i Antes que nada, decir que sí, soy yo Eve Malfoy, solo que aquí tenía otro nick, y hacía meses que no publicaba nada, pero como se ha muerto morido por el momento la pagina de Slasheaven, me he venido hacia aquí a probar suerte. Sigo con la historia donde la había dejado, espero que os guste y los comentarios serán como siempre bien agradecidos. Un besazo. /i
Draco yacía tumbado boca arriba sobre la cama, con los brazos sobre las sabanas durmiendo placidamente, gracias a las numerosas pociones que su padrino y Theo acaban de suministrarle.
Tras la marcha de Harry, el rubio mostró una ligera mejoría y Nott fue capaz de estabilizar sus constantes, el otrora slytherin había abandonado la casa dando una única instrucción a los tres hombres que iban a velarlo. Draco debía descansar, dormir por días si hiciera falta, pero nada ni nadie debían molestarlo. Por aquella razón Lucius salía ahora de la habitación de su hijo después de tomarle una vez más la temperatura y comprobar que seguía estable. Entró en la cocina, con largas y marcadas ojeras bajo sus ojos, y con un dolor de espalda creciente.
- ¿Cómo está? – preguntó Severus.
- Sigue igual – respondió pesadamente sentándose en una silla de madera junto a su viejo amigo – Creo que debería llevármelo a casa.
- No puedes – anunció Remus – Draco está bajo la tutela de Harry, si lo sacas de aquí el ministro se percatará y hará que lo encierren en Azkaban – suspiró – Y todos sabemos que Draco no está en condiciones de soportar una estadía en la cárcel.
- ¿Y que pretendes que haga? – Gruñó – Es mi único hijo, no voy a abandonarlo.
- Nadie te pide que lo hagas – respondió con serenidad mientras ponía una tetera llena de agua en el fuego – Yo me haré cargo de él hasta que se recupere.
- ¿Qué? – Se levantó de golpe – Estás loco si crees que voy a dejar a tu cuidado a Draco.
- ¿Qué crees que voy a hacer? – Preguntó airado - ¿Envenenarle? ¿Matarlo? – Apretó los puños con fuerza – No, Lucius, yo no soy como tú. No traicionaría la confianza que Harry ha depositado en mí dejando a Draco aquí.
- ¿Qué insinúas? – el rubio dio un paso al frente pero Severus le detuvo.
- ¡Ya! – Les gritó – Me importa una mierda vuestras rencillas, vuestras peleas y todo lo que una vez hubo entre vosotros en el pasado. En lo único que tenemos que pensar es en Draco.
- Y en Harry… - añadió el licántropo – Tengo miedo por él, jamás lo había visto tan descontrolado – suspiró – Parece que Draco es el único capaz de hacerle entrar en razón, de controlar sus poderes, y si la maldición les impide estar juntos…
- Lo se – se quejó Severus – tenemos que encontrar a Potter y tratar de serenarlo, yo le vi luchar contra el Lord, y lo que hizo en el pasillo hace un rato no tiene comparación con aquello, es demasiado poderoso, como para no tener un control sobre él.
- Pero es Draco quien está maldito – protestó el rubio – Es la vida de mi hijo la que corre peligro.
- Lo sabemos Lucius, pero… - Severus aceptó la taza de té que Remus le tendía – también debemos de pensar en Potter, y todo lo que esto supone para él.
- Creo que debemos pensar primero en Draco – comentó Remus sentándose frente a ellos, Lucius le miró sorprendido – Debemos indagar a acerca de la maldición que le afecta y si hay alguna posibilidad de revertirla. Si algo le pasará a Draco – suspiró – Yo no se de lo que Harry sería capaz.
- Estupendo – gruñó el rubio – Salvar a Draco para contener a Harry.
- ¡Qué más da por lo que sea! – Explotó Severus – Lo importante para todos es curar a Draco.
- Veo que todos estamos de acuerdo
- ¡Harry! – Remus corrió a abrazarlo pero cuando se acercó comprobó como su magia flotaba a su alrededor - ¿Qué, pasa? ¿Qué has hecho?
