9. Conociéndote
La impresión que tuvo al entrar fue similar a la que experimentó al ver el exterior. La decoración rústica hacía de él un hogar acogedor. Los muebles y las paredes eran de un estilo vintage muy elegante, el suelo estaba cubierto con la típica moqueta de las casas inglesas y lo único que podía resultar engañoso eran las dimensiones. Una mera ilusión óptica, ya que si el espacio se encogía por dentro era a causa de la distribución de las habitaciones y de la escalera, pegada a la pared.
Bella lo guio hasta la segunda planta y lo llevó al interior de una habitación bastante amplia e iluminada. El suelo estaba cubierto con una moqueta rosa; las paredes grises, llenas de cuadros, y había una cama a un costado de colores neutros. Los muebles conservaban el color original de la madera perfilada.
—Vaya escritorio.
—Sí, pero para los trabajos suelo utilizar la mesa grande.
"¿Qué mesa grande?" Iba a preguntar. Sin embargo, guardó silencio al ver que ella se agachaba y sacaba de debajo de la cama una tabla blanca alargada, de aproximadamente un metro y medio de largo con metro de ancho, y la ponía en el centro de la habitación. Con un solo gesto levantó las patas y la transformó en una mesa de baja altura.
—Wow. —Fue todo lo que Edward pudo decir—. ¿Es ahí donde estudias?
—No, como te dije, solo la empleo para trabajos prácticos y esas cosas. Para estudiar prefiero el escritorio, que es donde me concentro mejor. Además, sentarme aquí por mucho rato no le hace bien a mi espalda.
—Pues a mí me encanta el espacio, por ese motivo, suelo bajar a la mesa de centro de la sala a estudiar. Cuando puedo, claro, porque cuando mis hermanas empiezan a rondar por ahí…
—¿Tienes hermanas?
—Mellizas, de trece años —recalcó con una mueca—. Son odiosas.
Bella asintió, soltando una pequeña risita.
—Me compadezco…
—Ya, gracias.
—No de ti, sino de ellas.
Edward le dirigió una mirada irónica.
—Ni siquiera las conoces.
—Puede, pero no tienes paciencia con nadie.
—¿Y tú que sabes?
—Es la imagen que me has transmitido hasta ahora —dijo en su defensa.
—Pues no deberías juzgar a la primera.
—Te recuerdo que hay una diferencia entre opinar y juzgar —remarcó—. En todo caso, lo que habría hecho sería tener una opinión inicial de ti. Pero es algo inevitable, porque necesitas formar una idea o percepción de todo aquello que ves en tu entorno. Si lo evitas, básicamente estás decidiendo ignorar al mundo y caminar por la vida a ciegas sin tener criterio de nada. ¿Me vas a decir que eso está bien? Por otro lado, juzgar ya es formar una evaluación de algo o alguien más permanente, sí, es verdad; pero para tu suerte, no lo hice a partir de que casi me metes en problemas el día que empezábamos el curso, sino por todos aquellos momentos que he compartido contigo desde que te conocí. Y lo mismo que me ha servido para decir que no tienes paciencia, también lo ha hecho para concluir que tienes un gran potencial como estudiante y habilidades sociales. Así que, como ves, no todo es malo.
Edward tardó un poco en procesarlo todo.
—Wow. —exclamó impresionado—. Gracias por demostrarme tu gran sabiduría y dominio del vocabulario. No me esperaba que soltases un discurso tan perfectamente correcto y razonable; a simple vista, claro, porque no lo he estudiado en detalle pero… lo que sí te digo es que, si quieres formar un juicio correcto sobre alguien, deberías tener en cuenta de que no puedes ser totalmente objetiva con una persona sobre la que no sabes nada de su vida privada, que nunca has visto fuera de clase y a la que tan solo llevas escasos días conociendo.
Bella lo acribilló con los ojos.
Con esa reacción, expresaba claramente lo que sentía por sus palabras. Sin embargo, tampoco podía refutar nada.
—¿Qué tal si volvemos al trabajo?
Edward no puso objeciones, pues también deseaba librarse de los destellos de rabia que veía dirigidos hacia él.
