Capítulo 11: "Buenos días entre chocolate"
Cerró la puerta de su sala de estar personal para después acercarse a un pequeño armario situado al lado de la estantería donde estaban todos sus libros favoritos. Se agachó llevando cuidado de no pisarse los bajos de la túnica plateada con ribetes del mismo color y suspiró cuando después de abrir la portezuela vio una botella con whisky de fuego de importación en su interior.
La cogió junto con un vaso y después de servirse una generosa cantidad se lo bebió de un solo trago. Sintió como el ardor del alcohol le invadía la garganta pero en contra de lo que pudiera esperar, no consiguió que el estado de nerviosismo que sentía en aquellos momentos, desapareciera.
Apoyándose en la mesa, suspiró y cerró los ojos durante unos segundos intentando tranquilizarse mientras recordaba el nombre que había visto escrito en la carta, una carta que iba dirigida a su marido.
Lucius había ido a darse un baño mientras ella se quedaba frente a la chimenea leyendo su última adquisición cuando un golpeteo constante en la ventana la había desconcentrado. Una preciosa lechuza marrón con manchas negras, golpeaba con insistencia el cristal…
Se había levantado para recoger la carta, pero solo había tenido tiempo de abrir la ventana y leer el nombre del remitente antes de que el ave emprendiera el vuelo de nuevo, sabiendo que no era ella la destinataria. El nombre que había leído la había sumido en aquel estado de nervios.
Abrió los ojos de nuevo y reincorporándose vio el vaso encima de la mesa, frunció el ceño, jamás le había gustado beber alcohol…
Mientras se alisaba unas arrugas inexistentes de la túnica, lo supo. Supo lo que tenía que hacer. Debía hablar con Draco y con Hermione Granger lo antes posible. Después de todo nada que proviniera de Astoria Greengrass podía ser algo bueno, sobretodo siendo hija de quien era…
Sonrió mientras jugueteaba con su pelo, le gustaba el cabello de Hermione cuando sus rizos se desperdigaban por la almohada mientras dormía. Era suave y largo, a pesar de que en una ocasión había querido cortárselo sólo por llevarle a él la contraria, alegando que el pelo corto era más fácil de manejar. Su sonrisa se ensanchó al recordar que cinco minutos después de salir de casa había vuelto enfurruñada y diciendo que en la peluquería había demasiada gente. Él no le había llevado la contraria, pero ambos sabían que aquello no era cierto.
La casa… ¿Qué había pasado con la casa? ¿La había vendido o se la había quedado como él le había pedido que hiciera?
Esas eran unas de las tantas preguntas que llevaba haciéndose desde que había vuelto, especialmente en la hora y media que Hermione llevaba dormida entre sus brazos. La sintió removerse un poco y acurrucarse contra su torso, abrazándolo como a un muñeco de peluche de esos con los que jugaban los niños muggles.
La miró intentando averiguar si seguía dormida, todo en ella parecía indicar que sí, no obstante, sabía como comprobarlo. Con cuidado, con movimientos tranquilos para no despertarla si en realidad permanecía dormida, comenzó a acariciarle el cabello de nuevo. Una sonrisa se dibujó en su rostro al escuchar un suave ronroneo. Hermione estaba despierta…
Sonrió internamente pero no abrió los ojos, no aún. Le gustaba permanecer con los ojos cerrados abrazada a Draco, sentía una sensación de paz y tranquilidad que pocas veces podía disfrutar. Suspiró al sentir la mano del chico acariciando su cabeza, no quería abrir los ojos. ¿Qué pasaría ahora? Habían traspasado la línea que ella misma se había auto-impuesto, el sentir los labios fríos y finos de Draco sobre los suyos había sido como recibir una dosis de su droga personal. Había recaído de nuevo y no estaba segura de que eso fuera algo bueno.
Le quería, sí, pero no quería volver a acostarse llorando todas las noches cuando él decidiera mentirle de nuevo para protegerla. Sabía que no podría soportarlo. Sintió como el pecho de Draco, donde tenía apoyada la cabeza, se elevaba por la risa contenida. De haber tenido los ojos abiertos los habría rodado. Genial… acababa de descubrirla despierta.
