A veces las cosas tienen que empeorar para poder mejorar. Lo que nunca imaginé es que podrían llegar a empeorar tanto.
Si hace tres meses me hubieran contado que Santana llegaría a pensar que Rachel es una persona despreciable, habría respondido "de ninguna manera". Pero aquí está, sentada en el porche delantero de mi casa, quejándose de lo despreciable que es Rachel.
– ¿Quién termina con su novia mientras está de campamento? –vocifera Santana –. ¿Quién hace una cosa así? ¿Por carta?
Lleva en casa dos días. Todavía no se lo he dicho. Rachel es quien se lo va a decir. Se siente responsable. Ha tenido que marcharse por un asunto familiar, así que no va a ver a Santana hasta que no empiecen las clases.
– ¿Quieres más limonada? –pregunto.
–Sí –dice Santana –. Esta humedad es insoportable.
Le lleno el vaso de limonada y añado un trocito de lima. Me encanta el trocito de lima. Me hace sentir muy adulta.
Tenía todas mis esperanzas puestas en que Santana seguiría desvariando sobre su aventura de verano con Brittany. Pero no es así. Nunca la había visto tan enfadada. Ha estado despotricando sobre Rachel desde que llegó. Además, cuando la vi ayer también estuvo despotricando todo el rato. Y no parece que vaya a terminar pronto.
Hacerle frente a la realidad es un gran murmullo que te destruye.
–Habría sido distinto si lo hubiera visto venir –sigue maldiciendo –. Si nos hubiéramos peleado, o algo. Pero todo estaba bien cuando me fui. ¿Qué pudo haber cambiado tan rápido? ¡Si ni siquiera estaba aquí!
Asiento como si la comprendiera. Ocultarle la verdad me está matando. De hecho, su rabia extrema está haciendo que me dé miedo contárselo. Me alivia que sea Rachel quien vaya a hacerlo en mi lugar.
– ¿Qué crees que pasó? –me pregunta.
–Oh… mmm…
– ¿Cómo se atreve a dejarme con una maldita carta? ¿Pero quién se piensa que es?
El vaso de Santana se derrama y la limonada cae sobre el suelo del porche.
–Lo siento –me dice.
–No pasa nada –Quizá este sea un buen momento para desviar la conversación hacia el tema de Brittany, así que le digo –: ¿De dónde dices que es Brittany?
–De una ciudad cerca de la bahía.
– ¿Y va a venir a verte?
–Quizá.
–Eso es genial.
Una paloma torcaz ulula. Santana no dice nada más de Brittany.
–No puedo creer que mañana vaya a tener que enfrentarme a todo el mundo en el instituto –dice.
–No te preocupes. Nadie lo sabe.
–Oh, pero lo sabrán. Los rumores corren como la pólvora. ¿Qué se supone que debo decir cuando me pregunten por qué ya no estamos juntas? Todo el mundo se enterará de que Rachel me dejó –a Santana se le ponen los ojos húmedos –. Nunca en mi vida me he sentido tan humillada.
–No te preocupes. Nadie tiene por qué enterarse. Rachel no ha ido por ahí contándoselo a todo el mundo.
– ¿Cómo lo sabes?
–Porque ella no es así.
–Esa es buena –se burla Santana –. Yo tampoco pensaba que fuera a terminar conmigo con una maldita carta. Pero ahí lo tienes. ¿Quién sabe de qué será capaz esa idiota?
En cuanto se va, llamo a Rachel. Le digo que no puedo volver a verla hasta que Santana sepa lo nuestro. Estar con ella este verano mientras éramos solo nosotras dos, era una cosa. Ahora que Santana está de vuelta, no puedo mirarla a la cara si sigo saliendo a escondidas con Rachel. Me siento la persona más miserable del mundo. Ya es suficientemente difícil verla y actuar como si no pasara nada. ¿Cómo se supone que iba a funcionar esto? ¿Santana me trae a casa en su coche después del instituto y yo salgo en secreto con Rachel después?
¿En qué demonios estaba pensando?
– ¿Qué dices? –me pregunta Rachel al teléfono.
–Las cosas son diferentes ahora que ha vuelto. No puedo seguir quedando contigo y hacer como si nada pasara. No es justo para ella.
– ¿Estás diciendo que no podemos vernos nunca? ¿O solo en el instituto?
–Nunca.
–Hasta que lo sepa.
–Exacto.
– ¿Y qué me dices de cuando lo sepa?
