Hasta que al fin me levanto temprano a editar ciertas cosillas. Este capítulo es de mis favoritos OwO Especialmente porque me gusta que todo quede aclarado y... Amo el Kutau tanto o más que el Amuto -?- Nah. Si me gustase más tal vez me inspiraría más para fics de ellos.
Bueno, todos sabemos que son cinco los hermanos Souma, bueno, en este fic son sólo cuatro. Kaidou, Shuusui, Unkai y Kukai.
Muchas gracias a Kikai Sukai y a AI tsukiyomi ¡Cataclismo!
Rated: T
Advertencia: - (ninguna)
Parejas: AmuxIkuto, Kukai x Utau(full kutau en este capítulo)
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect) Osea que sólo la historia y Haruna me pertenecen, más información entrar a mi perfil y copiar el zelda :v
Hitman
'Capítulo 10: Verdades'
Miré mis manos temblar ligeramente, aún no había dejado de hacerlo luego de escuchar todo lo que tenían por contarme los Tsukiyomi. Aun cuando ya había pasado una semana. La principal razón era que no había podido pegar los ojos por más de un par de horas todos los días. Cuando los cerraba veía a Nadeshko ensangrentada, a Ikuto atravesando al hombre delante de mí. Y también había recordado como mi pierna había quedado inmóvil luego de tropezar. Seguían los gritos en mi cabeza, no los dejaba de escuchar, tampoco la alarma de incendios que nunca se detuvo y los balazos.
— ¿No merezco ni tu mirada?
La pregunta, como se había hecho habitual en toda la semana, no provocó nada… Me sentía nerviosa, único detalle, seguía teniendo algo de miedo.
Recordé como Souko se había despedido, no me había pedido que disculpase a su hijo. Creí que lo haría pero no fue así, se mantuvo al margen durante toda la semana… En la que me quedé en mi habitación con Kukai trayendo mis comidas, que me obligaba él mismo a consumir. Souko también venía, pero solamente me hacía compañía, sin iniciar alguna conversación y cantaba canciones de cuna. A excepción del día de ayer cuando me preguntó si me sentía mejor.
— ¿No tiene miedo?
Ella me había mirado sin sorpresa alguna, parecía que le habían hecho infinidad de veces aquella pregunta. Sólo había mirado a la ventana de mi habitación desde el sofá donde estaba sentada.
—No puedo.
La miré nuevamente y negué débilmente con mi cabeza, sin comprenderla. Yo no puedo quitarme a su hijo de la cabeza… atravesando a ese hombre.
—Siempre he sido una persona débil, Amu-chan, los doctores siempre dijeron que no habría posibilidad de formar una familia… Lo sabía desde que era niña y mis padres me excluían. Aruto-kun nunca lo hizo. Siempre estuvo a mi lado…
—Pero-
—Lo sé, y no lo justifico… Pero a todos nos puede llegar ese momento, el momento en el que tengamos que matar—dijo para sorpresa mía.
—Pero está mal-
— ¿Está mal? ¿O es prohibido?
Sus palabras me dejaron sin habla nuevamente.
—Soy madre, Amu-chan… Mataría a quien osara atentar contra alguno de mis dos hijos, como cualquier madre.
Recordé vagamente a mi madre, estaba diciendo las mismas palabras que una vez escuché de ella.
—Matar es prohibido, porque quien decide cuándo mueres es Dios… Te aseguro que ningún Tsukiyomi ha matado a alguien por placer, sino por defender a los suyos. Si mi hijo no hubiese matado a aquel hombre, este te hubiese matado a ti.
Aun así…
—No espero que lo entiendas, él tampoco espera que aceptes sus disculpas… No te las va a ofrecer. Porque no se arrepiente de lo que hizo.
Y después de esas palabras se había acercado a mí para abrazarme, no me negué, no lo podía hacer. Lo necesitaba. Era lo que me ayudaba a dormir cada noche, necesitaba ese amor maternal e incondicional.
El que me brindaba mi madre cada que la veía, su imagen se había hecho más clara desde días atrás. Sus cabellos castaños y sus ojos del mismo color que los míos, escondidos detrás de lentes sin montura. Recordaba que trabajaba en alguna agencia y que era la mejor en lo que hacía…
— ¿Te arrepientes?
