Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.

Damage Points

Capítulo X:

«Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro». Descartes.

Kurt se tomó su tiempo para volver a pensar racionalmente, sacudiendo las palabras de Blaine de su cabeza con una dificultad extraordinaria, sabiendo que no era el mejor momento para analizarlas. Cuando los suaves ronquidos de Blaine comenzaron a hacerse audibles contra su cuello, Kurt consideró las posibilidades. Sabía que lo más sencillo era dejar al joven en el sofá e irse a su casa en un taxi, pero no podía dejarlo así; en caso que los padres de Blaine regresaran a casa antes que él se levantara… realmente no podía imaginarse las consecuencias. Y no era que al joven Hummel le importara Blaine. En absoluto. Simplemente… después de sus palabras, de alguna forma, se sentía en falta con él. A pesar de todo, no podía dejar de sentir que eran los primeros pensamientos honestos que había escuchado de los labios del moreno desde que se habían conocido. Que, incluso detrás de esa fachada de arrogancia, había una persona que sentía y sufría como los demás.

Kurt le dio un vistazo a las escaleras, gimiendo suavemente. ¿No podía tirar a Blaine hasta el sótano y sacarlo de allí el lunes? Con lo ebrio que estaba, incluso era posible que aún estuviera dormido cuando volviera a buscarlo.

—Blaine… —susurró, intentando despertarlo. Sacudió un poco su hombro derecho—. Blaine… necesito que me des una mano aquí.

El joven, aún recostado sobre su cuerpo y con la cabeza oculta en el hueco de su cuello, alzó una mano ausentemente. Kurt le dio una sonrisa irónica.

—Oh, muy gracioso —masculló—. ¿Crees que podrás darme tus dos piernas también y moverlas hacia las escaleras?

De alguna forma, Blaine siguió los pasos de Kurt, reacio a abandonar su hombro como confortable punto de apoyo para su cabeza. Las manos del muchacho se treparon por la cintura del más alto, aferrándose a ella para sostener su propio peso, haciendo también el camino hacia arriba mucho más trabajoso. Con pasos de tortuga, consiguieron dirigirse hacia las escaleras y Kurt tuvo que guiar a Blaine para trepar por los escalones, como si se tratara de un pobre niño que recién está dando sus primeros pasos. El joven Hummel nunca había tenido que lidiar con sus amigos ebrios, he hizo una nota mental para evitar hacerlo en un futuro. Debía mantener a New Directions lejos del alcohol.

El castaño tuvo que patear la puerta de la habitación del hijo de los Anderson para entrar, manteniendo todo el peso con un pie y corriendo peligro de terminar en el suelo. Haciendo una maniobra digna de un integrante de circo, el joven más alto consiguió deslizar a Blaine dentro de la habitación y salir ileso en el proceso. El otro muchacho no había abierto la boca durante el camino, pero tampoco parecía muy dispuesto a hacer algo en absoluto.

En la oscuridad, Kurt intentó encontrar la cama de Blaine. Prácticamente tuvo que acostarse también para poder acomodar al joven en su lugar, ya que el moreno parecía totalmente reacio a soltar su cintura o a retirar la cabeza de su cuello. Se inclinó todo lo que pudo, hasta que el cuerpo de del joven Anderson tocó la superficie. Kurt quedó elevado a una distancia mínima entre ambos.

—Ya puedes soltarme, Blaine —murmuró, incómodo.

—No quiero.

Kurt estaba a punto de decir algo, pero se lo reservó. Posiblemente era como discutir con un niño pequeño. Apoyó una rodilla sobre la cama, ya que la espalda comenzaba a dolerle por la posición en la que se encontraba. Su cuerpo seguía inclinado sobre el de Blaine, mientras la nariz de este aún le hacía cosquillas en el cuello. Era extraño. Y molesto.

—¿Qué tal si te voy a buscar un poco de agua? —sugirió.

