Capítulo 11. Tú caes en la trampa y el demonio se enfurece. Las mejillas sonrosadas de un cuerpo sin vida. Parte l
By:
HirotoKiyama13
.
.
Y tú estabas allí a la vuelta, esperando para hacerme saber…
Que lo estamos construyendo para volverlo a destruir.
Que lo estamos construyendo para quemarlo.
No podemos esperar para arder en el suelo.
.
.
.
Ella siempre había sido una mujer realmente feliz. A pesar de haber sufrido para cruzar un largo camino y llegar a su destino, todo el tiempo llevaba una hermosa y radiante sonrisa en su rostro aperlado, pulcro, fino. Porque lo tuvo todo.
Amaba cada cosa que su familia le daba. Amaba despertarse todas las mañanas recargada en el pecho desnudo de su marido después de hacer el amor hasta el cansancio. Amaba ver a la pequeña Eva perseguirla por su extenso jardín gritando que la esperara, mientras pequeñas gotas de sudor caían por su frente blanca. Amaba la comida que su mayordomo Tanaka preparaba especialmente para ella cuando Vincent se iba de viaje. Amaba cuando este, en sus derroches de ternura y pasión, le tomaba de la mano cálidamente para salir a pasear o en casos particulares guiarla a su habitación, en donde le esperaba estar rodeada de velas. Amaba los pucheros que su hijo Ciel hacía de pequeño, esperando a que le llevaran su tarta de chocolate que tanto le gustaba.
Amaba absolutamente todo de su familia, y no había absolutamente nada que le hiciera cambiar de opinión.
Y es que así era ella. Aunque rara vez tenía un humor de los mil demonios (humor que Ciel adoptaría en un futuro), era una buena mujer, amada esposa y madre ejemplar. Todo lo tuvo, y los veinte años que estuvo de matrimonio con Vincent fueron sin duda los mejores de su vida.
Se conocieron en la Universidad, de pura casualidad. Ella estaba en el Edificio B, dedicado a la Economía con mujeres como docentes y él, Vincent Phantomhive, en el Edificio E, que era para hombres.
Era un día soleado y ella amaba los días soleados. Rachel Durless no gozaba de popularidad, pero a pesar de eso, era una joven de diecinueve años hermosa, atenta, paciente, tierna y muy inteligente. Antes había tenido parejas, pero no era para nada serio. Siempre fue sentimental y madura, así que afrontaba los problemas con fortaleza aun cuando tuviese lágrimas en sus ojos cobalto.
Y llorando fue como lo conoció. De casualidad, en un día soleado, y ella con lágrimas que enternecían sus gestos.
Vincent, al contrario de ella, era acosado por las chicas. Ya sea por su atractivo, por su dinero, por su inteligencia o por su forma de ser, siempre llevaba detrás de sí a un grupo de jóvenes gritando su nombre. Pero él se limitaba a sonreírles con armonía, para después volverse y seguir con su camino… El camino que le guiaba hacia una Rachel lagrimeando.
¿Por qué lloraba? Ah. Por la partida de su hermana. El dolor fue tan grande que ahora sólo recordaba los momentos felices de su hermana. Se limitaba a eso. Quedó en el olvido el entierro, su cuerpo inerte, sin vida, encerrada en ese ataúd, vestida completamente de blanco, y ella llorando más que sus mismísimos padres…
—Disculpa por la pregunta, pero… ¿por qué estás llorando?
.
Rachel se maquillaba con la típica sonrisa de felicidad en su rostro.
Hoy se cumplirían cuatro años de matrimonio con Vincent Phantomhive. A pesar de recibir la negativa de sus padres por haberse casado tan joven, ella siempre supo que estaba haciendo lo correcto. Vincent la amaba y ella lo amaba a él. Dos años de noviazgo le fueron más que suficientes para darse cuenta de ello, aunque los demás no piensen igual. Era feliz tal y como estaba.
Miró a la pequeña que se agitaba en su cama matrimonial, jugando con los osos de peluche que le regalaron el día de su cumpleaños. Eva Phantomhive, su primera hija, llegó hace cuatro años el 19 de Junio, justo cuando Rachel estaba en los veinte. Ahora que ella tenía veinticuatro, la pequeña apenas iba a cumplir los cuatro igual. Una sonrisa de ternura pura se surcó en su rostro jovial y hermoso. Estaba tan feliz.
—Oh, mi pequeña Eva, recuerdas que hoy irás con tío Law, ¿verdad? —le dijo mientras dejaba en maquillaje en su gran buró y se acercaba a ella. Se sentó cuidadosamente en la orilla de la cama a la vez de que la pequeña castaña alzaba su rostro—. Tú papi y yo saldremos por un rato. Espero y no te moleste.
Eva no hablaba mucho, pero lo transmitía todo mediante cosas. Le comenzó a dar golpecitos en sus brazos delgados y blancos, sacando una pequeña carcajada de Rachel. Los cabellos castaños de Eva brillaban bajo la luz del sol que se colaba por el gran ventanal de la habitación, y sus ojos de un azul oscuro, más parecidos a los de su padre que a los de ella (aunque los de Vincent eran negros), estaban fijos en el rostro de su madre. Rachel le acarició el castaño.