Esa había sido la pregunta de Aruto-san, al despedirse de mí después de su esposa, con ropa tan oscura como acostumbraban los Tsukiyomi. A excepción de Souko, claro está.
—Debo tomar tu silencio como… afirmación o negación…
No sabía que responderle exactamente, no tenía las palabras para hablar con él por el parecido con su primogénito. Y por lo que me había mencionado su esposa minutos antes, sobre que los Tsukiyomi estaban manchados de sangre desde generaciones. Él como actual cabeza de familia debía tener casi el mismo historial que Ikuto o peor aún por ser mayor y estar tanto tiempo lejos como lo mencionaba su yerno.
—N-no…—tragué grueso antes de poder responder—…no estoy… segura…
Él asintió y me dio una mochila que yo recordaba bien, una mochila que creí haber perdido.
—Tratamos de recuperar todo pero… algunas cosas se rompieron. De todas maneras las encontraras dentro.
Asentí antes de hacer una venia.
—Gracias por todo—me atreví a decir antes de que se diera media vuelta.
Salgo del cuarto que fue mi habitación por este tiempo y me dirijo a las escaleras.
—No lo culpes, por favor—dijo Nagihiko, que estaba sentado al principio de estas.
Me siento a su lado antes de bajar.
— ¿No le odias?
— ¿Por no salvar a mi hermana?
Lo sigo mirando para saber la respuesta, él sonríe antes de reír divertido, ¿qué tenía todo esto de gracioso?
—No, mi hermana siempre dijo que nunca viviríamos con arrepentimientos… Confío en que fue de esa manera hasta el final.
— ¿No me odias?
Negó antes de darme un celular.
—Es tuyo—dijo tristemente—, lo utilicé para poder saber más de ti, pero no contaba con que Nadeshko lo hubiera bloqueado tan bien… Ella lo presentía.
—Lo siento tanto—dije apretando los labios, no quería llorar, pero me sentía de lo peor por su pérdida.
—No lo sientas—soltó antes de ponerse de pie con una sonrisa—. Sólo busca tu felicidad.
Me puse de pie y tomé aire para poder botarlo con la misma fuerza, debía aguantar las lágrimas, ser fuerte para no dar marcha atrás. ¿Esto me hace feliz?
—Quiero un abrazo—fueron las palabras de Utau al final de las escaleras.
Dudé un momento antes de lanzarme a ella y esconder mi rostro en el espacio entre su cuello y sus hombros. Escuchaba como lloraba débilmente, no entendía el por qué, sólo la dejé llorar y yo traté de no hacerlo… No entendía por qué lloraba, no decía nada, sólo lloraba y pasaba su mano por mis cabellos.
—Cuídate, ¿sí?
Asentí antes de que me besara en la frente y subiera corriendo escaleras arriba.
Estaba dispuesta a seguirla, ella me había ayudado en todo y hasta donde sabía era la que más había estado al pendiente de mí.
—Amu.
La voz de la pelinegra capturó mis sentidos y tuve que girarme a mirarla, en la entrada, con un overol blanco y un polo azul. Se veía más joven de lo que me habían dicho que era, en especial con el cabello amarrado.
—No hemos tenido la mejor relación, ¿verdad?
No sabía si reír o negar lo que estaba diciendo.
—Lamento que todo haya terminado de esta manera pero merecías saber la verdad.
La miré a los ojos, parecía querer llorar, pero sus lágrimas no se resbalaban.
—Te daré el encuentro a mitad de camino, ¿sí?
Asentí antes de verla bajar y subirse a un auto rojo de lunas polarizadas, segundos después arrancó y recién en ese momento me percaté de Kukai al final de las gradas en la entrada.
Tenía puesto un gorro con visera para cubrir sus ojos del sol… no, el gorro estaba invertido y la visera sólo tapaba su nuca. Algunos mechones rebeldes escapaban a los costados y por el orificio de la parte que estaba al frente. A diferencia de cualquier otro usual día, tenía puestos unas zapatillas verdes, unas deportivas y con pasadores de diferente color. Al darse cuenta de que estaba bajando de pie, me extendió su mano con una sonrisa, una que me inspiraba confianza.
