TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK. ROWLING

Traición

Capítulo Once

"Redención II"

El término de semana para muchos había significado un alivio entre tantos problemas y la convulsionada opinión pública de la comunidad mágica; la muerte de Terry y los tíos de Harry habían sido los acontecimientos que habían marcado al ministerio de magia y la unidad de aurores, quiénes trabajaban día y noche en la búsqueda del paradero de Lord Voldemort y los mortifagos. Sin embargo y a pesar que la semana llegaba a su fin el trabajo pendiente debía culminar; Luna y Daniel terminaban las últimas pruebas para evaluar la real preparación de los aurores elegidos y hasta el momento habían obtenidos buenos resultados.

Las largas jornadas llegaban a su fin y aunque ambos aurores estaban aliviados de no tener problemas relacionados con Ron, sin duda, extrañarían las horas extras que pasaban juntos, ya sea hablando o realizando trabajo extra.

La rubia movió la cabeza ante ese último y desafortunado pensamiento que se coló y firmó el certificado del penúltimo grupo evaluado, cerró la carpeta y miró lo que acontecía frente suya. El último grupo a evaluar estaba a punto de finalizar y estaba siendo supervisado por Daniel; la mirada del muchacho permanecía fija sobre el grupo y hacía apuntes de tanto en tanto sobre la libreta.

-¡Bien! ¡Es todo!

Observó al grupo detener su actividad y acercarse lentamente hacia el castaño, Luna suspiro obviando un pequeño detalle: el último grupo correspondía a mujeres. Después de mucho discutirlo habían llegado al consenso que separarían los grupos por sexo y aunque Luna no estaba totalmente de acuerdo de igual forma el último grupo solo estaba conformado por mujeres.

-Concéntrate Luna – Se dijo abriendo la última carpeta y rellenar los datos básicos antes de anotar las sugerencias de Daniel. Sin embargo, subió la mirada hacia el chico quién platicaba amenamente con varías aurores y deseo bajar la mirada pero la corrección de varita del castaño hizo que su estómago se apretará y el pequeño pero efectivo monstruo de los celos aflorará – Diablos.

-¿Estás celosa? – Preguntaron detrás de ella y raudo se giró para contemplar a su amiga sonreírle. La aludida sintió su rostro enrojecer y desvió la mirada hacia algún punto del salón – Es enserio, llegué a pensar que colocarías el grito sobre el cielo y lo negarías hasta la muerte.

-Tampoco te lo confirmo – Habló la rubia despidiéndose sutilmente de las aurores

-En realidad – Comenzó la castaña apoyándose ligeramente sobre el escritorio – Lo ocurrido hace algunos días dice todo lo contrario – Meditó al recordar la confesión de ambos aurores sobre el incidente con Ronald y el posterior relato de la rubia sobre la discusión sostenida – Hace pensar que lo quieres mucho y que efectivamente has encontrado al indicado. No sentirías celos a menos que te interesará.

-Generalizas Hermione – Movió la cabeza y bajando la voz porque Daniel se acercaba – Solo es mi amigo

-Lo mismo pensaba de Harry – Rebatió la castaña sonriéndole y la rubia le acompaño – Además, él también te quiere – Señalando al chico

-Hermione

-¿Cómo estás Hermione? – Preguntó Daniel extendiéndole los apuntes a su compañera – Pensé que éramos los únicos trabajando

-Últimamente se han quedado hasta tarde – Comentó ella mirando de reojo a su amiga. Daniel sonrió algo incómodo – Por cierto, necesito pedirte un favor – Dirigiéndose hacia el muchacho – Necesitamos a escoltas y pensé que Davis y tú podrían realizar esa pequeña tarea.

-No tengo problemas – Dijo él asintiendo – Ya hablaste con Davis

-Se encuentra en la oficina – Señaló ganándose una mirada intrigada de su amiga – Se fue Draco y queda trabajo por realizar

-Me imagino – Habló Luna y Daniel tuvo que contener una carcajada – Todo listo

-Bien – Sonrió Daniel y rodeando el escritorio besó a Luna sobre la mejilla

-Bien – Habló Hermione disimulando su sonrisa – Les veré mañana. Buenas noches.

-Buenas noches – Se despidieron

Ambos jóvenes recogieron sus respectivas pertenencias y asegurándose que todo estaba en orden, y nada olvidado, salieron del salón para luego dirigirse hacia el ascensor más cercano. Durante todo el trayecto permanecieron en silencio y solo dirigiéndose miradas de reojo, sumidos sobre sus pensamientos y posibles soluciones frente a lo que cada uno comenzaba a sentir; la compañía, afecto y largas horas de conversaciones tanto laborales como personales, hoy se obtiene la necesidad de no separarse y permanecer la mayor cantidad de tiempo posible juntos. Y aunque la inseguridad se atraviesa por ambos aurores en el fondo aquel sentimiento es más que aceptado.

-Irás a casa – Afirmó Daniel sintiéndose estúpido por decir algo así – O tienes otro compromiso – Añadió ante la tentación de pedirle ir a algún lugar.

