Capítulo 10
¿Quieres jugar? Si pierdes, todo será completamente destruido y purificado renacerá de las cenizas; si ganas, obtendrás un seductor premio, aquello que anhelas con fervor, ¿quieres intentarlo? Es una apuesta, todo o nada, ¿aceptas? Ahora, sólo hay que establecer las reglas del juego.
—Pues... como sabrás, con el problema de anoche, no podemos tramitar por ahora tu intercambio. Es extraño que aprobaran una transferencia a mitad de año —le indicó Yukimura, al tanto que revisaba los papeles entre sus manos.
—Espero al menos poder iniciar el próximo mes. —Agradeció saliendo de la oficina, su agradable sonrisa usada ante Yukimura se disipó; tuvo que tapar su boca ante algunas nauseas, verdaderamente aborrecía esa escuela. Desde que nació, Shuu, siempre había tenido desarrollado por demás su "sexto sentido". A pesar de que todo a su alrededor aparentaba tanta calma, él se sentía sofocado en ese sitio, por todos lados percibía sensaciones grotescas. Sonrió ácidamente, porque lo peor, era que, de alguna manera que jamás comprendería, cuando estaba junto con Tenma, esa sensación desaparecía, y también, siempre se desvanecía al estar cerca de Hakuryuu. Se le vino a la mente el recordar, con un dolor de cabeza, lo que sucedió desde la tarde anterior.
...
Aún dudaba, su caminar por los pasillos era nervioso, lento; sentía como si cada paso que daba se volvía más pesado, "¿en qué estoy pensando?" se preguntaba a sí mismo. Se detuvo muy cerca de llegar a su destino, antes de volverlo a ver; muy en su interior creía que probablemente no podría mirarlo a la cara, nunca se imaginó que su reencuentro lo afectaría tanto, de su mente era imborrable desaparecer aquella expresión con la que Hakuryuu lo miró, ¿odio? ¿Rencor? ¿Tristeza? ¿Dolor? No supo descifrar lo que se reflejaba en sus iris marrones que atravesaron hasta la profundidad de su mente. Pensó: "¿Qué habrá sucedido, después de mi partida?" No imaginaba ni remotamente que llegara a ser perdonado y aun así, ahora solamente quería... únicamente deseaba... ni él mismo comprendía del todo su objetivo, ya no estaba seguro de cómo actuar al ver a Hakuryuu de nuevo, sin embargo, estaba autoconvenciéndose de que no debía dudar, no podía ahogarse en su pasado, ahora tenía algo que hacer por Tenma, porque era una persona importante para él.
—¿Shuu? ¡Todos, presten atención! ¡Es Shuu! —Escuchó una exclamación de alegría que lo sacó de sus pensamientos; al darse media vuelta, algo dentro suyo se removió al ver a todos sus viejos amigos, o más bien, fueron como su familia. Las preguntas no se hicieron esperar; los comentarios hilarantes de Kai, las quejas de Kouji, las risas de Dan, todos tenían algo que decirle, pero que a diferencia de las palabras de desprecio que esperaba, escuchó todo lo contrario, era obvia la felicidad por verlo de nuevo, no habían cambiado en lo absoluto.
—Vamos, dejen de bombardearlo con tantas preguntas, tenemos trabajo que hacer, ya en otro momento Shuu podrá responderles ¿cierto? —habló Kai, guiñando el ojo al bastante desconcertado chico de ojos azabaches, quien por reflejo asintió, a pesar de las protestas de sus viejos amigos, tuvieron que marcharse. A excepción de Kai, haciéndose presente por unos instantes el incómodo silencio.
—Ahora entiendo a qué se debe el "buen humor" del capitán, aunque, no tengo idea de que sucedió entre él y tú, me alegra ver que estás bien —expresó su antiguo mejor amigo, dándole algunas palmaditas en su hombro.
—Acaso... ¿Haku-ryuu no se los contó? La razón de mi partida —preguntó con un disimulado temblor en sus palabras.
—No, nada de nada. Nos tenías muy preocupados, solamente nos informó algo acerca de que necesitabas irte por un tiempo, pero por aquella época Hakuryuu pasó por muchos problemas familiares, así que no interrogamos más. —Ahora Shuu comprendía el porqué no lo trataban diferente, una diminuta sonrisa se formó en sus labios.
—Yo... tengo que hablar con Hakuryuu —avisó, retomando su camino. Kai lo dejo avanzar, omitiendo algo importante; reaccionó ya muy tarde a sus palabras, su rostro se pintó de azulado al recordarlo; olvidó que en ese instante nadie debía de interrumpir a su capitán.
—¡No, espera! ¡Ahora no es el mejor momento! —exclamó agitando con desesperación sus brazos, yendo detrás de él.
Para ese momento Shuu vislumbró algunas siluetas por la ranura de la puerta entreabierta, no pudo distinguir mucho, nada más que el chico de cabellos blanco-azulados aparentaba estrangular a alguien contra el suelo; gritó su nombre sin pensar, antes de ser detenido corporalmente por Kai; lo suficiente para que Tenma se fuera sin ser visto por el de ojos negros.
Después de ser detenido, Hakuryuu se hizo un ovillo entre sus piernas sobre el piso, mirando hacia el blanco techo, soltando algunas pequeñas risas, que creía lo hacían parecer un demente. Hasta que viró su cabeza, para ver impasible, la figura de Shuu acercándose a él.
—¿Te... encuentras bien? —cuestionó dudoso, causando que el otro exclamara una buena carcajada.
—El amor te hace más idiota como para que regresaras, o es que no tienes vergüenza alguna y te gusta reírte en mi cara, no ¡claro que no, eso sería imposible! Ese no es el lindo y bondadoso Shuu. —Sarcasmo era todo lo que escuchaba en sus palabras.
—Puede ser —intentó responder con normalidad, no aguardaba por un placentero recibimiento de su parte. Lo miró por un buen lapso de tiempo, casi de manera imperceptible notó que su cuerpo tiritaba un poco, y trataba de reprimir su agitada respiración, parecía como si estuviera peleando consigo mismo internamente—. ¿Seguro qué te sientes bi...?
—¡Cállate! —bufó—. Aléjate y deja de fingir que te preocupo.
—¿Tanto me odias? —preguntó con franqueza, arrancando otra carcajada de parte del otro. Iba a responderle sin tacto alguno, sin embargo, su sentido de alerta se activó. No tardó en reponerse, con rapidez llegó hasta la espalda de Shuu, tapándole la boca, para evitar que emitiera sonido alguno y escuchara mejor.
Chasqueó la lengua, unos pasos lentos se escucharon fuera de la habitación—Ese sonido... ¡Agáchate! —avisó tirándose al suelo junto con el chico de cabellos negros. Una llamarada de un fuego color rojo intenso destrozó la puerta. Hakuryuu maldijo en voz baja.
—¡¿Qué fue eso?! —exclamó alterado. Mientras que Hakuryuu lo ignoraba, asomándose con sumo cuidado por la abertura que dejó el fuego.
—Joder, no sé quién demonios fue el imbécil que lo llamó, pero de todos los posibles, ¿por qué tenía que ser esa bestia? —se quejó para sí mismo. Miró a Shuu de reojo, gruñó. Un fuerte estruendo se escuchó de nuevo—. Retírate por la parte de atrás —ordenó sin esperar aceptación—. ¿Dónde están esos inútiles prefectos cuando se necesitan? —masculló saliendo precipitadamente de la habitación.
Una explosión sucedió frente a su cuerpo, pero las llamas que brotaban del ser a unos doce metros frente suyo, no le quemaban, sólo afectaba a los objetos.
En medio del fuego, únicamente podía ver con claridad, como aquel sujeto se acercaba, aquél de quien provenían las llamas; sus cabellos rosas con tintes blancos ondeaban con cierta gracia, su apariencia fornida e imponente cuerpo que lo rebasaba en estatura, deambulaba con torpeza, parecía un cuerpo vagando sin sentido alguno. "Parece que Garshya Wolfein todavía no fue despertado por completo—pensó—".
—Juguemos —dijo esbozando su sonrisa de superioridad, mientras aflojaba las articulaciones de su cuello.
...
