Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling


Respondiendo las preguntas del anterior capítulo:

-Libro favorito de la saga. Lo tengo bastante claro: La Piedra Filosofal. Y es curioso porque parece ser uno de los más odiados por varias personas, según los comentarios. Pero personalmente considero que es un libro perfecto para introducirte en la saga, es corto pero interesante. Otro que también me gusta es el de Las Reliquias de la Muerte, principalmente por el hecho de que gran parte de la acción transcurre fuera de Hogwarts y me parece interesante.

-Libro menos favorito de la saga. Pues seguramente La Orden del Fénix. Que Umbridge aparezca mucho en él, es un factor importante en ello. Pero también esta el caso de que el ministerio se niegue a creer el regreso del Voldemort, sobre todo porque era algo tan fácil como pensar: "El chico que perdió a sus padres a manos de un tipo dice que dicho tipo ha vuelto. Aunque me resulta difícil de creer, no creo que el chico haga bromas acerca de la muerte de sus propios padres."

-Mi opinión sobre El Legado Maldito. Me da igual lo que diga Rowling, esa cosa no es canon y punto. En si mismo la historia no la encuentro mala, he leído fics relacionados con los viajes en el tiempo que son mucho peores. Aunque también he leído fics de la misma temática que le dan mil patadas Al Legado Maldito. No voy a decir mucho más, porque me lo leí una sola vez hace tiempo. Pero si que hay algo que me gustaría comentar... ¡¿Por qué rayos Rose se apellida Granger-Weasley en vez de solamente Weasley?! Supongo que es para que aparezca los tres apellidos de los protagonistas, pero igualmente sigo sin encontrarle mucho el sentido.


Los dos recién llegados miraron al chico que acababa de pronunciar esas palabras. En un principio creían que se refería a alguien detrás de ellos, pero rápidamente se dieron cuenta de que ese no era el caso.

—Chico, creo que te has equivocado —dijo Frank Longbottom—. Es imposible que sea tu padre. Debes de tener unos catorce y, para que seas mi hijo, eso solamente significaría que te tuve con unos siete años.

—Frank, hay algo raro —murmuró Alice Wells, la mujer junto a él—. Este chico tiene un cierto aire a ti. Se nota que sois familia.

—Pero no recuerdo nadie como él. Y menos un hijo —replicó este.

En ese momento Dumbledore considero oportuno intervenir.

—Frank, Alice. Os aseguro que ese chico, Neville, dice la verdad. Concretamente estamos en mil novecientos noventa y cuatro, el futuro para vosotros imagino.

Los dos se quedaron paralizados unos segundos, registrando las palabras que Dumbledore acababa de decir.

—Es... eso es imposible —tartamudeó Alice, al final—. Es imposible que estemos en el futuro...

Dumbledore les tendió dos frascos de pociones con un líquido dorado blanquecino.

—Tomad esto. Entenderéis mejor lo que ocurre.

Frank miró con desconfianza los líquidos.

—¿Cómo sabemos que son seguros?

Alice colocó una mano sobre el brazo de Frank, frotándolo suavemente.

—Frank tiene razón. No podemos saber si es seguro o no —dijo Alice.

—Es agradable encontrar a dos que usan la cabeza —murmuró Moody.

—Sé que es difícil entender lo que ocurre, pero os puedo asegurar que no hay ningún tipo de truco —aseguró Dumbledore.

—Podemos dar fe de ello, Alice, Frank —dijo en ese momento Lily—. James y yo también lo hemos bebido y no nos ha pasado nada.

Frank y Alice se miraron. Parecían estar comunicándose con la mirada.

FRANK: "La tomaré yo primero."

ALICE: "Vamos a tomarla los dos juntos."

FRANK: "¿Y si es una trampa? Ni hablar. Tú espera."

ALICE: "No soy tu criada, Frank. Puedo hacer lo que quiera, cuando yo quiera."

FRANK: "Pero..."

ALICE:"Además, esto parece demasiado elaborado para ser una trampa."

Finalmente Frank dejó escapar un resoplido de aceptación y asintió a regañadientes mientras Alice sonreía, ante la cara confusa del resto.

—Esto... ¿qué acaba de pasar? —preguntó Ron en ese momento.

—Frank y Alice están tan unidos que son capaces de comunicarse el uno con el otro sin palabras, simplemente con miradas y expresiones faciales —respondió James—. Al igual que Lily y yo.

—¿De verdad? —preguntó Lily con diversión mientras veía como Frank y Alice se tomaban la poción—. Entonces... ¿en qué estoy pensando?

—Esto... —James entrecerró los ojos, escudriñando la mirada verde de Lily—. ¿siete?

—Déjalo anda. ¿Cómo os encontráis? —preguntó Lily.

Alice levantó una mano, pidiendo a Lily que esperase.

—Tengo muchas preguntas... qué ocurrió con nosotros para que Eli no este aquí y Neville fuese criado por la madre de Frank. sería una buena pregunta para empezar —comentó Alice—. A parte de unos cuantos vociferadores que quiero mandar, empezando por el capullo de Snape.

—Añade también a mi madre —gruñó Frank—. Y al resto de mi familia.

—Esa pensaba dejártela a ti —dijo Alice.

—Por eso te quiero. —Frank le paso una mano por la cintura, abrazándola con suavidad—. Siento lo de antes.

—No hace falta. Sé que solamente te preocupas por mí. Pero te recuerdo que yo también soy auror.

—En prácticas —le recordó Frank. Alice rodó los ojos.

—Ya lo sé... Bueno —Alice se aclaró la garganta al recordar que no estaban solos—. Mejor me presento. Soy Alice Wells y este de aquí es Frank Longbottom. Y no os dejéis engañar por su aspecto rudo, en realidad es un trozo de pan.

—No reveles mi secreto, Alice —replicó Frank, medio divertido.

—Bueno, ahora que ya esta todo resuelto, podemos empezar la lectura —anunció Dumbledore—. Creo que le tocaba leer a la señorita Weasley si no me equivoco.

—Así es —asintió Ginny, tomando el libro.

—Un momento. Antes quiero saber que ha ocurrido con nosotros para que Neville viva con mi madre —dijo Frank.

Neville abrió y cerró la boca varias veces. ¿Cómo le decía uno a unas versiones jóvenes de sus padres, que estos serían torturados hasta la locura? Eli, comprendiendo el dilema de su hermano, se apresuró en ir en su ayuda.

—Papá, mamá, mejor lo hablamos luego, ¿vale? —propuso Eli con su mejor carita de cachorro.

Sus padre se miraron.

—Esta bien —asintió Alice—. De acuerdo. Esto...

—Ginny, señora Longbottom.

—Eso, Ginny. Puedes empezar a leer.

La pelirroja asintió y abrió el libro.

La Marca Tenebrosa —leyó Ginny—. ¿Qué es eso?

Los que conocían que era ese símbolo se miraron. No iba a ser un capítulo agradable de leer.

—No le digáis a vuestra madre que habéis apostado —imploró a Fred y George el señor Weasley, bajando despacio por la escalera alfombrada de púrpura.

—Demasiado tarde, Arthur. Ya me he enterado —sonrió Molly de una forma un tanto sádica.

—No te preocupes, papá —respondió Fred muy alegre—. Tenemos grandes planes para este dinero, y no queremos que nos lo confisquen.

—Miedo me da esos planes —murmuró Percy.

Por un momento dio la impresión de que el señor Weasley iba a preguntar qué grandes planes eran aquéllos; pero, tras reflexionar un poco, pareció decidir que prefería no saberlo.

—Bien pensado yo —dijo Arthur.

Pronto se vieron rodeados por la multitud que abandonaba el estadio para regresar a las tiendas de campaña. El aire de la noche llevaba hasta ellos estridentes cantos mientras volvían por el camino iluminado de farolas, y los leprechauns no paraban de moverse velozmente por encima de sus cabezas, riéndose a carcajadas y agitando sus faroles.

—Teniendo en cuenta de que acaban de ganar, no me extraña su comportamiento —dijo Alice.

Cuando por fin llegaron a las tiendas, nadie tenía sueño y, dada la algarabía que había en torno a ellos, el señor Weasley consintió en que tomaran todos juntos una última taza de chocolate con leche antes de acostarse.

Molly le dirigió una mirada a su marido, pero no dijo nada. Entendía que los chicos estarían alterados tras ese trepidante partido.

No tardaron en enzarzarse en una agradable discusión sobre el partido. El señor Weasley se mostró en desacuerdo con Charlie en lo referente al comportamiento violento,

—Estaban en la final del mundial —dijo Charlie—. Entiendo que Bulgaria recurriese a tales jugadas.

—Aunque estén en la final, eso no justifica el juego violento —replicó Arthur. Charlie rodó los ojos.

—Papá, entiendo que el quidditch no sea tu mayor afición, pero cuando...

—¿Podéis dejar vuestra opiniones del partido para después? —les pidió Molly.

y no dio por finalizado el análisis del partido hasta que Ginny se cayó dormida sobre la pequeña mesa, derramando el chocolate por el suelo.

Ginny se sonrojo y ocultó su cara tras el libro. Segundos más tarde retomó la lectura.

Entonces los mandó a todos a dormir. Hermione y Ginny se metieron en su tienda, y Harry y el resto de los Weasley se pusieron el pijama y se subieron cada uno a su litera. Desde el otro lado del campamento llegaba aún el eco de cánticos y de ruidos extraños.

Algunos se miraron, recordando el título del capítulo que estaban leyendo. Esperaban que se refiriese a que Harry habría oído hablar de la Marca Tenebrosa y ya. Pero empezaban a sospechar que no parecía ser el caso.

—¡Cómo me alegro de haber librado hoy! —murmuró el señor Weasley ya medio dormido—. No me haría ninguna gracia tener que decirles a los irlandeses que se acabó la fiesta.

—Siempre y cuando sean solamente irlandeses —murmuró Sirius.

Harry, que se había acostado en una de las literas superiores, encima de Ron, estaba boca arriba observando la lona del techo de la tienda, en la que de vez en cuando resplandecían los faroles de los leprechauns. Repasaba algunas de las jugadas más espectaculares de Krum, y se moría de ganas de volver a montar en su Saeta de Fuego y probar el «Amago de Wronski». Oliver Wood no había logrado nunca transmitir con sus complejos diagramas la sensación de aquella jugada...

—Porque nosotros no le dejamos —dijo Fred.

—El muy zumbado quería enseñártelo cuando estabas en segundo —añadió George—. Tuvimos que ir nosotros, Angelina, Alicia y Katie para impedirlo.

