¡Hola! Aquí les traigo un capitulo más. Mil gracias por sus comentarios, son super motivantes. Que bueno que les agrada la historia y espero seguir actualizando a este ritmo.

¡Disfruten el cap!


Y aquí estoy, después de una semana de durar en casa gracias a un justificante médico de ausencia y la navidad pisándonos los talones. Cuan rápido pasa el tiempo cuando era mejor que solo no siguiera pasando. Si, estaba pensando demasiadas cosas depresivas, demasiadas para ser yo mismo y eso hacia que me hundiera más en mi golpeándome por hacer lo que no debería de hacer y por estar haciendo lo que hago.

Kuroo…—su voz me llamó desde la puerta entreabierta, sentía los ojos muy pesados y algo de incomodidad porque pese a que Kenma estaba por un mal momento había tenido que cuidar de mi.

Entró a la habitación con una bandeja con comida, esta vez se las había ingeniado para hacer algo más digno y sano. Abrió las cortinas dejando entrar un poco de luz y volví a estornudar por enésima vez en el día. Después de ese día de lluvia me enfermé como nunca y mis ánimos tampoco me ayudaban a recuperarme.

Y dicen que los tontos no se enferman —dijo Kenma sentado en la cama mirándome comer.

No suelo hacerlo y cuando pasa duro semanas así…—soné mi nariz la comida no tenia sabor y las pastillas solo me hacían tener más sueño.

Hoy llamó Yaku-san… me ha regañado por no visitarlo—dijo con un puchero gracioso, se que Kenma había evitado ese regaño por mucho tiempo pero al final Yaku había conseguido dárselo como buen padre de familia —habló sobre la fiesta de Navidad, parece que logró contactar a la gran mayoría menos a Lev.

Bueno, dudo que venga desde Rusia solo a estar con nosotros…—la sopa ondeaba—después de todo le va muy bien allá.

De Lev no hay mucho que decir, a ciencia cierta nadie sabia que había pasado con él. Tras graduarse de Nekoma y haber logrado su sueño de ser ace por primera vez fue a vivir a Rusia. Perdimos total contacto con él durante un largo tiempo y fue hasta que Yaku nos comentó que poco después del nacimiento de su hija, Lev había llamado. Había estado diciendo cosas raras, era parte de la selección Rusa de Voley pero se mantenía en la banca. Parece que su relación familiar estaba algo tensa y por eso fue enviado hacia aquel país pero tan pronto lograse ser un poco mas independiente quería volver a Japón aunque no sería tan fácil, había agregado sin explicar bien el porque. Desde entonces Lev no había vuelto a llamar y el numero que había usado estaba fuera del área de servicio. Era preocupante, si, pero ¿Qué podíamos hacer nosotros? Nada, Rusia estaba lejos y era inmenso como para buscarlo así que la esperanza de contactar nuevamente con él disminuyeron con los días hasta desaparecer.

Solo espero que esté bien…—dijo Kenma quien había tenido que "soportar" a ese compañero durante más tiempo que los demás.

Pasaron los días, apenas me recuperé un poco y Kenma me pidió un favor. Con un juego de llaves en mano y el auto vacío fuimos a lo que era su antiguo apartamento compartido con Akaashi. Abrió la puerta, estaba tan oscuro y frío que aun en un inexpresivo Kenma produjo una mueca de tristeza acompañada de un leve suspiro insatisfactorio. Pude percatarme que las cosas de Akaashi ya no estaban ahí, solo quedaban los muebles grandes con los rastros de polvo como si algo hubiese estado colocado en ese sitio pero ya no estaba mas.

Kenma echó en una bolsa negra sus ropas, cosas de baño y zapatos. Fuimos apilando una a una en la entrada, tomó sus cuadros, vídeo juegos y consolas. Finalmente se detuvo frente a algo que parecía un cuadro enorme cubierto con una sabana blanca, Kenma lo destapó mostrando la gran televisión en la que solia jugar por horas, un regalo del mismo Akaashi.

