Aloha(?) Wow, como cinco meses sin actualizar :U Lamento haber tardado tanto, realmente espero que aún haya personas que lean esto xD. Gracias a quienes me dejaron reviews los aprecio mucho ;U;

Ojalá les guste este capítulo, aunque sólo aparecen la mitad de los personajes :P Y perdonen si los escribo muy OC (fuera de carácter). ):

En fin, no hago esto más largo. Disfruten c:


"¿Vas a algún lado?" Habló una voz a sus espaldas.

Norman se congeló por un instante, maldiciendo interiormente su suerte, para después dar media vuelta y quedar cara a cara con Dipper.

"Eh…No, yo sólo iba a…" Tenía que inventar alguna excusa, una convincente, pues durante la semana que había compartido habitación con su compañero Pines, pudo notar la forma en que este siempre le miraba, como intentando descubrir las cosas paranormales que encubría; sin embargo, nada decente pudo salir de sus labios en ese momento. "…al baño."

"Yo ya utilicé esa excusa el primer día. Contigo." Reconoció Dipper, desconfiado.

Pero aquella respuesta sólo hizo que Norman se diera cuenta de algo: No le debía ninguna explicación al chico, porque estaba seguro de que él no era del agrado de Dipper. No eran amigos y no cruzaban palabras muy a menudo, puesto que ambos siempre estaban fuera de la habitación evadiéndose el uno al otro.

"Una muy mala excusa, por cierto." Expresó, dándose media vuelta nuevamente, para retomar su camino, hasta que la voz de Dipper lo volvió a detener.

"¿Qué estás ocultando?"

"Me parece que no te debo explicaciones."

"Bien." Anunció, volviéndose hacía la habitación y cogiendo sus zapatos del suelo junto con una linterna. "Si no tienes nada que ocultar, entonces déjame ir contigo."

"¿Qué?"

"Me escuchaste perfectamente." Respondió. "¿Me dejarás ir?"

Norman lo pensó un momento. Si no le dejaba ir con él, probablemente lo seguiría de todas formas, o tal vez seguiría intrigando los días siguientes el porqué de su escapada esa noche, por lo que sólo le quedaba una opción:

"De acuerdo, puedes venir."

Dipper se extrañó un poco, a decir verdad, no esperaba que el chico aceptara, sólo lo había dicho para ver cuál era su reacción.

"Y bien, ¿Cuál es el plan?"

"Dije que podías venir, no que te contaría mi plan."

Dipper rodó los ojos, pero se limitó a quedarse callado y seguir a Norman por el corredor.

Haciendo el menor ruido posible, bajaron desde el cuarto piso hasta el último, pues el propósito de Norman era llegar al edificio E, el cual se situaba después de cruzar por la cafetería y el edificio D.

Pero entonces, justo cuando cruzaron la puerta para salir a la intemperie, Norman sintió el relicario temblar bajo su suéter, por lo que rápidamente se devolvió cerrando la puerta y dejando a Dipper fuera del edificio.

"¡Oye! ¿Qué te sucede?" Protestó en voz baja, golpeando la puerta levemente. "¡Déjame entrar!"

"Espera un momento, tengo que eh… Hacer algo." Habló Norman desde el otro lado de la puerta. Luego tomó el relicario entre sus manos y susurró: "Hey, Aggie, ¿estás bien? Sentí que el relicario temblaba."

"Estoy bien, lamento eso." Se disculpó la fantasma. "Tenía que llamar tu atención de alguna forma sin que ese chico se diera cuenta."

"¿Qué sucede?"

"Es que tengo un presentimiento extraño, como… No lo sé, algo me dice que el edificio al que debes ir es ese al que tú y tus amigos llaman cafetería."

"¿Enserio?"

"Enserio."

"¡Norman! ¡Déjame entrar!" Se escuchó la voz de Dipper.

Norman decidió confiar en lo que le decía Aggie, después de todo, el plan se había armado para averiguar si lo que había pasado aquella tarde era una llamado para la chica. "Bien, iremos a la cafetería."

Abrió la puerta y salió como si nada.

"¡¿Qué te sucede?! ¿Por qué rayos me dejaste aquí afuera?"

"Lo lamento," respondió Norman. "era parte del plan."

Dipper frunció el ceño, bastante enfadado. Luego se calmó al recordar que él mismo era quien había insistido en seguir a Norman, por lo que siguió caminando tras el chico sin protestar.

