En el capítulo anterior de la gran boda 2…
—¿por qué tan sola, Eloise? —le inquirió el andorrano al ver a la monegasca mirar abstraída los detalles de la capilla.
—Simplemente miraba, a veces me gusta caminar por los pasillos del Grand Palais y mirar los detalles… sin embargo, a veces me siento más a gusto entre la sencillez de estos muros que en los pomposos cuartos de mi casa.
—un día de estos debería invitarte a conocer el palau del consell —le respondió el andorrano— es una hermosa construcción, algo tosca y vieja por los años, pero tiene un encanto y un no sequé que me recuera mucho a mis días de infancia cuando pastoreaba mis cabras.
La monegasca sonrió.
—¿y Edward?
—está ocupado, y no es que me guste mucho interrumpirlo. — le respondió la monegasca—además, lo mejor para nosotros dos es conservar nuestros espacios.
—personalmente nunca te dejaría sola ni un segundo, no sé,… puede sucederte cualquier cosa, dios no lo quiera.
—no deberías preocuparte tanto, mon amie Andorre, puedo cuidarme perfectamente sola.
ADVERTENCIA DEL AUTOR SOBRE ESTE CAPÍTULO:
Este capítulo es especialmente crudo y subido de tono, y ciertamente el más explícito que se haya escrito en . Contiene mucho lenguaje subidito de tono. Eso sí, este capítulo solo es recomendado para mayores de 18 años o más. Si el querido lector aun desatendiendo la advertencia, es menor de este rango de edad y desea leer, hágalo por su propia cuenta y riesgo. No quiero reclamos de "que degenerado", "es peor que Francia protagonizando una peli porno" entre otras. Repito: esto es demasiado fuerte, que prácticamente he superado mis retorcidos y abyectos límites, y que incluso cualquier fantasía que Hungría haya tenido quedaría como un simple paseo por el parque…
No me hago responsable por los efectos psicológicos secundarios como pesadillas, traumas, posesiones demoniacas, y demás… el estado de la ciudad del vaticano no se encontrará disponible para confesiones y exorcismos, pues estará sacándole el demonio a Suiza para luego meterlo al infierno (de hecho, como que le gusta mucho a suiza que el vaticano le "saque el demonio y lo meta al infierno" ahí están pintados ese par de morrongos cochinos).
Hasta el momento agradezco a los lectores y lectoras de México, Chile, Argentina, Perú, España también a los lectores de Rusia (spasibe, vanya!) y otros países. Agradezco en especial a Mizuki-makino-sama quien ha seguido esta loca saga tan llena de romance, acción, intriga, peleas, piratas, tsunderes, yanderes, franceses y escoceses pervertidos, Kilts, y todas y cada una de las cosas narradas aquí que sé que seguro gustarán sin encasillarnos en el spa/romano o en el Ger/Ita (pero tampoco sin dejarlo de lado).
No siendo más los dejo con este retorcido y calenturiento capítulo, especialmente para ustedes. Muchas parejas sorpresas, y algo de Ger/Ita, con Seme! Italia. También Feli merece ser seme aunque sea una vez, ¿no creen? (el autor sonríe de forma muuuy pervertida).
Escrito el 11/ agosto de 2012 a las 7:16pm.
He superado la barrera de las 10.000 palabras, por lo que agregado a las notas de autor, notas suplementarias y advertencias este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora. Corregido, revisado, recontra revisado, archirecontrarequetecorregid o y recontrarequetearchirecontra revisado puedo considerar este capítulo en especial como mi obra maestra. Bueno, disfrútenla, porque tantas noches en vela y tantos regaños de mi madre y mi hermana por estar pegado a mi laptop, espero que valgan la pena.
Capítulo 11: Y adiós a la soltería.
Después del incidente con Juan Pablo, susto por el cual todos dejaron sus ocupaciones en ese momento, todos habían regresado a sus quehaceres. Francis en especial tenía muchos quehaceres.
Debido a la reticencia obvia de Lovino (por no decir fobia), Francis se estaba ocupando del vestido de boda de su gran amigo, agregado a eso que tenía que planificar la despedida de soltero de Antonio, como "madrina" que era de la novia. Y entre encajes, telas, agujas, hilos de plata, ajustados corsés, alfileres y demás Francis intentaba pensar que le gustaría a Toño para su última noche de soltería. Que difícil era a veces ser padrino, o en este caso ser la "madrina": elaborar 10 vestidos de diferentes tonalidades para cada uno de los latinos que habían sido escogidos para "damas de honor", organizar y arreglar el vestido de "novia" de Toño, coordinar su despedida… en fin de cuentas sí que era mucho trabajo. Algo se le iba ocurrir.
—AHH, MERDE! —se quejó fuertemente el francés después de pincharse con una aguja mientras bordaba el corsé del vestido.
Se chupó el pinchazo de aguja y la sangre que emanaba de su dedo, mientras buscaba a tientas una bandita que le sirviese para tapar la minúscula herida.
—No te desconcentres tanto Francis. —le reclama su hermana, la cual estaba en una máquina de coser rematando y cosiendo un vestido tonalidad aguamarina.
—Dios, es que el idiota de Toni debería de hacer su propio vestido, él había dicho que era tradición de su casa que la novia lo hiciera.
—míralo por el lado amable Francis, —le respondió Eloise— él se encargó del diseño del vestido, y tú sabes que Antonio es algo torpe con la aguja y el dedal.
Ah, sí. El recordaba con algo de fastidio que Alonso, el antiguo reino de Aragón lo había adiestrado en todas las artes, salvo en la costura. El "gran idiota Aragón" decía que "aquellas labores solo eran para las mujeres o para los franceses, que no se diferencian en mucho". Sin embargo, Castilla era diestra y ágil con la aguja y el dedal, así como lo era con la espada. Era inevitable recordarla. Y doloroso a la vez, porque quizás la que fuese madre de su amigo hubiera estado en esa misma posición en la que estaba ahora: sentada, mirando a la ventana, mientras bordaba con hilo de oro el vestido de su futura boda con Alonso.
Sin embargo, deja de lado la costura y empieza a pensar… ¿Qué le gustaría a Antonio para su despedida?, pues aparte de que ese condenado y sexy trasero tendría ya dueño, tendría que ver cómo poner feliz a Toni sin tanto escándalo, pero también sin ser un pacato tacaño.
—mon chérie Eloise… la verdad no sé qué hacer para la despedida de Toni… No se me ocurre nada.
—algo se te ocurrirá, Francis. —le animó su hermana— quizás necesites alguna ayudita, tal vez de ciertas amigas mías.
—¿estás hablando de Elissa o de Charlene1?
—Charlene no puede, tu sabes porque. —le respondió su hermana— en cuanto a Elissabeta, ella estaría encantada de ayudarte, conoce mucha gente que puede dar un buen espectáculo
El francés tuvo una genial idea. Un bombillo muy rojose iluminó en su insana cabeza.
—se me ha ocurrido algo hermanita querida, pero necesito que me consigas muchas diademas con orejitas monas de gato, de perro, también de conejito… y llama a Eli, necesitaremos mucha gente, —luego agregó— también necesito vestidos de maids… todos los vestidos de maids que puedas conseguir.
Y una sonrisa nada sana se dibujó en el rostro del francés, una sonrisa tan pervertida que prácticamente rompía un espejo con solo mirarlo y aterraría al pacato (mas no tan santo) estado Vaticano.
Mónaco no se atrevió a preguntar lo que planeaba su hermano. Pero mientras no involucrara a su novio, no tendría problema alguno.
Entre tanto, en otro lugar del castillo…
Renato se encontraba precisamente en el mismo predicamento. Como padrino que era del novio, una de sus obligaciones era preparar la despedida de soltero. Ah, sí, esa maldita despedida de solteroque le estaba devanando los sesos desde hacía ya dos días.