- ¿Dónde está Draco? – preguntó con tranquilidad.
- Arriba, descansando, pero Harry…
- Lo sé, solo quiero que le des esto – le tendió un par de frascos – Necesito que me mantengáis informado si Draco os habla de quien le lanzó la maldición.
- ¿Qué vas a hacer? ¿Dónde vas a ir? – preguntó el licántropo preocupado.
- Eso no es de vuestra incumbencia – les informó – Mañana vendré a ver como sigue – titubeante miró hacia las escaleras que conducían hacia el piso superior – Remus – se inclinó hacia delante – dile que le quiero – y se desvaneció en el acto.
Remus subió solo una hora después cargando una bandeja hacia la habitación que hasta la noche anterior había ocupado Harry, abrió la puerta y se encontró con Lucius apartando un mechón de la cara de su hijo.
Le traigo algo para cenar – dijo el licántropo acomodando la bandeja sobre la mesilla de noche
Gracias – murmuró sin apartar la mano del rostro de su hijo – Draco, cariño, tienes que comer algo
… - sentía la boca reseca, paladeó un par de veces y abrió con pesadez los ojos - ¿Harry?
No, hijo, soy yo. Papá.
¿Dónde está Harry? – preguntó levantando la cabeza.
Cariño, Lupin te ha traído algo para cenar.
Solo un poco de sopa, Theo digo que tenía que ser algo ligero.
¿Y Harry? – insistió mientras su padre le colocaba un par de almohadones tras la espalda ayudándole a incorporarse en la cama.
Tomate la sopa, por favor – pidió su padre depositando la bandeja sobre sus piernas, pero Draco la apartó con la mano
¿Dónde está Harry?
Él… - comenzó a hablar Lucius
No está en la casa, Severus y Theo hablaron con él, y le explicaron acerca de tu maldición.
¿Qué? – preguntó – No, no…. – apartó las mantas de sus piernas y hizo un amago para levantarse
Draco, no. Hijo estás muy débil.
Dadme una poción revitalizante entonces – protestó – Tengo que encontrar a Harry. Tengo que hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
No, hijo. Potter quiere que te quedes en casa, quiere que te recuperes.
No, no… él me necesita – clavó sus ojos en Remus – Lupin, él me necesita, por favor. Ayúdame.
Draco, yo…
Por favor.
¡Basta! – gritó Lucius – Acuéstate, y no me obligues a atarte – amenazó – No vas a moverte de esta cama, hasta que estés totalmente recuperado, y después… después intentaremos buscar una solución para todo esto.
¡No la hay! – chilló Draco – No la hay… - sollozó – Llevo años maldito – les dijo - ¿Creéis que no he estado buscando una solución? ¿Qué no me he pasado las noches en vela consultando libros y tratados sobre magia oscura? ¿Qué no he acudido a todo tipo de brujas, santeros y demás para despojarme de ella?
Pero…
Cada vez que huía, no lo hacía para escapar de los aurores o los dementores, lo hacía buscando a alguien que pudiera ayudarme – suspiró – Y nadie puede.
… - Lucius observó a sus hijo, pálido, demacrado y con los ojos llenos de lágrimas – Si no hay solución para tu maldición, si de verdad has buscado todos los remedios posibles. Lo mejor es que te olvides de Potter.
¡No! – chillo mirando con ira a su padre - ¡NUNCA! – gritó con más fuerza – Jamás voy a olvidarme de él, prefiero morir a hacerlo.
Draco, no digas…
¡Cállate! – le ordenó – No tienes ni idea, nadie… ninguno sabe todo lo que hemos pasado, todo lo que… - comenzó a jadear, cuando la respiración se le hizo más pesada.
Tranquilízate – le pidió Remus tomó un frasco que llevaba en el bolsillo de su chaqueta de punto azul e invocó un pensadero – Harry me pidió que te diera esto.
Para… ¿para mí? – preguntó con un nudo en la garganta, el castaño asintió.
Lucius, vamos – instó el licántropo
Pero tiene que cenar…
Draco se tomara la sopa después, ¿verdad? – el rubio asintió mientras vertía el espeso liquido en el pequeño pensadero que había colocada sobre sus piernas, al tiempo que los dos adultos abandonaban la habitación.