-No, ninguno – Respondió la rubia sintiendo que el ascensor bajaba demasiado lento. Apretó la correa de la mochila fuerte y añadió, sabiendo que la castaña se burlaría de ella - ¿Quieres pasar a mi casa y beber algo? – Se giró y miró la expresión sorprendida del castaño – Claro, si no tienes ningún compromiso.

-Me gustaría beber algo – Sonrió él sintiendo las piernas volverse gelatina y el hormigueo sobre su estomago intensificarse - Será nuestra recompensa por el buen trabajo.

-Por supuesto – Sonrió Luna desviando la mirada hacia la puerta que al fin se abría, dejándoles paso hacia el piso principal y conseguir transportarse hacia la casa de ésta

Cerró la puerta tras de sí y camino de regreso hacia el escritorio donde tomo asiento detrás de él, dejó los documentos a un lado y fijo la mirada sobre el hombre frente suya; Harry Potter le devolvía la mirada: Ojos verde. Por precaución sello la puerta e insonorizó la oficina, le citó para lograr acuerdos sobre la participación del moreno durante el funeral de mañana y aunque el riesgo de que asistiera como Davis Parker sería demasiado tampoco podía dejarlo al margen, después de todo se trataba de sus tíos. Aunque ya tenían la fachada perfecta para solucionar aquel problema.

-Daniel aceptó – Habló y el ojiverde asintió – Asistirán a modo de escoltas y cuidarán un perímetro acotado. Tendrán ordenes de quedarse algunos minutos para asegurar el lugar cuando la ceremonia haya acabado, sólo puedo darte diez minutos. Lo siento.

-No te preocupes – Negó él agradecido por la oportunidad de asistir – Gracias Hermione

-Son tus tíos – Sonrió ella – Y aunque te hubiese negado la posibilidad, igual irías.

-Cierto – Le devolvió la sonrisa. Observó el reloj de pared y suspiró – Debo irme.

-Harry – Habló Hermione reteniendo al ojiverde – Necesito hacerte una pregunta – dudó

-Dime

-¿Qué siente Daniel por Luna? – Inquirió y resopló impaciente ante la mirada de desconcierto del moreno – No me digas que no te has dado cuenta

-¿De qué? – Preguntó ladeando la cabeza confundido ante la pregunta. Intento hacer memoria y evidenciar algún suceso extraño, sin embargo, no encontró ninguno. Además, sólo veía al muchacho durante el desayuno porque llegaba demasiado tarde - Apenas si lo veo y cruzó palabra con él. Sabemos que está ocupado con los entrenamientos.

-Sigues siendo un despistado – Comentó Hermione cruzándose de brazos y él se sintió un niño regañado – De verdad no has hablado con él.

-Para nada – Negó él – Sólo comenta que tiene mucho trabajo y hoy terminaba con los entrenamientos. Ni siquiera le he preguntado por lo que ocurrió hace algunos días con Ron – Meditó cruzándose de brazos. Preocupándole que el pelirrojo pudiese dañar a su amigo y Luna – Por cierto, debes controlarlo – Advirtió frunciendo el ceño – La próxima vez que haga algo así, seré yo quien le golpee.

-¿Por qué quieren solucionar todo a golpes? – Preguntó Hermione exasperada – No se acercará a Luna, te lo prometo. Además, no querrá acercarse a él siendo que encontró a alguien.

-Hermione…

-¿Estás aquí Hermione? – Hablaron desde el otro lado de la puerta y Harry reprimió un gruñido, la voz del ministro les puso sobre aviso – Necesito hablar contigo.

-La poción – Ordeno la castaña dirigiéndose hacia Harry, el aludido a regañadientes obedeció y se bebió el contenido del frasquito de emergencia – Puedes pasar

-No sabía que estabas ocupada – Habló el ministro asomándose por la puerta – Si quieres puedo volver mañana

-No te preocupes – Negó la castaña y la ceñuda mirada del moreno, le hizo añadir – El señor Parker ya se iba, solo recibía las instrucciones para mañana.

-Por supuesto – Sonrió Harry incorporándose de su puesto y aunque deseaba añadir algo más, se contuvo – Con permiso – Asintió mientras salía de la oficina.

Escuchó la puerta cerrarse tras de sí y por inercia quiso abrirla nuevamente, lanzó un largo suspiro y camino resignado hacia los ascensores. Los últimos días había visitado a Severus Snape relatando los años que había permanecido en silencio y alejado del mundo mágico, el regreso y todo lo que implicaba vivir aquella realidad y por la cual hoy se sentía preso, ahogado sin tener la certeza de hacer lo correcto o simplemente volver al plan original. Y aunque muchas veces quiso hacerlo y dejarse llenar nuevamente por la venganza, la imagen que proyectaba Snape y su familia le hacía desear algo así. El ex profesor de pociones consiguió por todos los medios escapar, aunque era un hombre libre, su vida se encontraba en riesgo puesto que su cabeza tenía precio, se oculto junto a su esposa y pequeña hija de apenas un año, sólo cuando lograron encontrar un lugar seguro para establecerse, la paz llegó hacia ellos. De eso, había pasado cuatro años y él, Elena Marrie: su esposa e hija Ámbar conformaban una hermosa familia que Harry había aprendido a conocer.

