Lo siento muchísimo, olvide mi contraseña XD. Lo sé muy tonto pero hoy en una conversación lo recordé. Espero que no olvidarán mi historia, si recuerdan deje rv para saber si aun debo continuar.

Pv Tori

Escuchaba una musiquita. Mmm, conocía esa canción… era el tono de Robbie. Estiré la mano para alcanzar el celular de mi mesita y respondí.

-Hola Rob – mi voz era apenas audible.

-¡Victoria! ¡Son las diez de la mañana! – Gritó histérico - ¿Planeas quedarte a disfrutar tu día en la cama?

-¡Oh no!, te veo ahí en media hora – colgué el teléfono y despacio intenté mover el brazo de Jade que me abrazaba por la cintura. Odié tener que moverla pero tenía que levantarme, me había quedado dormida y llegaría tarde a mi cita.

Verla así, relajada, dormida, en mi cama, enredada en mi cuerpo, era la más perfecta toma que alguna vez podrían ver mis ojos. Su cuerpo desnudo entre mis sábanas, sus piernas entre las mías… "¡No Tori! ¡Tienes que moverte!", me dije y empecé a mover su brazo con mucho cuidado para no despertarla pero me apretó fuerte contra ella.

-¿Por qué me quitas? – Balbuceó – anoche si me querías cerca.

-Jade, ¡Estoy retrasada! – Grité nerviosa, abrió muy grandes los ojos y me miró sorprendida.

-¡Wow! ¿Tan rápido amor? – Me jaló hacia sus brazos - ¡Soy genial!

Me besaba con pasión muy orgullosa de su broma, abrazándome muy fuerte y comenzaba a moverse sobre mi empujando su súper despierto miembro contra mi vientre.

-¡Jade! – me sorprendió.

-¿Nos despiertas y te vas? – Me apretaba más fuerte - ¿Qué modales son esos?

-¿Qué va a decir tu madre cuando le diga que te fuiste dejando a tus invitados solos en casa? – levantaba ambas cejas.

"¡Mi madre!" pensé en que tendría que decirle y también hablar con mi papá, antes que se enteraran por otros medios.

-De verdad – rogué – tengo que irme, por favor – insistí muy angustiada.

-Está bien – dijo resignada y dándome un beso antes de dejarme ir.

Rápidamente me puse de pie y corrí a la ducha, dándome el baño más rápido de mi vida. Me envolví en una toalla y me cepillé los dientes mientras corría a mi clóset a buscar unos pants y tenis para ir al spa dónde ya me estaban esperando.

Entre las idas y venidas del baño al clóset, de reojo miraba a Jade que estaba de lo más divertida observándome correr para estar lista. Tan rápido como pude me terminé de vestir y me acerqué para darle un beso de despedida.

-Estas son las llaves del apartamento – hablé apurada – estaré aquí entre tres y cuatro aproximadamente, te veo luego – y salí de la habitación pero a mitad del pasillo me dí la vuelta y regresé brincando sobre ella.

-Bienvenida a casa Jade – y la besé – regresamos luego ¿Ok?, y ustedes, cuídense – le dije lanzando una mirada a la parte baja de su cuerpo.

No quise mirarla al salir porque sabía que si lo hacía, jamás llegaría a mi cita.

Ya iba muy retrasada, así que con mucha precaución, aceleró y llego bastante rápido. Bajé corriendo y casi sin saludar a las chicas de la recepción entré a la sala de masaje y Robbie me esperaba en la puerta con mirada seria. Miraba sarcástico su reloj indicándome mis casi 45 minutos de retraso.

-¡Lo siento! – Me quitaba la ropa detrás de un biombo – lo siento mucho Robbie.

No me contestaba y me ponía muy nerviosa, Robbie siempre había sido demasiado responsable al extremo orden y puntualidad.

-Por favor Robbie dime algo – pedí – ¡lo siento!, ¡lo siento mucho! – me recostaba en la cama de masajes para mi exfoliación.

-Que no te vuelva a ocurrir – dijo serio – no puedes empezar a llegar tarde a tus citas y mucho menos a tus eventos – y tenía toda la razón del mundo.