Harry…
br
Siempre había sabido que las relaciones de pareja no eran fáciles, bueno en realidad, eso era lo que había oído, puesto que aquella era su primera relación seria. En ellas hay que tratar muchas cosas, demasiadas, confianza, cercanía, caracteres distintos, manías varias y demás. Hasta ahí todo era normal, podía lidiar con aquellas cosas, podía entender el carácter agrio en ocasiones de su pareja, podía pasar por alto algunos pequeños insultos cuando perdía la cabeza incluso llegó a comprender su reticencia a ahondar en aspectos más profundos de su relación, léase sexo.
Pero por lo que no estaba dispuesto a pasar era por aquello. Eso si que no, podía coger una buena perreta, podía poner su mejor cara de perro abandonado, pero Harry no iba a pasar por aquello.
-Por favor – pestañeó un par de veces haciendo que los ojos de Harry siguieran con atención el movimiento – Harry, por favor.
-No, he dicho que no – se giró y caminó al fondo de la habitación, sino lo hacía iba a sucumbir, y ¡maldita sea! No iba a hacerlo.
-Pero es que no entiendo porque no quieres hacerlo.
-Pues porque no, ¿te has vuelto loco? – Preguntó un tanto airado – Es un completo disparate.
-No, no lo es – la determinación en sus palabras era clara - A mi me parece bonito.
-… - alzó una ceja y meneó la cabeza –Venga ya Draco, no es más que una cursilería, es más en el mundo muggle…
-Me importan bien poco esos – añadió con desprecio – Por favor.
-Draco, no. Sabes que no podemos. Sería demasiado sospechoso.
-Pero tienes la capa, y el mapa – caminó con sigilo y se abrazó a él por la espalda – Sería realmente especial, solos los dos. No tenemos porque dormir fuera del castillo. Podemos regresar antes de la madrugada.
-Es demasiado peligroso – dijo sintiendo como poco a poco el cuerpo del rubio se pegaba más al suyo – Se que es importante para ti, pero sabes que no podemos.
-… - bufó irritado y soltó sus brazos de alrededor de su cuerpo – Es el primer San Valentín que vamos a pasar juntos. No podemos ir a Homesgade, no podemos hacer nada más que venir aquí encerrarnos y pasar las horas.
-No te habías quejado hasta ahora – se dio la vuelta con rapidez – Es más estamos así porque tú quieres, eres tú el que no quiere que nadie sepa nada de lo nuestro.
-¡Claro sería genial gritarle a los cuatros vientos que estamos juntos! – Comentó con ironía - ¿Cuánto tiempo crees que mi padre tardaría en presionarme para que te entregara? O peor aún, ¿Cuánto crees que tardarían en usarme para que te entregaras?
-… - refunfuñó algo por lo bajo y se cruzó de brazos, odiaba darle la razón en aquello, pero por desgracia la tenía – Draco lo se, pero salir del colegio es prácticamente imposible, ya se que tú ya sabes desaparecerte, pero yo no. ¡Y odio las desapariciones conjuntas!
-Puedo hacer un traslador para los dos.
-Genial, llegar a Paris sintiéndome un pato mareado – ironizó – sería lo más romántico que habría hecho en mi vida.
-… - lo miró detenidamente y agachó la cabeza, no había caso. No iba a seguir con aquello, no tenía ganas ni fuerzas para una nueva pelea – Está bien – cogió su mochila y recogió sus cosas – Nos veremos mañana – caminó hacia Harry y le besó con ternura – termina tu redacción para pociones, le he echado un vistazo y he hecho algunas anotaciones al margen.
-Draco… - le cogió de la mano y él simplemente le sonrió – Lo siento, de verdad.
-Está bien – volvió a besarle – no importa, intentaré preparar algo bonito aquí.