Algo que aún seguía pareciéndole extraño a Norman y que no acababa de comprender, era el hecho de que desde el día en que puso un pie en ese colegio, no había visto ningún fantasma; lo más cercano a algo paranormal en esos días, había sido aquella experiencia perturbadora en el corredor ese mismo día por la mañana.

El exterior estaba increíblemente oscuro, no había estrellas, y ni siquiera la luz de la luna era suficiente para iluminar el camino, por lo que ambos chicos llevaban sus linternas encendidas.

El aullar del viento silenciaba el cantar de los grillos y traía consigo una corriente helada: Dipper se lamentó no haber traído un suéter, ya que la camisa de su pijama no era de manga larga.

Cuando estaban por cruzar el frente de la cafetería, escucharon un ruido desde dentro de dicho edificio, parecido al rechinido de una de las mesas del comedor.

"¿Escuchaste eso?"

"Síp." Admitió Norman. "Hay que entrar."

Dipper se mostró sumiso y siguió a Norman hasta la entrada de la cafetería donde vieron que las puertas no estaban bien cerradas y la cadena de seguridad colgaba desabrochada balanceando un candado de metal.

"Bien, al menos alguien ya hizo el trabajo por nosotros." Declaró Dipper.

Ambos asomaron la cabeza al interior del lugar y, cuando vieron que estaba despejado, decidieron entrar. Norman no tenía muy en claro a donde se suponía que debía ir una vez estando ahí, así que sólo comenzó a buscar algún lugar, algo que luciera 'indicado'.

"¿Por qué estamos en la cafetería?" Inquirió Dipper después de un rato en el que habían estado dando vueltas por el lugar junto a las mesas y en el área de comida, cerca del basurero y a lado de la máquina de refrescos. "¿Tenías hambre y venías por un bocadillo nocturno?"

"Pues… no exactamente." Respondió Norman acercándose a una puerta con una ventanilla de cristal en la parte superior. "¿Qué es esta puerta?"

"No estoy seguro, creo que es la entrada a la cocina."

Norman empujó la puerta que, extrañamente, no tenía el cerrojo puesto, por lo que fue fácil entrar a la cocina. Una vez ahí dentro, notaron las muchas bandejas con sobras de comida cuyos olores comenzaron a penetrarse en sus fosas nasales.

La cocina era bastante amplia. Una vez dentro, notaron que había dos puertas. Probablemente una llevaba hacia el fregadero, gabinetes y alacenas, y la otra hacia alguna bodega donde almacenaban los alimentos.

Norman tomó la puerta de la izquierda, mientras que Dipper se decidió a elegir la puerta a su derecha, es decir, la que habían supuesto como 'la bodega'.

Para sorpresa de Dipper, esa no era una bodega. O al menos no una tan común.

Era un pequeño cuarto atiborrado de trastos viejos, sillas rotas, escobas y algunas alacenas polvorientas. Pero lo que en realidad llamó su atención fue una gran puerta de piedra que podría pasar desapercibida, pues era casi del mismo tono de las paredes, además de que el polvo y las telarañas ayudaban a que se camuflara con los muros.

Se acercó y extendió su mano sobre la manija (que era lo único que hacía distinguir a la puerta), pero antes de siquiera tocarla, escuchó algo al otro lado, una voz.

"Sólo guíala hacia la puerta."

Era una voz femenina y, aunque dulzona y afable, logró hacer que Dipper se estremeciera. Sin embargo, pegó la oreja contra el muro para tratar de escuchar más.

"¿Guiar a quién?" Preguntó inseguro.

"¿Guiar qué cosa?"

Dipper se encrespó. Muy de pronto, Norman había aparecido justo a su lado, y ni siquiera le había oído entrar. Se preguntaba si él habría escuchado aquella voz.

"Nada." Respondió, recobrando la postura. "¿Qué crees que haya al otro lado de la puerta?"

"No lo sé." Dijo Norman, alzándose de hombros. Parecía restarle mucha importancia al hecho de que estaban a media noche hurgando en las cocinas del colegio y, para colmo, fisgoneando en lugares no permitidos para los alumnos. "Pero planeo entrar."

Esta vez, tampoco había cerrojo puesto, por lo que ambos tiraron de la puerta con fuerza pero esta no se abría.

Entonces Norman notó las marcas en el suelo.

"Espera, creo que ya sé cuál es el problema," mencionó. "la puerta no se jala-"

"Se desliza." Completó Dipper. "Bien, tratemos de deslizarla juntos, luce pesada."

