XI Indecisiones
No dormí esa noche, ni la siguiente.
La fuga de diez prisioneros de alta seguridad de Azkaban había alejado al arenero, que se negaba a espolvorear su arena mágica de los sueños sobre mis ojos. Las pocas ocasiones que lograba juntar los párpados vislumbraba los muros derrumbados de la fortaleza mágica y seres convirtiéndose en humo negro, revoloteando de aquí para allá, alejándose a toda velocidad de Azkaban. La fuga masiva de la cárcel mágica. No podía evitar despertar exaltada entre alaridos acongojados. Era mi culpa. Detuve las premoniciones en el momento que Harry salió a flote en ellas, tras contemplar los enigmáticos ojos de Snape y darme cuenta de que mi idiotez sobrepasaba las expectativas que sopesaba de mí misma, huí como un conejo asustadizo y cobarde a refugiarme en la familiar calidez de la madriguera, entre la tierra húmeda y las hojas secas. Pude haber continuado con las visiones, ver las imágenes inéditas de la fuga en Azkaban y así dar por enterados a los miembros de la orden sobre semejante tragedia y quizás…
Sacudí la cabeza fuertemente, alborotando los ya muy revueltos rizos naranjas que brillaban en la oscuridad como el fuego de las antorchas. Caminaba a paso lento entre los corredores oscuros del séptimo piso, donde ningún alma, con cuerpo o carente de él, se asomaba durante las noches sin luna. Sólo los cuadros eran testigos de la caminata nocturna en la cual me había incursionado. Portaba, como si del ámbito de un monje se tratase, la túnica negra que usé en la estación King´s Cross hace meses, sin ningún distintivo que reflejase mi identidad. La capucha había caído sobre mis omoplatos. Arrastraba los pies que llevaba descalzos sobre el frío adoquinado, las ranuras del enlozado me recordaron a las cicatrices profundas e irregulares de mi corazón herido y ahora estúpidamente enamorado. Idiota, idiota. Repetía una y otra vez de manera que el pensamiento se volvió automático, no era necesario evocarlo simplemente se encontraba allí. Me detuve frente a una ventana. La vista daba a los terrenos de Hogwarts, la oscuridad reinaba allá afuera y alcanzaba todo a su paso cobijando el paisaje bajo su capa oscura. Estaba segura, si Hagrid asomaba su cabeza a través de la ventana de su cabaña vería un punto amorfo color naranja flotando suavemente en el aire, en algún punto del castillo. Lentamente, saqué del bolsillo interno de la túnica un trozo de pergamino arrugado y maltrecho. Era imposible leer su contenido mientras me encontrara envuelta en la oscuridad del séptimo piso, incluso recostada de la cornisa de la ventana. Sin embargo, conocía su contenido a la perfección. Había leído cada palabra detenidamente desde que cogí la carta de la mesa de una pata al lado del sillón borgoña.
¿Pretendes que no me alarme después de tus desalentadoras palabras? No te preocupes, no iré a Inglaterra en la próxima temporada. A pesar de ello, no puedo prometerte nada. Mantente a salvo, no soportaría perderte.
Te ama
E.C
Recordar el contenido de la carta me hizo estremecer. Cada palabra fue escrita con una escalofriante melancolía y una urgencia imposible de pasar por alto, incluso si lo quisiese así. No podía decepcionarle a él y, sin embargo sentía que ya le había fallado. Al enamorarme de Severus Snape había quebrantado la confianza infinita del único hombre al que he amado más que a mi vida. O al menos eso es lo que él cree que es, o era hasta hace un par de días. ¡No! Él es el único hombre que amo.
Merlín, ayúdame.
En los terrenos de Hogwarts el viento sopló fuerte y aunque no podía ver nada a través de la espesa negrura, escuchaba las ramas de los árboles del bosque prohibido chistar y mecerse, chocando unas con otras, un compás pausado traqueteaba a través del aire llegando a mis oídos a un ritmo regular, el sonido hacía eco y pensé en los centauros galopando en el interior del espeso bosque, pisando fuerte la tierra bajo sus patas de corcel. Entonces, caí en cuenta que era imposible escuchar el repiqueteo de las herraduras a través del aire hasta el séptimo piso del castillo. Imposible. El sonido provenía de las cercanías, dentro del castillo y aquel repiqueteo pausado y calmo le había escuchado con anterioridad. En fechas no muy lejanas. El viento volvió a soplar y la brisa helada de la madrugada no disminuyó la elevada temperatura que arrebolaba mi cuerpo palpitante. El repiqueteo se volvió difuso por un momento, lejano y ajeno a todo. Sonaba como una despedida lúgubre hasta que se detuvo. En el espacio de dos respiraciones volvió, con mayor fuerza y apremio se daba paso a través de la oscuridad acercándose peligrosamente donde yo me encontraba, de pie frente a la ventana con la túnica negra sobre los hombros y completamente expuesta a la merced de la noche debajo de ella.
No era necesario sentir miedo o hacer preguntas. Reconocí aquel andar pausado al instante, así como la efervescente sospecha de quien me observaba a mis espaldas, completamente confundido.
- Chica oscura, caminado en la oscuridad- dijo susurrando. Y las ondas de su voz viajaron sensualmente hasta mí.
¿Acaso lo hace adrede? ¿Puede notar el temblor de mi cuerpo cuando me habla?
- Las noches sin luna son inútiles- respondí sin voltear- irónicamente, la magia oscura no funciona bien en la oscuridad.
- Jum- resopló y podía jurar que un pensamiento maquiavélico nadaba en el interior de su pensamiento.- ¿Deben preocuparme sus caminatas nocturnas, Srta. Boissieu?