Harry le vio dejar la habitación y se sintió más miserable que nunca, no soportaba verlo triste, era como si aquello se hubiera convertido en una obsesión llevaban juntos varios meses, y siempre había conseguido hacerle sentir un poco mejor, había conseguido sacarle una sonrisa, pero ahora él había sido quien se la había robado. Agotado física y psíquicamente desechó la idea de terminar la redacción y se tumbó en el sofá cuan largo era, con en el antebrazo sobre la frente y la mirada fija en el techo.
No entendía la obsesión del rubio por celebrar San Valentín, le parecía una gran tontería, puesto que era de la opinión de que el amor y el cariño debían demostrarse día a día, no marcar un día concreto en el calendario y hacerlo especial, ¿iban a quererse más ese día? No, entonces ¿Por qué debían celebrarlo? No tenía ningún sentido, pero Draco llevaba un par de semanas insistiendo en hacer algo especial, hasta que la alocada idea de pasar el día en Paris apareció por su mente. ¡Santo Merlín! Salir del colegio y no a cualquier sitio, a Paris, a perderse por sus calles y ser encontrados por cualquiera, se exponían a dejar al aire su relación, o peor aún a caer en manos de Lord Oscuro y no parecía que Draco, que hasta el momento se había bastante cobarde al respecto, tuviera intención alguna de entrar en razón.
Un fuerte pinchazo en su cicatriz le hizo volver a la realidad. Se asustó cuando una imagen oscura apareció en su mente, si no lo detenía volvería a pasar, y no estaba dispuesto a pasar por aquel sufrimiento, no de nuevo. Cerró su mente concentrándose en el redacción de pociones que tenía que terminar, y pasó el resto de al tarde ignorando la necesidad de ver más allá.
Al final arrastró sus pies hasta el comedor donde una vez más, y como cada año todo estaba estupidamente adornado, corazones que flotaban, pequeños cupidos que revoloteaban por el aire, y todo rosa, muy rosa. Miró hacia la mesa de Slytherin y vio como Draco tenía la mirada perdida, y revolvía la comida en su plato. Como si no se sintiera lo suficientemente miserable.
¿Dónde has estado? – preguntó Ron antes de llevarse un trozo de pastel a la boca – Nof mef dihasf, esgtufiando, ¿no?
Pues sí – respondió mientras con desgana se servía un poco de puré de patatas.
Me parece muy bien – comentó Hermione – deberías tomar ejemplo de Harry, Ron, sus notas han mejorado mucho este curso.
… - Harry sabía que era debido a la ayuda que Draco le prestaba, él le hacía las cosas mucho más fáciles, ¿y como se lo pagaba? Negándole la única cosa que el rubio había pedido en esos meses, con disimulo giró su rostro para comprobar como Draco ni siquiera alcanzaba a tomarse el postre, y eso que había ese pastel de manzana que tanto le gustaba, y se levantaba poniendo rumbo, seguramente hacia las mazmorras.
Harry, ¿me has escuchado? – preguntó Hermione.
Perdona, estaba algo distraído.
No importa, te decía, si ya has ido a hablar con Dumbledore.
No aún, iré mañana
¿Sabes que puede querer?
Lo cierto es que no – respondió con sinceridad, revolvió con el tenedor su comida un par de veces más – ¿Sabéis que? No me encuentro muy bien, creo que me iré ya a dormir.
Pero Harry, Seammus ha conseguido pasar de contrabando una pequeña televisión portátil, y vamos a ver un partido de fútbol americano, ¿recuerdas?
Oh, si… la superbowl… lo había olvidado – se llevó la mano a la cicatriz – es solo que ha estado dando problemas de nuevo.
¿De verdad? – preguntó su amiga preocupada – Deberías hablar con Snape para retomar las clases.
No, no… no quiero volver a cruzarme con él a solas, he conseguido cerrar mi mente – susurró – solo que es agotador, así que necesito descansar.
Pero tío… - Ron dejó de hablar cuando Hermione le puso una mano sobre el brazo – Está bien, descansa, mañana te contaré el partido.
Gracias.
