Lamento haber tardado tanto en publicar! Gracias por los review. Sigan comentando; este es capitulo especial (me salió un poco largo)

¡Felíz Día de la Mujer!

Cap 14. Cupido y la Serpiente.

Draco se convirtió en una especie de estrella de rock dentro de Slytherin. Era idolatrado tanto por las pequeñas serpientes de los primeros años -que confiaban ciegamente en su capacidad de buscador para vencer al famoso Harry Potter- como por sus más cercanos amigos –que sabían era él el autor del mensaje ensangrentado-. Pero por supuesto, ninguno de ellos lo había delatado. Habían salido ilesos de todos los interrogatorios a los que fueron llamados por parte de los profesores, y se encargaban de recordárselo al rubio a cada momento. Sobretodo Theodore Nott. Draco ponía la vista en blanco. No estaba seguro quien de ellos era verdaderamente leal a él o temeroso de Voldemort.

La noticia había tenido tanto impacto fuera del castillo que el Ministerio estaba empezando a hacer averiguaciones. Una de esas últimas interminables noches que Draco no podía dormir, sintió un ardor espantoso en el brazo izquierdo. La marca tenebrosa le escocía de manera alarmante, por lo que supo que era un llamado por parte del Señor de las Tinieblas.

-Ya el peligro pasó. Deberías quitarte el tergum.- murmuró Nott, examinando con bastante interés el brazo izquierdo de su amigo. Estaban esa noche solos en las habitaciones de los chicos, a excepción del calamar gigante que llevaba rato nadando cerca de la ventana. Malfoy se acarició su propio brazo con miedo. Él había sido la rata de laboratorio de Nott para su nuevo invento: el tergum. Una superficie de piel transparente fue colocada en el brazo izquierdo de Draco Malfoy la noche que desestabilizó el orden dentro de Hogwarts. La piel logró cubrir con un asombroso éxito la marca tenebrosa, que era lo que Draco no quería que nadie viera.

Había agradecido el nuevo invento de Nott de todas las maneras posibles, al recordar como Hermione había tratado de descubrir sí él era un mortífago. Sin embargo, llevaba más de una semana con el tergum puesto, y ni el mismo Nott estaba seguro de qué consecuencias traería el uso prolongado. Draco solo podía ver que la piel del brazo se le estaba enrojeciendo y le causaba escozor en los peores momentos. En ese instante sintió las manos de Nott rozar su brazo con sumo cuidado. Empezó a despegar el tergum, y al principio parecía que era su propia piel la que le estaban arrancando. Dolió un poco y Draco se mordió los labios.

-¿Cómo sobrellevas la fama?- preguntó Nott de repente, con una pícara sonrisa. Draco no contestó inmediatamente.

-Odiaría admitir en público que siempre he querido esto. – rió entre dientes, recostando su cabeza de la almohada y dirigiendo la vista al techo.

-Últimamente te has sabido desenvolver. – Nott observó con preocupación el tergum que había despegado de la piel del brazo de Draco. Luego, con una especie de respeto, le miró la marca tenebrosa. Ésta ondeó un poco sobre la piel de Malfoy.– Ya sabes, el Rey de las Serpientes que no alardea de morder. Simplemente lo hace sin que te des cuenta. – Al rubio le gustaron bastante esas palabras.

-Pero tú me conoces, sabes que me encanta alardear. –Nott se encogió de hombros.

-Tu mordida nunca había sido tan profunda. Y no te gusta alardear tanto como Pansy, al menos. – Draco se enderezó para quedar frente a su amigo.

-¿Crees que alardea más que yo? – Nott lanzó una carcajada.

-Malfoy, está fascinada con tu fama adquirida. Ahora es conocida como la novia de Malfoy, el Rey de Slytherin– ambos rieron entre dientes. –No, la novia de Malfoy, la proeza de quidditch. – la puerta se abrió en ese momento antes de que Nott terminara de completar la oración. Los Slytherin se voltearon curiosos. Pansy entró a la habitación, mirando a Draco con una esclarecedora mirada. Theo se levantó al instante de la cama y, aún con rostro sonriente, abandonó la habitación.

Pansy se recostó de la cama sin decir ni una palabra. Con un lento movimiento empezó a besarlo. Draco le correspondió y el beso siguió unos cuantos segundos. No tardó demasiado en aburrirse. No sabía por qué, pero sentía que no estaban sincronizados. Además, los besos no le sabían a nada. Hizo un último intento. La terminó de recostar en la cama, dándole cálidos besos en el cuello mientras la tocaba. Juguetearon durante unos minutos hasta que Pansy decidió quitarle el pantalón. La chica lo miró confundida unos segundos, pidiendo con la mirada una explicación. Draco se dio cuenta que su sexo no había despertado. La besó con más intensidad que antes y fue un poco más creativo, escarbó violentamente debajo de su falda, pero fue imposible: su mente se había marchado de ahí.

¿Por qué demonios no lo estaba disfrutando? ¿Acaso tenía demasiado tiempo sin hacerlo? Pansy siempre había sido su pareja fija. Conocía mil y un maneras con ella, y no sentía temor de experimentar. Estaban en completa confianza de hacer lo que quisiera. ¿Entonces qué? ¿No se iba a despertar nunca? Con un arrebato de confusión le quitó la camisa, esperanzado. Siempre le habían excitado los pechos de Pansy. Si esto no servía, nada lo haría. La respiración de la chica cambió y su corazón latió acelerado.

-Dra…Draco.- el rubio no le hizo caso. La chica se empezó a mover, incómoda. –Me estás lastimando.- logró gemir. El rubio se detuvo, más confundido que ella. La miró críticamente durante unos segundos, respirando con dificultad y Pansy lo notó. Con brusquedad se levantó de la cama y empezó a vestirse, furiosa. –Sabes, que no se te…- se calló, mirando acusadoramente el pantalón de Draco. –Yo no tengo la culpa. – exclamó furiosa, hinchando el pecho. El rubio se pasó una mano por la cabeza sin saber que decir.

-No te estoy culpando. Yo solo…-

-Estás perdiendo facultades. – lo acusó la chica con enojo. Se miraron unos segundos sin hablar.

