Capítulo 11: Nature boy *
En algún lugar del mundo:
-Señor, la cena será servida en media hora.
-Gracias –respondió Ludwig a uno de sus tripulantes.
El joven germano había esperado lo suficiente, sin respuesta. Sabía lo que tenía que hacer, comprar un barco, tripulantes y adentrarse al océano. Él no conocía mucho sobre naves marítimas, no tenía la mínima idea y jamás se había sentido especialmente atraído a ellas, no como su hermano. Ludwig siempre había preferido la estabilidad y dureza que le daban los transportes terrestres, ferrocarriles, carretas, incluso prefería un paseo a caballo que subir a un navío y su incesante vaivén.
Sin embargo esto era necesario, apenas llevaba un día en su misión, una misión donde su objetivo era rescatar a los rehenes que se habían llevado en la gran fiesta de los Vargas, había aceptado la responsabilidad de traerlos a casa, pero también tenía un objetivo personal; traer de regreso a su hermano mayor, algo le decía que estaba relacionado. Aun así, ya había pasado tiempo desde el rapto y era raro que los captores no se hubieran comunicado para poner precios y pedir un rescate, eso le hizo creer al joven alemán que quizá tenían motivos más bizarros al secuestrarlos. Suplicó al cielo que su hermano no estuviera metido en eso.
Se frotó el puente de la nariz, todo eso lo estresaba de sobremanera, también estaba Feliciano quien se encontraba destrozado por la pérdida de su hermano, Ludwig se había negado a llevarlo con él, no quería exponerlo a cualquier clase de peligro, después de todo, era la única persona especial que le quedaba.
Ludwig pasó por las habitaciones donde guardaban las reservas de comida, varias cajas de madera grandes y llenas de alimentos aptos para resguardarse así.
Estaba a punto de salir de ese lugar cuando escuchó un ruido tras de él. Sin embargo al girar la espalda no encontró a nadie. Pensó en la posibilidad de que fueran ratas pero otro ruido volvió a escuchar, proveniente de una de las cajas más grandes, hallada en la esquina.
El rubio se acercó sigilosamente, no se encontraba armado así que cogió el primer cucharón de sopa que se le cruzó. Dio un golpe en la tapa y la caja respondió con un movimiento, cualquier cosa que estuviera adentro era mayor que una rata. Ludwig pensó en un posible polizonte. Con sus manos trató de abrir la cubierta pero una voz se lo impidió.
-W-waah, e-espera ¡No me abras! So-soy… ¡El hada de la caja de tomates! –gritó una voz asustada desde el interior de la caja. Ludwig supo inmediatamente de quien se trataba.
-¡Feliciano! –exclamó sorprendido y enojado tratando de abrir la caja con más fuerza.
-¡No! ¡Yo no soy ese te digo! ¡¿Qué ganas con ver mis entrañas?! –chilló el italiano desde adentro.
Finalmente la caja cedió y de su interior salió un asustado y apenado castaño.
-Feliciano…te dije que te quedaras en tierra firme.- explicó el alemán de la manera más tranquila que pudo, no había pensado en la posibilidad de que el italiano se metiera en la nave de contrabando.
- Ludwig, por favor déjame ir contigo, prometo que no seré una carga. ¡Debo rescatar a Lovino! –contestó el otro.
Miró sus enormes ojos castaños, donde solía haber un brillo de felicidad ahora solo había tristeza y desesperación.
El rubio comprendió los sentimientos de su amigo, sabía que se sentía culpable por todo lo que había pasado, Feliciano creía que si hubiera estado con su hermano en la fiesta, ningún pirata lo hubiera secuestrado. Entonces entendió que ambos se sentían culpables por el destino de sus hermanos mayores.
-Por favor Lud…-susurró el italiano, tratando de contener las lágrimas.
-Está bien.- permitió el más alto, suspirando pesadamente, incluso aunque no quisiera ya habían zarpado de tierra firme y era imposible regresar a Italia.
Por primera vez en mucho tiempo Feliciano volvió a sonreír, cosa que hizo enrojecer a Ludwig, jamás se acostumbraría a los ademanes coquetos del otro.
-Anda, sal de esa caja y vamos a prepararnos para la cena.- carraspeó y lo ayudo a salir de ahí, para después dirigirse al comedor.
-¿Cuál es tu problema? –fue lo primero que dijo Gilbert al invadir su propio camarote.
Roderich, que estaba sentado en la cama, despegó la vista del libro que leía y miró al albino lo más tranquilo que pudo.
-No sé de qué estás hablando, Gilbert. –Fue lo único que dijo.