—Necesitaremos algo más grande para llevar eso…—comenté.

No quiero llevarlo…

Y si, me sorprendi. Kenma amaba esa televisión, era su orgullo y alegría diaria. Mientras la cubría de nueva cuenta leí en esa acción algo realmente lamentable, estaba cortando poco a poco esa conexión a Akaashi, no por que así lo deseara si no por que era lo mejor, era doloroso pero justo y necesario.

Colocamos el montón de bolsas en la cajuela y el asiento trasero. Kenma no mencionó nada más, la casa había quedado prácticamente vacía. Lo poco que supe es que Akaashi había partido hace un par de días, a estas alturas ya todo el equipo lo sabia y durante esa semana ausente seguro estuvieron despidiéndose de él. Me pregunté como estaría Bokuto en esos momentos teniendo que decirle adiós a Akaashi, si acaso estaría pensando en el beso y en lo cobarde que soy por esconderme en mi madriguera en vez de estar apoyándole en esos momentos.

No podemos estar más hundidos ahora.

Acomodamos la ropa de Kenma en un armario que estaba en la sala. Mi departamento era lo suficientemente amplio, seguía siendo un simple departamento de soltero por ende el único closet de mi cuarto apenas y tenia espacio para mi ropa así que botamos las cobijas del que había en el pasillo dentro de unas cajas y metimos las pertenecías de Kenma ahí.

—Quisiera decir que será temporal pero mientras no consiga un nuevo empleo no puedo hacer mucho…

¿Qué pasó con el anterior?—pregunté tras tirarnos a la sala.

Supongo que ya me han despedido, llevo semanas sin enviar informes… —Kenma sacó de sus bolsas los vídeo juegos. Curiosamente estaban todos en perfecto orden y eso que él era un caos por lo que supuse que Akaashi se había tomado la molestia de acomodarlos.—Se siente como si hubiese cargado conmigo estos años…

—Si, yo también lo pensó…—Kenma me miró fulminante pero sabia que mi sinceridad no era con mala intensión.

Él era desorganizado, caótico y además pésimo en la cocina. Akaashi prácticamente lo hacia todo, cuando íbamos de visita no importaba que tan cansado estuviera él hacia el aseo , lavaba los platos, preparaba la cena y le recordaba a Kenma que debía de ducharse. Kenma por su parte jugaba, lo hacia todo el día.

Esa fue tal vez la detonante de todo…—dijo mientras ponía los cds sobre el estante —y aunque intentara cambiar es difícil…

Y ahora aparte de difícil es tarde…—bueno, le ponía mas sal a la herida, lo lamento.

Keiji tenia demasiadas presiones y yo no hice nada por aminorarlas, lo digo porque tal vez tenias la duda del por que llegué a tu casa…

Bueno, me lo sospeché así…—dije con desdén, él continuó.

Él dijo que había cosas que le hubiese gustado decir pero creo que fui yo quien calló también…—se detuvo mirando al suelo, era el momento de que soltara aquello que le presionaba. Sacó su cartera, la vieja foto de hace diez años aun descansaba ahí, algo arrugada y descolorida pero aun las orejas y coronas de flores, los detalles ridículos seguían marcado en ellas.

—Pasó mucho y al fin lo entiendes…

Pasó tanto…—suspiró con fuerza, tenía que ayudarle.

Kenma…¿Qué era Akaashi para ti?—dije como una ayuda, se veía que le estaba lastimando y que solo quería decirlo.

—Es la persona que más he amado en la vida…

Y fue una sorpresiva respuesta, algo tan fuerte como la palabra amor no era algo que ni Kenma ni muchos hombres dirían con tanta sinceridad. Lo sentíamos, como cualquier persona, pero los hombres somos mas ariscos para admitirlo y sin embargo ahí estaba él con la fotografía aferrada a su pecho. Ya no había lagrimas en sus ojos, tal vez ya había llorado demasiado.

