Por fin aparece Naraku. Ya tenía ganas de comenzar a moldearlo, jijij. Aquí aviso que me salto la linea de tiempo original y lo voy a presentar ya rodeado por algunos de sus bunshin. Sé que puede parecer pronto pero no he querido que se aburriera tanto durante la siestecilla de Inuyasha. Al fin y al cabo, ir a echarle un maldición al abuelo de Miroku, no me parece actividad suficiente para 50 años de espera. Quedaros con las partes en negrita, son referencias a futuros hechos o misterios.

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Octava luna del 1501. Sengoku Jidai / Muromachi.
Castillo del Clan Kagewaki

Hoy parece que por fin la suerte empieza a sonreírme. Llevaba ya más de siete lunas en un estado de ánimo muy poco propio de mí. El volver a tener sentimientos y deseos tras casi 50 años de una mezcla de agradable aburrimiento y apatía, se me estaba haciendo cuesta arriba.

La, hasta hace poco, prácticamente olvidada voz de Onigumo suena con cada vez más fuerza en mi cabeza y mi impaciencia acaba por abrumar a Kagura. Durante los más de 40 años que lleva a mi lado, nuestra convivencia ha sido de lo más tranquila y nunca ha tenido que sufrir mi ira o angustia.

Aún recuerdo el día que la creé. Estaba harto de viajar solo y 8 años de absorber yōkai y aumentar mi poder me permitían ser creativo con la forma de moldear mi cuerpo. Había sido hombre, mujer, niño y anciano. Podía convertirme en Oni o en insecto en cuestión de segundos, por lo que fue un juego de niños separar un trozo de mi carne y darle la forma que me diera la gana. Y ella me salió perfecta al primer intento. Bella, mordaz, inteligente e imprevisible. La compañera ideal para divertirse. Y vaya si nos divertíamos.

Durante el día causábamos estragos en monasterios o poblados. Por la noche íbamos a la caza de yōkai poderosos para absorber, o nos quedábamos cómodamente ocultos en cuevas, apareándonos de mil formas distintas. Con Kagura no había dos polvos iguales. Sin pudor, vergüenza o límite alguno. No me importaba dejarme llevar y ella siempre me sorprendía.

"Hoy quiero que me atravieses con tentáculos.Esta noche yo seré el hombre y tú la mujer. Hagamos una orgía con esos monjes. Hoy quiero hacerlo con un animal, pero no sé qué me apetece más, ¿caballo o pantera?"

No había forma de aburrirse con ella, ni hombre o yōkai que pudiera frenarnos.

Más tarde fui creando más bunshin*. Los hice de todas las formas y colores, bellos y horrendos por igual. Cuando me aburrían, los reabsorbía y volvía a empezar. Lo cierto es que es una habilidad que ni yo mismo me explico, no he encontrado ningún otro yōkai capaz de crear seres vivos a partir de su cuerpo. Actualmente, además de Kagura, están Kanna, Goshinki, Kageromaro y Juromaro.

Pero ya no hay tiempo para jugar. Siempre he sabido que la perla volvería a aparecer y que mi destino sería conseguir su poder. Para ello me he estado preparando pacientemente durante 50 años. Con lo que no contaba era con la presión de Onigumo.

Tras gritar y patalear como un energúmeno durante algunos meses, echándome en cara el haberme cargado a la hembra con la que estaba obsesionado, se fue calmando hasta tal punto de olvidárseme el timbre de su voz. Pero con la primera luna de este año todo cambió y mi vida pasó a ser muy estresante:
La perla se había fracturado en cientos de fragmentos que había que encontrar y reunir. Tenía en marcha por lo menos ocho conspiraciones diferentes para provocar guerras entre los clanes humanos. Una nueva corriente religiosa en contra de los yōkai se estaba organizando en diferentes puntos del país y mi mente bullía con los cientos de usos y abusos que podría darle a una secta de ese tipo.

Y a toda esa acumulación de tareas se le suman las necesidades de Onigumo, los miedos de Onigumo, las exigencias de Onigumo...

"Quiero dinero, tengo hambre, tengo miedo así que no vayas tú a enfrentar a ese yōkai...Quiero un castillo, quiero ser poderoso, atractivo, admirado y temido... Quiero a Kikyō, consígueme la perla para revivirla y follármela y torturarla hasta la muerte... Quiero, quiero, quiero..."

Como para volverse loco. Y lo peor es que todo eso también lo quiero yo. Al fin y al cabo, Onigumo forma parte de mi cuerpo y eso conlleva que todos sus deseos y necesidades son mías también. Menos mal que se me ocurrió hacerme con la identidad del joven príncipe de este castillo y más o menos con eso le mantengo calmado.

Eso sí, no llego a tanto como para plantearme usar la perla para revivir a la miko. No, cuando hay maneras mucho más fáciles.
Como empezaba diciendo, hoy es un buen día. La vieja Urasue ya tiene todo lo necesario para el ritual y me asegura que tendrá éxito. Esta noche Kikyō volverá de entre los muertos y yo, con suerte, recuperaré a dos de mis juguetes preferidos.

