N. de A.
Contestaré mensajes lo más rápido que pueda, porque últimamente no dispongo de mucho tiempo, pero os responderé, eso dadlo por hecho.
Hope metió un dedo en el cemento y comprobó que sus advertencias eran ciertas: la masa estaba demasiado seca.
—Le falta agua a la mezcla, chicos. Mira que os lo dije. Poco agua para tanto cemento.
—Maldición –gruño Sazh soltando la pala con la que había hecho la mezcla—. Siempre nos pasa algo. ¿Por qué no compramos una parrilla eléctrica? Total, para freír cuatro filetes…
—Ya se está quejando el abuelo –dijo Snow poniéndose de pie—. Si está seco, se le echa agua y ya está.
Snow se marchó hacia la fachada trasera de la casa y empezó a desenroscar la manguera que colgaba de la pared. Abrió el grifo y comenzó a arrastrar el tubo de plástico por todo el jardín hasta llegar al lugar de construcción.
—Apartaros de ahí –dijo Snow mientras quitaba el bloqueo de la boca de la manguera.
—Tienes que tener cuidado, Snow –advirtió Hope—, si le echas demasiada…
—¡Va!
Un potente chorro de agua a presión salió del tubo e impactó de lleno contra la mezcla, que comenzó a desmoronarse.
—¡Estas loco! –gritó Sazh arrebatándole la manguera—. ¿Ya te has quedado a gusto, héroe?
—¡Oh, mierda, Snow, mis pantalones! –se quejó Noel, que se había puesto perdido con las salpicaduras.
—Has echado a perder la mezcla, ahora está demasiado aguada –dijo Hope mosqueado.
—¡Eh! Queríais agua ¿no? –protestó Snow señalando la masa viscosa en la que se había convertido el cemento—. De todas maneras, se puede arreglar. Solo hay que echarle más arena.
Snow agarró el saco de arena y lo inclinó sobre el cemento.
—¡Eh, espera, no puedes echarla a ojo…! –advirtió Sazh, pero ya era demasiado tarde.
—Confiad en mí –dijo Snow removiendo la mezcla con una pala—. Yo era quien se encargaba de estas cosas en Nuevo Bodhum.
Hope se levantó del suelo. Al igual que Noel, las salpicaduras también lo habían alcanzado, aunque no lo habían manchado tanto como al chico. Se sacudió los vaqueros y la camisa, intentando en vano quitarse las manchas de cemento.
—Por culpa de esta cosa tenemos que cambiarnos todos los días de ropa dos veces.
—¿Qué más da? Se lava la ropa y ya está.
—Ves las cosas demasiado fáciles, Snow –protestó Hope.
—¡Y vosotros las veis demasiado difíciles!
Enfadado, Snow vertió una gran cantidad de cemento.
—Apartaros de aquí. Voy a hacer esto yo mismo, y cuando lo haya terminado, os prometo que ninguno de vosotros tocareis jamás una hamburguesa que salga de aquí.
—Créeme, solo me bebí un vaso, pero no sé que me pasó…
Claire miró a Serah esperando que esta se convenciera de que apenas había probado alcohol ayer, pero su hermana, en vez de decirle que la creía, siguió pendiente de la carne que tenía en el fuego. Todas las chicas estaban reunidas en la cocina *, preparando el almuerzo de ese día. Incluso Claire tenía una tarea que hacer: cortar patatas. Si había algo que se le daba realmente bien en la cocina era el manejo de los cuchillos.
Había aprovechado esa situación para mejorar las cosas con Serah. Ella le había dicho que no hablarían hasta que aceptará a Noel, pero se refería a la boda, así que mientras no sacara a relucir el tema del padrino, las cosas irían bien entre ellas dos.
—¿Solo un vaso? –preguntó Serah tras una breve pausa.
—Sí, así es. Sabes perfectamente que no me gusta beber.
Serah levantó la vista de la sartén y he hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—Tienes razón. Te conozco bien y apenas te he visto probar el alcohol salvo en días especiales, pero entonces…
—¿Entonces qué?
Serah sacudió la cabeza y comenzó a darle la vuelta a los trozos de carne.