Kirino llegó con apuro hasta el bloque B de los dormitorios, al área de los estudiantes de primer año, a la habitación de Kariya; para fortuna de ambos, el fuego aún no se expandía hasta la habitación de su hermano, mas no tardaría en hacerlo. Poco le tomó importancia al ruido ocasionado por el ser que caminaba en dirección contraria, por el área de los de tercer año, ubicado a considerables habitaciones delante suyo; su prioridad era sacar a Masaki de algún modo de ese lugar.
—¡Kariya! ¡Sal de ahí inmediatamente, es peligroso que permanezcas aquí! —A pesar de los golpes a la puerta, y de gritar reiteradas veces lo mismo, no recibía respuesta y el calor a su alrededor comenzaba a aumentar, ráfagas de humo comenzaron a llegar a su posición.
—Vete —escuchó finalmente en un débil susurro.
—No.
—Lárgate, no pienso salir de aquí.
—No me iré hasta que salgas. —La irritación de Kariya se elevó ante su obstinación.
—¡No seas idiota! ¡Sabes que puedo curar mis heridas con facilidad! ¡Déjame aquí y hazme el favor de largarte! —gritó golpeando con sus puños la puerta.
—Si no vienes conmigo, me quedaré aquí a evitar que el fuego te alcance, y no me importa que tanto me insultes, sabes perfectamente que puedo ser más terco que tú —sentenció, sentándose fuera de la puerta, no tenía más opción pues no tenía la fuerza para derribarla. Masaki tiró de sus propios cabellos, sus nervios se alborotaron, "vete por favor—pensó—", porque por más que lo deseara no podía abandonar su burbuja.
—Kirino... —lo llamó. Shindou llegó retrasado por encargarse de ayudar a evacuar a los estudiantes, pero pudo escuchar con claridad lo suficiente de la conversación que tuvieron esos dos—. Es peligroso estar aquí —aseveró ofreciendo su mano para levantarlo, Ranmaru frunció un poco el ceño, no planeaba moverse—, pero si no deseas irte, permite ayudarte, tenemos que apagar el fuego —completó. El entrecejo marcado del chico de cabellos rosas se disuadió, aceptando la mano ofrecida, sintiendo un dolor punzante en su palma, que no pasó desapercibido por Takuto, seguramente se lastimó con el arco del violín.
Otro estallido resonó; Hakuryuu fue lanzado con extrema fuerza hacia el muro, sintió como si su espina vertebral tronara. Recitó unas cuantas maldiciones, tratándose de levantarse, el humo le era por demás molesto; las heridas que le causaron las garras de Garshya en sus brazos, quemaban como como ácido en su piel. No obstante, no pensaba darse por vencido, aunque le costara trabajo para incorporarse.
—Sigues siendo muy impulsivo. —Se sobresaltó, volvió la cabeza un poco a su izquierda para encontrarse con Shuu—. Yo lo distraigo, aprovecha para irte.
—No digas estupideces, hazte a un lado, estorbas —aseveró poniéndose de pie, no necesitaba que alguien lo protegiera, menos si se trataba de él. Pero el poseedor de ojos azabaches se interpuso en su camino.
—No soy tan débil ¿sabes? He visto peores cosas antes. En estos momentos soy más útil que tú. —Hakuryuu gruñó, imaginaba que al aceptar la ayuda de Shuu, éste se lo cobraría después; por otro lado, se supone que debería de estar encantado si pulverizaran a Shuu en ese instante. No le dio mucho tiempo de actuar cuando otro vidrio explotó delante de ellos.
...
Tenma al llegar a la zona de las aulas, primero se quedó estático al ver arder los salones, su estado de shock se desvaneció al distinguir la voz de Shindou quien dirigía a los estudiantes lejos de allí; se dio un golpe a sí mismo en la frente para reaccionar, tenía que ayudar también.
—¡Shindou-San! Ya la mayoría evacuó —informó, al alcanzar a su superior en el área de los dormitorios.
—Buen trabajo Tenma, ahora apresúrate a irte también.
—Pero... Shindou-San —dudó al ver a Takuto al lado de Ranmaru, sin aparentar tener la intención de irse.
—Yo no importo, apresúra... —Se interrumpió al sentir la mano de Kirino apretar con fuerza su brazo, su expresión mostraba su temor. Garshya estaba a escasos metros de ellos "¿en qué momento?—pensó—".
—Corre... —musitó—. ¡Corran! —ordenó—. Si no quieres que se acerque a este sitio has que te siga —añadió. Kirino acató el mandato, mas no se imaginó ni mínimamente, la rapidez de Wolfein.
Sucedió con extrema velocidad, su cuerpo resintió la caída al piso, mientras que sus ojos azules no se despegaron de la escena que lo petrificó. Frente Ranmaru, estaba Shindou, interponiéndose entre él y Garshya, su brazo derecho era sostenido por el brazo encendido de carbonizándole el brazo; el grito de horror de Kirino se murió en su garganta, sus piernas no respondían. Takuto no emitió sonido alguno, fue lanzado con facilidad a un lado.
—¡Shi-Shindou-San! —clamó Tenma completamente consternado.
El joven castaño se apresuró a brindarle ayuda a Takuto, sin embargo, le pareció prioridad socorrer a Kirino, quien aún no reaccionaba. Se colocó a su lado jalándolo para que retrocediera, mas no obtenía su cooperación; unos centímetros lo separaban de aquel ser, Matsukaze se estremeció al sentir el calor de su cercanía, se preparaba para el golpe que seguramente no soportaría; cerró con fuerza los ojos; Wolfein detuvo súbitamente sus movimientos, se quedó estático observando con sus ojos en blanco a Tenma, decidiendo darse la media vuelta e ignorarlos, llevándose el fuego consigo.
—Sempai... oye... Kirino-Sempai, ¡Respóndeme! —gritó Kariya desde dentro de la habitación, un tremendo error, que despertó a Ranmaru de su trance, pero que provocó que Garshya notara su presencia, y deseara volver.
...
—¡Tenma! —exclamó Shuu aterrado, tratando de traspasar las llamas para ayudarlo; siendo detenido por Hakuryuu, que se colocó frente a él, por puro reflejo, pues ya no le importaba lo que le sucediera al de cabellos negros y mucho menos, le preocupaba lo que sucediera con Matsukaze.
—Seijuu —susurró con otras palabras junto con un pequeño silbido. Una pequeña luz brotó del hombro de Hakuryuu, no quería, ni debía mostrárselo, pero ya estaba harto de esa situación. Shuu se quedó impresionado al ver al pequeño ser con apariencia de un dragón blanco al lado de Hakuryuu, al que acarició un poco—. Sé que es un lugar pequeño, pero... acaba con él —ordenó mirando hacia Garshya.
El pequeño dragón emitió un alarido, aumentando de tamaño, lo suficiente para embestir a Wolfein; rompiendo el muro, lo empujó hasta el patio. Su "amo" estaba decidido a destruirlo, si no fuera porque se interpusieron en su camino.
—Regresa a dormir —masculló otra voz, que ya había preparado la trampa para detenerlo. Un círculo trazado en el suelo, con los sellos que le impuso, frenaron sus movimientos; las cadenas transparentes lo apresaron. Se trataba de Yuuichi, quien en compañía de algunos otros, se encargó de sellar de nueva cuenta a Garshya, desapareciendo todas las llamas al instante. Todo había terminado.
...
Por su parte, Hakuryuu estaba exhausto. Su cuerpo le pesaba toneladas, cada pequeña herida sentía que le carcomía hasta los huesos. Sin embargo, ya no le importaba lo que sucediera con los demás, se adentró en algún dormitorio no muy destruido, al más lejos al que pudo llegar, dejándose caer al entrar, cerca de la cama. Fue seguido con sigilo por el de ojos azabaches. Necesitaba un buen descanso, sus párpados se cerraban solos.
—Dime la verdad Shuu —masculló, aún tenía fuerzas para jalar del brazo a Shuu hasta la altura de su propio cuerpo—. ¿Nunca... ni por un instante... sentiste algo real por mí?
El de cabellos negros no se movió, nunca esperó recibir tal pregunta; pensó un poco, entreabrió sus labios, para volver a cerrarlos, tomó un poco de aire, antes de responder.