-Puedes probar con alguien mejor cuando quieras.- siseó retadoramente. Pansy bajó un poco la guardia ante sus palabras. Bufó, aún enojada y se dio media vuelta, abandonando la habitación. Draco se tapó el rostro con las manos unos segundos. Recreó en su mente el último beso que recordaba de Hermione y sonrió, no pudiendo creer lo que acababa de descubrir. ¿No sentía ni un poco de deseo sexual hacia Pansy por que ya había probado algo mejor? ¿Era eso? Con un resignado suspiro, se atrevió a revolver en sus cosas hasta encontrar el espejo de doble sentido. Acarició su superficie unos segundos antes de hablar.

-Hermione Granger.- la imagen del espejo siguió enfocando el reflejo de su amo. Draco frunció el ceño pero no dijo más. Se recostó en la cama, volviendo a leer la carta que tenía sobre ella antes incluso de que lo interrumpiera Nott. La había escrito su madre. Contenía muchos mensajes en clave que le hicieron pensar que el plan marchaba como habían acordado. Narcissa tenía que encontrar a donde iban a huir pronto, porque bien sabía él que los próximos meses pasarían como un soplido.


El estadio de quidditch tenía mucho movimiento esa tarde. La razón de esto se debía a que había un grupo de al menos unas interesadas 20 personas fundando la primera sesión de un Club Nuevo. La mayoría de estas personas exhibían el sello de Ravenclaw excepto tal vez, Seamus Finnigan que estaba creando un buen ambiente con algo de música.

Ginny y Marcus observaban todo esto desde las gradas. Como el viento que soplaba estaba algo más cruel de lo normal, la pelirroja estaba acurrucada sobre el Slytherin sin ninguna clase de reparo. Estar así con un enemigo de su casa, todavía le incomodaba, sobre todo por las miradas de reproches que algunas personas les lanzaban al pasar. Sin embargo, Marcus parecía inmune a todo eso. La abrazaba y le acariciaba el cabello con el mayor descaro del mundo.

El Nuevo Club de los Ravenclaw tenía que ver con algo que ellos mismos habían creado. Unas pequeñas láminas de piedra se encontraban suspendidas en el aire delante de cada persona. Ginny observaba la escena con una expresión seria. Muchos dieron gritos ahogados cuando Terry Boot, presidente de la agrupación, se subió a la lámina de piedra y ésta prácticamente dio una sacudida y se deslizó por el aire rápidamente. Los Ravenclaw no podían contener la excitación. Cho Chang no dejaba de tomar fotos. Luna estaba un poco alejada del grupo, sentada en la grama junto a Neville. No parecía seriamente interesada en lo que pasaba.

-No me parece que deberían hacer las agrupaciones tan exclusivas. – escuchó decir a Marcus. Ginny se volteó ligeramente con expresión interrogante. –Apostaría que un Slytherin no puede unirse.-

-Bueno. Es un invento de los Ravenclaw, yo tampoco estaría de acuerdo en que otra casa se uniera.- exclamó Ginny jugando distraídamente con su cabello.

-¿Y por qué no?-

-Imagina que un Hufflepuff se una. Los menos recomendados en cuanto a creatividad se trata. – Marcus no respondió inmediatamente.

-Solo porque no tengan esa fama no quiere decir que no lo sean, Gin.- la chica bufó.

-Me refiero a que tú no vas a mandarle una carta de invitación a Hogwarts a un Squib. Un Hufflepuff tal vez no sabría cómo usar esas cosas. Un Slytherin quizá la rompería y un Gryffindor preferiría volar en su escoba. – Marcus lanzó una carcajada antes de que la chica terminara de hablar.

-Tienes un serio problema. – dijo divertido, pero cruzándose de brazos. -¿Por qué catalogas a la gente?- la pelirroja pareció ofenderse.

-Es sentido común, Marcus! – el Slytherin meneaba la cabeza de un lado a otro. Ya a esas alturas la mayoría de las personas se deslizaban sobre sus nuevos artefactos voladores por todo el estadio.

-Es ser prejuiciosa. Nunca deberías dejarte llevar por las apariencias de esa manera.- Ginny bufó un poco dolida.

-Claro, me imagino que tú no eres nada prejuicioso.- comentó, alejándose un poco de él.

-Yo estoy libre de prejuicios. Los odio a todos por igual- dijo Marcus, con un tono de voz divertido.

-No puedes creer en serio que yo sea ese tipo de persona.- siguió reclamando la chica, cruzándose también de brazos. – Acepté salir contigo. - Sonó más mal de lo que Ginny pensó que sonaría. El semblante de Marcus se endureció y la miró con reproche.

-¿Y eso qué significa?- La cara de Ginny enrojeció de manera alarmante, al igual que sus orejas.

-¡Sabes lo que todo el mundo piensa de los Slytherin! Que son unos traidores, unas sabandijas, que veneran a ya-tu-sabes-quien… - El chico no se inmutó ante sus palabras pero la miró con impresión.

-Tú no me conoces..- murmuró más para sí mismo que para ella. Fue como una especie de revelación, como algo que Marcus no había notado hasta ahora.

-¿Qué quieres decir? Si te conozco, - exclamó la chica mirándolo confundida. El viento volvió a soplar intensamente y las risas ajenas adornaron el incómodo momento de ambos.

-Tú piensas lo mismo de mí. Crees que soy un mortífago traidor y sabandija. – la mirada de Ginny se tornó asustada. –Siempre lo has pensado.-

-¡Tú nunca me cuentas nada!- la pelirroja se levantó con ojos vidriosos y lo miró furiosa. El reclamo fue tan fuerte que Marcus perdió los estribos.

-¡PODRÍA CONTARTE SI PREGUNTARAS!- algunas personas voltearon hacia las gradas ante este último grito. Ginny se encogió un poco ante su potente voz. Marcus bufó molesto, pasándose una mano por el cabello. Odiaba salirse de sus cabales de esa manera. –Si alguna vez te he dado indicios de apoyar a-quien-tu-sabes, dímelos en este momento.- al menos 5 minutos de arrollador silencio siguieron a esto. Ginny empezó a llorar silenciosamente y se sentó de nuevo en la grada, tapándose un poco el rostro con el largo cabello. –Hay unas cuantas cosas que deberías saber sobre Slytherin, y otras que deberías olvidar.- gruñó con determinación.

-Sé que todos los magos oscuros vienen de Slytherin.- murmuró la chica de manera retadora.

