N.d.A:
¡Muy buenas a todos! ¿Cómo están? Yo tengo el estómago hecho un lío, porque he estado retrasando a lo estúpido esto. ¿Por qué? Se preguntarán, pues les respondo. Después de este momento quedan aproximadamente 3 capítulos y las que aman a Mori hoy me van a odiar. Lo sé. Porque yo misma me doy contra la pared porque adoro a Mori, pero eso ya lo saben. Sin embargo todo esto es a como he tenido planeada la historia.
Sin embargo, aquí tenemos la otra parte. Ya sabemos lo mal que lo pasó nuestro querido rey en este tiempo, y tenido sospechas de lo que ha pasado con Haruhi… Pues, hala, que hoy tendremos esto claro, lo que vino pasando con nuestra host natural y el por qué es de esta forma ahora. He tratado de ser lo más clara posible, así que háganme saber sus dudas para que las resuelva de manera personal o en el próximo capítulo.
De manera personal, le dedico este capítulo a LilaMeily: No pude responderte porque tuve el enorme peso en mi consciencia de que has sido una de mis más fieles lectoras, si no es que la más, así que saber que he defraudado a la más constante me ha sentado como patada en los bajos. Espero disfrutes el capítulo, guapa y espero seguir viéndote aquí :'D
Siempre he tenido en la cabeza que las historias son tan grandes como los lectores la permiten. ¿Quién más sino? Si no, no me explico como 50 Sombras es tan popular o como la historia de una chica dependiente sin personalidad llegó a tanto. Espero sigamos juntos todos en la recta final, que ya la estamos pisando, ¿eh?
¡Espero leerlos pronto!
Sin más, les dejo el capítulo. Au Revoir.
Esa Cara De Tu Alma
Capítulo 10: Quédate
Haruhi no pudo evitar la mueca que deformó su cara antes de soltar un suspiro. – ¿Un mes?
La mujer frente de ella sonrió, con una esas sonrisas anchas que muestran un poco de encía y grandes dientes blancos. Asintió visiblemente divertida. –El señor Morinozuka piensa que un mes de compromiso es lo ideal, y viendo la cobertura que ha estado teniendo su compromiso, un mes es suficiente, y yo coincido con él. –la mujer se sentó más derecha mientras exponía un enorme libro con fotos de muestra sobre adornos, obviando el mohín de espanto que comenzaba a nacer en los labios de la abogada. –Con otras familias sería realmente absurdo, porque sería una locura la renta del salón y que los servicios correctos sean contratados con tan poco tiempo pero siendo quién es su nueva familia política…
–Eh, está bien, entiendo… pero, ¿por qué está aquí mostrándome todo esto? ¿Takashi sabe de esto?
La guapa pelirroja frente a ella volvió a sonreír ampliamente, casi con dulzura. –Usted, señorita Fujioka, es la novia. –declaró con un tono obvio, indulgente. Haruhi frunció el ceño sintiendo la indirecta burla de la mujer.
–Ajá, ¿y?
–Las novias se encargan de diseñar la boda que sueñan. –remarcó con tono cantarín. Haruhi inspiró profundamente mientras frotaba sus sienes.
–Está bien, correcto, pero eso se me hace un pensamiento machista. Y no creo que pueda elegir algo entre estos… peculiares diseños. –reprimió a duras penas el horror que sintió viendo una mesa decorada como un pastel, luciendo exageradamente los tules color pastel y flores por doquier. En el tiempo de convivencia con su familia política realmente había quedado en claro que era una mujer sencilla, ¡vivía en un barrio donde las casas eran casi idénticas entre sí con apenas bonitas entradas de adoquines! y no porque no pudiera pagarse una casa más lujosa en zonas exclusivas si no que prefería la tranquilidad de su amado barrio.
–Ah, señorita Fujioka, no busque contextos inexistentes. No puede negarme que en algún punto ha soñado con una boda de princesa, de cuentos de hadas. –chasqueó la lengua con desencanto cuanto Haruhi simplemente gruñó un 'no'. –Estoy al tanto de que creció en clase media… baja, pero siéntase en confianza. Mi trabajo es volver realidad la boda de sus sueños.
La castaña crispó los puños nerviosamente. Ésa mujer era la clase de personas que no llevaba bien, que no soportaba. ¿En qué pensaba su suegro al contratarla? Desde que la vio entrar arrogantemente en su oficina, con aquel traje sastre color chicle y el maquillaje bien marcado, supo que iba a sufrir. Estaba haciendo enormes esfuerzos por no perder la educación ante la organizadora. Yuuko Tachibana, como le dijo que se llamaba, era la organizadora de las mejores bodas en todo Japón.
Ja.
–Escuche, Tachibana, realmente esto es… –comenzó con un tono afilado cuando su teléfono comenzó a sonar como desquiciado. Suspirando de enojo, le hizo un gesto a la pelirroja irritante contestando la llamada. –¿Sí? ¿Diga?
–¡Haruhi! ¡Qué bueno que contestas! –chilló alegremente Tamaki al otro lado. Ella simplemente cerró los ojos, derrotada. Ese día demostraba tocarle los nervios. –¿Podemos vernos hoy? Ya hace un rato que no nos vemos, hija. –casi podía verlo haciendo pucheros. ¡Pucheros! ¡A esta edad! –Logré hacerme un espacio para venir a Japón, y realmente me gustaría pasar tiempo de calidad con mi única hija. –añadió dramáticamente.