Suspiró mientras abría los ojos con lentitud. Era hora de enfrentarse a unos ojos grises…
Cruzó fastidiada la carretera. ¿Es que los muggles no sabían lo que eran los tazones de chocolate caliente? Negó con la cabeza. Por lo menos los ricos no lo sabían, de eso estaba segura. En el restaurante del hotel había de todo, desde fresas con nata y champán hasta postres decorados con oro comestible… Pero no había chocolate caliente… Negó de nuevo con la cabeza.
¿Cómo era posible?
Soltó aire, exasperada. No lograría entender a los muggles en la vida…
Aún sumida en sus pensamientos entró en una chocolatería que había encontrado el día anterior mientras daba una vuelta por los alrededores del hotel. Nada más introducirse en el local, una corriente de aire caliente que contrastaba con el frío polar que hacía en la calle, la recibió.
Suspiró agradeciendo el calor que hacía allí y echó un vistazo a su alrededor. El lugar no era demasiado grande, sólo había una barra pequeña tras la que había una mujer mayor y de aspecto afable, y algunas mesas redondas para dos o tres personas estaban situadas sin seguir un orden concreto por todo el espacio restante.
Sonrió a la camarera que la miraba con una sonrisa maternal en la cara, se acercó a la barra y pidió un gran tazón de chocolate. Mientras esperaba a que se lo sirvieran se sentó en un taburete y echó un nuevo vistazo al local. Apenas había gente, solo dos parejas que supuso, rondaban los cuarenta y cinco años hablaban entre ellos en voz baja y sonreían de vez en cuando.
-Aquí tienes, hija… -murmuró la señora mayor poniendo delante de ella el chocolate caliente y deteniendo su escrutinio.
-Muchas gracias… ¿Me puede decir la cuenta? –preguntó mientras le dirigía a la mujer de pelo algo canoso que llevaba recogido en un moño poco tirante, una sonrisa.
-Oh… no te preocupes –le dijo la mujer deteniendo con su mano la de Pansy que estaba buscando en aquellos momentos su monedero. –Tómate el chocolate que se te va a enfriar, después me pagarás…- añadió sonriendo.
La morena le dio las gracias y cuando se disponía a darle un trago a su dulce favorito, una corriente helada entró al abrirse la puerta. No le dio importancia y abrió un periódico que había comprado en la zona de prensa del hotel. Se dispuso a leerlo pero la información recibida la noche anterior y los recuerdos constantes de Alex, la invadieron de nuevo antes de lograr entender algo de lo que leía.
-Buenos días, Rose. Lo de siempre, por favor… - Escuchó como alguien saludaba a la camarera con amabilidad.
-Claro, Dave –Dijo la señora mayor mientras se acercaba a cafetera - ¿Dónde has dejado a Nicole?-
Giró la cabeza al escuchar el nombre del hombre, prestando más atención a la conversación. Se sorprendió al ver allí de pie, a sólo unos pasos de ella, al médico que la había atendido en el hospital muggle.
Volvió la vista de nuevo a su taza con chocolate, intentando pasar desapercibida. Lo que menos le apetecía en aquellos momentos era entablar una conversación con nadie, mucho menos con un hombre. En especial con su médico temporal.
Sin embargo, no por eso dejó de prestar atención a la conversación.
Escuchó como el joven contestaba a la pregunta de la señora.
-Está durmiendo – y escuchó como reía –anoche nos acostamos muy tarde, jugando…-
Pansy abrió los ojos sorprendida, sin apartar los ojos de su chocolate que comenzaba a enfriarse.
¿Dave Connor estaba casado? Y lo que era peor, ¿Bromeaba con la camarera sobre sus relaciones sexuales? Lo miró por el rabillo del ojo. No debía tener más de veinticinco años.
Bebió un trago de su taza mientras seguía escuchando.
-Es todo un torbellino –dijo Rose riendo.
-Desde luego, no puedes imaginarte lo que me cuesta dejarla rendida por las noches y conseguir que decida dormir… -
Al escuchar aquello sintió como el chocolate que comenzaba a tragar se quedaba estancado en su garganta, maldiciendo su mala suerte comenzó a toser sin poderlo remediar, llamando la atención de las dos personas que se encontraban más cerca. Que no eran otros que la señora Rose y Dave Connor.
La señora Rose fue la primera en llegar hasta ella con la preocupación reflejada en el rostro, seguida de cerca por Connor que comenzó a darle unas palmaditas en la espalda intentando que lograra respirar mejor.
-Intente respirar despacio… -escuchó que decía al tiempo que seguía golpeando suavemente su espalda al ritmo de la respiración.