-¡Te prometo que no será así!, ¿Me perdonas?

-No – dijo y salió dejándome sola con la chica del masaje.

Los 50 minutos que duraba mi masaje de exfoliación los pase sola.

Terminó mi masaje y seguía otro de hidratación para mi piel, con esos dos, la piel adquiría un brillo natural muy lindo. A la mitad de mi segundo masaje sonó mi celular. Era Jade.

-¡Hola! – respondí feliz.

-¿Llegaste a tiempo? – esa divina voz me alegró el día.

-Mmm, no mucho – confesé.

-Entonces supongo que te veré por la tarde, te quiero Tori – me dijo con suavidad.

-Te quiero Jade – y la chica que me atendía abrió los ojos muy grandes, mirándome sorprendida ante lo que acababa de escuchar.

Después de mis masajes, tenía un facial, así que antes de ir a él, busque rápido a Robbie que estaba en una terraza del spa muy entretenido en su laptop. Me acerqué a él y al quedar a su lado giró su pequeña máquina. La página de Perez Hilton ya tenía colgadas fotos mías con Jade.

-No voy a ocultarme Robbie – le aseguré – no tengo porqué y no quiero.

-Y no te digo que lo hagas – me miró sincero – sólo te muestro la rapidez con la que todo se mueve a tu alrededor. Debes tener cuidado porque ellos no buscan que les den la nota de la pareja perfecta, ya lo sabes, así que sólo te pido que tengas cuidado. - dijo muy bajito y poniéndose de pie para abrazarme muy fuerte.

-Lo tendré Robbie - dije apretándolo también – no puedo soportar que te enojes conmigo, nunca más lo hagas, por favor.

-No Tori, sabes que soy tu incondicional – me decía al oído.

Salimos del spa y moría de hambre y de ganas de llegar a casa.

Apenas abrí la puerta fui a buscar a Jade. Estaba en la cocina sacando comida de varios recipientes y corrí a abrazarla. Ella había comprado algunas cosas para comer y nos estaba esperando.

-Hola amor – dijo recibiéndome con un beso - ¿Cómo te fue?

-Jade – enredé mis dedos en su pelo y respiré su aroma. La amaba.

Jade, Robbie y yo comimos antes de que llegaran el maquillista y estilista.

Así que fui a darme un baño antes de comenzar con todo el proceso de producción para el "evento importante".

Cerré la llave del agua, abrí la puerta de la ducha para salir y me encontré con Jade que me miraba esperándome con una toalla en las manos.

-Jade – sonreí feliz dejando que me envolviera en la toalla.

-Mi Tori – me abrazó – eres muy hermosa – me besó y mi cuerpo comenzó a reaccionar.

-¡Que difícil es esto Dios! – chillé cerrando los ojos.

-Tranquila amor, voy a portarme bien – me secaba rápidamente cumpliendo lo que me decía – sólo quiero saber a qué hora debemos salir de aquí.

-Tenemos que salir a las siete y media. Hay que estar ahí a las ocho en punto – dije tranquila - ¿Está bien?

-Perfecto, ahora mi hermosa, sal de aquí ya llegaron dos amigos de Robbie y me ven muy raro. Me quedaré aquí en la habitación y estaré listo muy puntual.

-Gracias – sonreí y la besé antes de salir a encontrarme con los chicos.

Estuve lista muy a tiempo. Use un vestido vestido azul ya que el que iba a usar para el desfile de la subasta me lo pondría ahí. Jade permanecía en la habitación y estaba bien así ya que quería que cuando saliera yo ya estuviera lista.

Me ayudaron a ponerme el vestido y una vez que estuve lista, se fueron. Toqué la puerta y me abrió inmediatamente. Una enorme sonrisa apareció en su rostro y otra en el mío al ver a ese esa mujer tan perfecta en mi habitación y vestida impecablemente con un vestido y tacones negros, con su hermosa cabellera negra y maquillaje perfectou. ¡Dios!, ¡Ayúdame!