–Entonces no tendremos que seguir escondiéndonos.
Agarro la Bola Mágica y la agito. Pienso una pregunta: "¿Santana estará bien?". La Bola Mágica responde: "Parece que sí".
–Mira –escucho que Rachel se cambia el teléfono de oreja –. Sabes que quiero decírselo en persona. Veré si quiere quedar conmigo mañana cuando vuelva a casa.
– ¿Vas a ir a su casa?
–Estaba pensando en quedar con ella en The Fountain.
No digo nada. ¿Cómo puede querer llevarla allí? Ese es nuestro lugar…
– ¿Quinn?
–Estoy aquí.
– ¿Qué pasa?
– ¿Por qué tienes que ir allí?
–No tenemos que ir a ninguna parte.
–Pero decías que querías decírselo en persona.
–Y quiero hacerlo. ¿Dónde se supone que deberíamos ir?
La verdad es que tendría que darme igual. Puede decírselo en The Fountain si quiere. Es solo que no quiero imaginarme la escena de Rachel contándoselo a Santana cada vez que vayamos allí por un helado.
¿Por qué me estoy volviendo tan loca con esto?
–No, está bien –le digo –. Vayan a The Fountain.
–Todavía no le he dicho que quedemos. Quizá no quiera.
–Y, entonces, ¿qué?
–Entonces tendré que decírselo en el instituto.
–Pero para eso faltan dos días.
–De acuerdo. La llamaré y le preguntaré si podemos vernos mañana por la noche.
– ¿Estás segura de que no te importa contárselo? Porque yo podría…
–Sí. Tengo que hacerlo yo.
Después de colgar, se me ocurren un montón de ¿y si…? ¿Y si Santana quiere volver con Rachel? ¿Y si se lo pide? ¿Y si Rachel se siente mal y vuelve con Santana? ¿Y si no puede contarle la verdad sobre nosotras?
Cuando suena el teléfono, me sobresalto. Es Rachel otra vez.
–Eso ha sido rápido –le digo.
–Me ha colgado.
– ¿Qué?
–Sí. Ni siquiera he podido preguntárselo.
– ¿Qué te dijo?
–Nada. Cuando escucho mi voz, colgó.
– ¿Vas a intentar llamarla otra vez?
– ¿Para que vuelva a colgarme? Me parece que no.
– ¿Y ahora que?
–Puedo probar mandándole un mensaje. Pero dudo que quiera verme.
–Dile simplemente que tienes que hablar con ella. Que es muy importante.
–Querrá saber por qué.
–Entonces supongo que tendremos que esperar hasta que empiece el instituto.
Esto es un lío. Acabo de decirle a Rachel que no podemos vernos hasta que Santana lo sepa. Pero creo que no voy a poder aguantar dos días para verla. Aunque supongo que no mucho que hacer al respecto. No puedo decirle a Santana que Rachel quiere hablar con ella. Querrá saber para qué. Y no puedo contarle lo nuestro porque Rachel insiste en que tiene que ser ella quien se lo diga.
–Bueno… –dice Rachel –. Entonces supongo que te veré en el instituto.
–Sí. Nos veremos allí.
Dos días parecen una eternidad. No sé cómo voy a sobrevivir hasta entonces. Lo único en lo que puedo pensar es en lo bien que me siento cuando estamos juntas. Simplemente con estar a su lado y besarla, sé que nada puede separarnos.
Excepto, quizá, la cruda realidad.
Hoy es el peor primer día de comienzo de curso de la historia.
Y no es porque Santana se haya negado a hablar con Rachel cuando se ha acercado a ella, ni porque aún no lo sepa.
Es porque corre el rumor de que Blaine es gay.
Nunca pensé que pasaría esto. No tengo ni idea de quién lo ha extendido. Si la gente quería hacer correr la voz, ¿no lo habrían hecho hace mucho tiempo? ¿Por qué empiezan de repente a decir esto al principio del último año de instituto?
Blaine no ha hecho nada llamativo ni distinto para que la gente se fije en él de repente. Ha mantenido un perfil bajísimo todo el verano, y se ha pasado casi todo el tiempo soplando vidrio.
Nada en él ha cambiado.
Yo soy la única persona que sabe que es gay y estoy segura de que no se lo ha contado a nadie más. Blaine sabe que puede confiarme sus secretos…
Espera un momento.
Aquel día, casi al final de curso con Rachel. Cuando se me escapó que Blaine era gay. Rachel me prometió que no se lo diría a nadie y yo le creí. Aún lo creo.
