Capitulo escrito por Jenn e Isabel

Golpes que delatan

PVO Sam

Estaba encerrada en el sótano con Katherine. A veces quisiera gritar, nadie se imagina la horrible sensación y pesar que se asienta en mi pecho cada vez que bajaba del escenario; nadie podía nunca imaginar cómo se sentía estar preso cuando aun eres libre. No había forma de escapar de una vida como esta. No podía pedir ayuda porque nadie me creería… bueno, tengo que ser sincera conmigo misma, cualquier mujer que trabaja en un lugar como este lo hace porque quiere dinero fácil. Pero yo no era de esas mujeres.

Corrí con la suerte de conseguirme al chico más maravilloso del mundo. El único capaz de creerme y apoyarme en todo. Él me mostro lo que era ser libre y logró calar hondo en mi corazón, tanto que siento cosas por él, cosas que nunca imagine sentir por estar aquí encerrada. Sin embargo, estaba preocupada por él, no había tenido noticias de Freddie desde hace semanas y no me puedo quitar esa sensación de que, posiblemente, ya no me quiera más a su lado.

Lo único que me mantenía cuerda eran los recuerdos de sus besos y del calor de sus brazos. Me volvía fría y calculadora al momento de subir al escenario, entraba en el papel que me habían designado sin consentimiento. Obviaba los gritos de todos esos hombres y me centraba en hacer mi trabajo mientras que John me observaba desde una esquina. Él no se había atrevido a nada más desde aquella noche, había bajado mucho la guardia y no entendía porque, algo estaba tramando.

Entonces, cada vez que entraba al sótano y me dejaba caer en el colchón lloraba. Era imposible no hacerlo, necesitaba saber de él. No podía creer que ya se había olvidado de mí. Adoptar esta rutina no era sana, pero me hacía sentir viva. En ocasiones despertaba a Katherine con mi llanto y ella me abrazaba, me susurraba palabras de aliento hasta que por fin me rendía al cansancio.

Aparté los recuerdos de mi semana por medio de un parpadeo y me giré para ver a mi amiga abrazar a su hijo. Gracias a ella sé que tanto puede amar una madre a su hijo, no como la mía. Ella permite que un desgraciado me venda a personas a cambio de dinero. Gruñí y me regañé mentalmente por amargar mi noche con esos recuerdos, pero era imposible.

Me giré para observar la hora en un pequeño y gastado reloj despertador, "3:35 a.m.". Ya era viernes y mis esperanzas de ser rescatada se iban con este día. Cerré mis ojos e intenté dormir, pero los recuerdos de esa noche volvieron a mí.

-¡Maldición! –Pasé mis manos por mi rostro repetidas veces antes de intentarlo de nuevo. Esta vez no dejé que ningún mal pensamiento irrumpiera en mi cabeza e hice lo único que podía hacer, pensar en Freddie.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero cuando me desperté estaba sola en el sótano. Mi corazón comenzó a martillar con fuerza, esta vez él no me lo perdonaría. Busqué algo para vestirme y subí rápidamente asustada, me esperaba otra golpiza.

-Buenas tardes, Bella durmiente –el tono que empleó en mí logró estremecerme. -¿Descanso la Reina del bar?

No me atreví a responder, sabía que un paso en falso haría que los hematomas que estaban desapareciendo volvieran acompañados de nuevos.

-Espero que sí porque el Señor Hilton pagó por ti. Todo el fin de semana con su hijo y más te vale complacerlo en todo –quedé paralizada y evité a toda costa sonreír. Solo me quedé allí con la misma expresión de miedo que hace segundos.

-¿Me pidió? –Me atreví a preguntar.

-Sí, pagó dos semanas por adelantado antes de irse a Italia –dijo soltando una risotada. –Debes ser una Diosa en la cama si enloqueces a ese chiquillo. No puedo esperar para que me lo demuestres…

Y allí estaba de nuevo ese sentimiento de asco y temor.

-Te compré algo de ropa para que enloquezcas a nuestro mejor cliente. Ahora ve a asearte que en cuatro horas vienen por ti –me giré aun sin demostrar emociones, pero apenas toqué las escaleras no pude evitar chillar emocionada.

Él no se había olvidado de mí. Podía sentir mi corazón latir con emoción y mis ojos llenarse de lágrimas. Al fin lo vería, al fin sentiría sus brazos rodearme y protegerme, nada podía compararse con eso. Cuatro horas más tarde estaba en el coche a punto de llegar a la misión. Me mordía el labio con fuerza y podía sentir mi cuerpo temblar por la anticipación.

