Sophia y los mellizos llevaban unas semanas en la Madriguera cuando la señora Weasley les dijo que irían al Callejón Diagon por sus cosas para Hogwarts.
Durante esas semanas, Draxler no se había separado ni un momento de Sophia, y por las noches se quedaba vigilando la puerta de la habitación de Ginny. En todas las comidas estaba pendiente de la forma en que la señora Weasley cocinaba y siempre insistía en ser él quien sirviera el plato de Sophia. No la dejaba salir de la casa, y si salía, le colocaba varios hechizos anti-aparición, además de varios escudos protectores y su bufanda del Pride of Portree, la cual él mismo había encantado para convertirla en localizador.
Claro que Sophia siempre trataba de huir de él. Se escondía en cada lugar que podía para que el tipo no la encontrara, desde el armario de escobas hasta el gallinero, pero no en balde Draxler era un Inefable.
El único lugar al que tenía prohibida la entrada era la habitación de Ginny, pero como la pequeña pelirroja parecía incómoda con la presencia de la azabache, no le quedaba más opción que salir al tejado por la ventana de la habitación de Ginny. Ahí era el único lugar en el que estaba tranquila, aunque sólo podía estar ahí de noche, ya que durante el día el sol era demasiado fuerte.
El resto del tiempo, cuando no conseguía huir de Draxler, se la pasaba leyendo el cuaderno de hechizos que encontró en la motocicleta, el que supuestamente había escrito Evanna.
La noticia de que irían a Diagon Alley emocionó mucho a Sophia... Al principio. Draxler no tardó en arruinarle los planes y dejarle claro que él iría con ella, y que además, tenía que ir disfrazada. Según él, los Malfoy podrían intentar llevársela de nuevo, o los reporteros no les dejarían paso para comprar sus cosas.
Así fue como había acabado en aquella situación, teniendo que beberse una poción que se veía espantosa y que la haría verse como una Weasley más.
—Cierra la boca y bebe, Black.
—¡Ya te dije que no! ¿Acaso no has visto eso? ¡Parece que alguien ya lo masticó, lo vomitó, se lo volvió a tragar y lo defecó!
—Y ahora tú lo volverás a tragar —dijo el inefable tratando de acercar el baso a los labios de la niña.
—¡Vas a tener que matarme para hacer que me beba esa mierda! —replicó Sophia retorciéndose en el agarre de Draxler.
—No me tientes...
—No puedo creerlo —murmuró Hally observando la escena desde la ventana—. ¿A caso no vamos a hacer nada para ayudarla?
—¿Qué podemos hacer? —espetó Fred lanzando otro gnomo a lo lejos— Está claro que con Draxley tiene toda la ayuda que necesita.
—Es Draxler —lo corrigió Hally—. ¿Qué no te importa que la quiera hacer beber vómito de gnomo?
—Es poción multijugos, rojita, el vómito de gnomo sabe mucho mejor.
Hally rodó los ojos antes de mirar a su hermano, quien estaba sentado en un tronco seco a los límites de la Madriguera junto con Ron.
Harry había estado muy raro en los últimos días. Desde el desayuno el primer día de su estadía, Harry no había vuelto a sentarse junto a Sophia en la mesa. Se sentaba junto a Percy y hacía que Ron se sentara del otro lado, y el resto del día no cruzaban palabras, ni siquiera cuando jugaban quidditch con Ron y los gemelos.
Hally miró de nuevo por la ventana, en donde vio a Sophia retorciéndose en el suelo sujetando su garganta, y a Draxler parado a unos metros, cruzado de brazos y mirándola con reprobación.
Draxler había estado muy pegado a Soph en el tiempo que llevaban ahí. Tal vez eso era lo que ponía incómodo a Harry...
—¡Ay de mí! ¡Mi corazón se detiene! ¡Mis párpados se cierran! ¡La respiración... me falla! ¡Ay de mí!
Luego de unos minutos de quejas, Draxler volvió a sujetar a Sophia y la forzó a tomarse el resto del líquido, y frente a los ojos incrédulos de Hally, su mejor amiga se convirtió lentamente en una persona diferente.
Su piel se llenó de pecas, su cuerpo se volvió más alto y ligeramente más esbelto. Su cabello le creció hasta la cintura, volviéndose rojo naranja, y cuando volvió a abrir los ojos, éstos ya no eran el gris tormentoso que solía ser, sino un marrón brillante parecido al de la señora Molly.