Pero, si no se lo ha dicho a nadie, ¿quién ha sido?
Rachel y yo tenemos Física juntas a la segunda hora. Nos asignan asientos mañana, pero hoy podemos sentarnos donde queramos. Reservo dos pupitres libres para nosotras en la parte trasera del aula. Necesitamos hablar.
Cuando Rachel entra, la saludo con la mano. No sonríe cuando me ve, aunque pensé que lo haría. No pasa nada, porque yo tampoco estoy sonriendo.
Rachel se sienta y me dice:
– ¿Has oído lo de Blaine?
–Claro. Todo el instituto esta hablando de eso.
Estoy intentando no enfadarme, pero esto es ridículo. Rachel es la única persona que sabe lo de Blaine. ¿Quién más podría haber empezado a correr el rumor?
Suena la campana. Todo el mundo se calla. Cuando el profesor nos da el programa y empieza a explicarlo, abro mi carpeta con mucho sigilo, saco un trozo de papel y escribo:
Cómo sabe la gente lo de Blaine?
Doblo la nota y se la paso a Rachel. Ella escribe en respuesta:
No tengo ni idea.
Y luego:
Somos las únicas personas que lo sabemos. O éramos, más bien. ¿Qué me dices? ¿Le has contado a alguien lo de Blaine?
¡Claro que no! ¡No puedo creer que me lo estés preguntando!
Entonces, ¿cómo ha salido a la luz?
No he sido yo, te lo juro.
Miro a Rachel. Creo que me está diciendo la verdad. ¿Por qué lo iba a andar contando? No sería típico de ella.
Después de clase, me encuentro con Blaine en el pasillo. A pesar del caos del primer día de curso, Blaine consigue arrastrarme hasta las puertas de emergencia sin que no vea ningún profesor.
– ¿Se lo has dicho a alguien? –me dice.
– ¡No!
Blaine no parece muy convencido.
– ¿Estás segura?
– ¿Por qué iba a hacerte esto?
–No lo sé, Quinn. Eso es lo que estoy intentando averiguar.
–No se lo he dicho a nadie.
–Entonces, ¿por qué lo sabe todo el mundo?
Quiero creerle a Rachel. Es decir, le creo. Pero tenía que preguntarle si se lo había dicho a alguien. Claramente se ha ofendido de que no confiara completamente en ella, pero nunca se sabe.
Blaine acerca muchísimo su cara a la mía.
–Júrame por mi vida que no se lo has dicho a nadie.
No puedo jurárselo por su vida. Eso sería desafiar al destino.
Si es verdad que las cosas van a estar bien, tengo que decir la verdad. Empezando por ahora.
–Prométeme que no te vas a enfadar cuando te lo cuente –digo.
– ¿Cuándo me cuentes qué?
–Antes prométeme que no te vas a enfadar.
–No te puedo prometer eso.
–Se lo conté a Rachel.
– ¿Pero qué dia…?
– ¡No fue a propósito! ¡Se me escapó!
– ¿Pero cómo se te puede escapara algo así? ¡Me prometiste que nunca se lo contarías a nadie!
–Es que me dijo que pensaba que eras mi novio y yo…
– ¿Así que le dijiste que soy gay? ¡No podrías haberle dicho simplemente que somos amigos?
–Pero es que ella dijo…
– ¡No me importa lo que te dijo! ¡Mi vida está acabada! ¿Entiendes eso?
Nunca había visto a Blaine tan furioso. Ni siquiera después de las peores peleas con su padre.
Se me llenan los ojos de lágrimas.
–Lo siento. ¡Se me escapó!
Blaine está completamente decepcionado.
–Confíe en ti –me dice.
–Todavía puedes confiar en mí. Déjame que me explique, por favor. Ella…
–Ahórratelo –dice Blaine, y me da la espalda.
–Espera, déjame…
–Nada de lo que digas puede arreglar esto. Todo el mundo lo sabe. Por tu culpa.
Blaine se marcha a toda prisa, lejos del instituto.
Lo sigo por el césped, pero me cuesta mantener su ritmo, porque está caminando más rápido que yo. Camina tan deprisa que tengo que correr para alcanzarlo.
Intento explicárselo otra vez.
–Por favor, solo…
– ¿Cómo puedes haberme hecho esto?
–Rachel me dijo que no se lo contaría a nadie.
– ¡Y mira lo bien que ha salido!
–No creo que haya sido ella quien lo haya contado.
