Capítulo 11

"¿Aún no has escrito tu discurso, Sire?" preguntó Merlin al entrar en la cámara del rey. De verdad que a veces se sentía como si Arthur fuera un niño y Merlin su niñera. Arthur levantó la cabeza del escritorio en el que la tenía apoyada y parpadeó, con ojos aun somnolientos, claramente había estado durmiendo. Merlin repitió la pregunta. "¿Aún no has escrito tu discurso, Sire?"

"¿Aún no has escrito mi discurso, Merlin?" replicó Arthur, con voz grave, sobándose los ojos con las manos mientras se sentaba bien. Merlin estaba tan sobrecargado y cansado como el resto, pero este no era momento para siestas.

"Pero, Arthur," suspiró Merlin, entrando en la habitación para insistir en el problema. "La visita real estará aquí en cualquier momento y no te dará tiempo de escribirlo antes de la fiesta de esta noche."

"Entonces te sugiero que te pongas a ello," sonrió Arthur, levantándose y yendo hacia la puerta, se detuvo, solo un momento para palmear la espalda de Merlin, "¡Ponte a ello!"

Entonces dejó la habitación, y a un agraviado Merlin dentro. Merlin escribió el discurso, con asco y bastante prisa, pero comprobando que las palabras pegaran con la celebración y la forma de hablar de Arthur. Tenía que aceptar, que era un buen discurso. Salió entonces, porque había escuchado mucho ruido desde la ventana del rey y supuso que los visitantes reales finalmente habían llegado, una hora tarde, pero Merlin supuso que así eran los de la realeza. Aunque Arthur siempre era muy meticuloso con lo de llegar a tiempo, algo que Merlin difícilmente hacía.

Cuando llegó al patio, se encontró con todos los caballeros alineados frente a la escalera, con sus capas rojas y esperando para mostrar a todos lo unidos que estaban al reino. Merlin los atravesó, directo hacia el rubio idiota que estaba al frente, con una corona en la cabeza. Bueno, esta era la segunda vez que Merlin le veía llevarla, no había dudas, era rey. Merlin sonrió cuando llegó hasta él. No era apropiado por Merlin, por nadie, ningún sirviente debería estar al lado del rey cuando otro rey estaba llegando dispuesto a juzgarle. Pero Arthur meramente le sonrió cuando se puso a su lado y Merlin le devolvió la sonrisa, colocando las manos a su espalda, como Arthur estaba colocado.

Este rey, el rey Rodor de Nemeth, parecía agradable, puede que más que los otros reyes que habían venido antes a Camelot, pero Merlin aun estaba a distancia, por lo que no podía decirlo seguro. Su hija, la princesa Mithian, era hermosa, con un vestido floral y su piel pálida. Era la princesa perfecta, sin lugar a dudas.

Arthur habló con ella y su padre solo unos momentos antes de que Leon llegara y guiara al otro rey al interior del castillo. La princesa pasó su brazo por el de Arthur y le permitió guiarla dentro, hablando en voz baja juntos y aun sonriendo. A Merlin no le gustaba nada eso, así que les siguió. No conseguía averiguar de que estaban hablando, pero les siguió de todos modos, vigilándolos.

Merlin no pensó que Arthur se diera cuenta de que les seguía, hasta que llegaron a la habitación en la que ella se hospedaría y pararon. Arthur se giró y sonrió a Merlin. Merlin se mordió el labio.

"Este es mi sirviente, Merlin," explicó Arthur. "Si necesitas algo, estoy seguro de que estará encantado de conseguírtelo."

"Oh, gracias, Milord," replicó Mithian, hasta sonaba como la princesa perfecta. Merlin le sonrió, sintiéndose un poco enfermo por dentro… bueno, no quería decir que sospechaba de sus intenciones con Arthur, pero eso era lo que pasaba. "Es un placer conoceros, Merlin."

Sonrió de nuevo y asintió, caminando hacia delante, entre ellos, para abrir la puerta de la cámara. Arthur, siendo un caballero, la dejó entrar primero, y después a Merlin, pero él solo dio un paso dentro.

"Espero que esta habitación sea de su agrado, Milady, pero si me excusáis, debo encontrarme con vuestro padre en la sala del consejo," Arthur hizo una ligera reverencia, Mithian rió.

"Por supuesto, no podéis dejar esperando al rey que os visita," dio un paso adelante y le ofreció a Arthur su mano. "Os veré esta noche en la cena, Rey Arthur."

"Sí," asintió, sacudiendo ligeramente su mano, echándole una mirada de reojo a Merlin antes de salir de la habitación. Merlin iba a irse también, realmente no tenía ninguna razón para quedarse, cuando la princesa Mirthian se giró y soltó un fuerte suspiro.

"Había escuchado grandes cosas sobre tu rey," explicó, dándole a Merlin otra sonrisa encantadora. "Pero nunca nada sobre lo increíblemente guapo que es."