—Vamos—dijo comenzando a caminar al auto gris de lunas normales.
Me subí en el asiento del copiloto y cuando me puse el cinturón de seguridad él encendió el motor.
—Iremos por el camino largo y te recogerán de un restaurante.
Asentí mirando aún el paisaje, sin ningún tipo de alteración humana.
— ¿Qué quieres saber?
Lo miré ahora, sus ojos estaban fijos en la carretera pero se veían tranquilos.
—Sé que tienes preguntas, yo las tuve en su momento, más porque conocí a Nadeshko.
— ¿Por qué estás aquí?
—Pues—comenzó—, creí ser el encargado de llevarte… Soy el que más te entiende, después de todo.
Dirigí mi mirada hacia el espejo retrovisor dentro del carro, de este colgaba una bolsa con un trébol.
— ¿Cómo conociste a Utau?
Sonrió antes de mirarme divertido.
—Fue tan parecido a lo tuyo pero al mismo tiempo no… La vi por primera vez cuando cantaba… ¿recuerdas a Hoshina Utau? Nadie que haya vivido en Osaka no conoce a Hoshina Utau y eso, que yo no vivía en la capital.
La cantante.
—…fui a uno de sus conciertos con la chica que me gustaba, nunca supe si ella me correspondía o no ahora que lo pienso. Sion era mayor que yo por ocho… tal vez nueve, creo que nueve años. Ya no recuerdo muy bien. Yo tenía doce, quería ir al concierto porque ella quería ir al concierto, no me llamaba la atención la idol.
— ¿Enserio?
—Aunque no lo creas, así era. Debo admitir que Utau siempre ha sido hermosa, siempre, lo es. Pero no pasaba mis días escuchando sus canciones, no es mi género preferido… No sé si escuchaste sobre el incendio en Sakai, el que fue provocado por el mal funcionamiento de los fusibles antiguos…—esperó a que asintiera y así lo hice—. Había ido con Sion, estaba de vacaciones y ella había vuelto, tenía… catorce, ¿o quince? No—se contradijo—, tenía catorce cumplidos porque Utau no terminó secundaria… Sí, es verdad.
Suspiró amargamente y miró el trébol… ¿tiene cuatro hojas?
—Este es el último recuerdo que me quedó de ella, yo le regalé ese trébol. Habíamos ido a comprar y nos dividimos porque ambos queríamos comprar un regalo de Navidad al otro… Así que yo me quedé en el primer piso, en una tienda de obsequios no fue, era de música, ella tocaba el piano. Quería regalarle un buen disco y me encontré a la idol. Después me enteré de que iba a comprarle algo a Ikuto y por eso estaba ahí, pero al principio no la había reconocido, era raro verla ahí. No me imaginaba que su hermano tocaba música clásica, tal vez hubiese supuesto la razón y no me hubiese intrigado tanto en ese momento—sonrió tristemente—. Bueno, el punto es que ella parecía saber muy poco de música clásica, por lo que me propuse a sugerirle un par de álbumes que seguro le gustarían. Y luego fue la explosión.
— ¿El incendio?
Asintió.
—Todo fue horrible, la gente gritaba, había gente que pedía ayuda porque la entrada principal estaba cerrada… Yo había despertado minutos después, cuando todo estaba horrible… excepto Utau, esa mujer hasta en los peores momentos tenía esa mirada. Una mirada que te hipnotizaba a pesar de no tener una sonrisa—volvió a suspirar—. Estaba de rodillas a mi lado y cuando desperté una ladina sonrisa surcó su rostro… Qué alivio, me dijo antes de ponerse de pie, recuerdo su abrigo rosado… estaba algo sucio y las mangas se veían mal pero a ella le quedaba genial. Y yo en ese tiempo tenía los suficientes reflejos para evitar lo que pudo haber pasado… Un hombre se paró no muy lejos de ella y disparó, la jalé hacia mí porque ya lo había visto y corrimos. Conocía la salida de la puerta de atrás, donde sólo unas cuantas personas podían ir pero en ese momento no importaba.
— ¿Y Sion?
