Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.

Advertencias: Aokuro ¡Danger! haha solo un poco.

Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D Porque el Kagakuro no ha muerto :)

Notas al Final


Mete las sopas al carrito del super para poder regresar al pasillo de limpieza con la esperanza de que Taiga por fin haya tomado una decisión sobre qué detergente debe llevar, el mismo de toda la vida o un nuevo con olor a rosas.

Ni siquiera le pelea tan rutinario acto, no cuando busca tiempo para ordenar su plan de acción, el cual tiene como finalidad contarle que ha comenzado a salir con un moreno de cabello azul. Espera de menos que no haga un pancho de esos que suele hacer, por eso a usado el centro comercial porque sería demasiado vergonzoso incluso para Taiga.

Se arrepiente de no haber traído consigo a Makoto, de alguna manera él estaría ayudando en este momento con alguna de sus "amables" frases. Porque si hay algo que no tolera su amigo es que sea lento y de poca acción, las cosas se dicen de frente antes de armar un lío molesto.

Por fin llega, frunce el ceño, sólo lo ha dejado unos minutos y ya hay una tipa sobre de él. Trata de adivinar qué estrategia está usando "¿Sabe dónde están los baños?" o "no alcanzo algo en la repisa".

Bingo, la repisa hoy es la ganadora. Ve como Taiga se pone de puntillas para alcanzar una lata de carne enlatada, tramposa, con la figura que se carga duda que siquiera como algo e pan. Ni siquiera se molesta en interrumpir, solo disfruta de como el pantalón se le adhiere de manera mecánica a su muy bien formado trasero de su pelirrojo, bueno, a veces debe permitirse dar unos gustos.

La gloria no dura para siempre, para desfortunio de la muchacha y de Tetsuya, la lata ya está abajo. Ella agradece, agregando un muy coqueto pestañeo, es muy obvia la técnica pero no importa porque Taiga es más que inmune a las formas habidas y por haber de conquista.

-Taiga.-lo llama, más que por celos, le hace un favor a la dignidad que le queda a la chica ante menudo pedazo de tonto.-terminé con las pastas.

-Claro, ya lo he hecho con el detergente.-varios kilos son depositados bajo los comestibles.

Gracias a todos los cielos ha tardado menos. No entiende el punto de su rutina de comparar detergentes si al final escoge el mismo, suave con la ropa, colores brillantes, biodegradable y con olor a lavanda.

-¿Qué nos falta?

-Supongo que solo el cereal.-contesta Tetsuya mirando lo que falta por cerrar en la lista de compras.

Cuatro tipos de cereales necesitan para terminar, los de maíz para Makoto, unos chocos por si Teppei hace una visita, las ruedas de colores con sabor a fruta para Taiga y los de fibra por él.

-Recuerdas mi salida de ayer.-inició la plática, quiere abordarlo poco a poco.-con Aomine

Al principio Taiga no dice nada, sólo mira las cajas en sus manos como si fuera a iniciar otro debate filosófico pero en vez de de jabón para la ropa, su objeto será el cereal.

-Sí, era un muchacho peculiar.-responde con un poco de incomodidad.-¿Te la has pasado bien?

-Sí. Aomine es un gran chico, es divertido y el as del equipo de baloncesto de la escuela. Pero algo ha pasado ayer y me gustaría contártelo.

-¿Te ha lastimado?

Su semblante se oscureció, su cara advierte que si su respuesta es afirmativa a Daiki no le quedan más de dos días de vida antes de amanecer en algún canal.

-No, el es muy amable.-el aura tranquila y agradable vuelve a Taiga.-pero me ha pedido que salgamos.

-Bueno, no veo lo malo, los amigos salen mucho pero debes asegurarte de no llegar tarde.-al parecer no entendió bien a lo que se refería.

-No como amigos, sino como pareja.

La caja de cereal termina tirada en el piso.

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-No lo apruebo, simplemente creo que estés en la edad de tener una pareja.-gruñó Taiga.

-¿Cuándo seré lo suficientemente grande para ello según tú?-preguntó desafiante.

-Cuando yo esté siendo comido por gusanos.-respondió.-no, hasta que me vuelva polvo.

Discutían ambos en la mesa.

Un adolorido Makoto y un muy satisfecho Teppei sólo se dedicaban a observar esperando un momento para intervenir si fuera necesario. Nadie quería ver ojos volando.

