Capítulo XI: Marioneta

El espadón de Saïx se estrelló contra los chakrams de Axel, provocando una lluvia de chispas y un escalofriante chirrido metálico. El pelirrojo retrocedió unos pasos e hizo girar con mano experta sus armas, que adquirieron velocidad, antes de lanzarlas contra Saïx. Éste las bloqueó con su acero, haciendo que se clavaran en las costillas de un esqueleto de dragón cercano.

-¡Joder!- masculló el Adivinar Lunar.

-¿Todavía nada?- preguntó Axel, frunciendo el ceño.

Hacía un día que Xemnas y Saïx habían ido de misión a Hueco Mundo. Efectivamente, Saïx se había roto el brazo y fracturado varias costillas, pero Vexen había conseguido arreglárselo todo con unos cuantos hechizos de cura y una poción. Aunque su consejo había sido no hacer esfuerzos innecesarios, Saïx no estaba por la labor de ser un buen chico y hacer caso al médico. La bestia de su interior no había aparecido aún, y era obvio que la necesitaba. Por eso había ido a Idhún, al desierto de Awinor, para pelear con Axel e intentar despertar de nuevo a su parte salvaje.

-Todavía nada- murmuró el joven de cabello azul, dando una patada en el suelo-. No me estás atacando con todo tu poder.

-Obvio que no. Si lo hago, ambos podríamos acabar mal. Saïx, así no vamos a ningún lado.

-¿Y qué sugieres entonces? Tenemos las tres lunas que más me afectan encima, una de ellas llena. ¿Qué más se te ocurre?

-Bueno, si con la parte física no lo consigues, podrías probar con la parte mental- sugirió Axel. Saïx lo miró unos momentos sin comprender y se llevó una mano a la frente.

-Oh. Claro. Edixira. No se me había ocurrido- admitió.

-Claro que no, porque estás tan cabreado con Xemnas y tan obsesionado con matarle que no piensas en otra cosa. Relájate, Saïx- aconsejó Axel, acercándose y poniéndole la mano en el hombro. Su amigo hizo desaparecer el espadón.

-No puedo enfadarme, Axel. No tenemos corazón, ¿recuerdas?- replicó, con el sarcasmo impregnando su voz.

-Saïx, no empieces...

-No lo soporto. Cada minuto que estoy cerca de él es como si... Me trata como a una mascota. Ayer, en la misión, podría haber acabado él solo con ese maldito bicho. Pero en lugar de eso, me lleva a mí y aprovecha para lucirse delante de mí, soltarme que quiere arreglar las cosas y... y...

-Saïx...

-Y lo peor fue por la noche. Todavía me dolían las costillas. Pero claro, el Superior quería sexo, y al Superior no se le niega nada, ¿no? Será hijo de...

-¡Saïx!

-¡¿Qué?!

-Que no te sulfures y vayas a ver a Edixira de una buena vez, o este sitio acabará más arrasado de lo que ya está.

Sentado en el jergón de Edixira pocos minutos después, Saïx le contaba su problema. La Incorpórea, sentada frente a él, lo miraba seriamente.

-¿Así que no ha habido manera de despertar a la bestia?- preguntó ella cuando acabó.

-No. Desde que Xemnas me... me...

Edixira asintió con la cabeza. No hacía falta que terminara la frase. Le dio vueltas unos momentos, hasta que se le ocurrió una idea:

-Tu parte salvaje está relacionada directamente con tu subconsciente. Tal vez éste haya puesto alguna clase de barrera o escudo para no salir a la luz- sugirió.

-Pero... ¿por qué?

-Para evitar encarar algo a lo que teme. Algo a lo que temes en el fondo de tu mente, pero que no quieres admitir.

Saïx se quedó pensativo.

-Podría echar una ojeada dentro de tu cabeza. Quizás pueda hallar ese algo- propuso Edixira-. Si confías en mí, claro.

-Aparte de Axel, eres la única persona de quien creo que puedo fiarme- resopló él.

-Muy bien. Mírame a los ojos.

