Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, si no a Masashi Kishimoto. Yo solo los uso con fines de entretenimiento, de fans para fans :)

Notas de autor: ¡Hola mis lectores hermosos~! Muchas gracias por leer está humilde historia y dedicar su tiempo a pasar por estos lares.

Muchas gracias por los reviews que amablemente me dejaron :)

¡A leer!

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Capítulo once: Razones

Sakura se enjuagó las lágrimas del rostro mientras cerraba los ojos fuerte recordando las duras palabras de su pequeña y amaba única hija. Nada podía dolerle más que ver la ira y el odio acumulado en Sarada golpeándole a la vista de aquella manera tan inesperada. Como una revelación de la realidad, apretó su agarre aún inclinada sobre el fregadero metálico de la cocina de la residencia Uchiha.

Sasuke Uchiha avanzó desde la sala de estar con tranquilidad total, por supuesto que había escuchado la disputa entre su hija y su esposa, cada palabra en realidad, pero él sabía que todo pudo resultar muchísimo peor de hacer acto de aparición en la cocina para meterse en mitad de la discusión. Le había resultado mucho más sensato no intervenir, pues él comprendía la posición de Sarada respecto a su reciente llegada sin explicaciones de su parte tras tanto tiempo, era conciente de ello. Por un instante se dió cuenta de lo parecidos que eran en verdad, estaba más que seguro que el habría reaccionado de la misma manera o incluso peor, pero Sarada era en definitiva mucho menos impulsiva que él en su lejana juventud.

Él había sido estúpido.

Ella sólo estaba siendo razonable.

Se posó en el marco de la entrada a la cocina y se detuvo ahí mismo. Encontrando a Sakura de espaldas apoyada en el fregadero sollozando por lo sucedido. Sasuke murmuró su nombre entre dientes mientras la observaba temblar presa de la tristeza al haber tenido que oír esa dura verdad de golpe. Y aunque pudiera parecer absurdo y casi imposible, Sasuke entendía a la perfección la actitud de Sarada y su forma de ver la situación; él en el persona había causado muchos estragos a su relación padre e hija de forma no intencional. No había tenido grandes referentes en su infancia, su padre fue siempre un estoico hombre y líder del clan como se esperaba, su madre era dulce pero reservada al mismo tiempo y el único atisbo de afecto que podía recordar de parte de algún miembro de su familia, fue de su hermano mayor, Itachi Uchiha. Y a partir de ahí, sólo una vida llena de odio y venganza.

El calor del afecto de parte de su compañeros del equipo siete fue algo que él no llegó a apreciar o sentir realmente tras todo lo sucedido. El odio que cambió su vida drásticamente la regía por completo al punto de cegarlo; bien podría decir que jamás en su vida demostró sus sentimientos o emociones abiertamente.

Y no iba a empezar en ese momento.

Había cometido tantos errores en su vida, uno de ellos, tal vez el alejarse de su, en aquel entonces, recién formada familia. Sí, ciertamente lo había hecho mal pero todo tenía una explicación; quería asegurarse de que el mundo ninja fuese totalmente seguro para para sus seres amados, donde la posibilidad de guerras o conflictos en los cuales algún niño, como lo había sido el mismo, tuviera que lidiar con la pérdida que significaba la muerte como una peligro constante en su existencia. Sasuke Uchiha decidió proteger la paz conseguida por Naruto Uzumaki y La Alianza que supo que haría surgir mejores cosas para las generaciones futuras, porque él admitía que abandonó a su familia en la aldea pero juraba que todo fue por una buena causa.

Sarada no podía entender el sacrificio que él hizo para darle un mundo mejor en el cual vivir. Y no tenía que hacerlo, para Sasuke, era más que suficiente con el hecho de estar convencido de ello. A Sarada Uchiha parecía dolerle el sólo verlo cerca o percibir su presencia, y Sasuke había tenido el mismo sentimiento pero con la aldea de la Hoja. Durante tantos años se creyó incapaz de regresar a ese lugar o estar demasiado cerca, tantas memorias e imágenes horrendas acudían a él en una avalancha de recuerdos indeseables cada vez que veía el arco de la entrada del lugar.

Era el detonante que invocaba de sus vivencias más miserables y que tanto se empecinaba en enterrar.

—Sakura—Susurró Sasuke para si mismo, ella no siquiera se giró. Y él entendió que intentaba aparentar no estar afectada no haber estado llorando minutos atrás. Sakura siempre había sido una persona muy emocional y sensible, lloraba con facilidad; pero en los últimos años la vio muy a menudo tratando de fingir ser más dura de lo que era en realidad. Sasuke se aproximó hasta ella manteniendo una distancia prudente, los sollozos de Sakura se detuvieron y el notó que temblaba levemente sin soltar el fregadero.