Harry se imaginó a sí mismo vistiendo una túnica con su nombre bordado a la espalda e intentó representarse la sensación de oír la ovación de una multitud de cien mil personas cuando Ludo Bagman pronunciaba su nombre ante el estadio: «¡Y con ustedes... Potter!» Harry no llegaría a saber a ciencia cierta si se había dormido o no (sus fantasías de vuelos en escoba al estilo de Krum podrían muy bien haber acabado siendo auténticos sueños); lo único que supo fue que, de repente, el señor Weasley estaba gritando.

Por lo que habían leído hacía nada, dudaban que Harry se hubiese quedado dormido, o al menos no lo había hecho por mucho tiempo.

—¡Levantaos! ¡Ron, Harry... deprisa, levantaos, es urgente!

—Empiezan los problemas —murmuró Tonks.

Harry se incorporó de un salto y se golpeó la cabeza con la lona del techo.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Intuyó que algo malo ocurría, porque los ruidos del campamento parecían distintos. Los cánticos habían cesado. Se oían gritos, y gente que corría. Bajó de la litera y cogió su ropa,

—No hay tiempo para arreglarse, chico —gruñó Moody.

pero el señor Weasley, que se había puesto los vaqueros sobre el pijama, le dijo:

—No hay tiempo, Harry... Coge sólo tu chaqueta y sal... ¡rápido!

Harry obedeció y salió a toda prisa de la tienda, delante de Ron.

A la luz de los escasos fuegos que aún ardían, pudo ver a gente que corría hacia el bosque, huyendo de algo que se acercaba detrás, por el campo, algo que emitía extraños destellos de luz y hacía un ruido como de disparos de pistola. Llegaban hasta ellos abucheos escandalosos, carcajadas estridentes y gritos de borrachos. A continuación, apareció una fuerte luz de color verde que iluminó la escena.

Los que reconocieron el destello de luz verde, ahogaron un gemido. No podían creerse que estuvieran disparando la maldición asesina por ahí. ¿Es que los agresores no pensaban en que podían darles a alguien de su familia?

A través del campo marchaba una multitud de magos, que iban muy apretados y se movían todos juntos apuntando hacia arriba con las varitas. Harry entornó los ojos para distinguirlos mejor. Parecía que no tuvieran rostro, pero luego comprendió que iban tapados con capuchas y máscaras.

—Mortífagos —murmuró Frank.

—¿Qué son los mortífagos? —preguntó Harry. No era la primera vez que escuchaba ese término.

—Son los seguidores de Voldemort, Harry —respondió James.

Por encima de ellos, en lo alto, flotando en medio del aire, había cuatro figuras que se debatían y contorsionaban adoptando formas grotescas.

—No quiero saber que es eso —murmuró Emily con un hilo de voz.

Era como si los magos enmascarados que iban por el campo fueran titiriteros y los que flotaban en el aire fueran sus marionetas, manejadas mediante hilos invisibles que surgían de las varitas. Dos de las figuras eran muy pequeñas.

—Han cogido a una familia —murmuró Lily con asco.

Al grupo se iban juntando otros magos, que reían y apuntaban también con sus varitas a las figuras del aire. La marcha de la multitud arrollaba las tiendas de campaña. En una o dos ocasiones, Harry vio a alguno de los que marchaban destruir con un rayo originado en su varita alguna tienda que le estorbaba el paso. Varias se prendieron. El griterío iba en aumento.

Las personas que flotaban en el aire resultaron repentinamente iluminadas al pasar por encima de una tienda de campaña que estaba en llamas, y Harry reconoció a una de ellas: era el señor Roberts, el gerente del cámping. Los otros tres bien podían ser su mujer y sus hijos.

—¿Han cogido a la familia Roberts? —preguntó Hermione, horrorizada—. ¡Pero si son muggles! Seguramente no han hecho nada.

—Esa es la forma en que los mortífagos se divierten, Hermione —respondió Sally con asco.

Con la varita, uno de los de la multitud hizo girar a la señora Roberts hasta que quedó cabeza abajo: su camisón cayó entonces para revelar unas grandes bragas. Ella hizo lo que pudo para taparse mientras la multitud, abajo, chillaba y abucheaba alegremente.

—Asqueroso —masculló Remus.

Reg asintió, de acuerdo con él. En parte se sentía culpable ya, que aunque nunca participaba en esa clase de actos, no hacía nada para detenerlo.

—Dan ganas de vomitar —susurró Ron, observando al más pequeño de los niños muggles, que había empezado a dar vueltas como una peonza, a veinte metros de altura, con la cabeza caída y balanceándose de lado a lado como si estuviera muerto—. Dan verdaderas ganas de vomitar...

Hermione y Ginny llegaron a toda prisa, poniéndose la bata sobre el camisón, con el señor Weasley detrás. Al mismo tiempo salieron de la tienda de los chicos Bill, Charlie y Percy, completamente vestidos,

—¿Habéis perdido el tiempo vistiéndoos? —gruñó Moody—. ¡Los problemas no se solucionan por si solos! ¡No perdáis el tiempo!

arremangados y con las varitas en la mano.

—Vamos a ayudar al Ministerio —gritó el señor Weasley por encima de todo aquel ruido, arremangándose él también —. Vosotros id al bosque, y no os separéis. ¡Cuando hayamos solucionado esto iré a buscaros!

—¿Crees que estarán bien en el bosque? —preguntó Molly con preocupación.

—Yo diría que sí —respondió Frank—. Parece que todo el problema esta ocurriendo en el campamento.

Bill, Charlie y Percy se precipitaron al encuentro de la multitud. El señor Weasley corrió tras ellos. Desde todos los puntos, los magos del Ministerio se dirigían a la fuente del problema. La multitud que había bajo la familia Roberts se acercaba cada vez más.

—Vamos —dijo Fred, cogiendo a Ginny de la mano y tirando de ella hacia el bosque.

Harry, Ron, Hermione y George los siguieron. Al llegar a los primeros árboles volvieron la vista atrás. La multitud seguía a los magos del Ministerio, que intentaban introducirse por entre el numeroso grupo para llegar hasta los encapuchados que iban en el centro: les estaba costando trabajo.

—No me extraña —dijo Will—. Imagino que atravesar toda esa muchedumbre, más evitar lanzar hechizos que derriben a los Roberts, no debe de ser tarea fácil.

Debían de tener miedo de lanzar algún embrujo que tuviera como consecuencia la caída al suelo de la familia Roberts.

Las farolas de colores que habían iluminado el camino al estadio estaban apagadas. Oscuras siluetas daban tumbos entre los árboles, y se oía el llanto de niños; a su alrededor, en el frío aire de la noche, resonaban gritos de ansiedad y voces aterrorizadas.

—Y eso que hacía unos trece años que no se oía algo similar —dijo Remus en voz baja.

Harry avanzaba con dificultad, empujado de un lado y de otro por personas cuyos rostros no podía distinguir. De pronto oyó a Ron gritar de dolor.

—¿Qué pasa? —preguntó Molly, angustiada. Miró a su hijo, casi como si estuviera esperando a que empezase a sangrar de golpe.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione nerviosa, deteniéndose tan de repente que Harry chocó con ella —. ¿Dónde estás, Ron? Qué idiotez... ¡Lumos!

—¿Has hecho magia fuera de la escuela? —preguntó Ron con asombro.

Hermione rodó los ojos.

—Era una emergencia, Ronald.

La varita se encendió, y su haz de luz se proyectó en el camino. Ron estaba echado en el suelo.

—He tropezado con la raíz de un árbol —dijo de malhumor, volviendo a ponerse en pie.

—Por lo menos no ha sido nada grave —suspiró Bill con alivio.

—Bueno, con pies de ese tamaño, lo difícil sería no tropezar —dijo detrás de ellos una voz que arrastraba las palabras.

—Genial. El que faltaba —gruñó Will.

Harry, Ron y Hermione se volvieron con brusquedad. Draco Malfoy estaba solo, cerca de ellos, apoyado tranquilamente en un árbol. Tenía los brazos cruzados y parecía que había estado contemplando todo lo sucedido desde un hueco entre los árboles.

Ron mandó a Malfoy a hacer algo que, como bien sabía Harry, nunca habría dicho delante de su madre.

—¿Y que ha sido eso, Ron? —preguntó Molly con seriedad.

—Esto... no lo sé —respondió Ron—. Técnicamente yo no he hecho ni dicho nada.

—Cuida esa lengua, Weasley —le respondió Malfoy, con un brillo en los ojos—. ¿No sería mejor que echarais a correr? No os gustaría que la vieran, supongo...

Señaló a Hermione con un gesto de la cabeza, al mismo tiempo que desde el cámping llegaba un sonido como de una bomba y un destello de luz verde iluminaba por un momento los árboles que había a su alrededor.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Hermione desafiante.

—Que van detrás de los muggles, Granger —explicó Malfoy—. ¿Quieres ir por el aire enseñando las bragas? No tienes más que darte una vuelta... Vienen hacia aquí, y les divertiría muchísimo.

—¿Alguien puede darle un golpe? —pidió Emily.

—¡Hermione es bruja! —exclamó Harry.

—Aunque es nacida de muggles, eso no los va a detener —dijo Sirius.

—Sigue tu camino, Potter —dijo Malfoy sonriendo maliciosamente—. Pero si crees que no pueden distinguir a un sangre sucia, quédate aquí.

—Maldito criajo —gruñó Frank—. No consigo explicarme como Lucius Malfoy se libró de Azkaban.

—Por el dinero —respondió sencillamente Arthur.

—Imaginaba que sería por eso —asintió el señor Longbottom.

—¡Te voy a lavar la boca! —gritó Ron. Todos los presentes sabían que sangre sucia era una denominación muy ofensiva para referirse a un mago o bruja que tenía padres muggles.

—A veces me sorprende que esos términos se sigan usando hoy día —dijo Sally.

—Pues en mi época, aunque se ha rebajado, todavía siguen habiendo comentarios de ese estilo —comentó Alan con una mueca divertida.

—¿Por qué sonríes? —le preguntó Luna, confundida.

—Oh, bueno... resulta que cuando yo estudiaba en la escuela, teníamos a los típicos puristas de sangre que se metían con uno por ser nacido de muggles. Entonces un día Terry, un compañero de Gryffindor, se presentó con una camiseta que ponía ORGULLO DE SANGRE SUCIA. La camiseta fue tan popular que todos los que eramos nacidos de muggles, y varios que no lo eran cabría añadir, le pedimos que nos hiciese una a nosotros —explicó Alan—. Básicamente el cabrón consiguió un montón de dinero en solo dos meses, y el término sangre sucia paso de ser un palabra de desprecio a una de elogió.