-Victoria – murmuró suavemente acercándose a mí – estás… estás… preciosa.

-Y tu excesivamente guapa, sufriré toda la noche espantándote a hombres y mujeres que se quieran acercar – hice un puchero.

-Yo estoy contigo – me confirmó – con nadie más - ¿Nos vamos? – me miró con… ¿deseo?

-Cuando quieras – puso mi abrigo sobre mis hombros y me ofreció su brazo.

Salí de mi apartamento del brazo de la mujer mas apuesta sobre la tierra. Me quería, la quería. La amaba.

Llegamos al hotel y estaba muy nerviosa antes de bajar del auto. La famosa "alfombra roja" era inevitable, además que era necesaria por las entrevistas que nos harían a todos los que apoyábamos el evento. Era una oportunidad más de pedir la colaboración de toda la gente para ayudar a esa noble causa.

-Estás nerviosa amor, pareciera que fuera tu primera vez – me guiñó un ojo y apretó mi mano.

-Es mi primera vez contigo, además me preguntarán de nosotras y…

-¿Eso es lo que te tiene así? – Se quedo un momento seria – responde lo que tú quieras sobre nosotras Victoria – creo que estaba decepcionada por el motivo de mi preocupación.

Al bajar del auto una lluvia de flashes nos cegó. Me tomó fuerte del brazo y caminamos hasta Robbie, el me indicaba con qué medio debía detenerme a dar una pequeña entrevista. De hecho, ese era trabajo de mi representante, acompañarme a los eventos más importantes como éste y encargarse de las relaciones publicas, pero dadas las circunstancias y como no habíamos limado nuestras asperezas, Robbie se ocupaba por mientras de tomar su lugar, y lo hacía muy bien.

Hice mi primer alto en la alfombra y Jade soltó mi brazo. Eran acaso dos o tres preguntas como máximo con cada medio, así que adopté mi actitud segura y sonreí.

-¡Hola Tori! – Una reportera me saludó y comenzó con sus preguntas – Este es un año más que apoyas ésta causa, dime, ¿Aún sientes la misma satisfacción que el primer año? ¿Exactamente cual es tu labor?

Con mi sonrisa más sincera respondí – La satisfacción es mayor cada año, cuando ves que hay personas verdaderamente buenas que apoyan una buena causa de corazón y están dispuestas a dar siempre lo que se necesite – hablé con calma y nunca perdiendo mi sonrisa.

-Y mi labor, además de presentaciones en eventos pequeños y campañas de apoyo, es buscar patrocinadores que se comprometan en grande y a largo plazo para garantizarles a los chicos todas las medicinas necesarias para sus tratamientos, eso es lo verdaderamente importante para mí.

Me agradeció mis respuestas y busqué a Jade que estaba a un metro detrás de mí.

-Vaya Tori, de verdad estás comprometida ¿No es así? – me preguntó con doble sentido la chica del micrófono.

-¡Así es! Siempre estaré comprometida con todas las buenas causas, ¡Me hace feliz ayudar! – le sonreí tanto como pude.

-¿Jade West también tiene que ver con esa felicidad Tori? – Ya fue más directa - ¿Están juntas?

-¡Absolutamente! – Estiré mi mano y Jade la tomó acercándose a mi - ¡Estamos juntas!

En las siguientes entrevistas no solté la mano de Jade ahorrándoles hacer la pregunta obligada, me relajé y sentí más confianza al ir avanzando.

La prensa no tenía acceso al evento, sólo algunos medios y afortunadamente pasaban desapercibidos, no eran tan agobiantes como los de afuera así que más tranquilos Robbie nos guió hasta nuestra mesa donde estaríamos con Trina y Beck a los saludamos rápidamente durante la alfombra.

Después de ser ubicados en nuestra mesa, nos sentamos. Crucé mi pierna y Jade puso su mano sobre mi muslo, encima le puse la mía. Estaba tan contenta que aún no podía creer todo lo que estaba ocurriendo, era como si estuviera viviendo un sueño a colores y a mil revoluciones.