—Te quiero, mi pequeña—se quedó callada por unos segundos, y luego su mirada cobalto brilló—. ¿No quieres un hermanito, Evs?
La aludida le dio un apretón a su mano, y Rachel no supo si interpretarlo como algo bueno o malo.
Ella lo tomó como algo bueno.
.
Y Ciel Phantomhive nació el 14 de diciembre, ocho años después con una Eva de doce años de edad.
Toda la familia y los sirvientes recibieron a Rachel con felicidad después de haber pasado unos días en el hospital, esperando a que su hijo pudiera salir al exterior. Y cuando ese día llegó, Eva miraba toda la escena fijamente, de una manera fría.
A sus doce años era una niña inteligente, sobresaliente, y eso su familia lo sabía. Pero ahora con un mocoso recién nacido, al parecer no sería así. Después de todo, era hombre.
El que se quedaría con todo cuando sus padres ya no estuvieran entre ellos. Rachel sintió una mirada pesada sobre su persona, seguido de un escalofrío del recién nacido que se encontraba perfectamente cobijado entre sus brazos con la típica sábana azul. Alzó su rostro y en una esquina algo oscura vio a Evs, como ella le llamaba, con su rostro algo herido.
Rachel le sonrió tiernamente y le indicó con la mirada que se acercara. Vincent le tomó de la mano cuando la niña se acercó, y le susurró tiernamente:
—Este es tu hermanito, Eva.
—Eso ya lo sé. Aunque no se parece a nadie.
Vincent soltó una risilla ante el razonamiento de su hija. Le alborotó sus lacios cabellos castaños, para después darle un beso en su mejilla. Eva seguía mirando al bebé, el cuál estaba con los ojos cerrados, respirando tranquilamente. Su mano se situó en la cabeza de Ciel, tratando de buscar alguna similitud.
—Por supuesto que no. Dicen que los niños no se parecen a nadie, porque están recién nacidos.
Ciel se veía realmente frágil. O al menos así lo quiso ver Eva, quien le miraba fríamente, sin que absolutamente nadie se viera cuenta.
O al menos eso es lo que ella pensaba.
.
.
—¿P-Por qué… Eva?
—Porque así lo quiero.
—S-Somos tu… f-fami…lia…
Rachel estaba adolorida, en el suelo, sin ninguna posibilidad de movimiento. Y Eva se encontraba de pie, observándola fríamente y sin mostrar un atisbo de arrepentimiento. Estudió a la mujer que en su momento le llamó madre. Seguía viéndose joven a pesar de entrar ya a los cuarenta años. Seguía teniendo ese cabello hermoso, seguía teniendo esa sonrisa iluminadora, seguía siendo buena madre y buena esposa. Seguía siendo espectacular, inteligente, y tierna.
Lamentablemente, eso para Eva Phantomhive no significaba nada. Todavía sonaba estúpida la pregunta que Rachel le hacía. Si ya sabían que estaba mal, ¿por qué preguntaba? ¿Por qué mejor no se callaba y se moría de una buena vez? Era una lástima que el mocoso de Ciel se haya quedado en la casa de una de las amigas de la castaña, porque si no, correría el mismo destino que sus padres. Moriría, claro está.
Aunque eso no significaba que podría matarlo después. Y se quedaría con la herencia que le debió de haber pertenecido. Después de todo, el niño contaba sólo con ocho años. ¿Qué podría saber él que ella no?
Ladeó su rostro y divisó el cuerpo tirado de su padre a unos escasos metros de Rachel.
—No me importa la familia.
Y eso hiso estragos el corazón de Rachel Phantomhive. Ver a su esposo ser arrastrado sin remordimiento por si propia hija hacia ella, con varias heridas alrededor de su cuerpo, y una mueca de dolor en su atractivo rostro, era horrible. Ese hombre que siempre le trajo la mejor de las felicidades estaba sufriendo. Y ella también lo estaba. Su mente estaba oscura, como si en ella una gran tormenta se hubiera desatado y las grandes nubes le cubrieron la capacidad de pensar, de reaccionar. Pero la de sentir seguía ahí, intacta, y más latente que nunca. Una lágrima surcó por su mejilla.
Sus piernas le dolían, y era por eso que no se podía poner de pie. Eva las golpeó hasta que probablemente le rompiera los huesos o algo. Al quedar Vincent a su lado y recibir una mirada desaprobatoria de Eva, estiró su mano para acariciar el rostro del hombre. Y fue entonces cuando éste abrió los ojos, comenzando a murmurar.
—R-Rachel… Mi… Rachel…
Eva miraba la escena secamente, mientras tomaba un pequeño bote y lo destapaba, dispuesta a tirarlo encima de sus padres.
—Per... dón…
Ambos, como pudieron, se tomaron de las manos.
El llanto de Rachel aumentó aún más, negando con la cabeza y susurrándole cosas como 'No, no es culpa tuya, cariño. No me dejes. No te vayas', mientras sentía que su hija les echaba un líquido encima, el cual sintió algo caliente. Llamaba a Eva, siguiéndole pidiendo una explicación, pero ésta se hacía de oídos sordos y le ignoraba.
