¡Holaaaa! Sí, yo sé que se preguntan qué ando haciendo por aquí, después de haber actualizado ayer. Pues la razón es simple, vine a actualizar XD Ya que ando motivada y de buen humor por un evento en particular; mismo que les contaré al término del capítulo. Mientras disfruten este cap y sean como Axelle, no se preocupen por su figura y coman mucha chuleta asada. ¡Besos, apapachos y gracias por leerme!

Capítulo 11

Porque la diversión siempre es mejor en compañía

No es como si le molestara en lo más mínimo permanecer sentaba bajo la sombra de aquel tranquilo y majestuoso árbol mientras leía atentamente lo que parecía ser un pesado y tedioso libro de Geometría; incluso el tomar apuntes ocasionalmente tampoco era un fastidio. Pero lo que no terminaba de agradarle eran las miradas furtivas que de vez en cuando se direccionaban hacia su posición. ¿A qué se supone que iban a la universidad si no era a estudiar?¿Por qué era vista entonces como un espécimen raro?

Pensé que sería más fácil enseñarle, pero he errado…Lo peor es que mañana tiene un examen…y es de esta cosa del diablo llamada Geometría Analítica…Y siento que no hemos avanzado nada y eso que llevamos estudiando desde el martes…

—¿Estás bien?

—¿Uh? –levantó su mirada, encontrándose con Momoi. Le miraba curiosa. Sí, ella también pensaba que era raro que alguien estuviera estudiando en el descanso y en la universidad.

—Escuché que estabas ayudando a Dai-chan –comentó-. Seguramente no es tarea fácil.

—Estoy a punto de aventarme del último piso de mi facultad –soltó con dramatismo.

—Tal vez si relacionaras las cosas con cosas que le gusten, sería más simple.

—Se me ocurre algo para Geometría…pero no, no creo que sea buena idea. Tal vez el basquetbol…

—Podría funcionar.

—¿Cómo es que lo has aguantado todos estos años? Sé que son amigos de la infancia, pero…-el simple hecho de recodar sus peleas verbales cada media hora le hacían creer que Momoi era algo así como la deidad de la paciencia encarnada.

—Eso es porque jamás me he puesto a explicarle nada de la escuela. Suficiente tenía con lidiar con él para las prácticas de basquetbol.

—Ahora todo me queda muy claro –asintió continuamente, como un robot.

—Pero después de que se frustrara por no hallar a alguien que le hiciera esforzarse por mejorar en el basquetbol, él empezó a cambiar. Razón por la que en la preparatoria faltaba a sus prácticas y no hacía ni el más mínimo esfuerzo.

—¿Y qué fue lo que lo hizo cambiar?

—…Cambió cuando perdió por primera vez…Al final logró encontrar a alguien tan sorprendente como él en el basquetbol…

—¿Te refieres a Kagami?

—Exactamente –sonrió campantemente-. Desde ese día creo que lentamente ha empezado a ser como antes, aunque a veces sea un grosero de lo peor. Tenle un poco de paciencia.

—Ummm…Bueno, le tendré un poco más de paciencia…-comentó desviando la mirada.

—Gracias, A-chan.

—¡¿A-chan?! Se oye espantoso…-suspiró con cansancio. Todas las fuerzas para discutir se le habían ido desde que empezó a ser tutora del moreno-. En fin, llámame como quieras.

—¡Axelle! –aquel coro de voces la sacaron de su trance. Se trataba de Megumi y Yukari quienes se acercaban.

—¿Qué es lo que les pasa ahora a ustedes dos?

—¡Tienes que venir a ver lo que ha pintado Sora!¡Es increíble! –expresaron las dos al unísono. Estaban notoriamente emocionadas.

—Nos veremos después, Satsuki-kun –se despedía la rubia, tomando sus cosas como podía. Aquel par de compañeras suyas se habían adelantado bastante.

No sólo era extraño el hecho de que todos se encontraran reunidos antes de la hora establecida para los entrenamientos, sino también lo era que por ningún lado encontraran al entrenador. ¿Es que no iba a haber práctica ese día?

En el justo instante en que aquel alto e imponente hombre entró, las cosas empezaron a cobrar un poco de sentido. Aunque ni entendían qué es lo que hacía aquella mujer a su lado.