Y así lo hicieron ambos porque, en efecto, dicha puerta era pesada al ser de material rocoso.

Una vez que lograron deslizar la puerta y cruzaron el umbral, se dieron cuenta de que eso era bastante parecido a un túnel subterráneo.

"¿Es esto un pasadizo secreto o qué?"

Norman no respondió. Estaba demasiado pasmado observando el lugar, sintiendo la corriente helada remolinarse en torno a él; no se explicaba cómo en un lugar tan cerrado era posible que el viento lograse pasar. Pero podía sentirlo, sentía la presencia de los fantasmas pese a que esta vez no lograba verlos y, aun así, estaba totalmente seguro de que ahí dentro había al menos otras seis almas aparte de las propias.

Y entonces un portazo.

No uno cualquiera, un portazo fuerte como el azotar de una roca contra otra: La puerta tras ellos se había cerrado.

"Maldición." Masculló Norman. No estaba asustado, pero sospechaba que los fantasmas tendrían algo que ver con eso.

"Oh no…" Barbotó el otro chico. "¿Cómo rayos se supone que vamos a salir ahora?"

"Tranquilízate. Sólo hay que buscar otra salida, no es como si fuésemos a pasar toda la noche aquí."

Dipper se arrepentía completamente de haber insistido en venir, no tenía idea de si lograrían salir o no.

Caminaron durante escasos diez minutos a través de un largo y estrecho corredor antes de tener que bajar una prolongada escalera en forma de caracol y, seguidamente, otros cuantos escalones hasta que varias puertas comenzaron a presentarse. Eran tal vez bodegas subterráneas o algo por el estilo, ninguno de los dos estaba seguro donde se hallaban en ese momento exactamente.

"Y entonces… ¿Ahora qué hacemos?" Inquirió Dipper, una tanto impacientado. "¿Abrimos todas la puertas hasta ver cuál es la salida?"

"No es mala idea."

Y así lo hicieron ambos, encontrándose con que todas eran pequeñas bóvedas con alimentos caducos, otros enlatados, más banquillos rotos, algunas mesas de madera añeja, relojes antiguos, pizarras viejas, incluso muebles de habitación estropeados, así como también lavamanos de cerámica rotos. En conclusión, de todo un poco, pero nada era una salida.

Aún quedaban muchas puertas por explorar, los pasillos ahí abajo eran inmensos. Lo curioso era que todos los objetos que ahí se encontraban, lucían tan antiguos como si hubiesen estado almacenados por un muy largo tiempo. Y sus sospechas se confirmaron cuando se adentraron en una de las bóvedas y Norman se encontró una moneda en el suelo.

"¿Qué fecha tiene?" Curioseó Dipper, tomando la moneda de su compañero para inspeccionarla mejor.

Esta databa de 1886.

"Okaaay… Esto nos dice que tiene más de cien años."

"Puede ser." Opinó Norman.

Entonces, algo parecido al eco de una respiración agitada, comenzó a filtrarse desde el pasillo hasta el aula en la que ambos chicos se encontraban.

Ninguno de los dos se impresionó. No hasta que la respiración se convirtió en un espeluznante susurro:

Tráela hacia la puerta.

Era la misma voz que Dipper había escuchado hacía no muchas horas, mientras registraban los cuartos de la cocina, varios pisos arriba. Y estaba seguro, que esta vez, Norman también la había escuchado, por lo que no consideró necesario preguntárselo sólo para asegurarse.

Luego, el estruendo de algo metálico cayendo al suelo, acompañado de un súbito grito perteneciente al de una niña, hizo que ambos se alteraran y se lanzaran a ocultarse bajo una mesilla mugrienta.

Norman temía que eso ya no fuesen fantasmas, aquel grito le era muy familiar.

Ambos se quedaron quietos al menos diez segundos, hasta que Dipper murmuró:

"¿Crees que deberíamos ir a ver?"

Realmente, Norman no estaba seguro de nada en ese momento. Se sentía algo perturbado y sólo podía pensar en lo extraño que era todo el asunto, incluso para alguien como él, que estaba tan familiarizado con lo paranormal. Creía que debían quedarse en ese lugar hasta estar seguros de qué era lo que estaba ahí afuera, por lo que trató miserablemente de disuadir a su compañero de permanecer ocultos, pero este ya se encontraba gateando hacia la puerta del aula, dirigiéndose hacia el pasillo.

"¡Dipper!" Vociferó manteniendo la voz baja. "¡Espera, no!"