–Oh, mira en este momento yo no creo que…
–¡Haruhi! –chilló de nuevo, un tono de reprimenda y berrinche que le hizo alejar un poco el teléfono de su oído. Suspiró.
–Permítame un momento, señora Tachibana, necesito atender la llamada. –solicitó parándose mientras cubría el celular. Ignoró con cierta satisfacción la mueca molesta de la mujer por ser llamada señora.
–Entonces, pasaré por ti en media hora.
–Tamaki, estoy lidiando con algo en este momento. Lo siento, seguro encuentras algo más que hacer…
–¡Haruhi!
–Tamaki, si me dejaras simplemente… –Y se vio de nuevo interrumpida, una sombra obstaculizándole la entrada de luz de la ventana. Alzando la mirada se topó con los rasgos fríos de Yoshio Ootori en todo su esplendor con una mueca indescifrable en los labios. Haruhi se sintió helada ante la mirada clínica que le digirió, flaqueando su agarre en el celular. –Escucha, ahora no puedo, yo te llamo después. –colgó escuchando vagamente los reclamos infantiles del que fuere rey del club. –Señor Ootori, que sorpresa más… agradable tenerle aquí.
–Uhm. –sonrió. –Querida, no hace falta tanta formalidad. Esperaba pudieras hacerte un espacio para comer conmigo, hay ciertos asuntos que me gustaría tratar contigo.
Haruhi se envaró en su posición sin tener en claro por qué estar tan a la defensiva. Rápidamente su mente dilucidó que se debía a que definitivamente Yoshio no era su persona favorita en el mundo. Demasiado frívolo e interesado como para generarle alguna respuesta más emotiva.
–Por supuesto, Yoshio.
El día pintó a ser maravilloso. Hacía un claro sol en lo alto del cielo, con esponjosas y llamativas nubes del blanco más puro. Quitando el hecho de que tenía un pelirrojo gimoteando por la resaca en su sofá –rogándole a todo Dios misericordioso que no vomitara sobre su alfombra– y que al fin sentía que podría hacerle frente a la muchacha que tan mal le había traído.
–Oh, maldita sea. –se quejó por milésima vez el pelirrojo despatarrado, sujetándose la cabeza con gesto lastimero. Incluso hacer memoria de lo que estuvo hablando le hacía palpitar las sienes.
Kyouya dando un suspiro, le alcanzó un par de ibuprofenos y un vaso grande de agua fresca, que el Hitachiin apuró a largos tragos. –Bueno, es indiscutible quién se llevó el hígado ganador entre ustedes dos.
Kaoru le dirigió una mirada cortante, adoptando una posición más cómoda para su espalda. De pronto ligeros flashes de su balbuceo de anoche le vinieron a la cabeza. –Esto… ¿Kyouya? Sé que dije muchas cosas anoche pero, ¿dije algo relacionado con Honey anoche?
–Dijiste muchas cosas, sí, pero entre tus gimoteos de borracho no pude discernir gran cosa. –aseguró mientras se acomodaba el puente de sus gafas con el dedo anular. Kaoru se permitió exhalar con alivio el aire que contenía. –Solo puedo deducir que Mitsukuni te ha llamado metiche. –el joven hombre tuvo la decencia de sonrojarse ligeramente.
–¿Cómo es que estás tan fresco? ¡Fácilmente bebiste el doble que yo!
–¿Cómo puedes saberlo? Quedaste noqueado con tu segunda copa. –sonrió. Kaoru le regaló otra mirada filosa, lo más amenazadora que pudo sintiendo aún como la bilis quería subirle por la garganta. Se estremeció de asco.
–Sigo manteniendo mi posición… deberías hacer algo ahora que aún hay tiempo. –el pelirrojo se pasó ambas manos por el cabello. –Bien, ya hay un anuncio oficial, sí, es cierto, pero no hay fechas concretas, y la amas. Más importante aún, ella te ama. ¿Qué estás esperando? ¿Tenerla en el altar a lado de Mori para hacer algo? –El moreno evitó la pequeña sonrisa que le nacía al escuchar al joven hombre repetirle lo mismo que dijese anoche.
–Por supuesto que no, pero debo respetar su decisión.
Apretando la mandíbula, el más joven replicó. –Decisión que tomó orillada por tu tozudez. Aún no sabemos bajo qué condiciones esos dos decidieron comprometerse, pero ambos sabemos que no fue porque simplemente decidió hacerlo. Haruhi no es de esas, y ella intentó llegar a ti.
–Kaoru, ya tenía tomada la decisión de hablar con ella.
–¿E-en serio? –no pudo esconder su sorpresa, pero finalmente mostrándose ampliamente complacido sonrió ampliamente. –Eso es genial.
Sí, pensó para sí mismo, era tan genial que no sabía por dónde empezar. Agradecía haber tenido la acosadora idea de mantenerla vigilada, pues podría interceptarla en algún espacio vacío de su itinerario. A pesar de estar rozando la treintena, se sentía como un niñito torpe en aspectos del corazón. Ridículo pensamiento pero tan dolorosamente cierto.
