Disclaimer: Ya sabéis a quién le pertenece todo.
ONCE
Dejad que os hable del Club Encantado.
Es un club relativamente nuevo, se abrió más o menos veinte años después de la Batalla Final. Albus, Louis y yo estábamos en nuestro segundo año, y por supuesto aún vivíamos lejos del mundo de las fiestas, el caos y el desorden. Pero el Club Encantado era lo más moderno del momento y todos los alumnos hablaban de él. Nosotros acostumbrábamos a fantasear sobre el futuro, en nuestros paseos nocturnos por el bosque, y cómo también haríamos las mismas cosas que los alumnos de más edad. Teníamos doce años y una característica ingenuidad, ansiábamos crecer lo antes posible y así tener los mismos privilegios que lo más mayores.
Es bastante irónico cómo anhelas tanto perder tu infancia mientras estás atrapada en ella y después querer volver atrás cuando por fin has conseguido superarla.
Fuimos por primera vez al Club Encantado en cuarto, por iniciativa de Albus. Nos escabullimos de nuestros dormitorios un sábado a medianoche, dejando atrás un hechizo que imitaba nuestras voces, por ser precavidos. Caminamos hasta Hogsmeade y allí utilizamos un traslador para llegar al Callejón Diagon. Entramos en el club con identificaciones falsas, por supuesto. Fue la primera vez en toda mi vida que me había emborrachado tanto que no podía caminar en línea recta. Louis y Albus no acabaron mucho mejor. Casi tuvimos que volver al castillo gateando.
Lo que estoy intentado decir es que salir al Club Encantado siempre acarrea problemas, y por eso mismo me estoy arrepintiendo de la decisión que he tomado.
—Vamos, Rose. — Stephano se encontraba de pie frente a mí con una mano extendida. —Hay que hacer cola.
—¿Qué? — Sacudí la cabeza, saliendo de mi aturdimiento.
—¿Hacer cola? — Resopló el rey Capullo de la manera más odiosa. —¿Se te ha ido la cabeza? ¿Ves toda esta gente?
—No, no. — Me entrometí. —Estos dos ojos son de decoración.
El rey Capullo rodó los ojos dramáticamente. —¿Acaso estoy hablando contigo?
Suspiré profundamente, frotándome las sienes como si estuviera reflexionando sobre su pregunta y después abrí los ojos exageradamente —¡No me importa!
—Vamos a tranquilizarnos, ¿está bien? — Intervino Stephano con cuidado mirándonos a ambos.
—Claro. — Malfoy tosió ostentosamente. —Pero no pienso hacer cola.
—¿Por qué no? ¿Tienes miedo de resfriarte aquí fuera? ¿Tan frágil eres, Malfoy? — Pregunté inocentemente.
Malfoy abrió la boca para contestarme pero Stephano se le adelantó. Se colocó entre los dos y nos echó La Mirada Asesina.
—¡Niños! ¡Que os calléis!
Le devolví La Mirada Asesina.
Una pequeña parte de mí querría haber escuchado la respuesta, seguramente ingeniosa, de Malfoy.
—Hablas como mi madre… — El albino le contestó a su amigo con una mueca de desagrado. —Voy a sobornar al de seguridad para que me deje entrar. Vosotros haced lo que queráis, no me importa.
Abrí la boca, pero Stephano se sentía demasiado por la labor de cortar a la gente esta noche. —Vamos contigo.
Antes de que pudiera rechistar me cogió del brazo y me arrastró detrás de Malfoy y su repugnante política.
.
.
.
Quince minutos más tarde Malfoy había desaparecido y Stephano y yo estábamos sentados en una mesa rodeada de sillones. La pista de baile estaba en la parte baja y nosotros habíamos subido a una especie de podio así que la música no era tan fuerte aquí. Frente a nosotros se encontraban toda clase de bebidas. No he olvidado mi última experiencia con el alcohol, pero en una fiesta como ésta está prohibido estar sobrio. Básicamente porque presenciarás escenas que te marcarán de por vida.
—¿Qué te está pareciendo? — Stephano arrastró su sillón más cerca del mío y colocó una mano en mi brazo.
—Creo que vamos a pasarlo bien. — Sonreí levantando mi vaso.
Él golpeó su cóctel con el mío. —¡Salud!
—¡Salud! — Repetí antes de tragarme todo el líquido de golpe.