Ambos se sentaron en el suelo y comenzaron a hablar del proyecto. Tuvieron una pequeña discusión más a la hora de acordar qué material utilizar en la maqueta para hacerla resistente, como era de esperarse, pero por suerte la solucionaron de forma rápida.
Él la acompañó después al cuarto de las herramientas para conseguir todo lo que habían acordado. Una vez volvieron a la habitación el tiempo fue fluyendo y, sin pretenderlo, terminaron.
—Por fin —suspiró Bella.
—Sí, ya está.
Ella formó una mueca similar a una sonrisa.
—En parte ha sido gracias a que te has tomado la molestia de venir hasta aquí.
—Sí, pero la verdad es que hemos acabado rápido más por tus manos a que por nada. Ya venía presintiendo desde ayer que esto se te daba bien —se forzó a reconocer.
No obstante, Bella se tomó el cumplido como una afirmación que ya tenía por sabida.
—Necesito que se me dé bien todo, en general —contestó con indiferencia.
Edward frunció el ceño.
—Eso no es posible.
—¿Ah, no? —Alzó las cejas—. ¿Entonces cómo es que sacas dieces?
Ante su mirada acusadora, ella se recriminó por delatarse.
—Alguien me lo ha mencionado.
—Ya veo —murmuró por lo bajo—. Pero, contestando a tu duda, no es lo mismo sacar dieces que ser bueno en algo.
—El mundo está organizado para que lo sea —repuso en desacuerdo.
—¿Por qué lo dices?
—Piénsalo —pidió—. Desde la época de grandes filósofos como Pitágoras, no se han parado de utilizar números para medir la perfección de todo. Cuanto más cerca estás de esa idea de lo perfecto, más admirado eres por la gente y, curiosamente, los números siempre van de la mano; ya sea a través del dinero, la fama o de destacar de alguna manera. Si tienes tal cantidad, eres rico. Si tienes tantos seguidores en Instagram, eres famoso. Sé muy bien que la pauta no siempre se cumple, puede que hagas tu mayor esfuerzo o tengas un don increíble para algo y no dé resultado. Desgraciadamente, desde pequeño te enseñan que obtener un número es la única manera de conseguir que la gente te valore. Y no se trata de decir que piensas diferente, sino que esa es la realidad impuesta hasta ahora.
—Hay mucha gente que puede tener una buena vida y ser feliz sin desear competir por conseguir lo máximo en todo, Bella —recalcó.
—Pero no dejarán de encontrarse con un constante obstáculo en sus vidas, que será justo la presión de ir a contracorriente de lo que no quieren. Y tal vez por eso algunos, en el camino, deciden dejarse arrastrar por pensar que llegando a la meta… será el único modo de estar en paz.
—Debes quererte lo suficiente para no sobrepasar un límite por nadie.
—¿Y cómo llegar a eso, si a la chica insegura en las redes que solo busca comprensión y amor, las personas que le dicen que no tiene por qué exhibir su cuerpo son las mismas que cuando lo hace se lo premian?
Edward seguía cautivado por su gran capacidad de análisis, pero se forzó a sumergirse.
—Supongo que a veces cuando estás en lo correcto vas a conseguir poco apoyo al principio, pero tal vez ese vale más que los que te impulsan a lo otro.
—Pero los humanos somos seres sociales, Edward. Allí donde nos podamos agrupar con más facilidad, es a donde nos dirigiremos al… final…
Bella iba a continuar, pero en lugar de eso estornudó.
—Salud.
—Gracias.
En todo ese tiempo, no había tocado los pañuelos debido a que se había congestionado por completo. Pensó que al menos era señal de que estaría un poco mejor. Sin embargo, ahora veía que el periodo de estornudos no había hecho nada más que echarse la siesta.
Edward observó la hora en su reloj.
—Ya han pasado tres horas. ¿No tenía que venir tu padre?
—Tal vez se ha entretenido en la oficina o así. —Desvió la vista hacia el reloj digital rectangular encima de su escritorio para confirmar el tiempo—. Casi es la hora de la medicación.
Edward asintió mientras la veía levantarse.
—¿Quieres ir sola o te acompaño?