Cuando llegamos, el chofer me abrió la puerta y me dio paso. Dejé escapar un suspiro tembloroso mientras caminaba hacia mi paraíso personal. Subí las escaleras lentamente temiendo que pudieran verme y descubrieran lo ansiosa que estaba. Me detuve un segundo frente a su puerta y alisé mi vestido, acomodé mi cabello y respiré hondo. Abrí la puerta y la habitación estaba a oscuras.

Entonces lo vi, estaba acostado en su cama y tenía el ceño fruncido. Por su respiración sabía que estaba dormido, tal vez tenía preocupaciones y por eso su expresión. Me atreví a contemplarlo por un largo tiempo, estudiaba fracciones y las grababa en mi memoria. Por último, me atreví a tocar su rostro con delicadeza y allí fue cuando despertó. Sus hermosos ojos achocolatados se fijaron en los míos de manera intensa, estaba en casa.

PVO Freddie
¡Sam! -dije impresionado al verla de nuevo frente a mí. -Pero… pero ¿cómo? ¿Tú…?

-¿Acaso no querías verme?- ella me miro fijamente.

-Claro… claro que si -dije confundido. Ella comenzó a sonreír y me dio un fuerte abrazo. -Sam… Sam yo… quiero que me disculpes por favor -le dije tomando su rostro entre mis manos-, por lo de la otra noche. Yo sé que no me merezco tu perdón… yo sé que soy un asco y no quieres volverme a ver, pero por favor no he podido estar en paz conmigo. No he podido dormir por esa estúpida propuesta que te hice. Destroce tu vida Sam, yo se que tu confiaste en mí y yo mismo hice que me perdieras la confianza, yo…

-¿De qué estás hablando Freddie?-decía Sam con el seño fruncido.

-De lo que te hice la otra noche, de lo que te obliga a hacer conmigo –murmuré angustiado.

-No entiendo Freddie…

-Sam, yo te dije que quería que me ayudaras a olvidar, te propuse que te acostaras conmigo Sam –expliqué.

Ella solo me miro confundida y comenzó a tocar mi mejilla con cuidado.

-Freddie, esa noche no paso nada -me dijo sonriendo.

-Pero… pero tú... pero yo te lo propuse y en la mañana desperté solo en ropa interior -ella me volvió a sonreír y se acostó a mi lado.

-Ya lo sé. Yo sé lo que me pediste y estaba dispuesta a ayudarte, pero cuando te dije que si lo haría tu comenzaste a llorar y me dijiste que querías olvidar todo, que querías que eso fuera una pesadilla. Lloraste por varios minutos y después te quedaste dormido. Yo te quite la ropa –explicó mirándome a los ojos.

-Pero… pero

-No paso nada Freddie -yo solo suspire aliviado, todo este tiempo pensé que le había hecho algo malo; todo este tiempo pensado que le había arruinado la vida. -Y si algo hubiera pasado, créeme que no me hubiera arrepentido…

-Pero Sam…

-Yo quería ayudarte –fue su respuesta.

-Pero no por eso tú te tenias que acostar conmigo –susurré sin apartar la mirada de su rostro.

-Me importas demasiado y haría cualquier cosa por ti…

-¿Hubieras hecho eso por mi? –Pregunté sorprendido.

-Eso y más -ella se acerco a mí y me dio un tierno abrazo. Sin querer su blusa quedo enganchada en mi anillo y la levante.

-Perdón, perdón –le decía apenado intentando desenganchar mi anillo, pero mientras más lo movía más se enredaba. Me agache un poco y algo llamo mi atención-. Sam, ¿qué te paso? –pregunté al levantar mas su blusa y ver un horrible morete en su cintura.

-Nada, no me paso nada -dijo ella intentando cubrirse. Sin importarme lo que ella dijera le saque su blusa y pude ver como ella intentaba cubrirse, pero no podía hacerlo completamente. Me tensé al ver que su cuerpo estaba repleto de moretones, rasguños, y golpes.

-¿Qué es eso? -le grite furioso. -¿Cómo que no te paso nada? -Ella tomo su camisa y se comenzó a cubrir.

-No me pasó nada, me caí y me golpeé.