Los ojos de Merlin se abrieron un poco, mirándola. No sabía que decir, pero se aguantó las ganas de gritar ¡MÍO! Porque en realidad, no lo era. No estaba muy seguro de a quien quería pertenecer Arthur. Y con toda su confusión, Merlin realmente no necesitaba otra persona, una hermosa princesa, que hiciera esta situación aún más complicada.

"Está bien…" dijo Merlin, después de un poco, tratando de desanimarla. "Es un idiota a veces…"

Ella rió. "¿No lo somos todos?"

Era perfecta, decidió Merlin, cuando bajaba las escaleras poco después, demasiado perfecta. Joder, si Merlin no tuviera un más que molesto, extraño e indeseado caso de Arthuritis, estaría encantado de huir con ella, ya saben… si no fuera un sirviente inútil. Pero ahí estaba el problema, si hasta Merlin se sentía tentado por ella, ¿no lo estaría Arthur también? Algunos podrían hasta decir que Mithian sería mejor reina que Gwen, al haber sido criada ya como una princesa. Ella era como un sueño, una visión de la reina perfecta. No hablaba con desdén a Merlin como otras princesas solían hacer, habían tenido una agradable conversación, hablando sobre Camelot y su gente, parecía genuinamente interesada en lo que Merlin estaba diciendo y eso era lo peor. Porque unir dos reinos, mediante un matrimonio, podría resultarle tentador a Arthur. ¿Y dónde dejaría eso a Merlin y Gwen?

Cuando Merlin regresaba a los aposentos reales, casi deseó toparse con Gwen, para ver que pensaba ella de los visitantes reales. Sólo para ver si Gwen se sentía traicionada también, al menos sería razonable en ella sentirse de la forma en la que Merlin se sentía ahora. Pero no se encontró con ella, lo que lo forzó a volver a su rutina normal de tareas diarias. Arthur entró en la habitación un tiempo después, cuando Merlin ya había limpiado los suelos y el polvo. Sin embargo, las primeras palabras que salieron de su boca hicieron que Merlin quisiera pegarle.

"La princesa Mithian es verdaderamente encantadora, ¿verdad?" preguntó, Merlin se giró con polvo en el pelo y canillas mojadas, echándole una mirada al rey que casi le hacia daño. Arthur se rió de él. "¿No lo crees?"

"Sí," replicó Merlin, en tono bajo, girándose de nuevo. Era el momento de preparar al rey para el festín, que sería en una hora más o menos. Merlin cambió de dirección entonces, yendo hacia el armario, para buscar su ropa de gala.

"Parece que a Guinevere no le gusta," dijo Arthur cuando Merlin se giró, encontrándoselo ya sin camisa. Se atragantó, evitando mirar su pecho desnudo. Así que Gwen también se sentía traicionada. Al menos Merlin no estaba solo en esto, pero aún era estúpido.

"No ha pasado tiempo con ella," dijo Merlin, tras unos segundos, dejando las ropas de Arthur en la mesa. Se giró cuando Arthur se bajó los pantalones, ¿Cuándo dejaría esto de sentirse tan incómodo? Se preguntó.

"¿Y tú si?"

"Sí," asintió. "Charlamos en sus aposentos, parece muy interesada en ti."

"¿De verdad?"

"Dice que eres muy atractivo."

"En eso le doy la razón…"

Merlin soltó una carcajada, girándose y encontrándose a Arthur con los pantalones de nuevo, eso era un alivio. Observó como Arthur se ponía la camisa.

"Lo siento mucho por ti," le dijo Merlin, adelantándose, cogiendo el cinturón de la mesa y pasándolo por la cintura de Arthur, con cuidado de no apretarlo demasiado. "Teniendo a dos hermosas mujeres queriendo tu atención," terminó, abrochando el cinturón y sacudiéndolo. "¿Pero a quién elegirás para bailar? Esto me hace sentir lástima por ti…"

Arthur soltó una carcajada, "A lo mejor no deseo bailar con ninguna de ellas."

"Sólo si vuelves a comer demasiado pastel…"

"A lo mejor elijo bailar con otra persona."

"¿Gwaine?" sonrió Merlin.

"Tú," le dijo Arthur, directamente, mirándole medio complacido medio molesto. Merlin se encogió.

"¿En frente de todo el mundo? Gwen seguramente se enfadaría…"

"O solos, aquí, esta noche…" murmuró Arthur, cuando Merlin le colocaba su capa de festejo sobre los hombros. El rey encontró ese momento como el perfecto para colocar las manos en las caderas de Merlin y acercarlo. "¿Qué dices?"

"¿Qué digo a qué?" preguntó Merlin, tan cerca de Arthur ahora que le costaba respirar. Arthur pasó su fría nariz por el mentón de Merlin, obligándole a cerrar los ojos para evitar hacer algo estúpido… de nuevo, y este no era el momento.