—ehhh… Fabriccio, ¿se te ha ocurrido algo?
—no me preguntes nada— respondió el rubio de ojos purpura.
—maldición, no se me ocurre nada para la despedida de Lovino y esa maldita despedida tiene que ser hoy, no sé qué hacer.
Su amigo por lo visto estaba más relajado, aunque por lo general era al contrario: él era el chico bueno, calmado y sensato, mientras que su amigo era impulsivo, algo neurótico y temperamental. Definitivamente el mundo si estaba al revés, pues ahora el que estaba de genio de locos era el pobre maltés de cejas espesas, las cuales se amontonaban en un peculiar ceño fruncido que causaba algo de gracia.
—Renato, de verdad Arthur te perjudicó muy feo con esas cejas. —le afirmó san marino a su gran amigo conteniéndose a duras penas de la risa.
—de verdad, ¿te causan tanta gracia mis cejas? —contestó irritado el maltés.
Fabriccio no pudo evitar reírse, atacado por escandalosas carcajadas al ver a su amigo enojado. No lo podía evitar, Renato se veía tan gracioso (y algunas chicas decían que tan encantador) iracundo que no podía evitar estallar en risa.
—perdóname meri amico Renato… pero causas gracia cuando te enojas —exclamó el sanmarinense con dificultad, después del violento ataque de carcajadas.
—creo que me estás contagiando tu temperamento —exclamó el moreno— a este paso, tendré que cambiarme el nombre a Fabriccio
—Ja, tú también estás haciendo lo mismo —respondió el de tez clara— aunque el nombre de Renato no es que me quede tan mal…
Los dos se echaron a reír. Así eran los dos, sin importar lo que pasase, su amistad era tan férrea como el mismo hierro.
Sin embargo, el problema radicaba en qué hacer para la despedida de soltero. Bueno, el año pasado habían salido de ese impase con una reunión informal bebiendo varias botellitas de vino en el "príncipe de malta". Sin embargo, el "príncipe", el nene consentido de Renato Kirkland se encontraba en esos momentos anclado en la capitanía de puerto de Barcelona.
—lo más sencillo es hacer una pequeña fiesta a bordo en el "príncipe", ¿no crees?
—No pienso hacer lo mismo del año pasado, ¿crees que es fácil navegar embriagado en altamar? —le contestó sarcástico el moreno de ojos ambarinos.
—el año pasado la fiesta se hizo con el velero anclado a un muelle, podemos hacer lo mismo…— le replico el rubio de rizo dorado y ojos violetas
—bastante tengo con confiarle a Jordi mi "príncipe" —Afirmó el maltés de ojos ambarinos— pero de ahí a armar una fiesta en él, jamás.
Dicho esto irrumpe en el cuarto en el que estaban el gallego de cabello cobrizo y ojos verde azulado.
—¿problemas con la organización de la despedida?... — inquirió el gallego.
—dime Esteban, ¿de qué problemas estás hablando?...
—no me creas tan caído del zarzo Renato —le respondió Galicia— sé que es tu responsabilidad preparar la despedida de soltero del novio, y considerando que Lovino es el novio…
—qué quieres a cambio —le inquirió el sanmarinense serio,
—mmm… no sé, tal vez unos días que Renato me preste el "príncipe" y les ayudo con gusto
—NI LOCO TE PRESTO A MI NENE, NO DESPUÉS DE LO QUE HICISTE CON "ESPIRITU DE LA VALETTA"! —espetó el maltés colérico y aterrorizado.
(nota del autor: el "espíritu de la valetta" era el velero gemelo del "príncipe de Malta". Malta se lo prestó a Galicia para una regata, mas sin embargo el velero termina gravemente dañado. El pobre Renato tuvo que declararlo en pérdida total y llevarlo al desguazadero. Lloró. Lloró como María Magdalena cuando lo desguazaban, y estuvo inconsolable durante días)
—prometo cuidarlo mucho… no le haré daño
—eso mismo dijiste la última vez
—YA BASTA, DEJA DE CHANTAJEARLO, MALEDIZIONE! —Le espeta el italiano de ojos purpura.
El carácter de San Marino podía atajar casi cualquier cosa. Si, a veces un tsundere con carácter sensato hace milagros.
—si quieres ayudar, hazlo —le dice el sanmarinense— pero si intentas hacerlo con otro tipo de intenciones, lo siento mucho pero tu ayuda no sería muy útil.
El gallego ni se inmutó con la cruda declaración de la representación del microestado2.
—está bien, está bien, los voy a ayudar —exclamó agobiado el gallego— conozco un excelente bar en Toledo que puede servirles para la despedida.
Sin embargo, el maltes estaba serio y con el ceño fruncido. El sanmarinense conteniéndose de la risa le dice a su amigo
—Renato,… ¿Cómo se dice?
—Gracias… idiota.
No es que se caigan mal, valga aclarar. El hecho está en que Renato no suelta al "príncipe" a cualquier idiota. En especial si ese idiota era Esteban.
Entre tanto, esa misma noche en el hotel…
Juan pablo se encontraba mortalmente aburrido. Lo único que hacía en esos momentos era mirar ociosamente la televisión: noticias, series, miniseries, películas, comedia, concursos, en fin. Nada interesante.
Su rodilla estaba mejorando a pasos agigantados, pero no quería arriesgar a moverla. No quería terminar de tirarse la lesión. Pero sin embargo estaba el hecho de que la boda de Lovino y Antonio era ya mañana. Y el aburrimiento no cedía en mínimo, que le podía hacer. Sin embargo, recordaba con vaga claridad cómo le había apretado con fuerza la mano a José. Y si, sabe que tiene mano "muy pesada" y que aprieta muy fuerte, debió de dolerle. Y por eso no era que quería contarle a nadie por haber hecho pasar a Enrique, a José y a los demás con respecto a aquel dolor. El mismo se mete en sus problemas, así como el mismo debería solucionarlos, por eso su franca hostilidad a que los demás interfirieran, mas sin embargo en ese momento no podía negar que a veces necesitaba de la ayuda de sus hermanos en esos momentos. De no haber sido por Enrique, José, Andy y los demás su infección se hubiera agravado.
Sin embargo, en ese momento alguien tocaba la puerta de su cuarto.
—Siga —dijo el colombiano con algo de desgana, quizás era los de servicio a la habitación que le traían algo de comer, u otra cosa.
No se había percatado aun del chico de cabello castaño fuego, ojos color ambarinos, un rizo en forma de S, vestido solo con unos ajustados boxers transparentes, una camisa de enfermero de color blanco y un estetoscopio. Y cuando Colombia vio a Venezuela dos pensamientos cruzaron por su mente:
—¿Qué rayos hace José vestido así?... —y luego pensó — aunque no puedo negar que se ve bastante bien como enfermero… espera, con un demonio, es tu hermano, tienes novia, ¿en qué carajos estás pensando?
Aparte de que el venezolano se veía condenadamente sexy, en especial ese hipnótico y atractivo trasero que tenía (por el cual más de una, inclúyase Francia, botaba la baba), agregado a la soltura con la que se acercaba, Juan Pablo se encontraba perplejo. Y eso que era su hermano, nunca lo había visto así jamás.
—Veo que el paciente se encuentra un poco mejor, —exclamó serio aunque de forma taimada el venezolano — sin embargo, necesita algo de terapia…
—Yo no necesito terapia, Doctor… —contestó sonrojado el colombiano — estoy perfectamente, de maravilla.
Sin embargo, el venezolano simula tocarle la frente, como si le tomase la temperatura, mas sin embargo con la otra mano toca otra cosa.
—veo que tiene usted la temperatura muy baja, señor Márquez Botero, déjeme revisarle el pulso.