No era solamente su curvilínea figura que había logrado captar la atención de todos los chicos en el instante en que se aproximó hacia ellos, ni tampoco su despampanante belleza que logró el sonrojo de algunos chicos allí presente. Sino más bien se trataba de aquella aura seria la que llevaba a todos a preguntarse por qué estaba ella allí.

—De manera que este será el equipo que debo entrenar para volverlos fuertes rivales tanto en el regional de verano como en el de invierno, ¿verdad? –sus rosáceos ojos yacían ávidos, como si estuvieran realmente ansiosos por aquella aventura que apenas empezaba-. Creo que debería presentarme, mi nombre es Harue, encantada. A partir de hoy seré su nueva entrenadora, espero podamos llevarnos bien –comentó tranquilamente mientras sujetaba su lacio cabello castaño en un coleta alta que rozaba apuradamente sus hombros.

—¡¿Qué?! –exclamaron todos sin excepción-.

—Lo que escucharon –señalaba Osamu clavando su dura mirada en cada uno de los integrantes del equipo-. Así que será mejor que atiendan a sus indicaciones.

—Gracias, Osamu-kun –agradeció la entrenadora-. Estoy aguardando sus presentaciones, así como las posiciones que desempeñan en el equipo.

—Me llamo Himuro Tatsuya, Escolta.

—Eikichi Nebuya, Centro.

—Kiyoshi Miyaji, Alero.

—Osamu Fuchida, Centro.

—Marko Turletti. Juego como Armador y Escolta, pero quisiera tomar la posición de Ala-Pivote –no sorprendía que todos en ese momento lo miraran con extrañeza. ¿Quién pedía cambiar de posición cuando ya se tiene un buen control sobre una?

—De manera que tú eres el chico el que hablaba el entrenador. La posición que estás pidiendo es sumamente física. Además de que se encarga de los rebotes del equipo, así como apoyar al Pivote en sus labores defensivas.

—Lo sé entrenadora.

—¿Alguna razón para ello? –cuestionó seriamente.

—Ninguna en particular, simplemente deseo jugar siendo el Ala-Pivote.

—Tu estatura podría ser un problema, Marko-kun. Así que no estoy segura de si sea una buena elección.

—Entonces déjeme al menos intentarlo. Si para cuando haya acabado Julio no logró convencerla, seré el Armador y no objetaré nada.

—Suena un buen trato –sonrió ladinamente-. Entonces chicos, será mejor que nos pongamos a trabajar, que nos espera en menos de tres meses el torneo de verano.

—¡A la orden entrenadora! -exclamaron todos sin excepción.

—Me agrada ese buen espíritu que tienen chicos. Vamos a llevarnos muy bien.

El ventilador parecía ser insuficiente para apaciguar el calor que se acumulaba sin piedad alguna dentro de aquella habitación. ¿Es que ni siquiera el que hubieran abierto la ventana mejoraba la situación? Lo peor del caso es que no había manera de escapar de aquel infierno.

—Al fin entendiste el ejercicio…-suspiraba cansada la pobre chica. No sabía qué iba a matarla primero, el calor, los estudios o Aomine.

—¿Ya acabamos no?

—Sí, hemos acabado los dos capítulos que son para el examen del lunes –dijo aliviada. Podía escuchar la melodía de los arcángeles, felicitándole por su labor y enorme paciencia.

—No sé de qué te alegras, es domingo –chasqueó mirando hacia su derecha-. He desperdiciado mi fin de semana estudiando.

—Yo también, no te quejes. Y más con estos calores infernales de Mayo –suspiró nuevamente-. Por aquí hay una zona de albercas, ¿no?

—Sí. Aunque hay que tomar el autobús.

—Bien, entonces es más que perfecto –sacó su teléfono, empezando a mandar mensajes sin descanso alguno-. No sé si tú quieras ir, pero yo iré a las albercas a refrescarme y aprovechar que apenas es medio día. He invitado a los chicos. Un descanso no va a matar a nadie –guardó sus cosas rápidamente, poniéndose de pie de inmediato.

—Pensé que irías a estudiar –se burló.