—Rachel…
La castaña alzó un poco la mirada sin soltar la mano de su marido, para ver así a Eva acercándose a ellos con una pequeña caja en su mano izquierda.
Una caja de cerillos.
—Te amo, R-Rachel…
Al escuchar eso, la aludida miró a Vincent con tristeza pero con algo de felicidad al escuchar esas palabras de sus labios.
Amó, amaba y amará a su familia, pase lo que pasa. En los momentos felices, en los de decepción, en los de tristeza, soledad, depresión, ellos siempre estaban ahí. En las buenas y en las malas, siempre estaban ahí. Unidos, dándose amor. Sonriendo ante las adversidades. Recordó el gran álbum de fotos que tenía debajo de su cama y que tenía como título grabado 'Fotos de la mejor familia del mundo. Por Rachel Phantomhive'. Ahora ya no podría verlo todas las mañanas mientras Vincent dormía, o ya no se lo mostraría a Tanaka, el cual quería como si fuera su segundo padre. Ya no habría nada de eso.
Aun así, no pudo evitar sonreír. Por los recuerdos.
—Y yo a ti, mi amor…
El cerillo cayó. Las llamas no tardaron en aparecer. Eva se alejó con pasó cauteloso, sintiendo el fuego aumentar de tamaño a su espalda.
Rachel le miraba mientras su cuerpo se carcomía por el fuego, y Vincent le estrujaba tiernamente su mano. Su niña, su pequeña Evs, había crecido. Por más que intentara, por más que le dijeran que su hija estaba enferma, no podía evitarlo. Le seguía viendo como su hija querida. Y aunque la sociedad dijera lo contrario, Vincent también. No la iban a encerrar al hospital porque le odiaran, si no porque querían y tenían la leve esperanza de que todo volvería a ser lo mismo que antes.
Pero quizás eso Eva no lo sabía.
Y esos fueron los últimos pensamientos de Rachel Phantomhive antes de entregarse al sueño eterno.
.
.
—Oh. Pero si es nada más y nada menos que William T. Spears. ¿Vienes a vengarte por la muerte de tu hermana, eh? —preguntó Eva con cierto recelo en su voz.
Al parecer la escoria estaba comenzando a salir de su escondite. Si incluso Grell estaba ahí, significaba que Sebastian también… y probablemente Alois.
Le dio unos golpecitos a Ciel en el estómago, para asegurarse de que no se pudiera mover. Ciel gruñó del dolor. Sonrió.
Luego miró a William, el cual traía el arma que ella probablemente había pateado y que pertenecía a Amber. O quizás era de ella. O quizás estaba en el lugar y no se había dado cuenta. Había un montón de posibilidades sobre la situación. Pero no quería pensar. No necesitaba pensar.
Tomó uno de sus cabellos sin apartar la vista de William, quien le miraba de una manera fría, sin expresión alguna. Luego dirigió su mirada azulina a Amber, algo lejana a ella y que comenzaba a recobrar las fuerzas, al menos las suficientes como para arrastrarse por el suelo y alejarse de su persona.
Se talló los ojos con algo de estrés.
—Bueno. Parece que las cosas se me están complicando. Se me están saliendo de control—habló Eva secamente, lo suficientemente fuerte como para que Alois, al otro lado de la puerta, le escuchara—. Tendré que hacer esto más rápido de lo que pensé.
Volteó su mirada a la puerta entreabierta, sospechando que William daría su discurso para después 'dispararle y matarla, haciendo que agonizara hasta el final'. Aunque, claramente, ella no moriría. Mataría a todos y cada uno de los que estaban en el lugar.
Incluyendo a Capone y a su compañero, el cuál no recordaba su nombre por no considerarlo importante. A ninguno de los dos.
Lanzó un gruñido de frustración, seguido de un suspiro exasperado. En esos momentos, incluso a ella le estaba dando algo de flojera hacer algo tan aburrido como quitarle la vida a todas esas personas que estaban ahí. Claro, Ciel era el principal. Y Amber también se lo merece y sería divertido. ¿Pero William? No es que se haya apiadado—que de hecho, nunca lo haría. Ni muerta—, pero le sacaba de quicio que todo el mundo quisiera detener su diversión.
Diversión que se merecía y que obtendría de cualquier modo. No importa como ni cuando.
Ciel Phantomhive no saldría vivo de esta.
.
.
.
.
—Debemos de entrar.
Alois se encontraba de cuclillas enfrente de la puerta, de vez en cuando mirando hacia atrás y agudizando su oído para escuchar la escasa plática que se tenía allá adentro. Estaba algo asustado y hasta temblaba, pero no podía evitarlo. Claude le dijo que habían dejado inconscientes a los criminales y que luego les ataron, y los encerraron en una habitación que estaba por ahí.
Se cubrió haciéndose a un lado, evitando que la luz de la recámara le diera en el rostro.