—No lo entiendo —susurró Blaine, haciendo que Kurt frunciera el ceño—. ¿Qué tiene que no tenga yo?

—¿Minerales? —replicó el joven, con una mueca, totalmente perdido dentro de la conversación.

—¿Por qué no puede… simplemente…? —masculló—. Dios, odio esto.

—¿Seguimos hablando del agua aquí? —preguntó Kurt como quien no quiere la cosa. Casi sin darse cuenta, Blaine aflojó un poco su agarre y el otro muchacho se encontró a sí mismo apartando los cabellos del rostro trigueño, que habían escapado del peinado por completo. De alguna forma, el joven frente a él ya no parecía el pedante ególatra que veía todos los días; en aquella ocasión, parecía sólo… algo solitario.

—Kurt, duerme conmigo —pidió de la nada—. Por favor.

—No voy a dormir contigo, Blaine —aseguró el castaño firmemente, sintiendo que sus mejillas se encendían ante la persistente mirada. El joven Anderson parecía reacio a quitarle los ojos de encima y la distancia era demasiado escasa como para correr riesgos—. Pero puedo quedarme aquí hasta que te duermas, ¿te parece?

El joven Hummel se encontró a si mismo pasando su mano por la cabeza de Blaine, enredando sus dedos despreocupadamente en los mechones oscuros, mientras las manos del moreno aún lo tenían atrapado por la cintura. De cualquier forma, el muchacho de ojos avellana parecía estar disfrutándolo —sus ojos se encontraban entonces cerrados y había una expresión relajada en su rostro— y Kurt estaba seguro que no recordaría mucho al día siguiente. Además, siempre podía echarle la culpa al alcohol. En aquel momento, se sentía… simplemente correcto. Cuando la luz del día llegara, podrían volver a ser el frío Kurt Hummel y el estúpido Blaine Anderson.

—Gracias, Kurt —balbuceó el moreno, y el joven de ojos claros no supo si estaba despierto o hablando en sueños.

—Duerme, por favor.

Los dedos de Kurt seguían pasando por los ensortijados cabellos, hasta que sintió la cálida mano de Blaine deteniendo el trayecto. Aún con los ojos cerrados y una expresión relajada, Blaine entrelazó sus dedos con los del pálido muchacho, que se encontraba helado, mientras observaba la escena como un mero espectador imparcial. El pulgar del joven Anderson comenzó a trazar ausentes círculos sobre su mano y Kurt… simplemente se sintió atraído por el mero gesto. No era Blaine, no era atracción ni mucho menos, sino sólo… Bueno, todo aquello era nuevo para él. En sus dieciséis años, jamás había sabido lo que era sostener la mano de alguien más, velar su sueño y poder observar la pacífica respiración o esa tranquilidad en las masculinas facciones. Por aquella noche, Kurt quería olvidarse que aquel era el idiota que se escondía del resto y que no hacía más que incordiarlo. Por aquella noche, quería creer que el destello de honestidad que había visto sobre Blaine era la verdad sobre su personalidad.

Porque Kurt Hummel no era un idiota. Sabía que había algo ambiguo en el comportamiento de Blaine que era totalmente desconcertante. Él, honestamente, no tenía mucha experiencia con el asunto del alcohol, pero sabía que el desenfado y la sinceridad eran condimentos esenciales. Todo lo que Blaine había dicho aquella noche había sido sincero, había sido un pequeño destello de franqueza entre medio de esa fachada desagradable que mostraba todos los días.

Atrapando a Kurt distraído en sus pensamientos, los ojos de Blaine se abrieron momentáneamente y la otra mano, que finalmente liberó su cintura, se alzó torpemente, hasta alcanzar el rostro del joven pálido. El muchacho se tensó automáticamente cuando sintió que Blaine lo impulsaba hacia abajo para poder estar más cerca de él, su corazón latiendo como loco. El castaño apretó los labios como acto reflejo, mas se llevó una gran sorpresa cuando la boca de Blaine alcanzó su mejilla. Un beso suave fue depositado sobre la sonrojada piel del lado derecho de su rostro, y luego el moreno volvió a dejar su mano caer sobre el colchón, cerrando los ojos y con una pequeña sonrisa sobre sus labios.