—No... Todo el tiempo, sólo estuve contigo por mi beneficio. Lamento que al final no pudiera enamorarme de ti —Hakuryuu sonrió un poco, no era lo que ilusoriamente anhelaba escuchar, pero se sentía tan cruda la verdad, que por primera vez, agradecería que ya no le mintiera.
—Todavía no he pensado en tu propuesta de intercambiarte por Tenma —dijo soltándolo—. Por ahora, preferiría que desaparecieras de mi vista un tiempo —añadió. Shuu se guardó sus palabras, poniéndose de pie.
—Deberías atender esas heridas pronto. Nos vemos. —Se despidió cerrando la puerta detrás de él. Reposó por un momento su espalda—. Pero... también es cierto que, si vuelvo a pasar tiempo contigo yo... No, es momento de seguir adelante —habló consigo mismo, para irse enseguida de ese lugar.
Hakuryuu trató de levantarse; sus piernas le fallaron, se quedó en el piso, no le importaban sus heridas, no se comparaba con el dolor de su interior, su vista se nubló y al limpiar su rostro, descubrió con cierto terror lo que brotaba de sus ojos, pequeñas gotas cayeron al suelo. Mordió con fuerza su labio inferior hasta que sangró, apretó los puños, y aunque lo intentó, no pudo reprimirlo, ya había perdido la cuenta, de la última vez que lloró, finalmente fue capaz de dejar salir esa opresión en su pecho, el hecho de saber lo débil y deplorable que se vería aumentó su ira consigo mismo, se odiaba en ese momento, y sus lágrimas se derramaban sin control, sus sollozos llenaban la habitación, estaba llegando al borde, y no había nada que lo sostuviera. Deseaba desaparecer todo, sin embargo, seguía fuertemente atado, tenía que destruir con sus propias manos sus cadenas mas no sabía cómo, y mientras lo averiguaba no le importaba seguir destruyendo sus esperanzas, no podía dejarlo ir. Porque lo necesitaba...
Gran parte del primer y segundo piso del área de salones quedaron en pésimas condiciones; se prohibió a los estudiantes deambular por las zonas afectadas. Por la tarde, los corredores ya permanecían enteramente despejados o al menos en apariencia. En medio de los escombros, dentro del aula repleta de cenizas y pupitres, ahora inservibles al ser consumidos por el fuego. Sus gafas oscuras tronaron bajo el zapato ajeno; su temerosa figura temblaba entre la poca iluminación, ante la persona ubicada a unos cuantos metros de él—Es... espera... te lo suplico Yuu-Yuuichi, no fue mi intención. —Miraba con sus orbes azulados insistentemente para todos lados, buscando exasperado una salida, sin tener éxito en encontrarla. Retrocedió hasta que su espalda chocó contra el muro; dejó escapar un chillido agudo ante la inminente aproximación de Yuuichi—. Sé que... que en parte es mi culpa el i-incendio —titubeó—, no cumplí con mi de-deber adecuadamente, aunque ayer Shindou me ordenó ce-cerrar el portal que pudo crear el Kokkuri-San... n-no lo hice... pe-pero...
—Nishinosora Yoichi —interrumpió, sin detener su sinuoso caminar, ensanchando su inquietante sonrisa; el chico de rubios cabellos dio un pequeño brinco al ser acorralado—. No es la primera vez que omites tu trabajo, sólo por llevarle la contraria a Shindou. —Su "víctima" asintió reiteradamente, aceptando la culpa—. No te preocupes, tu castigo no dolerá —murmuró, acercando sus manos con lentitud hasta rozar con la punta de los dedos su rostro, apreciando la petrificación de todo el cuerpo del rubio, ya no había escapatoria—. Después de todo —Se escuchó el crujir de algunos huesos—, no podríamos asegurar que seguimos con auténtica vida. Así que ve a dormir, descansa un poco, antes que nosotros te sigamos...
—Por eso anoche le supliqué a Yuuichi-San que no saliera, mis malos presentimientos siempre aciertan —se quejó al aire entre un suspiro, mientras hacía guardia afuera del aula.
—Ya supéralo Kurosaki —aconsejó su acompañante, dándole unas palmadas algo bruscas en la espalda.
—Pero, Senguuji... —Dudó un poco en seguir quejándose, dando un respingo ante el sonido de lo que le pareció, el cuerpo al interior del salón, caer de lleno al piso—. Ya no sé cuántos castigos a los culpables van hasta ahora. No crees que esta vez Yuuichi-San se está sobrepasan... —No terminó su oración al ser su boca cubierta por la mano de Yamato.
—No lo digas. Makoto... no olvides que aquellos inservibles deben de ser eliminados, y en tanto no seamos nosotros, mucho mejor. —aseveró más serio que de costumbre. El poseedor de ojos rojos asintió sutilmente, dándole dubitativo la razón.
—¿Ya evacuaron a todos los estudiantes? —preguntó el mayor de los Tsurugi, sorprendiendo a los dos ante su repentina aparición.
—Ya fue or-ordenado, el problema principal es que la mayoría no tiene a un lugar a donde regresar. La directora se está encargando de ello —respondió con una fingida sonrisa, no sin previamente, empujar con fuerza a su compañero de piel morena muy lejos de él.
El joven de cabellos azules, le indicó a Yamato que limpiara por completo el salón. En seguida, dejó a ambos, para seguir por su cuenta, todavía tenía que revisar el área afectada de los dormitorios; no obstante, antes de hacerlo, necesitaba "limpiarse apropiadamente" a sí mismo.
Avanzó hasta el baño más cercano; el agua caía en abundancia una y otra vez sobre sus manos, se refregó tanto como pudo, aun cuando no había mancha alguna. Se lavó el rostro, tratando de enfriar la cabeza que le comenzaba a punzar, ver el reflejo de rostro mojado en el espejo, en esas condiciones, no le apetecía, su mente se encontraba inestable, le recordaba al día que se enteró de su enfermedad que con lentitud lo acabaría, años atrás.
No sabía con exactitud cómo es que terminó en el puesto que ocupaba, la mayoría se dejaba llevar por todas sus aptitudes, las responsabilidades recaían solo en él, y llegaba el momento en el cual terminaba abrumado; por su pequeño descuido algunos estudiantes inocentes se vieron involucrados. Tampoco es que a Yuuichi le gustara aferrarse al pasado, es sólo que en situaciones así, su memoria era su oasis, por ser donde se encontraban sus más preciados recuerdos, junto con sus peores pesadillas. Sin embargo, decidió que olvidaría todo lo que le agobiaba; debía de comenzar a pensar únicamente en el presente. E indudablemente no podía evitarlo, fuera como fuera, cada que se sentía hundir, pensaba en Taiyou, y eso empezaba a afectarlo; no, ya no venía a su mente el pequeño niño que siempre estuvo allí a su lado, ahora se trataba del Taiyou actual, el que continuaba ahí a su lado, y al que no quería seguir lastimando, mas tenía plena seguridad de que si seguía junto a él, lo seguiría haciendo. Tenía que desechar con rapidez todos esos sentimientos confusos antes de que perdiera el control sobre ellos.
"Parece que tendré que desaparecerme un tiempo, debo de despedirme —pensó—".
...
"Una fuga de una válvula de gas del laboratorio, junto con un corto circuito, fue el causante del incendio", esa sería la versión que colocarían en el informe, del cual solo se enterarían los estudiantes, ningún medio de comunicación lo anunciaría. "Gracias a la oportuna intervención de los prefectos, no hubieron personas lesionadas", le añadirían aunque fuese lo contrario. Todos los que asisten a Raimon fueron enviados obligatoriamente a sus hogares, hasta que terminaran las reparaciones y revisiones. Todo permanecería imperturbable, puesto que al parecer ningún tipo de autoridad ajena a la institución intervendría en limpiar el desastre. Las reparaciones las dejarían a "personas de confianza".
Se supone que Amemiya tendría que estar arreglando sus maletas, mas no tenía ni la mínima intención de volver a Okinawa, pero tampoco sabía dónde quedarse. Salió a dar algunas vueltas, evitando con maestría a los prefectos; caminó un buen rato, y llegó hasta la base del gran reloj, que aparentaba estar congelado; fijó su vista en una gran mariposa negra que voló a su lado, posándose en la entrada de la torre, no le gustaba del todo, sabía que en toda escuela embrujada no podía faltar la sospechosa construcción.