—Sí, Sion, debí pensar en ella en ese momento, ir a buscarla. Pero no lo hice, escapé del lugar con Utau, quien desapareció del mundo de la fama en ese momento.
Tiene razón, recordaba que de un momento a otro dejaron de pasar noticias de ella y ahora ya nadie la recordaba…
—Su familia le pagó a la prensa para evitar cualquier noticia de ella.
—Tiene sentido—concordé—. ¿Pero qué pasó después de eso?
—Era obvio que la buscaban y después de estar lo suficientemente lejos… vimos como pocas personas lograban salir de la galería y esta se consumía en llamas. Sólo quedaron los restos que los bomberos vinieron a apagar. En ese momento recordé a Sion y lloré, nunca había llorado y estaba haciéndolo frente a una idol… Me sentía tan avergonzado—dijo riendo, ¿cómo podía reír?
El panorama comenzó a cambiar un poco, porque veía un par de casas juntas y otras más.
—Había dejado ella sus botas y su abrigo, porque la estaba llevando en mi espalda y tenía puesta mi chaqueta. Se había torcido el tobillo cuando corrimos por eso estaba descalza—explicó—. La llevé a mi casa y mis hermanos en vez de asombrarse de nuestros estados… se sorprendieron de ver a Utau en la casa.
— ¿Tenías hermanos?
—Tengo.
— ¿Y dónde…?
—Elegí a Utau—dijo mirándome a los ojos—. Y ellos dijeron que era la mejor opción. Nunca me pusieron obstáculos para acercarme a ella luego de que les explicara todo… Me escucharon y dijeron que no era bueno hacerla hablar de cosas que tenían un mal precedente.
— ¿Ella te contó todo?
—Sí—afirmó cerrando los ojos un momento—, no te imaginas cuanto me molesté con ella luego de muchos meses cuando decidió contármelo todo… era víspera de Navidad, recuerdo. Y me dijo que no había sido sincera conmigo… Le grité tantas cosas ese día, se cumplía un año de la muerte de Sion y ella dijo que debía ser justa conmigo y decirme por qué la estaban persiguiendo. Recuerdo haberle echado la culpa de su muerte, decirle que de no ser por ella Sion estaría viva y que me la regresara y que por qué la había ayudado a salir a ella y no a Sion… Y ella lloró, nunca la había visto llorar en todo el año que se quedó refugiada en mi casa, mis hermanos creyeron que sería lo mejor tenerla a salvo hasta que se comunicaran con ella… Nos pareció raro al principio porque no sacaban noticias de ella, nos aclaró que debía ser su familiar la encargada… Volviendo al tema, ¿en qué estaba?
—Le gritaste—reproché.
—Sí, mírame feo todo lo que quieras—dijo serio—. Mi hermano mayor, el mayor de los cuatro, me pegó, nunca me había golpeado así… O sea, todos eran esos golpes de juegos pero esa vez me dolió tanto, un solo puño en mi cara bastó para que viera estrellas. Me dijo de todo, engreído, egoísta, idiota, adoptado, hijo de… Bueno, de todo. Me dijo también que a una mujer no debías hacerla llorar, que no se le lastimaba ni con el pétalo de una flor… Y más cursilerías de ese tipo.
— ¿Y qué hiciste?
—Lo que pasaba es que ella había estado teniendo pesadillas, yo me había acostumbrado a dormir a su lado para calmarla… Nada sexual—dijo mirándome, porque de seguro mi cara le decía que había pensado otra cosa—, lo juro, la cama era suficientemente grande para yo dormir en un extremo y ella en el otro. No me atrevía a tocarla pero sí admito que había comenzado a tener sentimientos por ella. Tenía quince años, era un puberto enamorado de una chica mayor, por dos años pero mayor al fin y al cabo y… Aj, me desvío del tema principal—se quejó rascándose la nuca.
—Estabas en nada sexual.
—Ya, ya, nada sexual como decía. Esa madrugada se había despertado sudando y se había abrazado a sus rodillas, odiaba verla así porque sentía impotencia pura. No podía hacer mucho y ella lo dijo, dijo que no había dicho toda la verdad y que yo merecía saberlo todo. Mis hermanos se despertaron por los gritos y Kaidou me pegó y el desayuno dejó de ser alegre… Y era Noche Buena ese día.