Pero era demasiado tarde: Dipper ya estaba hincado al pie de la puerta, cuando esta se abrió de sopetón propinándole un golpe directo en la cara.

Antes de que el par de chicos pudieran reaccionar, una luz encandiladora les dio de lleno en el rostro, ofuscándolos unos segundos.

Atinaron a hacer lo más obvio. Gritar.

A medio alboroto, Norman y Dipper repararon en que los alaridos resonando no eran sólo de ellos dos, sino que había una tercera voz en el coro de gritos.

La luz se apagó junto con los gritos, y entonces vieron la silueta de alguien más frente a la puerta sosteniendo una linterna.

"Maldición." Siseó. "Tenía que fundirse justo ahora."

Fue en ese momento que ambos reconocieron la voz.

Norman tomó su propia linterna y alumbró la cara de la única persona de pie. Esta sólo se cubrió ligeramente los ojos con el antebrazo para evitar las molestias de la luz.

"¿Coraline?"

Enseguida retiró la mano de su cara, para encontrarse con el sujeto que había arrollado hacia unas horas en la mañana, cuando se dirigía a toda prisa a clase de Historia, cargada de golosinas.

"Norman."

Ambos se sonrieron levemente, durante un largo instante, por razones distintas.

Coraline se alegraba de que Norman hubiese pronunciado bien su nombre a la primera vez; mientras que Norman se alegraba simplemente de verla ahí, pues su mera presencia le daba una extraña tranquilidad, como si la chica tuviese algo que ver con fuese lo que fuera que había ahí debajo.

"Lamento interrumpir." Dijo Dipper poniéndose de pie y sobando su nariz sangrante. "Pero creo que alguien me ha roto la nariz."

Coraline despegó su vista de Norman, y se volvió hacia el chico a su derecha: era el mismo tonto con el que (ese viernes) había compartido castigo.

"Ugh… ."

"Y …"

"Oh, ¿Se conocen?" Terció Norman.

"¿Tienes algún afán de golpear gente con la puerta?" Demandó Dipper, ignorando la pregunta de Norman.

"¿Y tú tienes algún afán de colocarte frente a las puertas a punto de abrirse?"

Ambos se miraron asesinamente antes de que Norman decidiera interrumpir por el bien de todos.

"Y Coraline, tú, um… ¿Vienes sola?" No se le ocurría nada mejor que preguntar.

La chica se volvió nuevamente hacia él, recuperando el semblante amigable en su rostro.

"Síp." Suspiró. "Mi mejor amigo no quiso acompañarme porque tenía noche de videojuegos con su nuevo amiguito Noel." Explicó. "¿O era Neil?"

"¿Y para qué has bajado hasta aquí?" Interrogó Dipper.

"No es asunto tuyo."

"¿Por qué viniste a este lugar?" Preguntó esta vez Norman.

"Oh, es una larga historia." Se metió las manos en los bolsillos del pijama y retrocedió unos pasos. "Yo…" En realidad no quería hablar, pero no quería ser grosera con Norman. "¿Por qué están ustedes aquí?"

Ninguno de los tres planeaba decir a qué había bajado hasta ese lugar, y con una simple mirada, acordaron ignorar esas preguntas y continuar como si nadie hubiese preguntado absolutamente nada.

"Bueno, ¿Nos ayudarías a encontrar una salida?"

Otra vez se sentía en aprietos, deseaba que dejaran de preguntar, sin embargo, esta vez sí respondió a la pregunta de Norman:

"Pues… De hecho, llevo un par de horas -o quizá más- tratando de buscar alguna salida."

"Oh, vaya, esto es genial." Dijo Dipper sarcásticamente. "Cuando se den cuenta de que no estamos en nuestros dormitorios, vendrán a buscarnos y nos castigarán."

"Como si no hubiera tenido ya bastante…" mencionó Coraline entre dientes.

"Lo que hay que hacer primero, es deducir dónde nos encontramos exactamente." Propuso Norman.

Iba a detallar un poco más la idea central del plan, cuando Dipper decidió hablar:

"Supongo que esto es un sótano."

Y Coraline decidió responder irónica.

"Oh, eres brillante."

Ambos se miraron retadoramente.

"¿Cómo te las apañaste para empujar tú sola la puerta de entrada?"

"Soy más fuerte de lo que parezco."

"Y también más tonta." Repuso el chico. "Casi nos dejas ciegos con esa lámpara ultravioleta."

Coraline se cruzó de brazos y mostró una sonrisa satisfecha.

"Al menos yo no grito cómo niña."

