¿Cómo han estado? Les dejo un nuevo capítulo, muchas gracias por leer. No olviden dejar sus comentarios.
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La luz del sol iluminaba el paisaje ante los ojos de Serena, el espectacular valle lleno de color se desplegaba delante de ella, árboles, sembríos, flores… tenía una vista para disfrutar, pero no podía ver aún la carretera principal. El calor iba en aumento y amarró la chompa en su cintura, bajaba por el sendero entre piedras, hojas y ramas, tratando de quedarse bajo las sombras de los árboles de las orillas.
– Uy, en verdad hay muchos caminitos, mmm… Helios dijo que siguiera derecho. – hablaba para sí mientras caminaba.
Aunque, por tramos, la vegetación se volvía más densa, Serena, podía identificar fácilmente cuál era el camino principal por el que debía seguir; pues en varios sitios, había caminos mucho menos transitados se unían o iban hacia otras propiedades.
– Dios mío, este camino parece interminable, sólo espero haber tomado la mejor decisión.
Caminó durante una hora más, hasta que llegó a un sitio que parecía un lugar para reunión, hasta él, llegaban o salían, muchos otros caminitos, desde o hasta, diferentes lugares. Había un gran tronco sobre el suelo y Serena pudo sentarse, puso la alforja sobre sus piernas y sacó algunas frutas para comer. Se sentía cansada, no había podido dormir, ni comer, bien. Mientras estaba sentada, miró hacia los alrededores, el viento soplaba suavemente sobre su cara y le alborotaba los cabellos, escuchaba a lo lejos sonidos de animales; el canto de los pájaros se mezclaba con el ruido de reses, asnos y caballos.
A pesar de estar libre y de encontrarse bajo el sol, en un día que, en otras circunstancias, sería maravilloso, sentía un frío rayo que bajaba por su columna vertebral, era miedo. Pensó en que, aquel, no era un paseo de verano o una caminata segura; estaba huyendo y, aunque estaba en un sitio aparentemente inofensivo, no sabía con qué podía encontrarse en ese lugar desconocido.
No sabía si atraparon a Seiya o si Darien y la policía lo protegían o si habían averiguado dónde la tenían. Talvez Malachite ya sabía por dónde había huido y, junto a sus cómplices, la perseguía sin tregua.
Intentó relajarse pero sus pensamientos no paraban de dar vueltas en su cabeza. La tensión se acumuló en su estómago y la hizo, repentinamente, ponerse de pie. Quería llorar.
– ¡No Serena! Cálmate por favor.
Respiró profundamente y se alentó a seguir, no tenía otra opción. Decidió imaginar cómo serían las cosas si Darien la rescatara, él era muy valiente; se imaginó que la amaba, entonces la buscaría sin parar, talvez si seguía caminando, lo encontraría esperándola porque él ya sabía en dónde estaba. Sonreía mientras su mente continuaba, pero sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó, a lo lejos, el sonido de un helicóptero. Sintió esperanzas de que sus ilusiones pudieran hacerse realidad y tomó uno de los caminos frente a ella. Buscaría llegar a un claro, más amplio, para que pudieran verla desde el aire.
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Jedite y su compañero siguieron el rastro de Serena por el camino, las huellas eran claras. Cuando llegaron a la curva se dieron cuenta que estaban cerca de la casa de Peruru.
– ¡Sólo deben estar los niños, Jedite! Recuerda que Peruru está detenido. – Fueron las palabras del muchacho que acompañaba la búsqueda de la rubia, cuando vio a Jedite dirigirse a la casita que encontraron.
– Pero ella debió pasar por aquí. – Insistió Jedite – Debemos averiguar. – El muchacho no quería asustar a los niños, como era del lugar, sabía que los pequeños se quedaban solos en el día. Sabía que Jedite no actuaría con delicadeza y los maltrataría.
– ¡Mira sus huellas Jedite, ella siguió el camino! – gritó, aliviado, en cuanto pudo ver el rastro que iba por delante de ellos.
Jedite se volvió y siguieron su camino. – Entonces está muy cerca. Vamos. – Se alejaron de la entrada, galopando.
– Esa mujer siguió cuesta arriba. – dijo Jedite en cuanto vieron que las huellas subían por un camino junto a un cerco. – ¿A dónde nos lleva ese camino? Tú conoces ¡Dímelo ya!
– Es el camino hacia los sembríos de maíz. Pero eso está lejos. Por eso no la vi por el camino mientras subía en la moto.
Jedite pensó que no tenía sentido de que hubiese huido subiendo por la pendiente y recordó lo que había dicho Malachite. No la subestimes.
En verdad, ella era muy valiente e inteligente, lo había demostrado al huir aprovechando su único descuido y ahora había sido capaz de dejarles un rastro falso. El tiempo que había transcurrido desde su escape no permitía que hubiera avanzado tanto en el descenso y, al regresar, el muchacho la habría visto.
– ¡Maldición! No puedo creer que se diera tiempo para esto. – El hombre de Malachite estaba más que furioso.