-Y supongo que también sabes que Merlín fue Slytherin. – tronó Marcus con odio. Ginny no dijo nada, invadida de asombro. –El camino de un mago no lo define su casa. Las demás también han dado magos oscuros pero imbéciles: como Quirrell por ejemplo. – La voz de Marcus pareció calmarse a medida que hablaba. –De Slytherin han salido los magos más transcendentales de la Historia porque eso es lo que un Slytherin busca: grandeza y reconocimiento. – Ginny se sonó la nariz y lo miró con expresión arrepentida. –Pero aquel que es el más grande, fácilmente puede caer en lo más bajo. Y ese, es el mayor defecto de un Slytherin.

-Lo siento. – habló la pelirroja con un voz apagada. El chico suspiró, resignado. Con un poco de temor se levantó la manga de su sweater en su brazo izquierdo y se la mostró a Ginny.

-Aquí debería estar La Marca Tenebrosa.- le explicó con repulsión. –A principios del curso me negué… y mi familia "aceptó" mi decisión. – Ginny lo observó confundida.

-Entonces… ¿quisieron reclutarte? – Marcus se encogió de hombros.

-Mis padres me ofrecieron a la causa desde que él resurgió de nuevo. – el chico se recubrió el brazo. –Dije lo que pensaba y me fui de casa. – Ginny se tapó la boca.

-¿Entonces a donde fuiste en Navidad?- Marcus se encogió de hombros, restándole importancia.

-Me quedé en casa de un amigo muy preciado de la familia. Me escogió como su pupilo. – La voz de Marcus cambió en este punto. –Su nombre es Garrick. Estaba seguro de que me correría de su casa, pero nuevamente, las apariencias engañan.

-Lo siento. – volvió a decir Ginny, sintiéndose apenada.

-No te preocupes. Después de todo, Gryffindor no tolera a aquel que es diferente… o eso dicen, ¿no? – Marcus le dedicó una sonrisa ladeada a la chica y esta desvió la mirada, demasiado arrepentida como para intentar defenderse.


Ron había insistido en cargar su morral desde que se habían encontrado en el pasillo después de Runas Antiguas. Hermione le contaba con sumo deleite lo asombrosa que resultaba esa clase para ella y, a pesar de que al chico no le atraía en absoluto, escuchaba a la castaña con toda su atención. Le hacía preguntas sobre el tema y la animaba a seguir hablando. Iban caminando bastante distraídos del resto. Sin embargo, Hermione se detuvo instantáneamente cuando divisó a un tumulto de gente de nuevo, frente a la pared ensangrentada. Eran estudiantes que estaban aglomerados alrededor de un grupo de personas no pertenecientes al colegio. Eran algo jóvenes, unos años más que Hermione, pero muy bien parecidos. Uno de ellos le tomaba fotos con una gruesa cámara al mensaje y otro, andaba con un micrófono en la mano, entrevistando. Era una mujer. Hermione calculó que tendría unos 25 años, quizá menos. Era delgada y de mediana estatura, tez blanca y mirada afilada. Sus rasgos eran finos y su andar, algo gracioso. Su cabello, completamente oscuro, excepto por un pedazo de mechón blanco, caía salvajemente en sus hombros hasta llegar a su cintura y vestía un traje negro bastante ceñido. Su rostro denotaba una impresión permanente, sin embargo, Hermione creyó ver algo malvado y calculador en su mirada.

Ron tenía la boca abierta, bastante desencajada. La chica era absurdamente hermosa. Hermione intentó jalar a Ron por la manga para que siguieran su camino hacia el Gran Comedor pero el pelirrojo se movió hacia el lado contrario, donde estaba el tumulto de gente. En ese preciso momento, la misteriosa mujer comenzó a hablar, dirigiéndose a unas cámaras video filmadoras, bastante parecidas a las muggle que Hermione recordaba.

-Por mucho que el Ministerio siempre se haya esforzado en ocultarlo, es inevitable fingir que no está allí. El estigma hacia las personas impuras existe y no va a desaparecer solo porque la comunidad mágica se empeñe en verlos como sus iguales.- habló con una voz decidida y potente. Ron quedó enamorado. –¡Aquí, el mejor ejemplo!- alentó, mostrándole a las cámaras la pared ensangrentada que mostraba la frase Bad Blood, you are next. La chica se aclaró la garganta. –Pero quien ha dicho que ser diferente está mal? – terminó, con voz ponzoñosa. –Esto fue la primera transmisión oficial de Nueva Era, gracias por escucharnos. – fue recibida con un par de aplausos de los estudiantes. Muchos de ellos, varones, que no dejaban de mirarla. –Cualquier persona que quiera escuchar lo que tengo que decir, puede asistir a la conferencia que Nueva Era dictará próximamente dentro del castillo.- habló, dirigiéndose hacia su público. – Yo también fui estudiante de Hogwarts, al igual que ustedes. El mundo exterior no es como lo pintan aquí, no lo olviden.- terminó, dedicando una impecable sonrisa.

Hermione tuvo que pasar el resto del día aguantando el reciente enamoramiento de Ron. Había recitado las palabras de la misteriosa mujer más de cinco veces a Harry, que había perdido la oportunidad de verla. No dejaba de preguntarse a si mismo, en frente de ellos, si la chica podría ser una veela.

-Tenemos que ir a esa conferencia- sentenció con alegría. Harry sonrió tímidamente mientras bebía su sopa. Hermione suspiró de manera ruidosa, tratando de tragarse las palabras. Esto es lo que siempre había odiado de ser la amiga del chico que quería. Tener que soportar lo hermosa que resultaba para Ron cada chica nueva que conocía. No recordaba ni una sola oportunidad en la que Ron no especificara cada una de las cosas (sexuales o no) que le gustaría hacer con alguna otra chica. Ni siquiera incluso después de lo que pasó entre ellos las cosas habían cambiado. Ni siquiera ahora, que el pelirrojo hacía todo lo posible para recuperarla había cambiado ese aspecto de él. No entendía por qué esto le estaba empezando a molestar otra vez. Dirigió una triste mirada hacia la mesa de Slytherin y supuso que la deteriorada relación con Malfoy estaba haciendo que desviara su atención de nuevo hacia Ron. ¿Acaso era eso? Después de todo lo que había pasado en su vida este curso escolar, era este, un buen momento de mirar hacia atrás? ¿Acaso Ron Weasley seguía habitando en sus pensamientos, rugiendo con desprecio y coraje acumulado? Esta vez, la chica no estaba tan segura de eso, porque a pesar de que las cosas con Draco estuvieran más que distantes y deterioradas, ella no veía marcha atrás. No veía manera de borrarlo de su mente, estuviera o no Ron en su vida.