Se acercó a la cama, mientras el colombiano se encontraba incomodo, algo sonrojado y para colmo de males empezaba a excitarse…
—por el amor de dios, es mi hermano, es un hombre… no es correcto, no es correcto, maldición, no quiero pero este idiota se ve tan sexy, CARAJO, dios porque me pones en estas… —espetó mentalmente el colombiano mientras el venezolano le desabotonaba la camisa, pasando una de sus cálidas manos con sensualidad por entre sus piernas haciéndolo excitar aún más. Cuando le terminó de desabotonar la camisa, el venezolano ya estaba sentado en horcajadas de la cadera del colombiano, y el bulto del bóxer de este último era más que evidente.
Se acercó al pecho de Juan, auscultándolo con el frio estetoscopio. Sin embargo, se quitó este, auscultando al oído los latidos del colombiano, cuyo corazón estaba al mil.
—José… aparte de que eres mi hermano, tengo novia
—No me importa.
—nuestros jefes no es que se quieran mucho
—eso es mentira —respondió el venezolano con un sutil y sensual acento — pero si fuera verdad tampoco importa.
—sé que ocultas guerrilleros en tu casa…
—no me importa.
—tu jefe no me agrada.
—no me importa…
Sin embargo, el venezolano decidió lanzarle una contraofensiva verbal, para saber si le gustaba o no a Juan aquel juego.
—Juancito, tu estarás abajo.
El colombiano lo pensó. Y en cierto modo, aceptó su realidad. No tenía escapatoria, mas sin embargo, eso no lo consideraba importante.
—No me importa — contestó sonriente el colombiano.
Siguió con el juego. Simuló tomarle de nuevo la temperatura y emitió su diagnóstico.
—Definitivamente, necesitas terapia… y si las cosas siguen a ese ritmo, mucho me temo que tendré que inyectarte.
—Cualquier cosa menos eso, doctor.. —suplicó el colombiano — inyecciones no.
Dicho esto, le quitó el bóxer, dejando ver el palpitante y erecto miembro del colombiano, el cual masturbó con rapidez, estimulándolo con sus cálidas manos, con agilidad inusitada, pasándolo una y otra vez por su boca, lamiendo aquí y allá, incluso en las zonas más recónditas de la intimidad de su hermano menor. Juan no había sentido tan exquisito y delicioso placer, se dejó llevar por el momento, dejó que José hiciese lo suyo, mientras la humedad de su lengua invadía sus regiones vitales. La rodilla seguía allí, obviamente molestando, pero el placentero momento valía la pena
Ambos estuvieron en esa posición, por un espacio de quince minutos, hasta que José, después de emitir su diagnóstico, quitarse la ropa interior y limpiarse la saliva de la boca dijo:
—con eso ya es suficiente, así que ya es hora de la inyección.
Le levantó con cuidado la pierna izquierda, izándole una de las nalgas. Quería hacerlo si, pero no quería terminar de perjudicar la rodilla de su hermanito. Venezuela sonrió de forma pervertida y sucia, y Colombia no supo que hacer o decir. Simplemente una sutil y suelta sonrisa fue la respuesta.
Y a Juan no es que le gusten mucho las inyecciones… en especial ese tipo de inyecciones. En especial con la portentosa jeringa del venezolano, que estaba viendo en ese preciso momento, toda erecta y ansiosa del trasero del colombiano. Y no estaba en posición de hacer pataletas en ese momento… así que tuvo entonces que resignarse a que lo inyectaran.
Entre tanto,… en otro lugar.
Ludwig se encontraba en ese momento en una de las terrazas del castillo mirando el prístino cielo nocturno de la campiña castellana. Obviamente estaba pensando en ese momento nada más y nada menos que en su hermano Klaus y sus quereres con Jordi. Y obviamente en Feliciano. Podía decir que prácticamente la vida de casado lo había cambiado mucho: con ya un año de convivencia, podía decir que sonreía con un poco más de soltura, era un poco menos severo, así como Feli era un tantico más sensato y responsable. Aunque valga decir que la convivencia pre-matrimonial sirvió mucho en eso, y también algunos consejos de "Su-san" sobre cómo ser un buen esposo. Sin embargo, también no podía negar que le habían entrado las ansias de tener hijos.
Prusia había subido a la terraza, al ver a su hermano menor allá. Tenía en la mano un sobre.
—West, ¿Por qué tan solo?, Ita-chan debería estar contigo.
—a veces es mejor que cada uno conserve sus espacios, Preussen —le contestó su hermano menor — además, creo que estará en la despedida de soltero de Romano y lo mejor para él es que comparta el mayor tiempo posible con su bruder.
—Bueno, en todo caso creo que Ita-chan acaba de dejarte esto. —le dice el prusiano extendiéndole el sobre — me dijo que no lo podía abrir y que solo podía entregárselo a ti.
—Danke, Mein bruder —contestó el alemán.
—kesesesesese, creo que necesitarán de mi asombrosa presencia en la despedida de Antonio, si no voy eso será peor que un velorio… ¿vienes conmigo o te quedas?
—lo mejor es que me quede, estoy cansado y voy a descansar.
Alemania abre el sobre y lee con atención las escuetas líneas del mismo, escritas en una pulcra caligrafía manuscrita.
Sigue el camino de luces y rosas, al final tendrás una recompensa.
Con todo mi amor
Feliciano.
Al bajar por las escaleras notó que habían unas velas encendidas, y que varios pétalos de rosas rojas estaban esparcidas por los peldaños. Bajó las mismas, encontrándose un sendero completo de pétalos de rosas y velas, que lo dirigían por pasillos y corredores hasta el exterior del castillo, llevándolo al patio de armas. Luego, estaba allí estacionado el auto de alquiler, rodeado de cuatro antorchas y con una nota pegada en la ventanilla.
Conduce y sigue las antorchas.
Hizo lo indicado y salió del castillo, conduciendo por la carretera, siguiendo el camino de antorchas que lo habían llevado al pueblo, y aun no acababa allí, pues las mismas lo conducían al hotel. Al bajar del automóvil, un Valet parking toma el mismo y lo estaciona, y uno de los botones le dice.
—Señor Bielschmitchd, me han pedido que le entregue esto.
Un sobre sellado, Ludwig lo abrió y leyó el nuevo mensaje.
Te estoy esperando en el restaurante del hotel, pero debes lucir elegante.
Adentro del sobre hay unas llaves, dirígete hacia la habitación, hay una sorpresa para ti.
Con todo mi amor
Feliciano.
Hizo lo indicado. Subió al cuarto y se encontró con un elegante traje de etiqueta extendido en la cama. En uno de los bolsillos se encontró una nota. La leyó.
Te espero en el restaurante en 20 minutos.
Feliciano
Se aseó, se arregló, se puso el traje de etiqueta, compuesto de frac, pajarita y corbatín color marfil, además de un par de mancuernas plateadas en forma de águila, su símbolo nacional. Listo, peinado, arreglado y perfumado bajó al lobby del hotel y se dirigió al restaurante en donde Italia le estaba esperando, vestido de pulcro y elegante traje de etiqueta color blanco marfil, con una resplandeciente sonrisa, y un espléndido ramo de rosas entre sus manos. El restaurante se encontraba solo, y aparte de Feliciano se encontraba un solo mesero, una botella de vino, a la luz de las velas en la mesa.
Ludwig se acerca hacia la mesa, y su "esposa" toma la iniciativa al besarlo dulcemente. Recibe el ramo de rosas.
—Feliz primer aniversario, amore mío —le dice alegremente Italia a Alemania.
—no sabía realmente lo que…
—lo tenía planeado desde hacía ya tiempo, pero con el matrimonio de mi fratello los planes se me habían cruzado. —contestó el italiano — ¿quieres ordenar?