—No importa, Ron —dijo Hermione rápidamente, agarrándolo del brazo para impedirle que se acercara a Malfoy.

Desde el otro lado de los árboles llegó otra explosión, más fuerte que cualquiera de las anteriores.

—Salid de allí —les recomendó Lily.

—Pero antes romperle la nariz a Malfoy de un puñetazo —añadió James.

Cerca de ellos gritaron algunas personas. Malfoy soltó una risita.

—Qué fácil es asustarlos, ¿verdad? —dijo con calma —. Supongo que papá os dijo que os escondierais. ¿Qué pretende? ¿Rescatar a los muggles?

—Ya es más de todo lo que podría hacer su padre en toda su vida —dijo James.

—¿Dónde están tus padres? —preguntó Harry, a quien le hervía la sangre—. Tendrán una máscara puesta, ¿no?

—De Lucius no me extrañaría nada —dijo Sirius—. En cambio Narcisa dudo que este participando en todo eso. No es tan idiota.

Aunque se acabó casando con Malfoy, así que yo no pondría la mano en el fuego añadió para él.

Malfoy se volvió hacia Harry, sin dejar de sonreír.

—Bueno, si así fuera, me temo que no te lo diría, Potter.

—Eso es que sí —dijo Ron.

—O al menos uno de ellos —añadió Hermione.

—Lo cuál me recuerda. —Ron miró a las hermanas Greengrass, las cuales se miraron y pusieron la misma cara de "Veamos que tontería dice ahora"—. Seguro que vuestros padres estaban por ahí —acusó Ron.

—Nosotros nos fuimos nada más terminar el partido, Weasley —respondió Daphne—. Además, ni siquiera sabíamos nada sobre este incidente hasta ahora.

—Aunque recuerdo que papá y mamá estaban hablando seriamente cuando bajamos a desayunar esa mañana —dijo Astoria—. Imagino que seria acerca de este incidente.

—Venga, vámonos —los apremió Hermione, arrojándole a Malfoy una mirada de asco—. Tenemos que buscar a los otros.

—Mantén agachada tu cabezota, Granger —dijo Malfoy con desprecio.

—Vámonos —repitió Hermione, y arrastró a Ron y a Harry de nuevo al camino.

—Pero golpeadle primero.

—¡Os apuesto lo que queráis a que su padre es uno de los enmascarados! —exclamó Ron, furioso.

—Es uno de ellos, fijo —asintió Sirius.

—¡Bueno, con un poco de suerte, el Ministerio lo atrapará!

—Y entonces Malfoy volverá a librarse de Azkaban con dinero —añadió Alice.

—repuso Hermione enfáticamente—. ¿Dónde están los otros?

—¿Os habéis separado? —preguntó Neville—. Eso explica porque no dijeron nada cuando se encontraron con Malfoy.

Fred, George y Ginny habían desaparecido, aunque el camino estaba abarrotado de gente que huía sin dejar de echar nerviosas miradas por encima del hombro hacia el campamento.

Un grupo de adolescentes en pijama discutía a voces, un poco apartados del camino. Al ver a Harry, Ron y Hermione, una muchacha de pelo espeso y rizado se volvió y les preguntó rápidamente:

Où est Madame Maxime? Nous l'avons perdue...

Algunos se quedaron confundidos.

—¿En que idioma esta hablando? —preguntó Ron.

—Es francés —respondió Hermione—. Aprendí un poco cuando estaba en Francia, aunque no tengo ni idea de lo que ha dicho.

—"¿Dónde está Madame Maxime? Nosotros la hemos perdido" —tradujo Sirius, ganándose miradas de sorpresa—. ¿Qué? Los Black aprendemos francés desde pequeños.

—Eh... ¿qué? —preguntó Ron.

—¡Oh...!

La muchacha que acababa de hablar le dio la espalda, y, cuando reemprendieron la marcha, la oyeron decir claramente:

—«Ogwarts

—Beauxbatons —murmuró Hermione.

—¿Cómo? —dijo Harry.

—Que deben de ser de Beauxbatons —susurró Hermione —. Ya sabéis: la Academia de Magia Beauxbatons... He leído algunas cosas sobre ella en Evaluación de la educación mágica en Europa.

—¿Qué hacen ahí estudiantes de Beauxbatons? —preguntó Jake.

—Supongo que en distintas escuelas de magia del mundo se realizaron viajes de estudio para ir a ver la final de quidditch —respondió Dumbledore.

—Ah... Ya... —respondió Harry.

—No te has enterado de nada —rió Holly.

—Fred y George no pueden haber ido muy lejos —dijo Ron,

—No sé yo —dijo Tonks—. Habéis perdido unos minutos charlando con Malfoy.

que sacó la varita mágica, la encendió como la de Hermione y entrecerró los ojos para ver mejor a lo largo del camino.

Harry buscó la suya en los bolsillos de la chaqueta, pero no la encontró.

—¿Has perdido la varita? —exclamaron sus padres con preocupación.

Y era normal. Estaban en medio de un ataque y su hijo había perdido la única herramienta que tenía para protegerse.

—¡ALERTA PERMANENTE! —gritó en ese momento Moody—. ¡Potter! ¿cómo has podido perder tu varita? ¡Ahora estás desprotegido!

Lo único que había en ellos eran los omniculares.

—No, no lo puedo creer... ¡He perdido la varita!

—¿Bromeas?

—No, no lo hago —respondió Harry.

Ron y Hermione levantaron las suyas lo suficiente para iluminar el terreno a cierta distancia. Harry miró a su alrededor, pero no había ni rastro de la varita.

—Entonces no la acabas de perder —dijo Hermione.

—A lo mejor te la has dejado en la tienda —dijo Ron.

—¿Mencionaron antes que Harry cogió la varita o algo por el estilo? —preguntó Will.

—Esto... No, no lo hicieron —respondió Ginny, tras retroceder unas páginas.

—O tal vez se te ha caído del bolsillo mientras corríamos —sugirió Hermione, nerviosa.

—Pues esperemos que no sea así, o ya me dirás como encontrarás un palito de madera perdido en el bosque —dijo Eli.

—¿Con el encantamiento convocador? —señaló Jake.

—¿El encantamiento convocador funciona con las varitas? —preguntó Eli.

—Me temo que así es, señorita Longbottom —respondió Dumbledore.

—Sí —respondió Harry —, tal vez...

No solía separarse de su varita cuando estaba en el mundo mágico, y hallarse sin ella en aquella situación lo hacía sentirse muy vulnerable.

Un crujido los asustó a los tres. Winky, la elfina doméstica, intentaba abrirse paso entre unos matorrales. Se movía de manera muy rara, con mucha dificultad, como si una mano invisible la sujetara por la espalda.

—Pero, ¿qué le pasa? —preguntó Emily, confundida.

—¡Hay magos malos por ahí! —chilló como loca, mientras se inclinaba hacia delante y trataba de seguir corriendo—. ¡Gente en lo alto! ¡En lo alto del aire! ¡Winky prefiere desaparecer de la vista!

Y se metió entre los árboles del otro lado del camino, jadeando y chillando como si tratara de vencer la fuerza que la empujaba hacia atrás.

—Pero ¿qué le pasa? —preguntó Ron, mirando con curiosidad a Winky mientras ella escapaba—. ¿Por qué no puede correr con normalidad?

—Me imagino que no le dieron permiso para esconderse —explicó Harry.

Se acordó de Dobby: cada vez que intentaba hacer algo que a los Malfoy no les hubiera gustado, se veía obligado a golpearse.

—Pero es demasiado raro —dijo Frank—. Si le dieron la orden del esconderse y la ha desobedecido, correría de forma normal. Es más como si algo intentase ir en dirección al conflicto.

—¿Sabéis? ¡Los elfos domésticos llevan una vida muy dura! —dijo, indignada, Hermione —. ¡Es esclavitud, eso es lo que es!

—Es...

—Un intercambio equivalente, ya lo sé —replicó Hermione.

—Aunque en los libros que he leído sobre el tema, jamás se menciona algo similar —recordó en ese momento Lily.

—Por orgullo —dijo Astoria—. La gran mayoría de magos prefieren no pensar en que están vinculados en un contrato mágico con un elfo doméstico, y los consideran sirvientes.

Ese señor Crouch la hizo subir a lo alto del estadio, aunque a ella la aterrorizara, ¡y la ha embrujado para que ni siquiera pueda correr cuando aquéllos están arrasando las tiendas de campaña!

—Si fuese un embrujo o algo similar, Winky no se podría mover —dijo Alice—. Estoy con Frank. Hay algo raro en todo esto.

¿Por qué nadie hace nada al respecto?

—Bueno, los elfos son felices así, ¿no? —observó Ron—. Ya oíste a Winky antes del partido: «La diversión no es para los elfos domésticos...» Eso es lo que le gusta, que la manden.

—Si alguien escucha solamente esto último, lo van a sacar de contexto —señaló Will.

—Es gente como tú, Ron —replicó Hermione, acalorada—, la que mantiene estos sistemas injustos y podridos, simplemente porque son demasiado perezosos para...

—El problema no es el sistema en si, sino como la gente lo utiliza —dijo Astoria.

Oyeron otra fuerte explosión proveniente del otro lado del bosque.

—¿Qué tal si seguimos? —propuso Ron.

—Eso estaría bien —dijo Molly.

Harry lo vio dirigir una mirada inquieta a Hermione. Tal vez fuera cierto lo que Malfoy les había dicho. Tal vez Hermione corría más peligro que ellos.

—En realidad los tres corréis el mismo peligro —dijo Remus.

—Lo tuyo no es tranquilizar a la gente, ¿eh? —replicó Tonks.

Reemprendieron la marcha. Harry seguía revolviendo en los bolsillos, aunque sabía que la varita no estaba allí.

Siguieron el oscuro camino internándose en el bosque más y más, todavía tratando de encontrar a Fred, George y Ginny. Pasaron junto a unos duendes que se reían a carcajadas, reunidos alrededor de una bolsa de monedas de oro que sin duda habían ganado apostando en el partido, y que no parecían dar ninguna importancia a lo que ocurría en el cámping.

—No me sorprendería. Los duendes nunca se preocupan por los asuntos de los magos —dijo Bill.