—No quiero saber nada de eso hasta mañana por la tarde –puso una cara azul de la aversión que ahora esa palabra le causaba.

—Supongo que es mejor que pasar todo el día encerrado en casa. Iré.

No se sorprendían que hubiera tanta gente dirigiéndose hacia el mismo sitio, sino más bien lo puntuales que eran todos aquellos amigos suyos que ya se encontraban esperándoles en la entrada del amplio y vistoso lugar.

Todos llevaban ropas ligeras, propias de verano. Incluso llevaban un par de neveras y cestas. Nada como pasar un buen rato en las albercas y comer tranquilamente.

—Riko, Satsuki-kun –saludó animadamente a aquel par de chicas.

—Fue muy buena idea el venir aquí. La verdad es que el calor está resultando fastidioso –comentó Riko.

—Pues bueno, será mejor que entremos –demandaba Taiga.

El techo era completamente de vidrio, permitiendo admirar a la perfección el inmenso cielo azul ausente completamente de nubes y con aquel imponente astro ofreciendo su calor en su mayor esplendor.

Habían cerca de cuatro piscinas, cada una de ellas dotadas de divertidos y curvados toboganes para la diversión y gusto de todos. Así mismo también se gozaba un número aceptable de salvavidas, una cafetería con numerosas bancas de madera y sombrillas. Y claro, los clásicos vestidores donde se podía ir para cambiarse y poder adentrarse en la piscina.

—Nos hará bien tomar un descanso –sonreía Hyuuga mientras terminaba de sacar sus cosas para colocarlas sobre la única banca de madera que existía dentro de aquellos vestidores masculinos.

—Lo que me sorprende es que la entrenadora haya accedido a venir –mencionaba Izuki un tanto pensativo.

—Tal vez deseaba divertirse y ya –mencionaba Taiga tranquilamente quitándose su camisa.

—Y cambiando de tema…-mencionaba seriamente Hyuuga al tiempo que miraba detenidamente a Izuki y Mitobe.

—¿Qué sucede Hyuuga? –preguntó Shun.

—Hay chicas muy hermosas en todo el lugar –mencionó alegremente. Casi se le salían un par de lagrimitas de la emoción.

—Había una de bañador rosa que lucía muy bien –secundaba el cara bonita.

—Kagami-kun, ¿por qué razón los trajimos?

—No lo sé, pero todavía podemos sacarlos de aquí –le comentaba a Kuroko.

—Ey, ¿pero de qué demonios están hablando? Está claro que la del bañador purpura es la mejor –habló Aomine seriamente.

—Ciertamente tenía un buen cuerpo…y…-todos sabían a qué se refería.

—Aomine, tienes buen gusto –le felicitaba el de anteojos.

—Kagami-kun…

—No lo menciones Kuroko. Larguémonos y dejémoslos encerrados, será lo mejor. El mundo estará mejor sin esos tres.

No extrañaba en lo más mínimo que las miradas de las féminas se dirigieran en automático y sin esfuerzo alguno hacia cada uno de ellos. No cuando había demasiada piel y músculos que admirar.

Quedaba claro que cada uno de ellos dedicaba la mayor parte de su tiempo y energía a ejercitarse. Y ahora simplemente se encontraban mostrando los resultados de ese valioso y magnifico esfuerzo.

Sus abdómenes estaban maravillosamente trabajados, sin imperfecciones, luciendo terriblemente bien al desnudo. Es que sencillamente era difícil no postrar la mirada en semejante zona y no sucumbir ante tales encantos.

Pero las miradas no se detuvieron exclusivamente allí, también tuvieron el atrevimiento de ir más allá. ¿Es que se podía tener cuerpos tan bellos y atractivos como ésos?

Ellos sencillamente habían robado más de un suspiro a todas las chicas que allí se encontraban.

—Están demorándose, ¿no? –Hyuuga fue el primero en hablar.

—Son mujeres, es normal –agregaba Aomine tranquilamente.

—Creo que estamos llamando mucho la atención –informaba Kuroko. Incluso él no había pasado desapercibido del ojo observador de las chicas.

—Disculpen la demora, es que tuvimos algunos problemas inesperados –esa era la voz de la entrenadora. Todos se giraron hacia las chicas en automático.

