Capítulo 11. Nada
Sonrió efusivamente al hombre que le había hecho abrir los ojos, no podía expresar con las palabras suficientes la gratitud que sentía por su comprensión, por su ayuda…
- Deberías ir a hablar con ella, Em – sugirió con amabilidad – tú acabas de darte cuenta pero ella aun no lo sabe ¿no?
- No, no le he dicho abiertamente nada… - Neal tenía razón, necesitaba tener una charla con Regina cuanto antes.
- Mira, si todo lo que me has contado es cierto no tienes de qué preocuparte.
- ¿Y tú qué, Neal? – un atisbo de culpabilidad recorría todo su ser, ahora se sentía irremediablemente mal… quizás hubiera preferido que la maldijera o incluso que le gritase, pero el comportamiento tan amable y bueno del joven hacía que se sintiera peor consigo misma.
- Ya te lo he dicho, no tienes de qué preocuparte y eso me incluye a mí – sentenció con una sonrisa – Oye y nos conocemos así que pobre de ti que te sientas mal, con que me dejes estar cerca de Henry de vez en cuando yo ya soy feliz.
La sheriff le devolvió la sonrisa, suspirando, y se acercó para abrazarle una última vez. Sintió la calidez de sus brazos y el dulce olor que desprendía pero en aquellos instantes recibía todas esas sensaciones como algo más… fraternal. Se separó paulatinamente de su cuerpo y le miró con decisión.
- Voy a buscarla. Tengo que decirle que la quiero – sonrió con una mirada infantil.
Ambos caminaron de vuelta al grupo pero Emma iba ligeramente por delante, estaba terriblemente impaciente por hablar con la alcaldesa, por mirar aquellos ojos marrones y perderse en ellos, por besar sus labios de color carmesí, por fundirse en su cuerpo… No pudo evitar que una sonrisa boba se dibujase en su rostro al pensar en todo aquello, sonrisa que creció aun más cuando vio la preciosa figura de la reina.
Regina estaba con los brazos cruzados, la cabellera le caía a ambos lados del cuello con los mechones ligeramente despuntados. Sus labios eran de un rojo brillante, magnético, y aquella pequeña cicatriz que tenía en la parte superior era tan jodidamente sexy… Sus impresionantes curvas estaban perfectamente ajustadas a un chaquetón negro, que cubría su cuerpo hasta media cintura y dejaba el resto a unos pantalones oscuros de corte alto. La mujer iba siempre tan impecable… era imposible no perder la cabeza por alguien así.
Cuando alcanzaron al resto, Emma miró descaradamente a la alcaldesa, sin prestar atención a nadie más. Regina le devolvió la mirada para apartársela segundos después. Aquel gesto le extrañó. Avanzó unos pasos hasta quedar a su altura, ignorando los repetidos intentos de David por llamar su atención y que se acercase a explicar cualquier estupidez a una Mulán que intentaba hacerle callar. Al menos la guerrera sabía dejar espacio cuando alguien lo requería.
- Regina ¿podemos hablar? – le preguntó, algo temerosa ante su respuesta.
- Claro, señorita Swan, yo también quería tener unas palabras con usted – la voz de la morena era tremendamente sensual, incluso aunque sus palabras no sugiriesen nada por el estilo.
- Podemos… - la rubia sacudió la mano haciendo un gesto para que Regina se apartase de los demás.
- La sigo – respondió con tono neutro.
Emma empezó a caminar, seguida de cerca por la alcaldesa. No pararon hasta que se perdieron en la oscuridad del lugar. La rubia sentía cómo el corazón le latía a un ritmo frenético y un sudor frío empezaba a inundar su cuerpo, se giró y miró de frente a los ojos marrones de la morena.
- Quería decirt-… - no pudo terminar la frase, el dedo índice de la alcaldesa sellaba sus labios.
- Déjeme empezar a mí, señorita Swan – le inquirió con tono autoritario – se lo que va a decirme, así que le ahorraré las molestias. Ha retomado su relación con el hijo de Gold ¿Neal se llama, verdad? Es comprensible, a fin de cuentas es el padre biológico de Henry y quizás para él será mejor tener una familia al completo. Lo entiendo. Solo quiero pedirle que por favor no aleje a mi hijo de mí, moriría sin él.
Emma no entendía nada. No sabía por qué Regina le estaba diciendo eso. Sacudió la cabeza.
- No sé por que dices eso, para empez-…
- Déjelo, no tiene que darme explicaciones – volvió a interrumpirla – aunque pasara "eso" entre nosotras durante el viaje… Para mí no significó absolutamente nada. Necesitaba apoyo en aquel momento y fue un clavo ardiente al que agarrarme, no tengo ningún sentimiento por usted, sheriff Swan.
