Ophelia Meadowes.
¡Ophelia ha vuelto a sus maravillosos veinte! Esos pantalones negros de campana, la blusa negra, la chaqueta de lana negra y la bufanda blanca. Los rizos alborotados y divertidos sobre su cabeza. Y la sonrisa… Esa sonrisa que hacía mucho que no veía.
Está en medio de una calle. Parece Londres y le parece familiar, pero si alguna vez estuvo allí claramente fue hace mucho tiempo. Y cuando ve salir de una tienda a aquella preciosa mujer se acuerda. La primera y última vez que estuvo allí fue con una niña de once años agarrada a su mano. Estaban las dos tan asustadas por todo que Ophelia estaba hasta sobria.
Corre hacia aquella mujer, pero cuando le grita a su lado se da cuenta de que ni la ve, ni la escucha y seguramente ni la siente. Pero cuando posa una mano sobre su hombro, su hija -con ahora veinte años- se para en seco y mira asustada a su espalda.
-Dorcas… -le dice Ophelia, acariciándole la mejilla. Dorcas cierra los ojos y suspira.
-¡Dorcas! -le grita un hombre, saliendo de un callejón. Dorcas al verlo chasquea la lengua y empieza a caminar. Ophelia camina a su lado, mirándola preocupada y aquel hombre las alcanza y camina al lado de ambas, con las manos en los bolsillos, mirando al frente.
-No nos pueden ver juntos. Van a pensar que te relacionas con sangre-sucias.
-No estamos juntos. Yo estoy caminando a tu lado, solo eso.
-¿Quién es este, Dorcas? -pregunta Ophelia. ¡Menudo chulo y prepotente!- Y tú no eres una sangre-sucia…
-Además, no eres hija de muggles. -le dijo aquel hombre a Dorcas.
-Sí, lo soy.
-Tu padre es mago, hija…
-Tu padre es mago.
-No tengo padre, Regulus. -le dijo ella, mirándolo por una vez en la caminata.- Además, creía que eso no os importaba. Mi apellido no está entre los sagrados 28. Así que déjame en paz.
-No voy a dejarte en paz, nunca. -le dijo él, haciendo que los dos se frenaran. Dorcas lo miró, emocionada.
Ophelia entonces descubre lo que pasa. Su hija quiere a aquel hombre, pero no quiere quererlo. Regulus sostiene con suavidad la mano de Dorcas y tira de ella para meterse los dos juntos, y Ophelia, claro, en un callejón más que estrecho. Los cuerpos de Dorcas y Regulus se tocan, uno frente al otro, Ophelia los mira desde un lado.
-¿Por qué le haces esto? Sé claro, por favor. -le pide Ophelia a Regulus.
-Di las cosas claras por una vez en la vida, Regulus, por favor…
-Te quiero. -dice él. Ella suspira, pero no deja de mirarlo a los ojos.
-Lo dice de verdad, mi amor. Puedes verlo en sus ojos. -le dice Ophelia a su hija, preocupada.
-No… No te creo…
-Sí, me crees. Te quiero y lo sabes. Igual que tú me quieres y lo sé. -dijo él. Ophelia rueda los ojos.
-Me tengo que ir. Lo siento, Regulus. -dijo ella, saliendo del callejón. Tras ella va su madre.
-Mi amor, el amor verdadero solo se vive una vez, como mucho… No hagas lo mismo que yo, no lo dejes marchar… -le dice Ophelia, pensando realmente que Dorcas la está escuchando, pues se para en medio de la calle, pensativa. Cuando las dos miran atrás, al callejón, ven a Regulus quieto, con las manos en los bolsillos, mirando al suelo.
-Joder… -dice ella.
-Esa lengua, jovencita.
Dorcas suspira y corre de vuelta al callejón. Se para delante de Regulus otra vez y a él casi no le da tiempo ni a mirarla antes de que Dorcas lo coja de las mejillas y lo bese. Ophelia sonríe, apoyada en la esquina de la calle.
-Yo también te quiero, no te olvides, mi amor. Eres valiente, fuerte y dura. Nada va a poder contigo. Y estoy tan orgullosa… -le dice Ophelia a su hija, como si la pudiera oír. Se limpia una lágrima que se escapa de su ojo y Dorcas se separa con suavidad de Regulus.
-¿Has oído algo? -preguntó Dorcas, frunciendo el ceño. Los dos miran a la salida del callejón, donde está Ophelia, aunque no la vean. Ésta les guiña un ojo, divertida. Regulus sonríe, apretando un poco más a Dorcas contra él.
-Tranquila, Voldemort no es, tenía otras cosas qué hacer… -dijo Regulus, sonriente. Dorcas le golpea el hombro, Regulus se ríen y los dos se vuelven a besar. Ophelia sonríe y cierra los ojos. Su hija estaba pasando una bonita Noche Buena.
Shippeo muchísimo esta pareja, no me preguntéis porque... Quizás sea por que cada uno está en su bando pero se quieren igual, aunque estén viviendo los tiempos más complicados para eso.
Y hasta aquí lo de hoy. El capítulo siguiente la otra parte de los "Black" (más o menos): Marlene, Sirius y Mary McKinnon.
Un beso y hasta mañana si puedo ;)