–Oh, mira. Pronostican una tormenta eléctrica esta noche. –murmuró distraídamente Kaoru, que había encendido el televisor, sintiéndose a sus anchas en casa ajena. –Ya ha pasado bastante desde la última, ¿no, Kyouya?
Mientras se giraba para ver también la pantalla, su teléfono móvil repiqueteó en el desayunador. Un número bastante conocido apareció en la pantalla. Inmediatamente contestó.
–Señor, su padre ha ido a verla.
Bien, era en ocasiones así donde no sabía si la fortuna le sonreía o le pateaba la entrepierna.
Tuvo que llamar a Tamao y pedirle que despachara a la mujer de su despacho, así como de limpiar las citas del día. Honestamente no creía que esa plática con el patriarca Ootori saliese bien y así no se tenía que preocupar de tener que tratar con sus clientes, por ello del riesgo de que no tomaría las cosas de manera impersonal. Yoshio no se iba a contentar tampoco con estar en su oficina para tal plática, dado que ambos sabían que sería entorno a temas personales.
Así que fueron a un restaurant retirado y de calidad diamante.
Se sintió tan extraño volver a ser conducida –amablemente obligada– dentro de una limosina. Takashi prefería conducir él ya fuere el auto o la moto y Kyouya, si bien conducía más de lo que usaba al chófer, prefería usar autos clásicos que las presuntuosas limosinas. Así que no pudo evitar sentirse tensa, con la mirada fría de Yoshio sobre sí. Porque Yoshio no haría pláticas innecesarias, no, cómo hiciere Akira cortésmente.
Además sentía un mal presentimiento en la nuca. Como si una mano de hielo se aferrara a ella, vaticinando una tragedia. Meneando ligeramente los hombros se llamó ridícula a sí misma. ¿Qué podría pasar mal? Las nubes oscuras devorando el poco azul visible del cielo le hicieron bufar con acritud.
Pronto fueron conducidos a una mesa aislada, con dos guardaespaldas del equipo Ootori haciendo de paneles humanos. Parecían dos enormes gorilas en traje, algo bastante espeluznante.
–Espero me puedas dar las respuestas que mi hijo no ha querido darme. –comentó con ese tono acerado tan propio suyo apenas ordenaron y llenaron sus copas de vino tinto. Haruhi pegó la espalda por completo al respaldo, dando un ligero trago a su copa con la esperanza de que le diese un poco de valor.
–En primer lugar, señor Ootori, necesito me diga acerca de qué espera le responda.
Yoshio entornó los ojos mientras una sonrisa cínica le curtía la boca.
–Hace unos, ¿qué? ¿Seis meses?, usted y mi hijo me plantaron cara acerca de que iban a casarse. Perdí una alianza importante denegando el compromiso arreglado, por sus caprichos. –Haruhi crispó los puños debajo del mantel, pero mantuvo su rostro impasible como una profesional enfrentando un duro juicio. –En ese momento dijiste no estar interesada en la fortuna de mi vástago. ¿Me equivoco? –y le dirigió una mirada despectiva, tomando su propia copa y dando un trago elegante.
–No, señor, no se equivoca. En nada.
–Y… –continuó bajando la copa. –Hace unas semanas leí cierto artículo interesante, señorita Fujioka. Que usted se casaba. Bueno, no debo aclarar que mi sorpresa no se debió a ese hecho, sino a que el nombre del novio no era el que yo esperaba.
Desvió la mirada, agradecida de que justo en ese momento trajeron los platillos y le otorgó ciertos minutos para pensar su respuesta. Claramente no hallaba manera de explicarlo.
–Estoy esperando, señorita Fujioka.
Miró su plato rebosante de comida gourmet, sintiendo su estómago del tamaño de una nuez.
–Con todo respeto, señor, creo que eso es algo que no le incumbe.
–Oh, ¡se equivoca tanto usted! Esto me incumbe demasiado. Porque le incumbe a mi hijo. –«Como si Kyouya le importara algo.» pensó molesta.
–Su hijo y yo hemos hablado esto, es algo a nivel personal que nada tiene que ver con usted. Así que si me permite… –Declaró haciendo amago de levantarse
–Ah, ¿tan segura estás? –Un brillo que podría catalogarse como malévolo empañó las gafas del hombre delante de ella. –Pues no lo vemos de esa forma. Tenemos un interesante sistema de circuito cerrado en la mansión. Oh, y hasta audio dolby digital.
Sintió las piernas flaquearle, por lo que terminó sentada de nuevo, sintiendo que el color se le iba de las mejillas dándose cuenta de hacia dónde iba la plática.
–U-usted…
–Bien, esto sería prueba suficiente para cierto procedimiento legal. –sonrió y chasqueando los dedos, uno de sus gorilas sustrajo de su saco una carpeta gris que le tendió. Con manos temblorosas lo tomó, leyendo superficialmente el contenido de los papeles que albergaba. –Como podrá denotar ahí se puede percibir cierto fraude, además de incumplimiento de palabra y podría enlistar unas cuantas cosas más que podría significar el fin de su carrera y un escándalo tan grande que afectaría directamente al apellido Morinozuka. Porque por supuesto tenemos preparado un artículo sumamente interesante que sería publicado en cada periódico japonés, con cobertura en varias televisoras nacionales. ¿Quién sabe? A lo mejor algunas internacionales se interesarían también. –tomó de su copa y se relajó contra el respaldo, mirando como aquella mujer temblaba ligeramente, volviéndose cada vez más pálida. Entornó los ojos, nadie le hacía una mala jugaba a los Ootori.
