Confusing Happiness
Regina
Leer aquel mensaje de Emma, despidiéndose, me dejó un poco frustrada ante la cantidad de planes que mi cerebro había armado para cuando aquel evento hubiera acabado y estuviera libre para ella.
Aunque ya era demasiado tarde, y mi mente clamaba por un breve descanso, tras una semana agitada y llena de compromisos. Aunque quisiera, no podía olvidar que la había besado, y la manera en que ella había correspondido, volviendo todo aún más inolvidable. A veces me perdía recordando y tocaba mis labios que deseaban de nuevo los de Emma. Mi hermana tenía motivos para reprenderme, diciéndome que estaba soltando suspiros de aquí para allá. No sabía ella que mi deseo era parar el tiempo y aprovechar aún más la presencia de aquella mujer.
Tras despertar con gritos, Zelena me dijo que sentía que Ruby la necesitaba y que iba a ir a verla. Mi hermana se estaba enamorando de la amiga de Emma, sé que no es novedad alguna, pero sus ojos verdes tienen otra tonalidad desde entonces, sin contar que parecía más "viva", feliz con todo. Terminó de explicarme que había llamado unas tres veces y Ruby no había contestado, y que en su opinión, era algo de lo que preocuparse y que sus presentimientos podían estar en lo cierto.
Henry debió haber escuchado el escándalo de mi hermana y al saber que su "tía Ruby" vivía en el mismo lugar que Emma, insistió para que fuéramos todos. Y sí, Henry comenzó a llamarla así desde que más de una vez se encontraran en el desayuno. Solo tenía ocho años, pero me sorprendía cada día más, en especial hoy, cuando sugirió que invitáramos a Emma al zoológico y después almorzáramos juntos. Y qué sugerencia más perfecta, ¿no? Las mariposas en mi estómago despertaron y pude notar cuán ansiosa estaba solo de pensar en que ella podría aceptar pasar un poco más de tiempo con nosotros.
Intenté ocultar lo feliz que estaba por estar de camino al apartamento de aquella rubia que sabía cómo desestabilizarme. Mi hijo parloteaba sin parar y Zel intentaba distraerse poniendo toda su atención en su sobrino.
Los latidos de mi corazón aumentaron cuando Zelena tocó el timbre.
Enseguida la figura de una Emma totalmente inédita apareció en el umbral de la puerta. Sus bellos mechones rubios estaban despeinados, pero recogidos en un improvisado moño, y llevaba un pijama gris con bolitas blancas que daban una visión privilegiada de sus bellas piernas y brazos que daban envidia de lo bien definidos que estaban. Aquella Emma desprevenida estaba llamando mi atención más de lo acostumbrado, mi cerebro se montaba escenas de despertarme al lado de una mujer que cuanto más sencilla estaba más hermosa era.
La invitación fue hecha, y Emma aceptó.
¡Ah, cielos, cómo querría besarla!
Aproveché la oportunidad que Henry me dio al quedarse atendiendo a la debilitada Ruby, y consolando a su tía, para ir al cuarto de Emma y matar las ganas de estar entre sus brazos.
En el zoológico, no conseguía dejar de admirarla. Cuando se puso a Henry sobre sus hombros y comenzaron a explorar cada canto de aquel lugar, parecían una familia y no simples amigos, ¿entienden? No podía dejar de babear ante aquella maravillosa visión de los dos en compañía el uno del otro. Sus carcajadas se convertirían en mi motivo para sonreír siempre cuando las recordara resonando en mi cabeza. Es una terapia natural que encontraba en esos dos.
Surgió el tema del animal favorito, y juro que no pude no reírme de la explicación de Emma por preferir al león; Henry se divirtió también y me acompañó en las risas. Y mi cabeza ya me hacía imaginar cómo sería despertar a su lado con la tal melena leonina. No podía evitar pensar en lo maravilloso que sería si todo eso sucediera.
Apuesto a que despertar al lado de Emma sería como un sueño, su sonrisa maravillosa deseando unos buenos días, su beso que era un vicio, su mirada sincera y su toque cauteloso. Y la melena de león. Aguanté la risa al imaginármelo sola. No conseguía definir qué era todo esto con respecto a Emma, solo sabía que no podía perderla, ya que nadie había conseguido hacerme sentir tan viva.
Si todos los fines de semana fueran de esta manera, imploraría para que la semana pasara volando, solo para poder repetir este momento más que perfecto con la persona que, sin saberlo, me cuidaba a mí y a mi hijo como nadie lo había conquistado antes.
Tuve que recordarles la hora para comer, o los dos estarían dando vueltas por el zoológico sin darse cuenta.
El almuerzo fue sorprendente, Henry nunca había devorado toda su comida como había hecho hoy. Creo que, una vez más, la influencia de Emma sencillamente ha sido notable. Ella hablaba sobre lo importante que era comer bien y mantenerse saludable para tener fuerza para todo.
Henry se quedó dormido en el coche, creo que hacía mucho tiempo que no se agotaba de esta manera. Adoraba a Emma, de eso no hay duda ninguna, y me pasaría la semana entera escuchándolo repetir lo maravilloso que había sido el fin de semana y que cuándo repetiríamos.
Esta vez conseguí despedirme de Emma como quería haberlo hecho la noche del evento de la empresa. Me entregaba cada vez que nos besábamos, quería aquella demostración de deseo y cariño. Todos los días si fuera posible. No me quejaría, para nada.
Y que ella aceptara que nos viéramos al día siguiente solo hizo que por dentro saltara de alegría y contara las horas para que llegara el momento.
Henry iba a adorar escuchar eso.
Y apuesto a que se le ocurrirá algo para hacer con Emma en nuestro domingo.
Observé a mi hijo dormir serenamente, mientras mi mente repasaba los bellos momentos vividos. La sonrisa parecía ahora formar parte de mí cuando se trataba de recuerdos.
Se me pasó por la cabeza que Elsa ya debe haberse dado el lujo de presenciar todas las maravillas de despertarse al lado de Emma. ¡Pues claro, Regina! Eran novias, ¿qué te pensabas?
Pero, ¿incluso la melena leonina?
Balanceé la cabeza, intentando borrar esos pensamientos.
¡Joder! ¿Tenía envidia del prototipo fallido de Barbie? ¿De verdad?