—Gracias..., Kurt.

El joven Hummel se quedó observándolo, incapaz de decir nada y con el corazón aún latiendo a una velocidad increíble, mientras la mano de Blaine aún seguía aferrándose a la suya. La respiración se quedó atascada en su garganta por más tiempo del debido, aún cuando había hecho de la cercanía algo prudencial, quitándose de arriba de Blaine y sentándose junto a la cama.

Después de unos cuantos minutos allí, habiéndose asegurado que Blaine ya estaba profundamente dormido y que él mismo ya se había calmado de la… impresión, Kurt se dirigió a la planta inferior. Sin analizarlo mucho, cogió una cubeta y sirvió un poco de agua en un vaso antes de volver a subir. Si el moreno se sentía mal al otro día —estaba totalmente seguro que lo haría—, por lo menos no tendría que andar corriendo por la casa para expulsar los vestigios de aquella mala noche. O quizás sólo lo hacía para no sentirse culpable al dejarlo solo.

Blaine roncaba suavemente, acostado con los párpados apuntando al techo y los brazos entrelazados sobre su cintura. Kurt lo cubrió con una manta distraídamente y lo dejó allí, volviendo a apartar los rizos que parecían querer adherirse recelosamente a su frente. Quizás hubiese sido una buena idea cambiarle la ropa húmeda, pero era algo que el joven Hummel no estaba dispuesto a hacer, por lo que esperaba que la pesada manta y el calor de la casa fuesen suficientes para evitarle pescar un resfriado. Apoyando su mano en la cabeza de Blaine y dejando una última caricia distraída, el joven se retiró, dispuesto a regresar a su casa. Estaba seguro que dormir sería difícil —imposible, de acuerdo con su pesimista estado de ánimo—, pero prefería no preocupar a su padre. Además, velar el sueño de Blaine no era la mejor opción.

Sin embargo, cuando estaba por dejar la casa, recordó un pequeño detalle: había ido hasta la casa de Blaine con su auto y no había pensado en que, luego, tenía un viaje lo suficientemente largo como para gasta un dineral en un taxi, y era demasiado tarde como para usar el transporte público. Suspirando, pensó en llamar a Finn y decirle que lo pasara a recoger, pero estaba seguro que también tendría sus problemas con todo el grupo de New Directions, cuya cantidad de alcohol en sangre posiblemente serviría para prender fuego todo Ohio. Sacó el móvil de su bolsillo, observándolo pensativamente. Eran las dos de la mañana, por lo que no podía llamar a su padre. Ladeó la cabeza y se dirigió al guardarropas, buscando algo sobre lo que dormí. Algunas de aquellas mantas harían el papel de cama. Podría haber sido peor.

Con dedos ágiles, Kurt tecleó velozmente en su móvil un mensaje para Finn y otro para su padre. Al primero le avisó que ya estaba bien y le deseó suerte con el grupo. A Burt, por otra parte, le dijo que había llevado a Blaine, que estaba algo ebrio, hasta su casa, y que se quedaría a dormir allí para evitar tener que andar movilizándose innecesariamente a la madrugada. No esperaba respuesta de su padre, por lo que no le sorprendió, mientras armaba la segunda cama de la habitación, que un escueto mensaje de Finn fuese el único que llegara. Su padre ya vería su aviso a la mañana siguiente y, si tenía algo de suerte, lo comprendería. Aunque no estaba del todo seguro, especialmente por el alcohol involucrado.

Después de dejar su teléfono móvil sobre la mesa de noche, Kurt suspiró sonoramente. Luego se acercó al armario y, evitando quedarse observando la ropa, se puso en puntillas para alcanzar un cobertor.