La orquesta empezó a tocar muy suave en lo que el evento iniciaba oficialmente. Estaba muy pegada a Jade y casi apoyaba mi cabeza en su brazo. Al ritmo de la música, comenzó a mover sus dedos sobre la seda de mi vestido, trazando figuras en mi pierna jugando con las reacciones que me causaba.

-¡Jade! – la regañé al oído, pero no detuvo sus caricias. Si seguía acariciándome así, en menos de lo que pensaba iba a estar dando un paso a mi mundo privado del placer y ¡Tenía que desfilar!

Apreté su mano y ella apretó mi muslo en respuesta, advirtiéndome que seguiría, pero Dios es grande e hizo que llegaran Trina y Beck a la mesa, al fin.

-¡Tori!, ¡Jade! – Trina decía en gritos - ¡Que felicidad!

Nos pusimos rápido de pie para saludarlos.

-¿Por qué no nos habían dicho nada? – preguntó con frustración abrazándome.

-Bueno – balbuceé – es muy reciente, apenas ¿uno o dos días? – respondí indecisa.

Beck me abrazó luego de que Trina me soltó – Nos da mucho gusto por ustedes, te ves feliz Tori.

-Lo estoy – dije mirando a Jade que me abrazó al instante.

-Bueno, ¿Mucha felicidad no? – Jade clavó la mirada en Beck.

-Se ven tan lindas juntas – Trina sonrió.

-Es un buena chica – afirmó Beck dándole una palmadita en el hombro a su amiga.

-¿No vas a cenar? – Jade me miró extrañada – come algo – me ordenó.

-Si voy a cenar – y me llevé a la boca mi primer bocado. No pude comer todo lo que había en mi plato, estaba nerviosa porque iba a desfilar y mi novia y amigo estaban ahí. Eran unos nervios muy extraños. Trina estaba como yo, un poco nerviosa y tampoco comió mucho que digamos.

-Tori, y ¿Qué dice mamá de la buena noticia? – me preguntó Trina.

-Aún no le ha dicho mamá, pero lo hará mañana supongo, antes de que se entere por otros medios – Jade se estaba divirtiendo con eso.

-¿No has hablado con Mamá? – Trina me miró con los ojos muy abiertos – Supongo que Papá tampoco sabe nada.

-No – dije muy bajo.

-Ten cuidado Jade, nuestro padre es de armas tomar – Trina estalló en risas y Jade me miró.

-Calma, Trina exagera – dije mientras negaba con la cabeza.

-Vamos a visitarlo – dijo Beck – y aprovechamos y conoces a tu suegro.

-¡Beck! – dijimos Trina y yo al mismo tiempo.

-No seria mala idea – susurró Jade a mi oído.

"¿Ir con papá?"

Quince minutos después, Trina y yo nos levantamos para ir a arreglarnos para el desfile. Ella modelaba un Elie Saab y yo un Óscar de la Renta. Más de treinta diseñadores habían donado uno o dos vestidos y tenían un precio base. Era una subasta secreta y las pujas se harían enviando su oferta en un sobre cerrado.

Robbie nos esperaba con las chicas encargadas de nuestros vestidos y accesorios. Nos retocaron el maquillaje antes de ponernos los vestidos y en media hora estábamos listas y esperando en la fila nuestra señal para salir.

-Tori tienes que contarme – comenzaba a insistirme.

-Lo haré Trina, pero no aquí – le advertí.

-Tori… - tomó mis manos y me miró fijamente, muy seria preguntando solo con la mirada.

-¡Yeeeiiii! – Gritó emocionada abrazándome como loca - ¡Tori! – me apretaba, no podía decir nada.

-¡Tori! ¡Tori! ¡Mi hermanita bebe! – trituró mis manos.

-Cálmate Trina, ¡Por favor! – Supliqué – ni media palabra a nadie ¿de acuerdo?

-Te lo prometo Tori – Trina estaba emocionada por mi.

La música comenzó a sonar y las chicas iban saliendo conforme a lo que habíamos ensayado la tarde anterior. Yo salía a la mitad del desfile y Trina casi al final, después una rápida ronda en fila, como siempre. Escuché la canción que correspondía a mi grupo y me preparé a salir.