Poco después llegaron a una zona iluminada por una luz plateada, y al mirar por entre los árboles vieron a tres veelas altas y hermosas de pie en un claro del bosque, rodeadas por un grupo de jóvenes magos que hablaban a voces.

—Veamos las tonterías que dicen o hacen —dijo Sirius, frotándose las manos con anticipación.

—Yo gano cien bolsas de galeones al año —gritaba uno de ellos—. Me dedico a matar dragones a cuenta de la Comisión para las Criaturas Peligrosas.

—Si, ya —bufó Charlie.

—De eso nada —le gritó su amigo —: tú te dedicas a lavar platos en el Caldero Chorreante.

—De lavaplatos a matadragones... desde luego es un cambio importante —dijo Ron.

Pero yo soy cazador de vampiros. Hasta ahora he matado a unos noventa...

—Venga, otra fantasmada más —exclamó Holly—. ¿Cuál es la siguiente?

Un tercer joven, cuyos granos eran visibles incluso a la tenue luz plateada que emitían las veelas, lo cortó:

—Yo estoy a punto de convertirme en el ministro de Magia más joven de todos los tiempos.

—Toma ya —silbó Regulus.

—Si no fuese porque ha dicho granos en vez de pecas, creería que era Percy —dijo Ginny, haciendo reír a sus hermanos (menos a Percy obviamente).

A Harry le hizo mucha gracia porque reconoció al de los granos. Se llamaba Stan Shunpike, y en realidad era cobrador en un autobús de tres pisos llamado autobús noctámbulo.

Tonks bufó.

—Si el imbécil ese llega a ser ministro de Magia, me caso con él.

De repente Remus se sintió muy tentado en evitar que Stan Shunpike llegase a ministro.

Se volvió para decírselo a Ron, pero vio que éste había adoptado una extraña expresión relajada, y un segundo después su amigo decía en voz muy alta:

—¿Os he contado que he inventado una escoba para ir a Júpiter?

—¡Muy bien! ¡Declaramos a Ron ganador de la ronda de fantasmadas! —exclamó Fred.

—¿Unas palabras de nuestro nuevo campeón? —preguntó George a Ron mientras fingía que su varita era un micrófono.

—Cállate —le espetó Ron con las orejas coloradas.

—Curiosas palabras. ¿Le gustaría...?

—¿Os queréis callar de una vez? —les espetó Ginny con molestia—. Gracias —dijo en cuanto Fred y George dejaron de hacer tonterías.

—¡Lo que hay que oír! —exclamó Hermione con un resoplido, y entre ella y Harry agarraron firmemente a Ron de los brazos, le dieron media vuelta y siguieron caminando.

—¡Pero no os vayáis! —exclamó Will—. A ver que otras tonterías sueltan.

Para cuando las voces de las veelas y sus tres admiradores se habían apagado, se encontraban en lo más profundo del bosque. Estaban solos, y todo parecía mucho más silencioso.

—¿Por qué tengo una mala sensación? —murmuró Holly.

Harry miró a su alrededor.

—Creo que podríamos aguardar aquí. Podemos oír a cualquiera a un kilómetro de distancia.

Apenas había acabado de decirlo cuando Ludo Bagman salió de detrás de un árbol, justo delante de ellos.

—¿Bagman? —soltó Frank—. ¿Qué hace ahí? ¿Por qué no esta ayudando al ministerio?

—Tal vez no sepa nada del ataque —supuso Remus.

—Bueno, con todas las apuestas que ha ido haciendo, no me extrañaría que hubiese gente molesta con él por haberlas perdido —dijo Tonks—. Si es así, imagino que se largaría al bosque para esconderse o algo similar.

Incluso a la débil luz de las dos varitas, Harry pudo apreciar que Bagman estaba muy cambiado. Había perdido su aspecto alegre, su rostro ya no tenía aquel color sonrosado y parecía como si le hubieran quitado los muelles de los pies. Se lo veía pálido y tenso.

—Creo que tienes razón —dijo Remus a Tonks.

—¿Quién está ahí? —dijo pestañeando y tratando de distinguir sus rostros—. ¿Qué hacéis aquí solos?

Se miraron unos a otros, sorprendidos.

—Bueno, en el campamento hay una especie de disturbio —explicó Ron.

Bagman lo miró.

—¿Qué?

—Pues si que parece que no sabe nada —dijo Bill.

—El cámping. Unos cuantos han atrapado a una familia de muggles...

Bagman lanzó un juramento.

—¡Maldición! —dijo, muy preocupado, y sin otra palabra desapareció haciendo «¡plin!».

—No se puede decir que el señor Bagman esté a la última, ¿verdad? — observó Hermione frunciendo el entrecejo.

—Bueno, eso le pasa por ir haciendo apuestas, seguramente ilegales, por ahí —dijo Alice.

—Pero fue un gran golpeador —puntualizó Ron, que salió del camino para dirigirse a un pequeño claro; se sentó en la hierba seca, al pie de un árbol—. Las Avispas de Wimbourne ganaron la liga tres veces consecutivas estando él en el equipo.

Se sacó del bolsillo la pequeña figura de Krum, lo posó en el suelo y lo observó caminar durante un rato.

Como el auténtico Krum, la miniatura resultaba un poco patosa y encorvada, mucho menos impresionante sobre sus pies que montado en una escoba. Harry permanecía atento a cualquier ruido que llegara del cámping.

Todo parecía tranquilo: tal vez el jaleo hubiera acabado.

—Eso espero —dijo Lily. Si ese era el caso tal vez, el título del capítulo, se referiría a que su hijo simplemente había oído hablar a cerca de la Marca Tenebrosa y no la había visto.

—Espero que los otros estén bien —dijo Hermione después de un rato.

—Estarán bien —afirmó Ron.

—¿Te imaginas que tu padre atrapa a Lucius Malfoy? —dijo Harry,

—Ojalá —asintió Arthur—. Pero imagino que no caerá esa breva.

sentándose al lado de Ron y contemplando la desgarbada miniatura de Krum sobre las hojas caídas en el suelo—. Siempre ha dicho que le gustaría pillarlo.

—Eso borraría la sonrisa de satisfacción de la cara de Draco —comentó Ron.

—Pero esos pobres muggles... —dijo Hermione con nerviosismo —. ¿Y si no pueden bajarlos?

—Podrán —respondió Ginny.

—Podrán —le aseguró Ron—. Hallarán la manera.

—Es una idiotez hacer algo así cuando todo el Ministerio de Magia está por allí —declaró Hermione

—Eso es cierto —asintió Sally.

—Imagino que se emborracharían o algo así —dijo Lily.

—. Lo que quiero decir es que ¿cómo esperan salirse con la suya? ¿Creéis que habrán bebido, o simplemente...?

Pero de repente dejó de hablar y miró por encima del hombro.

—¿Eh? ¿Qué ocurre? —preguntó Jake, poniéndose de golpe nervioso, al igual que muchos en la sala.

Harry y Ron se apresuraron a mirar también.

—A lo mejor es el padre de Ron —supuso Regulus—. Que ha ido a buscarlos.

—¿Entonces por qué no los llama? —replicó Holly—. Sería mucho mejor llamarlos que en vez de ir por un bosque a oscuras.

Parecía que alguien se acercaba hacia ellos dando tumbos. Esperaron, escuchando el sonido de los pasos descompasados tras los árboles. Pero los pasos se detuvieron de repente.

—Vale, que se detenga de golpe no es buena señal —murmuró Emily.

—¿Quién es? —llamó Harry.

Sólo se oyó el silencio.

Los nervios aumentaron.

Harry se puso en pie y miró hacia el árbol. Estaba demasiado oscuro para ver muy lejos, pero tenía la sensación de que había alguien justo un poco más allá de donde llegaba su visión.

—¡Salid de allí!

—¿Quién está ahí? —preguntó.

Y entonces, sin previo aviso, una voz diferente de cualquier otra que hubieran escuchado en el bosque desgarró el silencio. Y no lanzó un grito de terror, sino algo que parecía más bien un conjuro:

—¡MORSMORDRE!

—¡No! —chillaron varios, horrorizados. La Marca Tenebrosa siempre era conjurada cuando había habido un asesinato. Si lo habían hecho, simplemente querría decir que alguien había muerto.

Algo grande, verde y brillante salió de la oscuridad que los ojos de Harry habían intentado penetrar en vano, y se levantó hacia el cielo por encima de las copas de los árboles.

—¿Qué...? —exclamó Ron, poniéndose en pie de un salto y mirando hacia arriba.

Durante una fracción de segundo, Harry creyó que aquello era otra formación de leprechauns. Luego comprendió que se trataba de una calavera de tamaño colosal, compuesta de lo que parecían estrellas de color esmeralda y con una lengua en forma de serpiente que le salía de la boca.

—No me gusta nada ese diseño —murmuró Ron.

—Y te va a gustar menos cuando sepas su significado —le aseguró Hermione.

Ron giró la cabeza para mirarla.

—¿Tú sabes que es esa cosa?

—Leí sobre ella hace tiempo —respondió Hermione—. Eso... es el símbolo de Quién-Tú-Sabes.

—Voldemort —susurró Harry, mirando con tanta intensidad el libro que Ginny se puso nerviosa—. ¡Oh! Perdona —se disculpó Harry al percatarse de eso.

Mientras miraban, la imagen se alzaba más y más, resplandeciendo en una bruma de humo verdoso, estampada en el cielo negro como si se tratara de una nueva constelación.

De pronto, el bosque se llenó de gritos.

—No me extraña para nada que así fuese —dijo Sirius.

Harry no comprendía por qué, pero la única causa posible era la repentina aparición de la calavera, que ya se había elevado lo suficiente para iluminar el bosque entero como un horrendo anuncio de neón. Buscó en la oscuridad a la persona que había hecho aparecer la calavera, pero no vio a nadie.

—¿No vio a nadie? —repitió Frank—. Entonces, ¿ha huido?

—Tal vez se esta escondiendo con un hechizo o algo así —añadió Tonks.

—Ninguna de las dos opciones puede ser descartada —dijo Moody—. Tampoco podemos descartar que simplemente este demasiado metido dentro del bosque y por eso Potter no lo ve.

—¿Quién está ahí? —gritó de nuevo.

—¡Harry, vamos, muévete! —Hermione lo había agarrado por la parte de atrás de la chaqueta, y tiraba de él.

—Sí, mejor iros de allí cuanto antes —dijo James.