Dos horas y media más tarde seguía despierto, con las cortinas corridas, y un hechizo silenciando su cama, estaba medio desnudo sobre al cama, mirando el techo, y debatiéndose entre hacer lo correcto o hacer feliz a Draco. Era difícil tomar una decisión así, pero es que no quería por nada del mundo ponerle en peligro, y una mala sensación llevaba rondándole demasiado tiempo como para ignorarla. Estiró la mano y alcanzó el mapa de los merodeadores que descansaba junto al libro que llevaba meses ojeando y ocultándolo de los ojos de sus compañeros de cuarto, y sobre todo de los de Draco.
Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas – el mapa comenzó a tomar vida, y sus ojos viajaron hasta las mazamorras, Draco estaba aún en la sala común, junto a la chimenea. Le observó durante más de treinta minutos, seguramente se habría quedado dormido en un sofá y un deseo de poder observarlo le apremió a coger la capa de su baúl y salir corriendo rumbo a las mazmorras.
Después de pasar entre Mcgonagall y Snape, y observar como el profesor de pociones le miraba con intensidad, cerca de las mazmorras se dio cuenta de que como siempre había actuado por impulsos, y que no había pensado antes de poner rumbo a las mazmorras a las que quería acceder sin contraseña.
Genial – gruñó – Muy bien Harry, dime como narices vas a entrar ahora – dijo entre dientes – un crack y la puerta se abrió - ¡Gracias! – dijo elevando la vista, cuando iba a entrar observó que era Draco el que salía por ella, alzó las cejas contrariado y lo siguió aún bajo la capa.
Draco salió al exterior del
colegio y caminó hasta el saliente del lago, donde meses atrás
ambos se habían besado, y donde por poco casi mueren ahogados,
se sentó y observó la inmensidad del lago. Durante unos
minutos Harry no sabía exactamente que hacer, así que
volvió sobre sus pasos y se quitó al capa.
¿Qué haces aquí? – preguntó
He salido a pensar – respondió el rubio sin inmutarse – Además, la pregunta sería ¿Qué hacías tú en la puerta de mi casa?
¿lo sabías?
Se te veían los pies – le dijo señalando sus zapatos
¿Qué?
Es broma, te oí cuando murmurabas algo, y no conozco a nadie más con una capa de invisibilidad.
Buen punto – se sentó a su lado – estaba preocupado por ti – reconoció – te vi en el mapa y pensé que estarías dormido en el salón, de repente tenía ganas de verte dormir.
Oh… que bonito – Harry le dio un codazo suave, para después rodearle los hombros con su brazo – Alguien podría vernos
Tengo solución para eso – extendió la capa sobre los dos – Ves, soy un chico listo.
Harry… no mientas…
Oye… - le apretó contra él y besó su pelo – lo siento, siento que no podamos salir de aquí, que tengamos que escondernos, que el único sitio donde podamos encontrarnos sea la habitación.
Está bien, ya te he dicho que no importa – acomodó su cabeza en el pecho del moreno – podemos desayunar juntos en la habitación, presionare a los elfos para que preparen algo especial.
También podrías pedirlo por favor.
Eso no sería propio de mí.
Tienes razón – cuando Draco levantó la cabeza él acercó sus labios para besarle con tranquilidad – Algún día no será así – le dijo – algún día podremos ir a Paris a celebrarlo, podremos pasear juntos por un parque, o salir a cenar – los ojos del rubio se llenaron de lagrimas – te lo prometo Draco – volvió a besarle – Algún día todo será distinto. /br
Apartó el pensadero con cuidado dejándolo sobre la mesita, las lágrimas resbalaban por sus mejillas, se sentía más triste que nunca, más vacío. Porque la promesa de Harry seguía sin cumplirse, y Merlín sabía que no era culpa del moreno, que era quien más se había desvivido por llevar adelante aquella relación, quien no le había abandonado en aquellos tres años pese a lo que había hecho, pese a todo Harry seguía a su lado.
Se ha vuelto loco – los gritos procedían del piso inferior – apartó las mantas y despacio camino hacia la puerta – Esto es un disparate, se ha vuelto completamente loco – Severus gritaba a pleno pulmón, mientras Draco comenzaba a bajar las escaleras, se quedó apoyado en la pared – las llamas de la chimenea crepitaron y ante ellos apareció una joven en pijama completamente alterada.