-Mira, sé que ingeriste mucho alcohol ayer, probablemente no recuerdas nada de lo que pasó, pero si acaso lo recuerdas… Deja de evadirme, simplemente no es genial.
Roderich reconoció seriedad en el tono de voz con el que hablaba el albino, algo que no sucedía a menudo, también notó algo más ¿acaso era tristeza? Se preguntó el moreno.
Gilbert bajó sutilmente la cabeza, se sentía estúpido por rogarle a un señorito podrido, también estaba dolido consigo mismo por haberse ilusionado tan pronto. Estaba a punto de salir de la habitación cuando la voz de Roderich lo detuvo.
-Tonto, es más complicado que eso… -confesó el austriaco.- E-es decir, hasta hace poco yo…yo creía saber lo que me gustaba y ahora…- Roderich arrugó la cara avergonzado.
-¡Oye! No creas que no paso por lo mismo, ¡Tampoco lo sabía hasta ahora! –Contestó Gilbert a la defensiva.- Y entonces tú act…..espera, ¿Estas admitiendo que te gusto?
-¡No! ¡Yo no dije eso! –Replicó Roderich, pero el rubor de su cara decía lo contrario.- Idiota, estas sobreestimándote como siempre.
Gilbert soltó una carcajada, se sentía mejor, pues volvía a pelear con el castaño como antes.
-Cielos, esto es muy confuso. –suspiró Roderich.
-Ni que lo digas.- asintió Gilbert, sentándose juntó al señorito en la cama, recargando su cabeza en la pared.
Después de un momento, Roderich lanzó una carcajada.
-¿Qué es tan gracioso? –le preguntó Gilbert extrañado por ver al austriaco reír de la nada.
-Apuesto a que fue tu primer beso.- respondió el moreno reprimiendo una carcajada más grande.
-¡Oye! P-por supuesto que no –negó el albino, totalmente avergonzado porque era cierto. -¡¿Q-qué me dices tú, eh?!
Roderich sonrió descaradamente encogiéndose de hombros.
-Eres más abusado de lo que pareces, Roderich. –le dijo Gilbert sorprendido y celoso de no haber sido su primer beso.
-Y tú más inocente de lo que presumes Gilbert.- contestó el otro.
Lovino se rozó su labio inferior con las yemas de sus dedos, quemaba.
El dolor de cabeza se había esfumado horas atrás, apenas quedaban rastros de la cruda de ayer. Naturalmente se sentía avergonzado con Antonio, no recordaba mucho de lo que había dicho o hecho, pero sus labios ardían. No era un dolor físico, era diferente, como si le pidieran agua, solo que no era agua, eran otros labios, los del español.
Sabía que no lo había besado, o al menos lo creía, Antonio no lo hubiera hecho mientras Lovino estaba en efectos del alcohol ¿o sí? No, eso era ridículo. Todo era ridículo, el secuestro, su atracción hacia Antonio, que él pudiera corresponderle….
-¿Vienes a cenar Lovino? –La voz del Pirata inglés lo sacó de sus reflexiones y le hizo dar un brinco.
-¡Gyaa! Maldición cejón, no espantes así a las personas. –bramó el italiano.
-Menudo miedoso que eres.- bufó Arthur- ¡Y no soy un cejón! – exclamó dirigiéndose a la sala.
Cuando ya estaban todos reunidos comenzaron a comer, por el bien de su salud (estómagos) se acordó que Francis volvería a ser el encargado de la comida, Arthur se consoló diciendo que era mejor para él, menos responsabilidades, pero le dedicó una mirada de menosprecio al francés, quien contestó con una sonrisa socarrona.
Poco después de que todos o la mayoría terminara su cena y se fueran esparciendo por el barco, buscando algo con lo que matar el tiempo, Francis salió a cubierta, quería tomar un poco de aire fresco, no muy lejos estaba Arthur, mirando hacia la inmensidad del mar. Unos metros atrás se encontraba Gilbert, concentrado en la tarea de desenredar redes de pesca. Si el inglés hubiera querido escapar, no hubiese tenido problemas, aún seguían anclados en el puerto, pero él se encontraba absorto en las olas que chocaban contra la costa y las rocas.
-¿Y bien? –preguntó Francis, sacando a Arthur de sus pensamientos.
-¿Bien qué Frog? –respondió Arthur, irritado.
-¿Cuándo nos ibas a decir que eres hermano de Scott Kirkland?- soltó el francés y tuvo el efecto deseado, Arthur abrió la boca y la cerró de golpe mientras empalidecía.