-Para cuando ese momento llegue ya seré un anciano.-respondió haciendo un mohín.-arrugado y lento, tan aburrido como tú.

-Me parece bien.-Tetsuya lo miró con enojo.-además ¿Desde cuando te gustan los chicos?

Las orejas del joven se colorearon ante el cuestionamiento y Makoto estalló en carcajadas.

-Ya acabé, gracias por la comida.

Se levantó de la mesa bastante molesto, se despidió de todos menos de Taiga antes de irse a su habitación.

¿Desde cuándo le gustaban los chicos?

Desde que me enamoré de ti

Dijo mentalmente

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Sigiloso como un gato se escurre entre la oscuridad de la noche. No había forma de que alguien pudiera descubrirlo en su fechoría.

La perilla se giró sin necesidad de ser forzada, eso eran buenas noticias. Su objetivo dormía plácidamente en su cama, ajeno a sus intenciones. Con el mismo cuidado con el cual entró fue directo a cumplir su misión.

-¿Qué haces Kiyoshi?-cuestionó Makoto removiendose entre las cobijas.

No había forma de que no notar su intromisión, un peso de la talla de Kiyoshi lograba hacer crujir la cama, eso y que el pelinegro tenía el sueño ligero.

-Pensé que sería agradable dormir juntos, tiene tiempo que no lo hacemos.-agregó colándose entre las sábanas del muchacho.

Al menos un mes había pasado desde la última vez que estuvieron juntos, no lo iba a admitir Makoto pero había extrañado bastante el calor que desprendía el enorme cuerpo de Teppei. Cuando se quedaba la casa de ellos siempre hacía incursiones nocturnas a su cuarto, no parecía importarle tener que dormir en la reducida cama individual del muchacho, durmiendo muy pegado a él hasta que llegaba el día y debía huir si es que no deseaba ser visto por el pelirrojo.

Por un par de minutos parecía sana la intención, incluso Makoto ya estaba cayendo en los brazos del dios de los sueños cuando Teppei le besó la nuca para ponerlo en alerta.

-Dijiste que dormiriamos, sigo jodido de la tarde así que no pienses que accederé a hacerlo.-gruñó.

El mayor no responde, está tan acostumbrado a sus comentarios hostiles que solo se dedica a abrazarlo cn más fuerza y posesividad.

-¿Has pensado en lo que te dije?

-La respuesta es la misma que hace unas semanas, no voy a formalizar.-dice Makoto.

Vuelven al silencio.

El tema de ser novios, en todo el sentido de la palabra, lo abarcó Kiyoshi la última vez que se vieron. El mayor piensa que sería bueno hablarle a Taiga sobre su relación, dejarse de ver a escondidas y poder tener el permiso de hacer lo que debería hacer una pareja normal. A Hanamiya no le hizo ilusión la propuesta, le gusta lo que tienen ahora, una relación basada en la complacencia mutua y nada más. No quiere tener ataduras, en la situación en la que vive sería un completo error.

Por otro lado Teppei no quiere seguir teniendo encuentros esporádicos, muere de ganas por hacerle saber al mundo, sobre todo a los amiguitos del muchacho, que están juntos. A simple vista parece una persona tranquila y despistada, muchos apostarían que ni siquiera existe la palabra enojo en su vocabulario, por dentro puede ser temible y pasional, y más cuando se trata del chico a su lado.

No quiere llegar a esta solución pero no queda otra, no quiere seguir traicionando a Taiga quien lo perdonó por haberlo abandonado cuando era joven en aquella prisión y que, sobre todo, le abrió las puertas de su hogar. Optó por una decisión drástica.

-Bien, entonces será mejor que dejemos esto por la paz, Hana-chan.-aspira su dulce fragancia, esperando que aquel cúmulo de aire sea suficiente para abastecer su sistema por un largo tiempo.-no quieres nada conmigo y yo no puedo estar así.

Es cruel, además de extremista pero necesario si quiere que avance lo que tienen. El castaño sabe que Makoto lo quiere con la misma intensidad con la que él lo adora y es lo que más le frustra.

Aunque le duele se levanta y se marcha.

Makoto intenta decirle lo infantil que está siendo, que el chiquillo ahí es él y que deje de jugar de una vez por todas sobre un tema tan trivial. Al final no puede porque el castaño no se lo permite.