Con la suerte que se gastaba su hijo, seguramente el ministerio aparecía por allí de un momento a otro y lo acusarían de haber invocado la Marca Tenebrosa.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry, sobresaltándose al ver la cara de ella tan pálida y aterrorizada.

—¡Es la Marca Tenebrosa, Harry! —gimió Hermione, tirando de él con toda su fuerza —. ¡El signo de Quien-tú-sabes!

—¿El de Voldemort?

—¡Vamos, Harry!

Harry se volvió, mientras Ron recogía a toda prisa su miniatura de Krum, y los tres se dispusieron a cruzar el claro. Pero tan sólo habían dado unos pocos pasos, cuando una serie de ruiditos anunció la repentina aparición, de la nada, de una veintena de magos que los rodearon.

—Tarde. Ya están ahí —dijo Charlie.

Harry paseó la mirada por los magos y tardó menos de un segundo en darse cuenta de que todos habían sacado la varita mágica y que las veinte varitas los apuntaban.

—¡Pero si son niños! —exclamó Molly.

—¿Y? —replicó Moody—. No pueden ser suaves que simplemente porque sean niños.

—Me da igual lo que pienses. Mi hijo y sus amigos están siendo apuntados por veinte varitas —replicó Molly.

Sin pensarlo más, gritó:

—¡AL SUELO! —y, agarrando a sus dos amigos, los arrastró con él sobre la hierba.

—Buenos reflejos —admitió Reg.

—¡Desmaius! —gritaron las veinte voces.

Hubo una serie de destellos cegadores, y Harry sintió que el pelo se le agitaba como si un viento formidable acabara de barrer el claro. Al levantar la cabeza un centímetro, vio unos chorros de luz roja que salían de las varitas de los magos, pasaban por encima de ellos, cruzándose, rebotaban en los troncos de los árboles y se perdían luego en la oscuridad.

—¡Alto! —gritó una voz familiar—. ¡ALTO! ¡Es mi hijo!

—Por suerte Arthur ya ha llegado —dijo Remus.

El pelo de Harry volvió a asentarse. Levantó un poco más la cabeza. El mago que tenía delante acababa de bajar la varita. Al darse la vuelta vio al señor Weasley, que avanzaba hacia ellos a zancadas, aterrorizado.

—Me extrañaría no estar —susurró el señor Weasley.

—Ron... Harry... —Su voz sonaba temblorosa—. Hermione... ¿Estáis bien?

—Apártate, Arthur —dijo una voz fría y cortante.

Era el señor Crouch. Él y los otros magos del Ministerio estaban acercándose. Harry se puso en pie de cara a ellos. Crouch tenía el rostro crispado de rabia.

—¿Quién de vosotros lo ha hecho? —dijo bruscamente, fulminándolos con la mirada—. ¿Quién de vosotros ha invocado la Marca Tenebrosa?

—¡¿De verdad se piensa que unos críos de catorce años han invocado la Marca Tenebrosa?! —exclamó Tonks con indignación.

—¡Nosotros no hemos invocado eso! —exclamó Harry, señalando la calavera.

—¡No hemos hecho nada! —añadió Ron, frotándose el codo y mirando a su padre con expresión indignada—. ¿Por qué nos atacáis?

—¡No mienta, señor Potter! —gritó el señor Crouch. Seguía apuntando a Ron con la varita

—Será mejor que ese capullo deje de apuntar a Ron con la varita o se arrepentirá —gruñó Bill.

Sus hermanos lo apoyaron, incluso Percy parecía estar molesto con su jefe.

, y los ojos casi se le salían de las órbitas: parecía enloquecido—. ¡Lo hemos descubierto en el lugar del crimen!

—Eso no quiere decir que sean los culpables —replicó Alice—. Es más, el culpable puede estar huyendo en ese preciso momento.

—Bueno, según el libro, varios encantamientos aturdidores se fueron entre los árboles. Con un poco de suerte, alguno habrá dado al culpable —dijo Lily.

—Barty... —susurró una bruja vestida con una bata larga de lana —. Son niños, Barty. Nunca podrían haberlo hecho...

—Bueno, parece ser que hay gente que no cree que ellos sean los culpables —dijo Neville.

—Decidme, ¿de dónde ha salido la Marca Tenebrosa? —preguntó apresuradamente el señor Weasley.

—De allí —respondió Hermione temblorosa, señalando el lugar del que había partido la voz—. Estaban detrás de los árboles. Gritaron unas palabras... un conjuro.

—¿Conque estaban allí? —dijo el señor Crouch, volviendo sus desorbitados ojos hacia Hermione, con la desconfianza impresa en cada rasgó del rostro —. ¿Conque pronunciaron un conjuro? Usted parece muy bien informada de la manera en que se invoca la Marca Tenebrosa, señorita.

—¡Venga, no me jodas! —exclamó Will con exasperación—. ¡Cualquiera que hubiese estado allí, se habría dado cuenta enseguida que eso era un conjuro!

Pero, aparte del señor Crouch, ningún otro mago del Ministerio parecía creer ni remotamente que Harry, Ron y Hermione pudieran haber invocado la calavera.

—Parece que Crouch es el único paranoico —dijo Harry.

Por el contrario, después de oír a Hermione habían vuelto a alzar las varitas y apuntaban a la dirección a la que ella había señalado, tratando de ver algo entre los árboles.

—Demasiado tarde —dijo sacudiendo la cabeza la bruja vestida con la bata larga de lana—. Se han desaparecido.

—No lo creo —declaró un mago de barba escasa de color castaño. Era Amos Diggory, el padre de Cedric—. Nuestros rayos aturdidores penetraron en aquella dirección, así que hay muchas posibilidades de que los hayamos atrapado...

—¡Ten cuidado, Amos! —le advirtieron algunos de los magos cuando el señor Diggory alzó la varita, fue hacia el borde del claro y desapareció en la oscuridad.

—Papá —susurró Cedric con preocupación.

Hermione se llevó las manos a la boca cuando lo vio desaparecer. Al cabo de unos segundos lo oyeron gritar:

—¡Sí! ¡Los hemos capturado!

—¡Sí! —exclamó James—. ¡A ver si ahora Crouch deja de intentar cargar el muerto a mi hijo y a sus amigos!

¡Aquí hay alguien! ¡Está inconsciente! Es... Pero... ¡caray!

Eso dejó confuso a algunos. ¿Quién era la persona que el señor Diggory había encontrado, y le había dejado tan sorprendido.

—¿Has atrapado a alguien? —le gritó el señor Crouch, con tono de incredulidad

—¿Qué pasa? ¿Es que no puede aceptar haberse equivocado o qué? —exclamó Tonks.

—. ¿A quién? ¿Quién es?

Oyeron chasquear ramas, crujir hojas y luego unos pasos sonoros hasta que el señor Diggory salió de entre los árboles. Llevaba en los brazos a un ser pequeño, desmayado. Harry reconoció enseguida el paño de cocina. Era Winky.

La sala se quedó en silencio, observando el libro con incredulidad. Incluso Ginny, quién era la que estaba leyendo, no podía acabar de creerse que el nombre de Winky apareciese ahí.

El señor Crouch no se movió ni dijo nada mientras el señor Diggory depositaba a la elfina en el suelo, a sus pies. Los otros magos del Ministerio miraban al señor Crouch, que se quedó paralizado durante unos segundos, muy pálido, con los ojos fijos en Winky. Luego pareció despertar.

—Esto... es... imposible —balbuceó—. No...

—Es cierto —dijo Reg—. Para empezar la Marca Tenebrosa solamente la puede invocar un mago que posea una varita. Una elfina doméstica sin varita no podría hacerlo.

Rodeó al señor Diggory y se dirigió a zancadas al lugar en que éste había encontrado a Winky.

—¡Es inútil, señor Crouch! —dijo el señor Diggory—. No hay nadie más.

Pero el señor Crouch no parecía dispuesto a creerle. Lo oyeron moverse por allí, rebuscando entre los arbustos.

—Es un poco embarazoso —declaró con gravedad el señor Diggory, bajando la vista hacia la inconsciente Winky—. La elfina doméstica de Barty Crouch... Lo que quiero decir...

—Déjalo, Amos —le dijo el señor Weasley en voz baja—. ¡No creerás de verdad que fue la elfina! La Marca Tenebrosa es una señal de mago. Se necesita una varita.

—Sí —admitió el señor Diggory—. Y ella tenía una varita.

—¡¿Qué?! —exclamaron varios. ¿Qué hacía Winky con una varita?

—¿Qué? —exclamó el señor Weasley.

—Aquí, mira. —El señor Diggory cogió una varita y se la mostró—. La tenía en la mano.

—Ahora que lo pienso, ¿Potter no había perdido la varita? —cuestionó en ese momento Daphne.

Harry abrió los ojos con asombro.

—¿Crees que esa varita es la mía, Greengrass? —preguntó Harry.

Daphne se encogió de hombros.

—Ni idea. Pero si es así, alguien aprovechó para robarte la varita y conjurar la Marca Tenebrosa.

De forma que, para empezar, se ha quebrantado la cláusula tercera del Código de Usó de la Varita Mágica: «El uso de la varita mágica no está permitido a ninguna criatura no humana.»

Entonces oyeron otro «¡plin!», y Ludo Bagman se apareció justo al lado del padre de Ron.

—¿Qué ocurre cuando alguien se aparece justo donde ya hay alguien? —preguntó Harry.

—Eso no sucede —respondió James—. La Aparición te lleva justo a un punto donde no haya nadie. Se puede usar un encantamiento para que la gente vaya si o si a un punto en especifico. Esas son las zonas conocidas como Puntos de Aparición.

Parecía despistado y sin aliento. Giró sobre si mismo, observando con los ojos desorbitados la calavera verde.

—¡La Marca Tenebrosa! —dijo, jadeando, y casi pisa a Winky al volverse hacia sus colegas con expresión interrogante—. ¿Quién ha sido? ¿Los habéis atrapado? ¡Barty! ¿Qué sucede?

El señor Crouch había vuelto con las manos vacías.

—Entonces se han desaparecido —suspiró Tonks. Ella, al igual que el resto, no creían que Winky hubiese conjurado la Marca Tenebrosa.

Su cara seguía estando espectralmente pálida, y se le había erizado el bigote de cepillo.

—¿Dónde has estado, Barty? —le preguntó Bagman—. ¿Por qué no estuviste en el partido? Tu elfina te estaba guardando una butaca...