—¿Tenías que complicarlo todo, cierto? —se quejó Draxler mientras hacía desaparecer el baso vacío.
Hally jadeó al ver lágrimas cayendo de los ojos de Sophia, quien se mantenía tendida en el suelo, sin moverse ni un centímetro, con la vista clavada en el techo
—Ahora ponte esto y ve a la sala —dijo el inefable arrojando un vestido rosa de flores amarillas, el cual le cayó a Sophia sobre el rostro.
—Maldito —murmuró Hally antes de correr hacia aquella habitación. No le extrañó encontrarse al inefable haciendo vela frente a la puerta.
—Ábrela —dijo la pelirroja al darse cuenta de que estaba cerrada.
—No —fue la respuesta que le dio Draxler, quien no se molestó ni en mirarla.
—¡Ábrela, carajo! —exclamó Hally golpeando la puerta con los puños.
—¿Para qué demonios querrías entrar? —preguntó Draxler con serenidad.
—Voy a ayudar a Sophia. Algo que tú no te dignas a hacer.
—¿Crees que debería ayudarla a ponerse el vestido? —dijo alzando una ceja— Vaya, y dicen que las campesinas son más reservadas.
—Vete al diablo. Sophia es mi amiga, y no voy a dejar que la trates como un pedazo de basura solo porque no sabes hacer tu trabajo.
—¿Tu mejor amiga, eh? Tan buena que prácticamente la empujaste hacia una columna de llamas que la llevarían hacia el propio Voldemort. Sí, puedo ver el gran amor que le tienes.
—Eso... Yo no sabía que haría eso —trató de defenderse la pelirroja—. ¡Yo solo traté de ayudarla! ¡Yo daría mi vida por ella!
—Sí, claro —se burló el inefable antes de sacar su varita—. Sabes, es más divertido discutir con ella que contigo. Ella al menos es sincera con todo lo que dice.
Con in movimiento de su varita, Draxler abrió la puerta, sin importarle que Hally estuviera apoyada en ella. La pelirroja entró a tropezones, y la cerró tras de sí, antes de que el inefable siquiera pensara en entrar él también.
Fue corriendo hacia la pared y cerró todas las ventanas para evitar que los chicos vieran hacia adentro. Luego caminó hacia Sophia, quien seguía en su posición en el suelo, sin mover un solo músculo y con el vestido en la cara.
Cuando Hally levantó la prenda, por un segundo pensó que aquella chica no era Sophia. De no haberla visto transformarse con sus propios ojos, no habría creído que era la misma niña.
—Soph, ya casi es hora de irnos —murmuró Hally sacudiendo su hombro, pero no obtuvo respuesta.
—¡Chicos, hora de irnos! —escuchó a la señora Weasley llamar a los chicos en el patio.
Suspirando resignada, Hally se colocó entre las piernas de Sophia y le desabotonó el pantalón. Le quitó las botas, dejando los pies únicamente cubiertos por un par de calcetines púrpura, y empezó a quitar el pantalón.
Acto seguido la tomó de los hombros y la obligó a sentarse, aunque su torso quedó apoyado contra el de Hally. Con dificultad, logró quitarle la camisa, aunque tuvo que volver a recostarla para sacársela de los brazos. Volvió a sentarla para colocarle el vestido y la volvió a recostar para acomodárselo.
Se aseguró de que estuviera bien puesto antes de volver a colocarle las botas, le acomodó una vez más el vestido y se dirigió a la puerta.
—Llévala —dijo en cuanto vio de nuevo a Draxler.
—¿Disculpa?
—Tú la dejaste así —dijo señalando a Sophia—, así que tú debes hacerte cargo de llevarla. Y más te vale que no le hagas nada raro.
Draxler rodó los ojos antes de entrar a la habitación. Para su sorpresa, Black seguía en la misma posición en que él la había dejado, y la única diferencia era que ahora llevaba el vestido puesto.
—Ponte de pie —dijo, pero Black siguió inmóvil—. Deja el drama de una vez y ponte de pie, Black.
Luego de algunos intentos sin respuesta, el inefable se arrodilló junto a la niña y puso dos dedos sobre su muñeca, asegurándose que tuviera pulso. Para su sorpresa, el pulso de Black era muy bajo, pero estaba ahí. Además, sus ojos estaban abiertos, aunque no había parpadeando ni los había movido desde que él entró en la habitación.
—No me digas que te estás haciendo la muerta —se burló antes de levantarla en sus brazos—. Yo mismo preparé la poción, así que no te servirá de nada fingir que te he envenenado.