No lo miraba.

—¿Escuchaste todo? —Murmuró ella con voz débil, el mundo en su garganta era más que evidente para él. Su voz estaba rota y ella demasiado triste.

Lo meditó un momento y después continuó;

—Sí—Fue su escueta respuesta.

Esta vez Sakura se volteó encarándolo, él pudo notar sus ojos enriquecidos por el llanto y sus labios temblorosos al intentar formular una frase.

—¿Y no vas a darle explicaciones?—Soltó de repente. Se veía destrozada pero al mismo tiempo furiosa, tenía razón y si decidía que se iba a descargar con él simplemente lo iba a aceptar. Pues lo merecía,—¿No crees que es lo correcto? Justo ahora, estás aquí de regreso en la aldea y nuestra hija siente que debe haber alguna razón...—Sakura hizo una pausa— ¿No te parece que estaría bien que ella oyera algo de ti? Lo que sea...

Sasuke permaneció impasible y la tensión entre ambos creció. Sakura lo examinaba desde su posición sin reservas. Como si esperara algo en especial, él no reaccionó ante aquello.

Finalmente negó suavemente, como una respuesta a ella.

—No, no creo que sea lo mejor—Aclaró con una fría tranquilidad mientras Sakura abría los ojos desconcertada por esa contestación. Fijó la vista en las baldosas blancas del suelo de la cocina pensándolo bien, ensimismada—, Sarada no desea verme. No voy a insistir, sería contraproducente.

Sakura se rompió y sólo dejó salir lo que sentía.

—¿No? ¿Después de todo solo vas a quedarte a ver cómo ella te odia? ¿Sin darle un motivo o explicación para siquiera reconsiderarlo?—Explotó Sakura furiosa con las mejillas enrojecidas y los ojos brillantes de tristeza.

Sasuke no lo demostró, pero realmente lo hizo pensar.

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Hinata Hyuūga llevaba cerca de veinte minutos golpeteando la pluma de tinta azul entre sus dedos, de vez en cuando lanzaba un profundo suspiro acompañado de una mirada fugaz hacia el reloj de la pared.

No entendía nada, después de tantos años de sufrimiento mutuo y de estar estancado; ¿por qué la urgencia de Naruto de divorciarse? Hinata podía ser una mujer pacífica y tranquila, pero esos detalles no le pasaban por alto. Sí, muchas veces ambos se plantearon el divorcio como una opción viable en silencio y sin mencionar nada al otro.

Todo en pro de estar ahí, como un frente unido para su dos amados hijos, Bolt e Himawari. ¿Qué era distinto? ¿Qué es lo que había cambiado para que la necesidad de divorciarse fuera tan notoria? Naruto estaba ocultando algo y si quería el divorcio iba a tener que empezar a ser honesto.

No con ella, si no, con sus hijos. Ellos lo iban a juzgar más duramente que cualquier habitante de la aldea de la hoja o ella misma.

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—¿Por qué? —Dijo la voz firme de Sarada en el umbral de la puerta que conectaba el jardín de atrás con la residencia. La joven Uchiha se encontraba apoyada sobre el borde y miraba a su padre desafiante reluciendo un brillo de decisión en sus irises. Sasuke supo que ella venía a él por repuestas concretas de su aparte sobre todo. El giró un poco y alcanzó a verla de reojo sin apartarse ni un milímetro de su lugar cómodo en el pequeño tramo de suelo de madera que colinda a con un amplio prado verde rebosante de pasto. Palmeó la áspera madera de las tablas en un sitio a su lado indicándole que podía sentarse ahí y casi como una confirmación a que respondería a todas sus preguntas.

—«¿Por qué?...»— Repitió Sasuke entre dientes para si mismo, como si estuviera tratando de descifrar un enigma. Sus penetrantes y helados ojos negros se fijaron en Sarada provocando una punzada de incomodidad en la chica que se vio en la necesidad de llevar su vista al frente, admirando el paisaje que le ofrecía la pacífica aldea de la hoja. Hacia un clima agradable, era un día precioso y Sarada pensó que si fuera un mundo perfecto ella no estaría teniendo esa conversación.

—Sí, ¿por qué? —Confirmó la muchacha sintiendo la brisa rodearle, Sasuke la estaba observando y ella podía sentirlo. Tras un largo escrutinio que duró unos minutos él apartó su mirada a un punto incierto mientras lo escuchaba respirar impasible como siempre.

—Esa es una pregunta que podría tener muchas respuestas—Replicó Sasuke, Sarada se sorprendió de verlo dejar su frialdad de lado y le hablaba con calma. Casi resultaba reconfortante su compañía, pero jamás se acercaría a lo que ella sentía cuando estaba con su madre, sus amigos o Naruto—, Sé más específica.