Le hizo caso y al cabo de unos segundos todo pasó con la misma rapidez con la que había llegado.
-¿Se encuentra mejor? -
Tomó una gran bocanada de aire antes de enfrentarse a la mirada de Connor. Ojos marrones oscuros, casi negros la miraban con un gesto de preocupación en el rostro. Asintió levemente y vio como el joven, sin apartarle la mano derecha de su espalda donde la movía de arriba abajo y viceversa con un movimiento relajante, le pedía a la camarera un vaso de agua.
Tras coger el vaso que Dave le tendía y beber un trago alzó la vista de nuevo hacia el moreno.
-Gracias… es la segunda vez que me ayudas… -murmuró mostrando una suave sonrisa.
Dave entrecerró los ojos examinándola. Tras unos segundos habló.
-Es cierto… -Sonrió –Pansy Parkinson ¿no?-
La chica asintió.
-Bueno, ¿qué te parece si para que no te vuelvas a atragantar me dejas que te invite a lo que estabas tomando? –Preguntó con una sonrisa.
Pansy parpadeó al verlo sonreír. Suspiró. Aquello era absurdo.
-Debería invitarte yo a ti, por ayudarme –objetó con el ceño fruncido, confundida.
-Pero yo no te dejo… -refutó él- Rose, por favor, ¿me pones la cuenta de la señorita y la mía…?-
Pansy miró a la camarera y posteriormente al chico, confusa.
Dave Connor era joven, simpático, educado e increíblemente atractivo. Suspiró. Tenía todo lo una chica podía desear en un hombre, aunque solamente fuera para pasar el rato. Pero, existían tres problemas. Tres problemas que no podía pasar por alto…
Primero, Dave Connor era muggle.
Segundo, ella ya no se fijaba en los hombres a menos que fuera para pasar una noche.
Y tercero, pero no por ello menos importante, estaba casado, de eso estaba segura.
-Buenos días… -
Una sonrisa surcó sus labios al sentir el cálido aliento sobre su oído seguido de una caricia en su estómago y suave beso en la nuca. Abrió los ojos entrecerrándolos al instante mientras intentaba acostumbrarse a la luz natural que entraba por la gran ventana de la habitación.
Se giró despacio para no romper el abrazo con el que Harry la tenía aferrada a su propio cuerpo, cubierto solamente por los pantalones negros del pijama.
Su sonrisa se ensanchó al encontrarse a escasos centímetros de la cara de su novio. Se permitió el observarlo durante unos segundos. Harry había cambiado demasiado desde que habían salido de Hogwarts. El cuerpo de niño delgaducho que alguna vez había tenido había pasado a ser un cuerpo musculoso y admirado por demasiadas mujeres, para su desgracia. Su pelo perpetuamente rebelde y oscuro lo llevaba ahora cortado de una forma más juvenil y desenfadada.
Y sus gafas habían quedado olvidadas, pues ahora llevaba lentes de contacto que aumentaban el atractivo natural de sus ojos, aquellos ojos verdes de los que se había enamorado siendo tan sólo una niña, aquellos ojos que podían tranquilizar a la persona más nerviosa y hacer que la más valiente sintiera verdadero pánico al encontrarse con aquellos ojos que parecía que podían leerte el alma como si se tratara de un libro abierto.
Se encogió de hombros mentalmente. A la mayoría de la gente le costaba mantenerle el contacto visual a Harry durante más de cinco o diez segundos, sin embargo ella era capaz de estar minutos sin apartar la vista de aquel mar verde, un verde que adquiría un brillo especial cuando la observaba a ella. Se sintió afortunada por eso.
-Buenos días… -contestó dejando a un lado sus pensamientos y alzándose para besarlo. Fue un beso suave, cálido, sin prisa como si tuvieran todo el tiempo del mundo para disfrutar de aquella sensación.
Sin embargo, como posteriormente diría Ginny, lo bueno siempre duraba poco, y esta vez no iba a ser la excepción. Tuvieron que separarse, Harry con el ceño fruncido y Ginny con una sonrisa condescendiente, cuando el teléfono móvil de Harry, situado en la mesilla comenzó a sonar.
Harry se inclinó para cogerlo sin romper el abrazo que mantenía con la pelirroja y gruñó al ver el nombre en la pantalla.
-Kingsley, es domingo… los domingos no trabajamos – dijo como saludo a su interlocutor.