—No creo que sea la mejor opción, Alois—dijo Sebastian—. Al menos no contigo. Y menos con tu…
—Oh, ¿el gran y arrogante Sebastian Michaelis se preocupa por mí? —Preguntó quedamente Alois, con un tono de burla en su voz—. Debo decirte que-
Sebastian chasqueó la lengua, interrumpiéndolo en el trayecto. La mirada azulina se posó sobre su rostro. Y la de Claude también, el cual se mantenía al margen de la situación, detrás de Alois.
—En realidad iba a decir que tu estupidez no podría ayudarnos. Pero bueno, así es la gente.
Al escuchar esas palabras, el rostro de Alois se desencajó. No de furia, ni de odio, si no de vergüenza. Y no sabía exactamente el porqué, pero simplemente así lo sentía. Ese maldito Michaelis… aún no sabía que era lo que su amigo le había visto.
Decidió pasar de alto el comentario, no sin antes maldecirlo en su mente y de lanzarle una mirada fugaz a su amante, el cual mantenía sus ojos ambarinos en su persona. Luego, alzó la vista para mirar de nuevo la habitación.
—La habitación del demonio…—susurró inconscientemente.
.
.
.
.
Eva comenzó a caminar en círculos, todo bajo la atenta mirada de William, quien le apuntaba con la pistola sin ninguna emoción ni vacilación. Ella tampoco separaba su mirada azulina de ellos, mientras veía a Grell ayudar a Amber a ponerse de pie. Esta lanzó un gemido audible, quejumbroso, pordiosero, mientras le daba un 'Gracias' al de cabellos rojos. Pellizcó sus mejillas sonrojadas en busca de algo que la despertara, porque en verdad no sabía qué hacer.
No es que no supiera qué hacer. Si no que no quería hacer nada. No aún. De pronto, de una manera súbita, casi sorpresiva, se detuvo y se colocó de frente a ellos.
—Me arruinaron mis planes—anunció—. Los arruinaron por completo. Bien, bien, bien. ¿Qué quieren escuchar? ¿Cómo murió Kristen? —William entrecerró los ojos ante el nombramiento de su hermana menor. Dirigió su mirada verdosa a Amber, la cual ya estaba perfectamente de pie, con la respiración más calmada—. Te lo contaré, Will. Oh, y no pongas esa cara; que yo también quiero recordar viejos tiempos. Tiempos divertidos, interesantes.
La voz de Eva era apagada, monótona, sin vida. Era como si dijera 'Estoy esperando a que ustedes me den la diversión, idiotas'. Ciel se preguntaba el por qué no hacía nada. ¿Por qué no lo mataba a él ya todos ellos? ¿Dónde estaba Alois? ¿Sebastian, Claude? Colocó su temblorosa mano en su estómago, sintiendo un movimiento de sus huesos en el trayecto.
Eva Phantomhive comenzó su relato. Otro de los tantos relatos.
—Conocí a Kristen un año cualquiera, un año aburrido. Un año en la Universidad. Acaparaba la atención de los hombres con su cabello negro, su mirada verde, brillante y llena de vida; con su menudo cuerpo, ni tan dotado, pero tampoco tan patético—Eva miró sus uñas con indiferencia—. Yo fui la que entabló una conversación con ella, porque tenía ganas de divertirme y ella tenía esa inocencia torpe, aplastante, estúpida, que me decía 'Tengo que aplastarla. Aplastarla'. Y eso fue exactamente lo que hice, como puedes ver. Nos hicimos lo que uno, hipócritamente, llamaría 'amigas'. O eso es lo que tu hermana pensó. Tres años después, apareció Sebastian. Oh, semejante hombre rico me vine a encontrar. Decidido, soberbio, arrogante. Cualidades que a mí me atraían de la gente… y a tu hermana también.
» Y es por eso que me empeñé mucho más en matarla. Vamos, quería ser algo simple. Pero cuando supe que ella se adelantó, por alguna razón me enfurecí. Creo que en verdad Sebastian me gustó, en verdad que sí. Y eso yo se lo dije a tu hermana. Se lo restregué en la cara. Le dije que era poca cosa comparada conmigo, como en esas novelas rosas en donde la mala destruye a la persona buena. Pero lo mío no sólo fue moral o psicológico. También fue físico. Y esa noche, dos días antes de su cumpleaños, Kristen McCallis murió en su casa, sola, mientras imploraba a su asesina a que se detuviera. No quiero dar lujo de detalles, pero creo que su muerte fue tan patética como su persona. Oh, pero si hubieran visto… Fue algo tan lindo, tan excitante.
Y concluyó su relato. William, de la sorpresa, había dejado caer su pistola, sintiéndose débil de nuevo. Algo dentro de su corazón hizo un clic con su consciencia, como diciéndole y recordándole de todos los malditos errores que había cometido después de la muerte de su hermana. De todas las noches que se repudió por no haberla protegido, por haberla dejado sola en un Londres en el que no sabías que era lo que podía pasar. Unas lágrimas traviesas amenazaban con salir.
—W-Will…—la voz chillona de Grell, en esos momentos estaba llena de tristeza y con un poco de compasión—. Oi, Will…
—Estás loca.