—¿No fue al partido? —preguntó Hermione con una mueca. Le obligaba a guardar sitio a Winky, sabiendo que le dan miedo las alturas, y encima ni asistía al partido.

—Bueno, al señor Crouch no le interesa mucho el quidditch —respondió Percy.

—¿No le interesa? Entonces, ¿para que compro una entrada? Y encima en la tribuna principal —dijo Neville, confuso.

Frank miró fijamente a su hijo, evaluando sus palabras. Neville se estremeció un poco. Esa mirada le recordaba a la de su abuela.

—Ese es un buen punto, hijo —dijo Frank, dirigiéndole una mueca a su hijo, quién tardó unos segundos en darse cuenta de que debía de tratarse de una sonrisa—. Es demasiado raro que Crouch allá pagado por estar en la tribuna principal, y después ni vaya.

—¿Tal vez alguien se la regaló? —se preguntó Eli—. Pero si es así, no entiendo porque le dieron la entrada. Ya deberían de saber que a él no le gustaba.

—Tal vez no sabían que no le gustaba —dijo Jake.

—Pero la gente suele preguntar en estos casos, ¿no? —dijo Holly—. Vamos, que si fuese yo, primero le habría preguntado a Crouch si le gustaba el quidditch para ver si le daba una entrada o no.

¡Gárgolas tragonas! —Bagman acababa de ver a Winky, tendida a sus pies—. ¿Qué le ha pasado?

—He estado ocupado, Ludo —respondió el señor Crouch, hablando aún como a trompicones y sin apenas mover los labios—. Hemos dejado sin sentido a mi elfina.

—¿Sin sentido? ¿Vosotros? ¿Qué quieres decir? Pero ¿por qué...?

De repente, Bagman comprendió lo que sucedía. Levantó la vista hacia la calavera, luego la bajó hacia Winky y terminó dirigiéndola al señor Crouch.

—¡No! —dijo—. ¿Winky? ¿Winky invocando la Marca Tenebrosa? ¡Ni siquiera sabría cómo hacerlo! ¡Para empezar, necesitaría una varita mágica!

—Y tenía una —explicó el señor Diggory—. La encontré con una varita en la mano, Ludo.

—Así es. La encontró, pero no sabe de donde la sacó —dijo Hermione.

Si le parece bien, señor Crouch, creó que deberíamos oír lo que ella tenga que decir.

Crouch no dio muestra de haber oído al señor Diggory, pero éste interpretó su silencio como conformidad. Levantó la varita, apuntó a Winky con ella y dijo:

—¡Enervate!

Winky se movió lánguidamente. Abrió sus grandes ojos de color castaño y parpadeó varias veces, como aturdida. Ante la mirada de los magos, que guardaban silencio, se incorporó con movimientos vacilantes y se quedó sentada en el suelo.

—Seguramente esta asustada —dijo Emily con simpatía.

Vio los pies de Diggory y poco a poco, temblando, fue levantando los ojos hasta llegar a su cara, y luego, más despacio todavía, siguió elevándolos hasta el cielo. Harry vio la calavera reflejada dos veces en sus enormes ojos vidriosos. Winky ahogó un grito, miró asustada a la multitud de gente que la rodeaba y estalló en sollozos de terror.

En la sala sintieron pena por Winky.

—¡Elfina! —dijo severamente el señor Diggory—. ¿Sabes quién soy? ¡Soy miembro del Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas!

—¿Por qué le grita? —se enfadó Hermione—. Claramente Winky esta asustada.

—Mi padre simplemente cumple su trabajo —saltó Cedric, defendiendo al señor Diggory.

—Aunque así fuese, no creo que hiciese falta gritarle —señaló Alan—. Reconocelo Cedric, tu padre se equivoco al tratar así a Winky.

Cedric suspiró, sin poder replicar.

Winky se balanceó de atrás adelante sobre la hierba, respirando entrecortadamente. Harry no pudo menos que acordarse de Dobby en sus momentos de aterrorizada desobediencia.

—Como ves, elfina, la Marca Tenebrosa ha sido conjurada en este lugar hace tan sólo un instante —explicó el señor Diggory—. ¡Y a ti te hemos descubierto un poco después, justo debajo! ¡Si eres tan amable de darnos una explicación...!

—¿Amabilidad? —repitió Hermione con un bufido—. Podría empezar él por mostrar amabilidad.

—¡Yo... yo... yo no lo he hecho, señor! —repuso Winky jadeando —. ¡Ni siquiera hubiera sabido cómo hacerlo, señor!

—¡Te hemos encontrado con una varita en la mano! —gritó el señor Diggory, blandiéndola ante ella.

Cuando la luz verde que iluminaba el claro del bosque procedente de la calavera dio de lleno en la varita, Harry la reconoció.

—Pues al final si que tenías razón, Greengrass —suspiró Harry.

—En realidad esperaba equivocarme —confesó la rubia con una mueca—. Pero con tu legendaria suerte, ya imaginaba que no sería el caso.

—¡Eh... es la mía! —exclamo.

Todo el mundo lo miró.

—Genial, ahora las sospechas van para Harry... otra vez —gruñó Ron.

—¿Cómo has dicho? —preguntó el señor Diggory, sin dar crédito a sus oídos.

—¿Tu padre tiene problemas auditivos? —preguntó Luna a Cedric.

—No, me parece que no —respondió este, confundido.

—¡Que es mi varita! —dijo Harry—. ¡Se me cayó!

—¿Que se te cayó? —repitió el señor Diggory, extrañado—. ¿Es eso una confesión? ¿La tiraste después de haber invocado la Marca?

—Cedric, sinceramente, tu padre es un poquito...

—¿Gilipollas? —dijo Will, ayudando a su hermana.

—Yo lo habría dicho de otra forma, pero básicamente sí.

Cedric hizo una mueca, pero no replicó. La verdad es que su padre no estaba dando muy buen ejemplo en estás últimas líneas.

—¡Amos, recuerda con quién hablas! —intervino el señor Weasley, muy enojado—. ¿Te parece posible que Harry Potter invocara la Marca Tenebrosa?

—El solamente suponerlo ya es una tontería —asintió Bill.

—Eh... no, por supuesto —farfulló el señor Diggory—. Lo siento... Me he dejado llevar.

—De todas formas, no fue ahí donde se me cayó —añadió Harry, señalando con el pulgar hacia los árboles que había justo debajo de la calavera—. La eché en falta nada más internarnos en el bosque.

—Así que —dijo el señor Diggory, mirando con severidad a Winky, que se había encogido de miedo— la encontraste tú, ¿eh, elfina? Y la cogiste y quisiste divertirte un rato con ella, ¿eh?

—¡Yo no he hecho magia con ella, señor! —chilló Winky, mientras las lágrimas le resbalaban por ambos la dos de su nariz, aplastada y bulbosa—. ¡Yo... yo... yo sólo la cogí, señor! ¡Yo no he conjurado la Marca Tenebrosa, señor, ni siquiera sabría cómo hacerlo!

—Eso ya lo ha dicho antes —dijo Hermione.

—¿Y crees que le importa, Granger? No han encontrado al culpable y la elfina era la única que estaba en la escena del crimen. Obviamente las culpas caerán sobre ella —dijo Daphne—. Y antes de que digas algo, Granger, a mí también me parece injusto que se las cargue ella por el simple hecho de ser una elfina doméstica.

—¡No fue ella! —intervino Hermione. Estaba muy nerviosa por tener que hablar delante de todos aquellos magos del Ministerio, pero lo hacía con determinación

Hermione asintió. Ella no podía tolerar el trato dado hacia Winky por el simple hecho de ser una elfina doméstica.

—. ¡Winky tiene una vocecita chillona, y la voz que oímos pronunciar el conjuro era mucho más grave! —Miró a Ron y Harry, en busca de apoyo—. No se parecía en nada a la de Winky, ¿a que no?

—No —confirmó Harry, negando con la cabeza —. Sin lugar a dudas, no era la de un elfo.

—No, era una voz humana —dijo Ron.

—Bueno, pronto lo veremos —gruñó el señor Diggory, sin darles mucho crédito

—¿Es que acaso se cree que somos incapaz de reconocer una voz o qué? —espetó Hermione con furia.

—. Hay una manera muy sencilla de averiguar cuál ha sido el último conjuro efectuado con una varita mágica. ¿Sabías eso, elfina?

Winky temblaba y negaba frenéticamente con la cabeza, batiendo las orejas, mientras el señor Diggory volvía a levantar su varita y juntaba la punta con el extremo de la varita de Harry.

—¡Prior Incantato! —dijo con voz potente el señor Diggory.

Harry oyó que Hermione ahogaba un grito, horrorizada, cuando una calavera con lengua en forma de serpiente surgió del punto en que las dos varitas hacían contacto. Era, sin embargo, un simple reflejo de la calavera verde que se alzaba sobre ellos, y parecía hecha de un humo gris espeso: el fantasma de un conjuro.

—No sabía que se podía hacer eso —dijo Harry—. Pero suena bastante útil.

—No tanto como crees —replicó su padrino—. Simplemente puede recrear hasta los últimos cinco conjuros realizados. Así que, si matas a alguien, simplemente tendrías que hacer cinco conjuros inofensivos y no podrían pillarte.

—Una duda. ¿Qué pasaría si se usa el Prior Incantato sobre una varita cuyo último hechizo a sido ese mismo? —preguntó Holly.

—Pues la verdad es que no tengo ni idea —respondió James—. Canuto, vamos a probarlo. Tú primero.

James y Sirius sacaron sus varitas y el segundo apuntó la punta de la suya a la punta de la varita de James.

—¡Prior Incantato! —pronunció.

Una esfera blanquecina surgió de entre el extremo de las dos varitas. Para confusión de los más jóvenes, los adultos rieron entre dientes al ver la esfera.

—¿Qué significa eso? —preguntó Ron.

—Es un encantamiento anticonceptivo, Ron —explicó su hermano Bill.

Los jóvenes tardaron unos segundos en comprender a que se refería. Pero al hacerlo se sonrojaron al percatarse de que significaba.

—Fue una noche muy intensa —dijo James con orgullo mientras Lily le golpeaba, roja de la vergüenza.

—No queríamos saber eso —gimieron Harry y Holly.

—Bueno —dijo Sirius mirando la esfera—. Esto desaparecerá en unos diez minutos. Lo consultaremos al final del capítulo.

—¡Deletrius! —gritó el señor Diggory, y la calavera se desvaneció en una voluta de humo—. ¡Bien! —exclamó con una expresión incontenible de triunfo, bajando la vista hacia Winky,que seguía agitándose convulsivamente.