—Taiyou-kun, no deberías de estar en este sitio —advirtió. Sufrió un buen susto ante la repentina aparición de Yuuichi, quien no recibió respuesta a su intento de saludo; en cambio, el menor de cabellos naranjas parecía reprimir sus reclamos, la expresión de su rostro denotaba inusual enojo.
—¿Podríamos hablar? —pidió con ese tono de voz suave y convincente al que Amemiya siempre le costaba tanto negarse; comenzó a doblegarse, pensando que se estaba comportando infantil y no iba darle el beneficio al mayor de luego reprochárselo. Revolvió sus propios cabellos naranjas, asintiendo de manera cohibida; en el rostro de Yuuichi se notó la alegría ante su contestación; no tardó en tomar a Taiyou de la mano y lo haló hasta dentro de la torre del reloj. Era la primera vez que el de ojos azules entraba, ya que la entrada estaba prohibida para estudiantes normales. El sitio del primer piso era espacioso, con varias estanterías de libros que rodeaban los muros, parecía más una biblioteca; al fondo, se vislumbraban las infinitas escaleras cuesta arriba, las cuales no vio con mucho ánimo. Pero que tuvo que subir siguiendo al joven de azules cabellos.
—Lamento haberme ido de esa forma precipitada —se disculpó sin detenerse. Amemiya lo continuaba viendo con el entrecejo levemente fruncido, no le agrado volver a percibir esa extraña sensación de frialdad que emanaba con sutileza del mayor—. ¿Estás molesto? —añadió, volviendo un poco su rostro para mirar directo a sus ojos azules, con un rostro de "cachorrito arrepentido", Taiyou desvió con rapidez la cabeza, no iba a caer tan fácil en ese truco, no esta vez, se negaba a darle una respuesta concreta. Mejor fingía mostrar más interés a los ventanales finamente adornados con coloridos y extraños vitrales. Y al llegar a la cima quedó fascinado con la maravillosa vista apreciable desde detrás del vidrio del reloj. Por su parte, Yuuichi creía que de nuevo echó a perder la relación con él.
—No estoy molesto porque me dejaras plantado —finalmente habló, dándole la espalda, sin apartar la vista del cristal—. Sólo que —Inhaló con profundidad —, desde que llegué aquí, hay tanto que no entiendo, me sigues ocultando cosas —Hizo una pausa—. Desde que prometiste volver por mí, siempre, en todo momento estuve esperando... parece que todavía lo sigo haciendo... y... ahora siento que me estoy volviendo una carga para ti.
—Taiyou... —La culpa se apoderó de su pecho. Se acercó con diligencia hasta él. Pero únicamente un paso fue suficiente para que el mareo se apoderara de su cabeza, llevó su mano hasta el puente de su nariz, su equilibrio se perdió, tuvo que hincarse. Oyendo todo sonido a su alrededor como un agudo zumbido muy distante, que en realidad se trataba de la voz de Taiyou que repetía su nombre exasperado una y otra vez.
—¡Yuuichi! ¡Yuu...! —Lo sostuvo de los hombros sacudiéndolo un poco esperando que reaccionara, mas al no recibir respuesta aumentó su alteración. Hasta que su desesperación fue detenida por la mano del mayor, que posó sobre su brazo.
—Estoy bien, no es nada. —Trató inútilmente de sonar convincente, recuperando su habitual respiración.
—¡¿Cómo que no es nada?! Siempre haces lo mismo... —exclamó apretando los dientes, retirando la mano que lo sujetaba; estaba frustrado, ya se había cansado de todo—. ¡¿Tanto te cuesta decirme la verdad?! ¿Tanto quieres apartarme a un lado? ¿No te duele fingir tanto conmigo? —Espetó con gran enfado, apartó las manos de Yuuichi a sus costados, sujetando ambas por las muñecas, acorralándolo—. ¿Ya no confías en mí? —Su voz terminó por sonar quebrada, temblorosa, pero sus ojos azules miraban con determinación directamente a los ojos dorados del otro, buscando una sincera respuesta.
Yuuichi había olvidado que el sol era tan deslumbrante y cálido para él, siempre fue así desde que lo conoció. Anhelaba responderle con franqueza, pero sus palabras correctas no surgían, se lo diría, pero no ahora, si le contaba en ese momento la verdad, ya aseguraba su reacción, y eso es lo que quería evitar. Se acercó con lentitud hacia el rostro de Amemiya, quien no podía decir que no lo tomó con la guardia baja, pero no se inmutó. Tras unos segundos, ambas frentes rozaron, contacto que no duró mucho, porque el mayor hundió su rostro en el cuello ajeno, Taiyou soltó sus muñecas, que pasaron a envolver su espalda.
—Lo siento... —murmuró. Taiyou odiaba ver a Yuuichi en ese estado tan vulnerable, que solamente él conocía, pero le alegraba al menos estar allí en ese instante, para sostenerlo el tiempo que fuera necesario.
Permanecieron en esa posición, nada más parecía importarles—. Olvidé decírtelo antes —dijo reincorporándose—. Voy a concederte un deseo, cualquiera que me pidas, voy a cumplírtelo —ofreció descolocando al de cabellos naranjas, sin embargo, no perdería la oportunidad, aunque la expresión de Yuuichi le advirtiera "sólo no preguntes nada que no pueda contestar".
—Entonces... quiero —Bajó un poco la cabeza, escondiendo sus ojos en sus flequillos, pensó un buen rato—. Quiero... otro beso tuyo —Sintió su rostro con rapidez enrojecer, se sintió el idiota más grande del mundo; pudo cambiar de inmediato su petición, pasándolo como una broma, pero tomó fuerzas para no retractarse, necesitaba cerciorarse de sus inquietudes. Ahora le quedaba esperar un buen regaño del otro. Y fue una lástima que ocultara su rostro, pues no fue ser capaz de admirar la expresión pasmada que le causó a Yuuichi, quien se quedó sin habla por algunos segundos.
—Taiyou —expresó con demasiada suavidad en su voz. El de ojos azules sintió el frío rozar de los dedos ajenos en sus mejillas, estremeciéndose al contacto. Tragó grueso, puede que pensándolo mejor, no se le hacía agradable la idea de ser besado por otro hombre, por otra parte, su cuerpo aparentaba no estar muy de acuerdo con su mente. Cerró con fuerza los ojos, sintiendo el sutil aliento de Yuuichi acercarse a su rostro.
—Está bien, cumpliré tu petición —susurró—, pero —Se separó con rapidez—. Tú aún eres muy joven, no sabes con exactitud, la diferencia entre el cariño y la admiración que me tienes, y ese tipo de amor... —concluyó. Taiyou sintió de inmediato como si hubiese recibido un golpe bajo.
—¡Pero...! —De nuevo la confusión lo invadió, tal vez no debió decirlo.
—No estaré por aquí un tiempo, aprovéchalo para aclarar tu mente y pensar bien en mi oferta —interrumpió abandonando el sitio. Dejando nuevamente a Taiyou, al borde de la histeria.
Kirino Ranmaru, o al menos ese era el nombre que solía poseer; tenía aproximadamente diez años cuando su Madre y Padre biológicos fallecieron calcinados, víctimas de una explosión dentro de la fábrica en la que ambos laboraban. Y al no tener más familiares capaces de cuidarlo, terminó en un orfanato. La mayoría siempre lo miraba con gran lástima, creyendo que al nunca estar sus progenitores en casa, así como la corta edad de Ranmaru, al ser tan joven para comprender lo que sucedía, fueron las razones por las cuales no lloró en el funeral. Sin embargo, no fue así, Kirino estaba aterrado, la imagen de los cuerpos destruidos de su Madre y Padre que por error observó, perforó en lo más profundo de su mente por semanas; cuando consiguió superar el impacto, lloró, sollozos mudos que empaparon todas sus ropas; derramó tantas lágrimas hasta donde su pequeño cuerpo aguantó, cerciorándose de que nadie lo viera, que no escucharan, como su Madre le enseñó.
A pesar de que siempre le repetían la hermosura y delicadeza de sus facciones y elogiaban sus bellos ojos azules-verdosos, nunca les creyó, pues, transcurrieron varios meses hasta que fue adoptado. Fue llevado hasta una casa bastante hogareña, grande, sin llegar a la exageración. No lo comprendía bien, el tener a dos hombres como Padres, era muy raro, pero no pasó mucho para que se acostumbrara.