-¡Tori! En 10…, 5… ¡Sal!

Y salí con un hermoso vestido de gasa, ceñido a mi cuerpo, envolviéndome. Pegado a mis caderas, marcando mi talle y mis curvas, mi vientre plano y mi busto desbordándose por el perfecto ajuste del escote strapples irregular, con una pequeña flor en un seno. Vaporosas capas de gasa verde menta rodeaban mis piernas ondeando a su alrededor, bailando sobre ellas y se dividían en una abertura que comenzaba en mi ingle izquierda. El vestido era un sueño…

Caminé segura, sexy y orgullosa porque así me sentía. Feliz por ser una mujer que se sentía amada, por esa mujer que me miraba fijamente desde que di un paso sobre la pasarela. Llegué al frente y la busqué con la mirada y le sonreí discreta pero muy provocativa.

Nuestros ojos se encontraron y me estremecí. ¿Cómo podía causarme eso? Di la vuelta muy sexy dando un paso con mi pierna izquierda ocasionando que la abertura se abriera aún mucho más, llegando casi a mi cadera. Comencé a caminar de regreso sin perder mi ritmo. Aún sentía su mirada quemando mi piel.

No esperé mucho para volver a salir a la ronda final. Fue rápida y sólo pude verla pocos segundos. Los nervios habían pasado. Ahora teníamos que 'modelar' el vestido treinta minutos entre la gente para que lo vieran de cerca e hicieran sus ofertas, así que Trina y yo regresamos a la mesa no sin hacer varios altos en nuestro camino saludando a varias personas conocidas y tomándonos fotos para algunas revistas de sociales.

Me miraba mientras me acercaba a ella y antes de llegar ya se había puesto de pie.

-Victoria, te ves muy hermosa con este lindo vestido – sonrió y me dio un beso, quedándose con una buena parte del brillo que tenía en mis labios.

Quería sentarme un momento a descansar para luego caminar con las chicas entre la gente para modelar el vestido pero Jade no me dejó.

Me rodeó por la cintura con un brazo pegándome completamente a ella y su otra mano tomo la mía, entrelazando nuestros dedos.

-Mi Tori – murmuró sobre mis labios – te quiero… - y me aferré a ella con todas las fuerzas de mi alma…

Jade me sostuvo muy firme mientras caminábamos de regreso a la mesa. Estaba feliz, aturdida, mareada, muy emocionada y sobre todo excesivamente enamorada. Unos minutos después me levanté.

-¿A dónde vas amor? – apretó mi mano sin permitirme avanzar ni un paso.

-Voy a entregar el vestido – bajé la mirada hacia mi cuerpo – y a ponerme el mío.

-No Victoria – se puso de pie muy cerca de mí – no es necesario que hagas eso.

-Claro que si, tengo que… - me detuve porque una idea pasó por mi mente y lo miré a los ojos. Estaba fascinada viendo mi reacción de sorpresa - ¡Oh no!...

-¡Oh si! – me sonrió como tan sólo ella podía hacerlo - ¡Ven para acá! – me jaló entre sus brazos y me besó.

-Sólo yo puedo quitarte este vestido – me dijo en secreto al oído - ¡Sólo yo!

Me ruboricé al instante y se sentó a la mesa poniéndome en su regazo. Un buen rato fue el que permanecimos así, mientras estábamos solos en la mesa ya que los demás bailaban o saludaban a alguien por ahí.

Acariciaba mi espalda desnuda con sus dedos, tierno, suave y yo me removí ligeramente sentada en sus piernas. Continuó moviendo sus dedos en mi piel y mi respiración comenzó a agitarse. Una corriente comenzó a recorrer mi columna, me moví nerviosa y sentí crecer bajo mi a su amigo.