–Tiene razón, me refiero, siempre hemos tratado a Hermione como si supiera todo lo que alguien sabe antes de entrar a Hogwarts, y hasta en eso somos diferentes. – volvió a comentar el pelirrojo, con la boca llena.

-Yo no sé nada de lo que debe saber un mago antes de entrar a Hogwarts.- le recordó Harry. Hermione no comentó nada. En ese instante, las lechuzas con el correo estaban haciendo su llegada dentro del castillo. -¿Quién crees tú que sea esa mujer, Hermione?- la castaña se encogió de hombros, restándole importancia. El periódico llegó en ese momento a la mesa y desvió su atención, buscando monedas para pagarle a la lechuza. Ron se atragantó ruidosamente y le entregó las monedas a la lechuza por Hermione. Al parecer, ya tenía esa idea preparada. Hermione lo observó pensativamente, sin decir palabras.

-Gracias, Ron. – el chico la miró dulcemente y siguió comiendo. –No lo sé, pienso que quien quiera que sea, está tratando de confraternizar con los estudiantes del castillo. No sé si a favor o en contra de alguien como yo. – comentó hacia Harry al tiempo que se perdía detrás del periódico. Un minuto después, lanzó un alarido de asombro. Harry y Ron voltearon a mirarla. Hermione extendió El Profeta en la mesa para que sus dos amigos pudieran leer. Unos cuantos alumnos que estaban cerca, trataron de mirar, curiosos.

"-Tenía días actuando de manera muy extraña. Lo único que quería era revisar el periódico.- comentó un guardia de seguridad de la reconocida prisión de Azkaban. El incidente ocurrió en la pasada noche, luego de que los dementores visitaran su celda, como siempre. Es el segundo hombre en la historia, que consigue burlar la seguridad de la prisión. Si recordamos las extrañas circunstancias en las que escapó el asesino Sirius Black debemos recalcar las diferencias en cuanto a este nuevo escape.

El prófugo es el ya bastante popular mortífago Lucius Malfoy, quien mostraba en su último informe médico una condición de salud bastante lamentable. Con cuadros esquizofrénicos y unos inequívocos síntomas de viruela de dragón (aparentemente padecida también por su sucesor) el hombre dejó destrozada la celda donde se encontraba encerrado.

Cualquier persona que tenga información al respecto, le agradecemos contactar al servicio de aurores del Ministerio de Magia lo antes posible."

-Lo único que tienen que hacer es revisar en la cámara secreta de la Mansión Malfoy.- comentó Ron de manera divertida. Harry mantuvo la mirada un rato más en la publicación, con expresión bastante preocupada. Hermione por el contrario, buscaba desesperadamente a Draco. Pero el chico no se encontraba en ese momento en el Gran Comedor. La verdad era, que desde la última conversación en el aula de pociones, no había vuelto a verlo o cruzar miradas con él en al menos una semana. Volvió a suspirar y cerró el periódico. Si este alejamiento con Malfoy formaba parte de un compendio del destino, de una oportunidad para mirar hacia atrás y corregir lo que había pasado, ella no estaba dispuesta a tomarla. No creía en el destino ni en la predestinación de los hechos. No creía que Malfoy había llegado a su vida siguiendo los hilos imaginarios del universo ni que nunca debió ser como había dicho el mismo chico. Es más, tampoco opinaba que lo que debía suceder, sucedería si no era ella misma la que salía a buscarlo. Se levantó del asiento sin avisar, decidida a recuperar la atención del Slytherin.


La segunda semana de Febrero fue el triunfo de Hermione; y todo el mundo lo notó.

Los chicos no lograban entender que era lo que había en ella diferente. A simple vista, lucía igual, a excepción de que ahora se maquillaba, y su cabello estaba más domable que antes. Más que nada, parecía ser cuestión de actitud. Hermione caminaba con una seguridad abrumadora y en ocasiones, coqueteaba con la mirada de una manera, que dejaba confundido al más indiferente. Empezó a ser chistes en clases, que para sorpresa de Ron, daban risa. Éste no podía disimular sus embobados ojos cada vez que la veían y había desarrollado una nueva habilidad al estar frente a ella: tartamudeaba.

En clase de Cuidado de Criaturas Mágicas todas las chicas se encontraban juntas, embelesadas por unos tiernos bebés unicornios que Hagrid había llevado esa semana. Lavander Brown se apartó de Hermione cuando ésta se agachó cerca de ella, claramente molesta. Le dirigió una mirada herida a Ron que el chico trató de evadir. Hacía meses que Lavander no se dignaba ni a notar su presencia.

-Hey, Potter.- el moreno volteó al igual que su amigo Ron al escuchar el llamado. Cormac McLaggen se había acercado diplomáticamente hasta ellos junto con su inseparable amigo, Jimmy Peakes. Cormac era un rubio de aspecto musculoso, y le llevaba al menos dos cabezas a ambos. –Como ustedes son los guardaespaldas de Granger…- comentó con una sonrisita divertida, mirando a la chica como si fuera algo comestible. –¿Tiene novio? ¿Estará con alguien este San Valentín?- Jimmy se cacareó y le dio un codazo fraternal a su amigo. Harry alzó las cejas peligrosamente. Ron en cambio, se sonrojó hasta las orejas.

-Si por guardaespaldas te referías a amigos…- espetó Harry dándole la espalda. Ron apretó los puños y lo observó amenazadoramente. Cormac le dirigió una mirada de burla a Ron y lo estudió de arriba abajo.

-Está bien, amigos de Granger.- sonrió gentilmente. –Sólo les estoy avisando que ese día ella no estará con ustedes. Y quizá esa noche tampoco. – Ron se abalanzó con la fuerza de un toro embravecido hacia Cormac pero Harry lo sujetó a tiempo. Cormac se carcajeó y se alejó de ellos junto a su amigo.

-No…seas…estúpido…- resopló Harry mientras su amigo trataba de soltarse. –Te volvería mierda en cinco segundos…- Ron se soltó y bufó ruidosamente.