Dos años vivió en ese sitio, recibiendo clases particulares; fue un buen hijo, no sobresalía, no causaba problemas. Sin embargo, por más que lo intentara le costaba mucho trabajo estrechar la relación con sus nuevos Padres. Y cierto día, le dieron una buena sorpresa, trayéndole un "nuevo hermanito". Cuando lo vio por primera vez, literalmente, completamente congelado; tiritaba al borde de la hipotermia, pocos rastros de nieve se asomaban por sus verdes cabellos, mientras que sus Padres, lo secaban y arropaban en mantas; lo único que de inmediato llamó la atención de Ranmaru fue su mirada, una combinación de rencor y aflicción se asomaba en ella.
Aunque las semanas transcurrían, su relación de hermanos también fue un fracaso total, por más que trató, ese hermanito, se convirtió en su peor pesadilla, siendo objeto de todas sus agresiones tanto físicas como verbales; parecía que Masaki descargaba todo sobre él. A pesar de que ambos sufrían la pérdida de sus progenitores y sus corazones se tambaleaban con facilidad, incluso cuando compartían tantas cosas, crearon un muro tan sólido, que no permitió su acercamiento.
—Tu Madre y Padre fallecieron, los míos me dejaron como un plato desechable, no fijas que somos iguales —protestó con suma frialdad en alguna ocasión.
Con el tiempo se cansó, se rindió, dejó de tomarle importancia y se alejó. Nunca supo de los problemas que tuvo Masaki durante la secundaria, pues los mantuvo ocultos; si llegó a saberlo después, fue sólo por Hikaru, cuando ya fue muy tarde. El joven de cabellos rosas estaba legalmente registrado como Kira Ranmaru, no obstante, después del accidente, decidió por su cuenta volver a usar su antiguo apellido al igual que Kariya, como un recordatorio, hasta el momento en que pudiera regresar a su hermano a la normalidad.
...
Un grito a todo pulmón se escuchó por el pasillo del bloque B de los dormitorios—¡Masaki! —profirió alterado; al estar frente a la habitación del aludido, empezó a dar golpeteos insistentes con los puños a la puerta. Para ser un adulto, la manera en que actuaba no lo respaldaba mucho. Kira Ryuuji realmente se disponía a tirar la puerta de cualquier forma posible que fuera necesaria. Gracias a la oportuna intervención de su pareja, que poseía la única llave, no lo hizo. Tan sólo distinguió el clic de la cerradura ceder y con gran velocidad, ya se encontraba sobre el chico de cabellos verde-azulados, buscándolo debajo de todas las sábanas, registrándolo por todas partes, poco le importó el tiradero a su alrededor—. ¿Realmente te encuentras bien? ¿Estás entero? ¿No te lastimaste?... —Comenzó un sin fin de preguntas, que no le daba ni tiempo para responder. Kariya no sabía porqué pero Ryuuji era la única persona en el planeta, a la cual le podía soportar, por un muy escaso tiempo, que invadiera su burbuja, sin que sufriera una severa crisis nerviosa ante el contacto exterior.
Solamente bastó con enterarse por un pajarito acerca del incendio, como para que sus Padres dejaran a un lado todo lo posible y viajar desde otro país, hasta Raimon a buscar a sus hijos, a pesar de que ya habían llamado antes, cientos de veces para asegurar que nada les sucedió.
Fuera del dormitorio, se encontraba el chico de coletas rosadas, mirando discretamente de soslayo, tratando de ver con temor, al interior, a través de la ranura de la puerta entrecerrada—Ranmaru —le llamó por detrás, provocando que se sobresaltara.
—Hiroto-San... —respondió, recibiendo una cálida sonrisa de su Padre.
—¿No te sientes bien? ¿Hay algo mal con tus manos? Pareces cansado —cuestionó con suavidad en su voz, dándole algunas palmaditas en el hombro. El de ojos azules-verdosos negó con la cabeza, tratando de espabilarse.
—Realmente no esperaba su visita. —Cambió de tema, y por supuesto que el pelirrojo notaría la evasión de parte de Ranmaru.
—Sabes, siempre he pensado que has sido una persona muy fuerte —dijo repentinamente—, pero a veces, llega un momento, en el cual no puedes cargar con todo por ti solo. No importa que tanto dinero gane, si no es útil, no tiene sentido —continuó dirigiendo su vista a la habitación de Masaki—. Sé que aunque somos adultos, cometimos muchos errores con ustedes, pero —Hizo una pausa—, no dudes que puedes contar con el apoyo de Ryuuji y el con el mío —concluyó. Ranmaru sonrió, aun si su Padre no conocía toda la historia de lo que ocurrió en esa escuela, verdaderamente le reconfortaron sus palabras; asintió con alegría.
—Hiroto-San, ¿puedo pedirte un consejo?... Es acerca de... —Era de lo último que quería hablar con él, prefería decírselo primero a su otro Padre, pero tuvo un extraño impulso de confianza para hacerlo—. Es acerca de... cierta persona...
—Dime.
—Es sólo que... ¿Cómo haces que alguien que te odiaba se enamore de ti? —dijo muy quedito y avergonzado. El pelirrojo trataba de mantener la compostura y seriedad, pensando cómo responder a su pregunta, los niños crecen tan rápido. "Odio" a la cabeza se le vino la imagen de sus dos amigos, que se comportaban como perros y gatos, pero que no podían vivir uno sin el otro.
—Únicamente sigue siendo tú mismo —La cara de Kirino mostraba clara decepción ante su consejo—. Y si eso no sirve... —añadió susurrándole al oído, provocando una pequeña risa de parte del menor, luego lo pondría en práctica.
—Además, cuando lo desees puedes darme su nombre, lo investigaré de pies a cabeza y si se atreve a lastimarte, me encargaré personalmente si se trata de un él —aseguró con una falsa sonrisa que le dieron escalofríos a Ranmaru, ahora se arrepentía de haberlo mencionado.
—Ki...rino. —El mencionado volvió a estremecerse, el Rey de Roma eligió el peor momento para aparecerse.
—Ah... Shin-dou... —De los labios de Hiroto algo parecido a un: "oh, es él" expresó para sí mismo. No tardó ni un segundo para colocarse delante de "su pequeño".
—Mucho gusto jovencito —habló de la manera más afable posible—. Tú debes ser uno de los amigos de Ranmaru ¿cierto? Yo soy su Padre, déjame presentarme...
—Kira Hiroto —completó Takuto—, dueño de la cadena de empresas Kira, de las más fructíferas de Japón, o al menos lo eran, hasta que comenzaron a caer en quiebra... lo lamento, hablé demás. —Realizó una pequeña reverencia—. Yo soy compañero de su hijo, Shindou Takuto. —Hiroto sonrió complacido ante la presentación del joven, le pareció una persona bastante inteligente.
—No te preocupes, nuestra crisis está quedando en el pasado. Te agradezco por estar al pendiente de Ranmaru —dijo mirando por sobre el hombro al muy incómodo chico de cabellos rosas a sus espalda—. Será mejor que vaya a ver a mi otro hijo, fue un placer.
—Igualmente —contestó con su cautivante sonrisa.
El pelirrojo los dejó solos. Entró a la habitación provocando un temblor de parte de Masaki, y una mirada de reproche de su esposo al entrar de manera tan precipitada, él no podía estar allí, estaba invadiendo su espacio; el menor comenzó a temblar, al parecer nada había cambiado desde la última vez que lo vio.
Ranmaru con rapidez, jaló a Takuto a unos cuantos metros lejos de ese sitio. Necesitaron únicamente quedarse sin compañía, para que la bonita máscara tranquila de Shindou se quebrara. Éste todavía se sentía completamente avergonzado por la noche anterior—Tu mano y tu tobillo... ¿Se encuentra mejor? —preguntó titubeando un poco, no le podía sostener la mirada, mejor dirigía su vista a los guantes en sus manos, que ocultaban sus vendas.
—Ah... eso... ¡Claro! No me due... —aseguró dando algunos pisotones para demostrarlo, deteniéndose por el dolor.
—No te sobre exijas —sugirió ayudándole a sostenerse, momento incómodo para los dos, ante tal cercanía.