Tanto Dipper como Norman se sintieron avergonzados en ese momento, ya que reconocieron haber gritado en un tono muy agudo. Pero, ¿quién podía culparlos? Eran chicos en crecimiento y la voz les estaba cambiando. Desafinar de vez en cuando era normal.

"Tu igual gritaste." Le dijo Dipper decididamente. "Te escuchamos."

"¿Qué?" Preguntó confundida la chica de cabello azul. "Por supuesto que no, yo no grité."

"De hecho, me parece que si gritaste." Dijo Norman. Odiaba ponerse de lado de Dipper, pero sabía que había escuchado un grito.

"No, enserio…" Coraline volteó a ver a Norman un tanto confundida. Ella no había sido la responsable del grito, pues lo que la había hecho correr hasta la bodega donde ellos se encontraban, había sido ese grito tan espeluznante. "Yo no grite. Lo juro."

"Já, claro." Se mofó Dipper.

"¡Oye, estoy hablando enserio!" Espetó ella dirigiéndose al castaño. "Yo no fui quien armó ese escándalo."

"Espera." Interrumpió Norman, comenzando a tratar de entender todo. "Si no fuiste tú quien gritó... ¿Entonces quién-"

¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Un grito desgarrador resonó por todo el pasillo logrando erizarles la piel.

Los muebles a sus alrededores comenzaron a tambalearse y una corriente de viento proveniente de la nada hizo que los papeles regados en el suelo se elevaran en el aire y comenzaron a sacudirse por toda la habitación. Aun cuando aquel grito no cesaba, pronto otro grito le sucedió y otro más, formando una horrible cacofonía que les decía que, fuera quien fuese la persona gritando, estaba sufriendo.

Los tres se miraron los unos a los otros por unos momentos.

"…Hay que salir de aquí."

Tan pronto como Norman dijo aquello, Dipper y Coraline se echaron a correr tras él sin protestar.

Los tres estaban al tanto de que el lugar donde se encontraban estaba al menos tres pisos por debajo del colegio y, gracias a ello, les iba a tomar un buen tiempo subir todas las escaleras o encontrar una salida.

En un determinado momento, Dipper sugirió abrir todas y cada una de las puertas que se les pusieran enfrente, pues según intuía él, alguna debía llevarlos fuera de ese lugar. Y los otros dos no se opusieron a dicha idea, aunque Norman pudo notar la conducta nerviosa de Coraline cada vez que él o Dipper tiraban de la manija de alguna puerta.

Y es que, ciertamente, para Coraline Jones, ya no era muy divertido curiosear en puertas de las que no tenía idea a dónde llevaban. Había aprendido una lección acerca de eso hacia un tiempo. Y ahora estaba ahí tratando de no morir del miedo que le provocaba imaginarse que, al abrir aquellas puertecillas, una mano saliera de ellas para arrastrarla consigo a otro mundo del cual no iba a poder regresar y acabaría con ojos de botón cosidos a la cara.

Se maldecía mentalmente a sí misma por la grandiosa idea de ir a esconder sus dulces en ese apestoso sótano sin salida. Comenzaba a sentir que los nervios la debilitaban y se dio cuenta de que Norman y Dipper la habían rebasado al correr, y se encontraban más adelante abriendo otras puertas.

Y justo cuando menos lo esperaba, se giró a su derecha para encontrarse con lo que menos quería.

Una puerta pequeña.

Dio un alarido llevándose ambas manos a la boca para silenciarse. No entendía por qué se estaba alarmando tanto, es decir, hasta hacía unas semanas, aún vivía en el Pink Palace donde se encontraba la puerta que guiaba al mundo de la Otra Madre; no obstante, en esta ocasión estaba aterrorizada por alguna razón. Quizá era el hecho de que todas las demás puertas tenían un tamaño normal, pero está era muy notoria con un tamaño tan pequeño y la hacía parecer sospechosa.

"Coraline, ¿Qué pasa?"

Aparentemente, Norman había escuchado su gritó y había llegado hasta donde ella.

"¿Estás bien?" Preguntó nuevamente. Coraline sólo se quedó ahí, no estaba segura si debía decirle, pero después de analizarlo unos segundos, decidió que si se iban a quedar atrapados ahí tanto tiempo, lo mejor sería explicarles el por qué esas puertas no eran de confiar.

"Sí, estoy bien." Dijo. "Sólo que…"

"¿Qué…?"

"Bueno… ¿Ves esa puerta?"