Se enrosca en las sábanas, sin embargo no puede llenar el calor que se ha llevado ese tipo tan desesperante ¿Cómo puede ser tan idiota.

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Trabajar en casa tenía sus ventajas y desventajas, si tuviera que elegir sólo algunas de ellas él escogería que no tiene que estar encerrado en un cuarto reducido, nada de trajes formales y estirados que lo sofocaran de horario de ocho a ocho, otro beneficio era que él mismo era quien decidía su horario.

Y podía seguir una lista de buenas cosas que acompañaban un trabajo desde casa, aún así había una entre todas ellas la cual era la más importante y era que podía cuidar a los dos mocosos con los cuales vivía. Tetsuya siempre fue su prioridad, desde que lo conoció en ese lugar, y aunque al inicio podía asegurar que era obligatorio ahora era una de las razones por las que era una persona responsable.

Después estaba Makoto, un chico que gozaba de inteligencia prodigiosa, aunque podía ser muy difícil de tratar por su mal carácter de orígenes sádicos, se había acostumbrado y encariñado bastante con el cejón malhumorado.

Esperaba que su día fuera bueno, osea que Tetsu se dignara a levantarle la ley de hielo que había establecido desde su discusión sobre lo de su "novio". Nadie podía culpar por querer cuidar a Tetsuya de esta manera, él había sido como un hijo, para él seguirá siendo siempre ese pequeño enano que debe de ser protegido. Aunque el la actualidad las cosas habían cambiado se de ser perseguido a perseguir. Ya no era Tetsuya quien estaba todo el día como una sombra detrás de él para que le cargara en brazos o jugara a la pelota, ahora debía Taiga correr tras él para evitar a cualquier costo que fuera lastimado, sólo que ahora lo llama pesado y sobreprotector.

Un poco de café y a revisar el diario matutino, después le haría un espléndido desayuno a Tetsu para mostrarle su arrepentimiento, aunque no estaba de acuerdo podía tratar de darle un voto de confianza al tipo ese.

Cuando abrió la puerta para recoger el diario matutino notó a un joven. Estaba sentado en la jardinera frente a su casa, bostezaba con flojera, aún con su uniforme de instituto lo reconoció de inmediato.

-Hola.-tomó el periódico entre sus manos.

-Yo.-contestó familiarmente.- vengo por Tetsu, para ir al instituto.-eran las seis de la mañana ¿qué rayos hacía ahí?- no sé a qué hora sale, así que decidí esperar por él.

Por un minúsculo momento su corazón se conmovió por la acción del moreno, pero...

-¿Tetsu? pero él ya se fue hace unos minutos, si corres tal vez lo alcances.-sonrió ampliamente.

-¡Rayos! gracias viejo.-Sin decir nada más el moreno comenzó a correr en dirección al instituto.

Notando la distancia pudo estallar en carcajadas, allá va su voto de confianza. Si creía que le dejaría el camino libre para estar con su precioso Tetsu estaba equivocado.

-Viejo tu abuela, mocoso.-masculló.

-¿Quién era?-preguntó el peliazul que bajaba la escalera aún con la pijama.

-El periódico.-señaló el rollo de papel negro y blanco.-hoy los llevaré en la van, así que pueden tomar con calma el tiempo.

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Se está fastidiando de la situación, toda la semana ha estado Taiga actuando demasiado… idiota. Se encarga de ir a dejarlo a instituto y recogerlo. Nada de salidas con Aomine, ni citas y el teléfono de la casa fue interrumpido misteriosamente y su celular fue destrozado en un accidente en la cocina.

Podría estar feliz si fueran celos románticos, sin embargo no es de esa manera, los celos de Taiga son completamente paternales y es lo que más lo irrita.

Por fin llega al gimnasio principal, necesita decirle a Aomine que su celular cayó a un sartén con aceite hirviendo esa mañana por lo que no será posible llamarse en un rato.

Mira a los chicos en la duela, están teniendo un partido de práctica, no puede evitar emocionarse al ver como se mueven con tanta velocidad. El balón pasa a un chico alto de cabello verde y desde media cancha tira un increíble tiro que entra de manera impecable. Realmente le encantaría jugar.

Por fin el partido acaba, los jugadores corren al banquillo para hidratarse menos su novio que se ha quedado charlando con otros chicos. Decide qué puede esperar a que termine su charla.