—N-no, yo estoy bien, me preocupa más... ya sabes... —trataba de responder observando el brazo de Takuto, después de todo, se sentía culpable de esa herida. Shindou rio ácidamente, recordando su propia debilidad.
—Me sorprende que te inquiete, sabiendo la condición de mi cuerpo. —Esta vez Kirino fue quien rio de forma nerviosa.
—Eso no significa que no deba de importarme —Frunció en entrecejo, sosteniendo el brazo de Shindou, sonó enfadado pero sus ojos demostraban su desasosiego—. Y también me preocupa... lo del piano. —De inmediato se arrepintió de mencionarlo, al ver ensombrecerse el rostro de Takuto—. ¡Ah! ¡No! ¡No te obligaré a decírmelo! ¡Sólo, sólo quiero agradecerte por ayudarme y que sepas que no era mentira que quiero ofrecerte mi amistad! —exclamó con extrema rapidez que hizo a Shindou reír de nuevo. Mostrando una genuina sonrisa que enrojeció un poco el rostro de Ranmaru.
—Lo tendré en cuenta, aunque por ahora, no creo que nos veamos en un tiempo.
—¿A qué... te refieres?
...
—Ryuuji, no creo que sea sano que escuches conversaciones ajenas —El mayor de rojos cabellos junto a su esposo ya habían salido del dormitorio, y miraba con diversión como su pareja con discreción, vigilaba en dirección hacia los otros dos, ya que Takuto le pareció... lindo.
—Sabes que te amo, pero no seas aguafiestas, sé que quieres saber de qué hablan tanto como yo, además no estoy escuchando, estoy intentando leer sus labios.
Kariya continuaba al fondo, en la oscuridad, envuelto en sus sábanas sobre su cama, mirando con fastidio, el comportamiento de sus Padres, no le importaba quién demonios fuera ese Takuto, pero ya lo comenzaba a odiar, y si andaba tras Kirino, más estúpido lo creía, si lo tuviera en frente tendría ganas de golpearlo. Ya comenzaba a pensar cosas extrañas, él solamente quería que todos se largaran y lo dejaran en paz.
Amemiya regresó aturdido a su habitación, a mitad de su camino pateó la primera pared que se le cruzó, se sentía frustrado, agobiado y probablemente... rechazado. Continuaría entreteniéndose un buen rato con su labor de desquitarse con el muro, si no fuera por la distracción de la silueta que distinguió aproximándose a él.
—¡Tenma! —Exclamó, acercándosele con rapidez, desconcertando al aludido por tal ímpetu al nombrarlo—. Me alegro de verte —completó; de inmediato iniciaría un interrogatorio por su desaparición del día anterior, no obstante, el joven de cabellos castaños no correspondió su saludo con su acostumbrado ánimo, sólo asentía sonriéndole forzadamente.
Para Matsukaze no era un buen momento para reunirse con Amemiya, no mientras pretendía huir de Hakuryuu, pues podría ocasionarle inconvenientes innecesarios a su amigo. Pero esta vez, su conducta anormal, no pasó desapercibido por el de ojos azules, quien dejó de lado todos sus pensamientos personales, para prestar toda su atención en Tenma; notó la herida en su mejilla, fue en un instante en el cual pareciera que la ilusión de estabilidad que tenía de él, se desmoronara. No podía creer que no lo había percibido hasta ahora, ese no era el entusiasta, alegre, determinado y torpe amigo de la infancia que recordaba; su expresión se tornó en una mezcla de seriedad y preocupación.
—¿Te sucedió algo? —Matsukaze dio un pequeño salto ante su pregunta; otra vez le pasó lo mismo que con Tsurugi, no podía revelarle acerca del trato con su Amo, se esforzó mucho por mantenerlo oculto hasta ahora; como se arrepentía de definitivamente no ser bueno mintiendo, mas no importaba realmente, porque por sobre todo, no deseaba mentirle a él.
—Y-yo... —Empezó a retroceder, siendo detenido por Amemiya que lo sostuvo del brazo, atrayéndolo con cercanía hasta su posición, tomando por completa sorpresa a Tenma.
—Soy un pésimo amigo —reconoció, relajando sus facciones del rostro, puesto que concluía que si el de cabellera castaña no quería confiar en él, era únicamente por su propia culpa.
—En ese caso creo que yo soy peor —objetó, tranquilizándose con tan leve contacto, la tensión disminuyó. Ambos no evitaron reír.
—Tenma —dijo separándose un poco de él, recobrando un poco de solemnidad en su tono de voz—. ¿Saldrías conmigo? —propuso. De inmediato el rostro de Matsukaze enrojeció, perdió el control de su sensatez comenzando a balbucear bajito—. Hay muchos lugares que he esperado por visitar, mañana por la tarde salgamos a divertirnos juntos, como lo solíamos hacer en Okinawa, tal vez... hasta podamos jugar soccer o... —añadió. Taiyou planeaba aprovechar esos días de obligatorio descanso, para reanimar a su amigo. Tenma se sintió un poco decepcionado, probablemente había adelantado el significado de su propuesta, empero, eso no le quitaba la alegría de ver el entusiasmo de su amigo y el hecho de que podrían pasar un tiempo juntos, a solas; asintió con vehemencia, olvidándose del asunto pendiente con Hakuryuu. Ambos necesitaban con urgencia, un buen descanso de todo.
Tsurugi Kyousuke caminaba sin rumbo definido por los desolados jardines de la Universidad, cerca facultad de Medicina, después de todo, absolutamente todo Raimon suspendió las clases. Extrañamente, esta vez, más que molesto, sentía un extraño vacío.
Se sentó cerca de una fuente con una extraña y abstracta figura de una mujer en el centro; el frío que lo rozaba le resultaba agradable, pero veía con irritación su reflejo en el agua. Aunque lo negara una y otra vez, continuaba con una molesta inquietud acerca de Tenma, pero no pensaba ir en su búsqueda para que de nuevo —según él—, le restregara en la cara que prefería a Hakuryuu que a él, ya iniciaba a cansarse de darle vueltas a lo mismo y sentirse tan blando.Y por otro lado, seguía sin poder perdonarse por no haber estado cerca para ayudar a su hermano la noche anterior, todo por culpa de Minamisawa.
...
—¿Y bien?... ¿Qué es lo que vas a pedir a cambio?
—¿De qué hablas? —fingió descarado desentendimiento, pues claramente sabía a qué lo se refería. Kyousuke bufó ante su respuesta, detestaba que le dieran vueltas al asunto, lo ponían de mal humor.
—¿Qué tanto escuchaste?
—No mucho... solamente lo suficiente para entender el porqué de tu ausencia, o mejor dicho, el quién—rio un poco—. Comienzo a creer que todos en esta preparatoria son "gais". Habiendo tanto de donde elegir, tienes unos peculiares gustos. —Tsurugi gruñó de nuevo.
—Mira quién lo dice —Minamisawa alzó los hombros ante su comentario en señal de desinterés, y casi de manera imperceptible, frunció el entrecejo.
—Ya fui brutalmente rechazado, gracias por recordármelo. —espetó—. Pero jamás lo esperé de ti. Parece que el algún momento, todos terminamos cediendo ante alguien.
—Yo no...
—Sí, sí, continúa negándolo. Te seguiré la corriente hasta que te llegue la iluminación y lo aceptes —lo interrumpió con fastidio—. Si Zanark hubiese escuchado su conversación, se cagaba de la risa y perderías el diminuto respeto que te tiene pero —Realizó una pausa, jugando con los mechones de su flequillo color violeta—, yo prefiero guardar silencio por... un intercambio, que tal vez no te convenga, porque si sigues con ese humor, o Matsukaze te bota o media escuela se entera ante tus descuidos.
—Habla —ordenó cortante, ya cansado de las burlas del otro.
—Quiero conseguir una buena cantidad de dinero.
—¿Para qué?
Minamisawa tardó en volver a hablar—Es mi buena acción del año. Que esa persona no me corresponda, no quiere decir que yo lo olvidara —Hizo una larga pausa, desviando su rostro—. Lo necesito para una donación anónima al hospital donde está su Madre, tal vez luego se entere y se enamore perdidamente de mí o tal vez no, realmente no me importa. El amor apendeja Tsurugi, incluso a mí —finalizó; el tono burlón de Atsushi no desaparecía, pero al mismo tiempo hablaba con tanta determinación, que aunque Kyousuke no podía creerle del todo, no se mofaría ni preguntaría demás.