-Oh Tori – comenzó a respirar profundo – Te necesito…

-Vámonos de aquí – le pedí y me pidió esperar un momento. Me levanté y me senté en mi silla esperándo, cuando Trina y Beck regresaron con nosotros. Jade y yo nos despedimos y antes de que me pusiera sobre los hombros el abrigo que llevaba, nos pidieron tomarnos una foto juntas para otra revista. Era nuestra primera foto oficial como pareja y eso me causo mucha emoción. Poder decirle al mundo entero que la mujer junto a mí me quería y que yo la amaba con todo mí ser, que no tenía nada que ocultar y que era muy feliz. Jade me rodeó la cintura con un brazo, me pegó a ella y yo sonreí feliz gritándole al mundo entero que Jade era mía.

Después de la foto salimos a esperar el auto. Me miró amenazadora?

-¿Por qué me miras así? – pregunté con una sonrisa.

-No te miro "así" – remarcó la última palabra bromeando – te disfruto con la mirada, que es diferente.

No pude evitar sonrojarme y dirigí mi mirada hacia otro lado buscando distraerme pero Jade me jalo hacia ella tomándome por la cintura, pegándome peligrosamente. Presionándome a su cuerpo y reaccioné a ella dejando escapar un leve jadeo ante el cual, obtuve mi respuesta al sentir su miembro duro aprisionado en su ropa interior, deseando escapar de allí y…

El auto llegó, con prisa me ayudo a subir y condujo a casa, acariciando mi muslo desnudo que salía por la abertura de mi vestido nuevo. En el elevador, me aprisionó contra los espejos, besándome desesperada y subiendo su mano por la parte superior de la abertura, bajo el vestido y gruñó con sorpresa al palpar el hilo que usaba como bragas.

Abrió la puerta con sus propias llaves y cerró rápido cuando estuvimos dentro. De la mano me llevó casi corriendo a la habitación y se recostó en la cama. Cuando iba a acercarme para ponerme sobre ella y besarla, me detuvo.

-¡No! – su mirada estaba oscurecida y su voz muy molesta. Mi confusión no se hizo esperar.

-¿Qué? – Pregunté - ¿Por qué no?

-Modela para mi Victoria – su mirada iba cargada de deseo.

Tardé unos segundos en asimilar lo que me había pedido y camine con la cabeza un poco baja hacia un extremo de la habitación, cerré los ojos y respiré muy profundo echando los hombros hacia atrás alineando mi clavícula, elevando mi pecho al mismo tiempo que levantaba mi barbilla y mi actitud cambiaba a la de la modelo que quería ver en ese momento. Me di vuelta y la miré altiva.

Y caminé hacia ella con pasos firmes, marcando con cada uno de ellos el movimiento más pronunciado de mis caderas, con los labios entreabiertos y dejando atrás la altivez de mi actitud que cambió a una provocativa, llena de deseo, tentadora, ansiosa de él y de sus caricias. Se sentó a la orilla de la cama, cuando me acerqué a él, estiró una mano para tocarme, la esquivé al darme vuelta y caminé dándole la espalda. Mis caderas se menearon aún más, di la vuelta al llegar a la pared y mantuve un par de poses sensuales para regresar a él.

Caminé de igual forma tratando de excitarlo y cuando estuve frente a él de nuevo e intento tocarme, lo esquivé como la vez anterior y giré sobre mis talones.

-¡No te alejes de mi de nuevo! – Me ordenó - ¡Ven aquí!

No había dado ni el segundo paso cuando tiró de mí jalándome por un brazo, fuerte, sin delicadeza. Su voz era ronca y enérgica. Demandante pero excitante al mismo tiempo. Me puso entre sus piernas mientras se mantuvo sentada en la cama y apretándome contra ella, me besaba con desesperación, y sentí su mano bajo la tela del vestido a la altura de mi ingle, buscando ansiosa mi piel. Moví un poco mi rostro separándome de ella para respirar pero se puso de pie y con una mano en mi nuca me sostuvo firme para que no pudiera alejarme de nuevo.

La empujé para jalar aire y me apretó más pero liberando mi nuca. Su mano seguía recorriendo ansiosa la piel de mis caderas y escuché de pronto el sonido de la tela rasgándose.

-¡Jade! – grité.