–Sí usted hace eso, afectaría a Kyouya también. –terminó por musitar, sujetándose la frente. Se sentía súbitamente mareada. Los ojos fijos en las líneas que sentenciarían su vida. Su pensamiento más próximo no se cernía a su puesto de trabajo, no, sino a Mitsuki.
Un escándalo de esa índole significaría perder toda oportunidad de recuperarla… e incluso perder sus escuetas visitas al año. Tembló.
–Está todo pensado, mi querida abogada. –alzó la mirada y la enfrentó con los ónices despectivos de Yoshio. –Mi hijo es la parte afectada. Tenía que hacer algo, ya que nadie me decía nada. Estoy muy decepcionado, Haruhi, tenía esperanzas en ti… Tantas, tantas esperanzas en ti.
–Padre, es suficiente.
Ambos se giraron y vieron al moreno que se erguía en toda su altura, dejando entrever su enojo en su rostro tenso. Yoshio sonrió de lado, podía notar la furia que lo corroía pero eso no le amilanaría.
–Qué agradable sorpresa, Kyouya. ¿Gustar unírtenos?
–Sólo he venido por Haruhi. Nos vamos ya. Haruhi, anda. –gruñó tomándola de la mano y forzándola a levantarse. –Y una última cosa Padre, si haces esto, habrá severas repercusiones. –Masculló dirigiéndole una pétrea sonrisa por sobre el hombro, la luz el restaurante haciendo sus gafas brillar de manera anormal. –No intentes probarme.
Haruhi sólo podía trastabillar tratando de seguirle el paso, sintiéndose aún mareada por la amenaza que se cernía sobre ella. Un valet parking les abrió la puerta, se subió sintiendo el momento algo irreal. Respiró hondo sintiendo que posiblemente estaba en una especie de shock emocional. Pero tenía algo seguro.
Kyouya estaba allí.
Por ella.
Parpadeó un par de veces, observándolo mientras él conducía con la cara contrita en una mueca de molestia. ¿Cuánto tiempo no fantaseó con que él regresara? Ahora le suponía un sabor agridulce en la boca y una sensación rara en el estómago, con la culpa presionándole en el pecho. La cosa era saber culpa de qué.
–Lo siento.
–¿De qué?
–Lo que intenta hacer mi padre… Es lo más bajo que le he conocido jamás. –Kyouya apretó con fuerza las manos en el volante, ver a Haruhi de esa forma tan desvalida le había sentado peor que si le hubiesen quemado las entrañas. Respiró profundo tratando de calmarse y pensar en dónde podrían hablar tranquilamente.
–Está bien, Kyouya. No es cosa tuya. –La menuda mujer sentada a su lado se abrazó a sí misma, perdida en el paisaje. Lo notaba de reojo. No recordaba haberla visto tan indefensa antes, se veía desvalida y frágil.
–No hará nada. Tienes mi palabra.
Haruhi se arrebujó en su asiento, abrazándose con más ahínco, los ojos nebulosos de lágrimas que luchaba por reprimir. –Tiene su derecho. –musitó con voz rota llamando la atención del de gafas.
No pudo evitar el suspiro pesado que se le escapó, esa mujer distaba mucho de la Haruhi que quemaba en su pecho. Necesitaba hacerla reaccionar, necesitaba ver a la mujer que amaba, no era muñeca mustia enfundada en traje de oficina. Agradeció cuando vio su edificio alzarse en las cada vez más oscuras calles, realmente la tormenta se veía más cerca.
–Espero no te molestes que te haya traído a mi casa. –Dijo mientras ingresaban al estacionamiento, Haruhi se encogió de hombros restándole importancia pero aún sin enfrentarlo directamente. –Supuse que en tu casa habría algún que otro paparazzi y aunque somos amigos es seguro que no dudarían en remarcar alguna situación comprometedora.
–Gracias.
No se molestó en responderle simplemente la instó a acompañarlo.
Mientras estaban en el ascensor se permitió observarla. Se veía más delgada, sus facciones mucho más remarcadas que la última vez que la viera, las ojeras incipientes que se veían a pesar del maquillaje. Además estaba más pálida, no creía que se debiese sólo a la presión súbita de la amenaza de su padre, se veía como algo más antiguo. En resumen le pareció una imitación enfermiza de la Haruhi con la que se reencontró.
Apenas entraron pudo notar que ella miraba con interés la mancha oscura sobre su pared de tonos crudos. Sonrió burlón antes de irle a preparar un vaso de agua con azúcar que después le tendió.
–No, gracias.
–Te hará bien, seguro aún estás conmocionada. –aseveró mientras le dejaba el vaso en las manos y se sentaba frente a ella. La fémina le hizo un mohín antes de beber. –Creo que tenemos una conversación pendiente.
–Ah, ¿ahora sí piensas escucharme? –Kyouya enarcó una ceja ante el tono ácido de la mujer. Ella disimuló terminando de beberse el agua de un trago. –Ya no importa, creo que ambos hemos seguido adelante… No existiría diferencia alguna en las cosas.