-¿Qué haces aquí? – Preguntaron a espaldas suyas. Él se giró y tuvo que contener el aliento; unos pequeños niños, que reconoció como sus hijos, iban sujetos de las manos de Draco – Es tarde para trabajar.

-Recibía las últimas instrucciones para mañana – Le miró este significativamente y Draco asintió - ¿Y tú? – Desviando la mirada hacia los mellizos – Estás no son horas para que niños pequeños estén fuera de la cama

-Hermione – Explicó el rubio encogiéndose de hombros

-Hola señor – Saludaron ambos niños y Harry trago saliva - ¿Dónde está mamá? – Inquirió la pequeña Rose

-En la oficina – Respondió él sonriendo – Habla con el ministro – Menciono dirigiéndose hacia el rubio quien rodo los ojos – En fin, debo irme – Anunció decidido a salir del ministro antes que perdiese la paciencia – Con permiso – Se despidió

-Nos vemos – Escuchó la vocecilla de ambos niños.

Solo hasta que hizo abandono del ministerio el corazón de Harry dejó de latir desbocado y lograr tranquilizar el cúmulo de emociones que le embargaba. Se sentó sobre el sillón y cerró los ojos cansado, dejando que el último pensamiento coherente, sobre el funeral de sus tíos, lo embargase antes de quedarse profundamente dormido.

El ruido proveniente de la cocina y el molesto dolor situado sobre su cuello le hicieron despertar e incorporarse del sofá, camino hasta llegar al umbral de la cocina donde su amigo iba y venía preparando pociones. Observó el reloj de pared percatándose que pasaban de las ocho de la mañana y que pronto deberían estar en el ministerio.

-¿A qué horas llegaste? – Preguntó él caminando hacia la mesa y preparar el desayuno – No te oí llegar

-Temprano – Susurró Daniel colocando las pociones en los frasquitos – Te vi dormido y no te quise despertar

-Lo hubieses hecho – Menciono Harry frotándose el cuello adolorido – Supongo que terminaron los entrenamientos

-Sí, ayer – Respondió este tapando el último frasco y luego sentarse a desayunar - ¿Qué hablaste con Hermione? – Inquirió sorprendiendo al ojiverde, añadió – Nos hizo visita, sugirió la idea de ser escolta y cuando pregunté por ti, dijo que estabas en su oficina – Explicó encogiéndose de hombros

-Ya veo – Murmuro él – Pues, no hablamos mucho – Recordando la intromisión del ministro – Lo único que discutimos fue la discusión de hace algunos días con Ron

-Lo sacará del ministerio – Dijo él

-No – Negó – Sabes que prefiere mantenerlo cerca y vigilarle

-No tiene sentido – Masculló Daniel tomando un sorbo de café – Es un peligro para todos.

-Lo sé – Suspiró él terminando de desayunar y colocando los codos sobre la mesa, añadió – Necesito hacerte una pregunta, Daniel

-Dime – Habló él terminando su tostada - ¿Qué sucede?

-Te pedí información de Luna hace algunas semanas – Comenzó y Daniel trago saliva – Y dada las circunstancias, la información la obtuve de Hermione – Aclaró recordando la conversación con la castaña después del incidente entre Ron, Luna y su amigo – Y quiero saber que te traes con Luna.

-Nada – Respondió él dejando la taza de café sobre la mesa - ¿Por qué deberíamos tener algo?

-Por el tiempo que pasan juntos – Habló Harry alzando las cejas – Y la discusión entre tú y Ron hace algunos días.

-No pensarás que iba a quedarme de brazos cruzados – Le miró este sorprendido - Solo es mi compañera, nada más.

-Está bien – Suspiró él incorporándose de su lugar y palmoteándole el hombro a su amigo, añadió – Es bueno saberlo.

-¿Por qué? – Inquirió Daniel girándose mientras su amigo subía las escaleras y le respondía del segundo piso.

-Nada importante – Habló – Sólo que Hermione menciono que Luna había encontrado a la persona correcta y por ese motivo nuestro amigo pelirrojo no se acercaría.

-No lo sabía – Susurró el castaño pensativo. Observó el reloj de pared y suspiró – Iré al ministerio, te veo allí

-Bien

Agarró la varita y apareció en el ministerio aturdido por la conversación con su amigo; la mención que la rubia tuviese alguna relación le descomponía y provocaba en él ciertas emociones encontradas. Negó y subió por el ascensor para dirigirse hacia la sala de reuniones, giro en la esquina y saludo a los lejos al licantropodo quién platicaba con Hermione.

-Buenos días – Saludo este a la rubia. La aludida se giró y sonrió a modo de saludo - ¿Cómo dormiste?