—No te gusta beber, pero tampoco eres una cría. No te pasó nada bebiendo el licor de Baco que nos sirvió Snow el otro día, ¿cómo pudiste emborracharte entonces con un solo vaso?
Claire se quedó callada. Su hermana tenía razón. El vino que les echó Snow en las copas era alcohol puro, y aunque ella no tomaba bebidas alcohólicas podía soportar perfectamente una copa o dos. ¿Cómo se le había subido tan rápido el alcohol anoche?
—Quizá yo pueda daros una explicación –intervino Fang, que estaba sentada en la mesa del salón cortando carne.
Claire y Serah la observaron, deseosas de conocer aquella explicación.
—Claire tiene razón, solo se tomó un vaso ayer. Aunque ese vaso se lo llené un par de veces mientras no miraba.
Claire sintió unas repentinas ganas de gritarle a Fang. Así que ella había sido la culpable de que esa mañana se levantara con resaca.
—¿Me llenaste el vaso sin decirme nada? –exclamó furiosa.
Fang se encogió de hombros y siguió con su tarea de trocear la carne.
—Yo no tengo culpa de que no te dieras cuenta de ello, cualquiera con dos dedos de frente lo habría notado. Además, debes de ser la única persona que resiste el alcohol mucho menos que Vanille.
—¡Eh! –protestó la pelirroja, que estaba añadiendo especias a una olla.
—¡Vaya amiga! –dijo Claire enfadada.
Serah apartó la sartén del fuego, echó el contenido en la olla que estaba preparando Vanille y se dirigió a Fang.
—¿No dijisteis que habíais estado dentro? –preguntó con incredulidad.
—Claro –respondió Fang desconcertada—. Nadie ha dicho lo contrario.
—Has dicho que le rellenaste la copa a Claire un par de veces. En nuestro bar son los camareros quienes hacen eso.
Menuda metida de pata, pensó Claire observando a Fang, que se había quedado muda. Serah era muy inteligente y no se le escapaba nada.
—Bueno…Vale, lo admito, estuvimos fuera –dijo Fang levantándose de la mesa.
Claire se preguntó que diablos iba a hacer. ¿Le confesaría todo a su hermana o improvisaría alguna excusa?
—Estuvimos fuera –repitió la mujer de Pulse—, pero esa no era nuestra intención.
Fang se acercó a Serah y la rodeó con un brazo, dándole la espalda a Vanille, que estaba absorta en su tarea de preparar el estofado.
—Estábamos cenando tranquilamente dentro, pero Vanille y Hope estaban, como decirlo, bastante juntitos charlando, ¿me entiendes? Así que Light y yo decidimos darles un poco de intimidad yéndonos fuera –explicó Fang en voz baja, procurando que Vanille no se enterase de nada.
Serah susurró un "ah" y asintió un par de veces mientras decía "claro, claro"
Fang le sonrió y apartó el brazo de sus hombros.
—Vaya, no sabía que ellos dos…—murmuró Serah señalando a Vanille, que ignoraba que estaban hablando de ella.
—Sí, desde que estamos en el Nido, pero no comentes nada, ¿eh? Todavía no se han confesado lo que sienten.
—Ah, vale –Serah se acercó a su hermana, le colocó una mano sobre el brazo y se lo acarició—. Ahora entiendo todo. Fue un gran detalle que os fuerais. Perdóname por dudar de ti, Claire.
Claire le dijo que no pasaba nada y sacó un montón de patatas de una cesta.
Mientras les quitaba la piel, Claire comenzó a sentirse mal por lo que acaba de pasar. Se había salvado por los pelos gracias a la explicación de Fang, pero para ello había tenido que mentir a su hermana diciéndole que habían salido afuera por Hope y Vanille, cuando la verdad era que no había pisado el bar en ningún momento.
Además, Fang le había chivado los sentimientos que sentían Hope y Vanille. ¿Y si estaban equivocadas y solo se querían como amigos? Era poco probable, pero aún así no tenía que haberlo dicho a espaldas de ellos dos.
—¡Ya está! –exclamó Vanille en la otra punta de la cocina—. Las especias ya están echadas. ¿Queda algo por hacer?