También el público masculino presente tenía derecho a deleitarse la pupila. Cosa que estaban haciendo en ese preciso momento.

De que había curvas, las había en cada una de aquellas tres mujeres. Los bañadores que habían elegido les hacían justicia sin problema alguno. Y quedaba claro desde el principio que ninguna descuidaba su figura, no cuando esto quedaba marcado desde sus torneadas piernas hasta su impecable abdomen.

La peli rosa lucía terriblemente bien en aquel bañador negro de suaves holanes, siendo imposible no notar los enormes atributos con los que contaba. La castaña por su lado, estaba perfecta en aquel carmesí traje de baño. Aunque la rubia tampoco se quedaba atrás, sólo que para su caso su traje de baño era blanco con líneas gruesas de tono rosa pastel.

—Es como si estuvieran ordenadas de mayor a menor…-soltó Hyuuga sin pensarlo. Grave error. Ahora se encontraba en el suelo, cortesía de Riko.

—Bonito…traje de baño…Riko…-mencionaba con miedo Izuki.

—¿Qué se supone que es eso? –señalaba el de anteojos desde el suelo. Su atención se había posicionado en el ombligo de la rubia. Se trataba de una delicada mariposa de plata coloreada de hermosos tonos azules.

—Un piercing –respondió como sí nada-. Es inoxidable, así que no hay problema con el agua de la piscina.

—Deberías quitártelo, podría ser molesto mientras nadas –agregaba la castaña ya un poco más tranquila.

—Es muy bonito –Momoi se encontraba admirando el pequeño objeto de más cerca-. Quizás debería ponerme uno también.

—Tengo varios por si te decides –mencionó alegremente Axelle.

—De alguna manera…es sensual…-murmuraron Izuki y Hyuuga, sonrojándose tenuemente.

—Kagami-kun…

—¡Te dije que atrancaras bien la puerta! –le regañó más que molesto.

—¡Vayamos a nadar! –indicaba Axelle mirando a sus dos amigas. Simplemente asintieron y empezaron a marcharse de allí. Aunque cierto grupo de chicos se quedó un rato más atrás para "admirar la vista".

—…El verano es lo mejor…-agregaba Hyuuga feliz de la vida. Había renacido y literalmente resplandecía.

—Fue una excelente idea el haber venido –mascullaba sonriente Izuki.

—Aún tenemos tiempo para divertirnos –sonrió burlonamente Aomine.

—Debí haber atrancado la puerta yo –mencionó Taiga con una venita saltada.

Zambullirse en la fría agua nunca sentó tan de maravilla como en ese momento. El calor estaba en su máximo esplendor y toda la gente se encontraba animada, deslizándose de los toboganes, jugando a la pelota o simplemente compitiendo en pequeñas carreras de natación. Todo el lugar rebosaba de actividad y buenas vibras. El verano estaba casi a la vuelta de la esquina.

—Esto se siente muy bien –mencionaba Momoi, reposando sobre una cama inflable.

—La verdad es que es estresante entrenar diariamente con los chicos –Riko prefería mantenerse sobre aquel flotador en forma de dona.

—Yo necesito despejarme o la cabeza me explotará de estudiar todas esas cosas con Aomine-kun –mencionaba la rubia al tiempo que flotaba tranquilamente sobre el agua.

—Escuché que le fue bien en su examen del viernes –mencionaba casualmente la peli rosa-. Creo que has logrado acoplarte a él.

—Digamos que hago una especie de guía de estudio, con resúmenes y explicaciones. Es lo que él estudia.

—Suena demasiado tedioso –suspiraba Riko.

—Al menos con Kagamin es un poco más simple –sonrió felizmente Momoi.

—No sabes la envidia que te tengo, Satsuki-kun –replicó.

—Muchas chicas seguramente desearían estar en tu lugar –lanzaba con burla.

—Dame sus números y yo misma las convenzo para que estudien con Aomine-kun.

—¿No creen que están siendo demasiado infantiles? –la mirada de Riko no era la única que se dirigió hacia donde estaban los chicos. Estaban una piscina adelante, haciendo carreras de relevos y mirando ocasionalmente a alguna chica bonita que se cruzaba en su camino.