—De acuerdo.
Minamisawa bostezó—También, no olvides que puedes pedirme algún consejito para conquistar cuando quieras —ofreció, irritando de nuevo a su acompañante.
—Sabes que no es necesario, eso es imposible para mí, no tengo derecho a acercarme a alguien de ese modo. —El de cabellos violetas suspiró ante su obstinación.
—Entonces, es una agradable noche, ¿qué te parece? Es monótono ser un niño bueno tanto tiempo ¿No te apetece salir a divertirte? Hay un viento agradable—dijo abriendo la puerta dejando que la brisa inundara el lugar.
—No me gusta, el "viento" es demasiado agradable para mí —respondió siguiendo al otro, ya hacía tiempo que no iba a molestar gente en el restaurante.
—Ah, y lo olvidaba, felicidades por tu nuevo futuro cuñado, al parecer tu hermano ya se encariño con ese "solecito".
—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó más para sí mismo, "¿dónde había escuchado esa palabra?", su aura oscura no tardó en cubrirlo, repentinamente lo recordó más nítidamente, esa forma de las enfermeras de referirse a ese sujeto, ya la conocía; ahora lo entendía—. Ese hijo de... ¡Taiyou! —Maldijo su mala memoria, hasta ahora se le vino a la mente la imagen de ese niño pegajoso, el demonio que quiso apartarlo de su hermano.
...
La opción de reclamarle a su hermano no le era posible, después de no ayudarlo. Trataba de aclarar su mente, sin lograrlo, menos, al sentir invadido su espacio al tener que soportar la pequeña mirada de ese animal que desde que llegó lo veía con insistencia. Una vena de molestia sobresalió en su frente, se puso de pie, comenzando a caminar, intentando ignorar el hecho de que el pequeñín lo seguía, deteniéndose cuando él lo hacía, apresurando el pasó de igual manera, no planeaba dejarlo en paz. Irritado lo miró, y el cachorro de piel blanquecina, se sentó meneándole la cola.
—Oye, deja de seguirme... —ordenó, alzándolo debajo del cuello como si de su madre se tratara. El pequeño intentaba en vano mover sus extremidades para zafarse, en su cuello un pequeño letrero de adóptame colgaba—. No me gustan los animales pulgosos, pero te pareces a alguien que conozco. —Una idea le vino a la cabeza.
Taiyou pasó toda la tarde y mañana del día siguiente en buscar un lugar donde hospedarse, sin éxito alguno. Cuando lo notó, ya se preparaba para su encuentro con Tenma. Aún tenía tiempo de sobra, así que salió a dar un pequeño recorrido, que ya se le había vuelto costumbre; muy en su interior, tenía la mínima esperanza de toparse con cierta persona. Sin embargo, la desolación en los corredores era evidente. Tenía la intención de volver, mas un extraño aroma a humedad, con un ápice de incienso llamó su atención. Provenía del aula perteneciente al club de teatro. Se acercó, y escuchó algunos ruidos, dudó en dar un vistazo, sabía que su curiosidad nunca le traía nada bueno, e incluso así, lo terminó haciendo; encontrándose con algo similar, no muy grato de recordar; nuevamente las aberturas del amplio salón estaban cubiertas de cortinas negras; lo más peculiar, fueron los muchos espejos, que rebasaban su estatura, rodeando las paredes, le pareció una de esas casas de espejos de los parques de diversiones; con dificultad entre la penumbra distinguió una cabellera conocida.
—Hikaru —El chico de cabellos morados dio un buen brinco, pero se calmó con rapidez al ver de quien se trataba—. ¿Qué haces aquí?
—Ah... pues yo... —Miró con cierta desesperación a su alrededor en señal de nerviosismo, fingir no le serviría en esas circunstancias—, juego... —confesó de forma tan inaudible, que pese a su voluntad, Taiyou tuvo que aproximarse, pidiendo varias veces que se lo repitiera—. Bloody... Mary... —alcanzó finalmente a entender.
—¿Hablas en serio? —le cuestionó incrédulo, poniendo más incómodo a Kageyama.
—S-sí, aunque no funciona... ¿Podrías ayudarme? —Definitivamente, Amemiya no esperaba tal respuesta, lo último que necesitaba era involucrase otra vez en ese tipo de cosas, aunque todavía seguía sin creer que fuesen verdad; planeaba mofarse un poco y convencer a su impredecible compañero para salir de ese lúgubre sitio, si no fuera porque lo detuvo la súplica que emanaba del rostro de Hikaru, no entendía ni un poquito la seriedad que le tomaba a esas cosas paranormales.
—No creo que logres nada a esta hora —dijo resignado, soltando un pequeño suspiro. Decidió sentarse a platicar con él, sobre el entablado de madera que simulaba ser el escenario de una obra teatral, no sin antes abrir unas pequeñas ranuras de las ventanas, alumbrando el entorno; tuvo que aguantar la incomodidad de ver su reflejo en esos desagradables espejos por todo el salón, pues prefería saciar su intriga acerca de la obsesión fallida del chico de cabellos morados por contactar al más allá—. ¿Por qué lo haces?
Dudó un tiempo considerable para contestar—Porque... ellos deben de saberlo... ellos tienen la solución... no puedo dejar que sólo Kirino-Sempai se esté esforzando —balbuceó. Amemiya no logró captar mas que algunas palabras, sin embargo, al intentar preguntar nuevamente, Hikaru se alteró repentinamente al checar su reloj y notar que la hora de la comida de Kariya se le había pasado, no dio más explicaciones que unas cuantas excusas, saliendo a toda prisa del sitio.
Taiyou no alcanzó a detenerlo, se quedó con más dudas que antes, sería mejor si decidiera seguirlo, entre más pronto saliera de ese lugar, mejor para él; puesto que su reflejo distorsionado entre tantas sombras lo perturbaba. Giró la cabeza, dando un último vistazo antes de salir; su piel se erizó "oh, maldición —pensó—", esos maniquís tuertos con vestuarios puestos, sobresaliendo de los baúles, no le daban una buena espina. Su instinto le ordenaba alejarse, en especial del espejo de mayor altura, ubicado justo al centro, delante de él; ese objeto parecía diferente a los demás, demasiado pulcro como para estar en ese lugar arrumbado; como si fuere atraído hipnóticamente hasta él, lo tocó con la yema de sus dedos, no aparentaba ser "de otro mundo"; cualquier tipo de ruido cesó—. Espejito, espejito ¿Quién es el más bonito de este sitio? —Rio un poco, la paranoia ya se estaba apoderando de su mente, aunque por un instante pensó en las palabras de Hikaru, era cierto que también le gustaría tener la respuesta a varias de sus preguntas—. Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody... —musitó, volviendo a reírse de sí mismo, dándose vuelta para dejar el aula.
—¿Qué es lo que quieres? —percibió un eco por detrás. El viento gélido acarició su espalda, maldijo varias veces en su cabeza, no podía creer que Kageyama fuera inmune a esos sucesos y él, que huía de ellos, los atraía como abejas a la miel. "No pienso mirar, fue mi imaginación" trataba de convencerse, viró con lentitud su cabeza; de soslayo, sus temores fueron comprobados, pues a pesar de que lo negara con insistencia, podía ver claramente a una persona dentro del espejo. Tragó su saliva acumulada; se dio un golpe a sí mismo en la mejilla—. No me hagas repetir las cosas, pierdo mi tiempo, ¿para qué llamaste? —le reprochó con notaria molestia, la esbelta figura del espejo; apreciándolo mejor, a diferencia de lo que conocía de la leyenda, aquel ser con sus finos ojos verdes grisáceos, acordes a sus plateados cabellos, largas uñas y su porte elegante vistiendo ropas oscuras, dejaron boquiabierto a Taiyou, a sus ojos, parecía un hermoso vampiro.
—¿Mary? —masculló la primera bobería que se le vino a la mente, sabiendo perfectamente que se trataba de un varón; este último rodó los ojos ante su hilarante comentario, se cruzó de brazos, y a pesar de los varios metros que los separaban, enseguida escudriñó con la vista de pies a cabeza al de cabellos naranjas, despertando un diminuto interés en él.