-Bien – Asintió ella recordando la plática de la reciente noche y lo cómoda que se había sentido ante la presencia del chico - ¿Y tú?

-Igual – Habló él - ¿Qué falta para partir? – Observando su reloj de pulsera

-Creo que nada – Comentó ella encogiéndose de hombros – Hermione hablaba con Remus.

-Sí, los vi – Murmuro él pensativo

La rubia revisó las carpetas frente suya al tiempo que todos llegaban a la sala; fijo la mirada sobre la mesa y observó a Daniel tomar asiento junto a ella. Habían acordado reunirse antes de partir hacia el cementerio y repasar algunos protocolos de seguridad, después de todo, nadie les aseguraba que Voldemort no atacaría aquel día y técnicamente todos en el ministerio estaban paranoicos.

-Davis, Daniel – Llamó Hermione sacando a la rubia de sus pensamientos – Adelanten camino y esperen a la entrada del cementerio

-Bien – Dijeron ambos y salieron de la sala.

Sólo hasta que Harry quedo parado frente al cementerio pudo coger conciencia y relacionar el hecho que estaba a punto de dar sepultura a sus tíos. Contuvo el aliento e hizo todo lo humanamente posible por contener las ganas de hechizar a la persona que acompañaba a la castaña; la cabellera de Ronald Weasley resaltaba entre todos los asistentes y aunque quiso abrir la boca para decir algo, el suave codazo de su amigo se lo impidió. Apretó los puños y dejó que la pequeña comitiva de no más de seis a siete personas ingresará al interior del panteón donde se reunirían con el féretro de los cuerpos.

-Cálmate – Susurró Daniel observando el semblante serio y poco amistoso del ojiverde – Sé que es difícil para ti y soportar al asesino de ellos, es duro.

-¿Qué quieres que haga? – Preguntó este sintiendo sus hombros temblar y perder poco a poco el control – Que le observe llorar y lamentarse por muertes que él cometió. No puedo Daniel.

-Debes poder – Aconsejó este cogiendo los hombros de su amigo – Escucha, debes decírselo a Hermione – Miró y ante la nuble de negaciones, añadió - ¿Quieres seguir ocultándole la verdad? Te das cuenta del peligro que se encuentran todos, incluidos tus hijos. Sabes perfectamente que los mellizos no serían obstáculos

-Complicaría las cosas

-Sé honesto – Habló el castaño – Entre tantas mentiras, es la mejor opción.

Ingresan al cementerio y rodean de tanto en tanto el lugar, la ceremonia se realiza en silencio y solo interrumpido por el cura muggle. El ojiverde se queda a un costado y observa el féretro descender, la garganta se aprieta y aunque quiere acercarse, se contiene, debe esperar a que todos salgan del cementerio y él tendrá a lo más diez minutos para despedirse. Suspira y desvía la mirada hacia los aurores; En apenas una semana y dos funerales les marcan, recoge la mirada preocupada de Hermione y Remus, saben que la presencia del pelirrojo lo afecta y cualquier comentario o movimiento pudiese terminar sobre alguna pelea.

Lentamente Remus, Luna y Draco hacen abandono del lugar, y a lo lejos Harry distingue a su amigo asentir y seguir el rumbo hacia el ministerio, él solo debe esperar que Hermione y Ron salgan del lugar. En silencio, camina hacia ellos.

-Lo siento mucho – Escuchó Harry de la boca del pelirrojo. Aprieta la mandíbula y se mantiene al margen

-Cuídate – Susurró la castaña y su amigo le besa la mejilla a modo de despedida

La desaparición del pelirrojo hace que Harry se relaje, sin embargo, recrudece al observar al ministro de magia acercarse hasta Hermione y abrazarla. Por impulso se acerca hasta la pareja y llama la atención de la castaña quien asiente lentamente.

-Debemos irnos – Acusa la castaña deshaciendo el abrazo – Te alcanzaré en el ministerio, Robert.

-Por supuesto – Sonrió el aludido

-Lo siento – Se disculpó en cuanto el ministro desapareció del lugar – Nunca pensé que Ron…

-No importa – Suspira él sintiendo que el aire faltaba sobre sus pulmones. Se arrodilla frente a la lápida y vuelve empuñar sus manos sobre el abrigo – Debes irte.

-Quiero quedarme – Habló ella colocándose a la altura del moreno – Sé lo difícil que debe ser perder a un familiar – Susurró

-Sé lo que ocurrió con tus padres – Masculló él evitando mirar a Hermione – Lo siento.

-Sí, un accidente – Contó y Harry sintió el pulso dispararse

-Hermione

-¿Qué?

-Jamás ha sido un accidente – Confesó fijando la mirada sobre el suelo y de inmediato sintió la suave mano de Hermione coger su rostro y obligarle a mirarle

-¿Qué has dicho? – Preguntó Hermione en apenas un susurro – Harry – Reclamó

-Fue él – Susurró él observando la confusión y dolor en los ojos castaños de la jefa de aurores – Siempre ha sido él – Repitió. Ésta vez, desviando la mirada hacia la lápida de sus tíos – Es él, Hermione.