– ¡¿Se lo has contado a alguien más?!
– ¡No!
– ¿Entonces, quién más podría haberlo contado, Quinn? Ustedes son las dos únicas personas que lo saben.
–No lo sé. Pero no ha sido Rachel. Se lo acabo de preguntar en Física y me ha dicho que no ha sido ella.
Blaine se frena en seco.
–Ok, piensa. ¿Estabas con más gente cuando se lo dijiste?
–No había nadie en el aula con nosotras.
– ¿Estaban en un aula? –asiento –. ¿En cuál?
–Mmm…
No me acuerdo. Estaba nublado. El aula estaba a oscuras. Rachel.
– ¿Cuál?
–La que hay antes de entrar al despacho del orientador. La uno diecisiete.
– ¿Y no había nadie más allí?
–No.
– ¿Estás segura?
–Sí.
– ¿Miraste en todos los rincones?
No. Quiero decir, que si entras en un aula vacía, a oscuras y no ves a nadie allí sentado, asumes que está vacía.
–Da igual –dice Blaine.
Esta vez, cuando se marcha, lo dejo ir. Si yo fuera Blaine, seguro que también me marcharía. Algunos chicos del instituto pueden ser muy crueles. ¿Por qué la gente no comprende que todos somos… diferentes pero iguales?
Blaine no volvió ayer al instituto. Y eso no es nada bueno, teniendo en cuenta que era el primer día de clase y eso. Pero hoy no puede volver a faltar.
Mientras espero a Blaine en la puerta, Rachel entra en el párking de estudiantes. La observo mientras estaciona su coche. Ojalá pudiéramos estar juntas. Nunca he querido algo en mi vida con tantas ganas. Rachel camina hacia mí a través del césped. Intentó hablar con Santana ayer después del instituto, pero ella la ignoro por completo. Después intentó llamarla por la noche, pero no respondió. A mí me pasó lo mismo cuando intenté llamar a Blaine (tantas veces que casi me da vergüenza reconocerlo).
– ¿Por qué no se lo cuento yo? –le dije a Rachel cuando me llamó –. Está claro que no quiere hablar contigo. No podemos seguir esperando.
–Yo no estoy esperando –replicó Rachel –. Estoy preparada para contárselo.
– ¿Y si le mandas un email?
–Creo que no está bien hacer esto por email.
–Pero tampoco está bien que no podamos estar juntas.
Cuando la veo acercarse, cada centímetro de mi cuerpo se muere por tocarla. Pero aquí nos vería todo el mundo.
A no ser que…
Rachel se acerca a mí lentamente. Me mira. No dice nada. Sus ojos son del café más oscuro que he visto nunca.
–Encuéntrate conmigo en las escaleras del ala de Ciencias antes de comer –le pido.
Este año volvemos a tener la misma hora para comer. Con la diferencia de que, este año, Santana también tiene esa hora libre. Ayer me costó muchísimo sentarme con ella y hacer como si no pasara nada mientras lanzaba miraditas a Rachel, que estaba a tres mesas más allá, esperando a que ella también me mirara… Porque, por si no tuviéramos bastante, este año no se nos permite salir del instituto a la hora de comer. Algunos de los imbéciles de último año se cargaron ese privilegio a finales del curso pasado cuando armaron un gran lío en un restaurante y ahora nosotros tenemos que pagar el daño. Así que los estudiantes de último curso de este año estamos atrapados en la cafetería hasta el próximo semestre.
Rachel asiente y sigue caminando. Sé que dije que no quería verla hasta que Santana lo supiera, pero no puedo seguir haciendo esto. Ella es en lo único que puedo pensar. Ahora que no podemos estar juntas, deseo estar con ella cien veces más. Me estoy volviendo loca.
Blaine aparece dos minutos antes de que suene la primera campana. No parece que tenga prisa por llegar temprano.
–Por favor, no te enfades conmigo –le digo –. Odio que no peleemos.
–Me pregunto quién tendrá la culpa de eso –responde él y pasa de largo.
Antes de la hora del almuerzo, todas las asignaturas parecen durar una eternidad. Mientras miro fijamente el reloj en clase de Historia, tengo la sensación de que el tiempo retrocede en vez de avanzar.
En cuanto suena la campana, meto mis cosas en la mochila y corro al ala de Ciencia. Hay un lugar secreto bajo las escaleras.