-¿Qué hace una cosa tan bonita por nuestra duela?-lo incordia un chico de cabello gris.-¿Quieres compañía?

Tetsu se molesta por el tono vulgar con el que el muchacho se dirige ante él y no duda en darle una mirada de molestia con el mensaje claro de que no se le ocurra acercarse.

-Sólo pueden estar aquí los miembros del club.-le informa un chico alto de cabello negro.-y sus conocidos, los fans no son permitidos. Haizaki deja de ser un vago y date unas vueltas.-le ordena al mismo tiempo que le da una patada.

Si no mal recuerda es el capitán del equipo, es justo como lo describen serio y con presencia, a leguas podría percibir su aura de líder.

-Busco a Aomine-kun, soy Kagami Tetsuya.-dice haciendo una reverencia.

-Es mi novio, capitán.-dice el moreno apretando contra su sudoroso cuerpo a Tetsu.

Sus compañeros de equipo dejan lo que hacen para acercarse a molestarlos un rato. Hacen preguntas de toda naturaleza, muchas de esas subidas de tono que logran hacer que se sonroje fuertemente.

- Dios, es demasiado lindo.-dicen todos en sincronía cuando miran las orejas coloradas de Tetsuya.

El capitán notando la incomodidad en la que están sumiendo al peliazul manda al grupo a hacerle compañía a Haizaki en la pista, exceptuando a Daiki por unos cinco minutos para que atienda a su visita.

-Lamento que se comporte de esta manera, así que tendremos que posponer nuestra cita.-dice Tetsu.

-No puedo hacer nada.-murmuró malhumorado.-Aunque si fuera él y tuviera a un niño tan precioso como tú, haría lo mismo.

Tetsu lo miró con cierto enojo, y un poco de rubor en sus mejillas, no le agradaba mucho que le dijera niño y precioso en la misma oración.

-Debo irme ahora o Nijimura me castigará.-dijo besando suavemente su mejilla.-mañana podemos comer juntos en el almuerzo.

-Claro, suerte con tu entrenamiento.-le sonrió.

Daiki tiene que echarse a correr para no ceder a sus impulsos de besarlo como debería, ese chico es un peligro con aquella sonrisa.

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Los chicos bajan de la camioneta en completo silencio, van así desde la mañana cuando ocurrió el "accidente" con el teléfono del más pequeño, ninguno le ha dirijido la palabra con la promesa de continuar hasta que el objeto sea repuesto. Incluso el florista se ha unido a su resistencia.

-Estamos en casa.-murmuran los jóvenes.

Cruzan el umbral de la casa y un peculiar perfume los ilumina a todos por igual.

-Bienvenidos, mis queridos niños.-los recibe una voz femenina.

Inmediatamente las caras de Makoto y Tetsuya se iluminan, dejan atrás el mal humor y corren a abrazar a Lyla con cariño.

-¡Abuela!-grita emocionado.-me alegra tanto poder verte ¿Cuánto te quedarás esta vez?

Ha sido al menos medio año desde la última vez que la vieron. La situación en la que viven no permite que ellos puedan encontrarse, han pasado más de diez años del atentado contra su familia y no ha habido más que pequeños contratiempos que carecen de relevancia, sin embargo aún no tienen la certeza de que sea seguro volver a estar juntos, más que nada por la seguridad de Tetsu. Ahora la abuela se dedica los negocios en el extranjero, una pequeña pero estable empresa, con otro nombre y bajo el mando del apellido Kagami.

-Algunos días, no los que quisiera pero es mejor que ninguno.-contesta con suavidad.

Ve la cara de su nieto, sin duda ha cambiado desde la última vez que lo ha visto, no puede evitar pensar que se parece mucho a su marido con un toque de una persona indescifrable.

Taiga les dice que charlen en lo que él cocina algo delicioso para festejar la llegada de Lyla en la casa.

-¿Sucedió algo entre ustedes?-pregunta preocupada cuando ve la mirada de molestia que su nieto le manda a Taiga, muy parecida a cuando el pelirrojo lo obligaba a comer todas sus verduras.

-Abuela.-chilla como un chiquillo.-Taiga está siendo un dolor en el trasero.

La abuela presiente que llegó en un buen momento para poner paz en la casa.


Gracias por leer, espero que le guste este capítulo