El número VII levantó la cabeza. Dudó apenas unos segundos, pero acabó clavando la mirada en los hipnóticos ojos de Edixira. La cueva se disolvió a su alrededor rápidamente. Durante unos momentos, no vio nada más que aquellos iris del color de la sangre. Luego empezó a notar algo. Era parecido a la sensación que tenía cuando la bestia trataba de apoderarse de él, como si hubiera dos conciencias en su cerebro, con la diferencia de que Edixira se limitaba a mirar. Percibía su presencia, su mente recorriendo la suya, y cada vez que Edixira veía un recuerdo, Saïx lo veía también. Como si de una película marcha atrás se tratase, Edixira fue explorando todo lo que él había vivido en los últimos dos meses.

Cuando llegó a la parte en que el Adivinador Lunar amenazaba a Zexion y lo colgaba por la ventana, Edixira sonrió. Saïx no vio sus labios moverse, pues su vista estaba fija en los ojos de la Incorpórea, pero notó la sonrisa de alguna manera. Sin embargo, él no sonrió, sino que tragó saliva. Se acercaban a un momento que no estaba seguro de querer recordar.

"Podemos parar cuando quieras" susurró Edixira en su mente al notar aquel pensamiento.

"No, olvídalo. Sigue mirando" murmuró Saïx. No sabía si lo había dicho en voz alta o sólo lo había pensado. Edixira siguió retrocediendo en la memoria del número VII... hasta llegar a aquella noche.

La respiración de Saïx se aceleró. Todo lo que había llegado a su cerebro procedente de sus cinco sentidos se reprodujo de nuevo en su mente. Las manos empezaron a temblarle descontroladamente. Edixira le puso las manos en los hombros para tranquilizarle, pero la respiración de Saïx seguía siendo irregular. Sus pupilas se dilataron por el miedo. En su mente, la escena seguía su curso, inmisericorde. Y entonces, cuando creía que no podía aguantar más, cuando su mente estaba a punto de colapsarse... Edixira rompió el contacto visual.

La cueva apareció de nuevo a su alrededor y Saïx respiró hondo, tratando de calmarse. Las manos de Edixira seguían apretando sus hombros con firmeza.

-Estás sangrando- murmuró ella. Saïx la miró, confundido, y siguió la dirección de sus ojos. Efectivamente, sus temblorosas manos sangraban. Tal vez había apretado los puños con tal fuerza que se había abierto heridas con las uñas. Observó las pequeñas gotas moviéndose perezosamente por su palma y frunció el ceño, desconcertado.

-¿Cómo es posible?- murmuró-. ¿Cómo podemos sangrar si no tenemos corazón? No me había dado cuenta hasta ahora.

-Bueno, Vexen tenía una teoría hace tiempo. Él decía que, como nuestro corazón no está ahí, otra cosa tendría que cumplir sus funciones físicas- respondió Edixira. Murmuró un hechizo de curación y las heridas de Saïx se cerraron-. Zexion sugirió una vez que podría ser nuestra voluntad. El deseo de existir, por así decirlo. Eso es lo que nos mantiene "vivos" y hace circular nuestra sangre sin que nos demos cuenta. En curioso, ¿no crees? La voluntad es la única barrera que mis poderes no pueden quebrar.

-Sí, curioso- murmuró Saïx.

-Bueno, creo que ya sé por qué la bestia no acudió a ti cuando la llamaste.

El Incorpóreo levantó la cabeza de golpe.

-¿De veras?

-Sí, y es algo realmente sencillo, la verdad. Vamos a ver. Cuando te convertiste en Incorpóreo sufriste un trauma bastante profundo. Parece que tu mente se dividió en dos: la parte racional, el vestigio del humano que una vez fuiste; y la bestia, una personalidad consumida por la locura, la impotencia y la desorientación. Esas dos partes han estado luchando entre sí por el control desde entonces. ¿Me equivoco?

-No, es justo así.

-Bien. Eso lo he sacado de tus recuerdos. Ahora viene la parte en la que sólo puedo especular. Cuando Xemnas abusó de ti, la bestia encontró un enemigo todavía peor que tu parte racional. Y, aparentemente, decidió darte el control a ti para hacerle frente. Tal vez intentaba rehuir sus temores, tal vez pensaba que tu racionalidad tendría más posibilidades frente a Xemnas que la mera fuerza bruta- explicó Edixira.

-Entonces... ¿la bestia ha desaparecido?- preguntó Saïx, frunciendo el ceño. Pero Edixira negó con la cabeza.