Ginny negó con la cabeza sin quitar su sonrisa del rostro. Se movió intentando levantarse, sabiendo que seguramente tendrían que salir a trabajar, pero la mano de Harry en su cintura y una mirada de protesta en sus ojos verdes la mantuvo quieta en su sitio.
-Está bien… de acuerdo… te juro que cuando terminemos este caso nos vas a deber unas largas vacaciones pagadas… sí… adiós.- Harry cerró el móvil y lo dejó sobre la mesilla de noche de nuevo.
Ginny lo miró.
-¿Tenemos trabajo? – Harry suspiró y asintió mientras depositaba un beso en su frente, para después descender por su mejilla, y alcanzar los labios de la pelirroja.
Sonrió dentro del beso cuando Ginny le respondió con tranquilidad y pasión. Besar a Ginny le provocaba aquella sensación de paz en la que parecía que todo estaba bien. Siempre le había causado esa sensación, incluso cuando antes de la boda de Bill y Fleur se habían despedido sin saber que iba a ocurrir cuando él se marchara. Por eso le gustaba estar con ella era su fuente personal de paz.
Suspiró rendido y frustrado cuando sintió la mano de la chica sobre su torso, apartándolo. La miró buscando una respuesta.
-Debemos irnos… -murmuró apartándose e incorporándose para salir de la cama.
Harry frunció el ceño, fastidiado con la misma expresión que tendría un niño al que le acaban de informar que no tendrá su regalo favorito por Navidad. Al ver su expresión, la chica no pudo evitar acercarse de nuevo a él y depositar un rápido beso en sus labios cerrados antes de incorporarse e ir hacia el cuarto de baño.
Harry la observó. Con un camisón corto de raso, azul turquesa, y el pelo alborotado y suelto cayendo en cascada sobre sus hombros, su novia estaba realmente atractiva. Negó con la cabeza cuando la vio desaparecer tras la puerta del baño.
Kingsley le iba a deber una bien grande por tener que trabajar ese día.
Cuando oyó el agua de la ducha empezar a caer, se levantó de la cama con movimientos rápidos. Tal vez podría disfrutar de una buena ducha, acompañado, antes de ir a trabajar.
Sonrió. Sí, esa idea le parecía realmente estupenda.
Les odiaba. Odiaba a los muggles con toda su alma, eran seres inferiores, no merecían nada, no merecían ni siquiera existir…
Miró la marca de su brazo. Una calavera con una serpiente. Odiaba y amaba lo que simbolizaba. Le habían enseñado a hacerlo desde pequeña. Le habían enseñado a maltratar, torturar, asesinar… cuando apenas había cumplido los nueve años.
Sirius una vez le había preguntado porque lo hacía, no había contestado. Nadie, absolutamente nadie sabía porqué se dedicaba a aquello. Si alguien la conociera lo suficiente, si alguien se hubiera detenido cuando era pequeña a preguntarle por qué aquel día de invierno había regresado llorando a su casa, tal vez ella, ahora no sería la más buscada por el Ministerio, la que había sido la mas fiel seguidora del Señor Oscuro, tal vez ahora no tendría que cargar con aquel apellido que odiaba con toda su alma pero que debía defender como si se sintiera orgullosa de llevarlo. Tal vez ahora no sería una Lestrange.
Sonrió fríamente mientras con su dedo acariciaba la marca de su brazo izquierdo. Era buena en lo que hacía, realmente buena y se sentía orgullosa de serlo.
Su tía, la fría y respetable señora Black, le había dicho en una ocasión, que siempre debía destacar sobre los demás, ser la mejor en lo que hacía, y ella, Bellatrix Lestrange en lo que hacía; maltratar, torturar, asesinar… era la mejor.
-Hola… -murmuró al ver como ella abría los ojos despacio.
Sonrió al ver como la cara de la chica adquiría un tono rosado y frunció el ceño al sentir como ella intentaba apartarse. ¿Qué sucedía ahora?
-No iras a salir corriendo otra vez ¿no? –
Hermione alzó la vista por primera vez, al escuchar el tono en que había sido hecha la pregunta, con una mezcla de enfado, inseguridad y frialdad.
Suspiró. No quería salir corriendo, ¡por el amor de Dios! era una Gryffindor, se suponía que los Gryffindor eran valientes, que la valentía era su rasgo humano mas característico. Sin embargo a ella parecía que en los últimos días se le había esfumado como el humo que es arrastrado por el viento.