-¿Qué? - preguntó con su voz molesta.

-¡Mi vestido! – respondí alarmada.

Su respuesta fue darse la vuelta para tumbarme sobre la cama mirando mi rostro asustado. Traté de decir algo pero mi respiración y mi asombro no me lo permitieron al ver su mirada transformada por su deseo, llena de lujuria. Se inclinó sobre mí y su mano regreso a mis caderas tomando la fina tira de hilo color carne de mis bragas arrancándolas de un fuerte tirón.

Sus manos recorrieron mi talle, subiendo por mis caderas arriba de la tela, haciendo un alto sobre mi vientre contraído por su sorpresiva reacción, llegando a mis senos masajeándolos con más fuerza que las veces pasadas. Me impulsé con los codos y pude subir un poco en la cama, tratando de alejarme pero ella subió sobre mí quedando a horcajadas devorándome con la mirada, intimidándome. Dobló su cuerpo hacia mí para poder besar mi pecho. Pasaba sus labios por la orilla del escote dejando un rastro húmedo con su lengua que probaba el sabor de mi piel, buscando llegar a mi clavícula para dejar esa misma huella hasta llegar a mi cuello debajo de mi barbilla.

Su boca alcanzó la mía invadiéndola salvaje. Moviendo su lengua en mi boca imponiéndose a la mía, enredándola y enloqueciéndola. Una de sus manos llegó hasta mi entrepierna encontrando la zona suave que tanto le gustaba comenzando a subir y bajar sólo por encima para luego hacerlo mas adentro.

-¡Ah! – mi garganta dejó escapar un grito contra sus labios.

Ignorando mi exclamación prosiguió explorando con su boca cada rincón de la mía. Impulsé mis caderas hacia su mano y al sentirla la quitó de mi cuerpo y regresó a su posición a horcajadas sobre mí, inclinándose ligeramente acariciando de nuevo mis senos, más lento. Bajando su rostro a mi pecho, tomó entre sus dientes la flor que tenía en un seno y la arrancó de un jalón, arrojándola a un lado e inmediatamente, sus manos agarraron la orilla del escote desgarrando el vestido, partiendo la tela, dejando mis senos desnudos frente a ella y a toda esa extraña pasión que desataba sobre mí en ese momento.

-¡Jade! – Exclamé asustada - ¡Mi vestido! – volví a gritar.

-Esto… – dijo mientras quitaba pedazos de tela de mi pecho y besaba la piel entre mis senos – ¡Es mío! – su boca atrapó uno de mis pezones succionándolo fuerte y haciendo que se empezara a nublar mi mente.

-¡Ahh! – grité al sentir mucho dolor bajo su boca.

-¡Tú eres mía! – su boca fue a mi otro pezón corriendo con la misma suerte que el primero.

-¡Ellas son mías! – Hundió su cara entre "ellas" - ¡Eres mía Victoria!

A este punto yo ya no podía ni pensar siquiera, su boca me había llevado ya a mi mundo privado del placer al succionar mis pezones de esa forma, nunca lo había hecho de esa manera y era lo mas excitante del mundo. Doloroso pero muy excitante. Sentí que se puso de pie y rápidamente se deshizo de su ropa tomando de su bolso un condon. Se acomodó sobre mi cuerpo enredado entre jirones de tela abriendo mis piernas, una de sus manos me acarició justo ahí causando que mi cuerpo ya sin voluntad se retorciera al contacto de sus dedos.

-¡Me quieres Victoria! – Introdujo un par de dedos en mi cuerpo - ¿Sientes qué tan húmeda y lista estás para mi? – movió sus dedos girándolos en círculos pequeños y luego fue directo a ese punto que me desconectaba de la realidad. Jugó unos segundos y abandonó mi interior.

-¿Cómo podrías negar que me perteneces?