-No exactamente. Sigue estando en ti, pero de otro modo. Ahora forma parte de ti, volvéis a ser un todo, y no dos conciencias separadas. Nunca antes habrías podido controlarla mejor que ahora.

-Si es así, ¿por qué no acudió cuando la llamé? ¿Por qué no se manifestó cuando peleé contra Axel?

-Porque la llamaste como a algo independiente, no como a una parte de ti. La llamaste como harías con un Umbrío, no como invocarías a tu arma. Saïx, el poder está ahí, dentro de ti. Lo único que lo bloquea eres tú mismo, tus miedos y tus temores. ¿Recuerdas lo que hemos hablado acerca de la voluntad? Pues es igual para esto. Que tu voluntad no se doblegue ante el pánico.

Saïx asintió, pero no tenía ni idea de cómo hacer eso. ¿Enfrentarse a sus temores? Ni siquiera sabía cuáles eran exactamente. ¿Desaparecer? ¿Perder a Axel? Lo pensó unos momentos, y de repente, la imagen mental de Xemnas rodeado por aquella extraña y heladora aura acudió a su memoria. Se estremeció. Por supuesto. El número I era su mayor temor, más allá de cualquier otra cosa. Xemnas era su debilidad, una debilidad que tenía que desaparecer.

Se levantó del jergón y sacudió las piernas, que se le habían dormido. Miró a Edixira y sonrió levemente.

-Gracias por la sesión de terapia- dijo. Ella se encogió de hombros.

-La primera es gratis- bromeó. Se despidieron y Saïx volvió al Castillo Inexistente, todavía dándole vueltas al asunto.

Poco después, apenas una semana y media, Xemnas convocó una reunión en la sala redonda. Cuando los doce Incorpóreos habían aparecido ya en sus tronos, la mayoría sin saber el motivo de la reunión, el Superior tomó la palabra:

-Buenas noches, compañeros. Os he mandado llamar porque hay nuevas procedentes del Elegido de la Llave Espada. ¿No es así, número III?- inquirió, girándose hacia Xaldin.

-En efecto, señor- asintió éste-. El Elegido, Sora, ha perdido su corazón.

Un murmullo recorrió la sala. Saïx y Axel cruzaron una mirada. Aquello podía trastocar sus planes.

-Silencio, no he terminado- alzó la voz Xaldin de nuevo-. Sora ha perdido su corazón, pero lo ha recuperado. Cómo, nos es imposible averiguarlo. El caso es que todo humano que pierde su corazón da lugar al nacimiento de un Incorpóreo, así que es de suponer que ahora mismo, en algún lugar, en algún mundo, podría haber un confuso Incorpóreo capaz de usar la llave espada.

El murmullo volvió a recorrer la sala, más alto que antes, pero Xemnas alzó una mano y todos guardaron silencio.

-Debemos encontrar a ese Incorpóreo. Podría ser la clave para completar por fin nuestro Kingdom Hearts- dijo serenamente, aunque en sus ojos había una chispa apenas perceptible, mezcla de esperanza y ambición-. Todas las demás misiones y labores quedan aplazadas. Excepto- añadió, volviéndose hacia Vexen- el Proyecto Réplica.

Saïx los miró y entrecerró los ojos. Era la primera vez que oía hablar de aquel proyecto. Vexen, por su parte, asintió y sonrió levemente.

-Estará listo en poco tiempo, señor, descuide- dijo. Xemnas asintió y se volvió hacia la sala en general.

-Nuestra prioridad desde este momento es encontrar al Incorpóreo de Sora. Hasta que lo encontremos, se acabaron las tardes libres- siguió.

-¡¿Qué?!- protestó Demyx.

-Me has oído perfectamente, número IX. Dentro de quince minutos os quiero en el Área Gris listos para comenzar la búsqueda por el mundo que os asigne a cada uno. Y ahora, marchad.

Uno tras otro, todos los Incorpóreos desaparecieron de sus tronos. Saïx se quedó el último, por si Xemnas tenía órdenes especiales.

-Número VII, tú te quedarás al mando del Castillo Inexistente- le dijo Xemnas.

-¿Usted también va a salir en busca del Incorpóreo?- preguntó Saïx, arqueando una ceja. El Superior negó con la cabeza.

-No. Pero tengo otros quehaceres que atender.

-¿Como el Proyecto Réplica?- probó el Adivinador Lunar. Xemnas esbozó una levísima y peligrosa sonrisa.