— ¿Arreglaron las cosas?
—Pues…—sus mejillas se habían tornado rojas, muy rojas—…yo diría que sí. Mis hermanos nos dejaron solos, me amenazaron con votarme de la casa si no le suplicaba disculpas… Así que fui a pedírselas cuando ellos se fueron, me dejaron viendo televisión y Utau estaba en mi cuarto, era la primera vez que paraba tanto tiempo encerrada. El año anterior nos la habíamos pasado viendo especiales de Navidad. Obviamente era mi culpa y se seguía sintiendo mal.
—Idiota.
—Lo soy—dijo asintiendo—. Fui al cuarto entonces con galletas de jengibre. Las habíamos comprado por ella, sabía que le gustaban y a todos les gustaba verla sonreír… A mí me gustaba que me recibiera con una sonrisa al llegar después de la escuela, ella no iba a ningún lugar y usualmente se quedaba sola porque todos mis hermanos salían a trabajar-
—Kukai, te has vuelto a desviar.
—Cierto. Fui al cuarto y me miró indiferente, como si no me conociera, sabía que estaba dolida… Pero odiaba que fuese indiferente a la mayoría de cosas y más si yo tenía que ver.
— ¿Y?
—Le pedí disculpas, le dije que había sido un idiota y que tenía razón al decirme niño porque había reaccionado como uno pero que si ella me lo hubiese dicho antes esto no habría pasado, ¿y sabes qué me dijo?
—Que te amaba.
Pestañeó molesto e hizo un mohín.
—Le quitas la emoción a la historia—reprochó—. Fingiré no haberte escuchado.
Reí divertida.
—Me preguntó por qué creía yo que ella había decido ser sincera. Yo le dije que seguro había explotado después de la fecha del accidente y ella sonrió, mierda, nunca la había visto sonreír así antes y… Ya bueno, me dijo que la principal razón era porque la estaba torturando mucho últimamente después de darse cuenta de que estaba enamorándose de mí.
— ¿Y cuándo tuviste que decidir entre Utau y tus hermanos?
—Al año siguiente… No, más bien, iba a entrar a segundo de preparatoria y cuando llegué después del último día de clases conocí a Haruna y Nadeshko. Me dijeron que iban por Utau y que podía dejar de preocuparme por ella, sólo estaba mi segundo hermano mayor ese día a esa hora. Mi mundo se detuvo, me sentí peor que cuando Sion murió, porque Utau vivía un mundo que yo probablemente no podría costear. Pero no dije nada ese día, dejé que se fuera, no dejé de sonreír deseándole lo mejor.
—Muy masoquista.
—Demasiado. Mi último año de preparatoria comenzó y Nadeshko vino por segunda vez a mi casa, pero esperó a que estuvieran mis cuatro hermanos. O eso es lo que me dijo ella cuando yo llegué y estaba sentaba tomando té, con mis hermanos con expresiones que hasta ahora no logro descifrar.
—Nadeshko fue a tu casa, ¿para qué?
—Tenía una beca en Holanda para mí—dijo sonriente—. Me aseguró antes que nadie la enviaba, ella había venido por voluntad propia y estaba ofreciéndome esa beca. Me dijo que dependía de mí poder aplicar, sabía por mis hermanos que me estaba yendo mal en los cursos así que debía esforzarme.
— ¿Lo lograste?
— ¿Tu qué crees?—preguntó divertido—. Aún tengo la cara de Utau grabada en la mente el día que llegué a la casa donde vivía con su madre. Después de no haber sabido nada del otro en casi dos años… ella estaba igual que siempre.
— ¿Y yo?
— ¿Tu qué?—preguntó serio, pero después soltó una carcajada—. Tú llegaste cuando ya tenía viviendo ahí dos años, fue una gran sorpresa para mí todo lo del accidente y lo de Nadeshko… Todo esto porque Tadase quiso ir a… Bueno, no fue culpa de nadie, los ex subordinados de su padre lo traicionaron y eso pasó en consecuencia.
— ¿No te parecía raro que no supieran de mí? Es decir, que no tuvieran nada de mí.