Se sientan ambos en las sillas dispuestas en la mesa, y el alemán se dispone a ordenar.
—ehh, si, tráiganos dos platillos de pasta en salsa napolitana… —le dice el alemán al mesero pero Feliciano se le anticipa.
—en serio, ordena lo que tú quieras —le dice de forma cariñosa su esposo al alemán.
—Está bien. —luego dijo al mesero — mejor solo una orden de codillo de cerdo con puré de patatas y choucroute3de acompañamiento, también algo de tinto seco, y de postre tarta de la selva negra.
El mesero tomó la orden, luego se dirigió al italiano de cabello castaño y rizo.
—¿y el señor Vargas que desea ordenar?
—pasta en salsa napolitana, ossobuco en salsa con rissoto de nueces y almendras como acompañamiento, el mismo tinto seco que ordenó mi esposo y de postre un gelatto de fresas silvestres y frambuesas.
—sabes lo que te pasa cuando comes demasiado gelatto, ¿no? —le advirtió serio el alemán.
El italiano sonrió y atendió la advertencia del alemán.
—está bien Ludd —exclamó de forma triste el italiano, mas sin embargo le dice al mesero — mejor no sirva el Gelatto, también tráigame una porción de tarta de la selva negra, de la misma que pidió mi esposo.
El alemán no podía negar que aquel detalle había sido con mucho esfuerzo. Los pequeños detalles, que llenaban de encanto y de un romántico secretismo la velada eran tan espontáneos, tan sutiles, tal y como a Alemania le gustaban. Prácticamente Feliciano se tenía guardado ese as bajo la manga.
Cenaron en silencio, analizándose concienzudamente, mientras se compartían mutuamente los platillos de forma dulce, aunque Feliciano rechazó el segundo bocado de choucroute, pues consideraba que estaba muy agrio para su paladar. Ya para el final, compartieron mutuamente la porción de tarta de selva negra que les habían servido de forma dulce y dedicada, bebiendo a sorbos el tinto seco.
—y bien, ¿Qué te pareció?, no es como lo que tu esperabas pero puedo…
—me pareció excelente Feliciano. —le respondió sincero el alemán — no creí que de verdad hicieras todo esto para mí, solo por celebrar nuestro aniversario.
—siempre lo tuve presente, es nuestro primer año.
—si, nuestro primer año juntos…
—como marido y mujer…
Los dos sonrieron nostálgicos. Tantos años de convivencia los habían llevado a ese punto. Habían vivido juntos tantas cosas, que era inevitable que terminaran así, juntos, felizmente casados, viviendo el uno para el otro, sin importar lo que sucediera o pasara.
—ven conmigo, nuestra celebración no termina aquí —le dijo Italia a Alemania, mientras lo llevaba del brazo, y lo orientaba hacia una de las habitaciones del hotel.
Al llegar se encontró con una cama, adornada con pétalos de rosas blancas y rojas, mientras varias velas aromáticas encendidas le daban una esencia sutil de flores silvestres al ambiente. Se desvistieron lenta y pausadamente, besándose sin prisa, con pausada tranquilidad, disfrutándose de cada uno, recostándose ambos con lentitud en la cama, hasta que quedaron totalmente al descubierto, listos para ese momento final, ese momento especial por el que Feliciano había preparado todo tan minuciosa y delicadamente, y por el que Ludwig había seguido un largo camino desde el castillo de la mota en donde todo estaba preparado para el matrimonio de su cuñado y del amigo de su hermano.
Sin embargo, los besos y caricias se detienen.
—¿por qué paras?
—la verdad yo… quiero —el italiano se sentía algo cohibido con lo que iba a decir.
—simplemente dilo —dijo Ludwig algo serio, lo que intimidó a su "esposa".
—simplemente quiero estar arriba esta vez —le respondió Feliciano algo cohibido— pero si hay problema con eso, mejor dejemos las cosas así.
El alemán no dijo nada al respecto. Sonrió, era lo justo. Las cosas tenían que ser equitativas entre los dos en todos los aspectos, no dejarse llevar por la monotonía rutinaria que los llevaría a la desesperación, al tedio y por ultimo al fracaso.
—si es lo que quieres, yo no tengo problema con que estés arriba en esta ocasión —le contestó Alemania— tengo que ser justo contigo.
Al italiano se le iluminaron los ojos de felicidad al oír esas palabras. Se acomodaron de la forma más cómoda posible, y luego el italiano le musitó al oído a su esposo
—prometo no hacerte daño.
Y dicho esto, lo embistió. Y fue incomodo al principio para Ludwig, pero no dolió.
Entre tanto, en cierto bar de Toledo…
Renato, Esteban y Fabriccio se encontraban en el bar ultimando los detalles de la despedida de soltero de Lovino. Nada oneroso, así que quizás la sorpresa que tenían preparada para el tsundere sus dos hermanos y su "cuñado" no podría salir. Lástima por la pobre modelo, la cual era atractiva a mas no poder, y por la que Esteban estaba prácticamente botando baba, con una curvas de infarto, un hermoso rostro y un busto bastante atractivo.
—Cariño, me duele decirte esto pero no vamos a poder contratarte —le dice dolido el gallego— cuestiones de presupuesto de cierto tacaño maltes
La modelo hace un puchero.
—don Esteban, usted sabe que yo no tengo problemas con el pago a crédito, usted sabe que con esta crisis una acepta lo que sea, cualquier trabajito que haya.
—corazón mío, quizás podría contratarte para un reservado pero la palabra de mi amigo Renato es ley.
Sin embargo, Fabriccio insiste con su amigo aceptar la propuesta de Esteban de la chica que habían contratado para la presentación.
—Mira, podemos aceptar los servicios de Paulina, es tan hermosa y la pobre está tan necesitada.
—no me fio de Esteban y tú sabes porqué— le respondió el maltes— y yo soy el padrino de Lovino, así que yo soy el que decido al final.
—pero tú no eres el único que asistirá a la despedida, aparte de Lovino— le contrapunteó Fabriccio a su amigo— también irán muchos de los latinos a la fiestecita
—que yo sepa serían Luciano, Pedro, Alonso y Carlos. —intervino el Gallego— sin contar con invitados de último minuto
—¿a quién demonios te refieres?
—quizás Bastian venga a la despedida —le dijo el sanmarinense— o quizás vengan los gemelos, o Roderich, tal vez Alphonse, no se...
—por el amor de dios, si viene Bastian, también vendrá Greta y no quiero que se ponga celosa —replica preocupado el representante de Malta. —y si no viene, el bastardo de Bastian le vendrá con el chisme a Greta y créeme, lo menos que quiero es tener problemas con mi novia.
—¿no que Greta era algo más relajada y liberal? —exclamó ácidamente el gallego
—sabes bien que me rijo por principios muy rectos —le espetó serio y desafiante el maltés— antes que nación fui una orden militar y religiosa.
—lo mismo que Prusia, si me sé tú maldita historia, a la porra con tu rectitud, es el siglo XXI hombre —le contesta el gallego sarcástico.
Y como dice el dicho: tanto que golpea la gota a la piedra que la rompe. Renato aceptó y prepararon a la hermosa modelo para el show de despedida en el bar. Esteban Fernández Carriedo 1, Renato Kirkland 0.
En ese mismo lapso de tiempo, pero en otro lugar….
En los camerinos de un bar en Medina del campo, se estaban arreglando varios jóvenes y varios hombres para un show de "despedida de soltera", aunque la soltera en cuestión era la representación física del reino de España, Antonio Fernández Carriedo. Eloise y Rocío había conseguido después de duros esfuerzos los disfraces de Maids que fueron pasándoselos a cada uno de los susodichos, entre los cuales se encontraban dos naciones latinoamericanas, un estado federal alemán y dos actores pornográficos (cortesía de la señorita Hungría) bastante fornidos y de complexión musculosa, además de considerable trayectoria, amén de que también eran españoles: Roberto Ballantinos y Martin Mazza.