—¿Sueles salir mucho? — Preguntó Stephano después de beberse el suyo.
—Depende. Durante las clases no, pero en verano me gusta mucho salir.
Stephano me miró con su encantadora sonrisa. —No creí que fueras del tipo fiestera, sin ofender.
—No me ofendes. No lo soy, la verdad. Soy prefecta, y al contrario que Malfoy, me merezco el título. — Me reí un poco mientras apartaba mi vaso vacío y lo sustituía por otro lleno. Stephano me imitó. Al parecer tampoco quería acabar la noche en perfecto estado.
—¿Puedo hacerte una pregunta? — Le dije mientras volvía a chocar nuestros vasos. —¡Salud!
—¡Salud! Claro.
—Qué es. — Trago. —lo que — Trago. —te gusta — Trago. —de Malfoy.
Stephano parpadeó unos segundos. —No era eso lo que me esperaba. — Se quedó callado. —Lo conozco desde los tres años, creo. Crecimos juntos. Nos entendíamos. Aún nos entendemos. No quiero parecer gay pero… es como si nos uniera un lazo desde nuestra infancia. Como si nada pudiera separarnos, como la distancia o una chica. Y sé que Scorpius puede ser un gilipollas pero también es inteligente y divertido… ¿sabes? Para odiarlo tanto te pasas todo el día hablando de él.
Mis ojos se ensancharon involuntariamente y me dio la impresión de que se me había parado el corazón una milésima de segundo porque después comenzó a palpitar descontroladamente.
—¿Qué dices?
Ni siquiera intenté ocultar mi sorpresa.
—Nada. — Me miró fijamente a los ojos.
Pude ver la sospecha reflejada en ellos.
Bajé la mirada a mi vaso.
.
.
.
—¡Mierda!
Stephano y yo levantamos la vista para encontrarnos con un Malfoy frenético. Los dos lo miramos interrogantes mientras él se apoyó en uno de los sillones frente a los nuestros y engulló un chupito de un solo trago.
—¿Qué ha pasado? — Preguntó Stephano amablemente.
Malfoy dejó escapar un suspiro de desesperación. —Mi cita está aquí. Recordarás a la rubia de antes.
Fui incapaz de sofocar una carcajada. —Esto va a ser el karma.
—¡No sé dónde le ves la gracia, Weasley! — Gritó Malfoy, mirándome serio.
—Bueno, — Dije entre risas. —Depende del punto d-
—¡Mierda, mierda, mierda! Viene hacia aquí, — Malfoy me interrumpió aterrorizado. —¡Escondedme o algo!
—Debajo de la mesa. — Sugirió Stephano arqueando una ceja. No podía importarle menos.
—¡Un poco de empatía es lo que me ayudaría! — Malfoy miraba a Stephano como si quisiera reducirlo a cenizas.
—Vaya, es verdad que está viniendo. — Añadí innecesariamente.
Aunque no era mentira. La chica rubia meneaba su culo a la manera de la camarera de poca monta y se abría paso entre la multitud de estudiantes, claramente buscaba algo o a alguien. Sonreí malévola casi sin darme cuenta al imaginarme los posibles escenarios que podrían formarse aquí en unos momentos.
Muajajaja.
—¡Vámonos, Weasley!
Fruncí el ceño cuando de repente me hallaba rodeada de gente, arrastrada por alguien. Miré a la izquierda para preguntarle a Stephano pero ya no estaba allí. Molesta, volví a girarme para averiguar quién me secuestraba y solo vi a Malfoy.
Espera.
¿Malfoy?
¿Por qué me acaba de levantar de la silla tan arcaicamente?
—Vamos a bailar. — Me susurró en el odio mientras me presionaba a su lado y pasaba un brazo por encima de mis hombros. —Stephano distraerá a Elizabeth.
—¿Ahora tiene nombre? — Susurré también, no del todo despejada.
Tras bajar la escalera atestada de gente pude volver a respirar tranquila. Cerré los ojos de placer cuando me llegó el aroma de su perfume. Nota mental: regalarle a Stephano el mismo perfume que utiliza Malfoy. Es tan fresco y masculino y…
—Malfoy, — Le dije, un poco aturdida aún. —¿De verdad vamos a bailar?
Inclinó la cabeza para mirarme -¿Por qué es tan condenadamente alto?- y asintió. —Sí, a ver si ella capta el mensaje.