Y con una fuerte embestida entro en mí, duro, firme, toda su longitud dentro de mi cuerpo proclamándolo suyo, demandando su propiedad, tratando de llegar a lo más profundo de mi ser con cada empujón de su cuerpo en el mío. Sus movimientos provocaban los jadeos de ambos, irregulares como nuestras respiraciones, llenos de pasión, de deseo y de lujuria. Una lujuria muy nueva para mí, descubierta en ese mismo momento en mi ser, experimentándola, disfrutándola, ahogándome en ella…

-¡Dilo Victoria! – Me ordenó - ¡Quiero oírlo de tus labios!

Con cada intromisión de su cuerpo en el mío sentía moverse hasta la molécula más pequeña en ella. Poco a poco iba perdiendo la capacidad de pensar y de reaccionar. ¿Cómo podría contestarle lo que tanto me pedía?

-¡Dilo!

-¡Soy tuya! – dije con un hilo de voz y con mucha dificultad. El torbellino ya se había levantado en mi vientre, y comenzaba a elevarme con ella haciendo mis jadeos mucho más rápidos.

-¡Otra vez!

-Soy… tuuya – un murmullo apenas audible salió de mi boca.

-¡Mírame Victoria!, ¡Abre los ojos! – más que una orden fue una súplica, su tono se había suavizado. Hice lo que me pidió y con mucho trabajo los abrí para encontrarme con los suyos mirándome con ansiedad. No pude sostenerle la mirada por la lluvia de sensaciones que comenzaría a explotar dentro de mí en unos momentos más. Las sentía venir, ya las reconocía perfectamente, eran inconfundibles. Cada arremetida en mí me indicaba que mayor sería mi exquisita caída, que mayor sería mi goce. Mi cuerpo se arqueaba a su propia voluntad anunciándole mi orgasmo al empezar a contraerse mi cuerpo alrededor de su miembro.

-¡Ah! – jadeé más fuerte

-¡Así, así Victoria!

Una embestida más de su cuerpo y exploté. Con la espalda arqueada y mi interior contraído, me dejé ir y sentir el orgasmo.

-¡Jadee! – su nombre se ahogó en mi garganta.

Contraer mis músculos internos tan fuertemente fue suficiente para que Jade alcanzara el suyo.

-¡Ahh Tori! – Gritó fuerte aferrándose a mis caderas – Tori…

Dijo mi nombre y se desplomó sobre mí, descansando su cabeza en mi pecho. Unos minutos después salió de mi con suavidad y se recostó a mi lado. Permanecí unos minutos más sin moverme y cuando escuché su respiración más lenta, me puse de lado tomando algunos jirones de tela del vestido enredados en mi cuerpo, llevándomelos al pecho junto con mis rodillas, en posición fetal.

Había sido un orgasmo como ninguno, pero así también había sido la sorpresa que me causó su actitud. Salvaje, intimidante, un poco violenta. Sorpresiva e inesperada. Se movió a mis espaldas y pasó un brazo alrededor de mi cintura.

-Tori – su voz aún era ronca pero ya no había esa intención demandante en ella – Tori… - repitió besando mi espalda pero no me moví y hundió su rostro en mi pelo desordenado.

-Tori – me llamó de nuevo y las lágrimas inundaron mis ojos reaccionando a lo que recién había ocurrido.

-Dime algo ¡por favor! – pidió desesperada y quise ocultar mi rostro entre las manos pero me giró antes hacia ella. Me miraba con un profundo miedo y sus manos temblaban en mi cuerpo. Cerré los ojos esperando que mis lágrimas se contuvieran un poco pero no obtuve resultados.

-¡Perdóname amor! – Me apretó contra su pecho y estallé en llanto – Mírame Tori – levantó mi barbilla entre sus dedos. Abrí los ojos y la abracé aferrándome muy fuerte.

-¡Tuve miedo! – grité.

-Tori perdóname – sus ojos brillaban – me dejé llevar amor, perdóname – me suplicó angustiada mientras yo lloraba.

-¡Me asusté! – La golpeé en el pecho empujándola - ¡Me asustaste! – repetí.

-Por favor Tori, ¡Di que me perdonas! – decía mientras intentan acercarse.

-Tori, ¿Me perdonas? – insistió.

-¡No! – Grité con fuerza y ella palideció.