Norman se giró a ver hacía donde la escuálida mano de la chica estaba apuntando, sólo para encontrase con una puerta que, podría haber jurado, no estaba ahí antes.

Tuvo un mal presentimiento. Algo le decía que poder ver esa puerta no era normal. ¿Y si Coraline también veía fantasmas? ¿Sería buena idea preguntárselo? Se debatió unos instantes antes de decidir ignorar que, efectivamente, podía ver la puerta.

"No." Mintió. "No sé de qué hablas…"

"Pero, pero…" No sabía qué decir, fue entonces cuando se preguntó a sí misma si no estaba alucinando gracias a haber comido tantos dulces. Aunque tal vez, era sólo aquella bruja tratando de jugar con su mente.

"Olvídalo." Dijo ella finalmente.

Dipper llegó junto a ellos unos momentos después cuando se dio cuenta que se habían quedado atrás.

"¿Qué sucede?" Preguntó. "¿Acaso planean quedarse aquí atrapados?"

"No." Objetó la chica, con el mal carácter que le poseía cada vez que se dirigía a él. "Es sólo que… creí ver algo."

Norman sintió un poco de culpa.

"¿Qué cosa?"

"Bueno… Una puerta." Dijo ella. "Una puerta pequeña."

Dipper rodó los ojos. Era increíble como los otros dos adoraban perder tiempo y no se enfocaban en su objetivo principal, que era salir de ese lugar cuanto antes.

"¿Y qué tiene de especial una puerta peque-"

Sus palabras se cortaron cuando otro estruendoso gritó fue despedido desde el pasillo que acababan de cruzar. Era parecido al llanto de una persona. Y entonces sólo una cosa pudo pasar por la mente de Norman:

"Aggie…"

El relicario sobre su pecho comenzó a brillar al igual que la puerta que Coraline había visto. Los otros dos le miraron un tanto confundidos cuando dijo eso, pues no entendían qué o quién era Aggie.

"Corran." Les dijo. "La puerta no puede significar nada bueno."

Dicha puerta comenzó sacudirse violentamente como si algo tratara de salir de ella, y el relicario vibraba bruscamente aunque el chico oprimiera sus manos contra este para evitar que se moviera.

Pero entonces Coraline cayó en cuenta:

"Espera un momento." Dijo suspicazmente. "Dijiste que no podías ver la puerta."

Norman tragó saliva. Atrapado.

"Bueno, es que yo…" Balbuceó él.

"Mentiste."

"No quería preocuparte."

"Oh, pues adivina: ¡Ahora estoy preocupada!" Bramó ella.

Mientras Norman seguía siendo tragado por la culpa y Coraline le reprochaba, Dipper se encontraba más que confundido.

"¡Oigan!" Gritó. "Enserio, ¿qué diablos hay tras esa puerta?"

Y ahora era el turno de Coraline para sentirse cohibida. ¿Cómo rayos se supone que les explicaría todo el asunto? Ah, bueno, verán, hay una malvada bruja del otro lado que quiere que atraviésemos esa puerta para poder amarnos de manera extraña y arrancar nuestros ojos cosiendo botones en su lugar. No, por supuesto que no.

"Pues uh…" Comenzó ella. "Es complicado."

"¿Complicado en qué sentido?"

"Complicado como…como que deberíamos irnos ahora mismo y…"

"Espera." Interrumpió Norman esta vez. "¿Sabes algo de esa puerta?"

Los nervios se la comían viva. Oh, cómo maldecía no haber reservado a Wybie para que la acompañase esa noche, de ser así, no estaría tratando de explicar algo que no quería en ese momento.

"Bueno…"

"¡Habla ya!" Sulfuró Dipper. "¿Hay algo de esa puerta que no quieras decirnos y que sea útil para salir de este lugar?"

En ese punto, a Dipper en realidad ya no le preocupaba tanto el tener que salir, pues según sus cálculos, ya habían recorrido bastante y estarían quizá en el segundo piso de ese sótano. La razón por la que había presionado a la chica de cabello azul, era que ahora estaba de verdad intrigado en lo que había detrás de aquella puerta.

Aun cuando sólo había permanecido una semana en ese colegio, sabía de sobra que había algo paranormal; después de todo, estaban en Oregón, a no más de una hora y media de Gravity Falls. Cualquier cosa podía pasar.

"¡Sólo explícate!" Demandó Dipper.

"No hay nada que explicar, sólo hay que irnos." Sentenció la chica.

"Pero ¿por qué?" No se iba a dar por vencido tan fácilmente.