—Esto... solamente ha demostrado que la Marca Tenebrosa se convocó con esa varita, no que Winky sea la culpable —señaló Astoria.

—¡Yo no lo he hecho! —chilló la elfina, moviendo los ojos aterrorizada—. ¡No he sido, no he sido, yo ni siquiera sabría cómo hacerlo! ¡Soy una elfina buena, no uso varita, no sé cómo se hace!

—¡Te hemos atrapado con las manos en la masa, elfina!

—No, no lo ha hecho —dijo Fred.

—gritó el señor Diggory—. ¡Te hemos cogido con la varita que ha obrado el conjuro!

—Pero sin saber si de verdad ella lo ha hecho o no —dijo George.

—Amos —dijo en voz alta el señor Weasley—, piensa en lo que dices. Son poquísimos los magos que saben llevar a cabo ese conjuro... ¿Quién se lo podría haber enseñado?

—Quizá Amos quiere sugerir que yo tengo por costumbre enseñar a mis sirvientes a invocar la Marca Tenebrosa. —El señor Crouch había hablado impregnando cada sílaba de una cólera fría.

—Con el hijo que tienes, no me extrañaría para nada —gruñó Neville en voz baja, sin ser escuchado por nadie.

Se hizo un silencio muy tenso. Amos Diggory se asustó.

—No... no... señor Crouch, en absoluto...

—Te ha faltado muy poco para acusar a las dos personas de entre los presentes que son menos sospechosas de invocar la Marca Tenebrosa: a Harry Potter...

—Este se ha olvidado que él también estaba acusando a Harry —bufó Ron con asombro.

¡y a mí mismo! Supongo que conoces la historia del niño, Amos.

—Por supuesto... Todo el mundo la conoce... —musitó el señor Diggory, desconcertado.

—¡Y yo espero que recuerdes las muchas pruebas que he dado, a lo largo de mi prolongada trayectoria profesional, de que desprecio y detesto las Artes Oscuras y a cuantos las practican! —gritó el señor Crouch,

Neville casi se echa a reír con amargura. Resultaba sorprendente que el señor Crouch, a pesar de su odio a las Artes Oscuras, hubiese acabado con un hijo seguidor de un Mago Oscuro.

con los ojos de nuevo desorbitados.

—Señor Crouch, yo... ¡yo nunca sugeriría que usted tuviera la más remota relación con este incidente! —farfulló Amos Diggory. Su rala barba de color castaño conseguía en parte disimular su sonrojo.

—¡Si acusas a mi elfina me acusas a mí, Diggory! —vociferó el señor Crouch—. ¿Dónde podría haber aprendido la invocación?

—Po... podría haberla aprendido... en cualquier sitio...

—Eso es, Amos... —repuso el señor Weasley—. En cualquier sitio. Winky —añadió en tono amable, dirigiéndose a la elfina, pero ella se estremeció como si él también le estuviera gritando

—Pobre.

—, ¿dónde exactamente encontraste la varita mágica?

Winky retorcía el dobladillo del paño de cocina tan violentamente que se le deshilachaba entre los dedos.

—Yo... yo la he encontrado... la he encontrado ahí, señor... —susurró— Ahí... entre los árboles, señor.

—¿Te das cuenta, Amos? —dijo el señor Weasley —. Quienesquiera que invocaran la Marca podrían haberse desaparecido justo después de haberlo hecho, dejando tras ellos la varita de Harry. Una buena idea, no usar su propia varita, que luego podría delatarlos. Y Winky tuvo la desgracia de encontrársela un poco después y de haberla cogido.

—Seguramente eso fue lo que ocurrió —dijo Sally.

—¡Pero entonces ella tuvo que estar muy cerca del verdadero culpable! —exclamó el señor Diggory, impaciente—. ¿Viste a alguien, elfina?

Winky comenzó a temblar más que antes. Sus enormes ojos pasaron vacilantes del señor Diggory a Ludo Bagman, y luego al señor Crouch. Tragó saliva y dijo:

—No he visto a nadie, señor... A nadie.

—Miente —dijo Tonks de repente—. Esa pausa antes de responder es sospechosa.

—Yo también lo creo —asintió Frank—. Pero si es así, ¿por qué miente? ¿Por qué cubre al verdadero culpable?

—Amos —dijo secamente el señor Crouch—, soy plenamente consciente de que lo normal, en este caso, sería que te llevaras a Winky a tu departamento para interrogarla. Sin embargo, te ruego que dejes que sea yo quien trate con ella.

El señor Diggory no pareció tomar en consideración aquella sugerencia, pero para Harry era evidente que el señor Crouch era un miembro del Ministerio demasiado importante para decirle que no.

—Puedes estar seguro de que será castigada —agregó el señor Crouch fríamente.

—¿Cómo que castigada? —exclamó Hermione, furiosa—. ¡Pero si no ha hecho nada la pobre!

—A... a... amo... —tartamudeó Winky, mirando al señor Crouch con los ojos bañados en lágrimas—. A... a... amo, se lo ruego...

El señor Crouch bajó la mirada, con el rostro tan tenso que todas sus arrugas se le marcaban profundamente. No había ni un asomo de piedad en su mirada.

—Winky se ha portado esta noche de una manera que yo nunca hubiera creído posible —dijo despacio—. Le mandé que permaneciera en la tienda. Le mandé permanecer allí mientras yo solucionaba el problema. Y me ha desobedecido. Esto merece la prenda.

—¡¿La despide simplemente por salvar su vida?! —chilló Hermione—. ¡¿Y nadie se lo va a impedir?!

—Así son las leyes, Granger. Los elfos domésticos se vinculan a una familia para poder sobrevivir, así que a ojos de la ley pasan a ser propiedad de esa familia. Y ellos pueden hacer lo que quieran con ellos —explicó Daphne.

—Pues deberían de haber leyes que evitasen eso —dijo Hermione con determinación.

—¡No! —gritó Winky, postrándose a los pies del señor Crouch—. ¡No, amo! ¡La prenda no, la prenda no!

Harry sabía que la única manera de liberar a un elfo doméstico era que su amo le regalara una prenda de su propiedad. Daba pena ver la manera en que Winky se aferraba a su paño de cocina sollozando a los pies de su amo.

—¡Pero estaba aterrorizada! —saltó Hermione indignada, mirando al señor Crouch—. ¡Su elfina siente terror a las alturas, y los magos enmascarados estaban haciendo levitar a la gente! ¡Usted no le puede reprochar que huyera!

El señor Crouch dio un paso atrás para librarse del contacto de su elfina, a la que miraba como si fuera algo sucio y podrido que le podía echar a perder los lustrosos zapatos.

Fue una suerte que el señor Crouch no estuviese ahí o Hermione lo habría dejado irreconocible a base de maleficios.

—Una elfina que me desobedece no me sirve para nada —declaró con frialdad, mirando a Hermione—. No me sirve para nada un sirviente que olvida lo que le debe a su amo y a la reputación de su amo.

¿Reputación? Tu reputación se esfumó en cuanto encerraron a tu hijo pensó Neville con amargura.

Winky lloraba con tanta energía que sus sollozos resonaban en el claro del bosque. Se hizo un silencio muy desagradable al que puso fin el señor Weasley diciendo con suavidad:

—Bien, creo que me llevaré a los míos a la tienda, si no hay nada que objetar. Amos, esa varita ya no nos puede decir nada más. Si eres tan amable de devolvérsela a Harry...

El señor Diggory se la devolvió a Harry, y éste se la guardó en el bolsillo.

—Vamos, vosotros tres —les dijo en voz baja el señor Weasley. Pero Hermione no quería moverse. No apartaba la vista de la elfina, que seguía sollozando—. ¡Hermione! —la apremió el señor Weasley.

—Mejor vete. No puedes hacer nada ahí —dijo Alice.

Ella se volvió y siguió a Harry y a Ron, que dejaban el claro para internarse entre los árboles.

—¿Qué le va a pasar a Winky? —preguntó Hermione, en cuanto salieron del claro.

—No lo sé —respondió el padre de Ron.

—¡Qué manera de tratarla! —dijo Hermione furiosa—. El señor Diggory, sin dejar de llamarla «elfina»... ¡y el señor Crouch! ¡Sabe que no lo hizo y aun así la va a despedir! Le da igual que estuviera aterrorizada, o alterada... ¡Es como si no fuera humana!

—Es que no lo es —repuso Ron.

Hermione le dirigió una mirada furiosa a Ron.

Hermione se le enfrentó.

—Eso no quiere decir que no tenga sentimientos, Ron.

—Esto, Hermione, Ron no ha dicho que Winky no tenga sentimientos. Sino que no es humana, lo cuál es cierto —señaló Will.

Da asco la manera...

—Estoy de acuerdo contigo, Hermione —se apresuró a decir el señor Weasley, haciéndole señas de que siguiera adelante—, pero no es el momento de discutir los derechos de los elfos. Me gustaría que estuviéramos de vuelta en la tienda lo antes posible.

—Definitivamente eso es lo mejor —asintió Remus.

¿Qué ocurrió con los otros?

—Los perdimos en la oscuridad —explicó Ron—. Papá, ¿por qué le preocupaba tanto a todo el mundo aquella cosa en forma de calavera?

—Os lo explicaré en la tienda —contestó el señor Weasley con cierto nerviosismo.

Pero cuando llegaron al final del bosque no los dejaron pasar: una multitud de magos y brujas atemorizados se había congregado allí,

—Con la Marca Tenebrosa no me extraña para nada —murmuró Arthur.

y al ver aproximarse al señor Weasley muchos de ellos se adelantaron.

—¿Qué ha sucedido?

—¿Quién la ha invocado, Arthur?

—¡No será... él!

—Por supuesto que no es él —contestó el señor Weasley sin demostrar mucha paciencia—. No sabemos quién ha sido, porque se desaparecieron. Ahora, por favor, perdonadme. Quiero ir a dormir.

Atravesó la multitud seguido de Harry, Ron y Hermione, y regresó al cámping. Ya estaba todo en calma: no había ni rastro de los magos enmascarados, aunque algunas de las tiendas destruidas seguían humeando.

Varios hicieron una mueca.

Charlie asomaba la cabeza fuera de la tienda de los chicos.

—¿Qué pasa, papá? —le dijo en la oscuridad—. Fred, George y Ginny volvieron bien,

Molly suspiró de alivio.

pero los otros...