Claire observó los kilos de patatas que tenía que pelar. Estuvo a punto de decirle a la chica pelirroja que le echara una mano, pero entonces se acordó de Yeul. La antigua oráculo estaba en un rincón de la sala, rayando zanahorias. Era una persona muy tímida y callada por lo que su presencia solía pasar inadvertida.
—Puedes ayudar a Yeul –dijo.
—¡Vale!
Vanille se fue hacia ella, pero Yeul sacudió la cabeza y murmuró en voz muy baja:
—No hace falta, gracias.
Aún así Vanille se sentó a su lado y comenzó a ayudarle.
Claire se quedó mirando fijamente a la amiga de Noel. Sabían por boca del chico que era una chica de pocas palabras, pero eso no significaba que no pudiera entablar amistad con el resto de mujeres. Claire entendía un poco a Yeul; cuando vivía en Bodhum siempre mantenía una actitud fría y distante con los desconocidos, pero aún así se comunicaba con el resto de las personas y era capaz de tener algún que otro amigo, como su superior Amodar, pero Yeul…Hablaba mucho menos que ella cuando era soldado.
Serah pareció leerle la mente, pues se giró hacia la chica y le preguntó:
—Ey, Yeul.
—¿Hum?
—¿Ya sabes que vestido te vas a poner para mi boda?
Yeul levantó la vista de la zanahoria que estaba rayando y murmuró un "no" casi inaudible.
—¿No tienes algún color en mente? –preguntó Serah tratando de sacarle una conversación—. ¿Ningún color favorito?
Yeul se quedó pensativa un buen rato y contestó:
—El azul. Si tengo que elegir un color elegiré el azul.
Serah frunció el ceño y Claire supo que estaba pensando que un vestido de color azul no combinaba con su cabello, del mismo color.
—¿Y porqué el azul?
Yeul bajó la mirada hacia la mesa y la mantuvo allí un buen rato. Justo cuando pensaban que no iba a contestar, habló con una voz carente de emoción:
—Por Noel. El azul me recuerda a Noel. Y es su color favorito.
Tras decir aquello, la cocina se sumió en un profundo silencio. Todas las mujeres miraban fijamente a la chica, incluida Claire. Aquella muestra de afecto hacia Noel por parte de Yeul había sorprendido a todas.
Antes de que alguien se atreviese a hablar, la puerta trasera de la casa se abrió, y por ella aparecieron Hope y Noel. Claire observó los pantalones de los dos muchachos. Hope llevaba puesto unos vaqueros y apenas se notaban en la tela las manchas de cemento, pero Noel tenía unos pantalones de color claro que necesitaban un lavado urgente.
—Que bien huele –dijo Noel olisqueando el aire.
—Gracias –respondió Serah en tono jovial—. ¿Cómo va la…? –Antes de que pudiera terminar la frase, Hope le puso las manos en los hombros.
—Hazme un favor, Serah. No pronuncies esa palabra cuando yo esté delante.
Serah, totalmente desconcertada, asintió con la cabeza.
—V—vale.
—Gracias. Bajaré dentro de unos minutos –dijo Hope mientras se marchaba de la cocina—. Primero voy a cambiarme de pantalones.
El chico subió los escalones con rapidez, dando fuertes zancadas. Era evidente que estaba enfadado por la barbacoa.
—Veo…que no ha ido nada bien –comentó Serah a Noel.
Este realizó un gesto afirmativo con la cabeza y señaló el jardín.
—Las instrucciones no se entienden y Snow quiere hacer las cosas a su manera. El resultado es lo que ves a través de la ventana. Un cuadrado de cemento y un par de ladrillos que seguramente haya que quitar porque no están en el sitio correcto.
Claire echó un rápido vistazo a donde indicaba Noel. Snow y Sazh seguían allí, discutiendo sobre como seguir el trabajo. Lo que había dicho el muchacho era verdad: solo había cemento y unos cuantos ladrillos, nada más.
—¿Qué misterio tiene una maldita barbacoa? –preguntó a Noel—. Solo hay que hacer unas paredes de ladrillo y después poner el hierro donde va la carne. Eso es todo.