La cargó hasta la sala, en donde todos los de la casa se habían reunido frente a la chimenea.
—Y no olvides decir las palabras fuerte y claro, Harry.
Para sorpresa de nadie, Potter no pronunció bien el nombre de su destino, pero para sorpresa de todos, en ese justo momento, Sophia se bajó de un salto de los brazos de Draxler y corrió hacia la chimenea, entrando justo en el momento que Harry lanzaba los polvos flu, haciéndolos desaparecer a ambos.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Hally mirando la chimenea vacía.
—Creo que Sophia se escapó de su perro guardián —murmuró Fred, recibiendo un regaño de su madre.
—Mocosa del demonio —murmuró Draxler antes de desaparecerse.
—¡Yo sigo!
—Maldita sea —murmuró Sophia llevándose la mano a un costado de la cabeza, en donde pudo sentir una pequena herida empezando a sangrar.
—¿Sophia? —preguntó Harry poniéndose de pie, antes d e extender su mano hacia su amiga— ¿Por qué hiciste eso?
—Necesitaba al menos cinco minutos lejos de ese psyco —respondió la azabache poniéndose de pie.
Ambos miraron a su alrededor, sin reconocer el lugar en donde else encontraban. Sophia tuvo que cubrirse la boca para no soltar un grito de terror al encontrarse con un ojo de cristal que la veía fijamente en un escaparate.
Al parecer estaban en una tienda para magos que practicaban magia negra. Porque solo para eso servirían los artículos grotescos que habían allí.
—Tenemos que salir de aquí —dijo Harry tomándola de la mano.
Sin embargo, no dieron ni dos pasos cuando la puerta de la tienda se abrió, dejando entrar a dos de los seres que se habían ganado el odio de Sophia durante las vacaciones: Draco y Lucius Malfoy.
—Mierda —murmuró Sophia buscando un lugar para esconderse antes de que la vieran. Por nada del mundo volvería con ellos a Malfoy Manor.
Antes de recordar que estaba bajo los efectos de la poción multijugos, y por lo tanto parecía una Weasley más, Harry jaló a Sophia y se metió junto a ella a un gran armario negro, dejando un hueco abierto para ver lo que ocurría.
Lucius y Draco hablaron sobre lo injusto que era que Harry, Hally y ella estuvieran en el equipo de quidditch desde primer año.
—Tienes que estar preparado, Draco, no podemos dejar que Sophia caiga en las garras de Potter —dijo Lucius soñando el timbre en el mostrador—. Tendrás que esforzarte el doble ahora que descubrió lo del contrato.
—Hijos de perra —murmuró Sophia al mismo tiempo que el dueño de la tienda se acercaba al mostrador.
Harry puso una mano en el hombro de Sophia, quien rodó los ojos ante esta acción. Claro, el tipo la ignoraba dos semanas y ahora pretendía mostrarle apoyo.
Mientras Draco vagaba por la tienda, Lucius sacó un pergamino de su túnica y se lo mostró a Borjin, el dueño de la tienda. Malfoy pretendia vender los objetos oscuros que habían en su causa antes de que el ministerio le hiciera una requisa.
—Mierda —murmuró la azabache cuando vio a Draco acercándose cada vez más.
Respirando hondo, Sophia miró fijamente un mazo de cartas bañado en sangre al otro lado de la tienda y con un movimiento de su mano lo tiró al suelo, llamando la atención del Slytherin.
—¡Draco, vámonos! —exclamó Lucius caminando hacia la salida.
—Y si lo que dicen de usted es cierto, no me ha vendido ni la mitad de los objetos oscuros que hay en su hogar —murmuró Borjin caminando hacia la trastienda.
Sophia y Harry esperaron un momento antes de salir con el mayor sigilo posible del lugar.
Una vez afuera, la azabache se dio cuenta horrorizada de que no se encontraban en Diagon Alley. La calle era oscura y en los locales se vendían toda clase de cosas grotescas, como enormes arañas peludas.
—¿No estarás perdido, cariño? —preguntó una ansiana demasiado cerca de Harry.
—Aléjate de él, hermana —dijo Sophia jalando a Harry hacia ella.
—Pero que pequeña tan malcriada —dijo la anciana acercándose a ellos—. No te vendrían mal un par de nalgadas para disciplinarte.
Harry trató de poner a Sophia tras él, pero la azabache le apartó el brazo y encaró a la ansiana, aguantando las ganas de vomitar al ver que en su mano traía una bandeja llena de uñas humanas.