—de verdad, he hecho muchas cosas en esta vida, pero vestirme de sirvienta para una despedida de soltero es nuevo —dijo Martín Mazza.
—no sé porque demonios me presté a esto —se quejó el chileno mientras se ponía el uniforme de Maid—debí quedarme en el castillo o irme con los demás a la despedida de soltero de Lovino
—no eres el único que te quejas Manu —afirmó el ecuatoriano, mientras uno de los actores pornográficos le ajustaba el corsé de maid— esto es lo que me gano por haberle respondido la llamada al imbécil de Mauricio, debí de haberle colgado cuando tuve la oportunidad —Luego se quejó— podrías tener la decencia de no apretar tanto el maldito corsé, no quiero morir asfixiado en el espectáculo.
—discúlpame, a veces no mido mi fuerza —se excusó Roberto apenado.
Sin embargo, aparte de las quejas de los dos latinoamericanos, el sajón se estaba arreglando, poniéndose él solito el uniforme de Maid, y de verdad, no sabía porque lo estaba haciendo… o por quien lo estaba haciendo.
—Klaus, ¿necesitas ayuda con el corsé?
—no, yo me las arreglo —respondió el sajón avergonzado.
Entró entonces Rocío, la cual miraba abstraída a los que se habían prestado para el espectáculo. E inevitablemente un hilillo de sangre salía por su nariz, mientras una sonrisa para nada sana, muy depravada, que daba miedo y que dejaba por el suelo a Elissabeta se dibujaba en su rostro. La consumación de su fantasía fue ver a Sajonia vestido con aquel uniforme de Maid. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo, el hermano de Prusia vestido de MAID.
—DIOS, GRACIAS, ERES GRANDE Y MISERICORDIOSO AL ENVIARME A ESTE BOMBONAZO ALEMÁN VESTIDO DE MAID PARA QUE CUMPLA MIS SUCIAS FANTASIAS… —exclamó alborozada la andaluza al ver a Sajonia y a los dos fornidos actores pornográficos vestidos de sirvientas, y aprovechando la situación los reunió y les tomó varias fotografías sugerentes a los tres, en especial a los dos actores pornográficos que se encontraban algo intimidados por la fujoshi ibérica y su escándalo.
—esta tía de verdad me da miedo, y no sé por qué. —exclamó aterrado Ballantinos
—Roberto, si te aterras con Rocío, en serio aun no has conocido a la señorita Hungría. —le contestó Martin— aunque no puedo negar que dirige muy bien las pelis.
—Sí, mon chérie, Martin tiene razón, Eli tiene por así decirlo… mucho carácter, —respondió el francés a la afirmación del actor porno.
—y no te olvides de su sartén Francis —le completó Martin.
—Maldición, dejen de parlotear como cotorras y ayúdenme con el puto corsé de una buena vez —se quejaba Manuel mientras intentaba alcanzar el cordón del mismo para amarrárselo.
Sin embargo, Francia nota que Sajonia se vería mas mono y lindo si se hiciera unas trencitas en su lindo cabello.
—Klaus, sabes, te lucirían bastante unas trenzas muy monas que yo te puedo hacer.
—tocas mi cabello y considérate hombre muerto —contestó macabramente el sajón.
Con eso dejó frio al francés.
Prusia, vestido con un smoking de luces y brillantes bastante vistoso entra a los camerinos y les avisa a todos.
—muchachos, no puedo negarles que se ven bien, pero no tanto como mi asombrosa persona… sin embargo, el público ya los está pidiendo a los gritos, en especial cierta marimacha sartenera.
—ma cher Prusse —le dijo el francés— no estamos listos, aún falta el toque final…
Todos quedaron pálidos al oír que cierta húngara había llegado a ver el espectáculo de despedida de soltero de Antonio. Ahora si querían todos, (excepto los dos actores porno, que aprovecharían esa oportunidad como una audición, quizás la señorita Hungría les ofreciera un jugoso contrato con algún productor) que se los tragara la tierra o que sucediese algo para que el show no pudiera continuar. Con posterioridad Francis tomó cada una de las diademas con las orejas para cosplay: a algunos les tocó sendas orejitas de perro huskee (Manuel), a otros les tocó las orejas de gato (caso Enrique, lo que hacía verlo 100 veces más adorable, exponencialmente apetecible para cualquier mente insana), a otros les tocó el cosplay de maid-conejito. (aparte de los dos actores pornográficos, el desafortunado en este caso había sido Sajonia).
—ya están todos listos, así que vamos, vamos ale, ale, rápido…al escenario —decía el francés mientras arrastraba a los cinco hombres vestidos de maids al escenario.
Entre tanto, en cierta habitación del hotel…
El fragor y pasión entre los dos latinoamericanos era salvaje. La rodilla le dolía aun a Juan Pablo, aunque no al mismo nivel que antes, mas sin embargo no era eso lo que ponía a gemir. Era su hermano mayor, el que lo estaba inyectando. Juan no había pasado por esa sensación tan incómoda y a la vez algo agradable, en especial después del interesante preludio que le habían realizado el mayor. Eso mínimo había sido Francis el que le había aconsejado, tenía obviamente su impronta. Y obviamente como que el venezolano estaba haciendo un esfuerzo enorme, que estaba sintiendo el colombiano.
—espera, para un segundo… —le decía el colombiano, el cual se aferraba a uno de los edredones de la cama— simplemente para un maldito segundo, mi trasero no puede con más.
—¿por qué lo estás diciendo? —le inquirió el venezolano, aun penetrándolo— creí que te gustaría
—sí, me gustó y todo… pero no tienes que estar dándome a mí todo el tiempo.
—entonces quieres cambiar de rol.
—exacto —afirmó el colombiano en medio del fragor sexual— pero como tú sabes no puedo moverme tanto, así que hagámoslo más fácil.
Juan le indicó a José que se sentara a horcajadas sobre su miembro, a lo cual este atendió no sin cierta reticencia. El venezolano sintió un punzón algo fuerte, pero sin embargo se acomodó lo mejor que pudo.
—¿listo para la cabalgata, jinete?
—Más que listo —contestó el venezolano.
Subía y bajaba con lentitud, sintiendo la carnosidad del miembro del colombiano moviéndose en el interior de él. Luego, el ritmo empezó a aumentar de forma más rápida y salvaje, mientras el chico de ojos verde esmeralda le tomaba por las caderas ayudándolo a subir y a bajar en un repitente bamboleo. Los sutiles quejidos y gemidos del venezolano empezaron a oírse en el cuarto, mientras este sentía adentro de si el miembro erecto y duro de su hermano menor. En cierto modo la postura era algo monótona, pero si no querían terminar de tirarse la lesión, era la más conveniente para que Juan hiciese lo suyo.
Y repentinamente ambos llegan al punto culmen, llegando a su cota máxima de placer, gritando con salvaje ansia sexual, mientras la semilla del venezolano manchaba el torso y pecho de su hermano menor, y este por su parte dejaba su "sello" en el interior de su hermano mayor.
Al final de todo, José se recostó al lado de Juan. Ambos estaban bastante agotados, en especial el colombiano, que al parecer se sentía pleno al haber sido "usado" por José y a la vez "usar" a su hermanito mayor para semejante "jueguito".
—wow, eso fue… —exclamó el colombiano mientras se echaba los brazos para atrás— indescriptible…
José se puso de medio lado, para mirar con atención al colombiano, el cual estaba echado a su lado, cansado de tanto sexo, recostado cual animal espléndido en reposo.
—me alegro que te gustara.
Sin embargo, Juan toma la iniciativa, acerca el mentón del venezolano y lo besa con algo de descontrolada pasión. José se sonrojó levemente.