¡Remus! – salió agitando en la mano un ejemplar del profeta - ¿lo has visto? Dime que es una locura del profeta, dime que esto no es verdad.
Hermione… - la castaña miró sorprendida al profesor y calló sentada sobre él sofá.
No… no puede… esto… es imposible, Harry nunca… - giró el rostro – Señor Malfoy, profesor Snape ¿Qué hacen aquí?
Ahora no Hermione – interrumpió el licántropo fijando su vista en la chimenea.
Harry, ¿te has vuelt… oh... – Ron miró a ambos lados del salón y encarnó una ceja anonadado - ¿Qué hacen ellos aquí? – preguntó a Hermione, la castaña se encogió de hombros - ¿es verdad? – Remus asintió tristemente sentándose frente a ellos.
¿Qué ha pasado? – preguntó Draco, con voz débil, a la vez que terminaba de bajar los últimos escalones.
¡Malfoy! – Ron sacó su varita con rapidez.
Guarda esa varita – gruñó Severus, el joven pelirrojo miró a su alrededor y pareció sorprendido porque nadie salvo él y Hermione notaba como raro que él estuviera allí – Draco, Theo te ordenó reposo, por favor, sube a descansar.
No – caminó hasta el centro dispuesto a tomar la edición del profeta, que su padre se apresuró en esconder – Padre por favor.
Esto no es asunto tuyo – le dijo malhumorado – lo único que debes hacer es recuperarte.
Harry es asunto mío.
¿Harry? – preguntó Hermione más desconcertada – Por favor, alguien podría explicarnos.
Harry es mi esposo – habló Draco – estoy aquí porque él me ha traído, y ahora por favor pásame el periódico
Granger, no – Lucius la miró con frialdad y la muchacha se arrugó un poco y escondió el periódico.
Oh… mierda – exclamó el rubio – accio profeta – el periódico salió volando hacia su mano, pero estaba tan débil que aquella pequeña descarga mágica le hizo tambalearse, Remus llegó justo a tiempo para cogerlo.
¿estás bien?
No… - respondió con sinceridad.
Severus por favor – el director sacó una nueva botella de poción de su maletín y se la tendió al licántropo quien la coloco en los labios de Draco antes de ayudarle a sentarse en su regazo, cuando estuvo algo mejor tomó el periódico entre sus manos – Draco, esto no es culpa tuya.
Lupin tiene razón – añadió su padrino, su padre asintió.
Harry, él solo… está perdido, no sabe que hacer o… pero – miró alrededor y suspiró – No es culpa tuya.
Con manos temblorosas desdobló el periódico y se encontró con un titular que ocupaba la mitad de la portada
LORD POTTER
Harry Potter, como mago vivo más poderoso sobre la faz de la tierra insta a la comunidad mágica a su completa sumisión antes de que las consecuencias pudieran llegar a ser nefastas.
En un breve comunicado a este periódico el niño que vivió y venció, pide que el ministerio ceda a su única petición. Entregarle el completo poder. El héroe del mundo mágico anuncia que no quiere comenzar una guerra ni someter a nadie contra su propia voluntad, pero hay asuntos que deben ser arreglados, son las palabras textuales del joven muchacho, quien pide carta blanca para llevar a cabo dichos asuntos.
"No quiero ser un nuevo Voldemort, pero ha llegado el momento que actúe como lo que soy, el más poderoso mago de está comunidad. He dado la mitad de mi vida, y mucho más por esta comunidad, y ahora vengo a cobrar esa deuda que ustedes tienen conmigo, si no me dejan actuar con libertad, pueden estar seguro de que mis actos serán en consecuencia"
La reseña continuaba en páginas interiores, pero Draco no siguió leyendo pues sus ojos se habían quedado fijos en la foto de la portada. Harry vestía con sus ropas de batalla, con sus lentes aún algo grandes resbalando ligeramente por el puente de la nariz, su rostro aún seguía siendo el de un niño, vivaz y vital, con la única necesidad de ser feliz, solo que sus ojos, eran más oscuros que nunca. Había algo que nadie más, salvo Draco, podía ver, y era el aura intensamente negra que se creaba a su alrededor.