Se tranquilizó a cabo de un rato, la foto volvió a la cartera y supuse que no sería fácil deshacerse de todo de golpe. Hay cosas que se deben sacar a lentitud, como una espina muy encajada. Si haces todo precipitado saldrás más lastimado.

¿Y que pasa contigo?—dijo rompiendo el silencio.

Tengo gripe porque el clima ha cambiado…—comenté con obviedad. Kenma no le hizo gracia mi forma de esquivar su pregunta.

Sabes de lo que hablo pero si aun no quieres admitirlo está bien por mi—se levantó del suelo sacudiéndose el polvo tras juntar un montón de basura y cosas que decidió tirar. Ya me había sincerado con Oikawa, supongo que debía hacerlo con Kenma aunque a sus observadores ojos no había nada que no supiera.

Nos besamos…—dije llamando su atención —y fue tonto…

Siendo ustedes dos debe de ser tonto…—me tallé los cabellos frustrado y quise decir algo pero no podía.

Es que… me encanta, pero es mi amigo.

Kenma no opinó nada, de hecho no esperaba que lo hiciera, después de todo era él. Cuando dejó la basura junto a las demás bolsas volvió a la sala donde ya me había hundido en una especie de estado catatónico o abducido entendiendo mis propias palabras.

—¿Recuerdas que Bokuto fue a casa hace tiempo?—intenté recordar pero ¡Vamos! ¡Dame otra pista! Apenas y recuerdo que he desayunado —hace mucho tiempo fue a hablar con Akaashi sobre un beso y esas cosas…

—Oh…—recordé, nuestro primer beso. Kenma había dicho que Bokuto comentó cosas raras ¿Qué cosas? No quiso decirme y apenas ahora lo recordaba.—¿Y?

—Pues eso…supongo que Bokuto tampoco lo sintió como un juego…

Y el mundo se me detuvo, si, se detuvo todo para mi. Bokuto no tomó aquellos dos besos amistosos como una jugarreta de amigos, entendía que mi pretexto de "saludo de bros" era solamente un pretexto para besarle, lo sabia, siempre lo supo y se mantuvo igual, no se alejó, no huyó, siguió siendo el mismo que solía ser. Ahora que habíamos dado otro paso fui yo quien huyó, quien fue mas débil de los dos. Y si, a esas alturas él debía estar confuso pero ¡Ah! En aquel entonces él estaba en la puerta de mi casa queriendo aclarar todo y ahora no había rastro de él, pero tampoco había rastro mio.

Si fui yo quien lo besó la última vez ¿No de ser yo quien pidiera perdón?

¡Ah! Me dolía la cabeza de tanto pensar y fue Kenma quien azotó un álbum en mi espalda para que dejara de gritar y quejarme. Debía volver al entrenamiento antes de las vacaciones de Navidad y disculparme con Bokuto y volver a ser los de antes, pero…

—Pero…

—¿Qué pasa?

—Yo no quiero que seamos los de antes…

¡Ya! ¡Lo admito! ¡Me ha pillado la vida! Quiero que Bokuto sea mi amigo aun, si, pero también quiero poder besarlo como aquel día bajo la lluvia, también en días de sol o en noches de estrellas y tomar su mano a veces y esas cosas cursis que las quinceañeras ponen en sus diarios, también quiero verlo gritar en películas de terror y observar las hojas del árbol que crece fuera de su casa. Quiero compartir con él todas las cosas que un amigo comparte y a su vez vivir todas las cosas hermosas que viven los amantes.

¿Es eso posible siendo ambos hombres?

Bueno, ahí estaban, o estuvieron, Akaashi y Kenma aunque su relación que era amistosa y romántica parecía mas incierta entre un todo y un nada.

Bokuto tenia razón, el amor es complicado y ¡Oh! Vino a mi esa lastimera frase que dijo hace tiempo, esa donde se negaba a amar a alguien para evitarse problemas. Ahora maldigo a Oikawa y sus problemas maritales pues asustaron a Bokuto del amor.