–Me temo que te equivocas. –Sonrió mientras se acomodaba las gafas y se reclinaba hacía ella. Haruhi entornó la mirada e instintivamente retrajo su cuerpo, agradeciendo la mesa de por medio entre ambos, con el corazón comenzando a latirle desembocado. –Para mí si la habría.
Haruhi abrió y cerró la boca un par de veces, descolocada por él. Las ideas se amontonaban en su cabeza no dejándola carburar correctamente y sentía los ojos arderle aún por el llanto que se impedía a liberar. –Kyouya, ¿eres consciente de cuánto lo intenté? Fui una estúpida que se dejó chantajear, sí, pero te busqué. Me tragué el orgullo, hice todo lo que pude porque yo… yo… –su tono fue disminuyendo al tiempo que su cuerpo comenzaba a temblar de nuevo, dejó el vaso en la mesa mientras agachaba la vista y se sujetaba la boca, sintiendo los primos surcos calientes de las lágrimas bañándole las mejillas.
–Lo sé. Sé que has hecho mucho y que no he actuado de buena manera. –interrumpió levantándose y acercándose al manojo tembloroso en que se había convertido la chica. Pronto le tomó ambas manos con una suya y levantó su rostro por el mentón. –Quiero hacer las cosas bien, y estoy dispuesto a escucharte. Pero empecemos con algo más simple, ¿a qué te referías con aquello de que está en su derecho de proceder legalmente? –inquirió soltando su rostro suavemente. Haruhi se desprendió de su agarre y se limpió el rostro con un suspiro.
–Los puntos que toca en su demanda… Yo incumplí nuestro trato. –se frotó la nuca con nerviosismo. –Además soy consciente de que aceptar casarme con Mori fue estúpido. De estar completamente lúcida no lo hubiese aceptado porque eso mancilla mi moral, que es otra cosa que figura en el acta.
–Haruhi. No seas estúpida, tú cumpliste tu parte del trato. El que no cumplió fui yo. –El moreno se sujetó el puente de la nariz, molesto. –Si hubiésemos hecho un convenio escrito, mi padre podría notar que la parte que no respetó el contrato fue la mía. Claro que eso hubiera sido terriblemente incómodo dadas las circunstancias actuales. Pero quiero que dejes de pensar eso.
Gracias a los enormes ventanales que poseía su departamento –y a su privilegiada posición por cierto– ambos fueron capaces de ver el momento exacto en el que la lluvia se dejó caer con violencia. Un par de relámpagos cruzaron el cielo y provocaron que la abogada se erizara, al parecer su terror a las tormentas estaba tan intacto como siempre.
–Y como dije estoy dispuesto a escuchar.
–Minoru. –dejó escapar con una exhalación, tratando de calmarse e ignorar la tormenta fuera. –Minoru me acorraló. Me hizo creer que era la única alternativa que me quedaba era volver con él…
Se quedó en silencio un momento, escuchando el repiqueteo de las gotas contra el cristal. Kyouya se masajeó las sienes.
–Y seguro te volvió a chantajear.
Se encogió con su tono agrio. Kyouya encrudeció su semblante, pensando en cómo ese hijo de puta atacó su dolor de madre para hacerla tambalearse en sus objetivos.
–Haruhi, mírame.
Por más que intentó hacerlo no podía enfocar sus ojos en él, siempre los desviaba a algún punto sobre su hombro, sintiéndose trémula.
–Mírame, por favor. –terminó por rogar, acercándose hasta que cuerpo con cuerpo se rozaban. Tomó su mentón tratando de relajar su semblante y sintió una punzada al mirar esos profundos pozos chocolate ponerse rojizos. –Mitsukuni es una niña normal, Haruhi. Jamás podría ser una carga para mí ni para Mori.
–Pero Kyouya… mi hija… ella… –balbuceó parpadeando como un búho deslumbrado. Él sonrió y acarició sus mejillas con ambas manos. Se sentía profundamente agobiado con las emociones que estaba despertando ella en él, así que simplemente se estaba dejando llevar.
–Mitsukuni es ciega, Haruhi, lo sé.
Finalmente se quebró. Al mismo tiempo que un relámpago iluminaba toda la instancia, su temple se rompió, sollozando entre las manos de Kyouya que atinó a deslizarlas por sus hombros y finalmente asentarlas en su espalda para abrazarla con fuerza. Ella se aferró con desespero de su espalda, hipando entre gemidos tristes. Sólo pudo atinar a enterrar el rostro en el hueco de su cuello, aspirando su perfume y evitando pensar. Sólo así.
Pasó un largo rato en el que simplemente se apretaron mutuamente, Kyouya acariciando sutilmente su espalda y el cabello de Haruhi mientras ella respiraba profundamente para calmarse. Los truenos bajaron su intensidad o quizás la lluvia había parado, ambos perdieron la noción de ello.
–Minoru siempre me culpó… –susurró sin despegarse, con la mejilla posada en el pecho del moreno. –como en realidad no fue un embarazo planeado, no tuve los cuidados prenatales. De hecho sólo nos dimos cuenta porque en el sexto mes de gestación yo me desplomé en la escuela y me llevaron de ahí a urgencias porque no reaccionaba. Los resultados arrojaron que estaba en estado.
Kyouya no dijo nada pero tampoco detuvo sus caricias de consuelo.