Lo había hecho otra vez. La había llamado.
Necesito mi ropa y algunas pociones más – dijo dejando caer el periódico al suelo mientras se levantaba.
¿Qué? – preguntó su padre - ¿Qué os pasa? ¿Os habéis vuelto locos los dos? Uno habla de hacer lo que se le venga en gana, amenazando a toda la comunidad mágica, y el otro quiere salir a buscarlo cuando eres incapaz de tenerte en pie.
He pasado por cosas mucho peores – siseó – Y nada ni nadie va a detenerme, tengo que encontrarlo antes de que sea demasiado tarde.
Sabes que no puedes hacer nada – Remus intento lidiar con él, hacerle entrar en razón – En cuanto te acerques a él…
Lo sé, pero no me importa, si tengo que morir, lo haré a su lado.
¡Por Circe santísima! – exclamó Severus – Esto es real Draco, y serio, vas a morir si vas tras él
¿Y crees que me importa? – respondió con rabia - ¿Crees que me importa algo más que no sea él? ¿Crees que lo que me importa es salvar al mundo mágico? Oh, no… yo no soy tan noble como Harry. Lo único que me importa es él, Harry. Nada más, si no le detengo, si no impido que siga con eso morirá, y no voy a permitirlo, no sin luchar y si para ello tengo que morir, lo haré – suspiró – Y sino moriremos juntos.
Arrastrando los pies subió las escaleras, dejándoles a todos con el aliento trabado en la garganta.
Por favor, ahora si que necesito una explicación – Hermione está más perdida que nunca.
Acompañadme a la cocina – les indicó Remus.
Iré a por más pociones – anunció Severus – y tú tendrás que hacerte cargo de la escuela
¿Qué? – preguntó el licántropo.
No voy a dejar que Draco vaya solo – le anunció – Y se que nadie va a poder detenerlo… - interrumpió a Lucius que iba a protestar – Sabes que no podremos, así que por lo menos que uno de nosotros vaya con él.
Iré yo.
Lucius no, yo tengo los conocimientos suficientes para tratarle. Deberéis hablar con Nott, iba a ponerse en contacto con alguien especializado en maldiciones antiguas – hizo un pequeño movimiento con la mano y se desapareció.
Ron y Hermione se sentaron el uno junto al otro frente a Remus esperando una explicación, al licántropo le costó comenzar pero cuando lo hizo los rostros de los dos amigos se desencajaron poco a poco, no es que tuviera muchos detalles sobre lo acontecido, así que simplemente explico la situación por alto.
¡Es imposible! – gritó Ron – Si Harry se hubiera casado, yo lo sabría, soy su mejor amigo. El hurón miente.
Fue Harry quien nos lo dijo.
Esta hechizado, seguro… - murmuró el pelirrojo – O no es el verdadero Harry y alguien lo tiene…
¡Cállate Ron! – gritó Hermione – sabes que los dos sospechábamos que estaba con alguien en el colegio
Pero…
Al parecer ese alguien era Malfoy – suspiró resignada - ¿Crees que podría ponerme en contacto con Nott?
¿Para que? – preguntó Remus
No creerás que voy a cruzarme de brazos, ¿no? Se supone que Harry está haciendo todo esto para vengar a Malfoy, que esta buscando al culpable, o buscando una cura. Bueno pues yo voy a ayudarle, si Malfoy es capaz de parar lo que sea que este haciendo que Harry se comporte así, yo te juro que encontraré la manera de que Malfoy se cure de esa maldición – se levantó y volvió al salón dispuesta a tomar la red flu a su casa - ¿Se encuentra bien?
… - Lucius seguía en la misma posición, con la mirada fija en las escaleras por las que hacía solo unos minutos Draco acababa de subir – es lo único que me queda, no tengo nada más – dijo sin mirarla – no puedo perderle.
No lo hará – Hermione se acercó a él y apretó su mano entorno al brazo el rubio – Conozco a Harry, y no se dará por vencido, encontrará la forma de curarle, aunque tenga que vender su alma al diablo.