No se acercó en ningún momento, aun cuando la necesidad le tocaba el hombro incesantemente. Permaneció de pie a solo un par de metros. Podía imaginar su postura: erguido, con las manos juntas a la altura de la cintura, y empleando ese garbo estoico que portaba consigo como si de una capa se tratase, el cabello flanqueando su rostro de facciones cetrinas y los labios en una mueca de suspicacia infinita. Si no tuviese la piel expuesta a la adversidad de la noche hubiera volteado para verle el rostro.
- Está hablando de cantidad ¿No es así?- sonreí- tal parece que alguien ocupa sus noches en perseguir alumnos por los corredores del castillo.
- Es mi deber velar por la seguridad y el cumplimiento de las normas del colegio. De cualquier manera- profirió acercándose lentamente- ambos sabemos que usted no es una alumna de esta colegio.
Detuvo su andar a unos cuantos palmos de mí, pero yo le sentía extremadamente cerca. Las ondas de su calor corporal calentaba la túnica que portaba y olía su perfume habitual de humo y hierbas. Las manos me sudaron y transpiré de nuevo. Inquieta por aquella molesta necesidad de transpirar en su cercanía se incrementaron mis ganas de huir. Justo ahora deseaba estar sentada en el acolchado sillón borgoña, a la luz de una vela flotando alrededor de mí a la vez que leía aun libro de magia oscura.
- ¿Qué quiere decir con ello?-pregunté inquieta- hasta ahora adviertes ese detalle.
No dijo nada. Permaneció erguido a mis espaldas completamente inmóvil y aparentemente indiferente. Sus emociones fluctuaban entre la curiosidad morbosa y la rabia contenida, una que deseaba emerger a voluntad por alguna razón poco justificada. El debate interno de Severus me distrajo un momento.
¿Qué estará pensando?
Unas ondas de calor chocaban con mi espalda como las olas irrumpen en el malecón. Llevando la temperatura a la cúspide de la tolerancia de mi cuerpo, sentía tanto calor que por un momento sopesé la opción de quitarme la túnica negra y quedar expuesta ante la adversidad del frío viento de enero, congelarme entre las fauces de ese animal gélido por un rato, quitar el ridículo arrebol de mis pómulos y calmar la turbulencia del cauce dorado que mis ojos presentaban. A veces pensaba en ello como las tormentas solares del astro rey, difusas manchas de tonos ocres y dorados que bailan violentamente atacándose entre sí para tomar el control. Odiaba eso. El rasgo que delataba mi condición sobrenatural.
¿Qué haría Severus si me ve desnuda? Al diablo con Flich él podía infartarse pero, ¿Qué haría Severus Snape?
Volviendo a él, que seguía encerrado en su lucha dónde ninguna emoción lograba ganar partida. Él estaba tan confundido. Recordé la habilidad de Severus de mantener un semblante inexpresivo, sereno, arrogante. Una cualidad que le ha permitido permanecer junto a los mortífagos más peligrosos y a la derecha del mago más oscuro y despiadado que ha existido. Si Lord Voldemort pudiera leer sus emociones de la forma que yo lo hago, Severus no estaría con vida.
- ¿Te quedarás allí el resto de la noche?- pregunté socarrona- te convido a pasar la noche a mi lado contemplando la oscuridad, Severus.
Aquellas palabras le hicieron aterrizar, volviendo a la realidad, recordando que nos encontrábamos frente a la ventana del séptimo piso cuya vista da a los terrenos de Hogwarts en una noche sin luna, el cubierto de pies a cabeza con el habitual negro funeral y yo con apenas unos ropajes encima. De alguna manera, visto desde otro ángulo podría pasar por una escena erótica. O quizás yo me estaba emocionándome demasiado. Severus, ya no quería enojarse conmigo por estar allí de pie y aparentemente ausente de la realidad, se rindió a ello en el mismo momento en el que yo le hablé y tras permanecer a mis espaldas durante unos segundos más hizo un movimiento que no vi venir.
Sin acercarse más de lo necesario, cogió mi mano izquierda entre la suya y la envolvió entre los pliegues de su enorme mano blanquecina. En ese momento, aunque solo sujetara mi mano yo le sentía en todas partes. Me quedé de una sola pieza, él jamás intentó tocarme nunca no de esa manera tan íntima y confianzuda. El sonido del pergamino rompió el silencio del corredor, aunque parezca imposible el crujido resonó entre las paredes de piedra. El corazón se me aceleró, la temperatura subió a cuarenta grados y temblé ligeramente, solo un poco. ¿Cómo pudo ver el pergamino en la oscuridad? ¿Cómo pudo verme en la oscuridad? De un momento a otro, más temprano que tarde, retiró la mano y el frío de la madrugada volvió a ocupar ese espacio ahora vacío. Sentí que se congelaban mis dedos, aun cuando era imposible. No volteé, no proferí vocablo alguno. Me encontraba completamente perdida entre las difusas imágenes de las visiones y el fuerte estremecimiento de mi espina dorsal.
A lo lejos, hacían eco los pasos calmos y elegantes, pausados y discretos de un mago oscuro.
N/A: Aquí un nuevo capítulo. Lo siento si he tardado un poco, las ocupaciones tiene mi tiempo medido y tristemente es escaso ;(. Pero, aquí estoy de nuevo.
Espero disfruten de el capítulo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.
Muchas gracias a todos los que pasan a leer la historia y a todos aquellos que dejan sus reviews, millones de abrazos. Les adoro.
Hasta la próximas :* :* :*