—No precisamente... no es necesario que conozcas mi nombre, sólo salí por capricho.
—¿Cómo llegaste a ese lugar? —preguntó curioso mientras tomaba fuerzas para disminuir la distancia, su lógica se fue al caño.
—Larga historia, que seguro no quieres escuchar —respondió tajante, al tiempo que jugaba con un mechón rizado de su cabello—. Considérate afortunado, yo puedo conocer lo que buscas. Dime lo que realmente quieres saber, si lo deseo puedo decírtelo. —Amemiya olvidó por un segundo que conversaba con un reflejo, pues ante tal oferta, no dudaba en dejar pasar esa oportunidad.
—Entonces... ¿qué sucedió ese día del accidente? —La persona de cabellos plateados sonrió discretamente de pura satisfacción.
—¿Seguro que quieres saberlo? A veces hay cosas qué es mejor no conocer —La convicción de Taiyou tambaleó, sin embargo, ya no dejaría que el temor se apoderara de él, ya se cansó de tanto misterio, estaba decidido a averiguarlo; pese a que cualquiera reprobaría, incluido Yuuichi, tal atrevimiento.
—Sí.
—No dudes que responderé, pero todo tiene un precio, te lo diré y es tu decisión aceptarlo o rechazarlo —sentenció, haciendo una seña con su dedo índice para que se acercara—. No es muy complicado, únicamente tienes que recuperar algo que me pertenece...
Esperó, esperó y continuó esperando en el lugar acordado, justo frente al restaurante donde laboraba media jornada. En los primeros minutos le pareció normal su tardanza, pero después de rebasar la hora, a cualquiera, todo el ánimo se le hubiese esfumado. Tenma se sintió la persona más estúpida del Universo, por aguardar entusiasmado tanto tiempo, ansioso por su no-cita con Taiyou, como una crédula y tonta chica de esos mangas cursis. Sin embargo, no se entristeció, no tenía porqué, pues nada más eran buenos amigos, seguramente tenía algo mejor que hacer; en cambio, una risa expulsó al darse cuenta de su ingenuidad; de alguna manera ya se acostumbraría a la decepción. No, a nadie engañaría, por más que intentara levantarse el ánimo a sí mismo, se sentía pésimo y no tenía la certeza de saber la razón, "¿qué había hecho mal?—se preguntaba—". Deslizó con lentitud la espalda por la pared, haciéndose un ovillo abrazando sus piernas; bueno, el lado positivo era que, la brisa le brindaba siempre confort, al menos la poca vista que tenía de la degradación de colores naranjas del atardecer no era tan mala, o eso creía, hasta que una sombra se posó al frente suyo, obstruyéndole la vista, mas no reclamó nada, no tenía ganas de alegar con nadie.
Una mano se posó en su hombro, apretando un poco; alzó con desgane la vista, con la mínima esperanza de que fuese Amemiya; no tardó ni dos segundos para lanzar un grito de asombro—¡Tsurugi!
El chico de cabellos azules lo llevaba buscando por un largo lapso de tiempo, y al toparse con esos grandes y brillantes ojos azulados inevitablemente desvió el rostro—Ya quita esa cara de idiota afligido, me canso de verla. —Como siempre, Tenma no adivinaba si lo estaba insultando o era una forma de tratar de animarlo. Se puso de pie con rapidez, no tenía un concreto porqué, pero sentía la necesidad de disculparse con Kyousuke, después de todo, aunque Tsurugi podía ser voluble y gruñón, sin duda, constantemente aparecía en los momentos más oportunos, y lo último que pretendía era que lo odiara. Mas cuando tomó aire para hablar, el otro le cubrió la boca con su mano.
No dio explicaciones, con su usual ceño fruncido, se limitó a estirar su brazo para entregarle a Matsukaze la caja que traía, soltándolo de inmediato.
—¿Qué es esto? —preguntó completamente confundido, tomando la pequeña caja café con pequeños orificios a su alrededor.
—Es para ti. —Tenma comprendió menos a lo que se refería "¿Un... obsequio?" fue lo más coherente que imaginó, no pudo evitar que una tenue sonrisa se formara en sus labios.
—¿Puedo abrirlo? —Una mezcla de duda y emoción expresó en su rostro, Tsurugi asintió levemente.
—Ahora es tuyo, puedes hacer lo que quieras con él... Si no te gusta...
—¡Ah! —Fue interrumpido por el grito de Matsukaze, tan chillante y alegre que creyó que se le rompería los tímpanos; inmediatamente fijo su mirada en él, para ordenarle que no fuera escandaloso—. ¡Es un cachorrito! —Los ojos azules grisáceos del de piel morena destellaron con intensidad al abrir el paquete y encontrarse con la pequeña mascota con la mancha verde en su rostro (ya previamente aseada y vacunada), la caja no tardó en volar a algún sitio, y el perrito ya se hallaba en brazos del joven castaño, quien no tardó en encariñarse con su nuevo dueño, puesto que de inmediato comenzó a lamer su mano.
Kyousuke no sabía la razón de que su molestia se disuadiera, tuvo una extraña sensación de tranquilidad —y quizás embobamiento— al volver a ver la sonrisa usual de Tenma, que terminó disimuladamente por contagiársela, no le importaría mucho darle otros obsequios con tal de mantenerla; se palmeó el rostro, ya comenzaba, según él, a pensar de nuevo en estupideces.
—Cuidaré bien de él ¡Gracias Tsurugi! —Agradeció acercándose súbitamente muy cerca de él; causándole un sobresalto al de mayor estatura—. Pero... ¿por qué...? Creí que estarías enfadado, yo no...
—Ya te lo dije —Revolvió la cabellera castaña ajena, con tal de desviar la mirada tan concentrada que sostenía sobre de él—. Tómalo como un incentivo para dejar de poner ese rostro tan patético —reiteró con una burlona sonrisa, logrando que Tenma se sonrojara un poco de coraje, pero que a sus ojos, provocar que se molestara le daba una vista "interesante". Y ahora podía tener una idea más clara de su situación, aunque le costara admitirlo, quería proteger a Tenma, incluso si no lo elegía a él, y si tenía que ser a distancia.
—Entonces... —respondió, librando sus hebras cafés de la mano de Kyousuke—. Yo dejaré mi rostro "patético" si tú dejas esa expresión de amargado. —Contratacó. Alguna que otra vena resalto de la frente del joven de ojos ámbares, su enojo volvió.
—¡¿Quién tiene rostro de amargado?!
—¡Lo ves! —aseveró señalándolo acusadoramente con su dedo índice, y el pequeño cachorro lo señaló con su patita—, aunque esa parte de Tsurugi me gusta, quisiera verte sonreír más, y ¡encontraré la manera de lograr que lo hagas!
"Oh, mierda—pensó—", le parecía increíble que Tenma pudiera avergonzarlo con tanta facilidad, no tenía ni la menor idea de lo que inocentemente acababa de decir; antes de que siguiera hablando tonterías cubrió nuevamente su boca, era una suerte que no lo vería en un tiempo. Exhaló un profundo suspiro.
—Buena suerte en intentarlo. —Se despidió, revolviendo de nuevo sus cabellos antes de alejarse, asegurándose de no darle oportunidad alguna a Matsukaze de seguirlo.
.
.
.
Continuará.
Notas finales: Pues, no pude abstenerme de la aparición de los Padres de Masaki y Ranmaru jeje, y también no me convenció mucho la primera parte, porque se nota que no soy buena en las escenas de acción TnT, trataré de mejorar. De nuevo tengo que disculparme enormemente, no suelo tardar tanto en actualizar, pero debido a algunos problemas que tengo, no me es posible seguir el ritmo, también tuve que suspender otros proyectos de fanfics y debo muchos comentarios a otro fanfics, realmente lo lamento. Espero que no les molesten capítulos largos, los intentó hacer así debido a mi tardanza. Les agradezco muchísimo que continúen leyendo, sus reviews, follows y favoritos me animan mucho, gracias por su paciencia. Había dicho que ya iba a responder por mp, pero será para la próxima. CamiSXN y Noelia18: Muchas gracias por sus lindos reviews, los apreció mucho.
Críticas y quejas son bien recibidas. Cuídense, hasta el próximo...