"¿Bailarás conmigo esta noche?"

"Soy un bailarín pésimo," replicó, y Arthur canturreó, llevando la nariz hacia el cuello de Merlin.

"En realidad no bailaremos nada, Merlin."

"Entonces ¿qué haremo….oh," Merlin se sonrojó de golpe, completamente caliente empujó a Arthur y le miró. El idiota tenía una sonrisa en los labios y ya parecía borracho. Merlin sintió su corazón acelerarse.

"¿Esperarás por mi aquí, después de la fiesta?"

"Esperaré por ti donde sea," dijo Merlin y se maldijo. Vaya forma de sonar como una chica, pensó, pero Arthur sonrió y pasó sus manos gentilmente arriba y abajo por los costados de Merlin.

"No estoy seguro de querer esperar…" Arthur se inclinó entonces y Merlin lo imitó, sólo juntaron sus labios un momento cuando un toque en la puerta los sobresaltó.

"Sire, ¡La princesa Mithian os espera!"

Merlin se separó y soltó un suspiro, "Pero una princesa te espera…"

"Y aún así, en lo único que podré pensar será en ti," Arthur se acercó y dejó un rápido pero fuerte beso en la boca de Merlin y se marchó, sin pararse en la puerta, ni tomando su espada, simplemente la dejó en la mesa. Merlin la cogió con un suspiro, mirando al lugar dónde había estado Arthur y preguntándose cuando se volvió un enfermo de amor.

Se sintió aun más enfermo mientras bajaba por el pasillo hacia la sala de fiesta, con la espada de celebración de Arthur presionada contra su pecho como si fuera un regalo. Pero no pudo conseguir que le importara, pensaba únicamente en las próximas horas, cuando él y Arthur estarían juntos y se negó completamente pensar en Gwen o en la princesa Mithian, o en nadie más que pudiera pararle de hacer esto.

Entró en la sala y Arthur estaba sentado a la cabecera de la mesa, a un lado estaba el rey, Rodor, y al otro la princesa Mithian. Gwen, aún siento invitada especial del rey, estaba sentada unos pocos puestos más abajo esa noche, luciendo mucho más molesto de lo que solía estar en esos eventos. Merlin no fue a hablar con ella, aunque parte de él quería, pero eso sólo lo haría sentirse culpable después y no quería molestarse con ello. No hasta la mañana siguiente, porque la culpa vendría… en algún momento.

Risas y charlas llenaban la habitación, mientras la gente comía y bebía, Merlin se preguntaba cuando podría decirle a Arthur que se había olvidado su espada, más o menos para hacer que Mithian tomara toda su atención en todo momento, cuando hubo un estallido en algún lado. Todos quedaron en silencio, mirándose entre ellos y alrededor, cuando gritos resonaron por el castillo, Arthur saltó el primero.

"¡Morgana!" dijo en voz alta, quitándose la capa y girándose a Merlin, buscando con sus ojos azules su. "¿Mi espada?"

"Esta está muy poco afilada…"

"¡No tenemos tiempo de buscar otra!" le dijo Arthur, agarrándola de sus manos. "Reúne a los sirvientes y la gente y guíalos hacia el pueblo."

"No, voy contigo," Merlin sacudió la cabeza, de ninguna manera iba a dejar a Arthur ir a batallar un ejército sin él.

"Merlin…" dijo Arthur, como aviso. "No quiero que salgas herido."

"Gwen puede guiarlos," sugirió Merlin, Arthur rodó los ojos. Entonces otro estallido llenó el aire. La gente empezaba a entrar en pánico, los otros caballeros comenzaban a ponerse en acción. "Voy contigo, Arthur."

"Por una vez, Merlin, ¡haz lo que te digo!"

Y entonces Arthur estaba girándose y corriendo, pasando a través de la gente en pánico, fuera de las puertas.

A Merlin no le importaba lo que le dijo Arthur, lo que los demás podrían decirle. Tiró la capa roja a la mesa y corrió tras él. Fue caos después de eso, hombres peleando, algunos de negro, y algunos de rojo. Merlin ayudó a los de rojo, con magia, de todas las formas que pudo, mientras buscaba a Arthur. Cuando encontró al rey, el idiota estaba herido y apoyado contra un pilar, mirando como un grupo de hombres vestidos de negro marchaban a través del patio. A su cabeza estaba Morgana, a su lado estaba Agravaine. Arthur soltó un gruñido, mirando a su tío y fue a la carga, pero Merlin lo echó hacia atrás y lo detuvo. Arthur se giró y lo miró.

"Ahora no," susurró Merlin, agarrando su antebrazo e intentando traerlo hacia atrás por el camino que Merlin había venido, sabía que era seguro. Pero Arthur estaba siendo terco.

"Te dije que fueras con los otros."

"Y yo te dije que venía contigo."