Grell se calló al escuchar la aterciopelada y cantarina voz de Amber inundar la habitación. A pesar de sonar agitada, era clara, decidida, y con odio repleto por todas partes. Un odio que ella no se preocupaba en ocultar. Tomó la pistola que William tiró al piso, indicándole a Grell que salieran de ahí, que ella se encargaría de todo. El extravagante hombre de cabellos rojos, con algo de duda, tomó a William de los hombros y se lo llevó poco a poco del lugar, como si fuera un anciano. Le susurraba cosas al oído que para la rubia eran imposibles de entender.
Todo se concentraba en Eva. Y Eva les dejó ir, sabiendo que después iría a encargarse personalmente de ellos. Más diversión gratis.
—¿Disculpa? —preguntó la Phantomhive, con algo de desdicha fingida en su voz.
—Que estás loca—repitió Amber, a la vez que observaba si la pistola estaba cargada. Al comprobar que era así, dirigió su mirada detrás del cuerpo de Eva, viendo a Ciel e el proceso, recostado—. Lo estás demasiado.
Eva le miró enfurecida. Se agachó rápidamente, tomando una tabla, la cual Amber pensó que la lanzaría hacia su persona. Pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que en realidad fue a parar al estómago del menor de los Phantomhive, quien lanzó un alarido de dolor, mientras se mordía su labio inferior. Coló su brazo izquierdo a su pantalón, en la bolsa trasera, eliminando cualquier rastro de sonrisa, pero dejando ese aire de superioridad y de tener todo bajo control. El objeto que llevaba bien escondido salió a la luz, bajo la sorpresiva y espantada mirada de su hermano.
Sebastian observó todo con sus ojos carmesíes, y se puso en posición para correr. Eva habló segundos después
—No estoy loca. Claro que no lo estoy.
Una detonación se escuchó en el lugar…
—¡Ciel!
… Y Sebastian entró de golpe a la habitación. Y alcanzó a llegar.
O eso es lo que él diría.
.
.
.
.
Grell Sutcliff no supo cómo ni cuándo, pero ya se encontraban fuera del edificio. Sacar a William de ahí había sido mucho más difícil que aquél baile que realizó en la Escuela Primaria hace más de diez años, bajo la atenta y oculta mirada radiante del sol, en un mes primaveral de Inglaterra.
Escuchar la resumida historia de Eva sobre la muerte de Kristen—o al menos lo que habló sobre ella—le causó tremendos escalofríos. Escalofríos de los feos, de los que no sentía desde hace ya mucho tiempo.
Supo cuánto dolor causaba en T. Spears hasta que lo vio de pie ahí en la habitación, mirando a Eva con un sentimiento que no pudo describir. Culpa, odio. Rabia, quizás. Jamás lo había visto así, ni siquiera se lo imaginaba así. Ese frívolo hombre, que se mostraba poderoso e insaciable ante los demás y ante los negocios, cayó en profunda desesperación al escuchar el relato. Al recordar todo. Quizás hasta recordaba los días en la cárcel, el juicio que vivió y la culpa que sentía al ver a los padres de una víctima completamente inocente y que él tomó como asesino de su hermana, manipulando su vida por completo.
Un círculo vicioso que, ante los ojos de Grell, era indestructible. Inolvidable de una manera cruel, fría. Insoportable.
—Escucha, Will…
—Tengo que volver.
El rostro de Grell se contrajo en una mueca de dolor.
—¿E-Eh?
—Tengo que acabar con esto—miró a su alrededor, aturdido, como preguntándose el por qué rayos estaba ahí, afuera—. Tengo que matarla con mis propias manos. Este no es el problema de Amber, ni de Sebastian, ni de nadie. Es mío y de nadie más.
El de cabellos rojos le miraba de una forma extraña, y William le devolvió la mirada en silencio. A pesar de mostrar enojo, furia, frialdad y distanciamiento, Grell podía leer otra cosa en sus ojos. En su mente, en sus pensamientos. Algo que, si dejaba de lado su juego de coqueteo con Sebastian, le dolería en los más profundo del alma. Y se lo demostró tomándolo del brazo con algo de fuerza, olvidando por momentos que él era una dama.
—P-Pero Will… ¡Amber dijo que se encargaría de ello! —gritó con nerviosismo. En esos momentos quería decir muchas cosas, pero sus palabras estaban contadas. No podía hacerlo—. Y a-aparte…
—No. Es mi trabajo. Y es mi deber.
Y, tratando de calmar a Grell—el cual ya había comenzado a llorar—, lo abrazó. Pero no era un abrazo tierno, necesitado. Era, como la forma de ser de William, frío. Y entonces, Grell Sutcliff volvió a sentir lo mismo que cuando lo miró a los ojos. Volvió a ver lo mismo que cuando sus miradas del mismo color se encontraron. Los mismos sentimientos o emociones que William llevaba dentro, pero que no quería mostrar ni decir, se postraban ante el de cabellos rojos como diciéndole: 'Hey, hey, esta es la despedida, cariño'. Él no lo quería aceptar, pero en definitiva así era.