–Minoru estuvo furioso cuando lo supo, pensó que se lo estaba ocultando porque no era suyo. –inconscientemente tembló ante el recuerdo, Kyouya exhaló de forma pesada, deteniendo sus manos. –Eso fue terrible porque a pesar de todo yo creía amarlo profundamente y ese tipo de rechazo se sentía como si hubiesen dado una golpiza en el corazón. Me sentía dividida entre la alegría de saber que sería madre, el estrés porque aún estaba estudiando y un bebé sería difícil de compaginar con los estudios, y el terrible dolor del desprecio de mi esposo. –Haruhi se separó finalmente del abrazo en que Kyouya le apresaba, pero girando su cuerpo buscó la forma de quedar frente a frente mientras limpiaba sus lágrimas. –Pude haber sido expulsada pero mis profesores intercedieron por mí, ya que era una alumna destacada. Por fortuna, la fecha aproximada del parto que me dieron los médicos daba para las vacaciones de verano.
«Parecía que Mitsuki había esperado a ser descubierta para comenzar a mostrarse, porque de pronto mi vientre se comenzó a hinchar. Podía sentir las miradas de desdén de mis compañeros y soporté sus comentarios punzantes. Sola. Minoru tardó mucho en dejar de tratarme con frialdad y la carga emocional que sentía me quebraba a ratos. Papá estaba muy preocupado y para mayor enojo de Minoru, casi parecía vivir con nosotros.»
Haruhi sonrió con tristeza cuando dijo aquello.
–A papá nunca le gustó Minoru. Siempre decía que hubiera preferido al imbécil rubio que no se daba cuenta de nada al otro imbécil rubio que terminé eligiendo. Aunque traté de ocultárselo, sé que él era consciente de la pesadilla que era mi matrimonio. –suspiró frotándose los ojos. –En fin. Casi pierdo a Mitsuki en tres ocasiones. La primera fue un atentado de unas compañeras que decían que manchaba el buen nombre de la universidad, la segunda fue por una alarmante baja de azúcar en la sangre, y la última la provocó Minoru durante una fuerte pelea que tuvimos.
–¿Ese bastardo te golpeó? –gruñó Kyouya sintiéndose más furioso a medida que avanzaba la chica con su historia. Ella negó con suavidad, sonriendo tristemente.
–No, pero debes saber que hay veces en que la violencia psicológica es mucho peor que la física. –Fujioka pareció encogerse de repente, a Ootori le pareció de pronto más pequeña y frágil. –Mitsuki no nació de esa manera. ¿Sabes? Nació con bajo peso pero los médicos aseguraron que fue a término y no prematura. Estuvimos ambas una semana más en el hospital antes de que nos dejaran ir. Minoru se apaciguó bastante, ya que afortunadamente ella nació con su cabello rubio y no se podía negar que eran bastante parecidos. –hizo una pausa y le miró directamente a los ojos. –No fue hasta que cumplió el año cuando quedó ciega, pero antes de eso, casi al mismo tiempo en que a mi padre le diagnosticaron leucemia, me comenzaba a sentir cada vez más mal con ese matrimonio.
–Lamento interrumpirte, Haruhi, pero realmente no entiendo cómo fue que terminaste con esa basura. –entonó con suficiente asco lo último como para llamarle la atención. Ella hesitó unos instantes su respuesta.
–Yo no era una persona demasiado sociable antes, básicamente me contentaba con mantener a las personas que se me acercaban sin mucho esfuerzo por entablar las relaciones. –empezó con cierta vacilación. –Cuando me obligaste a ser parte del club por la deuda, me sentía exactamente de esa forma. Pero pasado un tiempo ya no fue así. Todos ustedes se volvieron importantes y al tomar cada quién su camino… me sentí de repente muy sola. Rechacé incluso una beca a Boston porque de alguna manera sentí que sería como abandonarlos, y papá se empezaba a ver cansado. Minoru me conoció en la universidad. Era inteligente, sereno y todo un príncipe cuando quería. Tenía una sutileza como la de ustedes. –sonrió cariñosamente y en un arranque de valentía acarició la mano masculina con la yema de los dedos. –Era muy claro, siempre diciéndome que me quería. En un inicio me sentí agobiada como cuando a Tamaki le daban esos arranques de '¡Soy tu papi!' o a los gemelos su rabieta de que era su juguete, por lo que acepté para que me dejara en paz.
Ambos suspiraron: Haruhi sumergida en la ilusión de su pasado y Kyouya comprendiendo que Haruhi se estaba abriendo a él. Estaba contándole todo a él. Esa certeza le calentaba las entrañas y le hacía sentir el pecho hinchado de amor por esa dulce mujer.
–Se portó caballerosamente. Me miraba tan ardorosamente que en varias ocasiones fui incapaz de sostenerle la mirada. Realmente no soy consciente de cuándo fue que caí, sólo sé que al año de esa cita él se me propuso mientras seguíamos estudiando y yo acepté, embelesada como abeja con la miel. –de pronto lanzó una carcajada vacía, casi cruel. –Un concepto que jamás pensé asociar conmigo. Papá no se lo tomó bien.