El primer impulso de la castaña fue reír y maldecir al hombre que tenía frente, sin embargo, el dolor y desazón que sentía le hizo incorporarse de su lugar, sintiendo la imperiosa necesidad de llegar lo antes posible al ministerio, y finalizar la guerra de una vez por todas. Y estuvo a punto de trasladarse de no ser por los brazos del ojiverde que la sujetaron por la cintura y le arrebataron la varita. Lucho y forcejeo con él, sin embargo, este supo mantenerla sujeta y evitar que se escapará.

-¡Déjame! – Exclamó Hermione intentando girarse y así golpear al ojiverde. Él había posado su rostro entre el cuello y el hombro de la castaña permaneciendo en silencio - ¡Harry!

-Silencio – Susurró él y la castaña se estremeció al sentir el aliento del pelinegro sobre su piel – No puedo dejarte ir, es peligroso.

-Más peligroso es ahora que nadie sabe la verdad – Acotó sujeta de los brazos del moreno - ¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque no estaba preparado – Confesó y lanzando un suspiro, añadió – Y porque tu pretendiente no me daba chance – Vocifero recordando las ocasiones que estaba decidido a decirle la verdad, sin embargo, siempre llegaba el ministro u otra persona.

-No cambies de tema – Masculló apuntando mentalmente el comentario del ojiverde, él suspiro – Hace cuanto lo sabes.

-Algunas semanas – Susurró – Hermione, debemos esperar.

-Yo también he esperado demasiado tiempo – Habló ella aprovechando el afloje y girar para encontrar los ojos del moreno – Prefiero el verde

-Lo sé – Respondió él automáticamente – Es difícil volver y encontrar todo tan distinto. Lastimar a las personas que amo

-No tiene sentido hablar de eso – Negó lentamente – Jamás debimos armar una guerra entre nosotros.

-Tenía miedo – Confesó él – Quería alejarte y dejar que pensarás que no era el mismo

-¿Cuánto he obedecido? – Inquirió la castaña sonriendo y contagiando de igual modo del ojiverde – Ahora sé que lo vivido durante estos cinco años, sólo ha sido un magro sueño, que estás aquí y aunque te sientas diferente, sé que eres el mismo.

-Tengo heridas que jamás sanarán

-Todos las tenemos, Harry – Susurró colocando su mano sobre el pecho del hombre – Y aunque sean profundas sanarán algún día, sólo depende de ti. Si las conservas terminarás matándote a ti mismo.

Llenó los pulmones y exhalo observando el cielo que comenzaba a aclarar ¿Cómo había derribado sus barreras? No tenía respuesta lógica, volvió a mirarle y el atisbo de respuesta cruzó su mente; Verdad. Simplemente estaban hablando desde el corazón y este había acogido las palabras como la verdad que siempre estuvo allí pero jamás lograron encontrar por sí solos.

-Han pasado diez minutos – Susurró Hermione cerca de los labios del ojiverde

-He esperado cinco años – Sonrió él burlescamente – Puedo seguir esperando – deshaciendo el abrazo y dar algunos pasos hacia atrás

-En serio – Le miró desafiante y Harry trago saliva, expectante – Yo no puedo – Confesó acortando los pasos del moreno.

Quiso avanzar y sacar a patadas al pelirrojo, sin embargo, el licantropodo se lo impidió cogiéndole del brazo y alejándole de un posible e inevitable conflicto. Se cruzó de brazos y observó a Draco y Ron discutiendo sobre el umbral de la puerta de la sala de reuniones y donde este último deseaba ingresar costará lo que costará. Y aunque la situación parecía bajo control la presencia de Luna le hacía colocarse sobre alerta.

-Conoces las reglas, Ron – Repetía Draco impidiéndole el paso a su cuñado – Sólo pueden ingresar jefes y capitanes.

-¿Quién lo dice? – Preguntó este alzando una ceja

-Sal de aquí – Habló Luna y Daniel dio algunos pasos

-Oblígame – Le retó él dando algunos pasos y empujar a la chica

-¡Vete! – Habló Daniel devolviéndole el empujón bruscamente. El pelirrojo desenfundó la varita dispuesto para atacar al castaño, quien le había imitado y aguardaba atento cualquier movimiento

-O eres valiente – Sonrió Ron sorprendiendo a Draco – O estúpido.

-Bajen las varitas – Recomendó Draco avanzando algunos pasos para situarse entre medio – Daniel – Le miró – Bájala

-Daniel – Susurró Luna sujetando el brazo del muchacho. El aludido observó de reojo a la rubia y aunque deseaba obedecer tenía la necesidad de colocar en su lugar al pelirrojo

-Cobarde – Se burló Ronald observando a su oponente bajar la varita – Te dejas manipular por una cualquiera.