"¡Porque no! Sólo… ¡Hay cosas!" Explotó. "Hay cosas, ¿de acuerdo? Cosas que, si nos quedamos un segundo más aquí, nos harán arrepentirnos de haber bajado a este lugar."

"En realidad yo ya estoy bastante arrepentido…" Dijo Norman entre dientes.

"¡Podríamos incluso morir!"

"Já, claro…" Se mofó Dipper. "Como si eso te importara, casi me matas esta tarde."

Cabía decir que durante el castigo impuesto aquella tarde, ninguno de los dos se habían disculpado, de hecho, habían salido discutiendo del aula cada quien hacia su propio destino: Dipper con su hermana, y Coraline con su mejor amigo.

"Um… ¿Chicos?" Norman no sabía de qué hablaban los otros dos, pero pronto dejó de interesarle cuando se percató de una neblina de color verdoso cerniéndose sobre ellos aunque, aparentemente, ninguno de sus compañeros le prestó atención. Estaban demasiado ocupados riñéndose el uno al otro.

"¿A quién rayos se le ocurre decirme que rompa un cristal?" Berreó ella.

"¡Oye! Yo no fui la tonta que me lanzó ácido en la cara."

La neblina se extendía cada vez más y el color verdoso se hacía cada vez más notorio.

"Chicos…" Volvió a intentar Norman.

"¡No fue tú estúpida cara, fue el cuello!"

"¡Lo que sea!"

"¡Pues yo no fui quién hizo esa lista boba!"

"¡Y yo no tiré el contenido del tubo de ensayo!"

"¡CHICOS!"

"¿QUÉ?" Gritaron al unísono volviéndose hacia Norman.

"CORRAN."

Fue entonces cuando ambos repararon en la extraña bruma verdosa a su alrededor. No lo dudaron ni un momento, y los tres se echaron a correr como si sus vidas dependieran de ello. Y es que así era.

Corrieron en línea recta por todo el pasillo en el que se encontraban, luego doblaron a la izquierda dos veces y una más a la derecha. Finalmente habían dado con la larguísima escalera en forma de caracol que llevaba a la salida. Parecía una eternidad subir esas escaleras y lo pareció aún más cuando trataron de empujar la puerta de piedra, por la cual habían entrado cuando estaban en la bodega de la cafetería, y ésta estaba tan pesada como si estuviese sellada.

"Es demasiado pesada." Dijo Coraline. "Hay que buscar otra salida."

Ambos chicos la obedecieron y nuevamente se dispusieron a bajar las escaleras a toda prisa. No obstante, antes de llegar al final de dichas escaleras, Dipper tropezó con sus propios pies y al momento de tratar de sujetarse de algo, tiró de un candelabro que abrió lo que podía definirse como un atajo.

"Wow, eso fue extraño." Dijo una vez que se hubo incorporado.

"No, fue suerte." Contestó Norman echando un vistazo a la entrada. Coraline se acercó junto a ellos.

"Yo digo que si cabemos." Repuso esta última viendo que el espacio era un tanto reducido. "Deberíamos intentarlo, digo, quizá nos lleve a una salida."

Claramente, ya no tenían mucho que perder estando atrapados ahí, por lo que ambos chicos siguieron a la delgada niña de cabello azul cuando esta se introdujo a gatas dentro del túnel.

Gatearon apresuradamente por el túnel aproximadamente veinte minutos, antes de que la cabeza de Coraline, quién iba al frente, golpeara un fierro o, mejor dicho, una manija.

"Ouch."

Extendió su mano para jalar esa manija, pero no se abría.

"Intenta empujar." Sugirió Dipper, quien iba detrás de Norman, y comenzaba a entender que eso no era una manija sino una trampilla.

La chica obedeció reticentemente y, para su sorpresa esta, esta se abrió aunque no pudo levantarla del todo ya que había algo obstruyendo por encima. Una alfombra.

"Rayos, está atascada." Ambos chicos se acercaron a tratar de empujar, pues se estaban quedando sin tiempo.

Al empujar más fuerte y conseguir quitar de encima aquella alfombra, lograron salir y se dieron cuenta de que habían salido al interior del piso de algún edificio en el colegio.

El lugar estaba arreglado elegantemente como de oficina. Quizá demasiado elegante para una oficina. Era una habitación amplia con un refinado escritorio y otros muebles a juego, varios sillones de cuero, una alfombra con detalles en color plateado, una máquina de café, un televisor de plasma, una vitrina con trofeos, dos libreros y cientos de diplomas colgados en las paredes.