Me comuniqué con el entrenador esa misma tarde y al día siguiente ya estaba poniendo un pie fuera de la casa con el uniforme deportivo de invierno y la tensión en los dedos. Kenma me deseó buena suerte mientras seguía en sus vídeo juegos, yo en burla le desee suerte tratando de conseguir un empleo. Su cara decía "No ahora, mañana tal vez" pero no importa cuanto lo evite algún día tendrá que hacerlo.

Tras atravesar la ciudad tan llena de cosas navideñas pensé en los regalos y esas cosas que uno tiene que hacer por que socialmente es lo correcto. Me vino a la mente el instante en que Bokuto propuso que fuéramos Santa y duende y me cuestioné si cosas así aun pasarían. Eso ahora dependía de mi.

Llegué al gimnasio y ya habían empezado a calentar para el entrenamiento. Hinata fue a recibirme con su típica alegría mientras Iwaizumi preguntaba como estaba mi salud.

—Fue un resfrío…

—Pensé que los idiotas no se resfriaban…

—¿Tu también dirás eso?—me quejé de la frase cliché y aun cuando miré alrededor noté varias ausencias.

Como se acercan las vacaciones algunos ya han empezado a ausentarse —dijo Iwa y pude notarlo. Apenas la mitad del equipo estaba presente—Ushijima salió de vacaciones con su familia mientras que Nishinoya volvió antes a visitar a su abuela.

A estas alturas sabes lo de Akaashi ¿No?—dijo Oikawa uniéndose a la conversación—declinó totalmente del equipo y se fue a otra ciudad ¿Okinawa? ¿Kioto? No puedo recodarlo.

—Bokuto por su parte pidió retirarse al dia siguiente después de eso, ni idea donde esté y no creo que vuelva hasta entrado el año.

Y ahí estaba mi mala suerte. Bokuto se borró del mapa. ¡Justo cuando lo necesito se esfurmó sin más!¿ Quien se cree? ¿Yo?. Pese a que pregunté y busqué la forma de contactarlo nunca llevaba su móvil consigo, de hecho sonó desde su casillero pues siempre lo olvidaba en ese sitio. Así pasamos los últimos días antes de vacaciones con un lamentable equipo y las canciones navideñas cantadas por Hinata y Kageyama.

—Nos veremos en Enero —dijo Hinata despidiéndose con la mano en alto.

—Espero que santa les traiga muchos juguetes, Chibi-chan, Tobio-chan —respondió Oikawa subiendo a mi auto mientras intentaba quitarse el frío con los guantes—Presiento que nevará pronto.

¿Aquí? ¿En Tokio? No estoy muy seguro…—dije llevándole a casa. El largo trayecto fue sobre escuchar sobre Kiyoko y lo fantástica que era.

La acompañé a una excursión de su escuela, no soy muy fan de los niños pequeños pero tuve experiencia gracias a mi sobrino —dijo con orgullo.

—Eso significa que a Kiyoko le gustan los niños, debes estar listo —comenté y Oikawa se perdió en sus pensamientos, gracias al cielo.

Pasamos, en el trayecto, a aquel descampado donde Bokuto había arrojado sus pantalones. Me preguntaba donde se había metido, posiblemente estaba en su casa, ¿Estaría bien que lo visitara? Tal vez…

Tal vez…

Tal vez…

Tal vez solo debería dejar que las cosas siguieran su curso y tirar todo por la borda nuevamente. Después de diez años aquí debe ser la parte en la qe termina nuestra historia, la épica historia de una amistad entre cuatro hombres que tomó un camino que nunca debió haber tomado. Si hubiéramos permanecido siendo amigos nada de esto habría pasado.

—Kuroo…—Oikawa me tronó los dedos, ya habíamos llegado a casa —siento que he estado hablando con el aire desde hace un rato. Si te ibas a poner asi por él debiste decir las cosas antes de que se largara.