Se consideraba una persona calma y sólo hacía uso de la violencia cuando lo requería, y por lo general, la usaba cuando atacaban a las personas que amaba y poseía cariño. Es por ello, que la última frase emitida por el pelirrojo detono entre sus oídos, nublando la razón e inyectándole un nivel de adrenalina que se acumulo sobre sus músculos y zafándose del agarre que pudo ejercer Draco, le atesto un certero puñetazo sobre el rostro de Ron. El pasillo se volvió rojo intenso y apretó con fuerza la varita que poseía sobre la mano, apuntó hacia su oponente quien apenas si se había recuperado del golpe.

De pronto, el cuerpo de Daniel salió expulsado hacia el otro del pasillo dejando una estela chispeante a su paso, sorprendiendo a todos los presentes, Draco observó al pelirrojo erguirse y estar dispuesto a continuar la pelea. El rubio quiso detenerle, sin embargo, el cuerpo no respondía y al parecer la misma reacción se expandió por todos los presentes.

Aprovechó el pasillo vacío para besar de nuevo al ojiverde y comprobar de alguna u otra manera que lo estaba viviendo no era un sueño. Sonrió durante el beso y lanzó un largo suspiro al tiempo que observaba al hombre frente suya; Davis Parker, distinta sonrisa y ojos pero que el interior sería siempre Harry Potter.

Un estruendo les saco de aquel mundo seguido un fuerte golpe que situó contrario a la sala de reuniones. Alertas y extremando los sentidos desenfundaron las varitas, doblando sobre la esquina y encontrándose de frente con Ronald Weasley; le observaron y comprendieron que el niño que conocieron hace doce años, ya no existía.

-¿Qué sucede aquí? – Inquirió la castaña observando el temblor que atacaba a Ron sobre los hombros – Ron

-Daniel – Susurró Harry detrás de la castaña y correr para auxiliar a su amigo

-¿Qué hiciste? – Volvió a interrogar la jefa de aurores y el pelirrojo desvió la mirada – Te estoy hablando Ronald.

-Una discusión – Habló él roncamente – Nada importante.

-Quería ingresar a la reunión – Habló Draco saliendo del aturdimiento – Insultó a Luna y ya puedes imaginar el resto – Suspiró mirando a la rubia pasar de todos y acercarse hacia el inconsciente Daniel. El pelirrojo siguió a Luna con la mirada y cuando quiso dar un paso hacia adelante, lo pararon.

-Aléjate – Habló Hermione seco – Te lo advertí, Ron

-Hermione – Habló él lanzando un profundo suspiro y tranquilizar la magia oscura que deseaba salir – Lo siento mucho, yo…

-Yo también lo siento – Interrumpió ella observándole a los ojos; el dolor, soledad y oscuridad le había nublado la visión por demasiados años, y estaba segura, que debía remediar los años de ceguedad y soltar de una vez por todas aquella venda de sus ojos – Sal de aquí, no quiero volverte a ver.

-Hermione –

-VETE – Gritó la castaña sorprendiendo a todos

Observó al pelirrojo bajar los hombros y asentir en silencio para luego desaparecer por el pasillo lateral por donde Hermione y Davis habían aparecido. Miró a su amiga y contemplo la determinación sobre sus ojos, internamente, suspiro aliviado porque aquel sujeto hubiese abandonado definitivamente el ministerio y la tranquilidad volviese de alguna u otra forma. Camino hacia la castaña y cuando estuvo cerca, sonrió brindando la confianza que necesitaba por la decisión.

-¿Estás segura? – Preguntó Draco

-Por supuesto – Afirmó segura de sí misma – Lleva a Daniel a la enfermería, por favor.

-Claro – Sonrió él yendo a ayudar al castaño auror.

Apenas si se atrevía a mover un músculo y es que temía que cualquier mal movimiento le costará la vida de manera cruel y dolorosa. No paso ni un minuto y la magia oscura se desató por toda la habitación perfectamente equipada para aguantar tal magia, y es que, hasta el día de hoy él se sorprendía de la poderosa magia que poseía aquel muchacho y que había y seguía desarrollando sin alcanzar límite alguno. Sintió el suelo estremecerse y por algunos segundos temió porque todo el lugar se viniese abajo, solo cuando el temblor freno y el silencio inundó el lugar, supo que estaba a salvo y que podía acercarse al pelirrojo.

-Mal día, señor – Habló él cuidadosamente

-Pésimo – Corrigió Ronald incorporándose del suelo y sujetar su brazo, sangraba – Contacta al espía del ministerio y que nos mantenga informado de todos y cada uno de los movimientos del departamento de aurores.

-Pensé que estaba a cargo, señor – Habló frunciendo el ceño

-Me expulsaron – Susurró él desviando la mirada

-Comprendo – Masculló – Daré la orden

-Lucius – Habló Ron – No quiero errores.

-Sí

Pudo controlar la magia que desbordaba y normalizar la respiración hasta el punto de relajar los músculos de la espalda. Observó el techo y lanzó un suspiro, recriminándose internamente por causar su propia expulsión del ministerio donde tenía un lugar privilegiado de obtención de información, miró sus manos y las empuño con fuerza; sólo empuñar la mano y hubiese significado la muerte de aquel muchacho, y donde, la intromisión de Hermione impidió que concretase el impulso de matarlo. Revolvió su cabello y se deshizo de la túnica dejando al descubierto la marca que poseía, sangraba.