"¿Y esto es…?" Indagó Coraline.

"La sala de maestros." Dijo Norman, señalando un pequeño cartel sobre el escritorio que les indicaba donde estaban. Al menos ya podían estar seguros que habían salido a la superficie, fuera de aquel siniestro sótano.

"Sip. Y la puerta de salida está justo ahí." Indicó Dipper. "Será mejor irnos ahora antes de que alguien nos atrape aquí o nos grabe alguna cámara de seguridad."

Los tres se dirigieron a la salida, pero antes de poner un pie fuera de la oficina, Coraline los detuvo.

"Chicos…"

Ambos se volvieron hacia ella.

"¿Sí?"

"Umm…" Se aclaró la garganta. "¿Qué dicen si hacemos como que nada de esto pasó?" Ambos chicos le dieron miradas de desconcierto. "Quiero decir, no hay que volver a hablar de esto jamás y no podemos contarle a nadie lo que sucedió allá abajo."

Se miraron los unos a los otros por algunos instantes. Cada quién se debatía mentalmente:

Dipper no pensaba decirles que la razón por la que había insistido tanto en abrir esa puertecilla era porque sospechaba que tenía algo que ver con Gravity Falls. Primero debía cerciorarse que eran personas de confianza.

Norman no quería que se enteraran de que el propósito de ir a ese sótano era averiguar si significaba algún llamado para Aggie. Mucho menos les diría que habían estado acompañados de la chica fantasma durante todo el rato.

Coraline, por su parte, no planeaba arriesgarse a jugar con la bruja nuevamente. Temía que esta vez no la dejara escapar de ese horrible mundo, o peor, que arrastrara a Norman y Dipper con ella. En tanto ellos no supieran de la Otra Madre, todo estaría bien. Lo mejor que podía hacer era no volver a acercarse a ellos para evitar problemas.

"Y bien, ¿Qué dicen?"

"De acuerdo."

"Okay."

Y así, cada quien tomó su rumbó, Norman y Dipper hacia el edificio de los chicos y Coraline, extrañamente, se fue hacia la parte posterior del edificio de las chicas. Donde no había entradas.

"¿A dónde crees que va?" Preguntó Norman cuando la vieron alejarse.

"Realmente no me interesa." Contestó Dipper. "Ahora sólo quiero preocuparme por llegar a nuestro dormitorio sin que nadie nos vea y descansar un poco."


Podía sentir como si siguiera dentro de aquel túnel, con aquella voz que tanto le desagradaba. Las paredes comenzaban a hacerse más angostas y el aire se sentía pesado.

"Sólo tráela aquí, linda."

"Deja de llamarme así."

"Vuelve, por favor." Siseó la voz.

"¿Cómo llegaste aquí?" Le preguntó molesta.

"Soy tu madre. Siempre estaré junto a ti."

Coraline se removió entre las mantas de su cama por enésima vez. Hacía escasas dos horas que había vuelto de aquel incidente con los chicos y no podía dormir tranquilamente. Cada vez que lograba conciliar el sueño, se despertaba aterrada, pues las pesadillas con la Otra Madre comenzaban a hacerse presentes.

No entendía cómo era que había vuelto otra vez, cómo la había seguido hasta ahí creando otra puerta que la guiara a su mundo, cómo era que seguía viva. Pero entonces lo recordó: La noche en la que ella y Wybie se deshicieron de la mano de la bruja, fue sólo eso. La mano.

Aún quedaba el resto de ella.


Well, y hasta aquí el capítulo, espero les haya gustado (-8

Oh, la tensión… La falta de confianza que se tienen esos tres no va a ayudar de mucho LOL Y al final Coraline no pudo esconder sus golosinas xD ¿Qué más?... Ah, no puedo hacer muchas aclaraciones respecto a ese enorme sótano, ya que se explicará en los siguientes capítulos xD Y creo que eso es todo. Díganme qué opinan, o qué creen que ocurrirá o qué les gustaría que ocurra :P Todo tipo de opiniones son bien aceptadas :D Por cierto, a veces creo que no explico bien mientras narro, así que si tienen una duda, pueden preguntarme^^

Agradezco nuevamente a quienes dejaron reviews (Me hacen muy feliz TwT), estoy tomando en cuenta todas sus sugerencias y me ayudan a que me den más ganas de actualizar(?)

Y bueno, en tanto haya una persona leyendo, seguiré actualizando el fic c:

¡Saludos!