– Vamos muchacho, esta perra nos engañó de nuevo – Jedite subió a su caballo y se dispuso a regresar. – Debemos regresar a casa de Peruru, estoy seguro que ella está ahí.
Galoparon hasta llegar a la cerca de entrada de la casita de los niños, Jedite bajó del caballo y comenzó a quitar los tallos. Esta vez, ella le pagaría todas las humillaciones que le había hecho pasar. Estaba tan furioso, que no escuchó cuando un vehículo llegaba por el camino en dirección a ellos. Ante su sorpresa, el auto se detuvo y dos personas bajaron del vehículo.
– Es la Policía, ¡las manos en alto! ¿Quiénes son ustedes?
Jedite reaccionó y maldijo. Éste, realmente, no era su día. Los hombres de los caballos levantaron las manos, pero no dijeron absolutamente nada ante las palabras del oficial.
– Soy el teniente Furuhata, buscamos a Malachite Shitennou por el secuestro de Serena Tsukino. Pueden colaborar con nosotros o los arrestaré por encubrimiento. – Andrew los amenazó con un arma.
– Yo soy inocente oficial, mi madre es empleada del señor Malachite y yo lo sirvo para que él no la maltrate. – dijo rápidamente el más joven de los sospechosos, mientras temblaba al verse frente a la policía. Abrió mucho los ojos y bajó la cabeza de inmediato, cuando reconoció a Andrew como el oficial que Neflyte iba a asaltar en la oficina de correos.
– ¡Cállate cobarde! – habló Jedite. –Yo mismo te mataré y me aseguraré de que tu madre, en verdad, sufra.
– ¡Silencio canalla! – Andrew le gritó – Dime dónde está Shitennou. – Hizo una señal a sus compañeros quienes rápidamente esposaron a los hombres.
– No le diré nada… teniente, conozco mis derechos. – Jedite miró con desprecio a Andrew, quien tuvo ganas de golpearlo. El teniente lo ignoró y se dirigió hacia el muchacho.
– ¿dónde tienen a la mujer que secuestraron, muchacho? Si quieres salvarte de la cárcel, es mejor que me digas lo que necesito saber. El chico estaba muy asustado, pero levantó la cabeza y comenzó a hablar muy despacio.
– Yo la vi, la tenían junto a la casa de mi madre, la trajeron atada y amordazada. Pero la señorita ha escapado esta mañana. Cuando yo llegaba… – tuvo miedo de confesarle que estuvo en el asalto de la oficina de correos – me encontré con que Jedite – miró al otro hombre esposado – y el señor Malachite habían salido a buscarla. Me dijo que me quedara a ayudar y eso estábamos haciendo, hasta que perdimos su rastro unos metros más adelante.
– ¿Y dónde está Malachite? – preguntó el teniente.
– Dijo que desaparecería, él regresó a la casa en la cima de esta montaña. En ella vive mi madre. – el muchacho seguía temblando y sentía la furiosa mirada de Jedite sobre él. – Le juro que nosotros somos gente buena, sólo hemos actuado por miedo. Por favor, yo me entregaré, pero ayude a mi madre, no quiero que le pase nada.
Andrew ordenó a su compañero, comunicarse con la unidad de Darien e informarle que Malachite estaba escapando, le dieron las coordenadas del lugar para que llamara por apoyo.
Mientras todo ocurría, ninguno de los hombres se dio cuenta que un pequeño niño los observaba, se encontraba abrazado a su perro, ambos agazapados bajo unas ramas, en silencio, ocultándose del peligro. Helios escuchó que preguntaban de Serena, le había prometido no contar nada sobre ella, y no lo haría mientras no averiguara quiénes eran los buenos.
– Teniente, el Mayor está a diez minutos de aquí, dice que esperemos – le comunicó el compañero. Andrew asintió con la cabeza mientras hacía sentar a los sospechosos a la orilla del camino, separados entre sí, ya que era obvio que Jedite intentaría golpear al chico.
– ¿Dices que perdieron el rastro de la señorita Tsukino? – preguntó Andrew al muchacho.
– Sí oficial, las huellas que encontramos se dirigen pendiente arriba, pero no creo que la señorita huyera por ahí. Tampoco siguió camino abajo, la habríamos visto, la siguiente casa está a más de una hora de aquí. – le contó mientras Jedite trataba de librarse para cerrarle la boca.
– ¿Estás seguro? Entonces ¿dónde está ella?
El muchacho iba a responder cuando se escuchó la llegada de la otra unidad. Darien bajó del auto, apresuradamente, para escuchar el informe de Andrew.
– Teniente, dígame cómo están las cosas. – le preguntó.
Darien mostraba una imagen muy profesional, en realidad, él planeaba atrapar a Shitennou. Sin embargo, al mismo tiempo, se sentía desesperado, Serena estaba tan cerca… él sabía que ella era fuerte, que siempre encontraba una solución en medio del caos, que nunca perdía las esperanzas cuando quería algo, era una de las cualidades que admiraba en ella y por eso confiaba en que estuviera bien. Aun así, tenía miedo de que le hubieran hecho daño.