—¿Tu sabes a donde se fue?—Oikawa río mientras bajaba del auto.

—No realmente … pero se que debiste liarla para que lo hiciera —hizo un símbolo de amor y paz mientras e daba la espalda—Bye-bye.

Golpee mi cabeza contra el asiento y tomé aire frustrado nuevamente. Habia olvidado que Oikawa no era para nada esa clase de amigo que te haría sentir mejor pero se que el karma se vengaría de su desgracia y luego de mis malos deseos cuidando de él.

Pasaron los días y nos preparamos para la fiesta navideña, era época melancólica de buenos recuerdos. Llegamos a primera hora a casa de Yaku con unas cajas de regalos y algunas botanas que el experto de Kenma había seleccionado. Yaku nos recibió, como una abuela que recibe a sus nietos y tiró de las mejillas de Kenma reprendiéndole después por su largo cabello. La esposa de Yaku estaba ahí, era tan hermosa que mas de uno en su facultad quiso desposarla pero Yaku alzaba el pecho orgulloso presumiendo que sus encantos la habían cautivado. Ella ríe, una risa angelical, y dice que fue mas bien lo pequeño y adorable que era Yaku lo que la conquistó.

Kenma es la nueva distracción de Hori quien peina su cabello con trenzas, broches, moños y flores diciendo que es una princesa, él solo hace caras graciosas ante los jaloneos y aun cuando la madre intenta detenerla Kenma dice que no hay problema mientras vuelve su vista a su vídeo juego.

Es una fiesta muy americanizada, demasiado para un grupo de japoneses, la realidad no importa lo que estemos celebrando, lo importante es que todo Nekoma está de nuevo reunido, o casi todo.

Yaku se asoma por la ventana y sonríe, va a prisa a la puerta haciendo que el viento fresco entre a casa, con el una persona que nuestros ojos no veian hace asi ocho años. Tuvo que agachar la cabeza para entrar y saludó alzando la mano al aire. Todos abrimos los ojos con sorpresa, hasta a alguien se le cayeron las frituras de la impresión y los ojos de Lev se llenaron de lagrimas.

—Los extrañé, chicos…—le recibimos, la más cálida y fuertes de las bienvenidas en un frío invierno. Hasta Kenma tenia los ojos rojos y Lev tomó aquello para hacer burla.

Ahora era una hermosa y sentimental navidad, al fin había una buena cosa para ameniza esos caóticos días.

Lev nos contaba que había permanecido en Moscú esos años. Había tenido problemas ante la separación de sus padres y fue enviado a Rusia junto con su madre. Sin embargo su relación con su madre era delicada, la mujer estaba muy enraizada en las viejas creencias Rusas y cuando Lev se unió a algunos movimientos igualatorios se tiró a la sociedad Rusa y a su madre encima.

Sigo en el deporte pero también soy un activista…—dijo comiendo papas fritas —estoy a favor de igualdad y derechos en todas las ramas.

—¿Apoyas mujeres, niños, ancianos y esas cosas?—preguntaron, él asintió..

—Tambien a las personas con orientación e identidad sexual distinta…—algunos hicieron un "Oh" de sorpresa mientras que Kenma puso esa mirada de estar interesado en el tema.—a las personas en Rusia las reprimen demasiado y aun cuando amo su cultura tienen a la discriminación como una costumbre.

—Eso es terrible —comentó Yaku—aunque no es diferente a nuestra sociedad, supongo…

—Es diferente, Yaku-san—dijo con dolor —las personas se sienten con derecho de golpear y acribillar a aquellos que no sigan los estándares y no hay una regulación pues el gobierno mismo está de acuerdo. —hizo una pausa —Yo quiero que esas personas sean libres…

Lev…

Y fue heroicas sus palabras, y en cada una de ellas había cierta madurez que había adquirido con los años. Ya no era solo el tipo larguirucho que gritaba "Soy el ace del equipo" ahora era un tipo en sus veinticinco que luchaba por la libertad de las personas en un país opresor. No me extrañaría de ver su nombre en revistas, de ser temido por aquellos que no eran activistas y lograr grandes cambios en un país aun más inmenso. Pero empezando por algo pequeño, tal vez es Lev quien pueda ayudar a Kenma a entender muchas cosas sobre el tema.