-Lo mataré antes de San Valentín. – Harry rió ante el enfado de su amigo. -¿Desde cuándo McLaggen está interesado en Hermione?- preguntó con un gemido ahogado, pasándose la mano por el rojizo cabello.

Harry se encogió de hombros, restándole importancia. –No le des importancia. Hermione nunca estaría con alguien como él.-

-Me recordó a Malfoy…- comentó el pelirrojo arreglándose la manga.

-Exacto. ¿Ves a lo que me refiero? Además, ella no estará con McLaggen si tú le propones antes ser su Valentín. – Ron lo estudió nerviosamente.

-¿Qué yo qué? No puedo. Jamás me atrevería a hacer algo así. – dijo, con un tono de voz bastante agudo.

-Por eso es que eres tan perdedor, Weasley. - siseó Draco a unos cuantos pasos de ambos. Claramente, había estado escuchando cada palabra de la conversación. Sin embargo, no esperó a que los Gryffindor se defendieran; empezó a caminar lentamente hacia el grupo de chicas, dejando a Ron indignado.

Estas palabras no se borraron fácilmente de los pensamientos de Ron. El 14 de Febrero fue para él peor que una mañana antes de un partido de quidditch. Bajó al Gran Comedor hecho un nudo de nervios, con una pequeña carta arrugada entre las manos. Recibió, con bastante apatía, el buen humor colectivo que habitaba en el Comedor. El techo estaba adornado con pequeñas nubes arremolinadas en torno a un gigantesco sol. Gritos exaltados de chicas recibiendo regalos y unos cuantos pétalos de rosas desprendidos en el suelo del lugar. El pelirrojo sintió nauseas al creer que estaba en medio de algún video amoroso/musical de bajo costo. Pero sus ojos se salieron completamente de orbitas al vislumbrar a tres personas conocidas disfrazadas de cupido, recorriendo de un lado para otro el Gran Comedor.

-¿Qué pretenden Neville… Esa es mi hermana?- se interrumpió así mismo el chico al sentarse frente a sus amigos y reconocer a Ginny. La chica había convertido su cabello en una larga trenza roja que llegaba a su cintura. El disfraz de cupido era completamente blanco y andaba descalza. Llevaba además, un pequeño arco y flecha en forma de corazón. Luna y Neville estaban vestidos exactamente iguales. El disfraz del chico era un poco más exhibicionista. Muchas estudiantes más jóvenes que él reían enloquecidas cuando éste pasaba cerca de ellas.

Hermione soltó una carcajada al ver la embobada expresión que exhibía Harry en el rostro. –Encontraron una muy buena manera de ganar dinero. – comentó con alegría.

-Pudieron haberme avisado, ¡yo también necesito ganar dinero!- protestó Ron con enojo. Neville en ese instante se dirigió a la mesa de Gryffindor buscando a Lavander Brown. Al estar frente a ella le regaló una rosa blanca y se aclaró la garganta:

-"Una lengua que emponzoña mil corazones,

una boca que exhibe perlas

Una mirada que derriba hombres y convoca rayos

Y un corazón del cual no brota más que mi ruina…"-citó con voz potente. Las carcajadas explotaron en la mesa de Gryffindor. Lavander se sonrojó hasta las orejas y aceptó la rosa blanca. Le dirigió una rápida y esperanzada mirada a Ron, que este no supo interpretar. Quizá, por un momento, la chica pensó que el regalo lo mandó su antiguo novio. Los 3 cupidos se convirtieron en la sensación de San Valentín. Los estudiantes y sobretodo las chicas, perseguían a Neville, Luna y Ginny con la mirada, esperanzadas de ser las próximas de recibir un obsequio. El turno de Luna llegó al materializar con su varita un tarro de chocolate derretido adornado con lazos y entregárselo a Zacharias Smith. Fue el primer chico en recibir un regalo de una anónima. A pesar de que la hora de clases oficialmente ya había comenzado, ningún alumno quería abandonar el comedor. Lo insólito sucedió cuando Ginny Weasley se acercó a la mesa de los profesores y buscó al profesor Snape. El hombre la miró como si estuviera preparado a escupirle en cualquier momento.

Ginny le dedicó su mejor sonrisa y sacó su varita. Con un rápido movimiento un gran lirio de color amarillo cayó en la mesa de los profesores. Snape miró la flor con impresión mientras muchas risas ahogadas se escuchaban de fondo. Dumbledore observaba la escena, silencioso, con mucha diversión en su mirada. Antes de que su profesor se le ocurriera ahorcarla, Ginny corrió hasta la mesa de Slytherin. Harry observó sus movimientos con preocupación. Pero para su sorpresa, los Slytherin, o al menos los chicos, no la miraban con reproche o desaprobación. Parecían más bien curiosos. Ginny suspiró con nerviosismo y se adentró entre las serpientes. Sacó una fresca flor que tenía escondida en el disfraz. Se trataba de un pequeño y rojo tulipán. Con un último y lento movimiento, le extendió el tulipán a un chico que había estado observando el espectáculo con aprensión. Draco parpadeó varias veces sin entender. Las risas pronto se hicieron notar y sintió un claro ardor en la nuca, como si Pansy le estuviera clavando estacas con los ojos. Su rostro también empezó a arder. Con confusión, aceptó la flor de la más pequeña de los Weasley y la miró pidiendo una explicación. La chica hizo un pequeño movimiento con los labios y alzó la vista al cielo, como si fuera obvio. Draco creyó leer en sus labios la palabra ábrelo. Pansy intentó arrebatarle el tulipán al chico con un brusco movimiento. Malfoy protegió la flor y decidió esconderla de todas las miradas.

-¿Quién podría haberle mandado una flor a Malfoy?- escupió Ron con indignación, levantándose un poco del asiento para ver mejor. Hermione intentó esconder el rostro inútilmente.

-No tengo idea, pero será mejor que nos apresuremos.- murmuró Harry levantándose precipitadamente del asiento. Acababa de ver como Ginny se sentaba en las piernas de Marcus y este le daba a la chica un obsequio. Ron pareció recordarse de algo y abrió la boca nerviosamente. Sus manos empezaron a temblar al mismo tiempo que manoseaba el ligero papel arrugado con el que llegó esa mañana al Gran Comedor. Le dirigió una mirada a Hermione, que también se levantaba del asiento y registraba su mochila con libros. Estaba maquillada de nuevo, con unos bucles más pronunciados en su largo cabello y las uñas pintadas de rojo. Ron tragó saliva perdiendo todo el valor. Harry adivinó lo que sucedía y suspiró, exasperado.