—Y a usted no le vendría mal un marido, vieja cusca —escupió Sophia sacando su varita, pero antes de que pudiera lanzarle cualquier hechizo, una voz la interrumpió.
—¡HARRY! ¡SOPHIA! ¿Qué demonios están haciendo aquí?
El grito hizo que los tres dieran un respingo, y a la bruja se le cayeron casi todas las uñas al suelo. La ansiana murmuró maldiciones mientras las recogía.
–¡HAGRID! —exclamation el par de niños aliviados.
Hagrid se acercó a ellos y los apartó de la bruja, a quien se le cayeron el resto de uñas al suelo.
Sophia, quien seguía enojada por el modo en que la ansiana se le acercó a Harry, se regresó y le dio una parada a las uñas, esparciéndolas por todo el callejón.
La azabache salió corriendo junto a Hagrid, quien le puso una mano sobre el hombro y suspiró, antes de seguir caminando con ambos, ignorando los gritos de la bruja. El gigante los condujo por el oscuro callejón, hasta la salida, desde donde vieron el edificio de Gringotts.
Ahí, Hagrid los regañó por andar vagando solos en el callejón "Knockturn".
—Es un muy mal lugar.
—¿Y tú qué hacías ahí? —preguntó Sophia con una media sonrisa— No me digas que consiguiendo una nueva mascota.
—Buscaba repelente para babosas carnívoras —respondió Hagrid—. Nos están causando problemas. ¿Y qué hay de ustedes? El callejón Knockturn no es el mejor lugar para tener una cita.
—Touché —respondió Sophia con las mejillas rojas—. ¡Espera! ¿Cómo supiste que era yo? Se supone que estoy disfrazada.
—El profesor Dumbledore dijo que lo más proba le era que te dieran poción multijugos si tenías que salir a un lugar público —dijo antes de señalarle los pies—. Además, sólo hay una persona tan joven que usaría unas botas como esas. Por cierto, ¿por qué ninguno de los dos ha respondido mis cartas?
—Los Malfoy interceptaban mi correo, no me llegó ni una carta en todo el verano —murmuró Sophia abrazando una de las piernas de Hagrid.
Harry le contó a Hagrid lo que había pasado con Dobby y los Dursley, y cómo lo habían tenido que rescatar en el auto del señor Weasley. Hagrid estaba hirviendo cuando terminó.
—¡Harry! ¡Hagrid! ¡Cuánto me alegro de verlos! ¿Vienes al banco, Harry?
Sophia miró a Hermione indignada de que no la haya saludado, pero entonces recordó que, para el resto del mundo, ella era una de las tantas Weasley que habitaban la tierra.
—¡Oh, por Dios! ¡Eres Hermione Granger! —exclamó Sophia haciendo su voz aguda— ¡Eres la bruja más brillante de Hogwarts!
Las mejillas de Hermione se volvieron rojas. Harry se cubrió la boca para ocultar su sonrisa y Hagrid los miró a todos confundido.
—¿Pero qué dices, Sophia? —dijo el gigante poniendo su mano sobre la cabeza de la azabache— ¿Qué no reconoces a Hermione? ¿Será efecto de la poción? Dime, ¿cuantos dedos ves?
—¡Hagrid! —exclamó Sophia riendo— ¡Arruinaste la broma!
—¡Sophia! —dijo Hermione indignada, antes de darle un abrazo— Debí saberlo... ¿Usaste la poción multijugos?
—Sí, señorita Granger —murmuró Sophia con voz aguda de nuevo, haciendo reír a los demás.
En eso, el señor Weasley apareció corriendo hacia ellos junto con los gemelos y Ron.
—¡Gracias a Merlín! ¿En donde han aparecido?
—En el callejón Knockturn.
—Genial —murmuraron los gemelos.
—A nosotros nunca nos dejan ir —se quejó Ron.
—¡Harry! ¡Sophia! —exclamó la señora Weasley llevando de la mano a Ginny.
La señora Weasley les quitó el hollín de las capas y le dio las gracias a Hagrid, quien se despidió antes de marcharse al Caldero Chorreante.
—Vamos, vamos al banco —los apuró la señora Weasley—. Tenemos mucho que hacer. Recuerden que hoy también compraremos las cosas de Ginny... Sophia, cariño, ¿vienes con nosotros o prefieres esperar con los Granger? Hagrid dice que no te sienta bien el viaje en vagón.