—no podemos tener una relación seria… somos hermanos.
—no me importa.
Y lo besó nuevamente.
Unos minutos más tarde, a dos cuartos de distancia del de Colombia…
Un alemán corpulento de cabello rubio se encontraba recostado en la cama de hotel, mientras su "esposa" dulcemente lo abrazaba a sus espaldas, un italiano de cabello castaño claro y peculiar ahogue. Ludwig se levantó con algo de cuidado, y se dirigió hacia la hielera en donde había una botella de champán sin destapar. Aun desnudo, simplemente se sentó, destapó la botella, no sin cierto e inevitable escándalo, pero evitando que el corcho saliera volando por los aires y sirvió dos espumosas copas de champan.
Feliciano se había levantado algo aperezado, después de haber estado como dominante en el acto. Y al ver a su esposo sentado en el sofá, esperándolo con dos copas llenas de champan, se levantó algo sonriente.
—aún no hemos terminado de celebrar, falta el brindis —le dijo el alemán.
Sonrió y aceptó la invitación de su esposo, por lo que se levantó y se acercó hacia él, sentándose a su lado y recibiendo la copa de champan.
—por nuestro primer año juntos.
Chocaron las copas y bebieron entrelazados de los brazos las copas de champan. Luego, Italia le pregunto a Alemania sobre cómo le pareció su nuevo rol.
—¿lo hice bien o no te gustó?
Se notaba la curiosidad inocente del italiano por saber cómo le había parecido al alemán su desempeño como pareja activa, o como se dice en el argot fujoshi, oficiar de "seme".
—bueno, la verdad…
—tienes que ser sincero conmigo, Ludd —le dijo sonriente Feliciano— no me gustaría que me mintieras para hacerme sentir mejor.
—La verdad es que lo hiciste bien —respondió finalmente el alemán— aunque un poco lento al principio claro está, pero para ser el primer intento lo hiciste muy bien.
—temía lastimarte
—tu nunca me harías daño, así como yo nunca te lo podría hacer, Mein kleine italien kirschtomatte
Y después de esto, lo besó y lo acunó en el sofá, recostándose ambos en el mismo y quedándose profundamente dormidos en un dulce cuadro.
Entre tanto, en el castillo…
Edward en ese momento se encontraba a esas horas de la noche ocupado en la reprogramación de los escáneres de tarjetas. Había ingresado los datos de casi 123 invitaciones repartidas a diferentes naciones del mundo, personalidades, ex estados y demás invitados a la fiesta, ubicándolos de forma aleatoria en la capilla y en las mesas dispuestas para la fiesta, tomando en cuenta que la mesa principal sería ocupada por las familias del novio y la "novia". Sencillo, en teoría.
Sin embargo, le había llegado ya la noche ingresando esos datos. Estaba ya al borde del cansancio, cuando dos tersas manos se pasan por debajo de sus lentes tapándole la vista.
—adivina quién soy…
—mmm, ya sé quién eres pero no pienso decir.
—solo levántate, yo seré tus ojos por esta noche.
Eloise se había posicionado atrás de su novio, y lo estaba sacando del salón donde estaba trabajando, llevándolo a ciegas hacia un lugar en especial.
—¿hacia dónde me llevas?
—ten paciencia, ya lo verás.
Lo llevó por salones, pasillos y recámaras, subiendo y bajando escalones hasta llegar a una de tantas terrazas de la palaciega edificación. Encapotados bajo la luz de la luna, en medio de los muros del medioeval edificio y teniendo como testigo la luz de la luna, estaban ellos dos, solos.
—Ahora, abre los ojos.
Enfrente de Edward había dispuesta una sencilla mesa para dos, cubierta por un mantel color crema, con una hielera en la que había una botella de excelente champan francés, y dos platillos dispuestos para los comensales, simplemente iluminados a la luz de las velas, y teniendo solo la presencia de la luna y las estrellas.
—¿Tu hiciste todo esto?
—si— contestó la monegasca con aires de suficiencia— es nuestra noche especial, nuestro momento para nosotros dos, sin que nadie ni nada nos moleste.
Dicho esto ella lo besó y lo llevó a la mesa, en donde se sirvieron mutuamente los platillos, cenaron y compartieron mutuamente los bocados de sus platillos, bebieron felizmente champán, rieron con algunas ocurrencias, mirándose con deseo y ternura. No estaba Albert para que interfiriera intentándolo opacar. No estaba la aterrorizante presencia del señor Rusia, pidiendo a gritos que se uniera de nuevo a él, no había nadie que les arruinara ese dulce momento de felicidad que tenían.
—no me importa lo que pase, o lo que me digan, lo único que me importa en este momento es decirte cuanto te amo.
La monegasca se sonrojó.
—lo mismo digo de ti, realmente no sabes cuánto te he amado…
Se besaron con pasión. Se amaban a pesar de las trabas que les había impuesto sutilmente el andorrano, a pesar de los enormes celos que corroían al estonio al ver al andorrano merodearla. Se amaban y no había nada ni nadie que se los impidiera.
En ese mismo lapso de tiempo, pero en otro lugar…
El bar estaba a rebosar de gente. Luciano, Pedro, Fabriccio, Alonso, Renato, Carlos y obviamente el agasajado, Lovino se encontraban sentados bebiendo alegremente cerveza, charlando, molestándose unos a otros, en especial el mexicano y el cubano riendo con las tontas ocurrencias de este primero. Botellas y vasos de cerveza iban y venían de las mesas, mientras las atractivas meseras servían a los asistentes, en especial al agasajado. El único que al parecer tenía algo de malgenio era, por más paradójico que pareciera, Renato, la representación de Malta.
—Eh Bastardo! ¿por qué esa cara de pocos amigos, imbécil? —le dice alegremente Lovino a su padrino.
—no quiero problemas con Greta, o que le vayan con chismes malintencionados.
—Greta confía en ti, ¿por qué tantos problemas?, —afirmó Fabriccio— o es por el hecho de que Esteban fue el que sugirió traer a Paulina…
—¡NO ES POR PAULINA MALDITA SEA!
Sin embargo, el portugués interviene en medio de la conversación.
—deja la paranoia Renato, Greta no se aparecerá por esa puerta. —le dice alegremente el portugués— simplemente disfruta la última noche en la que Lovino es libre, ¿no es mucho pedir?
Celebrar. Bueno, eso lo podía hacer.
—OIGAN! Quien está dispuesto a participar en un concurso de bebidas —exclamó de forma alegre el gallego, mientras servía dos vasos de whisky escocés.
(nota del autor: Galicia y escocia son muy grandes amigos, y sabiendo cómo es Andy, imagínense como es Esteban).
El primero en apuntarse había sido Renato. Mala idea. Una muy mala, malísima idea.
Mientras tanto, en medina del campo…
Antonio estaba sentado en una suerte de trono improvisado, mirando el escenario, con su característica sonrisa. Al lado de este, se encontraban en otras sillas Miguel, Diego, Fernando y Jordi, como acompañantes de la "novia" en su despedida. Y para más Inri habían llegado de última hora nada más y nada menos que Elissabeta y Roderich, aunque este último tenía una cara de cansancio atroz, amén de un rostro de enorme fastidio.
—Buenas noches a todos —saludó con fría cortesía el austriaco.
—Hola Roderich, tiempo sin vernos —le dijo alegremente el catalán— y por cierto, ¿aun insistes en que Pau Casals es un mal chelista o te retractaste?
—ya te he dicho cientos de veces que Casals era mediocre —le respondió con hastío el austriaco.
—Roderich, deja de discutir aunque sea una vez por música— le dice la Húngara— y por cierto, Felicidades por tu matrimonio
—Gracias, Eli —le respondió el español de ojos verde oliva.
