OPCIÓN
#11 Episodio de Ezra Powell
La he
buscado desde que salió de la habitación de Ezra, pero no logro
encontrarla. Hace dos minutos recordé una conversación que tuvimos
hace bastante tiempo sobre por qué la gente le reza a Dios, y se me
ocurrió que quizá podría estar en la capilla, tratando de calmar
su alma.
En efecto, al acercarme por el pasillo la puedo ver sentada en el último banco con la cabeza gacha. Al aproximarme a ella me doy cuenta de que está llorando, y no puedo evitar el impulso de apoyar mi mano en su hombro y presionar levemente para mostrarle mi apoyo. Iba a decirle que estoy orgulloso de ella, pero opto por guardar silencio. Levanta la mirada y veo sus ojos inundados de lágrimas.
- ¿Puedes quedarte un rato aquí, conmigo? - pregunta. - Necesito saber que no estoy sola...
Asiento con la cabeza aunque no me esté mirando, y me siento junto a ella en un espacio que deja al correrse. Trato de buscar en mi mente algo que decirle, pero las palabras salen solas de mi boca sin que las piense.
- Ver morir a alguien siempre es feo... No importa qué tan viejo sea, ni si él lo decide o no, es feo igual... - Escucho un sollozo un poco más fuerte y me doy cuenta de que metí la pata. Ahora sí lo pienso bien y vuelvo a hablar: - Cuando empecé mi especialización en Diagnóstico tuve un paciente que llegó con una tuberculosis muy avanzada. Por mucho que hubiera hecho, su sentencia ya estaba firmada cuando entró al hospital. Murió a los pocos días... En ese momento tampoco me importaban mucho los pacientes en sí, pero fue un golpe muy duro y pensé que nunca me podría reponer... Mi jefe vino entonces, y me contó su propia historia de depresión-post-paciente-muerto, y me dijo, - pongo una voz más grave para imitarlo: - "House, tú nunca escuchas consejos de nadie, pero al menos esta vez hazme caso. Ve a los archivos y fíjate cuántos diagnósticos que evitaron muertes hice los siguientes dos años y saca una conclusión".
- ¿Y le hiciste caso?
- Nop. Pero entendí el mensaje: "cada tanto vendrá un idiota que estará muerto antes de que lo revises".
Lanza una pequeña carcajada y me mira. Le sonrío.
- Gracias, House, - me dice, mientras apoya su cabeza en mi hombro. Por un instante estoy a punto de pedirle que no lo haga, pero dada la situación intento no causarle más daño, y permito la proximidad sin mover un músculo. - Cuando lo pones así parece que hasta tendría que enojarme con el paciente...
- Eso es lo que yo hago...
Ríe otra vez. Ya hasta está empezando a sonarme como música esa vocecita. Piensa un segundo y vuelve a hablar.
- ¿Crees que alguna vez yo le vaya a contar esta historia a un empleado mío? - su tono es soñador.
- Eres muy buena médica, así que es muy posible... Estoy orgulloso de ti, - contesto, volviendo a lo que pensé en un principio. Ahora sí, reclino mi cabeza sobre la de ella. Ambos hacemos silencio un par de minutos, nos quedamos quietos. Escucho cómo su respiración se va regularizando, síntoma de que la calma llega a ella. - ¿Te sientes mejor? - me intereso.
- Perfecta, - asegura en un suspiro. Y se acomoda sobre mi hombro.
No podría precisar cuánto tiempo llevamos aquí. Pudo ser media hora tanto como cinco. No me importa. Mientras Cuddy no me encuentre, pienso quedarme.
FIN