Draco podía hacer aflorar cualquier sentimiento en ella, desde un odio absoluto a un amor totalmente incomprensible y necesario para seguir viviendo.
Negó suavemente con la cabeza al comprobar que el joven seguía esperando una respuesta y una pequeña sonrisa nerviosa apareció en su rostro al ver como el ceño anteriormente fruncido de Draco se relajaba.
Draco al ver el gesto de la castaña inhaló y exhaló profundamente un par de veces para después, con un movimiento rápido hacer que ambos rodaran hasta posicionarse él encima de ella.
Escuchó la risa de la chica y sonrió desde su posición, justo encima de ella, a pocos centímetros de de su cara.
-Buenos días… -murmuró divertido al ver como Hermione pasaba de un tono de color rojo a otro.
-Buenos días… -murmuró de vuelta Hermione al tiempo que le apartaba un mechón rubio que había caído sobre los ojos grises.
Draco no dijo nada, solamente acercó su rostro al de la chica y rozó sus labios con suavidad para después separarse y mirarla a los ojos marrones con intensidad.
-¿Quieres ser mi novia, Granger? –Hermione sonrió reconociendo la pregunta que le había hecho hacia ya tanto tiempo.
-No me queda otra opción ¿Verdad, Malfoy? –preguntó ella fingiendo seriedad y diciendo las mismas palabras que contestó la primera vez.
-No te queda otra opción, Granger –murmuró rozando sus labios con los de ella, sintiéndose afortunado cuando Hermione contestó a su beso.
Estúpida. Se sentía estúpida. Se sentía muy estúpida ¿En qué momento había pensado que Dave Connor era un hombre decente? Todos los hombres eran iguales, empezando por sus mejores amigos y terminando por Dave Connor. No se salvaba ni uno, todos eran unos sinvergüenzas que disfrutaban coqueteando con todo lo que pudiera usar falda, cuando la realidad era que estaban casados.
Suspiró. ¿Por qué demonios le importaba a ella tanto que Connor estuviera casado o no? Era un hombre, sólo un hombre más del montón, de todo el montón con el que ella se cruzaba todos los días. Bueno, con Connor no se cruzaba exactamente todos los días, sólo lo había visto dos veces; aquella vez en el hospital y esa misma mañana y las dos veces la había ayudado, y las dos veces había sonreído y las dos veces…
Chasqueó la lengua. Estaba desvariando. Frunció el ceño. ¿Por qué estaba desvariando por Dave Connor?
No. Ella no desvariaba por un hombre, nunca, jamás. Los hombres para ella eran un juego, le divertía fastidiarlos de vez en cuando y hacer que cuando caminaba por la calle giraran la cabeza a su paso. Pero nunca, nada más.
Negó con la cabeza. No. Ella no se fijaba en los hombres de ese modo, ella no se fijaba en si eran altos, guapos, morenos o rubios. No se fijaba en la sonrisa, ni en los ojos, ni en el brillo divertido que aparecía en ellos a veces.
Bufó. Entonces, si ella no se fijaba en todo eso ¿Por qué sabía de qué color eran los ojos de Connor exactamente? ¿Por qué había percibido el brillo de la diversión el día que había estado en el hospital? ¿Por qué se había percatado de que tenía un pequeño lunar en la base del cuello…?
Y la mayor pregunta de todas ¿Por qué demonios había aceptado quedar para desayunar la mañana siguiente con él?
Cruzaba la entrada del gran hotel en el que estaban hospedados, deseando tumbarse en su cama de matrimonio y no levantarse hasta la mañana siguiente, cuando ante ella apareció Lupin seguido de Tonks.
-Debemos irnos… -Informó el hombre antes de que a ella le diera tiempo a preguntar algo.
-Greengrass está llegando al ministerio y en dos días debemos actuar en el club del alterne… -
Informó Tonks antes de abandonar la estancia y dejar a la joven morena sumida de nuevo en sus pensamientos…
Continuará…
Siento mucho el retraso solo espero que os haya gustado.
Agradezco a Mara a Josefina159 y a Abril por sus reviews y a todos los que me habéis agregado a favoritos también os lo agradezco, aunque solo os pido una cosita, que me dejéis algún review para saber si os gusta el rumbo que está tomando la historia.
Un beso!
Silver Princess