Observó el corte que poseía unos centímetros por encima de la marca y volvió a sonreír; si bien había sido expulsado del departamento de aurores y colocaba sus planes cuesta arriba, al menos, se había dado el lujo de asesinar a los tíos de Harry Potter. Sólo un movimiento de su mano y las heridas sanaron de inmediato, como si nunca Petunia Evans le hubiese atacado cuando supo su verdadera identidad.

-¿Cuál es su estado? – Preguntó Hermione en cuanto diviso al moreno ingresar a la oficina

-Se encuentra inconsciente – Suspiró él tomando asiento – Posee algunas cortadas y magulladuras sobre su cuello – Contó y haciendo una mueca, añadió – Por poco y le rompe el cuello.

-¿Cómo?

-Magia sin varita – Afirmó él cruzando las piernas – Hiciste bien en expulsarlo

-Lo sé – Suspiró ella incorporándose de su silla y pasearse por el lugar – Aunque temó las repercusiones de esto.

-Existirán – Suspiró Harry revolviéndose el cabello - ¿Qué harás ahora?

-Quisiera saberlo – Susurró

-Sabes que hará hasta lo imposible por desarticularnos – Argumentó él siguiendo con la mirada el andar de la castaña – El ataque a esa escuela muggle, la muerte de mis tíos y quién sabe qué más irá en directo perjuicio tuyo. Intentará desestabilizarse emocionalmente y conoce tus puntos débiles. Nuestros puntos débiles – Aclaró, deteniendo la marcha de Hermione, quien le observó detenidamente – Sabes que puede hacerlo

-¿Estás seguro?

-Sí – Asintió él pesadamente y su corazón se encogió al imaginar a sus hijos tendidos frente al ministerio… muertos – No podemos permitirlo.

-¿Qué sugieres? – Inquirió Hermione ceñuda – Sabes que ningún lugar es seguro y siempre sabría donde encontrar a los mellizos

-Excepto uno – Aclaró él incorporándose de su lugar y caminar hasta Hermione

-¿Cuál? – Preguntó sin apartar la mirada del hombre

-Confías en mí – Habló él afirmando más que preguntando y la castaña asintió – Hay un lugar que él no podrá hacerles daño

-¿Con quién?

-Severus – Habló en apenas un susurro. Hermione alzó las cejas sorprendida y luego negó

-No sabemos dónde está – Habló ella caminando hacia su escritorio – Y quién sabe en qué lugar este

-He hablado con él – Sonrió Harry y cruzándose de brazos, añadió – Y créeme, estarán seguros. Y no me refiero a una cueva ni un bosque lúgubre

-Harry – Suspiró Hermione mirándole – Sabes que no creeré que tiene una casa, perro y gran jardín

-Tiene casa y gran jardín – Rio él apoyándose sobre el escritorio – Y aunque no tiene un perro, porque les tiene mala espina, lo seguro es que termine comprando uno porque su hija le amenazo con quitarle la palabra de por vida. – Menciono recordando esa tierna pero divertida conversación entre padre e hija.

-¿De qué hablas? – Preguntó frunciendo el ceño - ¿Estás loco?

-No – Negó - ¿Quieres comprobarlo? – Inquirió extendiéndole la mano

Algunas semanas y largas horas de compañía mutua habían cambiado por completo el escenario, y Luna supo que aquel muchacho tendido sobre la camilla, había sido el causante que su alicaído mundo volviese a girar, si bien, Terry le ayudo a generar confianza solo la llegada de Daniel provoco el empuje que necesitaba. Recordó la noche anterior y mordió sus labios por lo que estuvo a punto de hacer, él se había quedado ligeramente dormido y cuando ella volvió del baño, le vio dormitando sobre el sofá y aunque hizo verdaderos esfuerzos no pudo evitar estar a centímetros de sus labios, sólo la milésima cantidad de cordura, le hizo alejarse y tener la valentía para despertarle.

Lanzó un suspiro y el alivio inundo sus pulmones al observar a Daniel moverse, sonrió, convencida que la sola idea de perder a ese muchacho le aterraba enormemente.

-¿Cómo estás? – Preguntó a su lado. Daniel se giró y le observó

-Bastante adolorido – Confesó él haciendo una mueca de dolor al intentar incorporarse de la cama

-No te muevas – Aconsejó Draco llegando a su lado – Te administraron algunas pociones y tardarán en hacer efecto

-De acuerdo – Susurró él y dirigiendo la mirada hacia su compañera, añadió – Gracias por traerme – Habló

-También ayudo Davis y Draco – Confesó la rubia apenada – Si Hermione hubiese tardado…

-No pienses en eso, Luna – Ánimo Draco apretando el hombro de su amiga – El hombre está aquí sano y salvo, y el estúpido de mi cuñado no volverá a molestar. – Comentó saliendo de la habitación.