—Pero… — Fruncí el ceño. —¿No se lo puedes pedir a otra chica? ¿No le importará a Stephano si nosotros…?
—¿Siempre tienes que hablar tanto? — Preguntó él, y rápidamente añadió: —Es una pregunta retórica.
Se detuvo cuando llegamos al centro de la pista de baile y paseó la vista de un lado al otro de la pista. Dejó de agarrarme por el hombro y se colocó frente a mí. Yo también comencé a mirar a los lados, probablemente por la misma razón que Malfoy.
'Elizabeth' no estaba por ningún lado.
Aparentemente Stephano está haciendo bien su trabajo, lo que es completamente comprensible porque Stephano es un chico muy muy muy encantador, apuesto, agradable, inteligente, y así sucesivamente.
—¿Quieres algo de beber, Weasley? — Preguntó Malfoy de forma civilizada.
Me separé de él. —¿Estoy soñando o en una realidad alternativa? ¿Acabas de ofrecerme algo de beber?
—No te desmayes. — Dijo él, sonriendo. —Te traeré otro cóctel.
—¡Pero ya estoy bastante borracha! — Farfullé.
—Mientras más, mejor. — Me guiñó el ojo y al siguiente instante se había ido.
Desconcertada, cerré la boca. Esto es tan típico. Dejar que Malfoy lleve a su mejor amigo al club porque necesita deshacerse de su chica, protestar porque no quiere que la novia de su mejor amigo los acompañe, luego dejar que su mejor amigo distraiga a su cita y arrastrar a la novia de su mejor amigo a la pista de baile para espantar a la otra.
Sí.
Ah, y casi besa a la novia de su mejor amigo y luego casi le da un ataque porque no sabía que era la novia de su mejor amigo.
Tampoco ayuda que tenga un rostro tan angelical cuando es uno de los mayores capullos que he conocido.
Scorpius Malfoy es un rompecabezas, y no de los divertidos.
—Pareces un poco perdida.
Miré al chico que me traía tantos dolores de cabeza y le quité mi vaso de las manos. Me tragué casi todo el líquido de una vez y me llevé una mano al pecho. Comienzo a sospechar que estoy entrando en estado de embriaguez. Y sospecho que Malfoy también.
—No estoy perdida. — Mentí. —De hecho, me siento completamente dentro de lugar.
Se inclinó hacia mí y sentí su aliento en mi cuello. —Demuéstralo entonces.
—Deberíamos bailar ya que estamos aquí.
Malfoy se bebió de un trago su cóctel. —Eres la novia de mi mejor amigo y te odio.
—¿Y? —Arqueé las cejas y extendí una mano.
Malfoy se quedó mirando mi mano con un extraño brillo en los ojos. —Podría dar la impresión equivocada y estoy borracho. El alcohol es peligroso.
—Nos llevamos… bien cuando estamos borrachos. — Me reí sin retirar la mano.
Finalmente agarró mi mano y sentí un escalofrío en la nuca cuando me habló cerca de la mejilla. —Ese es el problema, Rose.
Mi mente no paraba de gritarme que huyera de ahí en ese preciso momento. Debía dejar esta pista de baile atrás, y con ella al chico rubio alarmantemente insufrible y atractivo.
Pero empecé a mover las caderas al ritmo de la música.
.
.
.
No podría decir el tiempo que llevamos así.
Lo único que tengo claro es que quiero seguir bailando a este ritmo, girando, fluyendo con la música, deteniéndome, deslizándome. Y que Malfoy se balancee, gire y baile conmigo. Sentir el ritmo de la música en mi sangre, dejándome llevar por él. Mi cabeza es tan solo un borrón y me encanta. No pienso en lo que esperan de mí. No pienso en ser la precepta ni en el buen comportamiento. No pienso en Albus ni en Louis ni en lo que sea que me dirían ahora mismo. No pienso en Lily ni en sus chillidos. No pienso en mis padres ni en mis deberes. No pienso en el próximo partido. No pienso en Stephano.
Me dejo guiar por Malfoy.
Ya no hay distancia entre nosotros y tampoco me detengo a pensar en ella. No pienso en el hecho de que detesto a este chico. No pienso en lo arrogante y desagradable que es. No pienso en nuestro pasado. Ni siquiera en nuestro futuro. Solo pienso en el ritmo que estamos sintiendo juntos.