-Estabas tardando en preguntarlo. Sígueme, Saïx. Hablemos en mi despacho- ordenó, desapareciendo por su propio portal oscuro. Saïx frunció el ceño y desapareció también, reapareciendo en el despacho de Xemnas. Éste estaba ya allí, rebuscando entre los papeles del escritorio. Al cabo de unos momentos encontró lo que buscaba, un manojo de informes y el portafolios de Saïx-. Hablaremos de ese asunto después. Primero hay que asignar un mundo a cada miembro. Bien, ¿dónde deberíamos enviar al número II?

Tardaron poco más de cinco minutos en asignar un mundo a cada Incorpóreo. Todos los mundos podían ser demasiado grandes para una sola persona, aun con los Umbríos ayudando, así que iban a necesitar varios días. Tras repartir las misiones en el Área Gris, Saïx se apresuró a volver al despacho de Xemnas, que le esperaba con un corredor oscuro abierto. El Superior le invitó a entrar con un gesto y Saïx atravesó el portal.

Al otro lado había una sala que había visto alguna vez pero que nunca había utilizado. Era sencilla y sobria, como todo en el castillo. Nada de muebles ni decoración, sólo un enorme ordenador empotrado en la pared y permanentemente encendido. Xemnas salió del portal y se dirigió hacia el ordenador, pulsando una tecla y activando la pantalla, que zumbaba suavemente. Introdujo las contraseñas requeridas, instando a Saïx a que se las aprendiese, y se apartó.

-Todo tuyo. Éste es el ordenador principal del castillo, controla entre otras cosas el radar de mundos- explicó Xemnas-. También contiene información clasificada sobre la Organización, sus miembros y sus actividades. Tener estos archivos en papel es peligroso, de hecho estoy planteándome pasar al ordenador toda la información sobre nosotros. Los únicos que tienen acceso a este ordenador somos los seis fundadores... y tú, naturalmente. Seguramente tengas que utilizarlo varias veces en el futuro, así que será mejor que vayas familiarizándote con él. Investiga cuanto desees. Toda la información sobre el Proyecto Réplica está aquí.

Saïx, asombrado, asintió. ¿Tan rápido se había ganado la confianza de Xemnas? No podía ser, allí tenía que haber un truco.

-De acuerdo. Gracias, señor.

-Bien. Diviértete, mi Adivinador Lunar. Ah, y no me esperes despierto, llegaré tarde- se despidió, desapareciendo por otro portal oscuro y dejando a Saïx solo con los secretos de la Organización.

El número VII miró al ordenador, inseguro. Seguro que todo lo que hiciera se quedaría grabado en algún historial. O quizá estaba siendo muy paranoico... Aunque con Xemnas era mejor no fiarse. En cualquier caso, aquel ordenador y sus archivos parecían llamarle para que los examinase. Con un encogimiento de hombros y diciéndose que Xemnas prácticamente le había dado permiso para ojear lo que quisiera, Saïx se puso frente a la pantalla y empezó a teclear.

Al principio no sabía muy bien qué hacer, pero la interfaz del sistema era bastante cómoda y fácil de manejar, y pronto le pilló el truco. Enseguida encontró los archivos del Proyecto Réplica y se puso a leer.

El coordinador del proyecto era Vexen, dado que él había tenido la idea. Viendo el potencial del amigo de Sora, un tal Riku, había decidido intentar clonarle. El proyecto había empezado dando traspiés, pero poco a poco iba avanzando. El clon, o réplica, como lo llamaba Vexen, estaba en aquellos momentos desarrollándose en un tanque. Sin embargo, no era la única réplica. En previsión de que tal vez necesitarían un Elegido entre sus filas, Zexion había propuesto crear un segundo clon, esta vez del mismo Sora. Esta última réplica no había salido del todo bien. Por lo visto, no sólo no se parecía en nada al Elegido sino que no tenía rostro siquiera. Aquello intrigó profundamente a Saïx, que no podía imaginarse un ser semejante. ¿Cómo podía no tener cara? Pero por más que buscó, no logró hallar ninguna fotografía, sólo un diagrama del tanque donde se encontraba.