Esperaba que todas aquellas molestias por Blaine, por lo menos, valieran la pena. Aunque parecía absurdo imaginar algún tipo de redención por parte del joven Anderson, Kurt no podía dejar de pensar en los hechos de aquella noche, en las palabras del moreno y en la nueva cara que había visto, en todo aquello sobre él que había ignorado. De alguna forma, el joven Hummel tenía la esperanza que aquella faceta durara más que los efectos del alcohol en el cuerpo de Blaine.

—Yo debo estar loco —murmuró Kurt, mientras se quitaba el jersey y se sentaba sobre las mantas para sacarse también las botas.

Resignándose a dormir con aquella camisa y los ajustados pantalones, el muchacho se acostó y se cubrió con la frazada. Giró sobre su cuerpo para echarle una última mirada al joven Anderson, que aún roncaba suavemente y cuyas mejillas sonrosadas aún brillaban por la luz de la ventana.

Era una lástima que Blaine, como Cenicienta, perdiera la magia después de unas horas.

En cuanto su cabeza tocó la almohada, Kurt se durmió profundamente. Por supuesto, su sueño estuvo muy lejos de ser reparador, ya que, a las pocas horas de haberse acostado, el insistente tono del teléfono lo sacó de los brazos de Morfeo. Por supuesto, no tenía que ser un genio para saber que se trataba de su padre y que, claramente, no debía estar feliz.

Kurt tomó el móvil, echando una distraída mirada a Blaine, que seguía despatarrado en su cama y durmiendo profundamente.

—¿Papá? —susurró, mientras salía.

Kurt Hummel, ¿dónde estás?

El muchacho suspiró antes de dar una detallada explicación de la noche, asegurándole a su padre que todo estaba bien, que todas las partes de su cuerpo se encontraban en el lugar que le correspondían y que él y Blaine habían dormido en camas separadas. Por supuesto, se mordió la lengua después de aquella afirmación, agradeciendo que su padre prefiriera evitar el tema. Para los ojos de todo el mundo, Blaine Anderson era perfectamente heterosexual y nada tendrían que hacer ellos dos, juntos en una cama.

El joven se sonrojó, mientras repetía:

—Estaré en casa en una hora, papá.

Kurt se apoyó en el marco de la puerta de la habitación de Blaine, echándole una última mirada al muchacho. Tomando sus cosas, se calzó y se abrigó, dispuesto a irse. Absorbió por última vez la inocencia y tranquilidad del rostro dormido, sabiendo que difícilmente volvería a tener tal imagen del joven sobre la cama.

Sin embargo, mientras salía de la casa, Kurt tuvo una sensación extraña. Posiblemente, era la primera vez que se iba de allí sin pensar que Blaine Anderson era un total idiota.

N/A: Hi there! Me disculpo por la tardanza, pero ando un poco desconectada de Fanfiction. He tenido un plagio y estoy pasando una historia a original... bueh, cosas por el estilo. Seguiré subiendo oneshots a mi otra cuenta —sí, he subido un Edward/Jasper finalmente, que ha sido el final de mi (no) inocencia—, pero intentaré seguir actualizando aquí regularmente. Creo que necesito unas vacaciones de la página, pero la verdad es que con esta historia no me siento "presionada" ni nada por el estilo. La vengo escribiendo muy naturalmente y a mi ritmo, no sé.

En fin, ¿qué les pareció el capítulo? Les agradezco infinitamente por los reviews en el anterior. ¡Me sorprendió tanto que llegaran tantos! Gracias, en serio, adoro sus reviews. Espero que este también tenga tan buena aceptación como el anterior. El próximo será desde el punto de vista de Blaine y... veremos cuánto recuerda de la noche anterior y qué hace al respecto.

Bueno, eso es todo, gente linda. El estudio me demanda. Que comiencen bien la semana.

¡Saluditos!

MrsV.