AMORES PARALELOS.
Stan estaba en la entrada del cine.
Esperaba impacientemente a que su invitada especial apareciera para poder entrar y ver juntos una película; Wendy le había avisado que se iba a ausentar el fin de semana de South Park, ya que iba a viajar a Denver para ver un trabajo de medio tiempo en una compañía.
Aquello iba a ser una oportunidad especial, tal vez la esperada con ansias desde hacía un par de semanas… Desde que sintió aquella conexión por primera vez en el supermercado.
Hola, Stan – le saludó una voz muy conocida por él.
Stan se volvió hacia la dueña de la voz.
¡Bebe! – exclamó el pelinegro - ¡Llegaste muy puntual!
La chica rió inocentemente.
Bueno, al menos ya estoy aquí, ¿no?
Stan asintió sonriente.
Bebe se sonrojó y, viendo el anuncio de los estrenos del cine, inquirió:
¿Qué película quieres ver, Stan?
No lo sé – respondió el joven mientras se llevaba una mano a la nuca -. La que tú quieras, Bebe. ¿Hoy es tu cumpleaños, no?
S-Sí. Así es, pero…
Stan abrió los ojos como platos.
¿Sí? – inquirió el chico muy ansioso.
¿Crees tú que Wendy no se enfadaría?
¡Nah! No lo creo. ¿Por qué se iba a enfadar con nosotros si le dije antes de que se fuera que te iba a invitar a ir al cine?
Pero, Stan, no quiero causar problemas.
El chico tomó el rostro de la chica con las dos manos y, sonriente, le dijo:
Bebe, todo va a estar bien. Confía en mí.
Confía en mí.
Esas palabras fueron las últimas que se dijeron como amigos mutuos… Y las primeras como dos enamorados.
Stan contemplaba el techo de la habitación; con un cigarrillo encendido, meditaba todo lo acontecido entre él y Bebe aquella noche.
Habían ido al cine juntos, habían tomado un helado en el parque, habían reído juntos en la banqueta de la calle frente a la casa de la chica, habían tomado un té en la terraza de ésta…
Y la había besado tiernamente en los labios cuan hombre enamorado.
Un beso que fue correspondido con entusiasmo. Un beso que le hicieron confirmar a ambos que estaban, sí, enamorados uno del otro.
Stan miró a su lado.
Ahí estaba ella.
Durmiendo con la mirada calmada, serena, sin remordimiento de conciencia; estaba sosteniéndole la mano, indicándole que no se fuera de su lado.
Que esté ahí para siempre. Para ella.
Ese fue el juramento que él había hecho estando en el momento. Ese fue el juramento que cumplirá una vez que termine con Wendy.
Wendy despertó somnolienta.
Había amanecido en Denver, la ciudad capital de Colorado.
Y ella estaba en la cama… Acompañada de su amante.
Se volvió a ver y contemplar a aquella persona que había cruzado en su camino de manera inesperada.
Apenas podía aceptar el hecho de haber llegado a ese nivel en donde uno se esperaría cualquier cosa; apenas había descubierto la razón por la que nunca ha mantenido una relación estable con los hombres, especialmente con Stan. Una razón que jamás pensó ni estando borracha en una fiesta de sexo, alcohol y drogas: Ser lesbiana.
La afortunada nueva compañera secreta de cama no era alguien más que…
Beth Phoenix. La Glamazona.
La famosa Glamazona de la WWE estaba ahí, con ella, en su cama.
Wendy se llevó una mano al rostro y sonrió.
La noche anterior habían cumplido… ¿Cuánto? ¿Un mes?, ¿dos meses?, ¿seis meses?
Dos años.
Dos años de llevar una doble vida en South Park y Denver; dos años de llevar una doble vida como novia de Stan y amante de la musculosa señora que dormía a rienda suelta y roncaba como hombre.
¿ Cómo pudo pasar semejante cosa en dos años? ¿Cómo era que nadie en el pueblo sabía cómo estaba el asunto sentimental de la chica?
Hasta sus amigas ignoraban ese amorío secreto de dos mujeres grandemente distintas.
Wendy se levantó y se encaminó hacia el baño; ahí, se miró al espejo y, como si fuera un dèja-vu, recordó cómo se habían conocido: Fue en una función de la WWE ahí en Denver; Wendy trabajaba como asistente de la dirección de administración del estadio en donde se dio la función. Beth había llegado tarde al trabajo debido a que había mucho tráfico en las calles.
Tras terminar de "luchar" contra Kelly Kelly, Beth tuvo que retirarse precipitadamente debido a que tenía un asunto de familia que atender en Toronto, Canadá. No obstante, por sus prisas había dejado olvidada su cartera, por lo que Wendy, al ver aquél olvido, se dirigió al aeropuerto para alcanzarle el preciado objeto.
Beth se había dado por vencida y se había resignado a irse con el grupo de la gira, mas al ver a Wendy voceando su nombre y agitando su cartera, su rostro se había iluminado de alegría. Agradecida, la Glamazona le dio su número telefónico celular y le pedía el suyo, por lo que Wendy, gustosa, accedió.
Un mes después, Beth y Wendy se volvieron amigas: Todas las noches se telefoneaban para charlar durante largas horas. Incluso cuando Beth llegaba a Denver, le avisaba a Wendy para que fueran a comer al día siguiente.
Y fue en ese día en donde ambas cayeron en el profundo elíxir de la lujuria.
Wendy se limpia la cara con la toalla.
Definitivamente aquello estaba en el absoluto secreto; si alguien se enteraba y le hacía llegar a Stan aquella aventura lésbica, entonces habría serios problemas.