Tomaron entonces asiento. El show de Maids estaba ya a punto de iniciar.
En otro lugar, diferente totalmente a los mencionados…
Gabriel se encontraba solo merodeando silenciosamente por los pasillos del castillo, solo. Usaba esa noche una camisa de manga larga gris, su infaltable clergyman, pantalones de color oscuro, mocasines caoba, lentes plateados y un crucifijo tallado en madera de balso que pendía de su cuello. Su eterna condenación era la soledad. La triste soledad a la que estaba condenado por ser la santa sede, la cátedra de san pedro, agregado a sus "votos de castidad y obediencia", o en otros términos, celibato. Y sin embargo, ahí siempre estaría su fiel escolta, guardaespaldas, confidente y a la vez amante: Vash.
500 años de su vida habían pasado al lado del helvético, desde que había contratado sus servicios de mercenario para que lo protegiera. En el Saqueo de Roma él lo defendió de forma salvaje de caer en las garras de Roderich y Antonio. Recordaba aquellos días en el Castel sant'angelo en el que Suiza prácticamente era su sombra. Siempre estaba allí, en la adversidad, en las alegrías y en las tristezas, en la salud y en la enfermedad. Su relación con el suizo era lo más parecido que podría tener a un matrimonio.
Pasó sus manos por el crucifijo de balso. No podía negar que Vash era un tacaño en todo sentido y regla de la palabra, sin embargo le había regalado ese cristo tallado con esmero para que lo usara.
Muchos años antes, en el palacio de verano de Castelgandolfo…
Gabriel y Vash caminaban tranquilamente por la ribera del lago albano. Los dos se encontraban con bastantes ocupaciones, a pesar de que el receso de vacaciones del sumo pontífice aligeraba su trabajo. Los años sesenta se devenían precipitados en medio de un enorme barullo de reformas, las conclusiones del concilio no eran del agrado de algunos, y a Gabriel no le terminaban de tragar entero algunas propuestas de los obispos en el aula. Y también estaba Vash. La tortura de tenerlo tan cerca, y a la vez tan lejos, como comandante supremo de la guardia suiza pontificia, revestido de su uniforme, severo, pétreo y distante, mismo caso de él, revestido de sus ornamentos episcopales en las sesiones del aula era una verdadera tortura para su corazón atormentado. Las vacaciones de verano servirían al menos para acortar esas crueles distancias.
—de verdad ya no quiero más esto, Vash—exclamaba al borde de la desesperación el italiano.
—¿tanto trabajo tienes?
—lo digo por el hecho de que no quiero estar más lejos de ti.
—siempre estoy cerca de ti —le responde el helvético— soy tu escolta.
—es por eso, siempre tienes que o ser mi escolta, o ser el comandante de la guardia, o ser suiza. Solo quiero que seas aunque sea una vez Vash, que seas tú mismo y que me saques de esta eterna monotonía a la que dios me tiene atado.
Siguieron caminando, sin embargo encontraron un pedazo de madera de balso flotando cerca de la orilla, tan claro como el mismo marfil. El suizo se acercó al agua y la sacó del lago.
—Es una madera muy perfecta, quizás la use.
—¿trabajas la madera?, de verdad no lo sabía.
—apenas estoy comenzando a aprender.
—de verdad, hay muchas cosas que no se de ti, a pesar de haber sido mi escolta casi cuatrocientos años.
Se demoró tres días completos tallando un precioso crucifijo de madera de balso, improvisando el cordel con agujetas de zapatos. El último día de las vacaciones, antes de que el sequito papal partiera del palacio, la representación de la confederación helvética le pide unos momentos a su homólogo del estado vaticano para entregarle algo.
—me demoré mucho tallándolo, pero lo hice especialmente para ti.
Le entregó el crucifijo tallado con esmero, un trabajo sencillo en esencia, pero con un encanto sin igual.
—grazie.
—cada vez que lo tengas puesto, sin importar en donde estés, siempre estaré a tu lado. Nunca estarás solo.
Dicho esto, lo llevó a un pasillo cercano en donde no los podían ver y lo besó apasionadamente.
Ahora habían pasado muchos años de ese día en castelgandolfo. Y las cosas seguían igual, en esencia lo amaba, pero sabía que no podía hacer público su amor, pues se expondría a hacerlo sufrir, y de paso sufrir el. Y lo que menos quería Gabriel Vargas era que Vash Zwingli sufriera. Su amor por el suizo era a la vez su cruz y su condena.
—Es increíble que después de casi cuarenta años aun lo conservas.
Reconoció la voz a sus espaldas. Su corazón se aceleró a mil por hora. Se dio la vuelta, para cerciorarse de que no era una ilusión propia.
Era Vash Zwingli, representación de la confederación suiza quien lo esperaba.
Regresando con Renato y los demás chicos, en el bar…
Acababa de llegar Andrew al bar, y en medio de la salvaje alegría de los invitados a la despedida había llegado el regalo principal, el cual había sido del agrado de Lovino. La sensual y hermosa chica entonces se dispuso a recrear los ojos de todos los que asistían a la despedida del italiano. Y sin embargo, el gallego no había parado la ronda de competencias de tragos.
—bueno, bueno, bueno, ahora les lanzo la siguiente pregunta —inquirió sonriente el gallego— ¿en qué año las potencias de la triple entente establecieron la tregua del día de navidad de la primera guerra mundial con los imperios centrales?
Los tres pensaron. Ya tenían muchos tragos encima.
—1915—Respondió el maltés.
—1917—respondió el brasileño.
—idiotas, no hubo tregua —afirmó el euskera.
—Error, si hubo una tregua en 1914 —contestó el gallego con una sonrisa maligna— y ya que los tres erraron, vamos a subir a una bebida más fuerte —posteriormente sirvió tres vasos de ron blanco —así que beban los tres estas copitas de ron, a la salud de Lovino.
—SALUD! —exclamaron los tres, y se bebieron de golpe el ron blanco.
El gallego siguió con otra pregunta.
—la siguiente pregunta es sobre geografía… respondan: ¿Cuál es la montaña más alta en Europa: el monte rossa en los Alpes dolomíticos, o el Materhonn en los Alpes franco-suizos?
—es el Materhonn, la respuesta es evidente —respondió el euskera.
—no, no, no… es el rossa —exclamó el maltés seguro.
—se equivocan todos, es el monte posets en los Pirineos —afirmó el brasileño.
Sin embargo, llega el sanmarinense y detecta la pregunta capciosa. La responde.
—ninguna de las opciones es la verdadera, es el Elbrus con 5.642 metros —agregó sonriente y luego dice. —entonces, ¿acerté?
—si Fabriccio, acertaste —luego agregó Galicia —ahora tendrán que beber todos, excepto Fabriccio, DOS TRAGOS DE VODKA!
Y poquito a poco los iba emborrachando.
Siguieron con toda suerte de preguntas sobre todos los temas habidos y por haber: religión, política, deportes, historia, tácticas militares, sexo… , y cada vez los concursantes se emborrachaban más rápido con los tragos que iban bebiendo. Botellas de todo tipo y clase habían sido servidas por el gallego con alevosa y algo maligna intención de emborracharlos: Vodka, cerveza, Grappa, jerez, tequila, brandy, pulque, pisco, aguardiente, ron, Kirsch, bourbon, entre otros más. Y lo estaba logrando. Solo faltaba el traguito final. El más fuerte de todos: el absinthe, la dulce "hada verde".
—chicos, pregunta final, el todo por el todo. —Luego el gallego mostró una botella de cuello elegante y estilizado, con un líquido verde claro— el perdedor tendrá el desafortunado honor de beberse sin parar y en el menor tiempo posible, esta hermosa botella de Absinthe4. Les advierto, esto no es para cobardes.
—sirve la maldita preshgunta de una pustha vez, carajdo —exclamó ebrio el brasileño.