-¿A qué te refieres? – Inquirió Daniel frunciendo el ceño

-Pues, Hermione lo expulsó – Explicó él encogiéndose de hombros – Es lo mejor – Meditó mientras caminaba hacia la salida

-Luna… - Musito el castaño

-Es lo mejor – Admitió ella sonriendo – No soportaría perder a otra importante persona, ahora no – Acarició sutilmente el rostro del castaño y añadió – Has sido, lo mejor que me ha pasado.

-Igual para mí – Confesó él devolviéndole la sonrisa – Lo único que puedo arrepentirme es cuando te vi triste en la academia – Confesó lanzando un suspiro – Y no me atreví a acercarme.

-Fue hace mucho – Masculló la rubia restándole importancia al asunto. Desvió la mirada hacia el reloj de pared y suspiró – Debo buscar a Hermione. Vendré a verte.

-Te buscaré – Sonrió Daniel

La rubia le devolvió la sonrisa y besándole la mejilla salió de la enfermería dispuesta a buscar a la castaña, sabiendo que si se quedaba más tiempo en aquel lugar, haría alguna estupidez y arruinaría la relación con el castaño. Salió hacia el pasillo principal y cuando estaba a punto de tomar el ascensor, la risa infantil de unos niños a sus espaldas, le hizo girar y encontrarse de frente con los mellizos acompañados por su padrino, Draco.

-Tía Luna – Habló Rose corriendo a su encuentro. La rubia la cogió en brazo feliz - ¿Qué haces? El padrino dijo que atendías un paciente

-Dijo que eras enfermera – Acusó James sujetando la mano de su padrino, quien recibió la mirada fulminante de la rubia - ¿Es cierto?

-Su padrino es un bromista – Sonrió Luna jurando vengarse - ¿Y ustedes? – Observando al trío

-Vinieron desde la madriguera. Los trajo Molly – Habló Draco observando a los mellizos asentir – Hermione les llevaría a jugar y comprar algunos dulces, supongo.

-Comprendo – Susurró Luna pensativa – Entonces podemos subir todos, debo hablar con ella.

-¿Cómo se encuentra Daniel?

-Mejor – Explicó ella escuetamente – Quisiera no haberle involucrado en esto. No se lo merece.

-Te quiere – Soltó el rubio señalizando la próxima parada del ascensor – Y es normal que reaccione así.

-De dónde sacas eso

-Tía tienes novio – Inquirió James curioso provocando que la aludida se sonrojará y Draco riera quedadamente

-No cariño, es un amigo – Explicó y reprimió una palabrota al escuchar el sarcástico "Sí, claro" del rubio – Y los amigos se quieren mucho.

-¿Cómo mis papás? – Inquirió Rose alzando una ceja. Draco borró su sonrisa e intercambio algunos mirados con Luna

-No lo sé – Habló sinceramente

El rubio desvió la mirada y observó su reflejo sobre la puerta del ascensor blindado; el silencio parecía pesar sobre él cada día y segundo que pasaba, el funeral literalmente había sido una tortura y la paranoia que el ojiverde apareciera en aquel lugar brindándole honores a sus tíos, le acompañó toda la ceremonia. El abrir de las puertas le hizo salir de sus pensamientos y dejar pasar a ambos niños que rápidamente salieron corriendo del cubículo para dirigirse hacia su madre, volvió a intercambiar algunas miradas con su compañera y juntos salieron del ascensor.

-Todo sería distinto si Harry estuviese vivo – Declaró Luna y el rubio hizo una mueca de dolor – Tendríamos la certeza que los mellizos estarán bien.

-¿Por qué lo dices? – Preguntó Draco deteniendo el paso, ceñudo y preocupado

-Es obvio – Le miró – Los ataques y muertes han sido directamente hacia Hermione. Incluso tú has sido blanco de posibles atentados.

-Es cierto – Meditó él preocupado por el escenario que se presentaba – Debemos encontrar la forma de parar esto

-Lo haremos – Confió ella saliendo del ascensor y dar por finalizada aquella conversación.

Continuará…

¿Qué les pareció la reconciliación de Harry y Hermione? Posiblemente no sea la mejor de todas y más cuando todavía quedan muchos temas pendientes, sobre todo con Ronald, pero por algo hay que comenzar. Por otro lado, está la situación del pelirrojo y su expulsión del ministerio, cuáles serán las consecuencias de ello y cuánto afectará para Hermione y el resto.

Con respecto a Draco y su conocimiento sobre la sobrevivencia de Harry, hay que mencionar que él tuvo que callar por varios motivos, primero porque se encontraba entre la espada y la pared (está casado con Ginny) y además el pelirrojo sigue siendo uno de los mejores amigos de Hermione, y por supuesto, se encuentra en jaque la situación con su padre. Siempre ha tenido que estar a la sombra de ese secreto y callar una verdad a medias, temeroso de que efectivamente Ron fuese el enemigo que lidera a los mortifagos.

Espero continuar a este ritmo de actualización, saludos y dense una vuelta por los comentarios. Saludos a todos.