—Bailas bien, Weasley. — Jadeó en mi hombro. —¿Quién lo hubiera dicho?
Las luces de colores intermitentes alumbran su perfecto rostro aristocrático. Tiene los ojos cerrados y respira con dificultad. Miré sus labios hasta que me percaté de que ya los había observado por demasiado tiempo, pero no aparté la mirada. Noté sus dedos subiendo por mi espalda, hasta mi cuello. Me pegó más. Aire, por favor.
—¿Por qué nos llevamos tan bien cuando estamos borrachos? — Conseguí decir entre cada bocanada de aire.
El ritmo aceleró.
—Porque no pensamos.
Sentí sus definidos músculos presionados con mi pecho. —¿Sientes la tensión, o es que soy yo?
—Me temo que no eres tú. — Murmuró demasiado cerca de mi boca, sin parar de moverse.
Bailábamos sincronizados, como uno solo, aunque no pienso en eso, ahora estoy pensando en su boca. Está cerca y se acerca cada vez más. Sus manos dejan una quemadura en mi piel allí por donde pasan. Sus dedos se deslizan por mis brazos, hasta las muñecas y después… me atraviesa una descarga eléctrica cuando los entrelaza con los míos.
—Quiero terminar nuestro reto, Weasley, pero eres la novia de mi mejor amigo. — Gimió casi como si le doliera.
Sé que su mención debería sentarme como un balde de agua fría, pero no. No pienso en eso, sino en que comparto completamente su sentimiento.
—¿Dónde está? — Pregunté en el mismo tono que él había utilizado anteriormente.
Malfoy miró alrededor. —No lo veo por aquí. Hemos estado bailando una hora por lo menos.
—El tiempo vuela cuando lo estás pasando bien.
—Quiero besarte. — Repitió Malfoy, ignorando mi anterior comentario.
Mis ojos se encontraron con los suyos. Estoy segura de que podía ver el conflicto que tenía conmigo misma en los míos tan bien como yo lo veía en los suyos. Respiré profundamente.
Quiero que me bese.
¿Pero vale la pena? ¿Vale la pena hacerle daño a Stephano?
—Quizás… sería mejor ir a buscarlo. — Hice un esfuerzo para que no me temblara la voz. —No podemos hacerle esto. — Susurré.
Malfoy dejó de moverse de repente y se paso las manos por el pelo. Parecía preocupado, lo que es comprensible. —Tienes razón. — Suspiró. —Tienes toda la razón. Vamos. Vámonos y olvidemos lo que ha pasado, lo que he dicho… y lo que has dicho.
Algo se estaba retorciendo en mi interior, pero lo ignoré. —Bien.
Cuando nos alejábamos de la pista de baile no pasó un brazo por mis hombros.
.
.
.
Encontramos a Stephano treinta minutos más tarde, y no queréis saber dónde.
En una de las cabinas del baño.
Con una chica.
Sí, de verdad estaba en el baño con una chica. Solo que la chica se llama Elizabeth, también conocida como la cita de Malfoy, y tiene la cabeza metida en el wáter. Stephano, tan caballeroso como es, estaba ayudándola.
Y yo estaba bailando con su mejor amigo.
—Eres demasiado bueno. — Le dijo Malfoy, después de que Stephano nos contara el calvario por el que había pasado.
Puse una mano en su hombro, sintiéndome mal por lo que había estado haciendo con Malfoy mientras tanto. —¿La chica está bien?
Elizabeth se las arregló para ponerse de pié mientras se ayudaba de las paredes del baño. —Creo que sí, estoy bien. — Luego pareció darse cuenta de la presencia de Malfoy. —Oh, me alegro de verte. — Frunció el ceño un instante.
Stephano y yo intercambiamos miradas.
—Em… sí, hola. — Murmuró Malfoy, ofreciéndole el brazo para que se estabilizara.
—Vámonos de aquí. — Me dijo Stephano. —Estoy un poco hasta arriba de este sitio.
Yo también estaría un poquito harta de pasar toda la noche en el baño.
—Vale. — Respondimos Malfoy, Elizabeth y yo a la vez.
Creo que estoy haciendo quedar a Rose como una alcohólica pero no lo es xD ¿ok? son solo adolescentes, necesitan divertirse. Bueno, hay TENSIÓN, ¿o no?
¡¿MALFOY HA ADMITIDO LO QUE SIENTE?! ¿Review?