Lo cual le recordaba... ¿Dónde estaban esos tanques? Porque no recordaba haber visto ninguno en el laboratorio. Buscó un poco más en los archivos hasta dar con la respuesta: Castillo del Olvido. Abrió los archivos sobre aquel lugar y averiguó que era el segundo castillo de la Organización, situado en el mundo entre mundos. Allí tenía Vexen su otro laboratorio, todavía más grande que el del Castillo Inexistente. Al seguir buscando información sobre el lugar, Saïx se topó con dos cosas que llamaron su atención. Una era un archivo muy reciente acerca de una Incorpórea muy joven que había aparecido en el castillo. Por lo visto, procedía de una Princesa del Corazón, y su elemento era la memoria. La mantenían confinada en el Castillo del Olvido, al cuidado de unos cuantos Umbríos y un Hechicero, debido a que podía resultar demasiado valiosa como para permitirle la entrada en la Organización. La otra fue una barrera con la que se topó de pronto. Había una carpeta que pedía contraseña, y las que le había dado Xemnas no funcionaron. Frunció el ceño y probó con varias al azar, sin éxito. Miró durante unos segundos la pantalla, intentando pensar en qué podría haber puesto el Superior como contraseña, pero no se le ocurrió nada. Acabó desistiendo y volviendo atrás, empezando a navegar un poco a la deriva por los archivos, hasta que se cansó, cerró todos los archivos abiertos y apagó la pantalla. "Será mejor que vaya a echar un vistazo a los Umbríos de la cocina, a ver si van a romper algo; últimamente están un poco torpes" pensó. Tras echarle una última mirada al ordenador, se marchó como había venido.

La búsqueda del Incorpóreo de Sora se prolongó durante varios días más, hasta que, finalmente, Axel dio con él en Villa Crepúsculo. La Ráfaga de Llamas Danzantes avisó primero a Saïx, antes siguiera de comunicárselo a Xemnas. Saïx, reprimiendo una sonrisa, le dio instrucciones para que avisara a Xemnas sin más dilación y se mantuviese cerca del chico nuevo, así podría asegurarse de que el Superior no le lavara el cerebro. Así que al día siguiente del hallazgo, el número I en persona fue a Villa Crepúsculo a reclutar a la nueva adquisición, un joven de revueltos cabellos rubios y profundos ojos azules zafiro que recibió el nombre de Roxas. Dos días después, Roxas, escoltado por Axel, era recibido por la Organización al completo en la sala redonda y nombrado número XIII.

Pronto descubrieron que no poseía absolutamente ningún recuerdo de su vida anterior, y su mente tenía dificultades para retener cualquier clase de dato. Se pasaba todo el día mirando al frente sin ver realmente nada, con los ojos completamente vacíos, sin hablar ni reaccionar a nada que le dijeran.

Esto preocupaba enormemente a Xemnas. De poco les servía tener un Elegido de la Llave Espada si éste se comportaba como una pared andante. Así pues, presionó a Vexen y Zexion para que acelerasen el Proyecto Réplica, que podría proporcionarles al menos otro Elegido de reserva. Mientras tanto, Axel se rompía la cabeza para hacer reaccionar a Roxas, sin éxito, y Xemnas cada vez desaparecía más del castillo.

Seis días después de haber llegado Roxas y a altas horas de la noche, llegaron, por fin, noticias del Proyecto Réplica. Xemnas, acompañado por Saïx, se dirigió enseguida al Castillo del Olvido, donde Vexen y Zexion permanecían casi enclaustrados por culpa del trabajo.

Conforme avanzaban por los oscuros pasillos de la planta baja, Saïx podía notar el nerviosismo contenido de Xemnas. El Superior estaba ansioso por ver culminado aquel proyecto y obtener resultados por fin, pero se esforzaba en parecer tan sereno como siempre. Cuando llegaron a las puertas del laboratorio, Saïx le puso una mano en el hombro y el número I respiró hondo.

-¿Listo, número VII?- preguntó. El Adivinador Lunar asintió y dejó caer la mano. Xemnas miró al frente y empujó las dobles puertas del laboratorio.