-No sé de qué rayos me hablas, rana apestosa.- gruñó sin apartar la vista del océano.
Francis miró hacia el cielo y soltó un suspiro cansado.
-Por favor Arthur, no te hagas el desentendido, tú mismo lo mencionaste anoche, borracho.- su voz era dura.
Arthur guardó silencio, sin dejar de ver el mar ya no azul, sino naranja por los últimos reflejos del sol, no se tomaba mucho tiempo para admirar los atardeceres, no recordaba la última vez que había visto salir el sol, o notar las hojas rojas y amarillas de los árboles en otoño, ni siquiera recordaba haber apreciado el canto de los pájaros.
-No es mi hermano.
Francis estaba por darse la media vuelta, rindiéndose y pensando que ya encontraría otra oportunidad para hablar sobre el tema.
-¿Qué?
-¡Que no es mi maldito hermano! –Vociferó Arthur.- Somos primos…o algo así. –murmuró esto último.
Francis asintió lentamente.
-En ese caso… te dejaremos ir.- contestó- Sólo si prometes que tu primo no vendrá a buscarnos para tomar venganza.
El inglés volteó a verlo, sorprendido por lo que Francis había dicho, y desvió la mirada.
-No… si me dejan ir, él me encontrará tarde o temprano. Seguramente ya está buscándome-Dijo en tono amargo. –No quiero regresar con él.
-¿Eh? –Francis lo miraba, confundido.
-Yo…-hizo una pausa para respirar profundo.- Quiero tener mi propio barco, un bergantín, y una flota de 50 hombres. Quiero navegar todo el nuevo mundo y descubrir más tierras. Quiero ser mi propio capitán, sin nadie o nada que me diga lo que tengo que hacer. Sin nadie que me humille o me encadene… Y sólo puedo lograrlo escapando. Así que por favor, no me dejen ahora. Tal vez… tal vez así Scott me dé por muerto y yo pueda comenzar otra vida.
Francis estaba boquiabierto, nunca pensó escuchar un solo ruego del orgulloso pirata inglés que tenía enfrente; de definitivamente no lo entendía, pero podía ver en sus ojos la desesperación por ser libre, ¿Libre de qué? Reconocía esa mirada, ya que él mismo, y Antonio, y Gilbert la habían tenido tiempo atrás.
Arthur estaba rojo como un tomate, era un hombrecito muy arrogante, así que el esfuerzo de haberle dicho todo eso a Francis debió ser colosal.
-En ese caso, vuelve al camarote, "prisionero".- finalizó Francis con una media sonrisa.
Arthur lo imitó con una pequeña sonrisa de agradecimiento, aliviado de que el francés no hubiese preguntado por detalles, por lo menos ahora.
El trío de "piratas" se encontraba en la superficie de su nave, cerca de un par de horas atrás que el sol ya se había metido, cediéndole paso a la luna que brillaba, blanca, casi espectral y el puerto lucía tranquilo, ningún alma rondaría por ahí a media noche. El mar estaba en calma.
Gilbert bebía cerveza de su reserva privada, Francis y Antonio tenían un tarro de vino en su mano, había pasado tiempo desde la última vez que se sentaron en la cubierta a beber y platicar juntos.
Después de un rato de bromas y risas, cuando comenzaban a calmarse, Francis se aclaró la voz y dijo:
-Debo confesarles algo importante.
-¿Es sobre mí? –preguntó Gilbert.
-No
-Entonces no es importante.
-Hablo enserio, necesito que me escuchen.
Los dos miraron al rubio, intrigados en el cambio de humor de su amigo, quien los miraba severo.
-Arthur es…primo de Demon Kirkland.
-¿Qué? – dijo Antonio con cara desorientada, mientras Gilbert se atragantaba con la cerveza. – Creo que escuché mal, jaja por un momento creí que hablabas del Demonio de Gran Bretaña.
-Así es.
-¡Debes de estar de joda! –gritó Gilbert, al recuperarse del atasco de alcohol.
-Digo la verdad y él también.- dijo Francis, impasible.
-¿qué deberíamos hacer? – meditó Antonio.
- ¿No está claro? Lanzarlo por la borda.
-No podemos hacer eso Gilbert, el pobre no sabe nadar.
-Escuchen los dos.- interrumpió Francis.- No haremos nada.
-Ahora si te volviste loco.
-¿Y si viene por nosotros?
-No sé muy bien los detalles, sólo hay algo seguro: Arthur no está de su lado, así que si lo dejamos con nosotros un tiempo, él no ira de chivato. Maso menos así está el asunto.