¿Soy yo o algo bueno podría salir de esto?

Bueno, empecé a suponer que las navidades traían buenas nuevas para todos y mientras me daba de pequeño regalo un cigarrillo y el humo del mismo se fusionaba con el del frío de la noche. Todos adentro reían y yo veía las casas de los vecinos iluminándose con luces parpadeantes como una especie de danza mágica.

—Feliz navidad…—dije al viento y el sonido del celular me respondió.

Una llamada extraña de un numero desconocido me hizo alzar una ceja y aun cuando pensé en solo colgar un error motriz, o milagroso, me hizo contestar. Rodé los ojos por mi error y aproximé el auricular a mi oído para contestar, había un poco de ruido al otro lado, como una ventisca golpeando contra la ventana.

—Bue-

—Bro…—y mi corazón se detuvo, y esa batalla de mariposas volvió. Mi pecho tembló, mis ojos se abrieron y su gruesa voz alteró todo en mi. —¿Me equivoqué de nuevo?

—Bro, bro…soy yo… hey —él suspiró al otro lado, yo hice igual mientras reía como un bobo.

—Después de cinco intentos al fin pude recordar tu numero, soy un asco recordando números y para colmo perdí mi celular—dijo hablando rápido, como siempre hacia —además hace un frio infernal y estoy en una caseta telefónica muy güay

—¿Dónde estás?—reí, no había muchos lugares cerca donde el frío sea tan alto o inclusive caiga ventisca.

En todos lados, soy algo así como omnipresente…pero no, no importa—se corrigió— solo no quise dejar ir la oportunidad—hubo una pausa, el sonido de que se acababa el tiempo se escuchó —oh, malditas monedas ya no me quedan más…

Bro…—quise disculparme, pedirle que volviera, que las cosas serian como antes, que aun había esperanza de arreglar las cosas, volver a decir que aquel beso había sido un juego, mero impulso pero eso seria mentirle, eso seria mentirme y ya estaba cansado de eso. Solo pude decir lo que cualquier persona puede decir en un día así —Feliz Navidad.

¡Ah! ¡Me has ganado! ¡Feliz navidad, Kuroo!

Y la llamada se cortó, y mis manos temblaban tras haber recibido el mejor regalo de todos. Él estaba bien, él estaba feliz, él seguía siendo él y yo aun seguía siendo parte de su vida. No sé, cosas buenas pueden pasar en el día de la Navidad.


Pensar que escribí este capitulo poco después de la navidad del año pasado y apenas publiqué, otro poco más y coincide con el de esta navidad pero no quise esperarme más. ¡En fin! Cosas que pasaron por mi mente en ese momento: quise profundizar más sobre la vida de Lev pero me contuve, había tenido la idea de ponerle una relación estable con una chica trans pero sería alargar demasiado sobre detalles que no tendrían gran relevancia a la larga pero como ustedes siempre tienen preguntas pues esa es mi respuesta ¡Lev tiene una bonita relación en Rusia! Está siendo muy feliz en medio de sus propias batallas.

Algo que destacar y que amé en este capitulo fue que Bokuto recordara el número de Kuroo (después de varios intentos) ¿Recuerdan que comentaban que él odia recordar números? So...me hizo feliz escribir eso.

Muchos comentarios de autor por hoy, me emociona hacia donde va la historia y hasta el día de hoy ya tengo hasta el capitulo 15 pero iré liberándolos poco a poco. Gracias por su preferencia, espero que cuando esté terminado lo suba a Wattpad

-Vocu