—No es tan fácil. Primero hay que poner…—Noel paró a mitad de la explicación y realizó un ademán de cansancio—. Ah, no puedo explicártelo porque yo tampoco lo entiendo. Yo solo me limito a poner ladrillos donde haga falta.
Claire entrecerró los ojos y miró de nuevo el jardín. No estaba muy segura, pero se veía capaz de terminar aquello sin ayuda de los chicos. Al menos le gustaría más que estar en la cocina, donde se sentía como un pez fuera del agua.
—¿Snow y Sazh piensan quedarse ahí mucho tiempo? –preguntó Serah.
—Ni idea. Yo ya estaba cansado y me vine.
Tras decir aquello, Noel se acercó hacia Yeul y se colocó detrás de ella, posando una mano sobre su hombro.
—¿Qué estás haciendo? –le preguntó inclinando su cabeza hacia ella.
Yeul le sonrió y le mostró las verduras.
—Ayudando a realizar el almuerzo.
—¿Daremos hoy una vuelta por el pueblo?
—Está bien.
Noel le apartó un mechón azulado de la oreja y le susurró algo al oído, provocando que Yeul se riese por primera vez en todo el día.
—Bien, esta tarde iremos al pueblo –sentenció Noel, acariciándole el hombro a Yeul.
Claire, que se había quedado observandolos por el rabillo del ojo, volvió a su tarea de pelar patatas. Era tan extraño ver a Yeul comportándose de esa manera que era difícil no quedarse mirandolos.
—Ey, Noel –dijo Serah a su lado.
—¿Sí? –contestó el chico.
—Ya que eres más alto, ¿puedes acercarme la sal de ese mueble?
—Por supuesto.
El muchacho se acercó rápidamente a Serah y estiró un brazo para coger el bote transparente que contenía la sal. Se lo entregó a Serah, que le ofreció una sonrisa.
—Gracias, Noel.
—De nada. ¿Cómo estás de la garganta?
Serah arqueó las cejas, sorprendida.
—¿La garganta?
—Esta mañana dijiste que te dolía…
—Oh, ya. Estoy mejor, muchas gracias por preguntar.
—De nada –dijo Noel sonriente—. ¿Qué estás preparando?
—Un guiso de carne. Algo sencillo.
—Pues huele muy bien.
—Gracias, pero lo probarás a la hora del almuerzo, como todos –rió Serah.
Noel se cruzó de brazos y puso cara de fastidio.
—No sé si podré esperar tanto teniendo este olor por toda la casa.
Serah dejó la olla a un lado y señaló el techo.
—Pues sube a cambiarte de ropa cuanto antes y así no tendrás que aguantar el olor. Venga, rápido.
Noel soltó una carcajada, se puso firme y se llevó una mano a la frente a la manera de los soldados.
—A sus órdenes –dijo antes de salir de la cocina.
Cuando el chico se hubo marchado escaleras arriba, Claire observó a su hermana, que seguía sonriendo. Muy diferente era la expresión de Yeul, que tenía la mirada fija en Serah.
Hope se zampó el almuerzo a toda prisa, lavó sus cubiertos en el fregadero y corrió escaleras arriba para limpiarse los dientes. Cogió su cepilló del vaso, le echó una buena cantidad de pasta dentífrica y comenzó a cepillarse con energía. Estaba ansioso por volver a reunirse con Vanille. Esa mañana había tenido la desafortunada visita de Snow pero esa tarde se aseguraría de que nadie los molestara. Le pediría dar una vuelta por los viñedos que rodeaban la casa, o quizá le ofrecería dar un paseo por el pueblo en coche. Daba igual, de cualquier manera estarían solos y él podría por fin decirle lo que de verdad sentía.
Hope se enjuagó la boca, escupió la espuma y se miró en el espejo del cuarto de baño. Tenía el pelo bien cuidado y se había bañado y afeitado esa mañana, así que solo le faltaba echarse colonia y estaría listo para su cita.
