¿qué? -preguntó con una sonrisita torcida

-Mátame de una vez.

El demonio estalló en una sonora carcajada mientras dejaba caer el látigo a sus pies y contemplaba el cuerpo maltrecho de la rubia enorgulleciéndose de su trabajo.

-No voy a matarte, Ashley. -susurró en su oído. -Aún me quedan muchas ideas para seguir divirtiéndome contigo. -un escalofrió recorrió la espina dorsal de la cazadora cuando notó los labios del demonio rozar el lóbulo de su oreja. -Es una pena que un cuerpo como el tuyo esté en estas condiciones… -agregó él, deslizando sus manos por el vientre desnudo de la chica. La camiseta estaba hecha jirones desde el primer día y su piel estaba expuesta desde entonces.

Ashley se retorció contra la fría camilla de metal y cerró los ojos con fuerza cuando sintió el peso del demonio sobre su cintura.

-No… No… -sollozó la rubia, notando la excitación de él. -Por favor… No lo hagas.

-Shh. Mírame Ash. -ordenó el demonio, sujetándola con fuerza por el rostro. -Quiero que se te quede bien grabado en esa cabecita todo lo que voy a hacerte.

La rubia seguía revolviéndose bajo su aplastante agarre, negándose a enfrentarse a aquel rostro de nuevo, mientras se preparaba para lo peor y deseaba con todas sus fuerzas morir en aquel mismo instante.

Un ruido alertó al demonio, que se tensó sobre el cuerpo de Ashley, cuando un hombre trajeado apareció tras la puerta.

-Belial, Belial. Siempre con tanta clase. -habló el recién llegado negando con su cabeza al contemplar la escena.

-Crowley. -saludó el aludido entre dientes, descendiendo de la camilla y dejando de aprisionar el cuerpo de la cazadora contra el suyo.

-En realidad es "Señor" para ti. -le corrigió Crowley. -No olvides que soy tu Rey.

Ashley se atrevió a abrir los ojos con sumo cuidado y dirigió su vista hacia la voz de aquel hombre que había aparecido en el momento justo. Las lágrimas no le dejaron vislumbrar más allá de las dos figuras borrosas de los demonios. Pronto el agotamiento volvió a ganarle la partida y la chica no pudo hacer otra cosa que dejarse arrastrar por él.

Para cuando volvió en si ya no estaba en aquel lúgubre sótano, en su lugar, se encontraba estirada sobre la cama de la habitación que había rentado días atrás. Y de no haber sido porque un terrible dolor seguía recorriendo cada rincón de su cuerpo la chica hubiera llegado a pensar que todo se había tratado de una espantosa pesadilla.

Llevó su mano hasta su vientre, las heridas ya no sangraban aunque seguían estando presentes sobre su piel. Después aferró sus dedos hacía sus puños, comprobando que aún tenía fuerzas y que el entumecimiento en sus muñecas había menguado al ya no estar encadenada.

Finalmente abrió sus párpados para distinguir la figura de Crowley sentado al otro lado de la habitación. No estaba segura de haber escuchado bien pero hubiera jurado que aquel hombre se había referido a Belial como a su Rey, y por lo tanto no dejaba de ser otro desgraciado infernal.

La chica trató de ponerse en guardia intentando levantarse pero se arrepintió al momento cuando el dolor de sus heridas la limitaron. Un gruñido escapó de sus labios.

-Tomátelo con calma gatita. -sonrió Crowley. -Sólo quiero ofrecerte un trabajo a cambio de haberte salvado la vida.

-No estoy interesada.

-Pero aún no has escuchado mi oferta…

-Nada de lo que me ofrezcas puede llegar a interesarme. -le cortó la rubia.

Crowley sonrió ante aquella frase.

-¿Ni siquiera hacer que Belial cambie de traje de carne? -le preguntó, alzando las cejas. -Tengo entendido que está ocupando el cuerpo de tu hermano, ¿no?

La expresión de Ashley cambió por completo al comprender de lo que estaba hablando el Rey del Infierno.

-¿Qué quieres que haga?

-Ahora nos entendemos... -celebró el hombre, levantándose de su asiento y acercándose. Ashley se revolvió nerviosa. -Tranquila no voy a hacerte daño. Tú y yo vamos a convertirnos en socios. -le sonrió. -¿Te suena el apellido Winchester?

La chica lo evaluó con la mirada.

-¿A quién no?

-Sí… Son un auténtico dolor de muelas. -rió ante su propio chiste. -He oído por ahí que no les guardas mucha simpatía.

-Has oído bien. -respondió Ashley sin saber a dónde quería llegar el demonio. -¿Puedes ir al grano?

-Quiero que los mantengas vigilados, que te asegures de que se mantienen alejados de mis negocios y que les robes algo. -informó Crowley tomando asiento en el borde de la cama. -Un manuscrito para ser exactos, y a cambio haré que Belial se busque a otro desgraciado al que ocupar. Es un buen trato, y sencillo.