No sé si alguien más lo conoce. Lo encontré un día, el primer año de instituto, cuando estábamos haciendo un ejercicio de Biología en el pasillo y mi pelota de polietileno rodó hasta este escondite.
Mientras espero a Rachel, me concentro en no hace ruido. Si alguien me encontrara esperando bajo las escaleras, me moriría de vergüenza. No sé qué voy a hacer cuando llegue aquí. Solo sé que tengo que estar a solas con Rachel.
Escucho que la puerta que hay en lo alto de las escaleras se abre y unas chicas ríen.
–Solo es un rumor de mal gusto –dice una de ellas –. No es gay.
– ¿Cómo lo sabes? –le espeta la otra chica.
– ¿Quizá porque estuvo totalmente enamorado de mí el año pasado?
– ¿Te invito a salir?
–No exactamente. Pero estuvo coqueteando conmigo en clase de Química.
–Eso no prueba nada.
– ¿Por qué oba a coquetear conmigo si es gay?
– ¿Hola? ¿Para que no sospecharan de él?
–Da igual. Estaba saliendo con Quinn.
Contengo la respiración. ¿Quiénes son estas chicas? No reconozco sus voces. ¿Las conozco? ¿Y por qué no se mueven?
–Quizá solo eran amigos.
–Sí, claro. ¿Alguna vez los has visto juntos?
–Sí, pero…
–Créeme. Eso no es amor platónico.
La puerta se abre de nuevo. Una nueva chica dice:
– ¿Dónde se habían metido, chicas?
Su voz suena más baja que la de las otras.
–Pues aquí, claramente.
– ¿Blaine no estaba saliendo con Quinn? –dice la primera chica.
–Blaine es gay –dice la que acaba de llegar.
–No, no lo es. El año pasado coqueteo conmigo.
–Qué tontería –dice la nueva chica –. David dice que escuchó a Quinn contarle a alguien que Blaine es gay.
– ¿Cuál David?
–David Karofsky.
– ¿Cuándo?
–A finales del año pasado.
–Sí, claro. Seguro que se puso a hablar de eso delante de David.
–No, él estaba en otra aula. ¿No sabes que se escucha todo lo que de dice en la uno diecisiete desde la sala de espera del despacho del orientador?
–Ah, es verdad. Es por no sé qué del sistema de ventilación.
–Pasa lo mismo con la dos cuarenta y dos y la dos cuarenta y cuatro. Yo tenía Comunicación Audiovisual en la dos cuarenta y dos el año pasado y escuchábamos todo lo que pasaba en la dos cuarenta y cuatro.
–David estaba yendo a ver al profesor Bradley cuando escuchó a Quinn. Ella dijo que…
La puerta se abre.
–Chicas, ¿dónde se supone que deberían estar? –dice la voz de un profesor –. Largo de aquí.
Escucho que las chicas se apresuran. Me muero por saber quiénes son, pero no puedo correr el riesgo de exponerme.
Se supone que Rachel tendría que estar aquí desde hace diez minutos.
Unos segundos después, la puerta vuelve a abrirse. Rachel baja las escaleras corriendo. Sé que es ella sin necesidad de mirar.
–Lo siento –dice Rachel. Se agacha y se mete en el hueco de la escalera –. Esas chicas han tardado una eternidad en irse. Yo estaba…
La beso.
–Te echo de menos –me dice.
–Yo también.
–Voy a mandarle un email a Santana.
–Pero dijiste…
–Lo sé. Pero no me esta dejando otra opción.
Vuelvo a besarla.
– ¿Cómo está Blaine? –susurra.
– ¡Rachel! –grito en un susurro –. Acabo de averiguar quién ha contado lo de Blaine. ¡Ha sido David!
– ¿David Karofsky?
–Sí. Estaba en el despacho del orientador cuando nosotras estábamos en la uno diecisiete. Me escuchó cuando se me escapó lo de Blaine.
– ¿Cómo?
–En la sala de espera que hay antes de entrar al despacho del orientador se escucha todo lo que pasa en la uno diecisiete a través del sistema de ventilación.
–Oh, mierda.
–No puedo creer que haya esperado tanto tiempo para contarlo.
–Por lo menos ya sabes quién lo hizo. Y también sabes que no fui yo.
–Ya sabía que tú no…
No me da tiempo de terminar lo que estaba diciendo. Porque Rachel me está besando.
Y eso es lo único que importa.
¡Hola de nuevo!
Por fin tuve tiempo de actualizar :)
¡Gracias por los reviews, follows y favorites! ¡Saludos!