–Haruhi… ¡Pero es que! –Ranka pareció atragantarse con las palabras, sintiendo el nudo del disgusto formarse pesadamente en su estómago con la bilis amargándole la boca. El rubio arrogante a lado de su hija le sonrió socarrón y Haruhi se sonrojó profundamente, Ranka fulminó con la mirada a la peculiar pareja de su hija. –Están ambos estudiando, ¿no sería mejor esperar un poco, cariño? –Yamamoto pareció retarlo tomando con suavidad la mano de la chica, de nuevo él sintió la furia carcomerle las entrañas.
–Papá, estoy segura.
–P-pero pensé que querrías terminar antes de estudiar, ¿y todos tus planes?
–Seguirán iguales, sólo que los compartiré con Minoru. –Su contestación firme y segura pareció desinflar a su padre, Minoru la miró casi con adoración y le besó la mano.
–… ¿Y si me negase a dar mi bendición? –mesándose el cabello, inspiró sacando esas palabras que le quemaban la boca. Haruhi se envaró y le dirigió una mirada triste, inconsciente de la desesperación de su papá.
–Nos casaríamos igual.
–Es demasiado precipitado, Haruhi.
–Es lo que yo quiero, papá. Por favor.
Y ante la seguridad de su retoño, Ranka sabía que no tenía oportunidad. Sintiendo el presagio de que era la peor decisión de su vida, aceptó la adhesión de Yamamoto a su familia.
–Después de casarnos fue que todo cambió. Minoru se volvió bastante obsesivo. Papá se culpaba a sí por ello, dijo que debió pelear más, pero sé que nunca habría hecho caso. Él llegó al grado de dejarme encerrada en casa cuando sus celos lo acribillaban. –se frotó el rostro casi con angustia. –Una vez estuve obligada a saltar por la ventana, casi no la libro porque nuestra casa de ese entonces un departamento en el tercer piso. Logré llegar al balcón del vecino de abajo casi de milagro.
–No entiendo, ¿eso no te dio una pista de que debías dejarlo? ¿De cuán peligroso era para ti todo esto?
Haruhi recargó la mejilla en el respaldo del sofá, sin dejar de juguetear con la mano de Kyouya casi nerviosamente. Se mordió el labio antes de responder. –Tal vez, pero para entonces de alguna forma él ya había conseguido convencerme de que no podría vivir sin él. Que todos ustedes ya me habían abandonado y que no sería más que un pedazo de basura el día en que me dejara o yo me fuera.
Kyouya tensó la mandíbula. Menudo bastardo cabrón.
–Nunca fui una persona dependiente, eso lo sabes, pero él aprovechó cada punto débil en mí para lapidar mi autoestima. Me volví su muñeca. Afortunadamente nunca me golpeó. Supongo que para mi padre fue terrible ver esta transformación, como desgajaba un patán a su otrora autosuficiente y segura hija. Pero en fin… con Mitsuki las cosas parecieron calmarse y me sentí aliviada, aunque fue que mi papá se empezó a consumir por su enfermedad. Cuando cumplió el año, quedó ciega tan repentinamente que no supimos que había ocurrido. Luego mi papá empeoró y él… –Haruhi se mordió de nuevo la boca, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. –Decidí separarme de Minoru porque sabía que las cosas no estaban bien, volvió a ser violento en cuanto Mitsuki perdió la vista y mi papá estaba cada vez peor. Luego un día de la nada accedió y me sentí libre. Luego todo se juntó.
Un trueno resonó fuera del departamento y Haruhi se encogió de nuevo, dejando que los gruesos lagrimones hicieran su camino por su rostro.
–Mi papá falleció sólo tres meses después de que decidiese separarme de Minoru. Estaba devastada emocionalmente y Minoru se aprovechó de que me encontraba en un claro desequilibrio emocional para que el jurado se decantase a no cederme la custodia de Mitsuki. "No es capaz de valerse por sí misma, ¿cómo lo hará con mi bebé que tiene una incapacidad?" –imitó con dolor sus palabras. –Solicitó que nos hicieran a ambos pruebas psicológicas. Ese maldito bastardo… –inspiró con fuerza mientras se limpió con furia las lágrimas con la mano libre. La otra ya estaba apresada por el agarre firme de Kyouya. –Físicamente no me veía muy bien, tenía ojeras porque había estado pasando las noches cuidando a papá, y estaba pálida porque llevaba casi el mismo tiempo sin comer bien. Bajé como diez kilos en esos tres meses. Obviamente parecía al borde del colapso. Y a ese maldito no le importó aprovecharse de mis emociones para arrebatármela. Desde entonces apenas he visto a mi hija unas pocas veces, cuando él se siente benevolente.
–Es bastante extraño que con lo que me has dicho, él pasase la prueba psicológica.
–Pienso que compró al psicólogo, en ese entonces yo no estaba en mi mejor época como para suponer eso. Durante estos años he intentado poner una contrademanda para recuperarla, pero no he tenido fortuna, aunque sé que estaríamos más parejos esta ocasión. Minoru no ha conseguido pareja, cada cierto tiempo regresa a amenazarme para convencerme de regresar pero ya no tengo esa venda en los ojos, sé la clase de basura que es y agradezco que ame a Mitsuki porque sé que la trata con adoración.
–Vas a recuperarla, Haruhi. –murmuró Kyouya, sopesando toda la información obtenida. Haruhi cerró los ojos, simplemente liberando las lágrimas. Ambos se unieron en un abrazo consolador, simplemente dejando que el calor del otro acariciara el cuerpo ajeno.