—Ha pasado mucho tiempo...—Inició ella indecisa. Había esperado tanto para poder estar tan cerca de él, tantos años esperando poder enfrentarlo y justo en ese momento millones de reproches y dudas de amontonaban en su cabeza como garabatos desordenados que luchaban por definirse. Sus labios temblaban por todo lo que quería decir pero no podía, sólo quería poder formular una frase coherente y repuestas, muchas respuestas— ¿Cuál es razón de que volvieras a la aldea? ¿Por qué? Yo, simplemente, no lo entiendo—Soltó cuando por unos momentos logró algo de lúcidez, movía sus manos nerviosa y ajustó sus lentes de armazón rojizo— No tiene sentido.

—No para ti—Atajó con toda tranquilidad Sasuke tan pronto como ella dejó de hablar casi exigiendole una respuesta satisfactoria, que muy probablemente, no iba a darle. La frialdad inicial con la que Sasuke le había hablado se desvaneció, más bien lucía nostálgico y aquello, la hacia sentir muy pérdida; siempre pensó que él debía ser un hombre impasible sin emociones reales, el no poder siquiera preveer que le dejaría ver algo más que su rostro inexpresivo le recordaba cuánto le desconocía y lo lejanos que eran, a pesar, de ser padre e hija.

No, ellos no eran más que unos completos desconocidos que estaban relacionados. No eran familia, y ese preciado lazo de sangre que los unía no representaba nada en absoluto.

No sé conocían.

Ella no podía llamarle padre y él no tenía derecho a llamarla hija.

—«...No para mí» ¿Eso es todo? —Dijo Sarada casi inaudible, la decepción en su voz era evidente para Sasuke. Él ni se inmutó ante ese hecho, como si de pronto, no le importara y volviera a su postura permanente de indiferencia. Y eso, le dolió—Después de tanto, sólo dirás eso...

—No tienes que entenderlo, nadie en realidad—Contestó duramente, Sarada podía sentir el frío emanar de esa figura a su lado. El nudo en la garganta de la chica se tensó tanto que casi creyó que no sería capaz de emitir palabras.

—¿Nadie? ¿Ni siquiera yo, que soy tú hija? Entonces, ¿eso significa que no soy lo suficientemente digna para escuchar, al menos, una explicación? —Bramó Sarada rompiendose, desesperada por toda la situación y con deseos de huir lo más lejos posible con Naruto a un lugar donde todo fuera perfecto y pudieran ser felices.

—No dije eso.

—¿Entonces? ¡¿Por qué!? ¡¿Por qué estás de vuelta?! — Gritó ella perdiendo el control por un instante, sus manos dijeron la oscura capa negra de su padre tira do de ella con urgencia, instándolo a responderle casi por la fuerza. Sasuke vio a Sakura reflejada en su única hija, mucho más fría que Sakura Haruno y casi tan emocional como ella. Se parecían mucho había sido su conclusión—, ¿¡Por qué!?

Ella no lloraba, solo gritaba necesitada de una justificación por todo lo que había pasado en su vida.

Y era entendible.

Era justo.

Si había alguien sobre el mundo ninja que mereciera saber el porque de su tardío regreso, era ella; su hija.

—Porque las extrañaba—Fue su respuesta final. Entonces, Sarada supo que Sasuke Uchiha podía sentir.

Sin previo aviso, ella se detuvo en su pantomima de tirar de su capa hasta casi ronperla. Estaba petrificada por semejante revelación, no necesitaba decir más pues el brillo que percibió en los ojos de Sasuke al decirlo le eran suficientes. Aún con la mandíbula desencajada, soltó la tela de la ropa de él mientras las lágrimas rodaban sin control por sus pálidas mejillas.

Sintió que él la quería.

Y a su madre también.

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Naruto Uzumaki miró el brillante cabello negro de Sarada desparramado sobre la inmaculada almohada de la cama en la que yacían recostados desde hacía unos instantes. Volteó a verla, estaba pensativa, demasiado. Cada cierto tiempo ella se ponía a imaginar como es que sería si alguna de las personas que formaban parte de su vida se enteraran de su relación y cada vez, ella le compartía sus miedos a él para luego ser calmada por sus dulces palabras y cálidas caricias. Pero esa vez, no parecía asustada o preocupada, ni enojada como últimamente la había observado debido a la inoportuna llegada de Sasuke a la residencia Uchiha sin más. Era más como si analizará algo...

—Ha admitido que nos extrañaba.

Naruto supo que estaba hablando de Sasuke.

—Ella ha dicho que no.

Ambos miraron el techo de la habitación silenciosa y no volvieron a hablar en toda la tarde.

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Notas finales: Gracias por leer este capítulo :) Nos vemos en el próximo, se cuidan~

Unicornio out.