—Rachel está abajo. Tranquilo, vuelvo enseguida.
Edward asintió y la esperó durante diez minutos pacientemente hasta que regresó.
—Me habías dicho que Rachel se ocupaba de la casa.
Bella suspiró. En un momento puntual mientras trabajaban, Rachel regresó a casa; subió a ver cómo seguía ella con su malestar, y se los encontró a ambos a esquinas opuestas de la mesa tratando de armar distintas piezas de la maqueta sin que el espacio de uno disturbara el del otro.
—Y lo hace, pero fue mi niñera de pequeña, así que aún me cuida cuando lo necesito.
—¿Lleva tanto tiempo en tu vida?
Ella hizo un pequeño gesto indicando un "más o menos".
—Digamos que se ocupó de mí hasta los seis años en Birmingham, pero en esa época no era fija; solo venía por las mañanas y luego se iba. Cuando mi padre y yo nos mudamos a otro sitio, ella se quedó en su ciudad y no volvimos a verla hasta hace un año o así. Algunas amas de llaves nos han acompañado en algún que otro traslado, otras no, como la última. Y ahora que sus hijos se han hecho mayores, a Rachel le venía bien el trabajo. Así que se queda con nosotros desde que llegamos. Como ya hay confianza, todavía me cuida sin que nadie se lo pida.
De repente Bella hizo una mueca arqueándose con las manos en la espalda y, acto seguido, fue a sentarse en la cama.
—¿Te duele?
Bella se sonó la nariz mientras asentía.
—Es por la posición. Te dije que estar mucho tiempo ahí sentada me iba a pasar factura.
Él se levantó y se sentó a su lado.
—¿Qué haces?
—Gírate.
—¿Para?
Él la cogió de brazos para voltearla y, al tenerla de espaldas, comenzó a darle un masaje.
Al sentir la agradable sensación, Bella decidió relajarse y dejarle hacer; enfocándose en la suavidad de sus manos apretando con firmeza su piel.
Edward se felicitó por su iniciativa porque, desde el primer toque, la espalda le empezó a crujir tanto que pasó a ser preocupante.
—¿Cómo es que estás tan contracturada?
Ella bufó echando su cabeza hacia un lado.
—En parte es porque no suelo visitar el fisioterapeuta hasta que los exámenes empiezan. Todavía me estoy adaptando a la ciudad.
—¿Necesitas ir seguido?
—De vez en cuando sí, tanto por el estrés como por mi estructura física.
—¿Qué tiene tu estructura física?
Bella tardó unos segundos en responder.
—Es… bueno, algo privado.
—Ah.
Edward no quería hacerla sentir incómoda, así que decidió cambiar el asunto de la conversación.
—He estado pensando en lo que has dicho antes —le comentó—. Y creo que es mejor tratar de ser feliz aunque pagues las consecuencias de no estar en esa competición constante que dijiste porque, en el caso contrario, no tendría vida propia.
—¿Y qué defines como vida propia?
—La libertad de hacer lo que me gusta.
—¡Ay! —Bella se volteó inmediatamente.
—¿Qué?
Ella se llevó la mano a la parte de la espalda donde había sentido que le había aplastado un nervio.
—Mejor dejemos lo del masaje —dijo con voz entrecortada.
—Lo siento.
—No pasa nada. —Hizo una mueca restándole importancia—. ¿Y qué te gusta hacer?
Edward se encogió de hombros.
—Pues, no sé. Salir de fiesta, tal vez.
Bella no pudo evitar reír.
—¿Qué?
—Buen estudiante, popular y además esto —señaló—. No te veía con la imagen de chico malo.
—Que salga de fiesta no significa que lo sea. Solo soy normal.
—¿Entonces te defines como el adolescente estándar que sigue el mismo patrón de conducta que el resto? Porque es una contradicción a lo que has dicho antes.
—Tampoco soy eso.
—Entonces dime por qué te gusta ir de fiesta —le pidió—. Demuéstrame que te basas en tu propio criterio para hacer las cosas.
—Pues… salgo para divertirme, despejarme y estar con mis amigos.
—¿Y en ese plan viene incluida la ingesta de bebidas alcohólicas?