La rubia notó como le ardía el cuerpo y un zumbido penetraba su cabeza, dejándola en un estado de completo shock. ¿Qué era lo que le estaba diciendo? ¿Qué no sentía nada? ¿Qué no había sentido nada? ¡Los cojones!
- ¿Me estás diciendo… que cuando te abrazaste a mí no sentiste absolutamente nada? ¿Qué todo lo que me dijiste era mentira? ¿Qué solo me follaste? ¿Dónde ha quedado esa historia de "la salvadora" y del miedo a perderme, a depender de mí? – la rubia no se dio cuenta pero a medida que preguntaba su tono de voz iba subiendo, increpándole todo aquello que la sacudía por dentro.
- Sí, todo fue mentira – afirmó con rotundidad la morena – le dije lo que en aquel momento quería oír, señorita Swan. Habían pasado una serie de circunstancias que nos hicieron acabar como acabamos, las dos necesitábamos cariño peo lo único que yo realmente buscaba era… calor corporal.
Emma buscó en los ojos de Regina el menor atisbo de flaqueza pero no lo encontró. Su detector de mentiras interno estaba inactivo debido a los nervios y el cúmulo de pensamientos e ideas sin sentido que recorrían su cabeza. No podía hacer nada salvo creer en sus palabras.
- ¿Me usaste? – preguntó al fin en el mismo tono que le pondría un niño a punto de ser abandonado.
- Sí – la alcaldesa la escrutó con la mirada y Emma no pudo evitar sentir cómo se le humedecían los ojos – lo pasamos bien, pero solo fue eso… una diversión. Lo mejor es que cada una siga su camino, Neal la hará feliz.
La sheriff no tuvo la fuerza suficiente para volver a dirigirle la palabra, para aclararle lo que realmente había sucedido "he dejado a Neal por ti". El nudo que se le había formado en la garganta desde que había empezado la conversación la estaba asfixiando, se dio media vuelta limitándose a pronunciar con la voz rota: Adiós, Regina.
Avanzó unos pasos, sin girarse, sin mirar de nuevo a los ojos gélidos de aquella mujer. Había sido una ilusa, una estúpida y completa ilusa. ¿Qué creía? ¿Qué por acostarse con ella una vez ya habría caído rendida a sus pies? No, la experiencia que vivió con Graham debería haberle hecho saber aquello: Regina le usó para luego deshacerse de él "debí haberlo supuesto" se lamentó, sentía lástima de si misma. Siguió avanzando, adentrándose más en la oscuridad, evitando que cualquiera pudiera ver que tenía las mejillas completamente empapadas.
La alcaldesa permaneció allí, inmóvil. Ya está, se había acabado, no tendría que soportar las estupideces de la sheriff, de todos modos ella ya tenía Neal para que lo hiciera. El pecho le dolía demasiado, apretó la mano contra él intentando respirar a un ritmo lento. Sentía como estaba siendo acuchillada por dentro y no entendía el motivo. Había hecho lo correcto, se había deshecho de su "juguete", como siempre. El único problema estaba en el hecho que Emma Swan no era un simple juguete. No quería deshacerse de ella, no quería que siguiera avanzando dejándola allí, sola. Quería gritarle que se diese media vuelta y atrapar sus labios entre los suyos pero aquello no era lo correcto… Se maldijo ¿Desde cuándo se había vuelto tan blanda? ¿Desde cuando le importaba tres pimientos la vida de los demás? No… ¿Desde cuándo quería tanto a Emma Swan como para dejarla ser feliz con alguien que no fuera ella? Apretó los labios, ahogando el llanto.
Se dejó caer sobre sus rodillas, ignorando la humedad de las rocas, y se sentó hecha un ovillo. Rodeó las piernas con sus brazos y hundió la cabeza en el hueco que dejaban. Fue en aquel instante que todo el dolor que había reprimido durante la conversación con Emma salió. Lloró incansablemente, aun cuando sus ojos gritaban basta ella no podía frenar la cantidad de lágrimas que inundaban sus mejillas. La había perdido, había perdido a la primera persona que la había hecho sentir viva después de la muerte de Daniel. Incluso con Henry era distinto, no había acabado de sentirte completa del todo y cuando, por una vez, sentía que tenía todo para ser feliz aparecía el imbécil del hijo de Rumpelstinskin y se lo jodía todo. Apretó con fuerza la mandíbula, odiándole, odiándola, odiándose…
Había tenido que contemplar los ojos agua marina de Emma mirarla con desesperación y rabia, había tenido que mentirle, fingir que no le importaba nada pese a que todo lo que le contaba la había matado por dentro tal cual había salido de su boca. Había tenido que volver a ser aquello que había querido dejar atrás: la reina malvada.