—Yo diría que más que nada…están de pervertidos –remataba Momoi.

—Todos no. Kagami y Kuroko no siguen sus malos pasos…Y el pobre de Mitobe-kun sólo es arrastrado por los otros tres –defendía la rubia.

—Tanta razón…Qué pena que los hombres…sean todos iguales…-mascullaba la castaña con frustración.

—Mi madre dice que los hombres son criaturas débiles que flaquean ante un escote pronunciado o un buen trasero. Y seguramente más del 90% de ellos mirará todo tu cuerpo antes de enfocar su atención en lo que les dices. Por lo que estamos observando es un comportamiento normal y no debería de extrañarnos.

—Umm…Olvidaba que tenías esa rara mentalidad…

—Tengo hambre –Axelle no era la única, ellas también estaban igual.

—Me encargué de preparar el almuerzo –sonrió felizmente Riko.

—Yo también hice un poco de comida para los chicos.

Yo…creo que voy a ir a comprar algo…Aomine-kun me dijo que Satsuki-kun es horrible para la cocina y ya he probado lo que Riko hace…

El semblante de todos era de horror puro, como si ante ellos estuviera uno de los asesinos seriales más peligrosos de la historia, a punto de ejecutarles. Y si bien no era el caso, aquellos platillos que lucían traicioneramente bien, podrían llevarles a la muerte.

Todos guardaban silencio mientras tomaban una de las cajas de obento. Se comunicaron entre miradas y simplemente tragaron saliva pesadamente. Había llegado el momento de la verdad. Sólo un auténtico hombre podría hacer lo que ellos estaban a punto de realizar.

Después de las primeras probadas, todo parecía ir bien. Es decir, no había ingredientes fuera de lugar ni tampoco sabores inusuales. ¿Es que ya habían mejorado en el arte de la cocina?

—Sabe bastante bueno –felicitaba Hyuuga.

—Haz mejorado enormemente –contribuía Izuki.

—Lo has hecho bien –halagaba Taiga.

—¡C-Chicos…! –exclamó Axelle viéndoles caer uno a uno, en cámara lenta. Como si hubieran sido guerreros a los que acaban de darles el tiro de gracia.

—Estás loca si piensas que me voy a comer eso –señalaba Aomine la caja de almuerzo que la peli rosa había puesto sobre su regazo.

—Sólo cómetelo, Dai-chan –exigía la peli rosa.

—Ya te dije que no. Si quieres matarme, mejor dame veneno –recriminaba.

—Aprende a Tetsu-kun. Él se está comiendo todo y parece que le ha gustado –mencionaba alegremente la mujer mirando a Kuroko, tan tranquilo y degustando sus alimentos-. Deberías ser más como Tetsu-kun –demandó con las mejillas infladas.

—Sin duda sabe mejor de lo que esperaba –a diferencia del resto, Axelle había ido a comprar algo de comer porque sabía lo que ocurriría con los platillos de aquellas dos mujeres.

—Es cierto, no sabe tan mal. De hecho está delicioso –los palillos del moreno habían logrado hábilmente robar un trozo de la chuleta frita del platillo de Axelle.

—Ey, eso es mío. No te metas con mi comida –dijo, mirándole feo al tiempo que apartaba su plato de él-. Si tienes hambre come de lo que Satsuki-kun te hizo –sonrió burlonamente.

—No seas envidiosa –espetó intentando robar otro trozo de carne. Lo había logrado sin problema alguno-. Igualmente tú traes dinero.

—Pues debiste de haber traído tú también –señaló a la vez que engullía otro trozo de chuleta. No podía competir con la velocidad de aquel chico, por lo que su preciada carne estaba desapareciendo rápidamente.

—Dai-chan, no tienes decencia alguna –fueron las dulces palabras de la peli rosa antes lanzarle aquella enorme piña al moreno. ¿Piña? ¿Por qué demonios llevaban una piña sin pelar con ellos?

—¡¿Qué estás haciendo, Satsuki idiota?! –allí estaba reclamándole sin tregua alguna.

—…Mi chuleta…-sollozaba la rubia-. Iré a comprar algo más…Porque "alguien" devoró la mía.