Eso es lo que William T. Spears le quería decir esa noche del mes de Octubre, en Inglaterra.
Esos eran los pensamientos que se colarían meses más tarde en la mente de Grell, pegado a una camilla del hospital, con lágrimas en su rostro. Lamentándose el no haberlo dejado inconsciente a él, a William, para evitar así a que vaya a cavar su propia tumba.
Esos serían los recuerdos meses más tarde. Con su corazón aún vivo, pero completamente solo.
Al menos después de aquello.
.
.
.
.
Tanaka caminaba con pasos calmados, pero a la vez rápidos. La mansión Phantomhive estaba iluminaba por unas cuantas luces que colgaban del gran techo, y por la luz de la luna. Había recordado instantáneamente que su Joven Amo odiaba que todas las luces estuvieran encendidas, o que usaran demasiada electricidad.
—Sólo prendan las necesarias, viejo—le había dicho con completa indiferencia—. No es por no querer gastar. Pero no estamos ciegos como para no ver en la oscuridad.
Continuó con su caminata por el largo pasillo, teniendo a su lado derecho el gran ventanal de no recordaba cuántos metros de ancho y de largo, mirando de vez en cuando la alfombra roja con orillas doradas que cubría el suelo. Sus pasos no se escuchaban. Sólo el tintineante sonido de las llaves.
Esas llaves, más específicamente.
Jamás imaginó que volvería a ese lugar; el lugar que estuvo cerrado por mucho tiempo, ya que Ciel lo había prohibido completamente. Claro, estuvo cerrado a la vista de los demás, ya que él entraba a escondidas de todos. No hacía cosas prohibidas, claro está, pero era algo que nadie más debería de saber. O pudiera ser que nadie sabía de su existencia—o de su contenido, en cualquier caso—ya que fue cerrada sólo después de reconstruir la mansión, y de la desaparición de la mayor de los Phantomhive.
Llegó ahí y colocó las llaves en la perilla. Al estar abierta, la giró cuidadosamente y la abrió completamente antes de entrar. Quién sabe; quizás Undertaker podría matarlo de un infarto. Observó el interior a oscuras, para después colar su mano en ella y encender el la bombilla de la luz. Y la habitación de iluminó de las mil maravillas.
Todo seguía igual a como era antes del incendio. Algunas cosas mostraban haber sido pasadas por fuego durante mucho tiempo, pero su Bocchan había invertido demasiado dinero para que volvieran a repararlas, como para que eso no pudiera pasar por alto. Sólo unos ojos muy observadores—o alguien que ya hubiese visto antes todo eso—se daría cuenta de que eran las cosas materiales que quedaron después del repentino incendio de la mansión Phantomhive.
El escritorio del amo Vincent, los muebles preferidos de la Señorita Rachel (como él le llamaba siempre. Recordaba que se sonrojaba, ya que, al ser una señora con unos años ya encima, se preguntaba a escondidas si seguía viéndose joven) con su caoba perfectamente tallada, sin ningún tipo de arcilla por allí ni por allá. En ocasiones se cuestionaba a sí mismo el hecho de cómo todo aquello pudo sobrevivir al incendio. SI fue así, ¿Por qué Vincent y Rachel no?
Siguió paseando su mirada por el lugar. Una librería secreta del Joven Phantomhive—su Joven Amo se estaba haciendo todo un hombre, eh—, un oso de peluche, papeles que al parecer Ciel había acomodado (ya que estaban desparramados en el escritorio), una lámpara, unas cuantas joyas (vale, sólo era una), más muebles, una silla, accesorios para el baño, y la gran pintura familiar. O más bien, las grandes pinturas.
Era tan grande y pesada que a su edad, sabía que no podría cargarla. Le entró un momento de melancolía al recordar el rostro orgulloso y sonriente de Vincent cuando esas pinturas llegaron a la mansión. Su rostro, siempre pasivo y serio, era una maraña de felicidad al ver a su esposa Rachel correr alegremente cual niña pequeña que le daban un gran regalo de cumpleaños.
—Calma, cariño. Deja que los niños la vean y así celebraremos juntos—le habló, tomándola de la cintura con sorpresa.
Celebrar.
Esa noche habían peleado fuertemente con Eva, y su amo quedó tan herido, que no se hablaron por dos semanas, ignorándose mutuamente, y una Eva comiendo, desayunando y haciendo sus quehaceres escolares en su habitación, encerrada. Balbuceando cosas que para Tanaka eran difíciles de comprender, debido a la gran puerta que los separaba.
No recordaba muy bien el por qué habían peleado. Pero al parecer, Eva había soltado una grosería, para después dar golpes bajos a la familia, diciendo que el cuadro era simplemente patético. Que prefería mil veces un montón de cosas que Tanaka no recordaba, a eso, a tenerlo colgado en la sala principal, justo frente a la puerta principal. Había un brillo en su mirada azulina difícil de descifrar.
Ese fue la gran celebración de la noche.