-Iré adelante, luego los veo. – dijo, abandonando el lugar para dejarlos solos. Ron se aclaró la garganta.

-Hermione…- la chica se encontraba totalmente distraída, mirando insistentemente hacia la última mesa. Para su pesar, vio como a esas alturas ya Pansy estaba intentando acaparar toda la atención de Draco. El chico ni siquiera había dirigido su vista hacia la mesa de Gryffindor y el pequeño tulipán que ella le había mandado había desaparecido de vista.

-Dime- contestó con los ojos vidriosos pero dibujando una sonrisa.

Ron tragó fuertemente. Le entregó el arrugado papel y bajó la mirada. Hermione frunció el ceño y se dispuso a leer:

"Could you be my valentine?"

La chica no supo que expresión dibujar. Ni siquiera entendía si la pregunta iba en serio. Parpadeó varias veces preguntándose a sí misma por qué Ron no se lo preguntó simplemente y ya. Antes de que pudiera responder algo, fueron abruptamente interrumpidos por Neville, Ginny y Luna, quienes reían a carcajadas. Luna les pidió que se juntaran para tomarles una fotografía. La cámara hizo un ligero "crack" y el flash iluminó el sonrojado y arrepentido rostro de Ron y a una incómoda Hermione, que había quedado entre dos sonrientes cupidos.

-¿Por qué dibujaste esa cara, Ron?- preguntó Luna con curiosidad observando la fotografía. Neville y Ginny salían balanceándose y riéndose y Ron bajaba la mirada una y otra vez con vergüenza.

Hermione prefirió no responder. De igual manera, pasarían todo el día juntos, como siempre. Su atención no reparó mucho en el silencio del pelirrojo el resto del día. Ni siquiera cuando Harry preguntó abiertamente en el almuerzo que le sucedía a Ron, ella sintió importancia. Su corazón no estaba funcionando bien ese día. Llegó a experimentar un gran número de palpitaciones cada vez que entraba a una clase donde Draco estaría, que en total fueron dos. Lamentablemente, por mucho que la chica lo buscara con la mirada, Malfoy jamás le correspondió. No solo eso, el rubio parecía seriamente empeñado en ignorarla, sin importar lo que ella hiciera para establecer contacto. Alcanzó a escuchar en una clase, como Pansy daba alaridos de emoción, mostrándoles a sus amigas Slytherin el brazalete que Draco le había obsequiado ese día. Hermione entró en depresión. Intentó secarse las lágrimas que asistieron a ella a borbotones pero por culpa de esto se le corrió el maquillaje.

Harry reparó por segunda vez en la expresión de Hermione. La de Ron no se alejaba demasiado. Suspiró resignado, concluyendo que no le gustaban los días tan dramáticos como estos. El viento alborotó en ese instante las hojas de los árboles del patio empedrado, donde se encontraban sentados pasando la tarde. Pronto llegarían los alumnos de segundo año, que esa tarde participarían en un club de duelo. Ginny apareció en ese momento, caminaba deprisa de un lado para otro, aún entregando regalos. Harry se distrajo mirándola unos instantes. Pensó en lo irremediablemente bella que lucía ese día. Ginny suspiró, extenuada y un momento después giró el rostro hasta donde se encontraban sus tres amigos. La mirada de la chica le provocó una sensación de angustia desconocida. No sabía de donde venía pero sintió un gran deseo de correr lejos de ella. Para su desgracia, Ginny sonrió y se sentó con ellos. Cargaba una pequeña bolsita, repleta de galeones. Ron miró con amargura las monedas de oro.

-¿Cuántos galeones has ganado?- Ginny sonrió encantada.

-70 galeones. ¿No es absurdo? La gente en verdad es capaz de gastar un galeón por una rosa. Perdí esa apuesta con Neville.- Ron dibujó una expresión hosca y siguió mirando el horizonte.

-Wow, es increíble Ginny!- musitó Hermione dedicándole una sonrisa. Sus ojos en cambio, relampaguearon tristemente y además, aguados.

-¿Quién le regaló la flor a Snape?- pregunto Harry con curiosidad. Ginny lanzó una carcajada.

-Neville. Solo que ya saben la relación entre ambos. Los ojos de Neville para mentir son dos ventanas abiertas con señales de humo. – La chica se acomodó un poco la trenza con alegría. –No se lo comenten a nadie. Me informaron que Snape tiene el lirio en el bolsillo y lo ha sacado al finalizar todas sus clases el día de hoy. Pobre tonto.- el humor de Ron pareció mejorar ante este descubrimiento.

-No puede ser tan imbécil. ¿De verdad cree que alguien le mandó el obsequio por amor?- sonrió, retomando un pequeño brillo malicioso en sus ojos. Ginny miró a Hermione con preocupación unos segundos después.

-Hermione necesito que me acompañes al baño, es urgente.- La castaña pareció notar las intenciones de su amiga y trató de negarse. –Por favor, Hermione.- insistió cuando la chica abrió la boca. Luego suspiró, resignada.

Caminaron en silencio, esquivando el humor colectivo de todo el mundo. Unas chicas de Hufflepuff agarraron a Ginny y exigieron una foto con ella. Hermione esperó por ella, impaciente. Cuando llegaron al baño del segundo piso, Ginny cerró la puerta con pasador y se puso las manos en la cadera, exigiendo una explicación.

-¿Cuánto tiempo más pensabas ocultármelo?- Hermione se miraba en el espejo, fingiendo distracción.

-¿Ocultarte qué?- Ginny bufó.

-Hermione, este día se prestó para bromas como el lirio de Snape, estoy clara de eso. El tarro de chocolate que recibió Smith estaba embrujado. Y el ramo de flores que recibió Finnigan en el almuerzo lo mandó Colin. – reveló la pelirroja con cara de pocos amigos. Hermione dibujó una expresión de asombro. – Pero el tulipán que le mandaste a Malfoy fue algo completamente distinto.-

-¡Por supuesto que no! Te dije lo que pretendía con esa flor, Ginny…-

-¡Me dijiste que cuando Malfoy lo abriera saldrían cucarachas Hermione!-

-¡EXACTO!- gritó la chica riendo nerviosamente.

