11. Karma juguetón
Comprobó, después de unos minutos, que en ese momento el columpiarse no era para nada divertido. Sola, en un parque de noche y con tantas cosas en su cabeza, no daban como resultado ni una pisca de felicidad. Sólo había dolores de cabeza y mucha melancolía como resultado.
—Puede ser que la otra pistola fuera un seguro. Si alguien hubiera intentado detenerla quitándole una, ella aún tendría la otra. No tenemos otra mejor hipótesis, además, las dos tenían sus huellas digitales.
Así que lo tenía muy bien planeado.
Dios, ¿por qué debía ser ella sola quien cargara todo eso? ¿Sería porque Tsubaki se había desligado de sus responsabilidades y se había marchado? ¿Porque su padre aun no había regresado y ella era el único contacto restante? O era puro karma.
Debía pensar en otra cosa. Entonces vio a dos personas que, por sus gritos, parecían estar peleando.
—Hola, ¿puedo ayudarles en algo? —ayuda. Al menos debía de brindársela a alguien. Gastar y no ahorrarla.
—Gracias, pero estamos bien —dijo uno de ellos sin esforzarse en mentir mejor, sólo sonrió de lado y alzó los hombros, cansada. El otro, al darse cuenta de la presencia de Rin, se acercó a su compañera, un tanto protector. «Las cosas se han solucionado», pensó con satisfacción.
—Mi nombre es Rin, ¿cuál es el suyo? —ambos se miraron seriamente, dudando si podrían confiar en ella.
Sólo después de varios gestos entre los dos y una comunicación no verbal, la chica habló: —Yo soy Kagome y él es Inuyasha.
El último del día, ¿qué tal? ¿Sorpresas o no? Pues bien, la historia comienza a tornarse más dramática (¿Aun más?). Pues, bien, saludos y despedidas. Nos leemos en un rato.
Loops Magpe.