Ahora que se acordaba, se dedicó a mirar el cuadro. Vincent Phantomhive estaba de pie, justo detrás de su esposa Rachel Phantomhive, quien se encontraba sentada en una silla roja con sus bordes blancos y la madera de un color dorado. Ambos estaban sonriendo. En sus piernas, Rachel llevaba al entonces pequeño Ciel Phantomhive, quien vestía de marinerito (un traje que Tanaka, con su propio dinero ahorrado, le había regalado en su cumpleaños), y llevaba una pelotita de rallas en su mano, mirándola fijamente, y con sus mejillas sonrosadas algo infladas, como haciendo un puchero. Rachel le regañaba de manera tierna para que alzara la mirada, pero se dio por vencida susurrando un 'Igual de testarudo que su padre', para después sonreír y mirar a Eva.
Y Eva estaba al lado. Llevaba una blusa de manga larga de un color naranja pálido, y un logotipo de lado izquierdo de su pecho. Era el logotipo de su escuela. Llevaba una falda con tablones de color gris (un color que a Rachel no le gustaba, y Vincent decía que Eva se veía más hermosa. Por un tiempo, Eva se sonrojaría. Pero después no) que le quedaba un poco por encima de la rodilla, con calcetas totalmente blancas y zapatos negros. Y una coleta atando a su cabello castaño, parecido al de su madre.
Con una mirada fría, abrazadora. Por supuesto.
Tanaka se quedó mirando esa pintura por un buen tiempo. Vincent le había invitado a salir ya que era parte de la familia, pero él pensó que era una falta de respeto. Aparte, era una pintura. Él tenía cierto odio a las pinturas. O más bien, no quería romper el perfecto cuadro familiar. Quizás por eso les odiaba.
Después miró la otra, en donde únicamente salían Rachel y Vincent. Y su perro Sebastian. Vaya ironías de la vida, se decía a sí mismo. Sebastian, un perro negro, imponente, había muerto un día antes del incendio. Se había ahorcado él mismo con su correa, en un estado de depresión que nadie de la familia entendía. Recordaba el lloriqueo del pequeño Ciel al verse ignorado por su perro, quien se mantenía lo más alejado de todos. Eso pasó después de que Eva, por primera vez, lo había llevado a pasear durante horas, regresando hasta la noche; todos los de la familia lo pasaron por alto, claro, porque ninguno supo que Sebastian había salido. No era su día de paseo, suponía él. Y vaya que no lo era.
Y después de todo lo sucedido, apareció Sebastian Michaelis, con su cabello negro y su figura imponente, arrogante. Y no es que le estuviese diciendo perro, pero… bueno, en veces se reía él mismo a oscuras. No por loco, si no porque simplemente algo se movía en su interior.
Ladeó su rostro, sonriendo en el trayecto. Se movió por unos segundos, para después adentrarse completamente al lugar y quedar cerca del escritorio. Papeles por doquier, y plumas que él no recordaba haber dejado ahí; probablemente Ciel había entrado unos cuantos días, cuando Sebastian y Eva salían a pasear. Ahora que lo pensaba, Ciel y Sebastian tenían una relación muy…
Abrió un cajón que estaba al lado del escritorio. Era un cajón incorporado a él, por supuesto, pero todos pensaron que eran las líneas decorativas del mismo. En realidad, el amo Vincent guardaba ahí cosas importantes. Cosas verdaderamente importantes, y más si eran de su familia.
Porque al igual que Rachel, era lo que más amaba.
Después del incendio quedó vacía, sólo con unos cuantos papeles de algunos extraños asesinos que aparecieron dos semanas antes de su muerte, y que iban detrás de Ciel. Algo que ninguno de ellos jamás pudieron entender. No el qué sucedía, si no el por qué sucedía.
Pero claro. Días antes del incendio, Vincent le había dado unos papeles importantes en un fólder amarillo, perfectamente cuidado y con unas letras grabadas de forma pequeña, en la parte inferior. Le había dicho que las guardara en el banco o en donde sea, y que no le mencionara nada a nadie, ni siquiera a su esposa. Que lo viera sólo cuando él dijera, o cuando pasara a mejor vida. Tanaka así lo hizo.
Después, pasó lo que pasó.
Y fue entonces cuando los papeles salieron a la luz. Recordaba la mirada entristecida de su amo, con algo de decepción en ella. Recordaba la mueca de sufrimiento en su rostro, y su respiración agitada, como a quien le dan una fuerte noticia de una persona que no esperaba. Oh, esos malditos papeles.
Con el nombre de Eva Phantomhive grabado en él.
.
.
.
.
Tenía los ojos entrecerrados y su visión se había vuelto borrosa desde hace ya tiempo, aunque aún podía ver algo. Pero su sentido del oído sentía intacto, escuchando todo a la perfección.
Sólo quería dormir, pero lo que a él le parecía un griterío no guardaba silencio. Estaban Amber, Eva, y escuchó las susurrantes palabras de Grell en la habitación. Y escuchó que su hermana decía 'William', pero nada más.
Fue entonces cuando la detonación se escuchó, alguien gritó y una puerta se abrió de golpe, para después oír de igual manera unos pasos rápidos, seguros, acercarse a su persona. No quería admitirlo, pero tenía miedo de que su vida acabara ahí—de que él se despidiera de este mundo.