-¡BASTA! Malfoy ya abrió el tulipán. Lo vi en el mediodía. – Hermione bajó las defensas y la miró con curiosidad. –No lo abrió frente a sus amigos. Se escondió en un rincón del invernadero 3.- Ginny estudió la reacción de su amiga, aún con cara de pocos amigos. -¿Qué es lo que te traes con él?- Hermione seguía mirándola con una expresión entre atontada y curiosa. Empezó a jugar nerviosamente con sus manos y dirigió su vista al suelo.

-No lo entenderías, Ginny. Yo… de todas maneras no es lo que…- Ginny lanzó un bufido.

-¿Desde cuándo están juntos?- Hermione dibujó una cara de asco.

-¿Juntos? No, pero qué cosas dices?- Ginny lanzó un grito de frustración.

-Hermione, Malfoy miró el tulipán durante media hora antes de abrirlo. Y nunca pensé que vería tanto dolor en su estúpida cara. – La castaña abrió los ojos con impresión. –No solo eso, lagrimeó un poco después de ver el recuerdo.- murmuró, dibujando una expresión de disgusto. El silencio que siguió a sus palabras fue irrompible. Ginny miraba desafiantemente a Hermione, la cual trató de esconder las lágrimas inútilmente. Unos segundos después, la pelirroja suspiró. –Mi hermano, ni siquiera Harry, pueden enterarse de esto.- Hermione movió la cabeza de un lado para otro, con lágrimas saliendo a borbotones de sus ojos. Ginny se tapó el rostro con las manos y se lo estrujó. –Estás arruinada, Hermione.-

-Lo sé…- Ginny decidió darle un torpe abrazo.

-No… No juzgaré tu relación con él. A él tampoco. – exclamó con seguridad, recordando la última discusión que tuvo con Marcus. –Me parece que él está sufriendo más que tú. – Hermione se secó los ojos con remordimiento. Ginny sacó su varita y dio un girón; un pañuelo rosado se materializó. Se lo extendió a Hermione. Salieron semi-abrazadas del baño, rumbo al patio empedrado, enterrando ese secreto. Ginny aún no estaba segura de haber reaccionado de la manera correcta. Le molestaba profundamente haber descubierto la verdad, sobretodo ver a Ron sufriendo como lo estaba haciendo por Hermione, y ésta en cambio, siendo amante de la peor persona que pudo haber escogido.

Ginny se despidió tímidamente, ya que tenía que continuar repartiendo entregas del día de los enamorados. Hermione empezó a organizar en el patio los grupos de duelo junto a un prefecto de Ravenclaw. Para ese entonces, Harry y Ron se encontraban recostados de un gran árbol, compartiendo entre los dos una caja de grageas de todos los sabores. La cara de desdicha de Ron ahora Harry también la poseía. El humor de Hermione mejoró a medida que transcurría la tarde y supervisaba a los niños. Sin embargo, no pudo evitar notar que la nueva generación era algo despiadada. Los pequeños Gryffindor se burlaban cruelmente de los Hufflepuff, que iban de último en cuanto a puntos acumulados se trataba. Más tarde, tuvo que separar a un Ravenclaw que había caído encima de un joven Slytherin y lo estaba matando a puñetazos. En ese instante, las campanas del reloj sonaron y un grupillo de estudiantes salió también al patio.

Pansy iba de manos agarradas con Draco, dedicando sonrisas a diestra y siniestra. Blaise y Daphne iban con ellos. Se detuvieron unos segundos a contemplar el duelo entre los estudiantes más pequeños. Draco lucía claramente incómodo. Pansy observó cómo Hermione separaba a un Ravenclaw de un Slytherin y frunció el ceño. La castaña había reparado su vista en Draco, de nuevo. Le dirigió la misma mirada aduladora que llevaba dedicándole todo el día y Pansy no entendía por qué. No conseguía entender por qué Granger llevaba días intentando captar la atención de su novio, a pesar de que no recibía ni un atisbo de interés por parte del Slytherin. Sin avisar, se desprendió de la mano de Malfoy y se subió a la tarima. Recibió unas cuantas miradas a cambio. Pansy alzó su brazo al aire.

-Mira Granger, ¿te gusta mi regalo de San Valentín? Supongo que tú no recibiste nada. Weasley ni para eso tiene dinero.- unas cuantas risas adornaron las palabras de Pansy. Hermione se enderezó y la observó con antipatía. No sentía celos en absoluto del regalo. Para ella, era preferible un regalo que dijera te conozco, a uno que dijera mira cuánto gasté. Pero prefirió no contestar, cualquier cosa que dijera podría arruinarlo todo. Miró a Draco, y este por fin le devolvió la mirada. Una mirada vacía y carente de interés. Bien podría haber estado contemplando una pared. Hermione apretó los puños, molesta.

-Esta tarima de duelo es solamente para los de segundo año. ¿Estás en segundo año, Parkinson?- Pansy se cacareó, sacó con un revoloteo de humor su varita y luego la sujetó fuerte, sonriéndole macabramente a Hermione.

-¿Por qué no les demuestras a los de segundo año tus dotes, Granger?- Hermione sacó su varita a regañadientes.

-¡Destrúyela, Pansy!- gritó Zabini riendo a carcajadas. Le dio un codazo amistoso a Draco y lo miró con malicia. El rubio parecía que iba a vomitar en cualquier momento. Su cara adquirió un ligera tono verdoso. Pansy volteó y saludó con la mano a Zabini. Luego, al ver a Malfoy le mandó un beso seductor. Al otro lado de la tarima Hermione escuchó gritos de apoyo de los pequeños Gryffindor, pero no le importaron. No sabía cuántos minutos habrán transcurrido sin que ninguna de las dos hiciera un movimiento. Finalmente, Hermione decidió dedicarle la más terrible de las miradas. Lamentablemente, Pansy lo notó. Notó que no era una simple mirada de odio ni desafío, sus grandes ojos se abrieron un poco más al reconocer los celos impregnando todo el cuerpo de Granger. Ante este descubrimiento, Pansy no se percató del movimiento en la varita de su oponente.