—Si no está, le quitas parte de la gracia.
Pero Bella negó con la cabeza.
—Lo único que encontraría lógico sería que me dijeses para divertirte y bailar. El sentido de las discotecas se ha trastocado mucho. ¿Por qué necesitar el alcohol? ¿Por qué necesitar una música con buen ritmo pero con letras humillantes e inservibles? Ahora se ha convertido en la moda de esos chicos que siguen patrones de rebeldía sin saber que esa palabra se ha empleado con un sentido serio en la historia, no para tonterías…
—El alcohol sirve para desinhibirte —dijo contestando a su pregunta—. No bailo porque no sé, pero me divierto de otras formas, y no lo hago para parecerme a los demás. No está bien juzgar a todo el mundo por el mismo patrón. Recuerda lo que hemos hablado antes.
—Hasta ahora no he tenido ningún ejemplo que me haga cambiar la perspectiva de lo que pienso —expuso en su defensa—. ¿Entonces cómo te diviertes tú? ¿con chicas?
—A veces. Pero no voy en búsqueda de clamidia o esas cosas.
—No puedes pretender ir sin límites y no tener consecuencias —mencionó con sorna.
—Tengo límites, a eso me refiero. No todos los chicos somos unos salidos.
—¿Pero aun así te gustan ese tipo de escapadas?
—No es mi actividad favorita pero me ayuda a despejarme. Lo pasas bien durante un rato.
—Nunca he entendido por qué a los chicos solo os interesa eso: buscar un ligue que os guste para pasar el rato y ya está.
—¡No lo decía por las chicas! —bufó divertido—. Pero ya que lo mencionas, esa es una idea que no comparto. El físico cansa enseguida si no compartes algo más. Pienso que Si no hay un tipo de conexión entre los dos, la atracción desaparece en poco tiempo.
—¿Y alguna vez has sentido esa conexión?
Edward suspiró.
—Hasta ahora no.
Se quedaron unos minutos en silencio, hasta que Bella no pudo evitar bostezar.
—¿Estás cansada?
—Sí, creo que has acelerado el efecto somnífero de la pastilla.
Edward rio.
—Échate y descansa.
Ella hizo eso, dejando escapar un sonido de conformidad. De forma disimulada los ojos de él se deslizaron por el contorno de su cuerpo.
—¿Edward?
—¿Sí? —preguntó tenso.
—Gracias por todo.
Él se calmó.
—No hay de qué.
He hecho de todo por acabar el capi hoy. No esperé ni de broma que fuese tan largo xD A cada una con cuenta en FF os he dejado una respuesta a vuestro review en privado, contestando de manera más específica a lo que me habéis preguntado, comentado o dicho.
Espero que os haya gustado y os haga pensar. Como os dije, lo primordial de este capítulo radicaba en eso. En ver el intercambio de comunicación que hay entre ella y él porque es básico para comprender cómo se construye su relación.
Como podéis ver, al final Edward y Bella no hicieron nada pero... es un buen avance el cómo han terminado después de todo, ¿no? XD Os dejo la pregunta abierta de cómo creéis que evolucionará todo a partir de aquí. ¿Rápido, nivel medio o lento? Y además de esto, si tenéis alguna opinión sobre algo de lo que ellos han comentado en su conversación o lo que ha sucedido ;)
RESPUESTA GLOBAL A LOS COMENTARIOS DEL ANTERIOR CAPÍTULO
Antes que nada, gracias por todo el apoyo. Pero además de esto, agradezco que la historia os parezca original, que los personajes os llenen y os gusten, porque esa era mi intención desde un primer momento. Me alegra saber que llega de la manera esperada jeje.
Una cosa que quería aclarar fue muy señalada en el avance de la semana pasada fue el miedo de Bella en que Edward fuera a su cuarto. Este debe a distintos factores: el primero que está enferma (a nadie le gusta recibir visita esos días, es incómodo), el segundo que no había suficiente confianza entre ellos (todavía se están conociendo) y el tercero... ya aparecerá después ;)
Y por último, espero que hayáis visto las pistas de la actitud de Bella respecto a los estudios aquí.
Kisses! Y hasta la próxima.