Escuchar su nombre fue una muestra de que la bala que posiblemente su hermana disparó iba dirigida hacia él. Cerró los ojos esperando.
Esperando una bala que nunca llegó.
Lo que sí llegó, fue un cuerpo pesado cayendo encima de su cuerpo. Un cuerpo que él conocía a la perfección, y que no tenía que ponerse a pensar de quién era. Un cuerpo que le aplastó más las costillas, sacando un quejido de sus labios (Maldito Sebastian, pensaba con algo de espanto. Me las pagarás, imbécil), haciendo que cerrara aún más los ojos. No supo que pasó. Sólo que esa bala no llegó.
Y atando cabos rápidamente, sólo había una explicación para eso. Y eso hizo que abriera rápidamente los ojos, mareándose en el trayecto, para ver lo que le era posible. Como pensó, ahí estaba Sebastian Michaelis, abrazándolo. Protegiéndolo.
Y como pensó, sucedió.
—¡Sebastian!
.
.
Quise arreglar esto pero no podía dejar de derrumbarlo.
Y tú estabas allí a la vuelta, atrapada en el incandescente resplandor.
.
.
.
Hay Kami-sama. Sé que no tengo perdón. Aun así, en serio…
PERDONEN POR LA TARDANZA.
Tenía tantas ganas de actualizar, en verdad, per la flojera y la falta de imaginación me dejaban sin ganas, sin poder. La preparatoria es realmente pesada, y más por la culpa de Ciencias Sociales (mi mano me duele de tanto escribir). No estoy tratando de buscar una escusa, pero en verdad, perdón.
Perdón, perdón, perdón. Y perdón si el capítulo no les gustó, pues. Pero está hecho con mucho cariño y agradecimiento a todas aquellas personas que aún me leen y que esperaban esta historia.
Quiero agradecerle a mi querida Eisheth, ya que gracias a ti, como te dije en fb, me llegó la inspiración... inspiración de golpe, un Domingo por la noche xDDDD. Pero bueno...
Lo primero son recuerdos rápidos de Rachel Phantomhive, como es fácil de darse cuenta. La verdad, es que en verdad me gustó, ya que sólo he retratado los pensamientos de Eva y un poco los de Ciel y Sebastian. Así que me dije, ¿por qué no? Y aquí tiene a Rachel Phantomhive mostrando sus pensamientos antes de morir. En verdad fue triste.
Undertaker no salió hoy por diversas razones que no diré para que se queden con la duda (?).
La acción y matanza comienzan en el siguiente capítulo... aunque creo que por ahí les di unos cuantos spoiler del final (fue a propósito, ho, ho, ho). Sólo pido que no me maten (?).
Sólo quedan dos o tres capítulos para el final del fic, ¡yaaaaaay~! Bueno, bueno, ¿qué decirles? Estoy contenta, en verdad. En verdad que sí. Estoy emocionada porque este es mi primer longfic que termino. Oh, Kami-sama, quítame la flojera por favor.
Quiero agradecer especialmente a: Karu-suna, Alice Phantomhive011, Akari-Cross, GracePhantomhive, Kira KuroNeko666, cami SXN, fannyhikari, Ang97 y, por supuesto, a -Lupin :D. Se les agradece demasiado.
Oh, e Ino... Si no actualizas Ciel's Diary, borro el capítulo pa' que no lo leas (?). Vale no xDDD.
.
Como le dije a Hana, lo más probable es que haga dos finales. No es seguro, pero quizás sí. No sé aún, dependiendo de como quede al final. Y de cuánto me tarde en actualizar.
Quiero aclarar que no sé cuánto me tarde en verdad. La preparatoria está DEMASIDADO pesada, tanto que le hago más caso a la jodida tarea que al sueño... y más a la de Sociales. Aunque sí en momentos me agarro mi momento de flojera. Pero espero avanzarle al capítulo aunque sea un poco día por día.
Arg. Me gustó el capítulo ;www;.
¿Por qué Tanaka fue a por los documentos? ¿Qué le pasó a Sebastian? ¿Qué fue lo que pensó Grell? ¿Y Alois y Claude? ¿Qué hará William? ¿Cuántos reviews recibiré el día de hoy? D; Todo esto y más, en el siguiente capítulo de...
Adrenalina *música de fondo*.
Ahora sí, me despido. Que ando media drogada y tengo hambre (con capítulo recién hecho).
Espero y les guste el capítulo, que lo hice con mucho cariño y agradecimiento.
Les invito a que pasen por mis otros one-shot (publiqué uno titulado Deseos, SebasxCiel).
Que anden bien. Oh, y feliz día de la Independencia a los de México y... ¡A celebrar (de forma tardía) el día de Kuroshitsuji! (?). Yaoi todo el día 8DDD.
Saludos & besos.
HirotoKiyama13
PD. Errores (horrores) ortográficos, favor de dejar en review. Gracias.
PD1. Continuación de Ciel's Law apenas será escrita… trataré de traerla lo más pronto posible. Gracias.
