15 de Julio 2002:
Sherlock iba en el tren que conecta Inglaterra con Francia; su aspecto era un poco desaliñado, llevaba cinco días sin afeitarse, además con la ropa que decía que era un fracasado, le iba muy bien, para la situación que estaba viviendo. Suspiró resignado mientras se colocaba cómodo en el asiento.
Miró el libro que una niña estaba leyendo en el tren y sonrió, ver que John era leído le gustaba. Que colmo, John le gustaba e iba a descubrir si John sentía lo mismo cuando llegara a París. Una vez que se bajaron en la primera estación, le dio a la niña que conocía al autor, a la niña se le iluminó la cara y le dijo a Sherlock que le dijera al autor de aquel libro, que nunca dejara de escribir, que tenía talento y el menor de los Holmes le comentó que no se preocupara que se lo diría.
Una vez que después de varios trenes llegó a París, bajó del tren no muy convencido, no sabía muy bien que es lo que hacía allí, pero ya que estaba, iba a aprovechar el tiempo que estuviera; porque no sabía cuantos días iba a quedarse, podían ser dos, una semana o un mes, quien sabe cuantos; para estar con su mejor amigo, ya que Mycroft había dejado de ser su otro mejor amigo. Al ver a John sujetando un cartel que ponía Monsieur Holmes supo que ese era su amigo y dibujó una sonrisa en su cara para que John no se preocupara por nada.
— Mira como se cuida el escritor, ahora eres un escritor en París, un escritor en una ciudad bohemia, pilla muchas ideas buenas ya que estás aquí, seguro que de esas ideas sale algo bueno como tu primera novela, la cual se la he leído completa a la pequeña Nina y una niña me dijo en uno de los trenes que era de lo mejor que había leído y que tenías talento, mucho - comentó el menor de los Holmes al ver lo guapo que estaba su mejor amigo - en cambio, yo parezco un fracasado con estas pintas. Debí darme cuenta de como filtrearon en la boda de tu mejor amiga, pero yo solo tenía ojos para ti. Ya sabes ahora que ambos estamos solteros...
— Estás, yo he conocido a alguien. Se que es difícil de creer, pero es cierto. Se llama Paul - dijo John bajo la mirada de asombro de su mejor amigo - vamos, no vivo lejos.
Caminaron sin decir nada por las diversas calles parisinas, no caminaron mucho, porque como había dicho John, no vivía lejos y en efecto, no vivía lejos, Sherlock se encontraba perplejo. Cuando por fin llegaron al pequeño piso parisino de John, que no tenía una gran vista, pero aún así era acogedor, Sherlock volvió en si. Miró de pasada la estancia y consiguió articular palabra.
— ¿Cómo?
— ¿Cómo? Pues nos conocimos en un bar mientras él tocaba el piano - relataba John - sabes, se fijó en la manera en la que le escuchaba tocar esas piezas clásicas y desde ese momento estamos juntos. No te lo tomes mal, que yo haya conocido a alguien no quiere decir que tú no vayas a conocer a alguien que te quiera más de lo que Greg te quería - John intentaba animar a Sherlock - me voy a terminar de arreglar ya que hemos quedado con Paul en el café donde va a tocar durante cuatro horas. Va a ser una velada deliciosa.
John se metió en el baño y maldijo esa situación que se había creado en pocos minutos. En cambio, el menor de los Holmes miró la estancia, se fijó en la mesa ordenada y encontró un cartel del tal Paul, lo miró con detenimiento antes de hacerlo una bola y lanzarla por la estancia. Una vez que ambos estuvieron arreglados, salieron del piso camino al café. Era un 15 de Julio agradable, París estaba radiante.
— Mira allí sentado - Sherlock obedeció - es Paul, mi irlandés, si, es pelirrojo y aún encima irlandés, ¿qué más se puede pedir?
— Esto John, será mejor que me vaya, va a ser violento para ambos. Daré una vuelta por la ciudad, volveré al piso y ya mañana me vuelvo a Londres - John se entristeció por aquello - tú diviértete por ambos, disfruta de las cuatro horas de música clásica.
John miró como su mejor se iba hasta desaparecer de su ángulo de visión. Fue a junto de Paul, se dieron un beso y antes de entrar en el local, John se disculpó y corrió por las escaleras del paseo.
— Sherlock. Sherlock - gritaba John desesperadamente intentando captar la atención de su mejor amigo.
El menor de los Holmes se dio la vuelta perplejo, no entendía muy bien que hacía allí John en vez de irse con su novio Paul a escucharle tocar durante las cuatro horas siguientes.
— Te olvidabas la llave y a mí- comentó John a escasos centímetros de Sherlock, sonriendo y sabiendo que lo que decía alegraba a su mejor amigo - prométeme que no te irás con otro y que me amarás siempre. Porque yo lo haré.
— Claro que si, nunca te abandonaría - comentó Sherlock sonriente a orillas del Sena - te quiero ahora y te querré siempre.
Con esas palabras, se dieron entre ambos un beso, un beso que llevaban ansiando años, un beso lleno de amor y sentimientos maravillosos.
— Te quiero - comentó John abrazando a Sherlock por el cuello - eres genial a tu manera y me encanta.
— Esto yo... - el menor de los Holmes se encontraba en una nube y no sabía que decir, con lo que John aprovechó para volver a besarle - volvamos al piso.
Y caminaron juntos de la mano mientras John le enseñaba un poco la ciudad, ya que estaban allí, John no iba a desaprovechar la oportunidad de enseñarle a Sherlock la ciudad que le había inspirado para su segunda novela. Cuando por fin llegaron al piso, se desnudaron entre besos y por primera vez, consumaron su amor. Para ambos el haberlo hecho significaba que la relación iba a durar mucho tiempo, ya que se conocían muy bien por ser los mejores amigos. A partir de ese momento, no se separarían, volverían juntos a Londres y juntos volverían a hacer su vida, juntos volverían a ser felices para siempre.