Lo primero que les recibió fue la fuerte luz blanca del interior, seguida por la leve mezcla de olores extraños y nuevos para Saïx. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz pudieron ver el laboratorio: una habitación enorme llena de mesas y estanterías colgantes saturadas de todo tipo de chismes: microscopios, viales, probetas, cajas, mecheros, tubos de ensayo en sus soportes, pinzas, básculas y muchos otros objetos que Saïx no pudo identificar. Al fondo de la sala estaba Zexion, sentado en una de las mesas y escribiendo algo en un cuaderno. No llevaba el uniforme de la Organización, sino una bata blanca, y por una vez sus dos ojos quedaban a la vista, pues se había recogido el flequillo con una horquilla. En cuanto los oyó, dejó lo que estaba haciendo y fue hacia ellos rápidamente.

-Buenas noches, número VI- saludó Xemnas.

-Buenas noches, señor. Número VII- respondió Zexion. Saïx correspondió con una leve y cortés inclinación de cabeza-. Vexen está con los tanques. Por aquí, por favor- indicó, llevándoles hacia una puerta semiescondida entre dos estanterías de pared.

-¿Es necesario que usemos mascarillas o guantes?- inquirió el Superior antes de entrar.

-No, señor. Hemos dotado a la réplica de un buen sistema inmunitario, dado que va a estar expuesta al exterior de todos modos- respondió Zexion-. No obstante, sí que le pediría que no elevase demasiado la voz. Dado que no tiene rostro, le hemos instalado un sistema sensorial provisional, y dicho sistema es muy delicado. Bueno, usted primero, por favor.

Xemnas asintió y entró, seguido por Saïx, en la sala contigua, un cubil muy pequeño con una pared de cristal y otra puerta. La pared de cristal y la segunda puerta daban a otra habitación más pequeña que el laboratorio iluminada por una suave luz verdosa. En ella, Vexen, con el cabello recogido en una coleta baja y vestido con una bata de laboratorio, tecleaba algo en un ordenador de pared. A su lado, dos tanques cilíndricos lo bastante grandes como para meter dentro a un humano adulto emitían un leve zumbido. El cristal de ambos era polarizado, de modo que no se veía el interior sino que actuaban como espejos.

-Ah, Superior, al fin ha llegado- saludó Vexen-. ¿Listo para dar un paso más allá en nuestro desafío a las leyes de la naturaleza?

Xemnas sonrió levemente.

-Muéstranoslo, Vexen. Veamos a esa réplica- ordenó. Vexen, con un ademán algo teatral, pulsó una tecla, y el cristal de uno de los tanques se despolarizó, revelando su contenido.

Una pequeña criatura flotaba en su interior en posición fetal, sumergida en un líquido acuoso de color verde claro. Tenía el tamaño de un adolescente joven, no más mayor de 16 años. Sus caderas y pechos tenían formas suaves, apenas destacadas, y no había ni rastro de pelo sobre su piel. Pero lo que más impactaba era su cabeza: estaba totalmente calva, y no tenía ojos ni orejas. Los únicos relieves que tenía eran la pequeña y anodina nariz y la boca de labios finos de la que se escapaban de vez en cuando algunas burbujas. Un fino cable conectaba la base del tanque con su nuca y otro hacía lo mismo con su ombligo a modo de cordón umbilical. Saïx sintió repulsa hacia ella en cuanto la vio. ¿Cómo demonios podían haber creado una criatura así? Era... grotesca. No, grotesca no, pero casi. En cualquier caso, le daba asco.

-Os presento a nuestra nueva marioneta. Es la primera réplica que conseguimos terminar, la otra está todavía desarrollándose- explicó Vexen. Xemnas se acercó al tanque y observó detenidamente a la criatura. En su rostro había una expresión mezcla de repulsa y fascinación.

-Es increíble. Buen trabajo, números IV y VI- felicitó. Se alejó un par de pasos y extendió la mano hacia el tanque. Unas letras hechas de luz azulada aparecieron sobre el cristal: NOI-. Veo que ya la habéis bautizado. ¿"Noi"? ¿Qué significa?

-Nº 1. Como ya le he dicho, es la primera.

Xemnas asintió y agitó la mano. Las letras empezaron a girar a toda velocidad. Cuando volvió a sacudir la mano, se detuvieron de golpe, reordenadas y con un nuevo caracter de color anaranjado que tiñó todos los demás del mismo color.

-Xion- leyó Xemnas. Las letras desaparecieron-. Ése será su nuevo nombre. ¿Cuándo podemos extraerla?

-Ahora mismo, señor, incluso se la puede llevar al Castillo Inexistente sobre la marcha. ¿Procedemos?