—Concuershdo con el bashtardo de Fabrisscio, LANZA LA ESTHYUPIDA PREGUNSHTA! —refrendó el maltés igual de ebrio (o como decimos en Colombia, jincho de la perra).
—No, no, no… yo soy Lushiano, no me confundhash con ese mono degeneradhso de tu Ashmigo…— afirmó el brasileño también ebrio
—¿porshrque me conshfundesh con ese? —reclamó ofendido el sanmarinense, también ebrio.
—no te queshia confundish,… yo te ashmo, eresh mi mejosh, amishgo,…. Mi amishgoo… —le respondió el maltés ebrio, mientras abrazaba al sanmarinense todo borracho.
—ya, ya dejen tanta payasada, aunque creo que le voy a ceder el honor de terminar de embriagarlos, que diga yo —exclamó el gallego— de que diga la pregunta a Andy.
Y el escocés entró con una sádica sonrisa, y obviamente guiñándole el ojo al gallego. Algo estaban tramando ese par. Algo que no era para nada bueno.
En la despedida de soltero de Antonio…
Los Maids habían salido haciendo una coreografía muy sensual, en especial los dos actores pornográficos que bailaban con soltura. Los dos latinos y el germano no habían sentido tanta vergüenza en sus inmortales vidas, pero lo tenían que hacer. Elissabeta grababa imperturbable el caliente espectáculo, mientras todo mundo hacia brutal escándalo, en especial a las chicas. Querían ver a los maids desvestirse.
Digo se fijó entonces en uno de los maids. Valga aclarar que todos estaban usando antifaz, por lo que a duras penas los podía reconocer. Sin embargo, el argentino pudo medio reconocer a alguien conocido.
Manuel bajó del escenario, y taimadamente se acercó al argentino y lo atendió cual maid común y corriente, bastante provocativa. Su uniforme de minifalda bombacha, medias largas que le cubrían las piernas por completo, altos tacones, orejas de perrito huskee y para más inri, el maldito antifaz, lo hacían ver provocativamente sexy. Que más daba, era una enorme tentación para Diego tener a la chica (pues suponía que eran mujeres las maids). Diego acercó peligrosamente una de sus manos hacia el provocativo trasero del chileno, mientras la húngara lo grababa con atención. Sin embargo, chile se entera de las malignas intenciones de su vecino, se da vuelta y le pega un violento derechazo que lo deja con la nariz rota.
—IMBECIL FLETO DE MIERDA, ATEVER A TOCARME EL CULO Y VERÁS QUE TE LAS PARTO, MALPA.*** (censurado por respeto a la decencia)
El argentino había quedado estupefacto, la "chica" sí que tenía mano bastante fuerte y pesada.
Siguieron entonces con el espectáculo, sin ningún sobresalto. Y ya terminado el mismo, todos se dirigen a los camerinos, mas sin embargo el peruano detiene a uno de los maids, el de orejas de gato de tonalidad parda y vestido rosa.
—¿Enrique?
El aludido simplemente se dio vuelta y corrió de nuevo hacia el camerino todo avergonzado.
Y ya para terminar este capítulo… En la despedida de Lovino.
Todos estaban a la expectativa sobre la pregunta final que iba a lanzar el escocés. Se sirvió tranquilamente un chupito de absinthe, bebiéndolo tranquila y pausadamente. Luego les hizo a las cuatro naciones ya ebrias la pregunta final.
—bueno, bastardos borrachines, ahí les lanzo la pregunta: durante el proceso de reunificación italiana hubieron muchos interventores políticos de diferentes países. Sin embargo, solo dos de ellos se enfrentaron directamente en una batalla en suelo italiano, díganme con nombres propios, fechas y lugares quienes fueron los susodichos.
Se pusieron a pensar y analizar la pregunta en medio de la tontera momentánea causada por la borrachera.
—No la eshtás poshniendo diifichiil… es sehsnchillo, fue la batallsha del río Voltushno en 1866… —respondió con dificultad el maltés— Antoshnio intenthso ayudash al rey Feshnanndo de lash dosh sishceileias pasha detenesh a Garsibalsdhi y sus camishas rosshias,….
—No, no fue en el rio Volturno.
—Entponches fue en la ishla de Fantha, en 1833, en contrhsa de los ejeshtsos impeshiales de Rio duranthes la Farroupilha en rshio Grshandee… —contestó el brasileño ya demasiado ebrio— Gashibalsdi le ayudó a Bento Gonçalves a Ganash esa batalhaa…
—IMBECIL, no confundas mi historia con la tuya —exclamó Lovino molesto— y si, Garibaldi vivió en tu casa pero no fue durante mucho tiempo, fue hasta 1840 después de los tratados de Poncho Verde, cuando se fue al Uruguay.
—Nno, no señosh… es than obwishia la reshpueshta… MAGHENTIAAAA —gritó el sanmarinense inconcebiblemente borracho— fue en Magenta contrhas Rodhserih, en 1867. Franshcisca le ayudhioo a Ita-chan a retroshedesh al ejsherchito austrioacco hasshta el otsho ladhio del rshio Magenthia, aunque el frachsjess esshe resulthio ser un trashfugaaaa… se arhepío al lashidio de Gabrhisell en 1870,…. Peso con la palishba que le dhsio Priusiia en el seshdan en ese anio tuvo shufishenntee…
—Has respondido acertadamente Fabriccio, así que te vamos a dar tu premio. —exclamó Andrew, luego tomó la botella de absinthe y con ayuda de Esteban se la hizo beber toda.
—FONDO, FONDO, FONDO, FONDO, FONDO…—gritaban todos mientras el licor verde se deslizaba de la botella hacia la garganta del rubio de ojos purpura, el cual a duras penas podía sostenerse, mientras gotas del verdoso licor se deslizaban por las comisuras de la representación del microestado.
—y como aquí no hay perdedores, tenemos dos premios especiales para nuestros otros dos contendientes… —exclamó alegre y con una sonrisa sádica el gallego.
Una botella de tequila y otra de vodka fueron servidas. Y también se las hicieron tomar a Luciano y a Renato. Toda la botella, hasta la última gota. Los tres estaban prácticamente borrachos, y para más inri les toman una foto que suben directo al Facebook. Y también va directo al twitter.
sadistic_scotland…
Miren a este trio de angelitos borrachines… ¿no son adorables?
Sin embargo, no sabían realmente lo que se les vendría a ellos tres pierna arriba al día siguiente.
1 Charlene Allister: Es el nombre propuesto para Seychelles.
2 Nota aclaratoria: se debe diferenciar el concepto de microestado del de micronación. Es sencillo, los primeros tienen reconocimiento de diferentes naciones, agregado a que su extensión territorial es ínfima: casos como el de San Marino, Andorra, Ciudad Del Vaticano, Singapur, Belice y Liechtenstein deben de considerarse como microestados reconocidos. Ya en el otro caso, las micronaciones son estados no reconocidos por ninguna nación, aunque ha habido casos como el de la toma de rehenes en Sealand (1998) en el que una comisión alemana negociadora visita la plataforma, asumiendo un reconocimiento "de facto" de parte del estado alemán.
3 El choucroute es un encurtido de repollo fermentado que se suele elaborar en algunas regiones de Francia y Alemania. Suele ser un acompañamiento para el codillo de cerdo y otros platos alemanes. Su elaboración es algo dispendiosa: en un barril de madera se pone una capa de repollo finamente picado en julianas, seguida de otra capa de sal gruesa. El proceso se repite hasta llenar el barril.
4 El absinthe o también conocido como absenta es un licor elaborado con hojas y bayas de ajenjo. También llamado "el hada verde" su graduación es tan alta (60º) que su consumo en Francia se considera ilegal. Dicen por ahí que puede causar alucinaciones.