—No olvides traerme algo –soltó cínicamente el moreno.

—¡Ah no, Aomine Daiki! Si quieres algo vienes, no voy a ser tu mandadera.

—¿Vas a empezar a fastidiarme si no voy, cierto? –suspiró cansadamente. Ya sabía que no había mejor persona para las batallas verbales que esa mujer-. Pero quiero un poco de Tonkatsu.

—Tú sólo muévete y ya –soltó con malhumor la rubia tras marcharse en compañía del moreno.

—¿No crees que se llevan un poco mejor que antes? –decía Momoi al tiempo que no les quitaba la mirada de encima. Continuaban riñendo sobre la chuleta.

—En cierto modo es así –indicaba Riko.

Un par de asientos libres yacían justamente en la barra de aquel modesto restaurante. Siendo más que perfectos para ellos. Agradecían que los meseros estuvieran haciendo su trabajo eficientemente pese al gran número de personas que allí habían.

—Esto sabe muy bien –comentó Axelle tras sorber un trago de su fría naranjada.

—¿No has pedido mucha comida?

—¿Eres mi nutriólogo o qué? Sabes que no me interesa cuidar mi figura –señaló, mirándole de reojo-. Y tengo mucha hambre por estar nadando.

—Satsuki se estaría muriendo si se enterara que ha subido de peso –mencionaba burlonamente mientras bebía de su refrescante bebida de piña.

—Espero los chicos se recuperen de la comida de Riko y Satsuki-kun –comentó con una pequeña gota de sudor recorriéndole la cien-. Otra vez les puso vitaminas y proteínas a la comida…

—Me sorprende que no hayan muerto antes –les daba un poco de pena el caso de esos pobres chicos.

—Al fin está nuestra comida.

—Aquí tiene su Okonomiyaki estilo Kansai y Hiroshima. Dos órdenes de Tonkatsu, su Sashimi y su Takoyaki –enlistó el mesero. Frente a ellos se encontraban esos deliciosos platillos; olían deliciosos.

—Posiblemente pedimos de más –Axelle había iniciado con su okonomiyaki-. ¡Delicioso! Estoy ansiosa por aprender a cocinar este tipo de cosas.

—Mi madre dijo que podría enseñarte si es que todavía tienes tiempo después de que termines de estudiar –mencionaba al tiempo que disfrutaba cada trozo de aquella exquisita chuleta.

—¿De verdad? –le miró con ilusión-. Estaría más que feliz de aprender de ella. Cocina muy bien. Tienes mucha suerte de comer todos los días ese tipo de comida.

—Bueno, es normal –mencionó.

—Lo sé –suspiró-. Tiene más de los que imaginaba –aquellos trozos de calamar pendían entre sus palillos de madera-. Ungh…

—¿No te gustan? –y ella simplemente negó con un suave movimiento de cabeza-. Ya se me hacía raro que todo pareciera gustarte.

—¿Los quieres?

—Yo no tengo nada en contra de los calamares –agregó.

—Gracias –ya había depositado los trozos de calamar en el plato del moreno.

—¿Te molesta que tome algo de ese sashime?

—Adelante –ella continuaba degustando su deliciosa comida-. Por cierto, ¿ya estás mejor de tus heridas, no?

—Prácticamente ya no me duelen. De modo que terminando los exámenes volveré a la práctica.

—Eso significa que yo también volveré –se lamentó. Pero bueno, no era tan malo después de todo-. Todo sea porque Riko no se enfade conmigo.

—Hasta Tetsu se burla de que no corres mucho –allí estaba aquella sonrisa socarrona tan propio de él.

—La última vez corríamos al mismo ritmo.

—Lo cual tampoco es bueno ni digno de presumir –continuó burlándose.

—Me caes mejor cuando estás calladito –indicó con una sonrisa burlona. Ya se había encargado de callar al moreno. ¿Pero cómo no guardar silencio cuando le había atipujado bolita de pulpo?

Lo mismo digo de ti –sí, él tampoco se había quedado de manos cruzadas. Dentro de la boca de la chica yacía con un trozo de pescado crudo.

Sin embargo, su pequeño juego de comida cesó en el instante en que escucharon aquel sonido. Era imposible no reconocerlo.