Por otro lado llega una de mis marionetas con el fracaso del intento de atraer a Sesshōmaru a mi equipo. El Lord del Oeste ni siquiera se dignó a mirar a mi enviado y su pequeño sirviente le tiró mi regalo a la cara para después gritar.

"El gran Sesshōmaru Sama no tiene ninguna necesidad de esa asquerosidad de brazo humano que traes. Sus dos brazos están en perfectas condiciones."

¡Qué extraño! Mis saimyōshō* no mienten. ¿Cómo habrá conseguido recuperar el brazo que le cortó Inuyasha? Quizá si hubiera ido en persona me habría enterado, pero el cobardica de Onigumo jamás se atrevería a acercarse al Lord del Oeste.

Me vuelve a entrar la nostalgia por la sencillez de mi vida de hace menos de un año. En momentos así casi me apetece dar marcha atrás en el tiempo para esconderme con Kagura en una cueva y olvidarme del mundo. Pero ese tiempo queda muy atrás y el aparearme con mi bunshin ya no es una opción. La última vez que lo intentamos fue un desastre. No había forma de que me empalmara y ella, tras probar todos los recursos que tenía a mano, al final suspiró con tristeza y mirando al suelo me dijo: "Sé lo que deseas Naraku, al fin y al cabo soy parte de ti. Siéntete libre de hacerlo. Nunca ha habido límites entre nosotros y yo soy la última que querría imponerlos".

La puse de cara a la pared y transforme su pelo alargándolo hasta la cintura en una coleta baja. Después convertí su yukata* en un onnabakama* rojo, con el kosode* en blanco. Al estar de espaldas no me hizo falta transformar su cara, además el efecto del engaño visual fue inmediato. Mi polla se puso como una roca inmediatamente y mi cuerpo estalló en llamas de deseo. No pudiendo aguantarme, rasgué las ropas de sacerdotisa que acababa de crear y la embestí por detrás. Por primera vez en tantos años de sexo desenfrenado la escuchaba gemir de dolor y no de placer. Pero a Onigumo eran esos los gritos que le ponían, así que clavé mis garras en sus hombros para bajarlos hasta la cintura dejando ocho llagas sangrantes tras de sí. Los gemidos pasaron a ser aullidos y por suerte no hizo falta más para correrme. Kagura se dio la vuelta y pude ver las lágrimas dejar surcos en sus blancas mejillas.

— ¿Era eso lo que tú querías? — No había reproche en su mirada, tan solo incredulidad.

— Sí…, supongo... — Yo tampoco lo entendía del todo. Un poco de dolor en el momento y lugar adecuados me resultaba excitante pero este nivel era completamente nuevo.

Kikyō torturada.

Estaba claro que los deseos que me dominaban ahora eran los de Onigumo, pero Kagura no entiende el concepto de dominación. Desde que la creé siempre fue libre, y yo era libre a su lado. Pero mi tiempo de libertad acabó. Ahora tenía deseos y obligaciones más allá de mi control. Nuestra extraña relación debía evolucionar o sería reabsorbida.

— Estas cambiando... — Sus ojos están llenos de tristeza y sufrimiento. No quiero que sufra...

—Así es, — contesto con toda la frialdad que soy capaz de reunir. La decisión está tomada. No me apetece reabsorberla y perderla para siempre, así que sólo queda una solución. Creo con mi yōki un agujero en su pecho, introduzco la mano y saco su corazón.

—Así no sufrirás más, — le susurro mientras sus ojos antes brillantes como rubíes se vuelven de un rojo mate y sin matices. — ¡Vamos! Vete a darle a Inuyasha las buenas noticias. Procura que esa tal Kagome le acompañe. Nos hará falta para el conjuro.

Observo como obedientemente se marcha, dejándome sólo con mis neuras. Era lo mejor para todos y la única solución. Pero eso no impedía que me "sintiera" miserable. ¿De dónde acaba de salir esto? Estoy seguro que Onigumo jamás se ha arrepentido de hacer daño en su vida.

"¡Vaya mierda! ¡El primer sentimiento propio como Naraku tenía que ser uno de los más desagradables!"


GLOSARIO Y NOTAS:

- bunshin: término usado en la versión original para denominar a las "extensiones" de Naraku. Lo mantengo sin traducir y más adelante explicaré por qué.

- saimyōshō: (lit. victoria absoluta) Son las avispas demoníacas venenosas que sirven a Naraku como espías. Capaces de trasmitirle las imágenes de lo que están viendo

- yukata: vestimenta típica japonesa, similar a una bata, de una pieza y hecha de algodón. Usada por hombres y mujeres

- onnabakama: pantalón hakama femenino

- kosode: camisa de largas mangas acampanadas