Corrió a su dormitorio y buscó sus botes de perfume por el armario. Mientras lo hacía, un pensamiento cruzo su mente. ¿Y si Vanille no sentía lo mismo por él? Recordó lo que había ocurrido en los montes de Yaschas, cuando le había dicho a Vanille que su sonrisa le hacía feliz. Ella se había llevado las manos a la cara y le había dicho que no sabía que sentía eso por ella. ¿Y si después de todo ella solo quería que fueran amigos? Aquello le provocó un escalofrío por toda la espalda. De repente, ya no estaba tan seguro de sí mismo. Cabía la posibilidad de que a la hora de besarla, ella se apartara…Si eso llegaba a ocurrir, cavaría un agujero con los dedos hasta salir en el otro extremo del mundo.
Hope se sentó en su cama y entrelazó sus manos. Ya no tenía tantas ganas de acudir a su cita. Quería a Vanille, pero no solo como una amiga…
Las voces de sus compañeros abajo en el salón lo sacó de su ensimismamiento. Hope se levantó de un salto del colchón y se alisó la camisa. Acudiría a la cita. Habían estado a punto de besarse esa mañana, si Vanille solo lo hubiera querido como amigo, no le habría dicho nada acerca de encontrarse esa misma tarde.
Hope salió de la habitación al mismo tiempo que Noel. Este llevaba colgado al hombro un pequeño macuto.
—¿A dónde vas? –preguntó Hope señalando con el mentón el macuto.
—Al pueblo, he quedado con Yeul.
—Quizá nos veamos por ahí. Yo también he quedado con Vanille.
Noel se detuvo antes de llegar a las escaleras.
—¿Con Vanille? Creí que había salido con Fang.
—¿Con Fang? –preguntó Hope atónito—. ¿Cuándo ha dicho eso?
—Hace unos minutos, después del almuerzo. Fang le dijo que si le gustaría salir y Vanille dijo que sí.
Hope soltó una maldición en voz baja y miró escaleras abajo.
—¿Se han ido ya?
—Lo desconozco.
Hope se lanzó corriendo hacia las escaleras sin mirar siquiera donde apoyaba los pies. Bajó los últimos escalones de un salto y buscó por todo el salón a Vanille. Las únicas personas que estaban allí eran Claire, Serah, Sazh y Dajh, todos mirándole como si se hubiera vuelto loco.
—¿Dónde está Vanille? –preguntó Hope a Claire.
—Acaba de salir –contestó su amiga, señalando la puerta de la entrada.
Hope fue hacia la puerta y salió al exterior, justo a tiempo para ver como Fang y Vanille se alejaban por la carretera de tierra en dirección a los campos de vides.
—¡Vanille, espera! –gritó mientras se echaba a correr.
Vanille escuchó su nombre y se giró. Al verlo, agarró el brazo de su amiga y la detuvo, señalando con la otra mano a Hope. Este, al llegar a ellas, se apoyó en las rodillas y respiró hondo, recuperándose del esfuerzo.
—¡Hope! –exclamó Vanille, acariciándole la espalda—. ¿Qué ocurre?
Hope alargó una mano hacia ella y le sujetó el brazo.
—¿No habíamos quedado esta tarde?
Vanille arqueó una ceja y miró en dirección a la casa.
—Sí, y se lo dije a Fang, pero Snow me dijo que tú ibas a ponerte con la barbacoa esta tarde.
Hope frunció el ceño y levantó el puño.
—A la mierda la barbacoa. Hemos quedado, y eso es mucho más importante.
Vanille sonrío y soltó una risita, después miró a su amiga y se encogió de hombros. Fang soltó un fuerte suspiro y alzó las manos con impotencia.
—Está bien, está bien, idos los dos juntitos por ahí, yo me quedaré hoy en casa. Supongo que tendré que echarme una siesta, o tragarme la aburrida programación que ponen en la tele por las tardes. Da igual, en todo caso divertíos.
N. de A.
Como mujer que soy que odia cocinar (bueno, si es algo que me voy a comer yo sola no me importa preparármelo, la verdad), debo deciros que más adelante serán los hombres quienes se pongan el delantal, así que no os sulfuréis que esto de las mujeres-cocina y hombres-albañilería está hecho a posta XD Bueno, hasta la próxima.