-Por supuesto. Adelante, Vexen.

El número IV se giró hacia el ordenador y tecleó algo rápidamente. El zumbido del tanque se hizo más fuerte y el líquido empezó a desaparecer por un diafragma que se abrió junto a los cables, hasta que el tanque estuvo completamente seco y la réplica quedó tendida sobre la base. Entonces, con un ruido de succión, el cristal se separó de la base y se levantó un metro sobre ella.

-Zexion, una toalla, por favor- pidió Vexen, acercándose al tanque. Zexion abrió un cajón semioculto en la pared y sacó una toalla blanca con la que rodeó el cuerpo de Xion. La réplica no se movía, pero su pecho subía y bajaba a intervalos regulares. Vexen desenchufó los dos cables que la conectaban al tanque y comprobó sus constantes vitales.

-Todo en orden. Respira con normalidad, y el corazón artificial late a un ritmo adecuado- comentó.

-¿Tiene un corazón artificial?- preguntó Saïx, frunciendo el ceño.

-Claro, número VII. Los Incorpóreos no tenemos corazón, pero nuestra sangre ha encontrado la forma de fluir por sí sola. Sospecho que por nuestra voluntad de seguir vivos, pero no me atrevería a afirmarlo categóricamente- explicó el número IV-. Pero esto de aquí no es un Incorpóreo. Es una réplica, una criatura artificial. Ahora mismo no tiene voluntad ni memoria. No hay nada que impulse la sangre que corre por sus venas. Por eso hemos tenido que instalarle un motor que cumpla ese cometido. En realidad, no debería ser llamado "corazón", porque el corazón no es simplemente un músculo más. La máquina que lleva dentro esta réplica no puede albergar emociones, así que, a todos los efectos, esta pequeña funciona como un Incorpóreo más.

Saïx asintió y desvió la mirada hacia la réplica, pero tuvo que apartarla enseguida. Aquella... cosa... no le gustaba ni un pelo.

-Número VII, encárgate tú de llevar a Xion al Castillo Inexistente- ordenó Xemnas de improvisto-. Yo tengo asuntos que atender aquí y me demoraré un poco.

-Como ordene, señor.

Sin más, Xemnas dedicó una última mirada a la réplica y se marchó andando, no sin antes acariciar el trasero de Saïx conforme pasaba a su lado. El Adivinador Lunar reprimió la mirada fulminante que iba a lanzarle y se volvió hacia Vexen.

-¿Y bien? ¿Cuándo puedo llevármela?- preguntó.

-En cuanto la lavemos y vistamos. Debería ser capaz de caminar sin ayuda, y la hemos programado para que conozca lo básico de la magia y el combate cuerpo a cuerpo. No sabemos si es capaz de usar la llave espada, pero esperamos que sí. A propósito, que no se quite la capucha en ningún momento. No todos los miembros de la Organización conocen la existencia de este proyecto, y así debe seguir- advirtió Vexen-. Además, admitirás que no es precisamente... atractiva.

Saïx asintió, no podía estar más de acuerdo. Observó cómo Zexion y Vexen "despertaban" a la réplica (o eso parecía, porque de pronto se puso de pie por sí sola), los siguió cuando la llevaron fuera a ducharse y esperó a que salieran del baño. Un cuarto de hora después de haber "nacido", Xion vestía ya el uniforme completo de la Organización y las sombras de la capucha ocultaban su cabeza sin rostro, dejando ver sólo la nariz y la boca. Caminaba y se movía perfectamente, y siguió a Saïx hasta la salida del castillo sin un solo traspiés. Cuando llegaron a la puerta, el Adivinador Lunar se giró a mirarla.

-Esto será lo último que veas de los muros de este castillo, Xion- murmuró. La réplica alzó la cabeza y miró a su alrededor-. Vamos. Los demás esperan.

Las puertas se abrieron para ellos y la negra noche los recibió. Sin una palabra, Saïx abrió un corredor oscuro de vuelta al Castillo Inexistente y empujó a Xion a través de los jirones de niebla negra, procurando tocarla lo menos posible.

Ninguno se dio cuenta de que, a unos metros de ellos, semiescondida tras una de las columnas que decoraban el pasillo, una joven de largo cabello rubio y enormes ojos azules los observaba, aferrando un cuaderno de dibujo.