—No realmente, Ikuto estaba siguiendo su intuición o algo así, porque no sabía si dejar que te fueras. Estabas en peligro porque aún quedaba una persona que te recordaba y ese era el peligro mayor, no podían tenerte en Osaka. Ni Tokio, ni otra ciudad. Era sospechoso. Así que Ikuto tomó la decisión de traerte y todos estuvieron de acuerdo. Lo hizo para que vivieras. Y… Hey. Ya llegamos—anunció deteniendo el auto.
Era un Café, uno que tenía mesas afuera donde estaba sentada Haruna, a quien le traían una taza.
—No deberías tenerle rencor a Tsukiyomi. Él creyó que era lo mejor y tuvo que tomar las decisiones con apuro—dijo antes de quitar los seguros de la puerta—. Cuídate y espero sepas tomar decisiones.
Cuando me di cuenta, estaba caminando hacia la pelinegra, quien se puso de pie luego de dejar un par de billetes en la mesa.
— ¿Nos vamos?
Asentí muy insegura y así llegué al aeropuerto… Y así volvemos al principio. Ikuto a mi lado, esperando que le responda antes de que el avión despegue y cuando lo miré supe cuál era la principal razón por la que no le dirigía la mirada… Por la que estaba temblando. Entre mis recuerdos de mi vida en Osaka, Japón, habían situaciones y personas de las que no me había preocupado al estar a su lado, él tenía derecho a saber.
—Ikuto, debo decirte algo…
—No quiero saberlo, lo único que quiero es que me mires y me digas que no estás molesta, que no te arrepientes de esto y que-
—No me arrepiento de nada—admití mordiendo mi labio inferior.
Su expresión entonces cambió y me atrajo hacia su pecho, yo enterré mi rostro en este aspirando su usual aroma. No quería que me soltara y no lo hizo, no lo hizo en todo el trayecto hasta que llegamos, aterrizando en Japón. Al fin.
Pero el capitán no habló, nadie venía.
Era un vuelo que no muchas personas tomaban, así que éramos contados siete personas.
Una persona se apareció por donde se supone bajaríamos, vestida de negro… Ikuto se puso tenso, lo sentía helado y supe que esa persona significaba problemas.
Comenzó a decir algo en un idioma extraño y Tsukiyomi le respondía con la misma fuerza.
Se puso de pie y me dijo que fuese a la parte de atrás un rato. No lo dudé dos veces y corrí hacia atrás. Sólo para encontrarme con una imagen que jamás pensé encontrar.
— ¿Ha-aruna?—pregunté arrodillándome a su lado—. Oi… respóndeme por favor—dije nerviosa, mientras intentaba detener la sangre que seguía saliendo de su estómago, su overol blanco se estaba tornando carmín—. No te puedes morir… No así… Aún no te doy las gracias por el vestido y-
Y sentí un horrible golpe en la nuca y todo se volvió negro.
No podía ser verdad.
'Chaleeee... Que huerte xd -?-
Quiero colgar el otro capítulo ya -!- Junto con el capítulo 12 OwO. Y... Aish, no tengo el epílogo... Bueno, no tardará mucho en redactarse aspi que no problem. Sí sí, ya sé, Clases Extrecurriculares y Sumisa deben ser continuados. Se terminan los dos esos y continuo con UPJ del todo. Ahora no me da el cerebro, lo que sí, debo colgar los dos capítulos que hasta ahora no publico. Oh-Oh. Para los fans del Rimagihiko, escribí un SongFic que se llama: "La Única Excepción" ^_^
Attn. Kiriha-chan
Pd. No creo que visiten mi perfil así que sólo para informar que tengo un nuevo hogar llamado kiriha-thereisanewworldcoming . blogspot . pe (quitar espacios). Están mis proyectos, historias que quizás no he colgado aquí. Visítenme p', no sean malitos T3T. Recién he estado actualizando ese blog para que esté decente xD Así que... ¡Vamo! ¡Prostituyan la página xD!
Pd de Pd. Estoy pensando en hacer un capítulo especial con los puntos de vista de Kukai y Utau sobre este fic. Es que esa historia me encantó *w*