—Aquí los traigo —respondió el señor Weasley, agachándose para entrar en la tienda. Harry, Ron y Hermione entraron detrás.

Bill estaba sentado a la pequeña mesa de la cocina, aplicándose una sábana al brazo, que sangraba profusamente. Charlie tenía un desgarrón muy grande en la camisa, y Percy hacía ostentación de su nariz ensangrentada.

Molly soltó un pequeño gemido y miró a sus tres hijos mayores, esperando ver las heridas que salían en el libro.

Fred, George y Ginny parecían incólumes pero asustados.

—¿Los habéis atrapado, papá? —preguntó Bill de inmediato—. ¿Quién invocó la Marca?

—No, no los hemos atrapado —repuso el señor Weasley—. Hemos encontrado a la elfina del señor Crouch con la varita de Harry, pero no hemos conseguido averiguar quién hizo realmente aparecer la Marca.

—¿Qué? —preguntaron a un tiempo Bill, Charlie y Percy.

—¿La varita de Harry? —dijo Fred.

—¿La elfina del señor Crouch? —inquirió Percy, atónito.

Con ayuda de Harry, Ron y Hermione, el señor Weasley les explicó todo lo sucedido en el bosque. Al finalizar el relato, Percy se mostraba indignado.

—¡Bueno, el señor Crouch tiene toda la razón en querer deshacerse de semejante elfina! —dijo—. Escapar cuando él le mandó expresamente que se quedara... Avergonzarlo ante todo el Ministerio... ¿En qué situación habría quedado él si la hubieran llevado ante el Departamento de Regulación y Control...?

Percy se encogió en el sitio al recibir la mirada furiosa de Hermione. La verdad es que, tras leer lo que había ocurrido, Percy se encontraba confuso. Aún admiraba al señor Crouch, pero la manera en que ese se había desecho de Winky le asqueaba.

—Ella no hizo nada... —lo interrumpió Hermione con brusquedad—. ¡Sólo estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado!

Percy se quedó desconcertado. Hermione siempre se había llevado muy bien con él... Mejor, de hecho, que cual quiera de los demás.

—Tenéis personalidades parecidas —dijo Bill.

—Aunque Hermione no es una obsesiva de las normas —añadió Charlie.

—¡Hermione, un mago que ocupa una posición cómo la del señor Crouch no puede permitirse tener una elfina doméstica que hace tonterías con una varita mágica! —declaró Percy pomposamente, recuperando el aplomo.

—¡No hizo tonterías con la varita! —gritó Hermione—. ¡Sólo la recogió del suelo!

Percy quería meterse dentro del libro y gritarle a su otro yo para que dejase de hacer y decir tonterías. A este paso, el Percy de la lectura iba a cometer un error irreparable y sabría que habrá sido culpa suya.

—Bueno, ¿puede explicar alguien qué era esa cosa en forma de calavera? —pidió Ron, impaciente—. No le ha hecho daño a nadie... ¿Por qué le dais tanta importancia?

—Ya te lo dije, Ron, es el símbolo de Quien-tú-sabes —explicó Hermione, antes de que pudiera contestar ningún otro—. He leído sobre el tema en Auge y Caída de las Artes Oscuras.

—¿Y tú para que has leído eso? —preguntó Harry.

Hermione se encogió de hombros.

—Me parecía un tema interesante.

—Y no se la había vuelto a ver desde hacia trece años —añadió en voz baja el señor Weasley—. Es natural que la gente se aterrorizara... Ha sido casi cómo volver a ver a Quien-tú-sabes.

—Sigo sin entenderlo —dijo Ron, frunciendo el entrecejo —. Quiero decir que no deja de ser simplemente una señal en el cielo...

—Es mucho más que eso, hijo —respondió Molly con el semblante serio.

—Ron, Quien-tú-sabes y sus seguidores mostraban la Marca Tenebrosa en el cielo cada vez que cometían un asesinato —repuso el señor Weasley—. El terror que inspiraba... No puedes ni imaginártelo: eres demasiado joven. Imagínate que vuelves a casa y ves la Marca Tenebrosa flotando justo encima, y comprendes lo que estás a punto de encontrar dentro... —El señor Weasley se estremeció—. Era lo que más temía todo el mundo... lo peor...

Hubo unos segundos de silencio. Los mayores recordaban esos días tenebrosos, mientras que los más jóvenes trataban de imaginárselos.

Se hizo el silencio. Luego Bill, quitándose la sábana del brazo para comprobar el estado de su herida, dijo:

—Bueno, quienquiera que la hiciera aparecer esta noche, a nosotros nos fastidió, porque los mortífagos echaron a correr en cuanto la vieron. Todos se desaparecieron antes de que nosotros hubiéramos llegado lo bastante cerca para desenmascarar a ninguno de ellos.

Moody gruñó con irritación.

Afortunadamente, pudimos coger a la familia Roberts antes de que dieran contra el suelo. En estos momentos les están modificando la memoria.

—¿Mortífagos? —repitió Harry—. ¿Qué son los mortífagos?

—Es como se llaman a sí mismos los partidarios de Quien-tú-sabes —explicó Bill—. Creo que esta noche hemos visto lo que queda de ellos; quiero decir, los que se libraron de Azkaban.

—Pero no tenemos pruebas de eso, Bill —observó el señor Weasley—, aunque es probable que tengas razón —agregó, desesperanzado.

—Más bien tiene toda la razón —dijo Sirius.

—Apuesto a que sí —dijo Ron de pronto—. ¡Papá, encontramos a Draco Malfoy en el bosque, y prácticamente admitió que su padre era uno de aquellos chalados de las máscaras! ¡Y todos sabemos lo bien que se llevaban los Malfoy con Quien-tú-sabes!

—Pero ¿qué pretendían los partidarios de Voldemort...? —empezó a decir Harry.

Todos se estremecieron. Como la mayoría de los magos, los Weasley evitaban siempre pronunciar el nombre de Voldemort.

—Lo siento —añadió apresuradamente Harry—. ¿Qué pretendían los partidarios de Quien-vosotros-sabéis, haciendo levitar a los muggles? Quiero decir, ¿para qué lo hicieron?

—Era diversión para ellos —respondió Reg con una mueca. Nunca había entendido por que sus "amigos" encontraban divertido torturar muggles.

—¿Para qué? —dijo el señor Weasley, con una risa forzada—. Harry, ésa es su idea de la diversión. La mitad de los asesinatos de muggles que tuvieron lugar bajo el poder de Quien-tú-sabes se cometieron nada más que por diversión.

—Eso es horrible —dijo Emily.

Me imagino que anoche bebieron bastante y no pudieron aguantar las ganas de recordarnos que todavía están ahí y son unos cuantos. Una encantadora reunión para ellos —terminó, haciendo un gesto de asco.

—Pero, si eran mortífagos, ¿por qué se desaparecieron al ver la Marca Tenebrosa? —preguntó Ron—. Tendrían que haber estado encantados de verla, ¿no?

—Con lo que hicieron, dudo que se mostrasen encantados —dijo James.

—Piensa un poco, Ron —dijo Bill—. Si de verdad eran mortífagos, hicieron lo indecible para no entrar en Azkaban cuando cayó Quien-tú-sabes, y dijeron todo tipo de mentiras sobre que él los había obligado a matar y a torturar a la gente. Estoy seguro de que ellos tendrían aún más miedo que nosotros si volviera. Cuando perdió sus poderes, negaron haber tenido relación con él y se apresuraron a regresar a su vida cotidiana. Imagino que no les guarda mucho aprecio, ¿no crees?

—Entonces... los que hicieron aparecer la Marca Tenebrosa... —dijo Hermione pensativamente—¿lo hicieron para mostrar su apoyo a los mortífagos o para espantarlos?

—Yo diría que para espantarlos —dijo Alice de forma pensativa.

—Puede ser cualquier cosa, Hermione —admitió el señor Weasley—. Pero te diré algo: sólo los mortífagos sabían formar la Marca. Me sorprendería mucho que la persona que lo hizo no hubiera sido en otro tiempo un mortífago, aunque no lo sea ahora... Escuchad: es muy tarde, y si vuestra madre se entera de lo sucedido se preocupará muchísimo. Lo que vamos a hacer es dormir unas cuantas horas y luego intentaremos irnos de aquí en uno de los primeros trasladores.

A Harry le zumbaba la cabeza cuando regresó a la litera. Tenía motivos para estar reventado de cansancio, porque eran casi las tres de la madrugada; sin embargo, se sentía completamente despejado... y preocupado.

Hacía tres días (parecía mucho más, pero realmente eran sólo tres días) que había despertado con la cicatriz ardiéndole. Y aquella noche, por primera vez en trece años, había aparecido en el cielo la Marca de lord Voldemort. ¿Qué significaba todo aquello?

—No me gusta nada el rumbo que esta tomando esto —susurró Lily. Tenía la impresión de que algo horrible iba a suceder en este libro.

Pensó en la carta que le había escrito a Sirius antes de dejar Privet Drive. ¿La habría recibido ya? ¿Cuándo contestaría?

—Cuando llegué aquí, aún no la había recibido —dijo Sirius.

Harry estaba acostado de cara a la lona, pero ya no tenía fantasías de escobas voladoras que lo fueran introduciendo en el sueño paulatinamente, y pasó mucho tiempo desde que comenzaron los ronquidos de Charlie

Charlie se sonrojo mientras sus hermanos se burlaban de él.

hasta que, finalmente, él también cayó dormido.

—Fin del capítulo —anunció Ginny.


Hola gente.

Y ya llegamos al onceavo capítulo. Planeo hacer que Neville le explique a sus padres lo que les sucedió en el siguiente descanso, pero no sé si hacer que se lo explique solamente a ellos o en la sala en general, y así todos se enteren de lo que ocurrió.

Seguramente en mi perfil haré una pequeña actualización en las próximas horas, que indicarán las actualizaciones de las historias. Aquí os lo explicaré un poco mejor. Básicamente irá por rondas, donde en cada una de ellas me iré centrando más en una historia que en el resto.

En fin, espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki

PD: ¿Cuál es vuestra pareja canon (repito, canon) favorita? ¿Y la que menos os gusta? (Por cierto, aquí también entra en la categoría parejas que fueron novios pero rompieron como por ejemplo HarryxCho.)

PDD: ¿Cuál es vuestra pareja out-canon (vamos que no es canónica de la serie) que más os gusta? ¿Y la que menos?

PDDD: Y ya que estamos hablando de parejas... ¿cuál es vuestra opinión de la pareja HarryxGinny?