-De acuerdo pero, eso no nos da garantía de que Demon no lo esté buscando, está la posibilidad de que algún día dé con nosotros y…
-¡Calla Antonio! No quiero ni pensarlo… -Dijo Gilbert, más lívido que de costumbre.- Digo, no es como si yo le tuviera miedo, jaja, claro que no, pero hay que pensar en las crías debiluchas que tenemos por rehenes.
-Es una posibilidad, por eso se los estoy diciendo ahora… para estar advertidos.
-Un momento.- Interrumpió Gilbert- Eso significa que aún no hemos conocido a un verdadero capitán pirata.- Sentenció desilusionado.
-Eso creo, deduzco que Arthur es un subordinado o algo así. Pero… -Francis les guiño con su ojo izquierdo para después ponerse de pie y dirigirse a su camarote.- Quizá esta noche haga que confiese.
Habían pasado las horas y ya era cerca de medianoche. Lovino seguía sin poder conseguir el sueño. Llevaba un rato mirando hacia la pared, no sabía cuánto tiempo con certeza. A su espalda sentía el calor que emanaba de Antonio. Seguramente ya estaba durmiendo. El italiano había evitado el contacto visual durante todo el día. No se atrevía a ver esos increíbles ojos verdes ya que no recordaba que cosas tan vergonzosas le había dicho bajo los efectos del alcohol.
Lovino quiso darse media vuelta, quería ver el rostro de Antonio cuando dormía, ahora que lo pensaba, desde que llegó al barco no había tenido oportunidad. Me pregunto si aún dormido sigue teniendo esa expresión afable tan característica. Fratello dice que cuando duermo no arrugo el ceño tanto… Pensó y se giró suavemente, tratando de ser lo menos brusco posible para no despertarlo. Al voltearse quedó frente a frente con la cara del español. Contemplando esos ojos verdes, llenos de vida y despiertos, que tanto esfuerzo le costó evadir.
-Creí que ya dormías.- susurró Antonio.
-No puedo.- respondió Lovino en un hilo de voz y apartando su mirada.
-Yo tampoco.- La voz de Antonio se quebró y acercó su cara a la de Lovino un par de centímetros, haciendo que el corazón del menor diera un brinco, pero Antonio volvió a alejarse. –Lovino yo… No haré nada que no quieras, ya no quiero lastimarte, bastante daño te he causado ya.- Musitó, cerrando los ojos.
Lovino quedó pasmado, por un momento entró en pánico, se percató que si no hacía nada ahora lo perdería para siempre, Antonio se alejaría definitivamente.
-En ese caso.- Habló lentamente, procurando que su voz no temblara, para que el español comprendiera todo.- Yo quiero hacer esto.- Acto seguido cortó la distancia entre ellos y posó suavemente sus labios con los de Antonio.
Primero notó como su corazón volvía a dar un vuelco y comenzó a latir más rápido, su mano derecha se situó en la cara del mayor, quien se había quedado inmóvil al principio, asombrado por el beso, después sintió que el cuerpo entero de Antonio se relajaba, y que al fin correspondía su beso. Para ese entonces, aliviado de no ser rechazado, Lovino cerró sus ojos lentamente.
Nunca imaginó que los labios de Antonio fueran tan suaves y adaptables, aunque ya había fantaseado en el calor que debían desprender, y aun así, su imaginación no le hacía justicia a la sensación que lo abordaba, como si su centro fuera su boca y se fuera esparciendo por todo su cuerpo, hasta las puntas de sus dedos. Lovino recordaba haber besado a alguien en su niñez, un juego de niños comparado a este beso que cada vez se hacía más intenso. Por el contrario, Antonio, que no tenía tanta experiencia como Francis, pero que había adquirido práctica con el tiempo, supo llevar los movimientos algo torpes y desesperados de Lovino a un ritmo con mejor sincronía, haciendo que ambos quisieran pegar su cuerpo más y más y más…
No estaba muerta, andaba de parranda.
¿No les ha pasado que hacen un fic y lo continúan 2 años después, así bien casual? ¿No?
Me gustaría dar una buena excusa para eso pero ahora no tengo alguna en mente.
No sé si quede alguien vivo por aquí, peeeero trataré de terminar esta historia para que mi alma pueda descansar en paz, ya si de casualidad hay algún sobreviviente y gusta dejar un review (o regalo) será bien recibido.
Bueno, entonces esto ha sido todo por ahora, así como vamos, el siguiente capitulo estará a finales del 2017 :D Hasta entonces.
(Es broma, jaja... creo.)
*El título lo nombre de acuerdo a la canción con el mismo nombre.
