Disclaimer. Elementos y personajes de propiedad exclusiva de J K Rowling.
Envueltos en sábanas blancas
XI
Cuando, apoyando sus codos sobre la mesa – en una de aquellas posiciones que develan seguridad y un increíble conocimiento del mundo – y develando abundantes cicatrices, Charlie Weasley le explica con una media sonrisa que probablemente todas las historias que ha escuchado acerca de los dragones son sólo una leve versión de la realidad, Audrey no puede reprimir una de esas coquetas sonrisas infantiles – aquellas a las cuales Percy se ha acostumbrado inevitablemente - ni tampoco la necesidad de acercarse a Charlie, con ojos soñadores, y preguntarle mil cosas acerca de su trabajo.
Porque al recordar la leyenda de St. George y la virgen y mártir St. Margaret emergiendo del vientre del dragón con un crucifijo católico en sus manos, le pregunta nerviosamente si es que los dragones son realmente criaturas tan feroces como los libros mitológicos le enseñaron.
Y Charlie ríe.
Entonces – y a pesar de que son más de 10 en la mesa - justo en el instante en que Fleur abandona la silla ante el llanto de Dominique, Y Bill ladea la cabeza luego de comer un trozo de carne, y Molly se encuentra sirviendo rebosantes platos, y Angelina le pregunta a Hermione acerca de sus padres, y Ron y Harry y Charlie conversan animadamente acerca del último juego de la temporada de aquel deporte al que los magos se sienten tan atraídos, y Ginny acaricia distraídamente su vientre abultado, y Arthur pregunta acerca de tecnología muggle, y Percy la mira con esos ojos de expectación y ansiedad reprimidas, Audrey desvía largamente su mirada hacia George y desea (siempre) en silencio haber conocido a Fred.
Porque al despedirse de Molly cuando ya dan las seis – y Percy le insiste una y mil veces que se aferre fuertemente a él cuando Londres vuelve a deslizarse frente a ellos como una túnica fugaz con aroma a tráfico, a humedad, a puntualidad – Audrey piensa que no debe haber dolor más grande en este mundo que perder a alguien que amamos.
Audrey cree que ya no es necesario observar a un dragón de verdad – aunque aún no olvida los pasteles flotantes ni las hadas traviesas ni las escobas voladoras de las cuales Percy se tendrá que encargar más tarde – para saber que esto es magia real.
Notas de la autora. Creo que me medio enamoré de Charlie Weasley, aunque ofcors que nadie como Percy xD Y no saben como muero por probar los deliciosos platos de Molly :) En algún momento tendré – porque ya es una necesidad inminente – que escribir nuevamente de la familia Weasley y las tartas de los domingos ^^ Se me hace inevitable.
La leyenda de St. George y St. Margaret - así, super spanglish - son católicas a morir, pero tenía que inlcuir alguna mención de los dragones.
Besos enormes, Gracias infinitas.