– Mayor, tenemos a dos de los cómplices de Shitennou. Él chico asegura que Malachite está en la casa de la cima, alistando su huida. Al parecer, Serena Tsukino ha escapado.
Darien se sintió confundido, al escuchar que había escapado, se le iluminaron los ojos y sus labios se curvaron en una leve sonrisa, esa era su Serena. Lo que daría por abrazarla, por ahora, podía dejar volar su mente y pensar que era suya. Ahora debía encontrarla. Volvió a interrogar a los sospechosos obteniendo las mismas respuestas que, antes, le dieron a Andrew. Pensó en lo que tenía que hacer.
Ordenó subir a Jedite a uno de los vehículos, esposado, amordazado y atado de pies. Hizo bajar a Peruru y envió al otro muchacho como guía en el operativo. Se comunicó con el helicóptero que había solicitado para la captura de Malachite, éste estaba en camino. Luego, entregó uno de los transmisores a Kareru para que lo sustituya en apoyo de Andrew.
– Teniente Furuhata – llamó la atención de Andrew – Persigan a Malachite y atrápenlo. El helicóptero nos apoyará desde el aire. Llévense las dos unidades. Yo iré por Serena Tsukino, me comunicaré con ustedes. – Dispuso mientras acomodaba su radio, el GPS y su arma.
Andrew asintió, pero se acercó hasta Darien. Entre ellos había un lazo de amistad muy fuerte. Ambos habían compartido muchas misiones y se habían apoyado mutuamente. En alguna ocasión, arriesgaron sus vidas por salvar al otro. Andrew era el único con el que Darien había compartido algunas de sus experiencias personales. Cuando estaban trabajando, empleaban un tono formal en su trato, sin embargo, siempre estaban pendientes, el uno del otro.
– Darien – le habló con confianza, mientras se alejaban del grupo de personas – Ten cuidado, me he dado cuenta del interés que tienes en la señorita Tsukino, aunque no me lo hayas contado, sé que la conoces de antes. – Darien fingió demencia, cómo si no fuese con él la conversación.
Andrew ignoró su actitud, pues lo conocía bien y sabía que trataba de esconder sus sentimientos. Continuó mirándolo a los ojos – simplemente, yo quería aclararte algo sobre el periodista. Verás…
– Andrew – lo interrumpió Darien – lo más importante ahora es atrapar al traficante y encontrar a Serena. Por favor, no digas más, te prometo que hablaremos después. – Sonrió, pensaba que su actuación había convencido hasta a Andrew, si no era así, por lo menos, sentía el apoyo moral que seguramente él le estaba brindando. – No te preocupes, seré cauto, estoy consciente de quien es él y no tengo nada en su contra.
– Vayan tras el criminal – ordenó a todo el equipo.
Andrew se retiró aún con ganas de hablarle, pero su amigo era muy testarudo. Qué tonto es… pensó.
– Peruru, quédate, tienes que ayudarme, tú conoces el sector.
El niño oculto entre las ramas, vio a su hermano junto a los oficiales. Quiso salir gritando para abrazarlo, pero se contuvo porque tenía miedo. Pero al ver que el Policía Jefe le hablaba a Peruru con confianza, se arriesgó a salir, una vez que los vehículos partieron.
– ¡Peruru! – Helios corrió junto con Campeón – has vuelto ñaño, te extrañé mucho. – El niño se abalanzó contra el muchacho, el cual lo cargó y le hizo dar una vuelta en el aire. El perro saltaba ladrando y moviendo la cola, alrededor de ambos.
– ¿Qué haces fuera de casa Helios? Es peligroso ¿Dónde está Chibi Chibi… y mis papás? –le preguntó mientras lo dejaba en el suelo.
– Mis papás no han vuelto y Chibi se quedó dormida… Yo... escuché el ruido, pensé que el señor malo iba a entrar, tuve un poco de miedo… Aunque yo soy muy valiente – el niño hablaba y hablaba.
– Por favor, Peruru – intervino Darien – tienes que ayudarme, necesito encontrar a Serena Tsukino. Seguiremos el rastro para averiguar por dónde se fue.
– ¡La Señorita Serena! – gritó Helios.
Darien se quedó impresionado, sintió una calidez interior al escuchar el nombre de Serena, miró al niño con curiosidad.
– Pero… ¿él es el bueno?, ¿la ayudará? – preguntó Helios, mientras tiraba de los pantalones a su hermano. Peruru asintió con la cabeza para darle seguridad. Darien no tardó en preguntar.
– ¿De dónde conoces a Serena, niño? ¿La has visto? ¿Dónde está? – le preguntó impaciente, anhelando que Serena se encontrase cerca y pudiera abrazarla como había estado deseando desde siempre.
– Me llamo Helios – el niño aclaró, luego se separó de su hermano y miró a Darien, elevando su cabeza y sacando pecho – Y yo sé dónde está la señorita Serena.
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Saludos Yesqui2000, gracias por seguir pendiente de la historia, un abrazo.