-¡Volate Ascendere!- tronó Hermione con decisión al tiempo que blandía su varita. El cuerpo de Pansy fue lanzado hacia arriba con tal potencia que la chica cayó mareada al suelo. Más personas empezaron a acercarse. Ron y Harry empezaron a aproximarse. La Slytherin se levantó del suelo, adolorida y aún impresionada. Vio como Hermione le dedicaba una mirada triunfante a Draco, que yacía inmóvil cerca de ellas.

Pansy se pasó una mano por el cabello despeinado. -¡Serpensortia!- una gran serpiente cascabel se materializó de la varita de la chica y fue arrojada con velocidad hacia Hermione. La castaña retrocedió al ver lo que le caería encima y blandió su varita.

-¡Depulso!- la serpiente fue rechazada y devuelta hacia Pansy que lanzó un grito de miedo pero se tiró al piso, esquivando al animal. La serpiente salió despedida hacia un matorral. Pansy volvió a colocarse de pie, mirando fijamente a Hermione, pero esta sólo tenía ojos para Malfoy en ese momento. Pansy estaba convencida que debía seguir su intuición, esa que jamás había fallado.

Levantó su varita de nuevo, esta vez rodando su mirada hasta Draco, preparada a ver su reacción. -¡Sectumsempra!- el hechizo de color mortecino salió disparado hacia Hermione, que ante el asombro no le dio tiempo de protegerse. El hechizo le profirió grandes cortes en la piel de Hermione y Pansy dirigía la dirección de los cortes con la varita. Se escuchó un grito colectivo en el patio, superado con creces ante el que profirió Hermione. El rostro de Draco se nubló de ira.

-¡Hermione!- gritó Ron subiendo a la tarima.

Malfoy, sin pensarlo dos veces, enfundó su varita, y pronunció -¡Expelliermus!- Pansy quedó completamente desarmada. Los cortes en la piel de Hermione dejaron de aparecer, pero de igual manera, la sangre salía a chorros de su cuerpo. La Slytherin lo miró y alzó una ceja, quedando comprobado lo que sospechaba.

-¿Por qué la detuviste?- preguntó Zabini, consumido por la incertidumbre. Puso su mano izquierda en el hombro de Draco, examinando más cerca su semblante. Daphne se tapó la boca con ambas manos, totalmente impresionada. Malfoy buscó la mirada de Pansy que ésta no le devolvió. La chica bajó de la tarima con actitud resuelta y caminó a grandes zancadas hasta entrar al castillo. Blaise tomó la decisión de seguirla antes de que traspasara la puerta. Muchos niños que contemplaron la escena empezaron a llorar. Ron cargó valientemente el cuerpo de Hermione y empezó a caminar rápidamente hacia el castillo. Algunos Gryffindor, junto con ellos, Perikles, acompañaron al pelirrojo.

Harry en cambio, no tomó la dirección hacia la enfermería. Caminaba rápido y decidido, colmado de indignación, chocando y sin pedir disculpas a los alumnos con los que se encontraba. Sujetaba con fuerza su varita que se escondía en su bolsillo. Le tomó menos tiempo del que creyó llegar a las mazmorras, pero no había terminado de bajar unas angostas escaleras de caracol cuando alcanzó a escuchar unos gritos.

-¡No eres digno de pertenecer a esta casa!- rugió Pansy ahogadamente. El pasillo que conducía hacia el retrato de Slytherin se hallaba vacío. Harry se arriesgó a seguir bajando lentamente las escaleras para obtener una visión de lo que ocurría. Cuando llegó al final, descubrió a Parkinson y Malfoy peleando. -¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuándo pensabas reconocer ante mí lo asqueroso que podías llegar a ser? ¡Dime, Malfoy!- gruesas lagrimas empezaron a escapar de los ojos de la chica.

Draco no encontraba las palabras adecuadas. -¡Cállate, no tienes derecho a llamarme así por simples suposiciones tuyas!- Pansy rió locamente. -¡TENÍA QUE DETENERTE!-

-¿SUPOSICIONES DICES? Creeme, Malfoy… nunca había estado tan jodidamente segura de algo. Y tú te encargaste de demostrármelo.- terminó empujándolo con rencor. Harry se agachó un poco, resuelto a escuchar lo que no le interesaba ver, confundido ante la pelea de ambos Slytherin.

-Yo no te demostré nada. Tenía que detenerte! Ahora todo el castillo creerá que fuiste tú la del mensaje en la pared. – Pansy volvió a reír.

-Sólo cállate ¿quieres? Te conozco TAN bien que es la primera vez que de verdad, Malfoy, no te creo ni una palabra. – Pansy se llevó las manos al rostro. –He pillado como te mira, como busca tu atención. Su odio, sus celos al vernos juntos… ¡Suéltame, no quiero que me toques! – Harry escuchó un quejido ahogado de Parkinson. –Blaise intentó darme explicaciones hace rato, pero yo me negué a escucharlo. Me negué, porque sé cómo la miraste cuando la maldije, Draco. Y tú nunca habías mirado a alguien así. –Harry no pudo evitar levantarse un poco para ver como el Slytherin miraba al piso, con actitud derrotada, ante las declaraciones de Pansy. –Esa expresión de haber perdido lo que deseas. – La chica rió. – Siempre deseé que me miraras de esa manera. –Draco permanecía callado. –Sólo… sólo necesito escuchar que es mentira, Draco. Sólo dime que no sientes nada por Granger, y olvidaré todo lo que pasó. – pidió suplicante la chica. El rubio apretó los puños con fiereza durante unos interminables segundos.

-No puedo hacer eso.- murmuró el Slytherin bajando la voz. Pansy lo estudió, aterrada. Harry vio como Draco levantó la cabeza y la miró arrepentido. El Slytherin murmuró algo más, una especie de sentencia tan poco audible que bien pudo no haber sido dicha. El pasillo inmediatamente se llenó de un silencio pausado, casi infantil. Ambos Slytherin se miraron sinceramente, con transparencia, sin nada más que ocultar. Pansy bajó la cabeza, se tapó ligeramente la boca, aceptando lo que había escuchado. Sin más que agregar, le dio la espalda a Malfoy, y entró por el retrato a su sala común. El chico permaneció inmóvil un rato, su mirada lucía perdida, contemplando el muro que tenía al frente, sin percatarse que Harry Potter había escuchado la más valiente de sus declaraciones.