-Sam, no me mientas -dije acercándome a ella y quitando la blusa de sus manos. La mire bien y mire con tristeza sus golpes, en su cuello había 3 terribles marcas. Uno de sus hombros tenía una mordida, sus pechos estaban rasguñados, su vientre tenía el peor morete de todos. Su cintura se encontraba rasguñada y una mordida demasiado profunda. Sentí una ira recorrer todo mi cuerpo con esto. – ¿Quién te golpeo? ¿Quién diablos te golpeo? -grite con fuerza y ella solo bajo la cara. –Sam, ¿ese estúpido te hiso algo? ¿Él… él abuso de ti? –mi corazón comenzó a latir rápidamente mientras esperaba su respuesta. Estaba esperando la peor de las respuestas.

Si ese maldito se había atrevido a hacerle algo yo estaba seguro que lo mataría con mis propias manos.

-No, él no abuso de mi, pero… pero lo intento -dijo cubriendo su rostro entre sus manos.

-Es un imbécil. ¿Cómo se atrevió? ¿Por qué diablos hace eso?

-Quise investigar acerca de tu madre y me atreví a entrar a su oficina y él... bueno él se dio cuenta y por entrometerme en sus cosas me golpeo e intento abusar de mí, pero gracias al cielo mi amiga Katherine me ayudo. De igual forma las 2 recibimos más golpes de los que nunca habíamos tenido.

-Sam, ¿Por qué... por qué hiciste eso? -le pregunté abrazándola con fuerza. -No tenías porque hacerlo, tu no tenías porque diablos tener que buscar información.

-Quería ayudarte, quería que tú supieras la verdad…

-Eso no valía la pena. ¿Ya ves lo que te paso? Casi te matan a golpes y lo peor de todo de expusiste por mí, eso es lo más estúpido que pudiste haber hecho –bramé molesto.

-Quería ayudarte -dijo abrazándome con mas fuerzas-, yo quería que no sufrieras más.

- ¿Pero a cambio de qué? -le dije sosteniendo su rostro entre mis manos. -¿A cambio de que casi te violaran? ¿A cambio de que casi te mataran a golpes?

-No me hubiera importado –allí estaba de nuevo, esa era su respuesta.

-No lo vuelvas a hacer. Prométeme que jamás lo volverás a hacer –le supliqué mirándola a los ojos.

-Freddie es que yo encontré…

-No me importa lo que hayas encontrado…

-Pero Freddie…

-Yo quiero que tú estés bien -dije tomando uno de sus mechones de cabello y poniéndolo detrás de su oreja-, tú eres lo más importante para mí y no soportaría que por una estupidez a ti te pasara algo.

-No es una estupidez, Freddie –aseguró ella con suavidad en su voz.

-Él te golpeó, él casi te mata… yo lo voy a… -pero antes de seguir hablando ella me callo con un beso. En cuanto sus labios chocaron con los míos comencé a sentir un hormigueo en mi estomago. Me encantaba esta sensación, ella subió a mis piernas y rodeo mis caderas con sus piernas, la sensación de su cuerpo cerca del mío era lo más maravilloso del mundo. Llevé mis manos a su cintura e hice que se acercara más a mí. Sus besos me hacían olvidar, sus besos me volvían loco y estaba seguro que no podría vivir sin ellos. Nos separamos cuando sentí que nuestros pulmones les faltaban oxigeno, ella pegó su frente con la mía y los dos comenzamos a sonreír.

-Pensé que ya te habías olvidado de mí -dijo tristemente.

-Jamás lo haría, pero no le hablo a mi padre y no podía decirle que te mandara pedir –expliqué.

-Él mismo pagó por dos fines de semanas seguidos. Tal vez no quería que estuvieras solo…

-O tal vez piensa que trayéndote conmigo lo podré perdonar, pero eso no importa. Lo importante es que tu estas aquí -le dije sonriendo.

-Para mí lo más importante es que sonríes de nuevo.

-¿Sam?

-Sí -dijo ella mirándome con alegría.

-Larguémonos de aquí…

-¿Qué dices? -decía ella confundida.

-Mandemos todo al diablo. Yo tengo algo de dinero y puedo vender mi motocicleta… ¿Qué te parece si nos vamos de aquí? Tú y yo solos sin que nadie nos moleste; sin que tu estúpido padrastro te maltrate. Yo te prometo encontrar un empleo y tu por fin serás libre, por fin tendrás esa libertad que tanto has querido ¿Aceptas? ¿Aceptas irte conmigo sin importarte nada?

-Freddie… Freddie yo -ella se miraba totalmente confundida.

-Acepta Sam, acepta estar conmigo y largarnos de aquí…