Sophia se revisó el vestido, encontrando una bolsa de dinero en uno de los bolsillos. La tía Andromeda le había dejado dinero para emergencias, además de su llave de Gringotts. Contó las monedas, dándose cuenta de que aun necesitaría un poco mas para comprar esos libros tan caros de defensa, por lo que salió corriendo tras la señora Weasley.
—¡Nos vemos luego, señorita Granger! —Se despidió de Hermione con voz chillona, haciendo reír a Harry.
Entraron al banco y se acercaron a uno de los duendes. Sophia miró a su alrededor, sin recordar mucho de su última visita.
—¿Me vas a comprar mis diademas? —dijo colgándose del brazo del azabache, quien asistió un poco incómodo— ¿Qué te pasa, cuatro ojos? ¿Ya no me quieres?
—¡Eso es imposible! —exclamó Hally a unos metros de ellos.
—No —murmuró Harry desviando la mirada—. Es solo... Como te ves. Te ves diferente.
—¿Así que solo te gusta mi físico, eh? —contestó la ojigris indignada— Bueno, es bueno saberlo ahora y no cuando sea tarde.
Harry suspiró antes de rodearle los hombros con un brazo. Sophia sabía lo que quería decir. Ella misma no se sentía como ella misma viéndose como se veía. Y solo Merlín sabia cuanto tiempo iba a durar la poción. Y hablando de pociones...
—Oye, roja, ¿donde esta Draxler? —le preguntó a Hally mientras el duende guiaba al grupo hacia los carros mineros.
—Desapareció en cuanto se fugaron —respondió Hally con malicia—. Se me hace que esta celoso.
—Y a mí se me hace que te tiraron de cabeza cuando naciste. Por cierto, necesito que me prestes dinero.
—¿Yo por qué? Si tú eres la que nada en dinero mal habido.
—Eres una tonta —murmuró Sophia—. Recuerda que nadie sabe que soy yo, así que no puedo entrar a mi cámara. De nada sirvió que tía Andy me diera mi llave.
—Okay, pero quiero que me lo pagues con un interés del cinco por ciento.
Sophia rodó los ojos. Jamás debió dejarla ver la sección de finanzas del noticiario del tío Ted.
—Harry, ¿tú si me lo prestarás, verdad?
—Claro que sí.
—Te prometo pagarte cada centavo, Harry —dijo abrazándolo.
—No seas tonta. No tienes que pagarme nada.
Sophia le sonrió con superioridad a Hally, antes de separarse y caminar de la mano con Harry, quien la ayudó a subir al carro. Tras ellos se subió una Hally satisfecha, y un Fred malhumorado.
Al fin, llegaron a la cámara de los Weasley, la cual estaba completamente vacía... Excepto por una pequeña bolsa de monedas de plata.
La ira e impotencia invadió el cuerpo de Sophia al pensar que una familia tan retorcida como los Black tenían cámaras repletas de oro, cuando una familia honrada y buena como los Weasley tenían problemas de dinero.
Mientras todos buscaban monedas en cada rincón de la cámara, Sophia se acercó a una esquina y dejó caer su bolsa de emergencia, antes de caminar hacia la salida. Tenía varias monedas de oro, así que de algo les iba a servir.
—Dime que no hiciste lo que creo que hiciste, muñeca.
—¿Y qué es eso que crees que hice, Freddie? —preguntó la azabache mirándose las uñas distraídamente.
—Ve a recoger tu dinero, Black —murmuró el pelirrojo mirándola con desdén—. No necesitamos de tu lástima.
El grito de emoción de la señora Weasley los interrumpió.
—¡Quince monedas de oro!
—Probablemente son del último bono navideño —dijo el señor Weasley contento—. ¡Ginny, parece que sí podrás tener tu propia lechuza!
—¿No le quitarás a Ginny su lechuza, cierto, Fred? —siseó Sophia mirando mal a Fred.
—No lo vuelvas a hacer, a no ser que quieras despertar sin tu hermoso cabello negro —murmuró el pelirrojo antes de irse, pero Sophia lo jaló del brazo, haciendo que le diera la cara.
—No me amenaces, Freddie-Pooh. No tienes idea de con quién te metes.
—Cuantas monedas... —murmuró Ron mientras él y los demás salían de la cámara.
—Sí que lo sé. La hija del mortífago mas fiel de Tú-sabes-quién, y una asesina que prefirió suicidarse a tener que cargar contigo —espetó Fred antes de subir al carro.
Sophia se quedó paralizada, ignorando los llamados de la señora Weasley a su espalda.