Haber rememorado todo hacía que la angustia que había sentido regresara. La rabia, la tristeza, el miedo, el dolor. Todo la golpeaba como si hubiesen tirado una tonelada de plomo sobre su cuerpo.
«Muéstrale el mundo a Mitsuki tal como lo ves»
Desde que se graduó de Ouran, desde que rechazó aquella beca, Haruhi sentía sólo había tomado una mala decisión tras otra. Minoru la convenció de que nadie más que él –y sólo por ser su padre– podría aceptar a una mujer cuya hija era discapacitada. Y ahora comprobaba como una estúpida que creyó otra mentira. Obviamente Kyouya lo sabría desde que la encontró, y así la había aceptado. Takashi también lo sabía, porque se lo había dicho sutilmente entre comentarios casi al aire, y él había dicho amarla.
Pronto se aferró con fuerza a los hombros masculinos, hundiendo el rostro en su pecho, inhalando su perfume de hombre, antes de soltarse a llorar como una niña perdida de nuevo. Se sentía quebrada otra vez, como hacía ya siete años, superada por las emociones que sentía que le desbordaba el pecho por el otrora Rey de las Sombras.
¿Por qué siempre era tan estúpida? Mori la amaba con pasión, con adoración, yendo a su ritmo tranquilo y mirándola con absoluta devoción. Pero Kyouya… Kyouya le calentaba el pecho, le encendía la sangre y sentía. Simplemente eso, sentía. Sentía amor, cariño, sentía ardor cuando le miraba, sentía todo. Y así en sus brazos, se sentía protegida, se sentía querida. Que nadie la dañaría. Sentía incluso la posibilidad de ser correspondida, así fuese una ilusión. Porque lo amaba. La certeza de ese amor le calcinaba por dentro haciéndola llorar desvalida.
–D-debería irme… la tormenta ya está pasando y yo… –balbuceó, Kyouya la separó con sutileza y le miró a los ojos de tal forma que Haruhi sintió miles sino millones de mariposas aletearle furiosas en el estómago y el pecho latirle casi en los oídos.
–Quédate. –susurró con la voz más cálida que le había escuchado nunca, ambos respirando casi el mismo aliento mientras se acercaba con lentitud a ella. –quédate conmigo esta noche, Haruhi. –repitió acunándole el rostro con ambas manos, sus labios casi rozándose.
Haruhi temblaba como una trémula hoja al viento, casi conteniendo el aliento.
–Quédate. –volvió a decir y ella embelesada se dejó consumir por la boca masculina que reclamaba la suya en un beso enloquecedor que erizó cada poro de su piel. –Por favor. –suplicó.
Ella miró sus ojos oscuros con adoración, las mejillas hirviéndole en el rostro advertía que estaba sonrojada. Kyouya tenía la mirada más dulce y ardiente que le hubiese visto a nadie nunca, le brillaba casi de manera imposible detrás de sus gafas y Haruhi se sentía derretida ante su calor. Ella fue la que se aventuró de nuevo a sellar sus labios con un beso pasional, abandonándose por una vez a sus sentimientos sin preguntar nada.
Esta noche sería de los dos. Sólo de los dos.
Te amo.
Takashi miraba la lluvia que caía imposible coreada de múltiples y atronadores relámpagos. Golpeteaba los dedos impacientemente en la mesa de su departamento. Su teléfono yacía a un par de pulgadas lejos de su mano, donde lo había abandonado lleno de hastío por el insufrible sonido de la contestadora.
Desde que había empezado la lluvia había estado tratando de contactar a la castaña pero parecía que la tierra se la había tragado. Tamao le había dicho más bien poco de dónde pudiese estar ya que a ella tampoco le había dado demasiados detalles sobre lo que haría en el día. Además se topó con la señorita Tachibana que pareció ronronear como locomotora vieja nada más verlo y le comentó vagamente la poca disponibilidad que le habría mostrado Haruhi durante su visita y comprendió de inmediato el por qué.
Con un suspiro de resignación le dijo que él apoyaba a Haruhi en todo y que un mes le parecía una fecha absurda que trataría con su padre, sin más adorno que eso antes de marcharse dejando una molesta organizadora a sus espaldas.
Después de eso había sido llamar, llamar y llamar. Sintiéndose intranquilo fue a su casa para encontrarla vacía, con toda la oscuridad de las habitaciones diciéndole que no había nadie.
Sentía un presentimiento amargo en el vientre sobre donde podría estar ella pero no se sentía capaz de verbalizarlo. Decirlo en voz alta sería como confirmarlo y prefería sentirse ignorante al respecto.
No sabía cómo actuar con los sentimientos que le bullían por dentro, dejándolo helado. Simplemente pensaba en ella mientras miraba el teléfono con la esperanza de que sonase, de que ella le llamase y él pudiese estrecharla entre sus brazos. Saber que ella seguía allí, que ella le dijese que seguirían juntos porque toda esa incertidumbre le estaba matando.
–Haruhi… –murmuró al aire mientras pegaba la mirada acerada al enorme ventanal, mirando los goterones golpear furiosos contra el cristal con cada relámpago que iluminaba el ya negro cielo. –… vuelve.
...
..
.
N.d.A: Recuerden que de la retroalimentación nos beneficiamos todos. ¡Nos vemos muy pronto ;)!