-¿Y si es tan sencillo porqué no te encargas tú personalmente? -inquirió la chica con curiosidad.

-Porque tengo un Infierno que gobernar. Además el búnker de los Hombres de Letras es un auténtico refugio contra todo lo sobrenatural.

-¿El búnker de quién? -Crowley rodó los ojos y le explicó con detalle de que se trataba aquel lugar. -Está bien. ¿Así que todo lo que quieres es que encuentre el auténtico manuscrito de "El libro de los condenados" de Charles Fort, uno de los primeros Hombres de Letras, y te lo entregué?

-Así es.

-¿Y de qué te servirá?

-Eso no es de tu incumbencia, querida. -le negó Crowley. -Todo lo que ha de importarte es que podrás recuperar a tu hermano. ¿Tenemos un trato?

-Tenemos un trato.

*Fin flashback*

-¿Recordando tiempos mejores Ashley? -se burló Crowley, devolviéndola al tiempo presente.

-Cállate. -gruñó la aludida, dedicándoles una mirada llena de desdén. -No pienso hacerlo.

-¿Disculpa?

-Ya me has oído Crowley. No voy a seguir con esto.

-Creo que no lo entiendes. Hicimos un trato. -habló el demonio, acercándose amenazante. -Un trato no se rompe. Y mucho menos con el Rey del Infierno.

-Yo no firme nada. -le recordó Ashley con una sonrisa de suficiencia. -Así que por lo que a mí respecta esa conversación no existió.

-Ya veo, te crees muy lista. Piensas que puedes salirte con la tuya, pero te olvidas de algo. Y es que tú tienes más que perder en todo esto que yo. -la chica mantenía su mirada puesta en los amenazantes ojos del hombre. -¿Sabes lo poco que me costaría decirle a Belial dónde encontrarte? ¿Permitirle que acabará con lo que empezó?

Ashley tragó con dificultad.

-No me importa. -murmuró con voz temblorosa.

Crowley abrió los ojos en sorpresa.

-¿Qué no te importa? -se preguntó en voz alta.

-Exacto. No me importa. -repitió, esta vez con valentía. -Prefiero volver a enfrentarme a él que jugársela a… -la chica se obligó a morderse la lengua. No debía otorgarle aquella información. Sin embargo Crowley lo pillo al vuelo.

-¡Oh! -exclamó en realización el demonio. -Ya sé lo que te pasa. Te has enamorado de uno de los hermanos… Dime, ¿alce o ardilla? ¿Sam o Dean? -se carcajeó divertido. Ashley no respondió, se limitó a negar con la cabeza. -Así que los pones por delante del bienestar de tu propio hermano, a pesar de que ellos provocaron que Belial escapará del Infierno… ¿No es irónico?

-No es eso. -se defendió la rubia de la acusación del Rey del Infierno.

-¿No? Pues es lo que parece. Parece que prefieres proteger a esos dos antes que recuperar a tu querido hermano. -presionó Crowley. -Supongo que no ganarías el premio a hermana del año…

El puño de Ashley se cerró e impactó con fuerza contra la nariz del hombre. Un hilillo de sangre descendió por ésta y Crowley se la secó con la mano mientras observaba con diversión a la cazadora.

-Puedes golpearme todo lo que quieras. Eso no cambiara el orden de tus prioridades. -siguió presionándola. -Mira, gatita. No te estoy pidiendo que los mates. Sólo que los mantengas vigilados y que me traigas ese maldito manuscrito. Eso es todo.

-¿Qué hay tan importante para ti en ese documento para que quieras poner tus sucias manos encima? -le preguntó Ashley, preocupada por aquel continuo interés del demonio en él.

-Ya te dije una vez que no es de tu incumbencia. -respondió con total seriedad. -Yo de ti me preocuparía más por qué no intente poner mis sucias manos encima de tus queridos Winchester. -amenazó llevándola contra el capó de su coche. La joven entrecerró sus ojos. -Sé inteligente Ashley. Consígueme lo que quiero y te devolveré a tu hermano.

-Y tampoco les harás daño a Dean o a Sam. -solicitó la rubia.

-Siempre que cumplas con tu parte me mantendré alejado de ellos. -accedió Crowley.

-Está bien. -suspiró Ashley. El demonio sonrió torcidamente antes de chasquear sus dedos provocando que las ruedas traseras del Charger reventaran. La chica pegó un respingó al sentir el reventón y le dedicó una mirada llena de reprobación. -¿En serio?

-Llama a tu príncipe azul para que te rescate. -le guiñó. -Y recuerda, mantenme informado o volveré a encontrarte.

Y sin más desapareció de su vista.

La cazadora pateó con rabia una de las llantas traseras y con un largo suspiró terminó por apoyar sus codos sobre el techo del vehículo mientras enterraba la cara entre sus manos. La lluvia seguía calándole hasta los huesos, pero no le importaba, tenía cosas más importantes por las que preocuparse que por un asegurado constipado si seguía debajo de aquella tormenta por mucho más tiempo.